1; Ranma y Akane

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Iba manejando en su carro lujoso, malamente sacó un cigarro de la guantera, una mala costumbre que había agarrado de su hermana. Estaba lloviendo y volvía a su departamento.

Al llegar vio a su hermana afuera de el edificio.

—Vaya, veo que te he pegado el vicio hermanita —habló perspicaz.

Ella tiró la colilla al piso pasando por encima de ella con su zapato.

—Hola Nabiki, yo también me alegro de verte —dijo sarcástica.

—¿Puedo hablar contigo un momento? —cambió su tono de voz.

— Subamos a mi piso —abrió la puerta del edificio.

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En su departamento, había papeles por todos lados, notas adhesivas pegadas a la pared, lo más probable era que estuviese en algún tipo de proceso creativo, realmente, siempre era así cuando se ponía a trabajar.

—Perdona el desastre —se excusó sin verle a la cara, acomodando cosas en su escritorio.

—No te preocupes, ¿escribes algo nuevo? —preguntó mientras tomaba asiento en el sillón.

—Sí, le he dicho a la editorial que tendría listo el prólogo en un mes —repitió la acción, revolviéndose el pelo en señal de estrés.

—Entonces supongo que no tienes tiempo —dijo notando el gesto de su hermana.

—Ya está casi terminado, por eso he salido hoy. Entonces ¿De que querías hablar?

—Un amigo de papá ha hecho un tipo de curso de entrenamiento, y te ha inscrito para que "no pierdas el toque" según él —dijo con tono de burla.

—Hace mucho que no entreno Nabiki—suspiró—. Además, ya he perdido las habilidades —respondió dudosa.

—Vamos, no te gustaría decepcionar a papá ¿cierto? Y yo sé que sigues entrenando todavía, no me mientas —insistió metiéndole culpa.

—Lo pensaré. Pero, no prometo nada —accedió, sintiendo culpa si no lo hacía. .

— De cualquier manera, ya estás inscrita así que dudo que tengas opción. Solo tomará una hora y media de tu tiempo, tres días, durante tres semanas. Empieza la próxima semana, y te recomiendo que vayas a entrenar al dojo un poco. Hace mucho que no te vemos por la casa —lanzó de golpe.

—Está bien —dijo frustrada—, lo haré.

Estuvieron charlando un poco más de rato, hasta que Nabiki se tuvo que ir. Estaba genuinamente enojada. Nunca le consultan para nada, y otra vez lo seguían haciendo. Le restó importancia, pensando que tal vez no sería tan malo asistir a el curso, tal vez podría hacer amigos o practicar de nuevo.

En seguida, se volvió a sumergir en su proceso creativo, esta vez escribiría un libro acerca de una enfermera, eran temas en los que estaba familiarizada. Una enfermera en medio de una guerra que se enamora de un paciente. Cuando le comentó a la editorial que siempre llevaba sus libros, le pareció prometedor.

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Ya era la mañana del día siguiente, ya había terminado la propuesta de libro, así que tenía todo un mes para cambiar las cosas a su gusto. Se propuso ir al dojo a entrenar el fin de semana que le quedaba para comenzar el curso.

Se despertó con cierta esperanza que no sentía hace tiempo y salió en su auto directo a la casa de su padre, hace un par de meses que no iba al dojo, no le gustaba la sensación de volver a recordar todo lo que pasó ahí, recordar que ya no tiene nada de lo que tenía la pone ansiosa, nerviosa. Una vez que llegó, su padre la recibió con mucho entusiasmo y alegría, sabiendo el motivo por el cual estaba ahí.

Se puso su antiguo Gi de entrenamiento, no le quedaba tan mal, solamente un poco más ajustado de lo que le quedaba de niña, y empezó a calentar, golpeando al aire, estirándose, siguió después entrenando con su padre. Realmente se sentía bien, era como un tipo de terapia, la relajaba, la hacía sentir como si volviera a ser una niña tonta de preparatoria que su única preocupación sería pasar la prueba de matemáticas. Y más que todo la relajaba por que hace años que no se paraba a practicarlo en serio. Obviamente, no había perdido técnica, era una de sus pasiones, y siempre recordaría todo lo que le enseñó su padre.

