A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.
Salmo 28:7 Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.
Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.
De los intentos de preservar tu efímera felicidad.
Una misión más, un recuerdo, otra pesadilla nueva. Misión de exterminio, algunos infiltrados de la traición en ANBU. Debía matarlos antes de que escaparan. Lo seguía y espiaba desde las sombras, espiándolos, analizándolos, cazándolos, ellos lo sabían, me sentían a pesar de que era sigiloso, sabían que morirían y lo harían pronto.
Eran cuatro, corrían por una escarpada pared en uno de dos grandes muros de roca que estaban muy juntos, ambos se alzaban y rodeaban a un pequeño rio que serpenteaba a varios metros debajo de los hombres, era un trayecto peligroso por su fragilidad, difícil de andar por él, pero un buen lugar por donde escapar y escabullirse. Se les veía ansiosos, preocupados, apenas quitaban su atención para hablar.
-¡Te lo dije! ¡Era mala idea!- dijo el más joven, un alto y delgado hombre, casi de mi edad.
-¡Quieres cerrar la boca!- gritó el que tenía máscara de toro; los observé uno a uno y recordé algunas de las misiones en las que cada uno de ellos me acompañaron -¡Viene por nosotros y tú solo le das pistas de donde estamos, cállate!
-Va a matarnos, seguro que lo mandaron a él, seguro que a él- recalcó el más joven, detuvo su andar dejándose caer en el muro, tirándose de los cabellos con desesperación, se sacó la máscara con torpeza y se le fue de las manos cayendo al rio.
-Tranquilo Uki, seguro que el lobo es bueno- dijo el más calmado, su máscara era una especie de reptil, se llamaba Kai.
-Kai, es inteligente y tiene temple de líder, se especializa en espionaje y sigilo, es algo torpe con las armas, pero lo compensa en ataques a distancia…
-Uki, cierto que Lobo es un hombre peligroso- siguió Kai -, pero entre los cuatro…
-¡Estás loco!- gritó el más joven, estaba aterrado, era obvio en sus movimientos y su voz -¡Lo has visto todo este tiempo! No hay salida, no la hay- y miró a todos lados, buscándome en las paredes de rocas que parecían venírsele encima -; seguro que ya está aquí, seguro que sí.
-Uki, el topo, joven prodigio que se especializa en jutsus de tierra, puede sentir el movimiento por medio de vibraciones, es muy bueno rastreando, midiendo distancias, pero es muy nervioso y pierde la tranquilidad con facilidad.
-Cálmate Uki- dijo el que había permanecido más tranquilo, usaba una máscara de un ave y fue a tomarlo de los hombros y tratar levantarlo del suelo-, tranquilízate.
-Sora, usa máscara de ave, es peligroso a corta y media distancia, se especializa en tortura. Callado y tranquilo, extrañamente es demasiado sentimental y apegado a los demás.
El pelirrojo echó a reír nervioso –sé que es él Sora, él… él viene, es él, lo sé, puedo sentirlo, las rocas me lo han dicho. No debí hacerte caso Sora, no, no debí, yo no quería, te dije que nos atraparían, pero eres un bocón y te he hecho caso- sacó su espada, una pequeña roca resbaló por lo muros haciendo bastante ruido.
-Sora, o callas a ese niño de mierda, o lo mato yo, casi se hace en los pantalones ¡Por eso no lo quería conmigo! - gritó el de la máscara de toro, era bajo de estatura y delgado como un fideo.
-Shin, su máscara es un toro, tiene baja autoestima, lo compensa tratando de ser un presumido pesado, es bueno con genjutsu y trabajando en equipo; es intolerante, es un sádico sanguinario, cobarde en solitario y combate cuerpo a cuerpo.
-¡Silencio!- dijo Kai, era el líder del pequeño grupo -, nos entrenaron por años, nos infiltrados todo este tiempo en este escuadrón del demonio para lograrlo, pero todo se fue a la mierda cuando atraparon a los de arriba, ninguno de nosotros tiene la culpa de eso par de idiotas, no empiecen a pelear que lo único que nos queda es ser listos y salir de ésta, y eso solo lo lograremos como un equipo.
-¡Ésta aquí!- gritó el pelirrojo y señaló a la derecha –allá, no, no, allá- apuntó a la izquierda –o abajo, arriba-. Sus manos temblaban y sus ojos iban y venían.
-¡Maldito llorón de mierda! ¡No sabes siquiera eso!- gritó Shin.
-Silencio todos, Uki ¿qué tan lejos está?
-Unos metros, o un kilómetro, no lo sé- se tomó de los cabellos –Está jugando, jugando con nosotros, conmigo, siento que habla dentro de mi cabeza, no pienso claramente- se tomó de los cabellos y golpeó la roca con la cabeza.
-¿Cuánto tiempo tenemos?
-Es… es difícil saberlo, se mueve muy rápido, parecen muchos, pero solo es él, es difícil saberlo…- miró de arriba abajo, de un lado a otro, sus manos tocaban de un lado a otro.
-Concéntrate puede que tengamos una oportunidad de escapar.
-Pa… para que…- dijo temblando –, para que si nos va a matar, seguro que nos matara, lo sé, puedo sentirlo.
-Tranquilo, enfócate; toma tu espada, prepárate.
-¡Todos lo han visto!- gritó el pelirrojo -¡Tú mismo Kai! ¡Dijiste que era peor que un perro sobre su presa! ¡Que nada… nada se le va! ¡Va a matarnos y…!- Una espada delgada y filosa se le clavo justo en la boca aprisionándolo contra el muro de roca, callándolo para siempre.
-¡Maldito llorón de mierda!- gritó Shin -; con eso cerraras la boca.
-¿Shin qué hiciste? Maldita sea.
-Pensé que querías que cerrara la boca, con eso te aseguro que nunca va a hablar- y rio – o respirar siquiera.
-¡Eres un bastardo!- gritó Sora –le has matado, ¡era solo un crio! Te voy a matar maldito loco.
-Quédate ahí Sora, qué no podemos perder a nadie más- pidió Kai. El de mascara de ave paró, apretó los puños y tembló de rabia cuando Shin rio bajo y burlón. -Shin, eres un estúpido, Uki nos ayudaría a salir de este maldito infierno de rocas y nos daría pistas de él, ahora nos quedamos casi a ciegas, solo por eso tú serás el guía.
-¿Qué?
-Eso te pasa por precipitado.
-Carajo, ya no puedo hacer nada divertido porque me castigan, como si se perdiera tanto con ese llorón cobarde.
Anduvieron otro tramo, el pequeño iba al frente, vociferando y burlándose, logrando sacar de sus casillas al serio Sora, que era contenido únicamente por Kai, que le rogaba guardara silencio bajo la promesa silenciosa de dejar que matara al tal Shin cuando salieran.
Ajeno a la promesa "toro" avanzó varios metros lejos de sus compañeros, presumiendo de su velocidad como era su tonta y peligrosa costumbre; le atrapé en una trampa de hilos ninjas que lo llevó a estrellarse contra el muro.
