Capítulo 30

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Karin estaba demostrando ser un hueso duro de roer, había rechazado todas y cada una de las solicitudes formales que le habían enviado en nombre de la aldea de Konoha, poniendo siempre la excusa de que no se arriesgaría a perder su libertad por un mero tecnicismo. Ino no la culpaba por desconfiar de ellos, aunque tampoco la justificaba; aquella mujer por sí misma no presentaba una gran amenaza, pero mientras estuvo bajo el ala de Taka había apoyado planes que culminaron en desgracias. Considerando que no había vuelto a haber avistamientos ni ataques, que las cosas con los Hyūga se encontraban en aparente calma y que estaba cansada de aquel va y ven de solicitudes y rechazos, Ino tomó el asunto en sus propias manos y viajó hasta el país de la roca para encarar a la pelirroja, decidida a conseguir un sí, así tuviera que quedarse más de un día fuera de la aldea, conseguiría ese consentimiento a base de hartazgo de ser necesario.

Luego de lo que a Ino le pareció un eterno viaje en tren, la recibió en la estación del país de la roca una discreta comitiva enviada por el Tsuchikage, que se encargaría de acompañarla hasta la pequeña aldea en la que se encontraba residiendo Karin por el momento. El viaje constó de cuatro horas de traslado a velocidad máxima y afortunadamente las vías del tren no abarcaban aquel camino, así que había tenido tiempo suficiente para pelearse y hacer las paces con resoluciones.

Se detuvieron muy poco en la entrada de una pequeña aldea de alfareros, que parecía más una comunidad que una población independiente, el registro era relajado al encontrarse ubicados al centro del país y ser asentamiento tan pequeño y conformado, casi en 99%, por alfareros. Pronto pudo observar mejor aquella pequeña aldea, el lugar estaba adornado por una exposición de figuras decorativas, herramientas, utensilios e instrumentos hechos de arcilla, que variaban en edad y diseño; aquel ambiente podía resultar chocante, pero tenía su encanto. Uno de sus dedos golpeó suavemente un adorno hecho de pajarillos flotantes, cuando una voz la sacó de sus distracciones y la obligó a concentrarse.

—Karin vive en esa casa de ahí —señaló su guía.

Le sonrió y dio unos cuantos pasos, escuchando a la persona seguirle; se detuvo y le miró de nuevo. —Creo que es mejor que haga esto sola.

Aquello no pareció complacer a su reducida comitiva, pero terminaron aceptando permanecer afuera.

—Estaremos alerta.

—No hay necesidad de eso -aseguró con una sonrisa aparentemente nerviosa.

Se giró y caminó hacia la pequeña casa, no hubo necesidad de llamar a la puerta. Karin salió, tempestuosa, pero lo suficientemente medida para no provocar a los mirones que las vigilaban. Se plantó frente a Ino y la observó de lleno, con el gesto duro, aunque no tenía mucho tiempo que había vuelto a su rutina de entrenamiento, todos esos años como encargada de una de las guaridas de Orochimaru seguían con ella.

—Vaya —murmuró Ino, deteniéndose a menos de dos metros. Levantó las manos, inocentemente. —Vengo en son de paz.

—Sí, cómo no —masculló. —¿Qué parte de "no" no entienden?

—Solo quiero hablar contigo...

—No.

—¿Por favor?

Desencajó la quijada, pero terminó sonriendo con sorna. Empujó los lentes sobre su nariz y se cruzó de brazos. —Tu país no tiene palabra.

La miró unos momentos, desgraciadamente no podía refutarle eso. —... Naruto y yo mantuvimos la nuestra, ¿cierto?

Enarcó la mirada —... mientras Naruto no sea el Hokage y esos imbéciles que tienen a la cabeza no se jubilen, no pienso salir de aquí.

Hubo un silencio entre ellas, Karin sabía que Ino no se iría de ahí sin una respuesta favorable, así que probablemente le tocaría vivir el resto de su vida escuchándola rogar.

—¿Vienes a cobrarme el favor?

—Ni siquiera pensé en eso, si leíste las solicitudes-

—Leí la tercera —admitió, las primeras dos las había rasgado en añicos. —Las demás solo las ojeé, eran lamentables ruegos que no llegaron a nada.

—Entonces sabes que esta solicitud es de interés profesional-

—Y favor con favor se paga —insistió, mirando a Ino con frialdad. —Ríndete, Yamanaka, no tengo ningún interés en ayudar de ninguna manera.

—Esto no es en beneficio de Sasuke.