En la antigua casa, sólo eran Nabiki y su padre. Kasumi por fin se había casado con el doctor Tofú, en una gran ceremonia donde hubo muchos invitados, y salió a vivir con él. Nabiki no era desempleada, era asesora financiera, además de abogada, que fue en lo que se especializó, sin embargo, no quería tener que gastar su dinero en una casa, si ya estaba viviendo en una. Así que por el momento sólo eran ellos dos. Muy seguido venía Kasumi cuando el doctor Tofú estaba ocupado, por lo que solamente faltaban ella y los Saotome, en contraste a como era antes.

Akane estuvo entrenando por un buen rato, ella no estaba para nada cansada, pero en oposición, su padre sí. Esa era la desventaja de entrenar con él, los años ya le estaban cobrando. Aún así, se sentía bien, porque por fin pudo entrenar después de mucho.

Tenía algo de ropa limpia en su antigua habitación, no sabía si le iba a quedar bien, pero era eso a ponerse su ropa sucia, así que decidió darse una ducha y cambiarse con la ropa que tenía ahí.

Se duchó, y se puso su antigua ropa, la cual no le quedaba nada mal. Saliendo de el baño, paró un momento afuera de la que era la habitación de su ex prometido, imaginándose como estaría después de haberse ido, y con cautela entró. Estaba todo como lo recordaba, lo único que hacía falta eran las cosas de Ranma y su padre. Por mera curiosidad, abrió un cajón, desvelando una vieja camisa china de Ranma. Ella la tomó sorprendida, y la guardo en su bolso. Se convenció de que la había guardado por que tal vez podría combinarla con una falda u otro tipo de vestimenta, y no por el hecho que era una de las únicas cosas que le restaban de él.

Los otros dos días que le faltaban para el curso, siguió la misma rutina, salir, entrenar, tomar algo de su antigua casa y regresar. El segundo día se llevó un cuadro que tenía en su habitación, y el último día unos libros, y ropa que le seguía gustando. Hasta que por fin había llegado el día.

El dojo donde se llevaría a cabo el curso, sólo se encontraba a cuadras de su piso, por lo que no fue muy difícil llegar. En el folleto informativo que le dió su padre decía que el curso comenzaba a las 9:00 a.m. por lo cual, con tal de no quedar mal, llegó a las 8:40 para comenzar a calentar y ver si podía conocer a gente nueva.

El lugar era un dojo grande, fue una de las primeras en llegar. El señor que impartiría el curso, se veía un señor como de unos setenta años, quien la recibió muy bien y muy amable.

—Buenos días —saludó la joven haciendo una reverencia.

—Buenos días. ¿Es usted la señorita Tendo? —respondió con amabilidad.

— Sí señor, así es —hizo una reverencia.

—¡Que bien! Soun me dijo maravillas de ti, dijo que eras muy buena y que te enriquecerías más aquí. Estoy muy contento de que hayas decidido venir. Por favor, toma el lugar que gustes, no tardan en llegar los demás. Yo soy Kentaro Yamamoto. Puedes decirme Yamamoto sensei —puso su mano en el pecho en forma de alago.

— Gracias sensei, un gusto —hizo una reverencia de nuevo.

La joven fue y puso sus cosas en uno de los tapetes acolchonados que estaban distribuidos por el piso. Y justamente como lo predijo el señor Yamamoto, comenzaron a llegar más estudiantes.

Tenía altas expectativas, viendo como el lugar se llenó en unos diez minutos, eran unos veinte tapetes, y solo quedaban uno o dos sin ocupar.

Antes de la clase, llegaron y se le acercaron varios compañeros, tanto hombres como mujeres, y más hombres que mujeres. Amablemente rechazaba a muchos que no le llamaron su atención, pero pudo entablar conversaciones bastante sólidas con varios de ellos.

Tuvo más conversación con una chica que rondaba su edad, el curso especificaba que la edad debía de ser entre los veinte y los treinta, por lo que pudo encontrar varias personas con las cuales hablar y que además eran de su edad. Junko era el nombre de la chica, parecía ser una de las únicas que asistió al curso, era bajita, de tez muy blanca y un cabello negro largo, se veía que al igual que Akane, estaba en medio de sus veintes. Se acercó con Akane, y se sentó en el tapete vecino al suyo, sacó algo de conversación y vieron que tenían gustos similares.

