Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia


Capítulo 18

Emmett

—¿Estás segura, Rosie? —inquiero mientras mantengo la puerta del auto abierta para ella.

—Nop. —Toma mi mano y sale del coche—. Pero tengo que hacerlo de todas formas.

—De acuerdo, nena.

Con la mano de Rose entrelazada a la mía, me dirijo hacia la entrada trasera de Ural. Sigo pensando que no es buena idea venir al club durante las horas en que está abierto al público. No es lo mismo que ir al centro comercial. Aquí habrá más gente en un espacio más reducido, todos apretujados. Y como Ural es un lugar más exclusivo, la mayoría de los clientes vestirán ropa elegante, incluyendo trajes en el caso de los hombres. Sé que ella necesita enfrentarse a sus miedos, pero no me gusta la idea de que se estrese sin motivo. Quiero protegerla de cualquier daño. Sin embargo, Rose lleva dos semanas insistiendo, así que al final cedí.

Dejamos nuestros abrigos en el guardarropa y entramos al área principal. Ya hay más de cien personas en el interior. Rose me envuelve el antebrazo con su brazo y se apoya en mi costado, pero no titubea mientras rodeamos la pista de baile en dirección a la esquina opuesta, lo que nos acerca a las escaleras que llevan a la planta superior. Ordené al personal que retirara las mesas de ese lugar. Estamos a medio camino de llegar a nuestro destino cuando un hombre me hace señas desde una de las butacas VIP y luego se dirige hacia nosotros. Harry Rossi. El hermano del Don de Chicago. Se abre paso entre la multitud y se reúne con nosotros cerca de la escalera.

—Emmett, te he estado buscando. ¿Cómo se alquila este lugar por una noche? —Sonríe y mira a Rose, ofreciéndole la mano—. Soy Harry.

—Hola —expresa ella en voz baja, pero no hace ademán de estrecharle la mano.

Apenas puedo contener las ganas de mandar al infierno al italiano, aunque Rose parece estar bien. No quiero que piense que dudo de su capacidad para afrontar la situación. Dice que puede manejarlo y, a menos que note algún tipo de incomodidad, no interferiré.

—Únicamente los miembros de la Bratva pueden alquilarlo — contesto—. ¿Cuál es la ocasión?

—Oh, nada especial. Unos amigos y yo queremos dar una fiesta y estamos buscando un lugar. —Se encoge de hombros, después vuelve a mirar a Rose y su sonrisa aumenta—. ¿Te gustaría asistir, bellissima? No escuché tu nombre.

Rose me aprieta el antebrazo.

—¡Márchate, Harry! —exclamo en tono cortante.

—¿Qué? Solo estaba...

Agarro la parte delantera de su camisa y acerco mi cara a la suya.

—Date la vuelta y lárgate. ¡Ahora mismo, carajo! —gruño entre dientes.

Me mira perplejo y levanta las manos.

—Está bien, hombre. No hay por qué reñir, y menos delante de una dama.

Le suelto la camisa y veo cómo vuelve a su mesa.

—¿Quieres irte? —Miro a Rose.

—Estoy bien. —Ella me ofrece una pequeña sonrisa—. Quedémonos un rato.

Cuando llegamos al lugar que quería, me apoyo contra la pared y jalo a Rose para que se coloque entre mis piernas con su espalda pegada a mi pecho. Viste jeans y un top sencillo sin mangas y de cuello alto. La tela es de lana suave y ligera y tiene el mismo tono dorado que su cabello.

—¿Todo bien? —cuestiono mientras le rodeo la cintura con los brazos.

—Sí.

Nos quedamos en silencio y observamos a la gente durante unos diez minutos. Al principio parece relajada, pero luego se reclina más contra mí. Sus manos cubren las mías apretando mis dedos.

Inclino la cabeza hasta apoyar mi barbilla en su hombro.

—Háblame.

—Estoy bien. Simplemente un poco nerviosa. Hay mucha gente.

—¿Quieres que nos vayamos?

Parece indecisa durante unos instantes, sin embargo, luego niega con la cabeza.

—Todavía no. Es un poco estresante, pero puedo soportarlo. Quiero experimentar esto un poco más.

Aprieto los dientes. No la quiero cerca de nada que la haga sentir incómoda. Y desde luego no me gusta que se sienta nerviosa. Si quiere quedarse, está bien. Sin embargo, será bajo mis nuevas condiciones. Le doy la vuelta, la agarro por debajo de los muslos y la levanto.

Da un grito de sorpresa y engancha los pies detrás de mi espalda.

—¿Em?

Me coloco mirando hacia la pared, apoyándola en ella y dejándola ver la pista de baile.

—Ahora puedes seguir mirando lo que quieras —suelto tajante.

Rose arquea las cejas y me sonríe.

—Me gusta más la nueva vista. —Se inclina hacia delante y me besa —. Muchísimo más.