-Tú también deberías guardar silencio- le murmuré y le golpee de un puñetazo el rostro, la sangre se escurrió debajo de la agrietada máscara y por toda su ropa, un gemido de dolor bajo logró salirse de sus labios. -Uki me era más agradable que tú, nunca me caíste bien- la máscara se despedazo y vi sus grandes ojos amarillos temblar de dolor y miedo -; tu cara, tus ojos. Escuché lo que solías decir en estos casos… - le dije suave escuchando a los otros acercarse a pocos metros-. Decías que te gustaba ese momento justo cuando estaban por morir de miedo, bien, esa es tu cara ahora, dime, no es tan divertido cuando te pasa a ti, ¿verdad?
Un ligero toque al hilo y este lo apresó tanto que cortaba su piel finamente. Los muros temblaron, un jutsu de tierra, unas piedras grandes caían y brinqué del lugar al otro muro estando a salvo; Sora realizó otra vez el jutsu, no importándole mandar al infierno a Shin, quizá vengando a su amigo, o solo por error, lo cierto es que yo estaba ileso. Shin seguía atado a la roca que cayó y se hundió en el agua.
Faltaban dos, debía darme prisa. Los vi acercarse. Se separaron atacando con diferentes técnicas, me escondí dentro del muro y salí a varios metros lejos. Me buscaban tratando de rastrearme.
-Esto no funciona, ¡carajo! que muera como una maldita rata aplastada- Sora golpeó los muros, derribando rocas y tratando de que me cubrieran.
-¡Con eso también nos mataras a nosotros!
-Al menos se irá con nosotros.
-¡Carajo, todos se han vuelto estúpidos y locos!
Sora siguió golpeando con tan poca concentración que una gran roca cayó sobre él, por poco y le aplasta pero logró quitarse a tiempo. Aproveché y salí del muro y brinqué frente suyo.
-Lamento lo de tu amigo- le dije. Fue un corte limpio, ni siquiera derramó mucha sangre, apenas un pequeño hilito que se colaba por la ropa, murió casi instantáneamente. Brinqué rápido al otro muro y Sora cayó todos esos metros hacia el rio junto con otro par de rocas más.
-Lobo, has sido bueno con él, te caía bien, ¿verdad? - me enderecé, estaba a pocos metros de Kai, el hombre me veía tranquilo -Puedes venir por mí, no lucharé más- tiró la espada y subió las manos -; no importa cuánto lo intente, vas a matarme, lo sé. ¿Podrías dejarme morir apresado por las rocas o por el rio abajo? Supongo que no, no lo dejarás a la suerte.
-No, sino no tendré certeza.
Él sonrió y se sacó la máscara y la tiró al rio –lo sé, por eso eres de los mejores—, me acerqué más y a pocos metros de él me dijo algo que nunca olvidaré -, me da gusto que seas tú quien me mate, se me pidió ser traidor desde siempre y no fraternizar con el enemigo, pero me simpatizabas un poco. Lobo, un último favor, que no sea tan doloroso.
Y murió, solté su cuerpo y este terminó por caer con otro par de piedras, apenas lo vi en el agua salí. Una vez fuera de ahí pude ver como ese pequeño sendero quedaba lleno de polvo y agua; podía jurar que el tinte rojo de la sangre sobresalía a pesar de la distancia, al menos yo podía verlo claramente en el agua, en las rocas, y en mis ropas, en mis propias manos que nuevamente se cubrían de ese hermoso tinte rojizo.
Aquel mal recuerdo me torturó varias noches, como aquella en la que desperté repentinamente, hacía calor y la oscuridad cubría la habitación, era una casa ajena. Estaba donde Ayaka, apenas unas horas antes había llegado donde ella -Kakashi kun, Kakashi kun. ¿Estás bien?- Tuve que sentarme y limpié mi frente, había sudor, mi respiración entrecortada y ruidosa la alertó- Ha sido una pesadilla, tranquilo.
-Sí… sí…
Mi pecho iba y venía, era un sueño, solo un sueño más, como todos aquellos que me atormentaban. Esas imágenes, esa pesadilla no era sino otro recuerdo más. Una misión más de exterminio como tantas otras. Ayaka me veía angustiada, sus ojos castaños podían verse a través de la negrura de la habitación.
-¿Estas bien?- asentí, me dolía terriblemente la cabeza, llevaba varias horas con ese fuerte dolor -¿Mal sueño eh?
-Sí, mal sueño, malos recuerdos…- dije en un suspiro y volví a dejarme caer en la almohada, mirando el techo en la distancia.
-Tu última misión, imagino- dijo bajito, apartándose un poco de mí y sentándose sobre la cama, asentí débilmente-; cuando llegaste te vi un poco más serio de lo normal, sé que eres de los que no habla mucho pero…
-No hay mucho que contar.
Ella sonrió y cruzó las manos sobre su regazo con elegancia y delicadeza, sus cabellos castaños apenas y cubrían parte de su espalda, se veía hermosa y delicada, como siempre. Había ido a verla después de varios meses de no visitarla, ella me recibió un poco cansada, pero siempre con una sonrisa empática en el rostro.
-Supongo que no- y suspiró -; ¿sabes? Hoy tengo ganas de conversar, generalmente mis visitas no conversan mucho que digamos, al menos algo importante o interesante. Cuéntame, ¿qué es de ella? ¿La has visto?
Cerré los ojos y ahí estaba Haruno sensei en mis recuerdos, sentada en esa banca del parque, mirándome sorprendida ante mis palabras. No la veía desde entonces, ni siquiera hablé de ella con alguien en todo ese tiempo.
-No.
-¿No? Deberías ir a verla, apuesto que está preocupada por ti- y sonrió-; debes ser uno de esos discípulos que son un dolor de cabeza, seguro que sí, sin embargo, a pesar de lo cabeza dura que puedas ser (de acuerdo a lo que me has dejado ver) ella te aprecia mucho, no merece que seas tan desapegado.
-Es… es una gran persona.
-Sí, seguro que sí. Si se ha ganado el aprecio de un maldito como tú, seguro que sí lo es. Bien, bien, quita esa cara, sabes que es cierto. Que poco aguantas Kakashi kun, ¿te has enojado?
-No. Es que tienes razón Ayaka san. Soy un maldito.
Ella suspiró y me acarició con ternura –Oh, tienes algo de fiebre, ¿seguro que te sientes bien?
-Hum… me siento cansado, solo un poco de descanso y estaré bien, debe ser algún resfriado.
-Deberías ir a ver a tu maestra, seguramente ella debe saber cómo atenderte bien.
-No creo que tenga muchas ganas de verme.
-¿Por qué?
-Le pedí que se mantuviera lejos de mí.
-¿Por qué?
-Porque ella…- pausé, la cabeza me palpitaba dolorosamente -, porque deseo… quiero olvidarla.
-Entiendo eso- dijo Ayaka y sonrió -. Es un poco difícil de lograr ¿no? Has venido hoy con ese semblante del demonio, sin ganas de nada, asqueado de la vida y me has pedido en silencio que la traiga para ti-; sus ojos me miraron en la oscuridad y pude ver como se volvían verdes, su voz cambió, era la de Haruno sensei, como hacía pocas horas -, podría jurar que en este instante deseas que esté en mi lugar. Si sigues así no creo que logres olvidarla- dijo peinando sus cabellos rosas -; probablemente ni siquiera tratas de olvidarla realmente, porque sabes que ella es lo único bueno que queda para ti, lo único que trae lo bueno de ti- se incorporó y me trajo una pastilla y algo de agua -; aunque conociéndola no creo que te haga mucho caso a pesar de tu mal carácter, así que no estarás lejos de ella por mucho tiempo, ¿no lo has intentado ya?