—Hola, soy Junko, mucho gusto —dijo amigable.

—Hola, soy Akane, igualmente —saludó devolviéndole una sonrisa sincera.

—Oye, que bien encontrarme a una chica por aquí, pensé que era la única que le gustan las artes marciales —dijo alegre.

—Bueno, aquí estoy yo jajaja —respondió bromeando entre risas. .

—Que emoción —hizo un gesto de alegría con sus manos—. Y bien Akane ¿Puedo llamarte así, sin formalismos?

—Por supuesto, entonces supongo que puedo llamarte Jun también —sonrió.

—¡Claro! Me encanta ese sobrenombre, nunca nadie lo había usado. Bien, ¿que más te gusta aparte de las artes marciales? —pregunto con interés.

—Pues, me gusta mucho escribir, de hecho, tengo un par de libros publicados —alegó con vergüenza, tratando de ser humilde.

—Espera… —se quedó pensando— ¿Akane Tendo? ¿Cierto?

— Sí —respondió con timidez.

—¡Vaya! ¡Qué emoción! A mis amigas les encantan tus libros, he leído fragmentos y me han encantado. Que cosas del destino. Bueno, a mí me gusta cantar, y estoy buscando tener una carrera musical además de las artes marciales.

—Que interesante, ya estaría bien verte cantar algún día, alguna vez quedemos en el karaoke, digo no soy muy buena, pero me encantaría escucharte —invitó emocionada.

—¿De veras? Me haría mucha ilusión, gracias Akane —sonrió hasta con los ojos.

La chica fue interrumpida por el señor Yamamoto, quien dio por empezada la clase. El señor empezó con bases que ella ya sabía, sólo que tenían algunas alteraciones por el estilo de combate de Yamamoto. A ella le interesaban esas posturas, eran similares a las que su padre le había enseñado, pero tenían adaptaciones. Ella se preguntaba si alguna vez podría hacer sus propias posturas de combate. Y malamente se recordó que, si las pudo haber hecho, fusionadas con el estilo de combate Saotome. Rápidamente sacó esos pensamientos de su cabeza y en vez de eso puso atención para distraerse.

—Muy bien jóvenes, ahora viene esta postura. El pie tiene que estar así —movió su pie hacia adelante—, y el otro por detrás y las manos a la defensiva —hizo lo que dijo, haciendo énfasis en la manera en que movía las manos—. Esta pose es buena para contraatacar por el área de el estómago —volvió a pararse normal e hizo una pausa—. Sin lastimarse, inténtenlo en parejas.

Entonces la sala se volvió un lugar lleno de ruido.

—Akane, ¿Lo hacemos juntas?

—Claro Jun. Bien, tú empiezas —dijo concediéndole el primer golpe.

Junko adoptó la postura y logró derribar a Akane.

—Ay... —dijo sobándose la cabeza—. Eres muy fuerte Jun —exclamó sorprendida, levantándose con la ayuda de su amiga.

—¡Lo siento Akane! ¡De verdad que no era mi intención! A veces no mido mi fuerza, prometo que lo haré menos fuerte a la próxima —se excusó haciendo una reverencia.

—No te preocupes, ahora voy yo, y no te voy a derribar —bromeó.

Akane hizo la misma postura, sólo que, ahora tocando solamente el tronco de su amiga, sin derribarla ni lastimarla.

Parecía que ya todos habían terminado. Así que Yamamoto habló otra vez.

—Muy bien jóvenes, por lo que veo aprenden rápido. La siguiente postura se llama…

El viejo fue interrumpido al escuchar como toda la gente comenzaba a hablar entre murmuros.

—¿Qué está pasando? —preguntó la azabache a su amiga.

— ¡Madre mía! ¡Es mejor que mires por ti misma! —exclamó viendo la entrada.

—¿Qué? —cuestionó confundida, volteando hacia la entrada del lugar.

Quedó atónita, sintió que se le iba el color. Quería salir de ahí, quería que la tragase la tierra. Su amiga la volteó a ver extrañada.

—Dígame joven ¿Qué le trae por aquí? Y además tan tarde —preguntó Yamamoto, molesto por su interrupción.

—Perdón por llegar tarde al curso señor, Ranma Saotome, un gusto —se justificó haciendo una reverencia.

