Disclaimer: Harry Potter y Katekyo Hitman Reborn! no me pertenecen, son propiedad de sus respectivos creadores.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Capítulo II.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Tsunahime despertó de golpe en un sitio desconocido, pues se encontraba en un vasto espacio blanco, sin nada a la vista excepto la opaca inmensidad que la rodeaba. La sensación era desconcertante, ya que el silencio era tan profundo que podía escuchar los propios latidos de su corazón. Se incorporó lentamente, sintiendo un ligero mareo al realizar dicha acción.

—¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? —se preguntó, mirando aprensiva sus alrededores. En momentos como ese, realmente extrañaba contar con su varita. Se sentía tan vulnerable.

Mientras la castaña intentaba orientarse, de pronto un punto de luz anaranjada apareció frente a ella. Ésta era una diminuta llama. La llama, que parecía tan frágil como una vela en una tormenta, creció gradualmente y, para su asombro, se fue formando en una figura humanoide. Al principio, la figura no tenía rasgos definidos, pero pronto tomó una forma clara, revelando a un hombre atractivo aparentemente joven con cabello rubio puntiagudo y ojos naranjas penetrantes. Vestía un elegante traje negro con rayas, una camiseta blanca y una corbata negra, complementado por una capa negra con un alto cuello, borlas rojas y broches de intrincados diseños. En sus manos llevaba guantes y un peculiar anillo que brillaba con intensidad. En su frente se podía observar una llama naranja.

—¿Quién es usted? —preguntó la ambarina, dando un paso atrás, atónita por la aparición de este extraño.

El rubio sonrió amablemente, sus ojos brillando con una calidez reconfortante. —No te asustes, pequeña. Yo soy Giotto di Vongola, el primer jefe de la familia Vongola. Y tú, querida Tsunahime, eres mi descendiente.

Tsunahime lo miró con incredulidad, tratando de procesar la información. —¿Su descendiente? —repitió.

—Así es —confirmó éste, tranquilamente.

La mente de la ambarina estaba trabajando a mil por hora. Ella sentía que podía confiar en este hombre. Su mera presencia la relajaba y la hacía sentir a salvo. Ella sabía muy bien, dada su vida y experiencias pasadas como Hermione Granger que no debía confiar tan fácilmente en las personas y que las apariencias engañaban, sin embargo, simplemente no podía evitarlo. Algo en su interior ronroneaba de alegría ante la presencia de Vongola-sama. Sacudió ligeramente la cabeza para despejar su mente y se centró en el asunto en cuestión. —Entiendo. ¿Me podría explicar que son esas llamas naranjas que ambos parecemos poseer? ¿y qué es la familia Vongola?

—Por supuesto. Dada la situación, es mejor que lo sepas ahora, mi pequeña descendiente. La familia Vongola es una de las más poderosas e influyentes en el mundo de la mafia. Tú eres una de los herederos de este legado, y dentro de ti reside un poder especial conocido como las Llamas de la Última Voluntad —le explicó el rubio.

—¿Llamas de la Última Voluntad? —preguntó Tsunahime, intrigada.

—En efecto. Las Llamas de la Última Voluntad son una fuente de poder que influye en el mundo –le hizo saber Giotto—. Cada una tiene una habilidad única y su propio atributo. Se encuentran en cada ser humano, aunque rara vez se logran manifestar y cuando lo hacen, sus usuarios suelen ser reclutados por alguna familia mafiosa. Las llamas que despertaron en ti son las llamas del Cielo, un poder que ha pasado de generación en generación en nuestra familia. Ésta llama está relacionada con la armonización. Su función es crear equilibrio entre otras seis llamas: la llama de la Tormenta, Sol, Rayo, Lluvia, Nube y Niebla. Existen muy pocos poseedores de la llama del Cielo, razón por la cual es considerada la más rara y misteriosa entre el resto y es muy codiciada, por lo que es importante que aprendas a mantener su existencia en total secreto para no atraer más atención no deseada hacia ti y los tuyos, de personas con muy malas intenciones.