-No es como esas veces. Esta vez se lo dije, se lo confesé.
-¿Lo que sientes por ella?- dijo admirada. Se acomodó a un lado y sonrió con ese mismo gesto que mi maestra, justo como ella, tal cual la recordaba. –Vaya, no pensé que lo harías tan pronto. ¿Puedo preguntarte qué es exactamente lo que le dijiste? Conociendo lo malo que eres para hablar, seguramente debiste meter la pata-, rio débilmente-. Me da curiosidad saber qué harías para confesarse.
-Hum… no es la gran cosa.
-Sí, seguro- dijo burlona y me sonrió.
-Hum…- suspiré -, Ayaka san, si te digo me dejaras dormir, tengo sueño.
-Bien, bien, te dejaré después de esto porque estas enfermo y traes mal sueño. ¿Cómo fue? Le dijiste el clásico me gustas, estoy enamorado de ti, o cosas cursis.
-No. Simplemente le conté que es difícil estar con ella y que lo mejor para mí era mantenerme alejado.
-¿Qué? ¿Eso… eso es todo?- asentí -¿Así que solo le dijiste que es difícil estar con ella? ¿Y eso que rayos significa para ti, qué crees que significó para ella?- me tiró de los cabellos y me miró un poco molesta -; vaya que si eres malo, vaya que sí. ¿Eso ha sido todo para ti? Eres un tonto, aunque no me sorprende, casi todos los hombres lo son.
-Hum…- bostecé y cerré los ojos, no tenía ganas de discutir, solo quería dormir.
-¿Crees que le ha quedado claro? La verdad que tengo mis dudas, si alguien me dijera eso, pues… pues no sé, hay tantas posibilidades. Seguro que la has dejado muy confundida y sintiéndose culpable –; suspiré cansado y me giré dándole la espalda -¿Ni siquiera preguntaras que pienso o si te aconsejo algo para arreglar las cosas con la pobre mujer?
-Para que, no creo que sirva de mucho.
-Que cabeza dura eres. No, no entiendo, ¿seguro que le ha quedado claro que la quieres?
-Hum… No dijo nada después de eso, ni siquiera se despidió, supongo que le ha quedado más que claro.
-Pero… ¿cómo… cómo estás seguro?
-Desde entonces no la veo. Le dije que le escribiría, no he podido. Han pasado meses y no me ha mandado una sola carta de su parte.
Me tomé la cabeza, me dolía más y más. Pasó un tiempo, Ayaka miraba al frente, entre la negrura del cuarto a la par que peinaba sus cabellos aun rosados, el sueño por fin regresaba para mí, estaba por dormir cuando retomó la conversación.
-Quizá espera que tú le mandes una primero, con todo lo que dijiste… además dices que tú quedaste en escribirle.
-Sí.
-¿Y qué esperas? Escríbele algo, solo para… no sé, confirmar o saber de ella, no seas tan ingrato-. Me quedé en silencio, ella se recostó a un lado mío, recargando sus cabellos aun rosas en mis hombros.
–Hum… lo haría pero no hay mucho por contar.
-Como digas- dijo bostezando -. Duerme, descansa Kakashi kun- me besó la mejilla y se recostó -. Escríbele, apuesto que está esperando tu carta, no la hagas esperar mucho ¿sí?
-Hum…- Ella sonrió y durmió.
La recomendación de Ayaka san resonó en mi cabeza por varias semanas, no sabía si tenía razón en eso de que ella estaría esperando por mi carta, ni siquiera tenía idea de que pensaba respecto a lo que le dije, lo cierto es que desde esa noche no dejaba de cuestionarme qué pensaría ella; finalmente cedí a su petición y redacté la carta. Tomé pluma y papel y miré por un par de minutos el espacio en blanco. No tenía idea de que decirle.
–Prometí hacerlo, ya han pasado algunos meses desde entonces, puede ser que ella esté preocupada, supongo que no está mal que le hable un poco.
Después de varios borrones, algunos pedazos de papel en la basura y mucho pensarme como escribir lo mejor que obtuve fue lo siguiente.
Haruno sensei:
Sé que prometí escribirle algo, lamento la tardanza pero no se me da la escritura, a mi favor diría que he estado muy ocupado todos estos días (lo cual es cierto) pero en realidad no escribí antes porque no tengo mucho por contarle.
Cuidaré de mí, supongo que lo he hecho bien hasta ahora, estoy vivo después de todo. Sin más que decir me despido, sinceramente he intentado superar esos tres renglones, creo que lo he logrado. Que tenga buen día.
Atentamente: Hatake Kakashi.
Cuando coloque la carta en el buzón dudé un poco, pero pensé que tarde o temprano tendría que hacerlo, se lo había prometido y debía cumplirlo, además claro de que tenía la duda de lo que ella pensaría.
Varios días estuve esperando por su respuesta pero no obtuve una y aquello me preocupaba un poco, trataba de ignorarlo, pero no podía evitar llegar cada día en búsqueda de su carta. Entonces recordé que tal vez no era tan preocupante puesto que yo le había pedido que se alejara de mí, lo más probable era que solo cumplía con eso. Pasaron más de dos semanas y ella no contestó, pensando eso andaba distraído y Gai dio conmigo fácilmente en mi día de descanso.
-Kakashi, amigo ¡Que gusto verte!
-Hum, ¿qué hay Gai?
-Nada, ¿qué tal tú?
-Hum…- alce los hombros y anduve, él me siguió.
Esa tarde Gai me invitó la comida y habló de todas esas cosas que siempre se empeñaba en hablar, aconsejándome, sermoneándome y tratando de ayudarme, siendo buen amigo como es su costumbre.
-Deberías salirte de una vez por todas, ya tienes años suficientes para darte de baja, te haría bien no solo por salud física y mental, aún estas a tiempo de invertir tus años de juventud en cuestiones más vánales y divertidas, apuesto que con todo ese mundo de trabajo, con esa cara de pocos amigos y ese humor peor que un perro rabioso ni novia debes tener y…
-Tengo una.
-¿En serio? No te lo creo, ¿cómo se llama?
-Y que te importa, con la suerte que me das seguro me deja mañana, confórmate con saber que tengo y ya. –Suspiré molesto, lo dije para que me dejara tranquilo con ese tema de vivir la vida, la juventud, el amor y todo eso.
-Pues me alegra, que lo que he sabido de ti de los últimos meses…- alargó en un suspiro angustiado, aquello me echó a perder el buen sabor de la comida -, esta es la única buena noticia que he tenido.
-¿Y qué puedes saber de mi para decirlo con ese tono?
-Por ejemplo Jiraiya san me ha contado que por poco y te arrestan por armar un lio en un bar, dijo que tuvo que mandar llamar a Haruno sensei para que te sacaran de ahí.
-Ah vaya, así que fue él el de la idea- dije molesto girando el vaso entre los dedos, recordé que poco antes de que ella llegara el ermitaño pasó por ahí y me pidió salir y yo me negué, curiosamente no insistió y se marchó desinteresado, o eso creí.
