Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Bruja Llameante
33: Spinner's End.
A muchas millas de distancia, la fresca neblina que presionaba contra la ventana del Primer Ministro vagaba sobre un sucio río que se metía entre las orillas plagadas de vegetación y de basura. Una inmensa chimenea, reliquia de un molino en desuso, se encontraba detrás, sombría y siniestra. No se escuchaba nada aparte de un escuálido zorro que se había acercado hasta la orilla para olfatear esperanzadamente un viejo envoltorio de pescado y papas, en el alto pastizal. Pero luego, con un muy imperceptible 'pop', una delgada y encapuchada figura se apareció de la nada, en la orilla del río. El zorro quedó inmovilizado, sus precavidos ojos voltearon hacia ese extraño fenómeno. La figura pareció estar orientándose, luego se alejó con zancadas rápidas y ligeras, con su capa crujiendo contra el pasto. Con un segundo y más fuerte 'pop', otra nueva figura encapuchada se materializó. La Aparición sobresaltó al zorro, que estaba agachado, al ras del suelo, entre la hierba. La solitaria figura observó al animal con su pie. —Sólo era un zorro, —dijo una voz femenina. —Pensé que podría ser un Auror. —Narcissa alcanzó el final de la orilla, donde varias vías viejas separaban el río de una calle estrecha y adoquinada. Permaneció mirando a lo largo de la calle por las hileras e hileras de casas lapidadas hechas de ladrillo, sus ventanas grises y poco visibles en la oscuridad. Se había deslizado en un espacio entre vías oxidadas y se apresuró a cruzar el camino. Narcissa se precipitó hacia un callejón que había entre las casas, hacia una segunda calle idéntica. Algunas de las lámparas de la calle estaban descompuestas; las dos mujeres caminaban entre espacios de luz y profunda oscuridad. La mujer se movió intensamente en el laberinto desierto de casas de ladrillo. Por fin, Narcissa se apresuró en una calle llamada 'Spinner's End', en la cual la chimenea de molino altísima pareció cernirse como un dedo gigantesco. Sus pasos resonaron sobre los adoquines, mientras pasaba cerca de ventanas tapizadas y rotas, hasta que llegó a la última casa, donde una luz titilante brillaba tenuemente a través de las cortinas en el cuarto de abajo. Llamó a la puerta y aguardó ahí de pie, jadeando ligeramente, aspirando el olor del río sucio que les llegó sobre la brisa de la noche. Después de unos segundos, oyeron el movimiento detrás de la puerta y se abrió una grieta. Se podía ver la sombra de un hombre que las miraba, un hombre con el pelo largo negro que caía como en cortinas alrededor de una cara cetrina y ojos negros.
Narcissa se quitó su capucha. Era tan pálida que pareció brillar en la oscuridad; el pelo largo rubio fluyendo en su espalda, le dio el aspecto de un ahogado. — ¡Narcissa! —dijo el hombre, abriendo la puerta un poco más, de modo que la luz cayó sobre ella y sobre su hermana también. — ¡Qué sorpresa tan agradable!
— "Severus," —dijo ella en un susurro cansado. — "¿Puedo hablarle? Es urgente." —Pero desde luego. Él se apartó para permitirle que pasara a la casa. Y cerró la puerta con un chasquido detrás de ellas. Estaban avanzando directamente a una sala diminuta, que tenía el aspecto de una celda oscura, acolchada. Las paredes estaban completamente cubiertas de libros, la mayor parte de ellos cubiertos con un viejo cuero negro o marrón; un sofá gastado, un viejo sillón, y una mesa desvencijada estaban de pie agrupados juntos bajo la luz débil arrojada por una lámpara con velas que colgaba del techo. Snape le señaló el sofá a Narcissa. Ella dejó su capa, se corrió a un lado, y se sentó, contemplando sus manos blancas y temblorosas en su regazo.
—Pues de modo que, ¿Qué puedo hacer por ti? —Preguntó Snape, sentándose en el sillón frente a la mujer.
—Estamos... solos, ¿Verdad? —preguntó Narcissa en voz baja.
—Sí, desde luego.
—Severus, lamento venir aquí de esta forma, pero tenía que verte. Pienso que eres el único que puede ayudarme. Sé que no debería estar aquí, me han dicho que no debo decir nada a nadie, pero... Yo... pienso que eres el único que puede ayudarme, no tengo a nadie más que me ayude. Lucius está preso y... —Cerró sus ojos y dos grandes lágrimas se escaparon de sus ojos. —El Señor Oscuro me ha prohibido hablar de esto. —continuó Narcissa, con sus ojos todavía cerrados —Desea que nadie sepa del plan. Es... muy secreto. Pero...
—Si te lo prohibió, no me lo debes decir —dijo Snape al instante. —La palabra del Señor Oscuro es ley. —Narcissa largó un grito ahogado como si Snape la hubiese bañado con agua helada. —Sucede que sé del plan, —dijo en voz baja. —soy uno de los pocos a los que el Señor Oscuro le ha contado. De todos modos, yo lo he guardado en secreto, Narcissa, debes ser prudente de no traicionar al Señor Oscuro.
— ¡Sabía que lo deberías saber! —dijo Narcissa, respirando mejor. —Él confía en ti, Severus...
—Efectivamente —dijo Snape asintiendo. — ¿Pero qué tipo de ayuda necesitas, Narcissa? Si estás imaginando de que puedo convencer al Señor Oscuro que cambie sus planes, me temo que no hay esperanza, ninguna.