La castaña sintió una mezcla de emociones: confusión, curiosidad y un poco de miedo.

—Las llamas del Cielo son una parte de ti, y es importante que aprendas a controlarlas. Pero no te preocupes, no estás sola en esto. Yo estaré aquí para guiarte.

Antes de que pudiera hacer más preguntas, una sensación de vértigo la sacudió. La realidad comenzaba a desvanecerse a su alrededor y la figura de Giotto se volvía cada vez más borrosa. Tsunahime se sintió arrastrada de vuelta a la conciencia, alejándose del espacio blanco y del rubio.

—¡Espere! No se vaya... Aún tengo muchas preguntas por hacerle...

—Nos veremos pronto —dijo Giotto con una sonrisa cálida mientras su figura comenzaba a desvanecerse—. No debes preocuparte, Tsunahime. Te guiaré cuando el momento sea el adecuado.

El espacio blanco se disipó completamente, y Tsunahime se encontró de nuevo en la realidad. Sus ojos se abrieron lentamente y observó sus alrededores, encontrándose en una habitación Blanca, en la cual entraba bastante luz solar a través de una ventana adyacente a la cama. El olor a desinfectante y el suave murmullo de máquinas médicas le dieron una pista de que estaba en un hospital. Miró a su alrededor, desorientada, y vio a su madre, Nana, durmiendo al lado de su cama.

—Kaa-chan —murmuró, moviendo ligeramente el brazo de la castaña mayor para despertarla. Esbozó una pequeña sonrisa, sintiendo un alivio profundo al verla allí.

Nana se despertó sobresaltada, sus ojos se llenaron de lágrimas de alivio al ver a su hija despierta. —¡Tsu-chan! Gracias a Dios has despertado.

—Estoy bien, kaa-chan —dijo Tsunahime, intentando tranquilizar a su madre—. Solo me siento un poco cansada. ¿Podrías decirme qué pasó? —preguntó, su voz todavía algo débil.

—Después del incidente con aquellos extraños hombres vestidos de negro...te desmayaste y te traje al hospital. Estaba muy preocupada —explicó la mujer, abrazando a su hija—. Los médicos dijeron que solo estabas muy agotada y necesitabas descansar.

Tsunahime asintió, fijando su mirada en la puerta de la habitación al ver a un joven doctor entrando con una sonrisa amable.

—Buenos días, soy el doctor Sasaki. ¿Cómo se siente hoy, Sawada-san? —preguntó, posando su mirada en Tsunahime tras asentir hacia Nana, como saludo.

—Me siento mejor. Creo que estoy lista para irme a casa —dijo la pequeña ambarina.

El médico revisó su expediente y, después de un examen rápido, asintió. —Todo parece en orden. En un rato más, le daremos de alta a su hija. Solo recuerde que ella debe mantener reposo en cama durante dos días y se deben seguir las indicaciones que le hemos dado —le dijo a Nana.

—Sí, doctor Sasaki —dijo la castaña mayor, con una inusual expresión seria posada en su rostro—. Todo se hará según lo indicado.

—Perfecto —dijo éste, satisfecho.

Media hora más tarde, Nana firmó los papeles del alta y, posteriormente, ayudó a Tsunahime a prepararse para salir, y juntas regresaron a casa. Ya en su hogar, Nana acompañó a su hija hasta su habitación para asegurarse que llegase bien, tranquilizándose cuando vio que su niña ya se veía mucho mejor y caminaba con más firmeza.

—Iré a preparar la cena, cariño —le dijo la mujer, dándole un beso en la frente a la ambarina, en cuanto ésta se acomodó en su cama.

—Sí, Kaa-chan —asintió Tsunahime, observando a su madre salir de su habitación.

