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Historia Ilustrada de Konoha

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El suave sonido del reloj de pared marcaba el paso del tiempo en la oficina del editor, mientras Akiyama revisaba meticulosamente su equipo fotográfico. Frente a él, Shinzo, un hombre de mediana edad con cabello ligeramente canoso, se inclinaba sobre un escritorio abarrotado de papeles. Shinzo era el autor de Historia Ilustrada de Konoha, un libro ambicioso que pretendía capturar la esencia de la aldea a través de los años con un relato completo de la misma y una gran cantidad de imágenes a color.

—Así que, Akiyama, recorrí toda la aldea buscando alguna fotografía reciente de nuestro Hokage —comenzó Shinzo, ajustando sus gafas—. Y resulta que, después de hablar con decenas de personas, la imagen más reciente que tenemos de Kakashi es la vieja fotografía del Equipo 7, tomada hace más de veinte años.

Akiyama arqueó una ceja, intrigado por el desafío. Conocía la fama de Kakashi Hatake como un shinobi formidable, pero nunca había considerado la posibilidad de que, siendo Hokage, no existieran imágenes actualizadas de él.

—Vienes desde muy lejos Shinzo, ¿de verdad no hay ninguna otra foto? —preguntó Akiyama, realmente sorprendido.

Shinzo negó con la cabeza, su expresión reflejaba una mezcla de frustración y determinación.

—Nada. Kakashi es conocido por evitar las cámaras. Es como si estuviera empeñado en permanecer siendo un enigma, incluso para aquellos que lo ven a diario. Pero este libro... —hizo una pausa, midiendo sus palabras—, este libro no estaría completo sin una imagen de él. Es un tributo a Konoha, una historia visual de nuestra aldea, y Kakashi Hatake es una parte fundamental de esa historia. Aunque sea con su maldita máscara.

Akiyama asintió lentamente, comprendiendo la magnitud de la tarea que tenía por delante. Fotografiar al Hokage no era solo un reto técnico, sino también un acto de inmortalizar a alguien que había marcado una era en la aldea.

—Entiendo. Será un honor hacer estas fotografías —respondió Akiyama, con una leve sonrisa—. Me encargaré de que Kakashi Hatake esté debidamente representado en tu libro.

Shinzo sonrió, aliviado por la seguridad en la voz del fotógrafo.

—Sabía que podía contar contigo. Tienes un ojo único para captar no solo la imagen, sino la esencia de las personas. Y, eso es justo lo que necesitamos con Kakashi. Pero... —Shinzo hizo una pausa, su tono volviéndose más serio—, también debes saber que esto no será fácil. Kakashi no es solo un líder, es una leyenda viviente. Capturar su imagen no será como fotografiar a cualquier otro.

Akiyama sonrió de nuevo, esta vez con un toque de desafío.

—Los retos son mi especialidad. Encontraré la forma de capturar su verdadera esencia.

Con la promesa de una fotografía que encapsularía el espíritu del Sexto Hokage, Akiyama partió hacia la misión más inusual de su carrera. Una misión donde no solo tendría que lidiar con la naturaleza huidiza de Kakashi, sino también con los misterios y la vida cotidiana de Konoha, una aldea donde cada esquina podía revelar una nueva historia.

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El sol se encontraba en ascenso cuando Akiyama cruzó las imponentes puertas de Konoha. Llevaba una mochila al hombro y una cámara colgando de su cuello, la cual oscilaba suavemente con cada paso que daba. A su alrededor, la vida de la aldea se desenvolvía con una tranquila vitalidad: comerciantes ofreciendo sus productos en la avenida principal, niños corriendo arriba y abajo por las callejuelas, y ninjas de diversas edades y rangos pasando de un lado a otro con algún propósito que a primera vista no podía adivinarse.

Akiyama había viajado por muchos lugares en su carrera, pero nunca había estado en Konoha. La aldea tenía un aire distinto, una mezcla entre tradición y modernidad, donde las sombras de su pasado se entrelazaban con la vibrante energía del presente.

Se detuvo en medio de la calle principal, alzando la mirada hacia la Torre Hokage que se erguía en la distancia, destacando entre los techos de tejas rojas. Más allá, desde lo alto, los rostros tallados de los Hokages en la montaña observaban la aldea en una vigilancia eterna.

—Impresionante —murmuró para sí mismo, sacando su cámara y ajustando el enfoque. Capturó un par de imágenes, asegurándose de que la luz y el ángulo resaltaran la majestuosidad de los rostros esculpidos.

Mientras revisaba las fotos en la pantalla de la cámara, una figura se acercó por el rabillo de su ojo. Sin tiempo para reaccionar, alguien lo golpeó accidentalmente, haciéndole girar sobre sus talones y disparar la cámara sin querer. La imagen resultante fue un borrón de colores, con un destello verde y rosado destacando entre ellos.

—¡Perdón! —gritó una voz femenina a la distancia, mientras la figura se alejaba rápidamente, dejando a Akiyama observando la pantalla de su cámara, intrigado por lo que había capturado.

Guardando el equipo de nuevo, Akiyama levantó la vista hacia la imponente Torre Hokage, claramente visible en la distancia. Con un objetivo claro en mente, se dirigió decidido hacia ella, consciente de la verdadera misión.

Al llegar, Akiyama fue recibido por una mujer joven en la recepción, que estaba absorta en su trabajo.

—¿A quién busca? —preguntó sin levantar la vista de los documentos que organizaba.

—Soy fotógrafo —respondió él, sin poder ocultar del todo la emoción en su voz—. He venido a ver al Hokage.

La recepcionista levantó la mirada por primera vez, evaluando al hombre frente a ella con curiosidad.

—¿Qué fotógrafo?

Akiyama le mostró la carta de Shinzo, pero la recepcionista simplemente suspiró, cansada.

—El Hokage no está en la aldea hoy —respondió devolviéndole la carta—. Tendrá que esperar hasta mañana.

—¿No hay forma de contactarlo? —insistió, consciente de que su tiempo era limitado y que la tarea de fotografiar a Kakashi no sería sencilla.

—No —respondió ella con un tono definitivo—. Debería buscar un lugar donde quedarse esta noche.

Frustrado Akiyama abandonó la Torre Hokage. Mientras caminaba por las calles de Konoha, no pudo evitar pensar en la misteriosa figura de cabello rosado que había capturado accidentalmente. Con un suspiro, decidió que el día no estaba perdido. Después de todo, en cada rincón de Konoha podía haber una historia esperando ser contada.