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—Hola Keiko ¿Qué pasa? —preguntó calmado, atendiendo el teléfono.

Su padre ha llamado señor Saotome, dice que lo contacte de inmediato.

—Gracias Keiko, ya lo llamo —intentó ocultar la molestia en su voz.

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Fastidiado por un día lleno de entrenamiento, iba camino a su hotel del momento, por suerte su próxima competencia sería en Tokio, así podría ir a visitar a sus padres. Llegando a su hotel, llamó a su padre.

—Hola papá —saludó encapsulando sus nervios.

Hola Ranma ¿Qué tal hijo mío? —devolvió el saludo con mucha amabilidad.

—¿Qué pasa papá? ¿Por qué tanto interés repentino? —inquirió sospechoso.

Deberías venir a visitarnos hijo, escuché que estás de vuelta a Tokio —sugirió con interés personal.

— Así es papá, veré que puedo hacer, tengo unos días libres esta semana que viene, puedo ir a visitarlos en ese tiempo —expresó con desinterés.

El padre de Ranma hizo una pausa dubitativa, y tras no hablar unos segundos se pronunció.

Hijo ¿Conoces al señor Yamamoto? Es un viejo amigo mío, que quiere empezar a enseñar sus técnicas de combate, él es viejo y quiere dejar un legado. Nos dijo que preparó un curso, todos los lunes, miércoles y viernes durante tres semanas.

—¿Nos dijo? De quien más hablamos —sospechó de su padre.

Unos amigos y yo hijo, ¿tú que crees? — dijo encubriendo sus nervios.

—No voy si está Akane. Se lo que te tramas —amenazó.

Y otra vez con eso. Ya te he dicho que a ella no le interesa eso, tienes más probabilidad de encontrarla caminando por las calles de Tokio, que en un curso —mintió útilmente, porque le creyó.

—Vale, pero que no sea un desperdicio de tiempo. Y quiero que sepas que voy para entrenar, no porque tú quieres —dijo rindiéndose ante la insistencia de su padre.

Terminó la llamada, y se recostó rendido en la cama del hotel. Ya le estaba cansando vivir de hotel en hotel en cada competencia, pero supondría que sería lo mismo comprar un departamento en cada ciudad que fuese. Además, no tenía sentido solamente para quedarse unos días. A veces le cansaba esta vida errante, odiaba el siempre tener que estar viajando en trenes, autobuses, auto o incluso avión. Y poniéndose a pensar, nunca había tenido algo tal como una casa. Solamente el dojo de los Tendo podría haber sido a lo que le llamase hogar y solo vivió tres años ahí, para después largarse por los torneos.

Desde que salió de la preparatoria, supo que no quería estudiar más, así que explotó su potencial como artista marcial, comenzó a hacer combates por dinero en lugares pequeños, siempre ganando. Hasta que un día un señor le habló, diciendo que tenía un socio dentro de un torneo grande de combate. Si lo dejaba ser su manager le ayudaría a entrar.

Todos los días él llamaba a Akane, contándole de sus combates, e incluso a veces expresándole que deseaba que lo curase de algunas heridas. Pero eso solo duró varios meses. Él llegaba de los combates cansado, solamente a dormir. Y la llamaba todos los fines de semana, hasta que su manager comenzó a citarlo todos los días, sin excepción de fines de semana. Y ya no tenía tiempo para llamarla, hasta que un día solamente dejaron de llegar llamadas.

Hubo muchas veces cuando ya se había mudado a un piso temporal donde intentaba llamarla con el mismo número de antes. Suponía que ya no tenía la misma dirección de teléfono. Siguió con su vida, fue duro para él. Pero ahora era exitoso, le pagaban muy bien por cada torneo, e incluso se podía decir que era famoso. Mucha gente lo reconocía en las calles, firmaba autógrafos, sacaba fotos.

Mucha gente lo admiraba, cada que se topaba con alguien decían "como me gustaría ser como tú". Y a él claro que se le inflaba el ego, pero realmente si fuera otra persona, no quisiera ser como él. Nadie sabe lo de Jusenkyo y probablemente nadie sabía que lo más que ha tenido una casa sea tres años. Detestaba como estaba yendo su vida personal, aunque le gustaba ser exitoso y ganar todos los torneos.

Llamaron a su puerta.