-Eres anbu, ¿cómo se te ocurre beber? Si hasta en un civil es malo, ¿acaso no has escuchado mi famoso lema al respecto? y… ¡Hey, hey, que te hablo!- salí del lugar y Gai pronto me dio alcance -¿Ves? De esta clase de actitud es a la que me refiero cuando dices que te sermoneo- Gai suspiró y me dio un par de palmadas -; no creo que debas molestarte con Jiraiya san, fue algo inteligente si me lo preguntas, Sakura san es la única que podría contigo cuando te pones así de pesado. Es una buena mujer, deberías evitar darle problemas.
-¿Cómo está?
-¿Qué? ¿Me preguntas eso? ¿Qué no tienes tus propios métodos para saber que está bien o mal?
-Los tengo- murmuré pateando una piedra -, pero hace tiempo que no sé de ella.
-¿Ni siquiera de tu maestra? De verdad que estas mal. Sakura san está bien, la he visto apenas ayer, lucía mejor que nunca, se veía contenta hasta que le hablé de ti.
-¿De mí? ¿Qué te dijo?
-Nada, pero parece estar algo preocupada, solo me pidió que te cuidara y que le dijera si te veía por ahí. Deberías ir a verla, se ve que se angustia por ti.
-¿Por qué, te dijo algo?
-Que no (pones siquiera atención a los demás cuando hablan), pero no hace falta. Es una buena mujer y te quiere, deberías evitar darle problemas, ¿qué es eso de que tenga que ir por ti a un lugar de mala fortuna y mala muerte como un bar en plena media noche? Debería darte vergüenza.
Suspiré incomodo, me esperaba una larga tarde con Gai y sus sermones motivadores de buen amigo y consejero. -¿Estará preocupada? No me ha contestado, pero si Gai lo dice es que debe ser cierto, es exagerado, pero no mentiroso.
Al final logró remorderme una vez más la conciencia y cuando bajaba el sol (y gracias a Dios se fue Gai) me pensé en la posibilidad de escribirle una nueva carta al recordar cómo ella había escrito un par de cartas sin ni siquiera esperar respuesta mía, quizá se merecía que me esforzara un poco. Pasaron un par de días y después de pensármelo mucho a regañadientes hice lo que tanto deseaba (luchaba por no hacer), le escribí otra carta.
Haruno sensei:
Hace tiempo que he mandado la carta anterior, pensé que estaría bien mandarle una después de estas cuatro semanas.
Gai me dijo que la vio y que estaba bien, me alegré. Desde entonces no he sabido más de usted, pero supongo que está mejor, incluso de regreso en su trabajo.
Nunca me dijo si las violetas que le mande a su casa eran sus favoritas, creeré que es así y daré por terminado el asunto de las flores.
Por mí parte no tengo mucho de que quejarme, no ha pasado gran cosa en estos meses, simplemente lo normal. Estoy bien.
P.D.: He perdido el gorro azul sin darme cuenta, discúlpeme.
Atentamente: Hatake Kakashi.
Algunos días pasaron sin novedades de mi mentora, hasta ese que recibí por fin una pequeña respuesta de su parte. No quise prestar mucha atención a esa dulce alegría que me invadió al ver el sobre en el buzón, con su letra extraña, casi ilegible y larga.
Kakashi kun:
Tiene tiempo que recibí tu primera carta y hace unos días la segunda, supuse con eso que podría, o, mejor dicho, tenía que contestarte. Ha sido agradable leerte, te lo agradezco.
He regresado al hospital, no hace ni el mes pero todo está como antes, realmente ni parece que haya pasado todo ese tiempo desde que enfermé. Para el personal (y para mi) no ha sido la gran cosa mi regreso y aun no puedo retomar el ritmo de trabajo que llevaba antes del incidente, aunque no creo que se me complique mucho, seguro que en unos meses vuelvo a ser la de antes.
No te preocupes por lo del gorro, la verdad que estaba algo feo (no tenía mucha práctica), pero si tanto te ha afectado bien puedo hacerte uno nuevo, si es lo que quieres, por supuesto. Tus flores llegaron (eran lindas), y no, las violetas no son mis favoritas, no es necesario que sigas con eso, ya no importa, puedes dejarlo así si quieres.
Atentamente: Sakura Haruno.
La leí rápidamente y antes de lo que imaginé ya había terminado. Aquella sensación ansiosa y contenta que me dio ver la carta se fue. Su pequeña carta no era lo que esperaba, no era como las anteriores, no dejaba ese sentimiento agradable y confortable. Había algo en sus palabras, incluso en la forma de sus letras que no me dejó del todo feliz, todo parecía muy normal y formal, pero también un poco distinto de lo que solía ser ella a través de sus letras. A pesar de eso estaba contento de que me redactara algo.
Durante semanas fue suficiente releer sus palabras una y otra vez para aliviar su ausencia, aunque no fuese la mejor de sus cartas, pero era nuestro primer contacto desde mi confesión y no era tan malo como imaginaba.
En el trabajo todo era como siempre, las misiones de siempre y el cansancio de siempre, peligros minuto a minuto que me llevaban a sobrellevar los días; el problema eran los días libres, no tenía mucho por hacer en casa, eran aburridos y el tiempo parecía andar más lento que nunca, hasta el sol apenas y aparecía por las ventanas. En realidad el reciente viento primaveral era lo único agradable que podía sentir en mi hogar.
-Pronto será primavera… su cumpleaños.- era el mes, lo rememoré, faltaban pocos días para su cumpleaños.
Tarareando los dedos contra la madera fue como decidí que estaba bien seguir con el asunto de las cartas, había una buena razón para hacerlo, y el pretexto que tanto buscaba ahí estaba, la ocasión perfecta para comunicarme con ella después de tanto tiempo. Como siempre me pasaba pase varios minutos frente al papel, sin saber que decir, sin atreverme a decir lo que tanto deseaba.
Haruno sensei:
Hoy he recordado que dentro de poco será su cumpleaños y pensé que tal vez debía buscar la manera de tener contacto con usted.
Me parece algo curioso darme cuenta que desde hace un par de años que no le he felicitado apropiadamente, pasaron poco más de cuatro años de que no lo hacía desde que Obito y Rin murieron. Creo que la última vez fue en el hospital durante su recuperación, Esa última vez dijo que no perdonaría si volvía a ser tan descuidado y me parece que dije que intentaría no olvidarlo, no lo he cumplido hasta hoy.
Me he adelantado un poco este año con la carta porque probablemente no pueda estar ese día, ANBU es muy estricto con sus horarios, y bien, espero y al menos la carta esté puntual. También le enviaré algo, al menos un par de flores, ¿qué tal azucenas?
Pausé, la carta no era tan buena pero no se me ocurría otra cosa para no quedar en vergüenza. Deseaba hacerle una que otra pregunta y apretando el bolígrafo con fuerza tomé valor.
Sensei, si soy sincero he pensado mucho en lo que le dije aquella noche ¿Lo recuerda? Tal vez piense que lo he olvidado, pero han sido pocas cosas las que olvido cuando se trata de usted. Todo lo que le dije es verdad, y, aunque me duela mucho estar cerca de usted, lo cierto es que este tiempo lejos no ha sido de lo más sencillo. La extraño, la extraño tanto que deseo ir a verla y decirle que mantenerla lejos no ha funcionado en nada para mí, sigo… sigo sintiendo esto por usted.
Sensei ¿es usted feliz? Si lo es entonces sabré que todo esto al menos ha valido la pena y que tal vez es mejor seguir así, aunque yo no sea precisamente feliz (quizá con el tiempo lo logre), pero sensei ¿Usted es feliz?