Después de unos minutos, segura de que su madre ya estaba ocupada en la cocina, la pequeña castaña se sentó sobre su cama y comenzó a meditar, utilizando los conocimientos que había adquirido de la biblioteca de los Black. Buscó conectarse con sus Llamas del Cielo y su magia. En cuestión de unos minutos, para su sorpresa, pudo sentir ambas energías, entremezcladas dentro de ella. Era una sensación extraña pero reconfortante.

Ahondó más y se concentró al máximo, sintiendo la energía fluir dentro de ella, recorriéndola de la cabeza a los pies desde la zona donde estaría ubicado su núcleo mágico. Se preguntaba si las llamas del Cielo tendrían otros efectos en su magia aparte de un aumento de poder.

Cuando su madre la llamó para la cena, Tsunahime rompió su estado meditativo. Bajó al comedor reflexionando sobre todo lo que estaba ocurriendo y los descubrimientos que había hecho. La cena fue silenciosa, tanto madre como hija aún asimilando los acontecimientos recientes, sobre todo Nana, quien miraba de vez en cuando a su hija con una mezcla de preocupación y alivio. La extraña energía que había visto salir de ella le había causado una gran inquietud a la mujer, y de igual modo, sentía que algo en ella había cambiado, como si su mente estuviese más clara que antes y fuese más perspicaz con su entorno. Quería hablarlo con su pequeña, pues sabía muy bien que su hija no era como los otros niños. Era muy inteligente, observadora y tenía una comprensión sobre las cosas que era raro que un niño de su edad tuviera. A pesar de ello, decidió guardar sus pensamientos para sí misma, no queriendo angustiar y cargar con sus preocupaciones a su niña. Ya buscaría la manera de averiguar que ocurría y tenía una idea de por quién comenzar.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Tres días después, libre de la supervisión de su madre, quien estuvo pendiente de ella los dos días que ordenó el doctor Sasaki, la castaña subió a su habitación después del desayuno. Estaba determinada a a obtener algunos avances con respecto a su magia ese día. Comenzaría a practicar con hechizos sencillos y gradualmente iría trabajando con hechizos más difíciles.

Tsunahime se sentó en el suelo, cruzando las piernas en una postura meditativa. La energía de su magia entrelazada con sus llamas del Cielo aún pulsaba en su interior, y con una respiración profunda, comenzó a enfocar su mente en los hechizos que había aprendido en su vida pasada. Pese a no tener una varita, estaba decidida a poder hacer uso de su magia, sobre todo luego de lo sucedido con esos mafiosos que la atacaron a ella y a su madre hace cuatro días atrás.

Primero, se dispuso a realizar el encantamiento Lumos, el cual, si tuviera su varita, produciría luz en la punta de ésta, no obstante, a falta de dicho objeto mágico, tendría que canalisar su magia en sus manos, específicamente, la punta de sus dedos, tal y como en los programas de televisión. Con una expresión de concentración, levantó una mano y pronunció las palabras:

—Lumos. —Ella sintió como su magia, mezclada con las llamas del Cielo reaccionaban. Se concentró, a fin de dirigir la energía de forma medida, para que no le fuese a explotar en la cara. El hencantamiento necesitó de cinco intentos, para que por fin una pequeña esfera de luz naranja apareciera en la punta del dedo índice de la mano de Tsunahime, quien tenía una amplia sonrisa en su adorable rostro por su éxito.

Tras unos cuantos intentos más, pudo hacer que la pequeña esfera de luz fuese más brillante y aumentara su tamaño, iluminando en su mayor parte su habitación.

Tarareó pensativa, contemplando que encantamiento practicar a continuación, y asintiendo con la cabeza, decidió que el siguiente hechizo sería Nox, el contrario a Lumos, diseñado para extinguir la luz producida en la punta de las varitas por el Lumos. Con un suspiro de determinación, Tsunahime extendió la mano y dijo con firmeza:

—Nox."