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Después de dejar la Torre Hokage con la confirmación de que Kakashi no estaría disponible hasta el día siguiente, Akiyama decidió aprovechar la tarde explorando Konoha. Mientras caminaba por las calles de la aldea, no pudo evitar notar cómo el bullicio del lugar contrastaba con la serenidad de los monumentos que había fotografiado horas antes.

Las palabras del recepcionista de la posada aún resonaban en su mente: "No puede dejar Konoha sin probar el ramen de Ichiraku". Guiado por la curiosidad y un creciente apetito, Akiyama se dirigió hacia el famoso puesto de ramen.

Cuando llegó, el pequeño establecimiento estaba lleno de vida. El aroma a caldo caliente y fideos recién hechos flotaba en el aire, invitándolo a tomar asiento. Detrás del mostrador, Teuchi, el dueño del lugar, lo saludó con una sonrisa cálida.

—¡Bienvenido! —exclamó Teuchi, mientras colocaba un cuenco de ramen frente a otro cliente—. ¿Es tu primera vez en Konoha?

Akiyama asintió, observando la fila de taburetes del puesto. Justo a su lado, un joven rubio, de cabello despeinado y con una sonrisa que iluminaba todo, sorbía ruidosamente su ramen.

—Sí, es mi primera vez aquí. Me han recomendado este lugar, así que no podía dejar de venir —respondió Akiyama con una sonrisa.

—¡Hiciste bien en venir! —intervino el joven rubio—. ¡No hay mejor ramen en el mundo que el de Teuchi! Soy Naruto, por cierto.

—Encantado, Naruto —dijo Akiyama, estrechándole la mano—. Mi nombre es Akiyama.

Después de un rato de conversación en el que Akiyama le contó a Naruto el motivo de su visita, y mientras disfrutaba de su ramen, su mente volvió a la imagen borrosa que había capturado más temprano. Sin poder contener la curiosidad, decidió preguntar.

—Oye, por casualidad... —comenzó, dirigiéndose tanto a Teuchi como a Naruto—. Esta mañana, en las calles, tomé una foto borrosa de una mujer con el cabello rosado que iba con prisas por la calle principal. Me llamó mucho la atención. ¿Saben quién podría ser?

Teuchi y Naruto se miraron brevemente antes de que ambos estallaran en risas. Naruto, aun riendo, dio un codazo amistoso a Akiyama.

—¡Vaya, parece que te encontraste con Sakura-chan! —dijo Naruto, con una sonrisa traviesa.

Akiyama parpadeó, algo confundido por la reacción.

—¿Sakura-chan? ¿Es famosa por aquí?

—Podrías decir que sí —respondió Teuchi, con una sonrisa—. Es muy conocida en la aldea. Pero no te preocupes, si te cruzaste con ella, seguro la verás de nuevo. Es normal que sea solo un borrón en la foto. Siempre está corriendo de un lado a otro por su trabajo en el hospital. Es la directora.

Naruto asintió con entusiasmo, y luego, con un brillo de orgullo en los ojos, agregó:

—¡Y por cierto, yo seré el próximo Hokage! Así que asegúrate de tomarme una buena foto. Para cuando actualicen esa Historia Ilustrada de Konoha, querrás tener la mejor imagen del futuro Hokage.

Akiyama se rio ante la confianza de Naruto y levantó su cámara.

—Eso suena como algo que definitivamente querré tener. —Con un par de ajustes rápidos, enfocó a Naruto, quien posó con una sonrisa radiante—. ¡Listo! Una imagen para la historia futura.

Naruto, satisfecho, asintió con la cabeza.

—¡Eso es! Ya verás, seré el mejor Hokage que esta aldea haya visto.

Akiyama guardó su cámara, contento por haber capturado a un ninja que, si su intuición no fallaba, realmente sería parte de la historia de Konoha. Mientras terminaba su ramen, su mente se centraba en la misión del día siguiente. Con cada nuevo encuentro, sentía que estaba capturando no solo imágenes, sino también fragmentos de las historias vivas que formaban la esencia de la aldea.

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Mientras la tarde se teñía de tonos cálidos Akiyama recorría los paisajes de Konoha con su cámara en mano. Había pasado gran parte del día capturando la esencia de la aldea, desde la rutina de sus habitantes hasta los impresionantes árboles que bordeaban el bosque cercano. Konoha se revelaba como un lugar lleno de vida y contrastes.

Mientras enfocaba una toma del crepúsculo sobre las montañas, sintió una presencia acercándose desde un costado. Bajó la cámara y, al girarse, se encontró con Sakura, la misma mujer de cabello rosado que había capturado accidentalmente esa mañana. Esta vez, la imagen no era borrosa; era clara y radiante.

—Buenas tardes —dijo Sakura con una sonrisa amable, acercándose a él—. ¿Te estoy interrumpiendo?

Akiyama se enderezó, sorprendido pero complacido por la compañía.

—No, para nada. Solo estaba tratando de capturar la luz sobre las montañas. Es un lugar increíble.

Sakura asintió, observando el paisaje que él había estado fotografiando.

—Creo que debo pedirte perdón.

Akiyama la miró con el ceño fruncido, sin entenderla.

—¿Perdón? ¿Por qué?

—Casi tiro tu cámara por ir corriendo esta mañana —explicó Sakura, con una sonrisa de disculpa.

Akiyama soltó una pequeña risa, recordando el incidente.

—Ah, eso... —rio el fotógrafo—. No te preocupes, fue un accidente. La cámara está bien, y yo también.

Ambos quedaron en silencio por unos segundos, un silencio cómodo que parecía encajar perfectamente con el entorno tranquilo. Luego, Sakura volvió a hablar, rompiendo la quietud.

—Konoha tiene su propio encanto, especialmente a esta hora del día. ¿Has tenido un buen recorrido?

—Sí, de hecho. Estaba explorando los diferentes rincones de la aldea —después, Akiyama se dio cuenta de que no se había presentado—. Soy Akiyama Hoshino. Estoy aquí por encargo de Shinzo para tomar fotos de Konoha y del Hokage para un libro que está preparando. Me ha hablado muy bien de este lugar, y hasta ahora no me ha decepcionado.

—Sakura Haruno —se presentó ella fijando sus ojos verdes en él—. ¿Así que tienes que fotografiar a Kakashi? —preguntó, con una ligera nota de diversión en su voz.

Akiyama asintió, sin notar el matiz en su tono.