Apretó los dientes, rechinándolos.

—Tampoco te estoy cobrando el favor y comprendo que las cosas con los altos mandos no terminaron bien, pero ¿podrías intentar dejar eso de lado y ver el cuadro completo?... necesito ayuda. Yo necesito tu ayuda.

—La adulación como método de manipulación no sirve conmigo.

Ino separó los labios para hablar, pero desvió la mirada a un lado, desde aquel ángulo apenas podía ver a sus acompañantes por el rabillo del ojo. Karin enarcó ligeramente la mirada y la desvió de Ino, hacia el par de mirones que no dejaban de malhumorarla cada que los escuchaba respirar; cortó la distancia que había entre ella e Ino y la tomó del brazo, obligándola a caminar al interior de su casa.

—Estoy dispuesta a escucharte, pero no te aseguro un sí.

Ino se dejó guiar y pronto se encontró sentada ante una mesa y con una taza de té caliente frente a ella; olía bien, pero podía ver que las hojas que había usado Karin no eran de la mejor calidad. Echó un rápido vistazo al rededor y notó lo vacía que estaba la habitación. Karin se sentó al otro lado de la mesa y miró a Ino con un poco de fastidio, pero su gesto y su actitud se habían suavizado una vez se encontraron a puerta cerrada.

—¿Y bien? —urgió. —Eres la reina de los ninja tipo sensorial, tu no necesitas ayuda de nadie, ¿realmente qué fue lo que te trajo a este rincón horrible?

—Una amiga —se sinceró, sintiendo que le temblaba el corazón al pensar en Hinata.

Observó unos momentos a Ino y bajó la mirada, rodeó el borde de su taza con la punta del índice. —¿Qué hay con tu amiga?

El brillo en la mirada de Ino cambió por unos momentos. —Estoy confiando en ti al decirte estas cosas, Karin.

—Esa es tu decisión —murmuró, pero exhaló pronto, relajándose por completo. —... bien. Guardaré silencio, lo prometo. Considera saldada mi deuda, ya no te debo ningún favor.

—Realmente no hay mucho que pueda decirte, no porque no quiera, pero porque no sabemos más de la situación -apresuró, al notar que la pelirroja rodaba la mirada. —Creemos que mi amiga corre peligro, al igual que toda su familia, y necesito ayuda rastreando al culpable.

—¡Pfft! —una risa escapó de lo más profundo de su ser. —Konoha está atestado con clanes especializados en técnicas de rastreo, no me hagas reír.

Recargó los brazos sobre la mesa, aún una pequeña risilla se le escapó, a pesar de ver el gesto de Ino y la condición en la que se encontraba su chakra. Inhaló profundo y dio un ligero sorbo de su taza de té, de pronto sentía un mal sabor de boca.

—Si no te ayudo, lo que sea que pase, ¿me afectará de alguna manera?

Se encogió de hombros. —... no lo sé.

—Y si me niego, ¿volverán a encerrarme en prisión?

—No.

—Entonces usa el resto de los plantes, ¿por qué tuve que ser tu plan b? Es tu amiga, no la mía.

Sonrió un poco, pensando en Hinata, en su personalidad tan entregada. Pensó, que de haber estado Hinata presente durante el juicio de Karin, seguramente habría luchado por defender sus inocencias dentro de todo aquello. Miró a la pelirroja, deseando que hubiera conocido a Hinata, más allá de un perfil ninja o las leyendas que se cuentan en el mundo ninja. No había bebido un solo sorbo del té y miraba el reflejo que había sobre la superficie, Hinata ya había pasado por suficiente y aún tenía bastantes problemas frente a ella como para tener que enfrentarse a aquella amenaza. Miró a Karin y volvió a sonreír, con tristeza.

—Eres mi plan b —murmuró, haciendo comillas aéreas—, porque ningún otro plan ha dado frutos y dudo que el resto vaya a darlos.

Negó. —Tu chakra está bastante alterado, no encaja con tus palabras y tu actitud, hay algo que no me estás diciendo.

—¡Mi chakra está alterado porque estoy tentando a ciegas! Y no quiero perder a mi amiga —se sinceró, encogiéndose de hombros —y haré lo que sea por mantenerla a salvo.

Luego de un cortísimo silencio contemplativo, asintió. —¿Qué tan lejos llega esa aseveración, Ino?

Aquello le envío una corriente eléctrica por todo el cuerpo. —¿Qué?