—¿Quién es? —salió de sus pensamientos, regresando a la realidad.

—Soy yo Señor Saotome —gritó Keiko desde afuera.

—Ah, Keiko pasa —respondió abriendo la puerta.

—Saotome-San, Acaban de llamar una compañía de agua, le ofrecen 450,000 yenes por una campaña. El lunes a las 7 a.m. solicitaron reunión con usted y el señor Matsuda. Dijo que él estaba libre, pero quería saber si usted tenía un plan.

—Pues, tengo un compromiso a las nueve, sólo espero que pueda llegar a tiempo. Sí estoy libre Keiko, si quieres apúntalo. Gracias. Y dile al señor Matsuda que ahí lo veré.

Keiko era su asistente. El señor Matsuda, quien era su manager, contrató a Keiko para facilitar los negocios y la comunicación. Él no conocía más que el nombre de su asistente y su apariencia. Keiko era el tipo de chica tímida, pero hábil para comunicarse. Le daba igual, mientras lo ayudara a comunicarse no la trataba mal, además que no era mala chica, siempre tenía buenos consejos que ofrecerle. Al señor Matsuda, lo veía como si fuera su segundo padre, ya que Genma le dio la espalda durante mucho tiempo tras dejarlo con Akane. La única que siguió cien por ciento en contacto con él fue su mamá, quien lo apoyaba en todo. Y en parte si iba a visitar a sus padres era porque su mamá vivía aún con el bruto de su padre.

Después de salir de casa de los Tendo, Genma y Nodoka se mudaron a la casa de Nodoka y Genma siguió trabajando con el doctor Tofú, al menos les alcanzaba para comer y vivir bien.

Ranma le mandaba dinero a su madre para que pudiera pagar todo lo que debía, a él le sobraba ese dinero, no tenía nada más que hacer más que vivir de hotel a hotel.

El señor Matsuda era un señor regordete algo alto, que entrenaba artes marciales de joven, también ganando muchos torneos. Por esa razón Ranma depositaba toda su confianza en él. Keiko y Matsuda eran como su segunda familia, era lo único que agradecía de los torneos, que lo trataban como si fuesen familia. Y por eso los apreciaba mucho. Ranma tiene mil ofertas de managers que prometen mucho más que el señor Matsuda, pero sigue con el señor Matsuda.

Las únicas personas que saben como le dolió la separación fueron Matsuda y Keiko. Y de alguna manera lo ayudaron a "superarlo". Aunque se sabía por encima de todo que él realmente la amó, no sabía si lo que sentía ahora era nostalgia o realmente seguía queriéndole.

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Ya era fin de semana, el de la trenza salió de su hotel para visitar a sus padres. En un carro de lujo que había rentado Matsuda, a él le bastaba caminar, pero si le daban un auto, no lo iba a desaprovechar.

Cuánto extrañaba estas calles de Tokio, más las de Nerima. Pasó por muchos lugares conocidos, pasó por el dojo de los Tendo, por la escuela de Furinkan que cuantos recuerdos divertidos tenía ahí, pasó por el consultorio de Tofú, hasta que llegó a la casa de sus padres. Estacionó su auto y timbró a la puerta. Traía una amapola con un lazo atado para su madre, quien no veía hace mucho tiempo.

—Hola hijo —gozosamente abrazó a su hijo, el cual le ofreció la flor que tenía en la mano —. Gracias por la hermosa flor —dijo conmovida.

—Hola mamá —saludó feliz y con nostalgia.

—Te he extrañado mucho hijo, que bien que has venido a visitarnos. Pasa por favor, tengo el té hecho —su mandre le hizo un gesto con la mano para que entrase.

—Hola hijo —saludó Genma sentado en la mesa de té.

—Hola papá. Cuánto tiempo —respondió seco.

—Lo mismo digo hijo mío, mírate, ya eres todo un hombre y artista marcial profesional. Espero que sigas usando todo lo que te he enseñado.

—Sí, lo que digas papá —respondió desinteresado.

—Siéntate hijo, ya te sirvo el té —indicó y sonrió su madre.

—Gracias mamá —agradeció sentándose en la mesita de té.

—Entonces ¿Cómo te ha ido hijo mío? Apuesto que ganas mucho dinero, y además eres famoso ¿A que sí? Te he visto en muchas revistas y entrevistas —dijo su padre interesado en su dinero.