—Así es. Pero he escuchado que no será una tarea fácil. Al parecer, no es muy amigo de las cámaras.

Sakura se rio suavemente, su mirada volviéndose más cálida.

—Eso es cierto. Kakashi no es alguien que se deje fotografiar fácilmente. Pero si logras capturar algo, estoy segura de que será una imagen memorable. Es un hombre lleno de sorpresas.

La forma en que habló de Kakashi hizo que Akiyama se preguntara cuánto sabía ella sobre el Hokage. Pero antes de que pudiera preguntar, Sakura cambió de tema.

—Si estás buscando buenas tomas, te recomiendo el puente sobre el río Naka. La luz al atardecer allí es espectacular. También podrías intentar capturar el mercado al amanecer; tiene una energía única cuando la aldea se despierta.

Akiyama escuchaba atentamente, encantado por la manera en que Sakura describía los lugares con una sensibilidad que él, como fotógrafo, apreciaba profundamente.

—Gracias por los consejos. Estoy seguro de que van a ser de gran ayuda.

—De nada, me alegra poder contribuir —respondió ella, sonriendo—. ¿Qué te parece si te acompaño un poco más? Puedo mostrarte algunos lugares que podrían inspirarte.

Pasaron un buen rato caminando juntos por Konoha, con Sakura señalando lugares interesantes y compartiendo pequeñas anécdotas sobre la vida en la aldea. La conversación fluía con facilidad, y Akiyama no pudo evitar sentirse cada vez más fascinado por la mujer que tenía a su lado. Había algo en su presencia, en la forma en que hablaba y sonreía, que lo cautivaba más allá de las palabras.

Finalmente, cuando el sol comenzó a descender, Akiyama se detuvo frente a un puesto de comida.

—Gracias por tu tiempo y por todas las recomendaciones. Permíteme invitarte a unos takoyakis como muestra de mi agradecimiento —dijo, con una sonrisa genuina.

Sakura aceptó la invitación con una inclinación de cabeza, su rostro iluminado por una sonrisa de entusiasmo.

—Es muy amable de tu parte. No diré que no a unos buenos takoyakis —respondió con un brillo en los ojos—. Son uno de mis antojos favoritos. Podría comerlos todos los días.

Akiyama sonrió al ver la reacción de Sakura, sintiéndose aún más complacido de haber sugerido el pequeño bocadillo.

—Entonces me alegra haber acertado con la elección —dijo, guiándola hacia el puesto de takoyakis.

Mientras esperaban su turno frente al puesto, Akiyama se acomodó para hablar con Sakura.

—Por cierto, he oído que eres la directora del hospital. Quizás debería hacerte una foto para el libro, si te parece bien —comentó Akiyama.

Sakura lo miró, un poco sorprendida, y respondió:

—Preferiría no salir en el libro, si es posible. Pero si crees que es necesario, podría intentar encontrar un hueco en mi agenda.

Akiyama asintió, considerando su respuesta mientras miraba el proceso de preparación de los takoyakis.

—Seguro que Shinzo agradecería una foto de la directora del hospital para el libro —dijo Akiyama con una sonrisa.

En ese momento, el cocinero les entregó su pedido. Sakura tomó el paquete con una sonrisa mientras Akiyama pagaba.

—En ese caso, lo tendré en cuenta —respondió Sakura.

Ambos disfrutaron de sus takoyakis, compartiendo unas risas más antes de que Sakura se despidiera para continuar con sus propios asuntos.

—Espero que tengas éxito con las fotos de Kakashi. No dejes de enviarme una copia si lo logras —dijo Sakura al despedirse, y luego añadió con un tono casi casual, pero cargado de significado—. Por cierto, a Kakashi también le gusta la fotografía, aunque nunca lo admitiría fácilmente.

Akiyama la miró con sorpresa e interés.

—¿De verdad? Eso es... inesperado, pero útil de saber. Gracias por la pista.

Sakura asintió, sonriendo con una expresión que sugería que había mucho más que descubrir sobre el Hokage.

—Nos veremos por la aldea, Akiyama.

Mientras se dirigía de regreso a su habitación, Akiyama no podía sacarse de la cabeza la imagen de Sakura. Había algo en ella que lo había tocado de manera profunda, aunque no podía precisar qué era exactamente. Solo sabía que, en ese breve encuentro, había encontrado una musa inesperada en el corazón de Konoha.

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El día amaneció soleado. Akiyama se dirigió con determinación hacia la Torre Hokage. Estaba preparado para su primera reunión con el Hokage, Kakashi Hatake, consciente de que su tarea no sería fácil. Después de todo, la misión de capturar al hombre que evitaba las cámaras requeriría no solo habilidad, sino también persuasión.

Cuando Akiyama entró en el despacho, fue recibido por la luz natural que inundaba la habitación, acentuando el ambiente sereno del lugar. Un lugar perfecto para retratar al Hokage. Detrás del escritorio, Kakashi revisaba un montón de documentos. Su postura relajada contrastaba con la intensa mirada que dirigió hacia Akiyama en cuanto levantó la vista.

—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Kakashi, sin dejar de lado sus papeles.

Akiyama dio un paso adelante, tratando de proyectar seguridad.

—Soy Akiyama, el fotógrafo enviado por Shinzo para la Historia Ilustrada de Konoha —comenzó Akiyama con una inclinación respetuosa—. Estoy aquí para hacerle unas fotos.

Kakashi dejó los papeles sobre el escritorio y cruzó los brazos, mostrando un desinterés palpable.

—Lo siento, pero no tengo tiempo para eso —respondió en tono firme—. Mi agenda está llena de asuntos importantes. Perder el tiempo posando para fotos no es una prioridad.

Akiyama asintió, previendo una respuesta similar, pero sin dejarse desanimar. Fue en ese momento cuando notó que, aunque Kakashi mantenía su postura distante, sus ojos se desviaron brevemente hacia la cámara que llevaba colgando del cuello. Había un destello de interés en su mirada, casi imperceptible, pero lo suficiente como para que Akiyama lo captara.

—Entiendo que tiene muchas responsabilidades, Hokage-sama —continuó Akiyama, acercándose un poco más—. Pero creo que hay algo que podría interesarle.

Kakashi levantó una ceja, con curiosidad asomando tras su expresión impasible.

—¿Ah, sí? ¿Qué sería eso?

Akiyama levantó la cámara y la sostuvo entre sus manos, como si se la estuviera mostrando.