Negó, casi de manera casual. Se levantó del suelo y caminó hacia una venta. —... el mundo ninja se formó sobre bases de sangre fría por una razón. Ten cuidado con esos sentimientos.

—¿Qué te haría cambiar de opinión? —insistió, cambiando el tema.

—Nada. Absolutamente nada —aseguró, sentándose en el alfeizar y mirando al exterior. —¿Y quién es tu amiga? Si se puede saber...

—Hinata.

—Esa no la veía venir... —mantuvo un corto silencio y levantó la mirada al cielo. —... vaya.

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Fortaleza mental y de espíritu, se repitió.

Esa situación estaba obligándolo a replantear demasiados aspectos, no solo en lo personal. A pesar de que era una persona muy consciente, de sí mismo y de su entorno, esos últimos días le había sorprendido lo superficial que había sido su proceso de introspección esos últimos veintitantos años. Deslizó con cuidado las puertas y salió a la veranda, donde lo recibió una briza cálida que anunciaba la inminencia del verano, aquel año pintaba ser más húmedo que los demás y esa opresión que llevaba en el pecho, desde que se convirtiera en una clase de doble espía, solo se volvió más notoria y asfixiante. Se arrodilló a la sobra, observando el angosto jardín que se extendía por aquella ala de la casa; sus manos se deslizaron unos momentos por sus ropas, arreglándolas de manera calculada y tranquila, en un tic que le servía para mantener la calma en situaciones como aquella.

Fortaleza mental y de espíritu, se repitió una vez más.

Inspiró profundo y al exhalar, intentó relajar sus hombros. Su mirada se mantuvo clavada en la hierba, ligeramente crecida al borde del muro que resguardaba la casa. No engañaba a nadie y no había necesidad de hacerlo: estaba preocupado; aquella inactividad le estaba dejando un mal sabor de boca. Si bien, nadie había recibido de buena manera la noticia de la misión de Hinata (el descontento había rugido y aquel ruido había reverberado, como era de esperarse, quizá poco más o poco menos de lo debido ya que no había métrica para esas cosas), había algo que le decía que aquella calma anunciaba tempestad. Estaba seguro de acertar al intuir que el enemigo no demostraría su desesperación al intentar obtener información del paradero de Hinata, pero esa inactividad no la comprendía.

Si bien, ni Hiashi, ni Hanabi se habían quedado de brazos cruzados ni en silencio, tampoco habían insistido con el tema, ni los había encontrado intentando obtener más información de la que había disponible. ¿Estaba fuera de carácter? No. Pero en esos momentos ellos solo eran un vehículo y no podía medirlos con la vara con la que los había medido todos esos años.

Neji, no tienes que hacer esto.

Las cejas le temblaron por unos momentos, al igual que una aleta de su nariz. Inhaló de nuevo y extendió los brazos unos momentos, estirando su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás y miró las maderas en el techo, más allá de sus manos y sus dedos.

Si lo rechazas, tienes mi apoyo.

Sufrió el espasmo que venía atacándole el parpado y rechinó los dientes con fastidio, se llevó una mano al rostro y presionó unos momentos; estaba harto de esa pequeña señal de estrés que lo delataría frente a los ojos correctos.

Fortaleza mental y de espíritu, insistió.

Y recuperó la compostura, comprendiendo al fin lo que Sasuke había expresado con esas palabras. El Uchiha no estaba siendo un cretino que no confiaba en su fortaleza mental y de espíritu, ni en su habilidad para llevar a cabo aquella misión, en aquel momento solo había sido el hermano menor que rechazaba el destino que le había visto llevar a su hermano mayor. Relajó las manos sobre sus muslos y observó sus dedos, ante la terrible realidad que se había estado negando a ver y el significado que venía molestándole; no, él no tenía el valor que había tenido Uchiha Itachi a la hora de matar a su clan entero, pero al menos tenía la entereza y la convicción para hacerles frente de ser necesario.

Maldijo de nuevo aquella situación, pero ahora con el miedo latente de tener que levantar su palma en contra de algún ser querido. Una risa irónica escapó de lo más profundo de su ser y, por un momento, lo carcomió la desesperación.

Ah... lo que le había hecho a Hinata durante los exámenes chūnin, no se lo perdonaría jamás.

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Esa primera semana les había servido para poder establecer una rutina y detectar posibles colaboradores dentro del país del agua, hasta el momento solo habían sentenciado con sus sospechas a uno de los tantos vendedores de textiles, el único con el que aquel supuesto mercader había realizado un trueque. En aquella ocasión habían realizado una investigación por medio del Byakugan, sin encontrar objetos, pasadizos, escondrijos o personas sospechosas en la trastienda y el almacén, pero eso no era suficiente; aquella noche se prepararon para investigar desde adentro.