Éste encantamiento no le costó tanto trabajo, y en menos de tres intentos, la luz de la habitación se extinguió de inmediato, dejando a Tsunahime en la penumbra debido a que tenía cerradas sus cortinas. El hechizo había funcionado a la perfección, y la unigénita de los Sawada se sintió alentada por su progreso. Aunque el proceso era agotador, sentía que estaba logrando algo significativo.

Seguidamente provó con Alohomora, el encantamiento para desbloquear cerraduras y abrir puertas bajo llave. Había sido muy buena con ese encantamiento, por lo que en cuatro intentos pudo desbloquear un pequeño joyero que le había regalado su madre después de una salida de compras. A ella le había encantado, ya que tenía una linda forma de gatito y Nana no había dudado en comprarla para su niña.

Finalmente, decidió probar el encantamiento Reparo, comenzando con un objeto pequeño. Buscó una figurilla de cerámica rota que había encontrado en la casa y la colocó frente a ella. Sus dedos temblaban ligeramente por el esfuerzo, pero su terquedad no le permitía detenerse ahí y recitó el encantamiento:

—Reparo —se escuchó que ésta decía durante quince minutos seguidos, cada intento con resultados más visibles.

En el intento número trece, un brillo verde envolvió la figurilla mientras las piezas se unían instantáneamente. Cuando el resplandor se desvaneció, la figurilla estaba completa de nuevo, sin rastro de las grietas que tenía. Tsunahime exhaló con alivio, sintiendo una oleada de satisfacción.

A pesar de su éxito, se sintió agotada por todos los intentos. Su frente estaba perlada de sudor, y sus manos estaban cansadas de la repetida concentración. Se tumbó en el suelo, cerrando los ojos un momento para recuperar fuerzas.

Mientras descansaba, la joven reflexionaba sobre sus logros. Aunque no era mucho comparado con el nivel que tenía antes de fallecer en su anterior vida, era un comienzo prometedor. Con cada hechizo, su confianza crecía, y la sensación de poder dentro de ella se hacía más palpable, su magia ansiosa por hacer su voluntad.

"Es un buen comienzo", pensó con una sonrisa cansada. "Todavía tengo mucho que practicar y aprender, pero lo lograré".

Con ese pensamiento en mente, Tsunahime se levantó lentamente, sintiendo el peso de la fatiga, pero también el impulso de continuar. Los temores que invadían su mente desde que se enteró que su padre estaba en la mafia no habían sido infundados,. La próxima vez estaría preparada para lo que vendría, después de todo, cualquier hechizo era útil, siempre y cuando supiese como usarlo junto con algo de creatividad. Nunca había sido una persona que se saliera de lo ya establecido, es decir, que no siguiera los procedimientos o reglas al pie de la letra, sin intentar modificar nada o usar un método diferente al experimentar alcanzando los mismos o mejores resultados, sin embargo, dada su situación, era imperativo que lo hiciera, si quería que ella y su madre salieran indemnes de esto.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Esa misma noche, la habitación de Tsunahime estaba envuelta en un silencio nocturno, interrumpido solo por el suave susurro de la brisa que entraba por la ventana entreabierta. La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, proyectando suaves sombras en las paredes y sobre la pequeña cama donde la ambarina dormía plácidamente. Sus pequeños labios estaban ligeramente curvados en una sonrisa tranquila, y su cabello oscuro se extendía desordenado sobre la almohada.

Sin previo aviso, entre aquella penumbra, el propio Giotto se materializó a un lado de la ventana, cerca de la cama de la pequeña castaña. Éste observó a la niña de forma pensativa, profiriendo un suspiro que denotaba preocupación.

De repente, el aire a su alrededor pareció ondular y, cinco llamas con los colores del arcoíris excepto el naranja y el índigo aparecieron y de estas emergieron cinco hombres, G, Asari, Knuckle, Lampo y Alaude, los guardianes de Giotto. Todos ellos se pararon al lado de su jefe, sus miradas entre serias y curiosas posándose por unos segundos en la descendiente del rubio.