—Esta cámara. Es un modelo bastante reciente, con algunas características únicas. No sé si lo sabía, pero la fotografía puede ser algo más que solo capturar imágenes. Es un arte, una forma de preservar momentos que, de otro modo, se perderían en el tiempo.

Kakashi permaneció en silencio por un momento, sus ojos enfocados en la cámara. Era evidente que lo intrigaba, aunque intentaba no mostrarlo demasiado.

—La fotografía puede revelar cosas que no siempre vemos a simple vista —añadió Akiyama, aprovechando la mínima apertura—. Sabía que la mayoría de la gente solo ve la cámara como una herramienta, pero para quienes realmente entienden, es una extensión de la visión, de la perspectiva.

Kakashi descruzó los brazos, levantándose y acercándose al fotógrafo.

—Tienes razón en eso. La fotografía tiene... un cierto encanto. Pero no estoy seguro de que sea algo que encaje en mi día a día.

Akiyama sonrió levemente, sintiendo que había encontrado una vía para conectar con él.

—No se preocupe, Hokage-sama. No voy a presionarlo. —Akiyama tomó un respiro y añadió con tono casual—. De hecho, ¿por qué no se queda con la cámara por un rato? Tal vez encuentre algo interesante que fotografiar mientras termina su trabajo. Yo puedo regresar más tarde para ver si logró capturar algo que le haya llamado la atención.

Kakashi lo miró con una mezcla de sorpresa y consideración. No era común que un fotógrafo dejara su cámara a cualquier persona. Era una herramienta personal y de gran coste que no cualquiera sabía usar.

—Está bien —dijo finalmente, con un leve encogimiento de hombros—. Pero no prometo nada sobre las fotos.

Akiyama asintió, satisfecho con la respuesta.

—No espero nada, Hokage-sama. Solo quería que tuviera la oportunidad de explorar algo nuevo. Regresaré por la tarde, y si entonces decide que no quiere las fotos, lo respetaré.

Kakashi inclinó la cabeza en señal de acuerdo, y Akiyama salió del despacho con una sonrisa contenida. Había dejado la cámara en buenas manos, y aunque no sabía qué esperar al regresar, sentía que había dado un paso en la dirección correcta.

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Kakashi estaba sentado en su despacho, organizando algunos papeles, pero su atención se desvió hacia la cámara que Akiyama había dejado sobre su escritorio. No podía evitar mirar el equipo, sintiendo una conexión con el arte que tanto había disfrutado en el pasado.

En ese momento, Sakura entró en el despacho, con una expresión ligera y una sonrisa traviesa en los labios. Se acercó a Kakashi y, notando que él tenía la mirada fija en la cámara, siguió su línea de visión.

—¿Qué es esto? —preguntó Sakura, curiosa, mientras se inclinaba hacia la cámara. Sin esperar una respuesta, la cogió y la apuntó hacia Kakashi, como si fuera a hacerle una foto—. No sabía que te hubieras comprado una cámara nueva.

Kakashi la observó con una sonrisa bajo la máscara, divertido por la situación.

—Es un préstamo —respondió—. Akiyama, el fotógrafo que vino a tomar algunas fotos de la aldea para el libro de Shinzo, me pidió que la probara.

Sakura sonrió y, con la cámara todavía en sus manos, miró a través del visor. Con una expresión juguetona, fingió tomarle una foto.

—¿Sabes, Kakashi? —dijo, su tono lleno de diversión—. Siempre he pensado que podrías haber sido un modelo en otra vida.

Kakashi levantó la vista de los papeles, arqueando una ceja con una sonrisa divertida escondida bajo su máscara.

—¿Un modelo? —repitió claramente intrigado—. ¿De qué tipo?

Sakura fingió inocencia mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Kakashi.

—Oh, ya sabes... —respondió ella—. Un modelo de esos que venden ropa interior masculina. Aunque, para ser honesta, creo que venderías mejor sin nada puesto.

Kakashi soltó una carcajada profunda, disfrutando de la provocación. Se levantó, acercándose a ella con una expresión de diversión en los ojos.

—¿Estás sugiriendo que debería cambiar de carrera? —preguntó, con un tono bajo y seductor.

Sakura sonrió con picardía, sus ojos brillando con diversión.

—Podría ser una buena opción —dijo—. Aunque creo que preferiría tenerte en una sesión de fotos privada. Solo para mí.

Kakashi se inclinó un poco más cerca, hasta que sus labios estuvieron a milímetros de los de ella.

—Creo que podríamos hacer un trato —murmuró, su aliento cálido acariciando la piel de Sakura—. Si tú eres mi fotógrafa, podríamos hacer que suceda.

Sakura rio suavemente, su sonrisa creciendo mientras consideraba su propuesta.

—Podría aceptar eso —dijo, inclinándose hacia él para rozar sus labios con los de Kakashi antes de retroceder con una sonrisa traviesa.

Sus ojos volvieron a posarse en la cámara, y entonces, con una mezcla de curiosidad y frustración, comentó:

—No estoy muy familiarizada con estas cosas... ¿Podrías mostrarme cómo se usa?

Kakashi, siempre dispuesto a compartir ese lado más privado de sí mismo con Sakura, tomó la cámara con cuidado y comenzó a explicarle cómo funcionaba. Le mostró cómo ajustar el enfoque y la exposición, cómo encontrar el ángulo perfecto. Mientras lo hacía, no pudo resistir la tentación de levantar la cámara y enfocar a Sakura.

—Así, ¿ves? —dijo Kakashi, mientras encuadraba a Sakura a través del lente—. La clave es capturar el momento justo.

Antes de que ella pudiera reaccionar, Kakashi apretó el botón y tomó una foto, capturando el momento exacto en que Sakura sonrió, con su mirada llena de vida y el atisbo de una risa en sus labios.

Sakura parpadeó, sorprendida, y luego sonrió más ampliamente.

—No me esperaba eso.

Kakashi bajó la cámara, con una expresión suave que solo Sakura podía ver.

—Hay cosas que, como dijo Cartier Bresson, solo se pueden capturar en el instante decisivo.

Sakura asintió, entendiendo el significado detrás de sus palabras. Se inclinó de nuevo hacia él, y esta vez Kakashi tomó otra foto, atrapando la intensidad de su mirada, la delicadeza de su piel bajo la luz suave del despacho, y el profundo afecto que sentía por ella.

—Entonces, tendremos que encontrar el momento adecuado para nuestra sesión —dijo Kakashi finalmente, su voz grave.

