Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Fractured Souls" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia
Capítulo 24
Rose
Estoy sacando los tazones cuando un beso se posa en mi nuca.
—Tengo algo para ti —comenta Em.
Me doy la vuelta y miro confundida las cajas que sostiene en sus brazos.
—¿Nuevos sabores de cereal?
—Sí. —Sonríe, pero parece cauteloso, y coloca las cajas sobre el mostrador. Hay cinco en total.
—Umm... bien —resoplo—. ¿Quieres elegir?
—No. Quiero que tú elijas. —Se asegura de que las cajas estén perfectamente alineadas y me mira—. ¿Cuál?
Me río y miro los paquetes de cereal. Ahora rara vez tengo problemas para tomar decisiones, no obstante, él sigue asegurándose de que practiquemos de vez en cuando. La forma en que Em continúa ayudándome es increíble. Incluso me convenció para que viera a la psiquiatra que Doc nos había recomendado, y ella también ha sido estupenda. Nuestras sesiones son difíciles, pero aprecio su atención y su apoyo.
Estiro una mano y tomo la caja con fresas deshidratadas.
—¿Esté está bien para ti? —Levanto una ceja.
—Sí. —Se inclina y me roza los labios con un beso—. Ahora, ábrela.
Sacudiendo la cabeza, comienzo a abrir la caja, preguntándome por qué hace tanto alboroto por el cereal. Rompo la tapa y meto la mano para sacar la bolsa cuando mis dedos tocan algo duro y aterciopelado. El corazón me late a mil por hora cuando saco una cajita roja.
—¿Em? —exclamo, mirando fijamente la caja de joyería—. ¿Qué es esto?
—No lo sé. Veamos. —Toma la caja de mi mano y la abre.
Me quedo boquiabierta cuando saca un anillo de oro. Un diamante amarillo de corte resplandeciente brilla bajo las luces del techo. Mi mano tiembla ligeramente cuando él la levanta y me besa la punta de los dedos.
—¿Te casarías conmigo, Mishka?
—Sí —susurro.
Em sonríe y desliza el anillo en mi dedo. Suelto un sollozo y salto a sus brazos, hundiendo mi cara en el pliegue de su cuello.
—¿Qué habrías hecho si hubiera elegido la caja equivocada? — Curioseo.
—Nunca habrías elegido la equivocada, nena.
—Podría haber tomado el cereal crujiente.
Me acaricia la espalda con la palma de la mano y se ríe. —Odias los cereales crujientes.
—Sí, pero ¿y si hubiera decidido darle otra oportunidad?
Se encoge de hombros.
Me aparto y lo miro fijamente mientras me doy cuenta de algo. —No lo hiciste.
—¿Qué?
Entrecierro mis ojos hacia él.
—Bájame.
—¿Por qué?
—Tengo que revisar algo.
Cuando mis pies tocan el suelo, volteo hacia el mostrador donde están alineadas las otras cuatro cajas de cereal. Tomo la primera, la de miel, y la abro. Encima de la bolsa de cereal hay una caja de terciopelo rojo. Cuando la abro, encuentro un anillo idéntico al que llevo en el dedo sobre un cojín de seda blanca. Dejo la caja con la joya en la isla y agarro la siguiente caja de cereal. Y la siguiente.
La caja de cereal crujiente la dejo para el final. Nunca habría elegido ese, Em lo sabe muy bien, pero cuando la abro, en esa también hay una caja de joyería. La pongo sobre el mostrador junto a las otras cuatro. Había escondido un anillo en cada una.
Siento que unos brazos me rodean la cintura cuando Em se inclina sobre mí por detrás, pero no volteo. No puedo apartar mi mirada de las cuatro cajas de joyas adicionales que contienen anillos idénticos.
—¿Por qué? —susurro.
Me aprieta con fuerza.
—Porque necesitaba que entendieras.
—¿Qué, Em?
—Que por lo que a mí concierne, no puedes tomar una decisión equivocada, nena. —Un beso aterriza en la parte superior de mi cabeza—. Aunque simplemente sea elegir el sabor del cereal.
Un mes después
—¿Y si me pongo histérica? —indago, con la voz entrecortada.
Tanya levanta la vista del zapato que me está ayudando a atar.
—No te pondrás histérica, Rosie.
—Sí, lo sé... —Levanto la mano y me muerdo una uña—. Pero ¿y si lo hago? Hay como... doscientas personas ahí afuera.
Tanya se endereza, me aparta la mano de la boca y me agarra de los hombros.
—No te pondrás histérica. Saldrás ahí afuera, te pararás junto al hombre que amas y que está loco por ti, y tendrás el mejor día de tu vida.
—Lo sé, pero...
—Sabes, estuve pensando —interrumpe—. Cuando tú y Em decidan tener hijos, ¿qué tal si me dejan elegir sus nombres? Su tía se asegurará de que sean muy especiales.
Miro horrorizada a mi hermana. De ninguna manera la dejaría elegir los nombres de mis hijos. Me arriesgaría a que les pusiera nombres de barras de chocolate o de algún otro dulce si lo hiciera. O algo peor.