—¿Giotto? —preguntó G, con una voz grave y calculadora—. ¿Vas a intervenir personalmente en la vida de esta niña?

Giotto giró su cabeza lentamente hacia sus guardianes, sus ojos naranja llenos de sombría determinación. —Sí, he decidido que lo haré. Tsunahime posee una de las llamas del cielo más poderosas, además, con cada día que pasa, me he dado cuenta que estas aumentan en poder y eso es preocupante.

—¿No crees que es prematuro intervenir de esta manera? La niña apenas tiene cuatro años —argumentó Asari, aprensivo por la situación.

—No es cuestión de edad —replicó Giotto—. Es cuestión de seguridad. Las llamas del Cielo, en manos de alguien tan joven, podrían atraer a otros mafiosos o enemigos que busquen aprovecharse de su poder. No puedo permitir que mi tataranieta esté en peligro debido a su herencia.

G, curvando sus labios ligeramente hacia abajo con clara amargura, asintió con un gesto de comprensión. —Entiendo tu preocupación. La fuerza de las llamas del Cielo puede ser tanto una bendición como una maldición. Pero ¿cómo planeas prepararla para lo que viene?

—Voy a entrenarla personalmente —dijo Primo, con una firmeza que no dejaba lugar a dudas—. Ella necesita conocer el alcance de su poder y cómo manejarlo antes de que otros puedan interferir en su vida. Y recuerden, aunque Tsunahime es una niña, su alma es más vieja de lo que parece. Lleva consigo el conocimiento y la sabiduría de su vida pasada. Eso la hace aún más vulnerable y, al mismo tiempo, más fuerte.

Knuckle observó nuevamente a la infante con triste resignación. —Es una responsabilidad enorme. Estás hablando de involucrarla en el mundo de la mafia desde una edad tan temprana.

Alaude, conocido por su actitud calculadora y fría, mantuvo un silencio contemplativo. Finalmente, rompió el silencio con una voz tranquila. —Estamos conscientes que es necesario, Primo. Pero también sabemos lo que eso significa para ella. Ella terminará en un mundo lleno de violencia, muerte y traición.

Giotto asintió lentamente, su mirada nunca apartándose de la niña dormida. —Sí, posiblemente le espere un futuro incierto y peligroso. No obstante, es mi deber protegerla y guiarla. Y si eso significa que debo intervenir desde ahora, entonces así lo haré. El destino de la Vongola está entrelazado con el de Tsunahime, y no puedo permitir que pase por todo esto sola si puedo evitarlo.

Cada uno de los guardianes asintió solemnemente, reconociendo la decisión de su líder y entendiendo las implicaciones de su elección. La preocupación y la determinación estaban claramente grabadas en sus rostros. Sabían que tarde o temprano, Tsunahime se vería envuelta en el mundo despiadado de la mafia, y su preparación comenzaba ahora.

Giotto se inclinó ligeramente hacia la cama de la niña, su expresión suavizándose en un último vistazo. —Descansa tranquila, pequeña Tsunahime. El futuro puede ser incierto, pero no estarás sola. Estaré contigo, guiándote en cada paso.

Con un tenue destello de luz, los guardianes comenzaron a desvanecerse, sus figuras desdibujándose en el aire. Giotto fue el último en desaparecer, sus ojos aún fijos en la figura dormida de su tataranieta. Con su partida, la habitación quedó en silencio nuevamente, solo el suave resplandor de la luna permaneciendo como testigo de las decisiones tomadas esa noche.

La pequeña Tsunahime seguía dormida, ajena a las conversaciones y decisiones que estarían moldeando parte de su futuro, las cuales no solo la afectarían a ella, también a muchos otros, para bien o para mal, eso solo el tiempo lo diría.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Fin del Capítulo.