Sakura asintió, sus ojos llenos de expectativa.

—Estoy segura de que encontraremos el momento perfecto —respondió, dejando en el aire una promesa tácita.

Justo en ese momento, un suave golpe en la puerta interrumpió la atmósfera íntima que se había creado entre ellos. Kakashi retrocedió para separarse de Sakura mientras la puerta se abría lentamente. La secretaria asomó la cabeza.

—Disculpen la interrupción, Hokage-sama, pero el fotógrafo de esta mañana ha regresado —dijo, haciendo una pequeña inclinación y abriendo la puerta del todo para que él pudiera entrar.

Akiyama apareció detrás de la secretaria, ligeramente sorprendido por la escena que tenía frente a él. Desde su posición, pudo ver a Sakura, aún sentada en el borde del escritorio, con una expresión cálida en su rostro, mientras Kakashi, a unos pasos de ella, sostenía la cámara. Parecía que habían estado inmersos en un momento personal.

Akiyama, sin querer interrumpir, sonrió con cortesía.

—Perdón por la interrupción. Solo quería saber si era un buen momento para las fotos —dijo Akiyama, observando cómo Kakashi bajaba la cámara con calma.

Kakashi se giró hacia Akiyama y, con su característica tranquilidad, asintió.

—Es un buen momento. Hemos estado... practicando un poco —comentó Kakashi con una ligera sonrisa escondida bajo la máscara.

Sakura se levantó del escritorio y, al ver a Akiyama, sonrió ampliamente.

—Hola, de nuevo —dijo Sakura, con una expresión amistosa.

Akiyama, contento por verla, le devolvió la sonrisa.

—Hola, directora del hospital. Me alegra verte —respondió con sinceridad—. Me alegra también que mencionaras algunos lugares para fotografiar ayer; han sido de gran ayuda.

Kakashi levantó una ceja, mirando a Sakura con una mezcla de curiosidad y diversión.

—¿Se conocen? —preguntó, aunque su tono indicaba que ya sospechaba la respuesta.

—Nos encontramos ayer —explicó Sakura, dirigiéndose hacia la puerta—. Le di algunos consejos sobre dónde podría tomar buenas fotos de la aldea.

Akiyama asintió, contento de que Sakura mencionara su encuentro.

—Sí, me ayudó bastante. Incluso me mostró algunos de sus lugares favoritos.

Kakashi sonrió bajo su máscara, con un brillo cómplice en los ojos.

—Parece que no necesito preocuparme por tu integración en la aldea.

Sakura le lanzó una última sonrisa a Kakashi antes de dirigirse a la puerta.

—Nos vemos luego —dijo, lanzando una sonrisa tanto a Kakashi como a Akiyama antes de salir del despacho.

Akiyama observó cómo Sakura se iba y luego volvió su atención a Kakashi, quien le entregó la cámara con cuidado.

—Es un equipo impresionante —comentó Kakashi—. Aprecio que me la hayas dejado.

Akiyama tomó la cámara, sintiendo la curiosidad de ver si Kakashi había fotografiado algo, pero decidió esperar a hacerlo en otro momento.

—Me alegra que le haya gustado —respondió Akiyama—. Si está listo, podríamos empezar con la sesión de fotos ahora.

Kakashi asintió, y con una última mirada hacia la puerta por donde había salido Sakura, luego, miró a Akiyama con curiosidad.

—¿Dónde planeas hacer las fotos? —preguntó Kakashi, sin moverse de su lugar.

Akiyama sonrió, observando el despacho y evaluando la luz natural que entraba por las ventanas.

—Aquí mismo, en su despacho. La luz es perfecta, y el entorno es ideal para lo que tengo en mente.

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El despacho del Hokage estaba iluminado por una suave luz natural que entraba a raudales por las ventanas, creando un ambiente ideal para la sesión de fotos. Akiyama preparó su equipo, ajustando la cámara para capturar a Kakashi en su entorno habitual. Sin más preámbulos, comenzó con las fotos estándar.

Kakashi permaneció de pie, relajado, posando de manera natural mientras Akiyama trabajaba en silencio. Las primeras imágenes capturaron el rostro impasible del Hokage, su cabello plateado contrastando con el fondo neutro del despacho. El fotógrafo tomó varias tomas, ajustando ligeramente los ángulos y la iluminación, buscando la mejor manera de resaltar la figura de Kakashi, incluso cambió la óptica un par de veces.

Después de unos cuarenta minutos, Akiyama bajó la cámara, revisando las imágenes en la pantalla. Las fotos eran técnicamente impecables, pero había algo que no terminaba de encajarle. Frunció el ceño, sintiendo que le faltaba una chispa, algo que diera vida a las imágenes.

—No funciona —murmuró para sí mismo, sin apartar la vista de las fotos.

Kakashi, al ver su expresión de desconcierto, lo miró con curiosidad y se acercó a ver las fotografías.

—¿Qué sucede? —preguntó con calma—. Las fotos parecen estar bien.

Akiyama levantó la vista, notando la mirada inquisitiva de Kakashi. Las imágenes eran buenas, sí, pero no transmitían lo que él había esperado capturar. Faltaba algo, aunque no podía precisar qué era en ese momento. Había una desconexión entre la figura imponente del Hokage y el entorno que lo rodeaba.

—No lo sé… —admitió Akiyama, volviendo a mirar las fotos—. Es como si les faltara vida, algo que las hiciera destacar.

Kakashi lo observó en silencio, sin entender del todo la insatisfacción del fotógrafo. Para él, las fotos parecían correctas, capturaban lo que era necesario.

Pero Akiyama sabía que no era suficiente.

Se quedó pensando por un momento, dejando que su mente divagara mientras contemplaba el despacho. Y entonces, una idea cruzó su mente, algo que podría hacer que las fotos cobraran esa dimensión extra que tanto ansiaba.

—Kakashi-sama, ¿le importaría si probamos algo un poco diferente? —sugirió finalmente, con una renovada determinación en la voz.

Kakashi lo miró con curiosidad, arqueando una ceja.

—¿Qué tienes en mente?

Akiyama sonrió, sintiendo que había encontrado una posible solución.

—Me gustaría agregar algunos toques de color. Algo que contraste con su entorno habitual. Creo que podría darle una dimensión extra a las fotos.

Kakashi asintió, confiando en el instinto del fotógrafo.

—Adelante. Estoy dispuesto a ver qué tienes en mente.

—Solo necesito un momento para ir a por algunas cosas.