—Eh, pues algo así, no diría que gano cantidades exorbitantes, pero algo gano —respondió mintiendo.

—¿Y no te gustaría darle algo de tu dinero a tus pobres padres? Ya sabes que nunca hemos tenido mucho dinero, además no puedes negarle eso a las personas que te criaron. Y no creo que hagas buen uso de ese dinero, sigues siendo joven, quién sabe en lo que te has de gastar ese dinero — expresó intentando que él cediera una cantidad.

—Es en serio… —se pellizcó el puente de la nariz, decepcionado de su padre, para después subir la voz en un grito reclamado—. A ti no te doy ni un quinto papá, de verdad no puedo creer que actúes así cuando no supe de ti por mucho tiempo por que ya no te interesaba. De verdad que no puedo creerlo —dijo con crueldad.

—Tranquilos, por favor. Quiero que tengamos una conversación sin pelear por dinero o por tiempos. Lo importante es que has venido Ranma. Y estamos felices de que hayas venido —se enojó Nodoka sirviendo el té.

—Está bien, sólo me voy a quedar por que tú me lo pides mamá —declaró mosqueado.

Se quedó ahí una hora más hablando con su padre de su carrera y todo eso de lo que él fastidiaba hablar. Aún así estaba feliz por ver a su madre, pero descontento por ver a su padre. Él piensa que, si las cosas fueran diferentes, y no se fijara en su beneficio propio realmente lo apreciaría más, pero no. La verdad es que ya le daba igual, y solo esperaba el día en el que terminara los torneos para llevarse a vivir a su madre a otra parte.

Después de ese agridulce rato, regresó a su hotel. Donde lo esperaban Keiko y el señor Matsuda. Entró a su habitación, donde estaban su manager y su asistente comiendo comida china.

—Traje comida china —saludó el manager.

—¿Y eso? ¿A que se debe este gran acontecimiento? Pensé que cenaría ensalada con pollo otra vez —respondió extrañado, sentándose en la mesita que tenía la suite.

—Pues, lo traje para celebrar que firmaremos con la empresa de agua el lunes —explicó con emoción.

—Vaya, pues huele muy bien — Dijo tomando una de las cajas de comida, a la par de unos palillos.

—¿Qué tal ha ido con tus padres? —preguntó el regordete, tragando un sorbo grande del caldo de los tallarines.

—Lo mismo de siempre, ya sabe. Mi papá rogando por dinero y mi pobre madre arrastrada en sus míseros planes. De verdad que un día la voy a sacar de ahí —se determinó con cólera.

—Es una lástima. Pero bueno, come que se enfría —abrió la caja de Ranma, mostrando su arroz.

—Sí, gracias por la comida —dijo dando un gran bocado de su arroz—. Este sabor me es familiar… ¿De donde es esta comida Keiko? —preguntó tapándose la boca, aun llena de arroz.

—Es de un lugar que encontré por ahí, tenía buena pinta, se veía tradicional por fuera. El restaurante Nekohanten —soltó liviana.

—¿Nekohanten? No bromees. ¡Me encantaba ese lugar cuando vivía aquí! Que casualidad que lo hayas encontrado —exclamó llevándose más bocados del arroz a la boca.

—Bueno, en realidad no se mucho de Tokio, solo empecé a vagar por las calles y me llamó la atención —explicó con humildad.

Él se quedó pensando un poco, en el Nekohanten, en sus aventuras, tanto que se le vino a la mente otra persona, una vieja amiga.

—¿Mañana hay algún pendiente? —preguntó el de la trenza.

—No Señor, mañana tiene totalmente libre. ¿Planea hacer algo? —respondió Keiko, mirándolo atentamente mientras se servía unos vegetales de un tazón a su plato.

—Sí, quiero ir a visitar a una vieja amiga —expresó con un tinte de nostalgia.

—Hablando de visitas, ¿Qué es lo que tienes que hacer el lunes después de la reunión? —inquirió con interés.

—Ah —dijo tomando un gran bocado—. Mi padre quiere que vaya a apoyar a un amigo suyo a un curso que va a dar, da la casualidad que dura las tres semanas que tenemos en Tokio.

—¿Gusta que lo acompañe Señor? Si interfiere con su horario de entrenamiento y trabajo me temo que tendrá que faltar —señaló con cierta inquietud.

