Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 20
Emmett
Tres semanas después
Estaciono mi auto a una cuadra de la casa de Rose y me dirijo calle arriba.
Viajar en avión habría sido mucho más fácil. En lugar de eso, conduje trece horas, con la esperanza de cambiar de opinión en el camino y regresar. Me detuve tres veces y estuve a punto de convencerme de hacer exactamente eso, pero cuando volví a la carretera, seguí hacia el este. La necesidad de volver a verla es una obsesión, lo único en lo que he pensado durante días. Un vistazo rápido y me iré.
Algo húmedo cae sobre mi mejilla, así que miro hacia el cielo nocturno. Está nevando. Se me aprieta el pecho al ver los copos blancos caer sobre mi cara. A mi mishka no le gusta la nieve. Es lo único que no logramos superar.
Me prometí que no seguiría esperando su regreso. Sabía que ella no regresaría, no después de todas las llamadas perdidas y los mensajes sin contestar. Sin embargo, aún tenía esperanzas.
La semana pasada, sintiéndome más miserable que nunca, saqué del fondo de mi armario la caja con mi kit para tatuar. No tengo la menor idea de por qué conservo esa cosa. Dejé de añadir tatuajes hace más de una década. Sin embargo, esa noche me senté en la mesa del comedor, en mi departamento vacío, y me puse a trabajar en un nuevo tatuaje. Como no tenía ningún espacio libre en el torso ni en los brazos, me lo hice en el dorso de la mano. Cuando Ron me vio al día siguiente, me preguntó si era una de esos tatuajes temporales, porque nunca me había tatuado una parte visible del cuerpo. Le dije lo que pensaba de su opinión con mis nudillos recién tatuados.
Solo puedo ver la parte superior de la casa al principio de la calle. La mayor parte está oculta tras el portón alto y la vegetación, pero coincide con la descripción que Dolohov pudo encontrar.
La casa de Rose.
Sigo observando la casa, intentando ver la luz en una de las ventanas, cuando un coche llamativo dobla la esquina y se estaciona justo frente a la reja. Hay un poste de alumbrado público cerca, así que retrocedo a la sombra de un árbol. El hombre que sale del lado del conductor es joven, probablemente de unos veinte años. Está sonriendo, obviamente de buen humor. Abre la puerta del pasajero y una mujer toma su mano y sale. Tiene puesto un abrigo blanco, desabrochado, que deja ver un vestido rojo sangre debajo. Está nevando con más fuerza y los copos de nieve se pegan a la falda emplumada del vestido. El hombre la agarra por la cintura, estrechándola contra su cuerpo. La mujer se ríe.
Conozco esa risa. Quiero darme la vuelta y marcharme, pero no puedo apartar mi mirada de la mujer mientras inclina la cabeza y besa al hombre. No es un beso amistoso, sino apasionado. La mano del hombre se desliza por su espalda.
La reja se desliza hacia un lado y la mujer se suelta del abrazo. Un momento antes de que desaparezca a través de la reja, logro ver su rostro. Se cortó el cabello. Ahora le llega hasta los hombros, pero no hay duda.
Es mi Rosie.
Algo se rompe en el interior de mi pecho. Estoy bastante seguro de que es mi corazón.
El portón se cierra y el coche se marcha, pero yo sigo parado en las sombras, mirando la casa que hay al otro lado de la reja.
Ella está bien. No estoy seguro de si el hombre que vi es simplemente su cita o su novio, pero en realidad no importa. Ella siguió con su vida. Esperaba que lo hiciera, pero verlo duele jodidamente demasiado. Ella merece ser feliz. Y me alegro de que lo sea.
Me doy la vuelta y vuelvo a mi auto, con la nieve crujiendo bajo las suelas de mis zapatos. No podía dormir en mi propia cama desde que se fue, así que pasé las primeras noches en el sofá y luego me mudé a una de las habitaciones vacías.
Sin embargo, ya no puedo hacerlo. No puedo quedarme en ese lugar ni fingir que vivo mi antigua vida.
Cuando estoy dentro de mi auto, llamo a Jasper.
—¿Emmett? —Resuena su voz desde el otro lado. Miro la casa calle arriba por última vez.