Kakashi asintió nuevamente, tranquilo.

—De acuerdo. Te esperaré aquí.

Akiyama hizo una pequeña inclinación de cabeza, agradeciendo la paciencia de Kakashi, y se dirigió a la puerta.

—No tardaré —dijo, antes de salir del despacho para buscar los elementos que planeaba usar durante la sesión.

A su regreso Akiyama comenzó a colocar cuidadosamente algunos objetos rosados y verdes en el despacho: una delicada flor de cerezo en el borde del escritorio, un cojín verde suave en una silla, un pergamino enrollado con un lazo rosa sujetándolo. Estos detalles empezaron a cambiar la atmósfera de la sesión, añadiendo un contraste interesante que Akiyama esperaba capturar.

Kakashi observó los cambios con una expresión que apenas revelaba sus pensamientos, pero cuando vio cómo el rosa y el verde brillante se mezclaban con los tonos oscuros y apagados del despacho, su mirada se suavizó ligeramente.

—Tome asiento, por favor —dijo Akiyama, indicando la silla junto al escritorio, ahora suavemente decorada con los toques rosados y verdes.

Kakashi tomó asiento, permitiendo que Akiyama ajustara la luz y los detalles a su alrededor. Con cada clic de la cámara, Akiyama capturaba el contraste entre el cabello plateado de Kakashi y los toques de rosa que lo rodeaban, creando una imagen visualmente atractiva que sugería una historia más profunda.

A medida que la sesión avanzaba, Akiyama se volvió más audaz, añadiendo más elementos en tonos verde y rosa: una bufanda ligera sobre el respaldo de la silla, un par de flores adicionales cerca de la ventana, y cuenco de cerámica en tonos verdes. Cada elemento parecía encajar perfectamente, resaltando la calma y el control de Kakashi, pero también insinuando una conexión más personal con su propio espacio.

Sin embargo, mientras seguía colocando estos detalles y ajustando los ángulos, Akiyama notó que Kakashi empezaba a mirarlo con cierta curiosidad, como si no entendiera del todo el motivo detrás de los objetos que ahora lo rodeaban. Akiyama, absorto en su visión, no se detuvo, continuando con las fotos, convencido de que estaba cerca de capturar algo único.

De repente, el sonido de unos pasos rápidos resonó en el pasillo, y antes de que Akiyama pudiera reaccionar, dos pequeñas figuras irrumpieron en la habitación. Sakumo y Yumiko, corrieron hacia su padre con entusiasmo. La más pequeña saltó sobre el regazo de Kakashi y se abrazó a él con una alegría desbordante. El mayor daba vueltas alrededor de la silla gritando algo que Akiyama no conseguía entender.

Kakashi miró a los pequeños con una sonrisa que suavizó sus rasgos, la confusión de la situación anterior se desvaneció en un instante. Akiyama bajó la cámara momentáneamente, sorprendido por la repentina aparición de los niños.

—¡Papá! —exclamó Sakumo—. ¡No me estás escuchando!

—Sí te escucho, pero no has parado de hablar ni un segundo, ¿cómo voy a responderte? —preguntó Kakashi riendo.

Yumiko, con sus ojos verdes brillando de emoción, se soltó de Kakashi y le hizo una mueca de burla a su hermano.

—¡Papa! —se quejó Sakumo al verla—. Dila algo, siempre se está riendo de mí.

—Sakumo, eres cuatro años mayor que Yumi. Como hermano mayor, deberías saber manejar las cosas con ella—bromeó Kakashi, mientras acomodaba a Yumiko sobre una de sus piernas, dejando espacio para que Sakumo saltara rápidamente a la otra.

Akiyama, al observar la escena, se dio cuenta de inmediato de quiénes eran estos niños. El color del cabello de Yumiko y los ojos de Sakumo dejaron claro que solo podían ser los hijos de Sakura. Sin perder ni un segundo, Akiyama volvió a levantar la cámara, capturando la naturalidad y la calidez de ese momento familiar, entendiendo que había encontrado el elemento que hacía falta en las fotos: la conexión profunda y personal de Kakashi con su familia.

De pronto en su cabeza la conexión entre los colores que había estado capturando en las fotos anteriores se hizo evidente, y Akiyama comprendió por qué había sentido la necesidad de añadir esos toques de rosa y verde alrededor de Kakashi. Era el color de su familia, una parte integral de su vida que ahora se manifestaba de manera evidente y tangible.

Las imágenes que tomó ahora estaban llenas de vida, mostrando al Hokage no solo como el líder estoico de Konoha, sino como un padre amoroso, completamente inmerso en el juego con sus hijos. Sakumo y Yumiko se subían en sus piernas, reían y se abrazaban a él, mientras Kakashi les devolvía las sonrisas, su máscara apenas ocultando la felicidad en su rostro.

La sesión había tomado un giro inesperado, y Akiyama sabía que había encontrado el elemento que faltaba en las fotos anteriores. Ahora cada fotografía capturaba la intimidad y el amor que definían esa relación, mostrando un lado de Kakashi que, estaba seguro, muy pocos conocían.

Akiyama bajó la cámara, sintiéndose satisfecho pero consciente de que había más por capturar. Se acercó a Kakashi, que aún sostenía a sus hijos en brazos, y con una sonrisa genuina, le dijo:

—Creo que tenemos algunas fotos increíbles aquí, pero si no le importa, me gustaría hacer algunas más... esta vez con toda la familia.

Kakashi levantó la vista, visiblemente sorprendido.

—¿Toda la familia? —repitió con una evidente confusión en su voz.

Akiyama asintió.

—Sí, me gustaría capturaros a todos juntos, no solo a usted con los niños. Creo que sería un cierre perfecto para la sesión.

Kakashi frunció el ceño levemente, todavía procesando la idea. Por un momento, la confusión se reflejó en su rostro, hasta que comprendió que Akiyama había capturado el momento junto a Sakumo y Yumiko sin que él lo notara.

La idea de hacer fotos familiares, especialmente algo tan íntimo, lo hizo dudar. Kakashi no estaba acostumbrado a mostrar su vida personal, mucho menos a compartir esos momentos con un extraño que pensaba usarlas para ilustrar un libro.

—No lo sé... —dijo Kakashi en voz baja, apartando la mirada por un instante para mirar a sus hijos.