Le muerdo el labio inferior. Rose jadea y aprieta sus piernas a mi alrededor. Mi polla se hincha. Puedo sentir el calor de su coño contra mi longitud, que se endurece aún más cuando me agarra por la nuca y me clava los dientes en la barbilla.

—Quizá podamos irnos a casa después de todo —insinúa contra mi boca—. ¿Qué dices, Emy?

No respondo, me doy la vuelta y la cargo hacia la salida.


Rose

Casi tropiezo al intentar quitarme los pantalones sin soltar el cuello de Em. Mis zapatos y mi top están en algún lugar de la sala junto con sus jeans y su camiseta. No estoy segura, pero creo que nuestras chaquetas podrían estar en el pasillo frente al ascensor. Finalmente me quito los pantalones y camino de espaldas hacia la cama, intentando desabrocharme el sostén con una mano. Em se quita el bóxer, me agarra por la cintura y nos tira sobre la cama. Acabo tumbada sobre su pecho.

—Quiero que probemos algo —comento y le doy un mordisco en la barbilla—. Lo vi en Internet.

—¿Qué?

—Umm... es una posición. —Sonrío tímida y raspo con los dientes mi labio inferior.

Em levanta una ceja.

—¿Oh? ¿Algo en particular?

Sus manos se deslizan por mi espalda y aprietan mi trasero. Bajo su toque, cada centímetro de mi piel se siente como si hubiera sido electrocutada por un cable con corriente. Aún me cuesta creer lo mucho que disfruto cuando me toca. Cuando me besa. Cuando me hace el amor. Al principio tenía miedo de asustarme en algún momento, olvidándome de quién es, y sobresaltarme ante sus caricias. La idea de que eso pudiera ocurrir estuvo constantemente presente en mi mente durante un tiempo. Detestaba la posibilidad de herirlo sin querer si reaccionaba mal involuntariamente, haciéndole pensar que había hecho algo malo. Eso ya no me da miedo. Tanto mi cuerpo como mi mente lo reconocen, pase lo que pase. Incluso cuando es brusco. Incluso cuando me empuja contra la pared y me coge por detrás. No hay ni una pizca de miedo. Solamente un placer alucinante.

—Sí. —Sonrío y siento el calor en mis mejillas.

Em sube las manos por mi espalda, luego toma mi cara entre sus manos y me da un beso.

—Date la vuelta.

—¿Sabes lo que tengo pensado?

—Por lo roja que tienes la cara, estoy bastante seguro de que sí. — Me muerde el labio—. Vamos, dame tu hermoso coño.

Me doy la vuelta y me pongo frente a su polla, dejando mi sexo expuesto ante su boca. Em me agarra las nalgas, acercándome, y mete su cara entre mis piernas. Su lengua rodea mi entrada y luego se desliza en mi interior, haciéndome jadear. Cuando busco su polla, me tiemblan las manos por las sensaciones abrumadoras. Aprieto su dura polla y me meto la punta en la boca. Em cambia el ritmo, besos y lamidas lentas se vuelven frenéticas y me come el coño como si fuera un postre. La sensación combinada de su lengua en mi centro y su miembro en mi boca no es comparable a nada que haya experimentado antes. Añade sus dedos y luego me pellizca el clítoris, y me corro en toda su cara.

Tardo unos instantes en recuperarme del éxtasis y después lo meto más profundamente en mi garganta mientras él sigue chupando mis jugos. Su respiración es agitada. Me doy cuenta de que está al borde. Aparto lentamente mi boca de su dura longitud y me doy la vuelta para mirarlo. Clavo mi mirada en la de Em, me coloco sobre su polla erecta y desciendo lentamente, deleitándome al sentir cómo me llena. Su mano se levanta, me agarra por detrás del cuello y permanece allí mientras yo muevo mis caderas y él me mira fijamente a los ojos, sin pestañear. Su respiración agitada sale de sus labios y los músculos de su pecho se tensan bajo mis manos, aunque lo que atrae mi atención es la expresión de su rostro. Tiene la mandíbula tensa y los labios apretados. Parece que quiere decir algo, pero se contiene.

—¿Qué pasa, Emy? —pregunto mientras levanto mi trasero y vuelvo a bajarlo, jadeando cuando me penetra profundamente.

Me aprieta fuertemente el cuello, mas no dice ni una palabra. Simplemente me penetra desde abajo con tanta fuerza que mi mente se queda en blanco. Al momento siguiente, me encuentro boca arriba con el cuerpo de Em sobre el mío. Continúa agarrando mi cuello mientras me embiste tan rápido que mi cuerpo tiembla y apenas puedo respirar. Me encanta cuando suelta su severo autocontrol y me folla con toda su fuerza. No hay nada mejor que me coja hasta que nos venimos al mismo tiempo. Me hace sentir fuerte, intrépida y más feliz de lo que jamás he sido. Agarro sus brazos y grito su nombre mientras estalla otro orgasmo.