Esperaban sobre un árbol a que el dueño de la tienda cerrara.

—Necesitamos tu Byakugan activo en todo momento —le recordaba Sasuke, repasando el plan. —Y no tocaremos nada hasta asegurarnos que no hay trampas.

Asintió, aquella intriga la tenía eufórica.

—¿Recuerdas cómo copiar documentos?

—Sí.

—Bien —murmuró, había mantenido la mirada al frente, a través de los binoculares. —Ya va saliendo.

Hinata asintió y apretó las manos.

Luego de esperar un poco, por prudencia, Sasuke dio la orden y desaparecieron del sitio. Hinata abrió la puerta trasera con rapidez, ante la atención de Sasuke, que estaba evaluando cada paso y el tiempo que le tomaba hacerlo; entraron en la tienda en menos de un minuto y se detuvieron ante la puerta. Observaron cada milímetro del lugar, Hinata con el Byakugan buscaba cualquier tipo de trampa, encontrando unas cuantas que parecían llevar tiempo instaladas; Sasuke con el Sharingan buscaba artículos cargados de chakra que le pudieran indicar la presencia de objetos importantes o escondites.

Se miraron, Hinata no tardó en señalar las trampas y Sasuke negó una sola vez.

—Ya sabes qué hacer Hyūga —indicó.

Se abrieron paso en la trastienda y comenzaron a buscar, teniendo cuidado de dejar todo tal y como estaba. Hinata se había arrojado a los rollos de tela que había intercambiado el dueño de la tienda con el mercader y los extendió, sin encontrar algo que la mantuviera ocupada en ellos. Los enrolló con cuidado, los devolvió a su sitio y siguió buscando. Su brazo topó son querer con el de Sasuke y al hacerse a un lado tumbó los rollos de tela; se aferró a ellos con desesperación, pero dos escaparon de su agarre y se extendieron por el suelo.

Sasuke se giró y miró los rollos extendidos, iluminándolos con la lamparilla que estaba usando para leer en la oscuridad.

—¿Ya habías examinado esto?

—Ya —murmuró Hinata.

Chasqueó la lengua y acercó un poco más la luz, el as era pequeño, aquella linterna era precisamente para esos trabajos que requerían de discreción, así que le tomó un poco de tiempo entender lo que observaba y se le había hecho extraño. No culparía a Hinata de haber pasado aquellos detalles por alto, ella no llevaba una linterna al tener activado el Byakugan y ese detalle sutil no podría notarlo al no ser capaz de observar sutilezas en colores y brillo.

—Dame el resto —ordenó.

Hinata le fue pasando de uno en uno los rollos. Al final del análisis de Sasuke solo dos habían resultado importantes. Lo vio copiar rápidamente los patrones en la tela. Durante todo ese tiempo Hinata le había indicado que una persona había entrado en su campo de visión, lo había estado vigilando, sintiendo un escalofrío con cada paso que daba aquella persona.

—Sigue acercándose.

—¿Cuánto?

—Está a doscientos metros de aquí.

Chasqueó la lengua y siguió copiando. —¿Reconoces su apariencia?

—No, pero no podemos fiarnos de eso… tampoco parece ser capaz de utilizar ninjutsu.

—Entonces no es problema —arrastró, enrollando el pergamino y guardándoselo en uno de los bolsillos.

—Sensei, viene hacia acá.

Sasuke hizo una señal con la mano. Enrollaron los rollos de tela y los acomodaron con mucho cuidado, pero sin detenerse demasiado tiempo a pensar si estaban en la posición exacta en que los habían dejado. Aquella persona se encontraba ante la puerta cuando ellos se disponían a salir y lo único que atinaron a hacer fue convertirse en cualquier objeto que pudiera encontrarse ahí dentro.

Escucharon la llave entrar, el seguro ceder. La persona entró a la tienda, caminó directamente hacia los rollos de tela, evitando accionar las trampas que el tendero había acomodado antes de partir; no perdió mucho tiempo ahí dentro, tomó dos rollos de tela que Sasuke había acomodado en el lugar en que estuvieran antes los originales y salió, cerrando la puerta tras él.

El primero en volver a su forma original fue Sasuke y se llevó un dedo a los labios, Hinata no tardó en imitarle.