Nya me mira y sonríe.
—Relájate. —Suelta una risita—. Estoy bromeando. Pero admítelo, salir ahí afuera frente a toda esa gente suena menos aterrador ahora.
—Desde luego que sí —resoplo.
—Todo saldrá bien. No te preocupes.
Me arreglo el vestido por enésima vez.
—Quizá debería haber elegido un vestido blanco. ¿Y si la gente...?
—Es el día de tu boda. Puedes ponerte lo que te dé la gana, Rosie. — Mira mi vestido de encaje amarillo brillante y sonríe—. ¡Me encanta! Pareces salida de un cuento de hadas.
—¿Crees que a Em le gustará?
Nya toma mi cara entre sus manos y se inclina hacia mí.
—Ese hombre está tan perdidamente enamorado de ti que podrías entrar ahí vestida con un trapo de cocina y te comería con los ojos.
Me río.
—No puedo creer que vaya a casarme.
—Yo tampoco, cariño —suspira—. Vamos. Alec está esperando. Y estoy estropeando mi maquillaje.
Tanya me aprieta la mano con fuerza mientras salimos de la habitación y nos apresuramos por el pasillo del hotel hacia la gran puerta de madera al fondo, donde nos espera Alec. Dejándome con nuestro hermano, Tanya se mete en el interior del salón donde se celebrará la boda, cerrando la puerta detrás de ella. Unos momentos después, las primeras notas de una melodía llegan a mis oídos.
No es la marcha nupcial.
—¿Estás lista? —pregunta Alec.
Asiento con la cabeza, intentando controlar mi respiración.
La música sube de volumen mientras la puerta que tenemos frente a nosotros se abre lentamente. Es Moonlight Sonata. Entramos al salón.
Em está de pie al final del pasillo, sus ojos clavados en los míos, siguiendo cada uno de nuestros pasos. Mientras Alec me guía hacia delante, un pensamiento cruza mi cabeza: algo está fuera de lugar. Teniendo en cuenta que soy un manojo de nervios, no es de extrañar que me dé cuenta cuando casi hemos llegado al final del trayecto.
Parpadeo confundida. Em está vestido con unos jeans negros y una camiseta negra. Sabe que no me molesta cuando usa traje, así que ¿por qué se puso jeans? Volteo a ver a mi hermano, recorriendo con la mirada sus jeans y su camiseta tipo Henley hasta llegar a su rostro.
—Tu ruso estableció el código de vestimenta para la boda —explica mientras sigue caminando.
Respiro profundamente y miro a los invitados sentados a nuestra izquierda. El corazón me da un vuelco en el pecho. Miro también hacia el lado derecho. Es lo mismo. Todos los hombres visten jeans y camisetas de manga larga o corta. Incluyendo a nuestro Don, que está sentado en la primera fila con su esposa. Nunca en mi vida había visto a Edward Cullen en camiseta. De hecho, no creo que nadie lo haya visto. Excepto quizá su esposa.
Desvío la mirada hacia Em y lo veo sonreír, y ya no puedo contener más mis lágrimas. Así que dejo que caigan por mis mejillas y sonrío de oreja a oreja mientras mi hermano me entrega a mi futuro esposo.
Em levanta mi mano hacia su boca y me besa los dedos. —¿Todo bien, Mishka?
—Sí —contesto—, todo es perfecto, Emy.
Estamos caminando por la fila del bufet cuando suena el teléfono de Alec. Volteo a un lado y le paso la cuchara para servir al hombre mayor que está a mi lado cuando noto la tensión en la voz de Alec.
—¿Cómo es que no encontraron nada? Han pasado meses.
Escucha a la persona al otro lado de la línea durante unos instantes y luego aprieta sus sienes.
—Está bien.
—¿Qué pasó? —pregunto.
—Todavía no saben por qué la casa de Rocco se quemó de la forma en que lo hizo, pero el informe mostrará una supuesta fuga de gas. No se encontraron restos porque todo quedó reducido a cenizas y el edificio se derrumbó sobre sí mismo. Según las imágenes de seguridad antes de que se cortara la señal, Rocco, Victoria y James estaban adentro. Sin más evidencias, cerrarán la investigación y los declararán muertos a los tres. — Se guarda el teléfono en el bolsillo y mira por encima de su hombro—. Tengo que decírselo al jefe.
Me quedo observando a Alec mientras se aleja cuando escucho una risita a mi lado. Miro al tipo canoso que está junto a mí. Está apilando carne en su plato mientras una enorme sonrisa se dibuja en su rostro. ¿Qué demonios le pasa? Tres personas murieron, ¿y a él le parece gracioso?
—¡Carajo, Albert! ¿Ya acabaste? —El tipo enorme y rubio que está al otro lado le da un codazo. Creo que se llama Felix—. Anda, muévete ya, que aquí hay más gente que quiere comer. ¿Y por qué te ríes como una maldita hiena?
—Por ningún motivo. —El viejo sacude la cabeza y se va, cantando algo en voz baja. Suena como... Poker Face de Lady Gaga.