—Renuncio —declaro y corto la llamada.
Rose
Dejo el teléfono y veo cómo mi hermana se quita los tacones y se dirige al armario.
—Esa cosa es horrible —comento.
—¿Qué? —Tanya se da la vuelta y levanta la cadera—. Esto es de la nueva colección.
Siempre me sorprende cómo dos personas pueden ser idénticas por fuera, pero tener personalidades y gustos muy diferentes.
—Maldición, Nya, tiene plumas. ¿Cómo lo lavas?
—En la tintorería —responde y desabrocha la cremallera de la monstruosidad roja—. ¿Cuándo piensas salir de la casa? Podemos hacer senderismo en Catskills.
—¿Senderismo? —Arqueo las cejas. Lo más alto que mi hermana ha escalado en su vida fue cuando se subió a un banquito para agarrar la secadora de cabello vieja de una repisa cuando la que utilizaba regularmente se descompuso.
—¿Qué? Podría ser divertido.
Sacudo mi cabeza y vuelvo a mirar mi teléfono.
—No estoy de humor.
Tanya deja de tocar su vestido y se tumba en la cama a mi lado.
—Tienes que olvidarte de ese tipo, Rosie. No quiere nada contigo. Ya deberías haberte dado cuenta.
—Eso no lo sabes.
—¡Lo has llamado más de cincuenta veces! Revisé tu historial de llamadas —exclama y toma mi teléfono—. Por favor, dime que no lo volviste a llamar.
—¡Devuélvemelo! —Salto hacia ella, intentando recuperar mi teléfono—. ¡Nya!
—¡Lo hiciste! No puedo creerlo.
—No lo llamé. —Le quito el teléfono—. Estaba mirando unas fotos.
—¿Qué fotos?
Me encojo de hombros.
—¡Nunca me dijiste que tenías una foto suya! —Tanya me mira con los ojos muy abiertos—. ¡Déjame ver! ¿Por favor? ¿Por favor? ¿Por favor?
Desbloqueo el teléfono y se lo paso a regañadientes. Ella lo agarra con un chillido y empieza a revisar las carpetas.
—¡Oh, me muero de ganas de... madre mía, Nya! ¿Es él?
Miro la pantalla, donde está la foto de Emmett que tomé en secreto una mañana mientras dormía. Está boca arriba con un brazo sobre su cara. Las sábanas le rodean la cintura, dejando a la vista su enorme pecho tatuado.
—Sí. —Asiento con la cabeza.
Tanya pasa a la siguiente imagen. Esa está un poco borrosa, la tomé el día que me dio el teléfono. Estaba probando la cámara con una selfie, pero moví la mano demasiado rápido. En la foto, estoy apoyada contra el pecho de Em mirando a la cámara. Él me abraza por la cintura y me mira desde arriba.
—Sigo sin entender qué fue lo que pasó —confieso mirando a la pantalla—. ¿Por qué me dejó? ¿Hice algo? ¿Decidió que ya no podía lidiar con mis problemas?
—Rosie, detente. —Tanya toma mi mano—. No hiciste nada malo. ¿Me entiendes? No te merece, no después de cómo se comportó.
—Lo extraño tanto —susurro y vuelvo a mirar el teléfono. Ojalá le hubiera tomado más fotos.
—Ya se te pasará. Conocerás a un chico, te enamorarás y olvidarás por completo al ruso. —Me abraza—. Cuando estés lista, saldremos juntas y encontraremos al chico más guapo y dulce para ti. ¿De acuerdo?
Me invade una sensación de pesadez y cierro los ojos. No quiero a un chico dulce y guapo. Quiero a Emmett. Tan solo de pensar en cualquier otro hombre tocándome se me revuelve el estómago. El ácido me sube por la garganta, así que me abanico la cara, esperando que se me pasen las náuseas. Y no es así. Solo empeoran. Salto de la cama y corro hacia el baño, llegando a duras penas al retrete a tiempo. Tanya corre detrás de mí y me aparta el cabello de la cara mientras vacío el contenido de mi estómago. Cuando termino, me dejo caer al suelo junto al inodoro y miro al techo.
—No puedo ni siquiera pensar en otros hombres sin vomitar, Nya —confieso en un susurro.