Atentamente: Kakashi Hatake.
Paré y observé largamente el texto, las letras eran apretadas y largas, las escribí rápidamente y sin pensarlo mucho, sólo redactando el deseo guardado que tenía desde aquella primera carta que le escribí, esa duda que me quemaba y que no tenía el valor suficiente para decírsela de frente, la que me daba vergüenza y miedo. Tomé el papel y lo estruje y lancé al suelo, inicié otra omitiendo los últimos párrafos y anexando solo una frase más para felicitarla y preguntarle de su trabajo.
Le envíe la carta y arreglé lo necesario para las flores, no pude estar ese día, aunque realmente de tener la oportunidad probablemente no la vería. Pasaron días después de su cumpleaños y no había noticias de ella.
Es un poco curioso que un día antes de verla en persona me llegara su respuesta. Fue una noche como cualquier otra, desperté cuando era muy tarde, casi de madrugada, el viento movía las ramas de los árboles y chillaba entre sus hojas. Hacía frio y la llovizna bañaba los tejados de las casas.
Desperté por el ruido insistente del repicar en la puerta, alguien tocaba con ahínco persistentemente. En un dos por tres abrí la puerta para atender, resultó ser ella, era Haruno sensei, el sonido inquietante y desesperado venía de sus pequeños puños tocando en mi puerta a deshoras en medio del frio y las ligeras gotas de agua.
Finalmente la veía después de todo ese tiempo, mucho después de aquella distante noche que la dejé sola en la banca del parque con el sonido de mi confesión aun temblando en el aire, el corazón me latió fuerte y me estremecí por el frio y la sorpresa de verla ahí. Ella también temblaba, su pequeño cuerpo blanco titiritaba bajo el frio y el agua.
-¿Es-Estás aquí? Oh Dios, gra-gracias… ¿Estás aquí? Te-temía que no… que no estuvieras- dijo temblorosa abrazándose a sí misma, luchaba por no sollozar, era evidente en su voz quebrada y en sus ojos acuosos. Verla así me apretó el corazón, tenía tiempo sin mirarla, encontrarla a media noche llamando a mi puerta de esa forma, no era lo que me esperaba, algo pasaba, algo delicado.
-Sensei…- susurré apenas pude. Ella siguió temblando, sus cabellos rosas y largos se le pegaba en el rostro, en los hombros, en la espalda y la ropa, el viento frio sacudía todo, aun a ella, era evidente que la llovizna arreciaría pronto -. ¿Qué es lo que…?
-Kakashi kun… ne-necesito tu ayuda- me interrumpió rápida -, ti-tienes que ayudarme, ve por él… po-por favor- la voz le tembló un poco y pude ver que sus labios se movían de arriba abajo no solo por el frio, sino por la angustia -; se-sé que no quieres que te vea en un tiempo- y bajó la mirada apenada –pe-pero, no tuve a nadie a quien recurrir, de verdad que no tengo a nadie…
Me tomó suplicante de la ropa con fuerza y desesperación pero un instante después me soltó y se echó para atrás nerviosa, sus manos temblorosas no podían estar quietas e iban y venían de sus ropas a sus cabellos y mejillas. No solo se le veía desesperada y angustiada, sino incomoda, confundida y nerviosa. Tiempo después me lo confesó.
"Tus palabras, tu forma de decirlas, el dolor y la desesperación y frustración en tus ojos me afectaron mucho. Traté de seguir tu petición, esa de mantenerme lejos, pero trataba de engañarme pensando que solo significaban… que no era por algo más que el dolor de los malos recuerdos con Obito o Rin (lo cual ya era muy difícil para mí), pero creo que dentro de mí siempre supe que había algo más, me engañé por mucho tiempo y lo evadí, no fue hasta ese día que me besaste con ese arrebato y desvergüenza (sin importarte ni un poco que aún estaba casada) que no me quedó de otra más que aceptarlo y pensármelo más."
"La noche de lo mi padre pensé mucho en ir por ti, la angustia de no saber de papá era mucha, pero no sabía que dirías al pedirte que lo regresaras. No solo por su mala relación, también porque no quería enfrentarte, no era lo mismo que redactarte una carta corta y desapegada, te vería después de que me dijiste que te dejara en paz, tuve miedo de tu rechazo, de molestarte, tuve vergüenza; sí, vergüenza porque era gracioso y un tanto estúpido darme cuenta de que, una vez más, no sabía cómo ir contigo, como hablarte, como tratarte ni cómo comportarme ante ti… pero necesitaba ayuda y solo te tenía a ti."
-Sasuke se ha marchado desde ha-hace semanas, no está, no te-tenía a nadie más a quien pedírselo-. Entonces aprecié su delicada silueta, el tiempo de embarazo ya se apreciaba en su vientre que apenas iniciaba a abultarse, lo cubrió con ternura y sus ojos volvieron a temblar- Yo… yo…no puedo ir a buscarlo y… pensé, pensé en ti.
Recordé su carta, apenas antes de dormir había vuelto a leerla dejándome con esa sensación triste y confusa.
Kakashi kun:
Gracias por recordar mi cumpleaños. Ha sido una gran y bella sorpresa. He estado muy ocupada, pero esta vez no es el hospital lo que me acapara la atención a pesar de que no he podido retomar mi ritmo de trabajo, pero no me importa, además dudo que lo logre hasta dentro de un par de meses, normalmente eso me frustraría, pero ya no.
Te ha de parecer un poco extraño pero pronto me darás la razón. Creo que yo tampoco tendría mucho por contarte, pero lo cierto es que apenas unas pocas semanas que me he enterado de una maravillosa noticia que he deseado decirte cuanto antes, pero que hasta hoy me he atrevido debido a tu detalle de cumpleaños y la gran desazón que tenía de decírselo a alguien más (casi no le he dicho a nadie): estoy embarazada.
Ni aún me parece del todo cierto pero es verdad. Estoy muy contenta y deseo que todo vaya bien, tengo que guardar ciertos cuidados y creo que volveré a perder el hilo del hospital, pero no me importa mucho, tener un hijo siempre requiere sacrificios.
Dicen que no hay nada más grande que tener un hijo, también que uno de los amores más grandes que pueden sentirse es el que se le tiene a un hijo, hasta hoy es que he creído debe ser verdad.
Sabes Kakashi kun, no he querido extenderme mucho, has de tener cosas más importantes que leer una carta tonta y sentimental de tu maestra, he tratado de mantener mi distancia y esperar por ti, pero tu carta me ha hecho no poder evitarlo, no he podido resistirlo. Tus cartas han venido a darme un pequeño respiro al saber de ti. Me alegra mucho que cuides de ti.
P.D.: A diferencia de lo que es tu costumbre las azucenas llegaron a tiempo para mi cumpleaños, no me gustan mucho, pero fue un lindo regalo, muchas gracias.
Atentamente: Haruno Sakura.
Mi maestra apenas y podía hablar, pero seguía insistiendo tratando de argumentar su visita -. No he querido molestarte a estas horas, la verdad que no, y sé que no… no debería es-estar aquí y… no de-debería pedírtelo, pero no tengo a nadie, por favor, ayúdame…- me tomó del brazo suplicante, dolor y angustia se veían en sus ojos verdes- Po-por favor- murmuró preocupada y me soltó con brusquedad.