— "Severus, —susurró ella, con lágrimas cayendo por sus pálidas mejillas. —mi hijo ... mi único hijo..." —Narcissa comenzó a llorar sin consuelo, mirando todo el tiempo fijamente y en forma de súplica a Snape. — ¡Y es porque tiene dieciséis años y no tiene idea de lo que se oculta detrás de esto! ¿Por qué, Severus? ¿Por qué mi hijo? ¡Es muy peligroso! ¡Esto es una venganza por el error de Lucius, lo sé! —Snape no dijo nada. Apartó su vista de la mirada llorosa de Narcissa como si fuera indecente, pero no pudo evitar tener que oírla. —Es por eso que escogió a Draco, ¿no? —insistió ella. — ¿Para castigar a Lucius?
—Si Draco tiene éxito, —dijo Snape, todavía sin mirarla, —será homenajeado por encima de todos los otros.
— ¡Pero no tendrá éxito! —sollozó Narcissa. — ¿Cómo podrá tenerlo? ¡Ella tiene un poder mágico elemental, como nunca jamás se ha visto! —Snape comprendió a Narcissa, pero también le provocó gracia, como ella parecía creer, que Potter era la cachorrita de Dumbledore. Él mismo lo pensó, hasta que vio que, a ella, no le importaban las vidas de los Mortífagos.
—Puedes creerme, cuando te digo que sé sobre eso, Narcisa y sí: Vi lo que ella hizo a los Mortífagos en el cementerio. —Snape no estaba dispuesto a revelar la verdadera naturaleza, detrás de las llamas de Beatrice Potter —El día en el cual Harry Potter dejó de existir y Beatrice Potter renació, apareció una lechuza llamada Hermes, con una carta y un libro para ella. Ambos dejados por Lily, que le serían entregados a su hija, respecto a la magia de un clan familiar mágico de la era del Antiguo Egipto. —Narcissa jadeó —Un clan que se desvaneció en el aire, durante la era y cuyas habilidades se mantuvieron durmientes en su sangre, hasta que Lily Potter las despertó y ahora, sin las ataduras mágicas de Dumbledore, las de Beatrice Potter han despertado. Tiene deseos de venganza contra el Señor Oscuro y va a exterminar a todos los Mortífagos y al propio Señor Oscuro, usando esas llamas violetas suyas, sin importar los lloriqueos de Dumbledore a quien no está dispuesta a seguir, porque él le robó su género, nombre e identidad. Dumbledore insiste en que Beatrice debería de quedarse con el encantamiento desarmador y el encantamiento aturdidor, al igual que toda la Orden; pero a ella no le importa lo que él le diga, seguirá su propio camino y quemará a los Mortífagos, hasta volver sus huesos cenizas, eliminará al Señor Oscuro, como venganza, por haberle quitado a sus padres y finalmente, seguramente, si la conozco lo suficientemente bien, en solo dos años: Entonces matará a Dumbledore, una vez que el Señor Oscuro esté muerto.
—Severus... por favor... tú eres, tú has sido siempre, el maestro favorito de Draco... eres el viejo amigo de Lucius... te lo suplico... eres el consejero favorito en el que más confía el Señor Oscuro... ¿Hablarás con él, lo convencerás?
—El Señor Oscuro no será persuadido, y no soy tan estúpido como para intentarlo. —dijo Snape encogiéndose. —No puedo pretender que el Señor Oscuro no esté enojado con Lucius. Lucius estaba a cargo. Lo capturaron, con muchos otros, y fallaron al intentar recuperar la profecía. Sí, el Señor Oscuro está enojado, Narcissa, muy enojado, en efecto.
— ¡Tengo razón, ha escogido a Draco para vengarse! —se atragantó Narcissa. — Eso no significa que tendrá éxito, ¡quiere que lo maten! —Como Snape no dijo nada, Narcissa pareció perder el auto control que poseía. Poniéndose de pie, caminó tambaleándose hacia Snape y se colgó de su ropa. Se puso cara a cara con él, con lágrimas cayendo por sus mejillas, y ahogó un grito, —Puedes hacerlo. Puedes hacerlo en lugar de Draco, Severus. Vas a tener éxito, por supuesto que lo tendrás, y él te recompensará en frente de todos nosotros.
Snape la tomó de las muñecas y sacó sus manos. Mirando hacia abajo, a la cara cubierta de lágrimas dijo lentamente, —Él pretende que lo haga al final, supongo. Pero determinó que Draco lo haga primero. Ya ves, en el raro caso de que Draco tenga éxito, podré permanecer en Hogwarts un poco más, cumpliendo mi útil papel de espía.
—En otras palabras, ¡eso no significa que Draco no sea asesinado!
—El Señor oscuro está muy enojado —repitió Snape tranquilamente. —No pudo escuchar la profecía. Tú sabes, Narcissa, tan bien como yo, que él no perdona tan fácilmente. —Ella se desplomó a sus pies, sollozando y gimiendo en el piso.
—Mi único hijo... mi único hijo...
—Yo podría entonces actuar, en su lugar. —dijo Severus, Narcissa le agarró las manos y se las besó —Podría darle una poción para dormir, hacer que le crezca el cabello, arrancarle un par de ellos y beberme la Poción Multijugos, encargarme de la misión y luego pasarle a él, esos recuerdos, haciéndole creer que él lo hizo.
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Esa noche, Spinner's End, fue testigo de una promesa.
Una promesa entre una madre desesperada y un profesor Mortífago.