—No es necesario Keiko, a menos que te gusten las artes marciales, y respecto a eso; está bien, sólo es para hacerle el favor a mi padre —explicó con algo de frustración.

—Yo nada de eso —agitó las manos en señal de rechazo y rió—, estoy más dura que una tabla, y me partiría en pedazos al hacer una postura —bromeó.

—Bueno Keiko —dijo riendo—. Deberían ustedes tomarse un día libre también. Digo, al menos que planeen hacer algo —tomo otro bocado.

—Bueno sí…

La conversación siguió por un buen rato, hasta que el señor Matsuda se fue a su habitación, al igual que Keiko. Y ahora solo estaba él. Quería ir a visitar a Ukyo, esperaba que siguiera vendiendo sus okonomiyakis, y quería ponerse al día con ella.

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Se levantó temprano y salió del hotel, justo a la hora que recordaba que abría el restaurante. Encendió su carro y se puso en marcha.

Al llegar al restaurante, supo que seguían abiertos, esperando que Ukyo siquiera atendiendo.

—Buenos días Okonomiyaki Uchan's ¿Cómo puedo ayudarle? —saludó la castaña detrás de la barra, prestando omisa atención a quien había entrado por el umbral.

—Hola U-chan —se pronunció con nostalgia en la puerta.

—¿Ranma? ¡Ranma! Por Dios eres tú, cuánto tiempo, pensé que no te volvería a ver. Por favor, ven, pasa, siéntate. ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido todo? Ha pasado una eternidad desde que te vi en persona —sirvió un plato en la barra, y puso a hacer otro okonomiyaki.

—Pues, me va bien. Me la paso viajando con mi manager y mi asistente.

—Vaya, entonces has ido a muchos lugares. ¿Qué tal Akane? Hace mucho que ni siquiera sé de su familia, ya no vienen a visitar el restaurante.

—Yo y ella lo dejamos hace muchos años… —bajó la mirada esquivo.

—Qué pena contigo, yo no sabía, no quería incomodarte, lo siento —murmuró, con pena.

—No te preocupes U-Chan, ya ha pasado mucho tiempo, sólo me tomaste desprevenido, pensé que ya sabías. Digo, después de tanto tiempo —hizo una pausa—. ¿Y tú? ¿Qué tal las cosas?

—Pues lo mismo de siempre, aunque, ahora estoy saliendo con Tsubasa —expresó con emoción.

—Vaya, pensé que nunca le dirías que sí al pobre chico —soltó con alivio.

—Pues, ha cambiado, y después de que te fuiste, me di cuenta, que había mucho más que sólo tú —confesó liviana.

—Que bien que a ti te haya ido bien, a mi todo lo contrario, digo, siempre he tenido muchas chicas detrás de mí, pero ninguna me llama la atención.

—Tú no te preocupes, ya encontrarás a la indicada, al igual que yo —volteó el okonomiyaki—. ¿Qué te trae por Tokio? —le preguntó con interés.

—Pues vine a un torneo de…

Ambos se la pasaron hablando horas, como si el tiempo que hubieran pasado sin hablar hubiera sido nulo. Era como si volvieran a los viejos tiempos, donde podían pasar horas y horas hablando, y ahora más porque necesitaban ponerse al día de todo lo que había pasado en sus vidas. Perdió la cuenta de cuantos okonomiyakis comió, pero era la cantidad suficiente como para llenarse. Insistió en pagar su comida, y Ukyo insistió que lo tomará como regalo. Intercambiaron números de teléfono para estar en contacto y él se fue a su próxima dirección: Nekohanten.

De camino al restaurante de la china, pasó por lugares conocidos. Pasó por Furinkan, y veía las canchas, la entrada, el edificio. Pasó por el río que le traía muchos recuerdos. Pasó por el consultorio del doctor Tofú. E incluso pasó por el dojo Tendo, el cual después de los años se veía igual que siempre. No había otra palabra la cual describiera mejor su sensación más que nostalgia, a la vez que pasaba por todos esos lugares, recordaba todos los buenos momentos que había pasado ahí.

Y ahora estaba afuera del Nekohanten, entró y estaba lleno como siempre. Una chica de pelo lila se le acercó atónita por verle.