Akiyama notó la vacilación en Kakashi y, sin decir nada, revisó rápidamente las fotos que había tomado. Encontró una imagen en particular, donde Kakashi sonreía, genuinamente feliz, con Sakumo y Yumiko abrazados a él. Con una sonrisa tranquila, Akiyama giró la cámara y se la mostró.

—Mire esto —dijo suavemente.

Kakashi miró la pantalla de la cámara. La imagen capturaba un momento tan natural y sincero que casi le costaba reconocer que era él. En la foto, no estaba el Hokage, el líder de Konoha, sino un padre disfrutando de un momento genuino con sus hijos.

—No estaba planeado, pero salió algo... real —continuó Akiyama, dejando que la foto hablara por sí misma—. Eso es lo que quiero capturar, pero con todos vosotros. No tiene que ser formal ni forzado. Solo un reflejo de lo que ya es.

Kakashi permaneció en silencio, sus ojos fijos en la foto. A Sakura le encantaría esa foto. Sin embargo, la duda seguía ahí, pero algo en esa imagen lo conmovió. Akiyama había conseguido ver más allá de su fachada, y había capturado un momento que ni siquiera él había notado. Lentamente, Kakashi asintió, todavía con la mirada en la foto.

—No tengo claro que sean las fotos que Shinzo necesita. Pero... está bien —dijo finalmente, con una voz que apenas ocultaba la emoción—. Hagámoslo.

Akiyama sonrió, aliviado de haber logrado convencer a Kakashi.

—No se arrepentirá, se lo prometo —respondió, mientras Kakashi se inclinaba hacia Sakumo y Yumiko.

—Vayan a traer a mamá para unas fotos —les pidió, esta vez con un tono suave.

Los niños, emocionados por la idea, corrieron hacia la puerta para buscar a Sakura, mientras Akiyama se preparaba para capturar lo que sabía que sería la culminación perfecta de la sesión.

-o-

Kakashi se quedó de pie, esperando mientras Sakumo y Yumiko corrían emocionados a buscar a Sakura. El despacho, bañado en luz natural y adornado con toques de verde y rosa, había adquirido una atmósfera completamente diferente, casi como si estuviera listo para un evento especial. Akiyama, consciente de la importancia de lo que estaba a punto de capturar, ajustaba los últimos detalles, asegurándose de que cada elemento estuviera en su lugar.

Mientras esperaban a que Sakura y los niños regresaran, el despacho quedó en silencio por unos momentos. Akiyama, sintiendo la necesidad de romper la tensión, decidió hablar.

—No sabía que fuera... —empezó Akiyama ahora que estaban solos de nuevo.

—¿Padre? —preguntó Kakashi, adivinando el rumbo de la conversación.

Akiyama se rio nerviosamente, sacudiendo la cabeza.

—Que Sakura y usted estuvieran casados —confesó, poniéndose rojo al instante.

Kakashi dejó escapar una risa suave, su tono relajado.

—Así es. Y viendo cómo has llenado el despacho de... —Kakashi dejó la frase en el aire mientras se giraba, observando los detalles de color que ahora adornaban la habitación— diría que ella realmente te ha cautivado. Lo siento, llegas unos años tarde si querías intentar algo.

Akiyama se sonrojó aún más, levantando las manos en señal de disculpa.

—No, no, no es eso... —balbuceó—. Solo... me tomó por sorpresa.

Kakashi, divertido, simplemente asintió, disfrutando del pequeño momento de incomodidad de Akiyama.

Poco después, los pasos ligeros de Sakura y los niños se escucharon en el pasillo, y cuando apareció en la puerta, se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver el despacho de Kakashi lleno de elementos rosados y verdes. Todo el entorno reflejaba una calidez que no esperaba encontrar en el espacio de trabajo de su esposo.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Sakura, una sonrisa curiosa asomando en sus labios mientras miraba a Kakashi, quien simplemente se encogió de hombros con una mirada que decía: "No preguntes."

Akiyama dio un paso hacia adelante, sonriendo con nerviosismo.

—Solo quería darle un toque diferente para las fotos —explicó—. Me alegra que hayas llegado. Quería capturaros a todos juntos.

Sakura asintió, todavía sorprendida, pero divertida por la escena que Akiyama había creado. Se acercó a Kakashi, que ahora estaba rodeado por Sakumo y Yumiko, y les dirigió una mirada cariñosa antes de acomodarse junto a ellos.

—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó Sakura, su tono lleno de curiosidad.

Akiyama levantó la cámara y sonrió.

—Solo sean ustedes mismos. No quiero poses forzadas. Quiero capturar lo que sois como familia, la conexión que hay entre vosotros. Simplemente relájense y hagan lo que les parezca natural.

Kakashi asintió, relajándose mientras Sakura colocaba una mano en su brazo, sonriendo. Sakumo y Yumiko, animados por la presencia de su madre, comenzaron a bromear y a reír, trepando sobre las piernas de Kakashi y abrazándose a Sakura. La familia se sumergió rápidamente en su propia dinámica, olvidando la cámara por un momento.

Akiyama comenzó a tomar fotos, capturando la alegría y la ternura en cada gesto. Kakashi, que había estado inicialmente reacio, se dejó llevar por el ambiente relajado, sonriendo detrás de su máscara mientras sus hijos se reían y Sakura lo miraba con una expresión llena de amor. Akiyama enfocaba y disparaba, consciente de que estaba inmortalizando varios momentos únicos que revelaban nuevas facetas de la familia.

Sakura reía alegremente mientras Yumiko le acariciaba el pelo. Kakashi sostenía a Sakumo en alto, quien estallaba en carcajadas, mostrando una felicidad contagiosa. Y justo cuando Akiyama pensó que había logrado las mejores fotos de la sesión, Yumiko, con un movimiento rápido y juguetón, se inclinó hacia su padre. Y con la inocencia y curiosidad propias de su edad, le bajó la máscara. Kakashi, sorprendido, dejó escapar una risa genuina.

Akiyama, actuando por instinto, aprovechó la oportunidad. Disparó la cámara en el preciso instante en que Kakashi besó a Yumiko en la mejilla, riendo mientras ella lo miraba con ojos brillantes y traviesos. A su lado, Sakura, que todavía sostenía a la pequeña observó la escena con una sonrisa tierna, y Sakumo, en brazos de Kakashi, también reía, disfrutando del momento en compañía de su familia.