El hombre se había mantenido fuera de la tienda. Hinata estaba consciente de la cuchilla que aferraba en su mano y Sasuke solo había sentido la mala intención escurrirse por la puerta. Se miraron y asintieron. Hinata tomó los rollos de tela originales y corrió al brazo de Sasuke, al tiempo que el Rinnegan hacia acto de presencia en la pupila del muchacho. Desaparecieron de ahí con uno de los famosos intercambios de Sasuke, dejando una ramilla detrás en el suelo. Hinata permaneció aferrada él unos momentos más, hasta que aterrizaron en el suelo.

—Nadie nos sigue —aseguró, acomodándose el abrigo. —¿Qué encontró?

—Las telas traen un mapa trazado —susurró. —Iremos a entregar esto a la Mizukage.

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Mei observó satisfecha el pergamino que Sasuke había entregado y los rollos de tela. Aquello era más que suficiente para detener al supuesto mercader y al tendero y comenzar una investigación a consciencia; esos mapas eran de la red de túneles y pasadizos secretos de la aldea, que solían usar solo los ANBU y los ninja de confianza de la Mizukage.

—No esperaba menos de los recomendados de Kakashi… Muy bien hecho, Hinata, Sasuke-kun —felicitó, con una sonrisa coqueta, el muchacho no había dejado de ser bien parecido en esos siete años.

Hinata mantuvo su gesto neutral, pero no pudo evitar sentir que se le apretaba la garganta al notar la manera en que la Mizukage miraba a Sasuke y le sonreía. Bajó la mirada, recordándose que en esos momentos ella tenía el nivel de un genin y no podía esperar que la trataran de la misma manera en que trataban al resto de su generación o la habían tratado siete años atrás.

—La siguiente fase de su misión será el interrogatorio, tengo entendido que el especialista del equipo serías tú —continuó diciendo la mujer, removiendo los papeles en su escritorio y leyendo. —Ya he enviado un equipo a realizar las primeras detenciones, así que podrías esperar a que arriben o puedes descansar un poco y volver temprano por la mañana.

—Esperaré —aseguró Sasuke.

Mei sonrió complacida. —Prepararé una sala para que esperes cómodamente.

Salieron de la oficina de Mei y en el pasillo Hinata recibió la orden de partir. Apretó unos momentos los puños, mientras aseguraba que quería quedarse y asistirlo en el interrogatorio, pero Sasuke lo rechazó rotundamente, aquella parte de la misión le había sido encomendada solamente a él.

—Vuelve a la choza y descansa.

—¿Puedo quedarme aquí? —rogó. —No estorbaré, se lo prometo.

—No seas insubordinada, Hyūga —le regañó, aunque realmente no le importaba. —Ve a descansar.

Apretó los labios y asintió.

Observó a Sasuke alejarse y pronto ser interceptado la Mizukage, que le indicó la sala en la que podría esperar y pronto se reuniría alguien con él para ponerlo al tanto. Observó la manera en que la mano de la mujer se acomodó sobre la espalda del muchacho y no pudo evitar enarcar las cejas; se dio la media vuelta y caminó hacia la choza.

Sasuke miró detrás de él y observó la espalda de Hinata, miró a Mei, que no dejaba de bañarlo en hospitalidad; había olvidado que la Mizukage había lamentado tener que matarlo por parecerle bien parecido en aquellos años y no lo recordaría, así que las verdaderas intenciones de aquella actitud y hospitalidad le pasaron por encima de la cabeza.

Esperó en la sala a que llegaran los primeros informantes, habían detenido al tendero, pero supuesto mercader seguía errante.

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Las gotas de humedad caían suavemente sobre la superficie y su respiración ligeramente agitada fueron el único testigo de su fatiga. Su ojo mental podía observar la figurilla de su interés, el color azul palpitaba con la intensidad de siempre, en compañía de aquel estorbo que representaba Uchiha Sasuke; una corta risa débil salió de lo más profundo de su alma, aliviándolo por completo por de la angustia que llevaba días carcomiéndole el estómago. Se pasó la manga por la frente, dejó salir una corta risa débil y, dando unos cuantos pasos vacilantes hacia atrás, se dejó caer sobre una silla, descansando al fin después de aquel intenso esfuerzo.

Había cometido una falta terrible al relajar su propia vigilancia sobre Hinata y confiar plenamente en que sus marionetas humanas hicieran esa parte del trabajo por él. Sonrió un poco más y exhaló.

—Por poco y todos estos años se me iban a la basura —murmuró, bajo la atenta mirada perdida de Yasahiro.


Sábado, 17 de agosto de 2024