VUELO A TU CORAZÓN
CAPÍTULO 3
FINAL
Como si acaso el universo quisiera gritarle que estaba en Reino Unido, cuando Makoto salio del aeropuerto lo primer que escucho fue la cancion "Yesterday" de "The Beatles", y lo primero con lo que su mirada se encontró fue con una de esas cabinas telefónicas de color rojo tan emblemáticas de aquella ciudad y que ya había visto en infinidad de postales como si fueran uno de los simbolos de la nación.
Pese a que siempre sintió miedo de cruzar el océano en avión, conocer la ciudad donde su amado había nacido y crecido era algo que le hacía ilusión; sin embargo, aunque aquel era su primer viaje fuera de Japón y estaba justo en la ciudad que vio nacer a Andrew, no había ningún atisbo de emoción positiva, pues todo era la angustia de haberlo perdido.
Cuando salieron del aeropuerto, ella y Jane tomaron un taxi que las llevó al departamento de la joven que se encontraba en un precioso condominio, y después, abordó en el asiento de copiloto el auto de la joven, quien mientras conduce al domicilio donde se ubicaba la casa de los padres de Andrew, le prestó su móvil para que intentara llamar a Andrew y a su madre.
Veinte minutos después de conducir, llegaron a la zona residencial donde se encontraba la casa de los Hansford, y entonces Jane se estacionó frente a aquella hermosa casa de dos pisos color café con puerta de un intenso rojo rodeada de un hermoso jardin que Makoto tantas veces había visto en fotos y en google maps.
—Hemos llegado— Dijo Jane
Makoto bajó del auto, y Jane, que pretendía seguir acompañandola, también bajó. Con paso temeroso, Makoto se dirigió a la puerta de aquella casa, y tocó mientras sentía el corazón latiendo más rápido como si fuera a salir de su pecho.
No pasó mucho tiempo cuando la puerta se abrió, y entonces frente a ella miró a Catherine Furuhata en persona. Era idéntica a las fotos, con cabello corto hasta los hombros de color rubio y ojos verde azulado como los de Andrew. Makoto entonces se percató de que aunque Catherine Furuhata no vestía el típico kimono negro que se usaba en los velorios japoneses, si vestía un vestido negro, así que sabiendo que ese color también era usado en los velorios occidentales, la voz se le quebró cuando intentó hablar y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
—¿Eres Makoto?— Preguntó la mujer sorprendida.
Makoto asintió, y entonces la mujer volteó hacia atras, y llamó en voz alta a Isamu, su marido.
—Yo hablar poco japones, pero entrar— Pronunció Catherine Furuhata en un muy mal japones.
Makoto no dudó ni un segundo, y al estar en el umbral de aquella hermosa casa estilo victoriano, se encontró con Andrew Hansford, un hombre de cabello castaño claro y ojos color avellana, en cuyo rostro era evidente su ascendencia japonesa por parte de padre.
—Eres la novia de mi hijo. ¿Verdad?— Preguntó Isamu Furuhata en un correcto japonés pese a su marcado acento— ¡Se pondrá tan feliz cuando te vea!
—¿Andrew está bien?— Preguntó Makoto más tranquila, pero aún con las lágrimas rodando por sus mejillas y las emociones a flor de pie.
—¡Lo está, querida! Quizá no pueda trabajar por varios meses, pero lo esta.
El sonido de un teléfono timbrando interrumpió la charla entre Makoto y los Furuhata, y fue Catherine quien se dirigió más allá del vestíbulo para ir a constestar la llamada. Una llamada que alteró a Makoto, quien entendió lo que la mujer decía a pesar de que hablaba en inglés.
—¿Qué dices, Unasuki?... ¡Pásame a tu hermano!... ¿Cómo que no puedo hablar con Andrew?... ¡Unasuki!... ¡Unasuki responde!
La voz de Catherine Furuhata sonaba preocupada, y eso provocó la preocupación en Makoto.
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Pese a que los médicos le habían advertido que aún no le podían dar el alta y Unasuki había querido convencer al personal del hospital de que retuvieran a Andrew por la fuerza, eso no había sido posible al ser Andrew un adulto, por lo que ignorando los riesgos, Andrew había firmado su alta voluntaria para retirarse del hospital.
Por suerte para Andrew, su familia ya le había comprado desde un día antes una silla de ruedas y un par de muletas, por lo que le dio uso a estas últimas para ayudarse a ponerse de pie y de ahí pasar a la silla.
Estaba decidido a ir a casa por su pasaporte, y de ahí llegar al aeropuerto para tomar un avión, a pesar de los regaños de Unasuki que intentaba ayudarlo empujando la silla.
—¡Si no te vas a callar déjame solo! No necesito tu ayuda—Dijo Andrew moviendo por si solo su silla.
—No creo que tu novia esté de acuerdo con lo que haces.
—¡Quizá Makoto la está pasando mal…
Andrew se quedó sin habla cuando al llegar al vestíbulo del hospital las puertas automáticas de cristal se abrieron, y frente a él vio a su amada Makoto. Lucía despeinada, con los ojos hinchados como si hubiera llorado, pero estaba a salvo, cerca de él y no bajo los escombros de un edificio derruido en Tokio.