El clic de la cámara capturó más que una simple imagen: capturó la esencia de la familia Hatake-Haruno en su forma más pura. Kakashi, con una expresión de sorpresa y alegría, Sakura y Sakumo mirándolo con cariño y grandes sonrisas, y Yumiko, quien había logrado un acto que muy pocos habían presenciado, todo unido en una perfecta instantánea. Era una imagen de amor, de unidad, y de felicidad, una que reflejaba la autenticidad de Kakashi como padre y esposo, rodeado de los que más amaba.

Apenas el clic de la cámara resonó en la habitación, Kakashi se dio cuenta de lo ocurrido y rápidamente se subió la máscara de nuevo, sus ojos revelando una mezcla de sorpresa y resignación. Yumiko, ajena a la reacción de su padre, simplemente rio. Sakura sonrió con dulzura, entendiendo la rareza del momento, mientras Sakumo seguía riendo, ajeno a la seriedad de la situación.

Akiyama, consciente de la magnitud de lo que acababa de capturar, bajó la cámara, sabiendo que había conseguido un retrato que no solo mostraba a la familia, sino que contaba su historia.

Antes de que Kakashi pudiera expresar su preocupación, Akiyama le dirigió una mirada tranquila.

—No se preocupe, Hokage-sama. Esta foto es solo para usted y su familia. No se la mostraré a nadie más, lo prometo.

Kakashi lo observó por un momento, sus ojos serios, evaluando la sinceridad en las palabras de Akiyama. Finalmente, asintió lentamente, relajando los hombros. Confiaba en el fotógrafo, a pesar de lo inesperado de la situación.

—Por favor —respondió Kakashi con voz calmada, y luego, con una leve sonrisa bajo su máscara, añadió—. No es una foto que quiera compartir.

—Aunque es la mejor de la sesión —dijo Akiyama, sabiendo que era el cierre perfecto para la jornada.

La sesión terminó con una sensación de satisfacción para Akiyama, que comenzó a recoger su equipo, sabiendo que había capturado un momento auténtico, un destello de la verdadera vida de Kakashi, algo que muy pocos habían tenido el privilegio de ver.

-o-

Akiyama dejó Konoha prometiendo a Shinzo que le enviaría las imágenes tras una revisión para seleccionar las mejores.

Al llegar al pequeño hostal donde se hospedaría durante su siguiente trabajo, subió a su habitación y, sin perder tiempo, comenzó a revisar las fotografías. Cada imagen que aparecía en la pantalla le arrancaba una sonrisa: el Hokage con sus hijos, la familia Hatake-Haruno en su esencia más pura, y finalmente, aquella imagen que Yumiko había ayudado a crear al bajar la máscara de su padre.

Pero entonces, al seguir revisando, se topó con algo que no esperaba. Las fotos que Kakashi había tomado de Sakura. Akiyama se detuvo, sorprendido por la calidad y el sentimiento que esas imágenes transmitían. Eran fotos que solo alguien profundamente enamorado podría haber capturado. Cada detalle de Sakura estaba resaltado con una delicadeza y un amor palpable, desde la suavidad de su sonrisa hasta el brillo en sus ojos.

Akiyama se dio cuenta de que esas fotos, más que ninguna otra, contaban una historia de amor genuino. Las imágenes reflejaban no solo la belleza de Sakura, sino también la profundidad del amor que Kakashi sentía por ella. Era un amor que no necesitaba ser explicado con palabras; se veía en el encuadre, en las sombras, en cada rayo de luz que caía sobre su rostro.

Con una sonrisa, Akiyama entendió que el Hokage ya sabía que la fotografía era mucho más que capturar imágenes.

Después de un rato revisando las fotografías de la sesión, imprimió las que mejor reflejaban los momentos que necesitarían para el libro y algunas imágenes extras. Después distribuyó las fotos en dos grupos, dejando una a un lado para más tarde.

El primer sobre iba dirigido a Shinzo, para el proyecto de Historia Ilustrada de Konoha. Incluyó una selección de las fotos formales, aquellas que mostraban a Kakashi como el Hokage y líder de la aldea, pero también algunas de las imágenes más personales, las que mostraban su humanidad y su vida familiar, momentos fuera del deber, pero que forman parte de la vida de Konoha.

El segundo grupo, junto a un pendrive con las fotografías en formato digital, lo metió dentro de un paquete de mayor tamaño. Lo dirigió a la familia Hatake-Haruno. En él, Akiyama colocó las fotos familiares que había capturado durante la sesión, incluyendo una copia de la imagen de Kakashi sin máscara.

Además de las fotografías, Akiyama incluyó su anterior cámara, la que había utilizado durante años en su trabajo antes de comprar la que ahora usaba. Era una cámara con la que había capturado innumerables historias y momentos, y que le acompañaba dentro de su funda incluso aunque ahora contaba con un modelo superior, ya que le parecía injusto que acabara en un cajón. Pensó que Kakashi le daría una segunda vida.

A la funda pego un sobre dirigido específicamente a Kakashi, con las fotos que éste había tomado de Sakura y una breve nota: "Solo usted podía haber tomado estas fotografías. Reconozco que su mujer me hechizó, no le pido que la comparta con el mundo, pero siga haciendo más fotografías como estas".

Antes de sellar el paquete, Akiyama escribió otra nota, ésta dirigida a Sakura:

"Querida Sakura,

Como me pediste, te envío las fotos que tomé del Hokage.

Espero que estas fotos sean un reflejo de lo que vi y sentí al pasar este tiempo con ustedes. Fue un honor capturar estos momentos tan especiales. Gracias por permitírmelo.

Les envío también mi anterior cámara, una compañera fiel que me ha acompañado en muchos trabajos. Me parece que encajará bien con ustedes, especialmente con su marido, alguien que sabe apreciar los detalles de la vida, aunque parezca querer ocultarlo.

Con respeto,
Akiyama

PD: He borrado de mi disco duro la fotografía del Hokage sin máscara. Solo la tendrá su familia, como les prometí."

Finalmente, Akiyama tomó la fotografía que había dejado a un lado, era la fotografía que le había intrigado desde que la capturó: una imagen borrosa de Sakura, un borrón con un destello verde y rosado que destacaba sobre el resto de colores. Aunque no era perfecta, la imagen tenía algo especial, y decidió guardarla para sí mismo, como un recordatorio de este trabajo único.

Al final del día, mientras el sol se ponía en su habitación, Akiyama se sintió en paz, preparado para su siguiente encargo: capturar la majestuosidad de las cascadas de Takigakure, inmortalizando la belleza natural de la aldea oculta entre cascadas.

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NdA: Aquí una enamorada de la fotografía.