-Sí- asentí y pareció intentar sonreír pero solo se limpió el agua que le escurría por el rostro con aquel largo camisón que se le pegaba al cuerpo por la lluvia y el viento -¿Quién es?
-Es… es mi padre- dijo dudosa, removiéndose como si temiera que al escuchar decir esas palabras fuera a retractarme-; s-sé que él n-no es muy… pero… es m-mi padre, tráemelo por favor.
-Sí sensei-y la tomé del brazo, la sentí negarse pero la invite a entrar, tenía miedo que enfermara -Pase, hace frio.
-Pero… no… no es necesario y…
-Necesita calentarse y tranquilizarse, está temblando y empapada, no es bueno para usted.
-Es-está bien- ingresó, su pequeño y frágil cuerpo se estremecía, encendí fuego.
–Le traeré algo para que esté más cómoda.
-No, no, no hay tiempo- me dijo angustiada -, debes ir cuanto antes.
-Lo haré, pero no me gustaría dejarla así, podría enfermar- le traje una manta seca y se la ofrecí, la tomó dudosa -¿Dónde está?
-Salió rumbo al bosque.
-¿Por qué?
Su boca tembló y su voz volvió a quebrarse –ha ido de-detrás de e-ellos. Tres días hace que se es-esparció el rumor de que se ha descubierto a los que iniciaron los disturbios en la aldea el día del kyuubi.
-Lo sé.
-Cla-claro- dijo en una sonrisa triste y miró el piso cubriéndose con la sabana que le di -, desde que lo supe sospeché que papá estaría alterado, lo de mamá aun… aun no lo supera. Escaparon, se dice que por el bosque de la muerte, siguen ahí y no han dado con ellos. Papá vino a casa hace horas, dijo que iría tras ellos, que fuera con él, me negué. Le pedí no ir, pero… no me hizo caso. –, su voz tembló, sus ojos también -Se fue. Está enfermo y en su condición no debería hacer ese tipo de cosas. Lo esperé en casa, incluso lo busqué en la de él. He estado esperándolo, pero no viene, y no puedo evitar… pensar…- pausó, se mordió los labios y respiró profundamente, unas pequeñas lagrimas se le escaparon –; no puedo seguir esperando, no puedo, tengo que ir a buscarlo, ayudarlo, pero mi condición… pero… ¿qué podría hacer yo? No puedo y…
-¿Cuánto hace que marchó?
-Cerca de cuatro horas- murmuró secándose una escurridiza lágrima.
Realicé los sellos, Pakkun y Urushi aparecieron.
-¿Sabes qué horas son? Los perros también dormimos- dijo el perro en un bostezo –Hey, la sensei, ¿cómo has estado sensei?
-Tenemos trabajo de rastreo, debemos encontrar y regresar a alguien, tiene cuatro horas de avance.
-Venga, que cara de pocos amigos Kakashi y que mala educación, ni porque es tan tarde; bien, no creo volver a dormir en varias horas. ¿Cuántos son?
-Uno es el importante, puede que haya más, enemigos.
-Sí, sí, quien es el pez al que hay que salvar.
-El padre de Haruno sensei.
-¿Haruno san?- el rostro confundido de mis perros hizo que ella desviara la vista avergonzada –Bien, qué más da quien sea. Ya va.
-He traído algo de papá. Espero y sirva- se acercó y mis perros olfatearon.
La observé, seguía temblando aun con su rostro triste y angustiado, entonces noté algo extraño en su mejilla izquierda, la huella de un golpe -¿qué tiene en la mejilla?
Ella pareció despertar y se tocó el golpe sorprendida –nada. He salido tan rápido que me he dado un golpe al salir- dijo rápido y se cubrió -, n-no es nada.
No reparé en eso y tomé lo indispensable –Haruno sensei, espere aquí.
-¿En tu casa? Pe-pero…
-No salga, el tiempo se pondrá peor y puede que le haga daño. Descanse, vuelvo cuanto antes.
-Kakashi kun- dijo ella deteniéndome en la puerta. –Es mi padre, por favor… devuélvelo a salvo- apretó las manos y me miró suplicante, casi como si fuera a negarme - Perdona, pero… no tenía a quien recurrir-, entonces ella me tomó del brazo por un instante y me soltó igual de veloz. –Tráelo de vuelta, por favor.
-Hum…- asentí.
Apenas asentí las lágrimas se le desbordaron y se cubrió el rostro –Gracias… muchas gracias- y giró dándome la espalda -. Se cuidadoso, por favor.
-Sí-. Mis perros y yo salimos escuchando sus débiles sollozos que parecía trataba de disminuir y eliminar. -Urushi, te quedaras aquí, cuida de Haruno sensei. No dejes que se dé cuenta de que te he dejado cuidándola, puede que se moleste. Infórmame si hay que hacerlo.
-Sí, sí- contestó el perro y montó guardia. Pakkun y yo emprendimos la búsqueda.
-¿Viste su mejilla Kakashi? No creo que fuera nada.
"Dicen que no hay nada más grande que tener un hijo, también que uno de los amores más grandes que pueden sentirse es el que se le tiene a un hijo, hasta hoy es que he creído que debe ser verdad." Apuñé las manos al recordar ese par de renglones en su carta –andando.
-Bien- gruñó el perro.
Pronto llegamos al bosque el viento chillaba y la llovizna caía con menos delicadeza que antes. -Sensei… ¿es feliz?- Apuñé las manos con rabia, apenas un par de horas que me preguntaba si lo mejor era mantenerme al margen y creer que ella era feliz (parecía serlo en entusiasta carta), y ahora corría en búsqueda de su padre dejándola temblando y sollozando en mi casa.
Tardé en hallarlos pero no fue difícil, se encontraban al este, cerca de la colina. Había dos o tres muertos, el padre de Haruno sensei seguía con vida pero yacía en el lodo siendo pateado por dos ninjas malheridos. Antes de siquiera notarme ya les había eliminado.
-¿Quién, quien ha venido? - dijo despacio girando lentamente, tosiendo un poco de sangre y tomándose del brazo herido, una larga cortada le nacía desde el codo hasta el hombro. Lo ayudé a sentarse. –Has venido a tiempo joven, por poco y me matan estos desgraciados y no tengo una pisca de chacra para sanarme- tosió nuevamente y la sangre bañó sus manos.-Eres bueno, no cualquiera daría con nosotros, ¿ANBU te envió por mí?
-No, Haruno sensei.
-¿Sakura? ¿Haruno sensei? - el hombre abrió los ojos y me apartó con brusquedad -¿Hatake?
-Sí- bajé la capucha de mi capa, ya sin importarme que me descubriera.
El gesto de desagrado en su rostro era el de siempre, un ataque de tos le invadió, trató de incorporarse pero el lodo y la tos no le ayudaban.
-Vete, lárgate.- ni siquiera podía hablar cuando tomó el bastón y se levantó. –Ha mandado al Hatake- dijo entre espasmos -, le he dicho que si no ayudaba que no me estorbara y me mando a Hatake como ayuda ¿qué pasa con ella?
Observé a los muertos, eran todos los que habían escapado, estarían complacidos en el cuartel. No podía decir lo mismo de mi maestra, que su padre se veía en pésimas condiciones, seguramente se asustaría, debía llevarlo cuanto antes.
-Regresemos a la aldea- murmuré ignorando sus molestas quejas.