—Ranma… ¿Qué hacer aquí? —exclamó con confusión y sorpresa.

—Hola Shampoo. Vine a comer —se rascó la nuca.

—No. Shampoo no atender a Ranma. Ranma abandonar a Shampoo tiempo atrás sin avisar —hizo un puchero.

—Lo siento, no tenía móvil para llamar. ¿Cómo va todo? —dijo tratando de aliviar su enojo.

—Shampoo ya no interesada en Ranma, ahora hijos con Mousse —se defendió.

—¿Te casaste con Mousse? A la que me vengo a enterar yo… —habló conmocionado.

—Sí, yo ser muy feliz con hija y Mousse —pronunció con advertencia.

—Tienes una hija… Cuánto tiempo ha pasado —respondió aun asimilándolo.

—Mousse, ven a saludar a extraño —le gritó a su esposo.

Llegó Mousse, con una niña de cabello negro y ojos violetas, quien estaba agarrada violentamente de su pelo, con las gafas desacomodadas.

—¿Ranma? Que gusto, hace años que no nos vemos —expresó con gusto.

—Igualmente Mousse. Entonces, ahora tiene una hija. ¿Cuándo se casaron?

—Hace tres años Mousse salvar a Shampoo en terrible accidente y año después casar. ¿Akane y tú ya hijos también?

—Pensé que ya les había llegado la noticia, pero lo dejamos hace un par de años —dijo otra vez.

—Qué lástima que niña tonta perder oportunidad con Ranma —respondió con pena.

Con Shampoo y Mousse no tenía mucho de que hablar en realidad, entonces sólo tomó un wonton y se fue a su hotel, deseando descansar, ya que al otro día tenía la junta.

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—Buenos días a todos. El motivo de esta reunión es para informar acerca de los detalles de la campaña publicitaria que se llevará a cabo. Como mencionaba en el correo que enviamos, la campaña tendrá un rodaje de un comercial, además de una sesión de fotos para la revista. El nombre de la campaña es "El agua me da energías" el concepto consta de una estética minimalista, la cual se enfoca solamente en el consumo d el agua. Y si es posible, que incluso fuera de cámaras, consuma el agua de la marca. Si están dispuestos a firmar, el contrato dura seis meses, que será el tiempo que se promocionará la campaña. Se le darán regalías cada que el anuncio salga al aire y que las fotografías se publiciten en sitios y revistas, además de lo que se les va a pagar ahora.

Era una sala con una mesa alargada, había todo tipo de personas. Cada uno estaba encargado de algo diferente, demoraron casi una hora y media en explicar los beneficios, condiciones obligaciones y derechos que tenía al firmar. Además, que demoraron mucho más leyendo el contrato, el cual firmaron. Habían empezado el día bien, pero algo ajetreados.

—Que pesada la junta Keiko —se estiró afuera de las oficinas, aflojándose la corbata que no estaba acostumbrado a usar—. Se me hace tarde para llegar al curso. ¿Puedes ir a dejarme? Te puedes llevar el auto después. Solo voy a pasar al baño para cambiarme a mi Gi.

—Está bien señor, si desea puedo ir a recogerlo cuando termine, usted sólo llámeme al móvil.

Después de cambiarse, se apresuró al dojo de el señor. Ya iba veinte minutos de la clase tarde.

Llegó al lugar, y parecía que todos lo miraban, se sintió algo nervioso por que suponía que todos lo reconocían ahí.

—Dígame joven ¿Qué le trae por aquí? Y además tan tarde. — Preguntó Yamamoto molesto por venir a interrumpir.

—Perdón por llegar tarde al curso señor, Ranma Saotome, un gusto. — Dijo haciendo una reverencia.

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¡Hola! Esto lo estoy escribiendo probablemente mucho antes de publicarlo, la verdad siento que les puede gustar mucho por todo lo que viene. Espero que este fic ronde más de los diez capítulos, subiendo uno por semana. Yo sé que es muy frustrante tener que esperar una semana para leer, pero también es muy frustrante tener poco tiempo para escribir. Les agradezco su apoyo y comprensión. Por favor déjenme su follow, su favorite y un review. Y si les gusta mi estilo de escritura, les recomiendo pasarse por mis otras obras. Sin nada más que decir; ¡nos vemos!

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