Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia
Capítulo 21
Rose
Un mes después
Mi teléfono suena mientras estoy reorganizando mi armario por tercera vez esta semana. Descubrí que doblar la ropa me ayuda a mantener mi mente libre de pensamientos. Lo curioso es que también empecé a ordenar mis prendas de vestir por colores.
Tomo mi móvil y veo que es una llamada desde un número desconocido. Solo un par de personas tienen este número porque sigo usando el teléfono que me dio Em. En el fondo, aún tengo esperanzas de que me llame, sin embargo, ya han pasado casi dos meses.
—¿Sí?
—¿Rose? —pregunta una voz masculina vagamente familiar—. ¿Puedes poner a ese desgraciado al teléfono? Lleva semanas ignorando mis llamadas y tengo un desastre entre manos en Ural.
Levanto las cejas.
—¿Ron?
—Por supuesto, soy yo, cariño. ¿Quién más tiene una voz tan sexy? Oh, maldición, por favor no le digas que te llamé cariño.
—¿Decirle a quién?
—A Em, por supuesto. ¿Puedes pasármelo, por favor? Me llevó dos días descifrar la contraseña de su cuenta de correo electrónico para encontrar tu número. Las cosas aquí se están volviendo desastrosas.
¿Por qué pensaría Ron que Em está conmigo? Me trago el nudo que se me ha formado de pronto en la garganta y cierro los ojos.
—Él no está aquí.
—Por favor, dile que me llame cuando...
—No está aquí, Ron. No lo he visto desde que me fui de Chicago —suelto.
—¿Qué? ¿No está contigo? ¿Te ha llamado últimamente?
—No. Yo lo llamé, pero nunca contestó —alego—. ¿Qué está pasando?
Por un momento, no hay más que silencio antes de que Ron responda.
—Em renunció hace un mes.
—¿Renunció? No puede simplemente abandonar la Bratva. ¡Hale lo cazará y lo matará!
—Jasper no lo matará, pero no creo que a Em le importe. —Una maldición rusa se escucha desde el otro extremo, luego un sonido de algo rompiéndose—. Nadie sabe dónde está. Contestó mis llamadas la primera semana, pero después, nada. No ha ido a su apartamento, así que esperaba que estuviera contigo.
Siento pavor en el estómago.
—¿Ha desaparecido antes?
—¿Emmett? —Se ríe, aunque suena forzado—. No se ha tomado ni un solo día libre desde que se unió a la Bratva. Bueno, me refiero a antes de ti.
—¿Dónde está, entonces? —Intento preguntarlo con calma, no obstante, acabo sonando como si estuviera gritando porque mi voz es más aguda y temblorosa de lo normal.
—No tengo idea, Rose.
Camino por la habitación, intentando calmarme, pero tengo el pecho oprimido y el corazón acelerado. Tengo el mal presentimiento de que algo realmente horrible está a punto de ocurrir.
—Necesito que me llames en cuanto sepas algo de él. Por favor.
—Claro, cariño. Haré un par de llamadas para ver si alguien lo ha visto o sabe algo de él y luego te avisaré.
Cuando terminamos la llamada, me acerco a la ventana que da al jardín y me quedo mirando a nada en particular. Me prometí que no volvería a llamarlo. Si quiere hablar, que me llame.
Miro hacia el teléfono y presiono la marcación rápida. Suena. Y suena. Cierro los ojos, apoyo mi frente contra la ventana y sigo escuchando el timbre hasta que se desconecta sin pasar al buzón de voz. Vuelvo a llamar. Y vuelvo a llamar. Al cuarto intento, llega un mensaje. Tengo miedo de lo que pueda decir, así que me quedo mirando su nombre durante al menos diez minutos antes de armarme de valor y abrirlo.
23:15 Em: Deja de llamar, Mishka. Por favor.
—¡Vete a la mierda! —le grito a la pantalla y tiro el móvil sobre la cama. Y luego rompo en llanto.
Emmett
Los sonidos familiares de aplausos y gritos me rodean. Al igual que el hedor a sudor mezclado con el leve olor a moho. Suenan risas y luego más gritos. Apoyo mi espalda contra el muro de concreto y miro fijamente el teléfono que tengo en la mano y el mensaje de texto que acabo de enviar.
Me llamó. Mirar su nombre en la pantalla, y no responder a esas llamadas, fue lo más difícil que he hecho en mi vida, joder. Si hubiera seguido marcando, probablemente habría sucumbido.
Reviso el registro de llamadas. Hay cientos de llamadas perdidas en las últimas semanas. Al menos cincuenta son de Ron, pero hay docenas de Jasper, y Ben, también. El resto de los chicos también me han estado llamando. Incluso Felix. Nunca contesté. No tenía ganas de hablar. ¿Qué había que decir?
Presiono el pulgar sobre el nombre de Rose al principio de la lista, deslizo el dedo hacia un lado y borro el registro. Luego, vuelvo al mensaje enviado y lo borro también. Ver su nombre me duele demasiado. Debería borrar su número, pero no serviría de nada. Lo memoricé desde el momento en que le compré el teléfono.
Una puerta metálica al otro lado de la habitación rechina al abrirse y entra un hombre. Con su traje y corbata de color negro, parece un hombre de negocios. Bueno, teniendo en cuenta la gente que viene a ver estas peleas y la cantidad de dinero que cambia de manos cada noche, tienen que ser elegantes.
—Tú sigues —anuncia un momento antes de que suene la campana, seguida de gritos de entusiasmo—. Intenta no incapacitar a tu oponente en el primer asalto esta vez. Al público le gusta verlos luchar un poco.
Termino de vendarme las manos, me levanto y me dirijo hacia la puerta mientras estallan más gritos de entusiasmo procedentes de donde está la jaula de combate.
