El castigo para Aomine fue... duro, casi rozando a lo aburrido, al menos en palabras del propio Daiki.
Admite que llego a esa situación por su culpa, nadie más tiene la culpa de ello.
Pero había mejores maneras de castigarlo ¿verdad?
-No te iras de aquí hasta que termines de limpiar el gimnasio, Aomine- la seria y desinteresada voz de Susa Yoshinori se escuchó en eco y tan clara como el agua por todo el edificio. Eran las siete de la tarde y como castigo de sus acciones hace solo dos días, Harasawa ordeno que Aomine limpiaría el gimnasio el solo durante la mañana y tarde el mes completo, además de que tenía estrictamente prohibido tocar un balón naranja hasta que el medico dijera lo contrario. Susa suspiro, Imayoshi no le pagaba lo suficiente para vigilar que Aomine cumpliera con su castigo -Sakurai, el castigo es para Aomine, no para ti. Deja esos balones donde los encontraste-
Y ahí estaba Ryou, ayudando a Aomine a recoger los balones naranjas y poniéndolos en el carrito transportador. Susa alzo la ceja, definitivamente Sakurai era peculiar.
-Pero... quiero ayudar a Aomine-san, Susa-senpai-
-Y te recuerdo que tienes dos puntos en la cabeza por culpa de la impulsividad de Aomine, Sakurai. Razón por lo que el doctor te dijo que nada de movimientos bruscos hasta que estuvieras completamente sano- si, parecía hermano mayor de esos dos.
Tal para cual, rodo los ojos. Definitivamente Imayoshi se las pagaría.
-Estoy bien, Susa-senpai- dejo los últimos balones en el carrito -ya casi no me duele, además, ya no está sangrando-
Susa se sobo las cienes de la cabeza, definitivamente Sakurai era demasiado bueno para este mundo cruel.
-Solo asegúrate no esforzarte demasiado ¿sí?- Ryou asintió mientras recogía sus cosas y las guardaba en su mochila.
Pronto llego Aomine con ellos, su uniforme desalineado, sus cabellos revueltos de esfuerzo y su piel morena perlada al igual que sus mejillas rojas de calor le dieron a entender a Susa que de algo estaba funcionando el castigo del entrenador.
Pero aun así, no sería suficiente, no con todo lo que paso Sakurai.
-Ya termine de limpiar el piso y dejar las cosas del aseo en el almacén- explico Aomine notando como Ryou tenía un poco de dificultad para quitarse su sudadera verde de la cabeza, se acercó a Ryou y suavemente (en la medida de lo posible tratándose de él) lo ayudo a quitarse la prenda del cuerpo -iré a dejar el carrito de pelotas, espérame aquí, Ryou- acaricio con cuidado y mucha, mucha delicadeza la cabeza de Ryou, exactamente donde estaba la vendoleta que cubría los puntos de Ryou pero que era oculta por sus cabellos castaños.
-Aquí lo espero, Aomine-san- Daiki asintió antes de ver seriamente a Susa y tirar del pesado carrito verde.
Yoshinori lo pensó un momento, por un microsegundo, un milisegundo, un particular brillo apareció en los ojos azules de Aomine al igual que en los ojos caramelo de Sakurai. Brillo que hace semanas no veía en ninguno de los dos.
Se alzó de hombros, quizá estaba imaginando cosas, le contaría después el chisme a Imayoshi para que lo ayudara con su teoría.
-Veo que las cosas entre ustedes esta... menos tenso que hace unos días, Sakurai- el castaño asintió mientras amarraba su sudadera en su cintura -eso es bueno... pero con Aomine tan volátil como es-
-Aomine-san es un poquito impulsivo- acepto Ryou mientras acariciaba su frente dudoso de lo que iba a decir -pero no es malo. Ya se disculpó conmigo muchas veces, así que ya lo perdone- aseguro Ryou viendo con una suave sonrisa a su superior -aunque temo que él no es capaz de perdonarse todavía-
-¿Ya se disculpó con Momoi?-
-Lo está intentando, pero Momoi-san es un hueso duro de roer igual que Aomine-san, en eso se parecen mucho- soltó una pequeña risita por el recuerdo de Aomine siguiendo a todos lados a la bonita Satsuki para poder hablar con ella, pero la chica, igual de orgullosa que su amigo de la infancia, huía de el en cada oportunidad que tuviera -esta noche lo acompañare a comprarle algo bonito a Momoi-san, quizá con eso Aomine-san pueda finalmente hablar con ella-
Susa sonrió felinamente, definitivamente esa chica lo llena de orgullo.
¿Qué mejor manera de bajarle los humos a alguien tan impulsivo como lo era Aomine que pegándole donde más le duele que es el dinero?
Ya tenía chisme para contarle a Imayoshi tan luego llegara a casa.
-¿Nos vamos, Ryou?- Susa y Sakurai se levantaron de la banca donde estaban platicando mientras Aomine no estaba ahí con ellos. Ryou quiso ponerse su mochila sobre el hombro pero la mano de Aomine fue más rápida y tomo su correa sobre su mano -no, déjalo. Yo la llevo-
-Me lastime la cabeza, Aomine-san. No el hombro-
-No me importa, yo la llevo Ryou-
"¿Esta es su forma de disculparse aun con Sakurai?" pensó Susa tomando sus cosas también, era hora de volver a casa.