-Le pedí venir conmigo pero ni eso pudo hacer, no quiso vengar a su madre-; apuñó el bastón con rabia –. Trató de evitar que yo lo hiciera. Le pedí que no estorbara y ha mandado al hijo del traidor - dijo burlón, ignorándome, Pakkun gruñó inconforme.
-Será bueno ir por aquí, está más despejado- afortunadamente la llovizna seguía ligera a pesar del fuerte ventarrón. El hombre caminó y tropezó, por reflejo le ayude, aquello le molestó tanto que me dio con el bastón en la cara. Dolió a pesar de la máscara.
-Lárgate, ¿no has entendido? - Pakkun se le echó encima mordiéndole el bastón y haciendo que cayera de nuevo en el lodo -; maldito perro.
-Déjalo- ordené, Pakkun obedeció instantáneamente y chilló atemorizado. -Vendrá conmigo y guardará silencio-, esta vez no lo pedí, lo ordené. Pakkun chilló una vez más ante mi voz, metiendo la cola entre las patas, bajando el rostro y apartándose de mí.
-¿Vienes a mandarme? Tu… ¿Tú? Eres una vergüenza, toda tu familia, tu padre era el peor ninja que he conocido ¡Y tienes la osadía de ordenarme algo!- gruñó y trató de golpearme pero esta vez tomé el bastón con fuerza.
–Está muy acostumbrado a usar esto ¿verdad?- recordé el golpe en la mejilla de mi sensei, el bastón crujió y se rompió. El viejo cayó en el lodo una vez más, un grito agudo se le escapó al dar con una piedra cerca de la cabeza. -; seguro que lo ha usado con ella también.
Miedo, miedo había en los ojos del padre de mi maestra al verme acercarme a él con intenciones malsanas.
-Kakashi- Pakkun se interpuso, chillando asustado pero mirándome suplicante -, es su padre.
-Lo sé…- Ahora entendía lo que se leía entre líneas en su carta.
"Dicen que no hay nada más grande que tener un hijo, también que uno de los amores más grandes que pueden sentirse es el que se le tiene a un hijo, hasta hoy es que he creído que debe ser verdad."
Apuñé las manos con rabia, mis huesos crujieron y rechiné los dientes, Pakkun tembló y chilló una vez más, pero no se apartó. -Sakura sensei lo espera, le dijiste… le prometiste que se lo devolverías.
-Sí- murmuré y di un profundo suspiro, debía tranquilizarme y salir de ahí cuanto antes, sino tal vez no cumpliría mi promesa, pero el anciano hacia todo más difícil. –Haruno san, vendrá y…
-Te he dicho que no iré contigo. Juré no entrar jamás a la aldea acompañado de otro Hatake; regresar contigo, ¿qué honor habrá en eso?
-¿Honor?- escupí furioso y sarcástico -¿Lo tiene usted?
-¡Y lo dices tú!- gritó enojado -¡Tu padre fue un cobarde! Me hizo vivir todo este tiempo en la deshonra y la humillación. Sakumo era un maldito cobarde.
Me saqué la máscara de porcelana hacia atrás y tomé mi espada, el viento y la llovizna la hicieron brillar, Pakkun ladró algo que ni siquiera escuché, el hombre tembló un poco al ver el arma y el enojo en mis ojos impares. Sus ojos reflejaron miedo, pero no pudo siquiera moverse un milímetro. Tiré el arma al suelo, clavándola a pocos centímetros de Haruno san.
-¿Quiere tener honor? Tómela y mátese, seguro que así recuperará el que mi padre le quitó.- Haruno san abrió los ojos con sorpresa y me observó desde abajo, la espada esperaba a poco de él. Pakkun se hizo a un lado cuando se lo ordené y dio la espalda, temblaba y chillaba, pero sabía que no debía interferir. –Sí tanto le afecta vivir en deshonor, entonces restablézcalo de una vez por todas.
Haruno san se tomó de la empuñadura levantándose, tomó el arma con fuerza mirándola detenidamente. El filo de la hoja brillaba, era perfecto y solo esperaba por él. Agitó la espada y la llevó a su estómago, pero se detuvo justo antes de llegar a rozarle la ropa y la arrojó al suelo con desprecio y cobardía. Temblaba y respiraba profundamente, tal vez incluso lloraba de pena, coraje y dolor.
-Hum… sabía que no podría hacerlo-. Dije despacio yendo a tomarla y la guardé -, quizá mi padre era cobarde, pero al menos no tuvo miedo de hacerlo en su momento-. Haruno san tembló de rabia, enterrando las uñas sucias en el brazo herido. –Ha vivido toda su vida quejándose de eso y del poco honor con el que vive, haciendo infeliz a las únicas dos personas que agradecieron a mi padre que usted volviera con vida, su esposa murió infeliz por su amargura, su hija ahora vive infeliz por eso también.
-¿Cómo te atreves a hablarme así?
-Porque me viene en gana y tengo razón ¿no es así?
-¿Crees que tú, un maldito bastardo, tiene derecho a decirme eso?
-Sí, lo tengo. Tengo el derecho que me da haberlo sálvalo y perdonarle la vida a pesar de que es un desgraciado.
-¿Perdonarme?
-Sí, porque he podido matarlo hoy, pero ella ha ido a mi casa a pedirme que regrese a su padre, prometí hacerlo.
-¿Por Sakura? ¿Por qué eres un alumno honorable que respeta a su maestra? - acotó burlón –¿Por eso has venido? Mejor me hubiera sido morir por estos dos, al menos eso sería mejor que deber la vida a otro Hatake.
Reí –Viene a ser muy divertido ahora que lo pienso, ser rescatado dos veces por un Hatake.
El hombre se estremeció y apretó los dientes con ira y rencor –No volveré a la aldea. Mátame y solo así me llevaras contigo.
-Quisiera, pero no lo haré, no hoy. Prometí regresarlo a la única persona que todavía lo quiere y espera: su hija.
-Sakura- espetó con desprecio -, si regreso apenas llegue y sabrá que no debió…- eliminé distancia y de un segundo a otro lo tomaba de la ropa, cerca del cuello. Sus palabras, su tono altanero y amenazador me molestó, Pakkun chilló, pero esta vez no se interpuso.
-Escuche y escuche bien porque solo lo diré una vez, no volverá a tocarla, nunca más. No volverá siquiera a hacerla llorar, a despreciarla, humillarla, menospreciarla y preocuparla. Volverá con ella y agradecerá tenerla con usted.
-¿Y qué harás si no? ¿Matarme?
-Sí- contesté sin dudarlo, lo miré enojado, directo a los ojos -; lo mataré, y pasará lo que mi padre trató de evitar- y lo arrojé contra el lodo.
-¿Entonces por qué no lo haces de una vez?
-Porque lo espera y prometí llevarlo. Nunca pensé que haría algo igual que mi padre, pero lo estoy haciendo, le daré una oportunidad más de estar con ella y hacerla feliz.
-¿Por qué?
-Porque soy capaz de hacer muchas cosas solo porque Haruno sensei lo pide.
-Tanto aprecio…- y rio -¿La quieres?- cuestionó divertido y sarcástico – Lo entiendo ya, la quieres y seguro crees que llevándome como un héroe ella va a quererte. Que tonto y desagradable eres.
-Me importa una mierda lo que usted crea.