—¡Makoto!—Exclamó sorprendido— Creí que…
—Crei que te había perdido—Susurró Makoto con voz entrecortada, y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
Los ojos de Andrew también se empañaron de lágrimas ante la emoción, y entonces, como si hubiera olvidado que tenía contraindicado andar mucho, y menos sin muletas, se puso de pie apoyando su peso en la pierna sana y la recibió en un fuerte abrazo cuando ella llegó a su lado.
—¡Mi kokoro, mi Mako!—Susurró Andrew besándome los párpados de sus ojos.
Makoto llevó sus manos al rostro de él, pero cuando sus labios estaban a punto de rozarse, los gritos de Unasuki y su madre los hicieron volver a la realidad.
—¡Siéntate!
—¡No puedes ponerte de pie!
Makoto recordó que en el trayecto al hospital, además de los pormenores del accidente, los señores Furuhata le contaron que Andrew había tenido una hemorragia debido a una lesión en la vena femoral, y que aunque estaba fuera de peligro, tomaría meses de terapia para que pudiera volver a andar con normalidad.
—¿Qué haces, tonto? ¡Siéntate!
—El tonto firmó el alta voluntaria porque pensaba ir a Japón a buscarte, cuñada—Dijo Unasuki
Makoto se quedó sorprendida ante las palabras de Unasuki.
—¿Ves que te dije que tú novia iba a estar bien? Aunque nunca imaginé que viajaría hasta acá
—Mi vida, debes haberla pasado terrible tú sola en el avión—Susurró Andrew que aún no se sentaba—Me hubiera gustado estar contigo. ¿No hubo turbulencias?
—No sentí miedo por estar en el avión. Sentí miedo de perderte—Dijo con Makoto con dulzura— ¡Y siéntate!
El resto de la noche, Andrew tuvo que soportar los regaños y las malas caras de más de una persona.
De sus padres, su hermana y Makoto por su imprudencia de firmar el alta voluntaria y del médico que había estado llevando su caso que al recibirlo de nuevo le advirtió que el hospital y el personal de salud no se hacía responsable si por no seguir las indicaciones tenía una complicación. Sin embargo, nada de eso importaba, tenía a Makoto a su lado. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz.
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Un año después…
Cuando el avión comenzó a despegar, Makoto sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido, y nerviosa como estaba, se aferró al brazo de Andrew como si fuera su tabla de salvación.
Andrew se soltó del agarre de ella, y enredó sus brazos alrededor de Makoto, y ella hundió su rostro en el pecho de él.
—Mi amor, no es la primera vez que subes a un avión—Le dijo Andrew
—La primera vez no cuenta. Nada me importaba porque creí que te había pasado algo malo—Dijo con voz nerviosa.
Andrew río ante el comentario de Makoto, y aunque ella lo amaba y adoraba su risa, en ese momento se enojó.
—¡Esto es serio!
—Pues si quieres nos bajamos, mi kokoro—Le dijo Andrew mientras soltaba una de sus manos para tocarle el vientre aún plano—No quiero que Mini Mako se estrese.
—No podemos faltar a la boda de Mina cuando ella vino a la nuestra, y además no sabemos si será niña y si es niña…
—Será una adorable niña, con tus ojos verdes.
Makoto quería seguir en su postura de mujer enojada, pero no podía evitar sentirse halagada cuando Andrew le decía que anhelaba una hija que se pareciera a ella, así que se le escapó una sonrisa.
—No se llamará Mako
—Ya lo decidiremos
La discusión por el nombre del bebé cuyo sexo aún no sabían hizo que Mako se olvidara de su miedo a volar.
Tenía ya un año que había llegado a Londres, y al principio había decidido no irse para estar al lado de su amado durante su recuperación.
Al mes de llegar, y para que su estatus de inmigrante legal no se viera perjudicado, Andrew le propuso casarse. No fue la boda de sus sueños pues fue como si se tratase de un mero trámite burocrático, pero siete meses después, cuando él ya podía andar de nuevo, tuvieron una hermosa boda. No en la iglesia anglicana que era la religión que los padres de Andrew le habían inculcado desde la infancia, tampoco en un templo sintoísta como ella siempre soñó, sino una hermosa ceremonia celta en medio de un bello bosque a la que sus amigas acudieron.
Tras la luna de miel, Andrew regresó a trabajar, y un mes y medio después, Makoto quedó embarazada, por lo que ahora contaba con diez semanas de gestación.
A lo largo de ese año, Makoto dejó en claro que quería vivir en Japón, lo cual Andrew aceptó, pero su regreso por miedo a subir a un avión.
Sin embargo, a un año de haber dejado Japón, su amiga Minako iba a casarse, y aunque Makoto tenía pánico de volar, debía estar a su lado así como sus amigas habían viajado desde Tokio para su boda con el amor de su vida.
FIN
Y bien. ¿Que les parecio? ¡Un fic corto porque fue una idea que me dieron mis seguidores en los comentarios!
Les agradezco a cada uno de los que leyeron, sobre todo a mis amigas Hospitaller Knight, Maga del Mal, Jahayra y Genesis.
¡Saludos!