Imagina que esa es una disculpa al estilo Aomine Daiki.
-Esto es mucho dinero solo para Satsuki- se quejó bajito Aomine viendo con desagrado la bolsita café que tenía el logotipo de las cremas que Momoi menciono el otro día usa para su piel y que por supuesto, Ryou iba a usar en algún momento.
-Es un lindo detalle de Aomine-san comprar esto para Momoi-san, sé que se pondrá muy contenta por lo que hizo por ella- una bonita sonrisa se dibujó en las facciones de Ryou ante la imagen de Momoi feliz y contenta por el regalo de disculpa que Aomine compro para ella.
Aomine dejo de ver la bolsita café y presto atención al castaño que caminaba a su lado. Si para ver esa sonrisa en las facciones de Ryou todo el tiempo debía pagar tanto dinero; entonces podía esperar un poco más de tiempo en comprar sus revistas de edición limitada de su preciada Mai-chan.
Daiki rodo los ojos por el sacrificio que estaba haciendo por Satsuki al mismo tiempo que tomaba discretamente la mano izquierda de Ryou quien le vio confundido por su acción.
No habían vuelto a hablar sobre su "relación" desde hace semanas, mucho menos con lo que paso hace unos días.
Todo eso fue muy sorpresivo.
-Aomine-san-
-No sueltes mi mano, Ryou- las mejillas de Sakurai se pintaron de un bonito color fresa, Aomine sonrió, Ryou era tan transparente con el -sé que todo lo que ha pasado entre nosotros es gran parte de mi culpa, pero quería sostener tu mano al menos un momento-
Ryou vio el agarre que Aomine mantenía en su mano, notando como el pulgar de Daiki acariciaba sus nudillos y dedos. Luego levanto su mirada y noto lo ansioso que estaba en ese momento Aomine.
-Pe-pero no somos nada, Aomine-san-
-¿Tampoco amigos, Ryou?-
"Rayos. No puedo responderle si me muestra tan vulnerable rostro", pensó Sakurai con el sonrojo en sus mejillas aumentando de color.
Aomine suspiro al ver tan dubitativo a Ryou, soltó la mano de Sakurai despacio, lo último que quería era abrumar al castaño con su actual forma de ser.
¿Por qué le costaba tanto aceptar que estaba enamorado de Ryou?
"Bueno, yo tengo la culpa ¿no?"
Maldita sea su cabezota.
-Vamos, iré a dejarte a tu casa, Ryou- comenzó a caminar por la avenida de la calle dejando un par de pasos atrás a Sakurai que ahora se mantenía en silencio por el cambio de Aomine con él.
¿Acaso lo estaba haciendo por lastima?
¿Por qué no quería volver a hacerle daño?
¿Cómo debería tomar las palabras de Aomine ahora?
-¿Ryou?- Aomine comenzó a entrar en pánico por ver gruesas lagrimas rodar por las mejillas regordetas y rojas de Ryou, mierda, lo último que quería era hacerlo llorar, pensó para sus adentros Daiki regresando sobre sus pasos hacia el bajito castaño que inútilmente intentaba limpiar sus lágrimas con sus manos -lo siento, volví hacerte llorar por mi boca, Ryou-
Sakurai negó en varias ocasiones abrazando por sorpresa a Aomine que podía sentir las lágrimas de Ryou mojando sus ropas.
-Aomine-san es estúpido- Daiki no hizo el intento de detener la carcajada que broto de sus labios por la grosería que soltó Sakurai hacia él, se la tenía bien ganada, no iba a negarlo -¿Cómo debo tomar las acciones y palabras de Aomine-san luego de tanto tiempo? Sigo sin entenderlo-
-Ya lo dijiste Ryou, soy un estúpido- rodeo en un suave abrazo el cuerpo de Sakurai que seguía gimoteando sobre su pecho -por favor, no vuelvas a llorar por mi culpa y estupidez-
-N-no creo poder lograrlo, Aomine-san me preocupa mucho- Aomine tomo con sus palmas el rostro de Ryou apretando un poco las mojadas mejillas -solo sabe meterse en problemas y complicar las cosas-
-Eso es cierto, no voy a negarlo Ryou- tomo el atrevimiento de besar la frente de Ryou, justo donde se estaba cerrando la herida de Sakurai, desordenando los suaves cabellos castaños con su acción -pero intentare ya no hacerlo si con eso dejas de llorar por mi culpa- limpio con sus pulgares los ojos húmedos de Ryou.
-Aomine-san- Ryou tembló en cuanto Aomine capturo sus labios en un suave beso, uno delicado, paciente, como eran en un principio hace tres meses. Ryou cerró los ojos dejándose envolver por el suave y delicado toque que Aomine estaba teniendo con él, únicamente buscando sus labios con los de Daiki.
-Esto no es una confesión, Ryou- expreso Aomine una vez se separó de los labios de Ryou que ahora apretaba sus manos en sus mejillas -pero pronto una saldrá de mis labios y tú serás el único que la oirá ¿sí? Tenme más paciencia de la que ya tienes conmigo, Ryou-
-E-está bien, Aomine-san- Daiki volvió a besar sus labios esta vez más impaciente que anteriormente, pero solo buscando los labios de Sakurai.
Nadie más.