-Vienes aquí Hatake, a salvarme para después amenazarme de muerte, no hay coherencia en lo que haces. Tal vez hoy te ganes su aprecio al salvarme, pero si me matas ¿crees que ella va a quererte después de saber que has matado a su padre?
Sonreí y me agache frente a él – ¿cree que soy así de estúpido?- acaté burlón -. Ahora sé porque estuvo tan poco en ANBU- eso le mordió el orgullo, que era lo que más le dolía -. A pesar de eso, supongo que sabe que aprendemos mucho, ¿cree que no podría matarlo con mis propias manos y arreglar todo para que nadie siquiera sospechara?- mi sharingan giró y le regalé una breve escena que lo atormentaría por largo tiempo -. Lo he hecho muchas veces, muchas, a veces con personas que ni siquiera se lo merecían- la respiración entre cortada del hombre era ruidosa, solo fue un instante que lo atormenté, pero le afectó mucho -¿Quétan difícil debe ser hacerlo con alguien que si se lo merece como un maldito viejo amargado como usted?
Me lanzó un golpe y lo atrapé, cerré mi mano sobre la suya y sus huesos crujieron.
–Viene a ser de las cosas más fáciles para mí, porque si en algo tiene razón es en que soy un maldito bastardo, uno que cumple sus promesas, y así como le prometí a ella que lo llevaría, así también le cumpliré a usted si le digo que lo mataré si al menos la hace llorar una vez más. Porque para mí, desde mi lado de las cosas, viene a ser mejor verla que sufra por la muerte de un padre tan malnacido como usted, que seguir viéndola esforzándose por agradarle y hacerlo feliz y solo conseguir sus desprecios, humillaciones y golpes.
Abrió los ojos con sorpresa ante lo último –Fue un accidente, trataba de detenerme y se interpuso. Nunca antes lo hice.
-¿Y eso disminuye su culpa? Es un malnacido que la ha golpeado a pesar de que está embarazada.
-¿Embarazada?- titubeó y bajó el rostro descolocado –N-no sabía… no me dijo… por eso no vino y…- el hombre dejó de luchar y solté su mano, que sin fuerza fue a caer a su costado.
-¿Y eso debe aminorar su culpa? Si vuelve a hacerlo lo mataré, lo haré sin duda.- y esta vez él no dijo nada, eché a andar -. Regresaremos a Konoha-. Dije más tranquilo, Pakkun y él solamente me siguieron-. Tiene mucha suerte de que ella sea su hija- susurré, fue lo último que le dije.
Cuando llegamos faltaba poco para que amaneciera. Ella seguía en casa, ya no temblaba y al vernos llegar su cara se iluminó y corrió a recibirnos dejando caer la manta que le había prestado. Tocó a su padre y le sonrió, unas cuantas lágrimas le corrían y empezó a revisarle y sanarle la herida. Se le veía un poco menos preocupada y aquello me alivió y bajó un poco el malhumor.
-Sakura, hija…
-Papá, regresemos a casa. Estoy cansada y tú también necesitas descansar.
-Bien. Hace frio, deberías cubrirte.
-Sí- tomó la manta y se envolvió en ella, su padre se encaminó a la salida, supongo que deseaba no poner jamás un pie en mi hogar, antes de salir me miró y yo le sostuve la mirada, sabía que leía mi amenaza pintada una vez más en mis ojos.
Nunca más supe algo desagradable de su trato hacia ella, ni a través de Haruno sensei ni nadie más. A partir de ahí se comportó mejor, cada vez más tranquilo, tal vez por mi amenaza, o puede ser que por él mismo y por su hija, quisiera pensar que así fue.
-Kakashi kun- ella se paró a un costado, se veía más pequeña envuelta en la manta. Me sonrió débilmente y trató de tocarme, pero se alejó rápidamente, nerviosa. Entonces yo le sonreí y tomé del brazo, pareció sorprenderle y mirándome tranquila me sonrió y se acercó dándome un ligero abrazo que solo duro un segundo -. Muchas gracias. Cuídate como hasta hoy, lo haces bien, estás vivo después de todo- bromeó, asentí con una breve sonrisa y salió.
La vi salir, la manta iba y venía por el viento y pronto se unió a su padre, brindándole su apoyo y hablando. Fue cuando pensé que tal vez si era feliz, o pronto lo sería. Su embarazo no me daba mucha dicha por mí, pero si por ella. Desee, realmente desee que fuera feliz, y de alguna manera prometí que por mi parte no me opondría o interpondría, y si era necesario intervenir una vez más para intentar preservar su felicidad lo haría.
Me sentí un poco contento de que al menos esa vez hice algo más que solo preocuparla o dejarla sin palabras. Había logrado quitarle un pesar y darle una alegría a pesar de lo difícil que era tratar con su padre y no darle su merecido. Ella lo valía.
-Podría hacer muchas cosas por usted.
Tal vez lo mejor era que las cosas siguieran como hasta hoy entre ella y yo, si eso funcionaba y al menos ella era feliz, por el momento con eso era suficiente, además, tal vez, con el tiempo yo también lo sería. Intentaría preservar su felicidad.
Sin embargo esa felicidad fue efímera, y cuando lo noté creí que sólo mantenerme al margen no era suficiente, tal vez debía hacer mucho más que solo verla, protegerla y desear su dicha en manos de otros; pensé que debía buscarla y brindársela con mis propias manos, quizá debía luchar por ser yo quien la hiciera feliz.
Intentaría luchar por ella, por su felicidad, y por la mía también.
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Saludos desde Sinaloa, México.
Hola:
Aquí les dejo otro cap mas de este dramón que es Haruno sensei. Espero les gustara, abajo en la nota esclarezco que cuando inicie la historia el padre de Sakura (del anime porque en el manga no salen) no era nada como este, pero en fin, también apenas empezaba Sarada y eso, pero tomen en cuenta eso al leerlo, al fin y al cabos es un fic.
Dios los bendiga.
Cristo vive
Nota original:
Hola, ¿cómo están?
Aquí con un capítulo más de esta historia. Pues bien, este episodio es la antesala a la entrada de Kakashi en plan de conquista jajaja, aún nos falta un capítulo más que cierre totalmente esa intención, pero ya merito, ya merito, no se me desesperen…
El capítulo inicia con una escena de acción y persecución, sinceramente creo que no se me dan muy bien, de ahí que casi no las pongo, no sé, me parece que son siempre las mismas, jajaja xD, pero lo anexé en honor a Lexia Hatake, que me dijo que le encantaría ver algo como eso y bueno, es verdad que siendo anbu se enfrentaba mucho a ese tipo de cosas. En fin, espero que no quedara tan mal y fuera de lugar en el desarrollo de la historia.
El padre de Sakura es un hígado horroroso, pero Sakura lo quiere mucho, ¿por qué? Pues porque es su padre, y uno a veces no ve más allá de eso, por cierto, que su padre (el que sale en la peli) no lo conocía cuando inicié el fic, pero no es para nada parecido (ni en físico ni en personalidad) a este personaje –que bueno, jajaja-.
La mujer está embarazada, desde que idee la historia tenía pensado esta parte, me pareció curioso que ya casi para que entrara saliera eso de Sarada y bueno… casualidades, jajaja; en fin, no pienso moverle las cosas al fic por lo que suceda en el mundo de Naruto, si acaso solo pequeño guiños, pero nada relevante. Saludos y Dios lo cuide.
Hasta pronto.
