Pertenencia
Los días pasaron y Emma se aclimataba, poco a poco, con su hija en su nuevo refugio. Ahora, solo faltaba una decoración más detallada, pero lo grueso estaba ya: tenía todos sus muebles, desde la cocina al salón, pasando por su habitación y sobre todo la de su hija. La adaptación de esta fue ideal, aunque las dos primeras noches fueron agitadas. Hoy en día, la pequeña había encontrado su sitio y sus juguetes diseminados por todos lados lo demostraba.
Emma recordaba el momento en que le había anunciado a sus padres que había encontrado su hogar. Evidentemente se sorprendieron de que fuera justo a unos metros de la casa de Regina y, por lo visto, el malestar se instaló mucho más en Snow que en David. Les había prometido a sus padres que haría una inauguración con sus amigos y familia en cuanto todo estuviera en su sitio. Y ese momento había llegado. Por supuesto invitó a sus padres, a Henry y su familia, a Regina, a Granny, a Dorothy y Ruby y algunos otros habitantes que habían jugado un papel más o menos importante en su mudanza.
Cuando estaba en la comisaría, inscribiendo a los nuevos detenidos, David apareció allí con una gran caja de cartón bajo los brazos, la dejó sobre su mesa para sorpresa de su hija.
‒ Wow, ¿qué es eso?
‒ Para esta noche. Tu madre ha insistido
‒ Valeee, tengo miedo‒ Emma se levantó y abrió la caja viendo en su interior guirlandas, globos y otras cosas de decoración ‒ ¿Quiere que ponga todo esto?
‒ Ni idea, me lo imagino. Me ha dicho que te lo diera…
‒ Y, evidentemente, si aparece por allí esta noche y ve que no he puesto nada, se ofenderá y pondrá esa cara que pone cuando está contrariada
‒ ¿Qué cara?
‒ Ya sabes…Esa cara‒ dijo ella poniendo morro enfurruñado y ceño fruncido. David estalló en una carcajada.
‒ Ah, sí, reconozco bien a tu madre. Entonces, ¿a qué hora le has dicho a todo el mundo?
‒ Oh, euh…A las siete. Pero si quiero colgar algo de decoración, tengo que salir un poco antes del trabajo
‒ ¡No te preocupes, te cubriré ante la jefa!
‒ ¡Genial!
Entonces entró Mulán y saludó a sus compañeros sonriendo. Y aunque la bella asiática no se dio cuenta de nada, David vio el cambio de expresión de su hija. Él frunció el ceño antes de girarse hacia Mulán.
‒ Tenemos que hacer horas extra esta tarde, Emma tiene que salir antes para preparar la fiesta
Emma se crispó y miró a Mulán, casi aterrorizada.
‒ Oh, ¿tenéis una fiesta?
David comprendió, pero demasiado tarde, su metedura de pata.
‒ Ah, euh…‒ se giró avergonzado hacia su hija moviendo los labios en un "Lo siento" antes de que esta tomara la palabra.
‒ Euh, sí, no he tenido tiempo de avisarte, pero… ¿Estás libre esta noche?
‒ ¿Yo? Oh, euh…‒ pero Mulán no era tan estúpida ‒ ¿Sabes? No estás obligada a invitarme si no lo deseas‒ sonrió ella ‒ Puedo entender que no quieras tener a todo el pueblo en tu casa…
‒ ¡No, no, te lo juro! ¡Es más, esto me hace pensar que también me he olvidado de Archie! ¿Entonces? ¿Vienes? No será algo enorme, solo un buffet, cerveza y música retro.
Mulán la miró antes de sonreír
‒ Bien, allí estaré, muy amable
‒ Bueno, voy a hacer la compra y después…‒ cogió la enorme caja ‒ ¡Voy a colocar todo esto!
‒ Espera, te ayudo hasta abajo…‒ propuso David, que la acompañó hasta su coche ‒ Emma, lo siento
‒ ¿Por qué?
‒ Por Mulán, pensaba de verdad que la habías invitado…
‒ Oh, bah, fue un olvido. Te lo he dicho, me he olvidado incluso de Archie. Por cierto, tengo que llamarlo
‒ Ok, pero… ¿No hay nada incómodo, eh?
‒ ¿Incómodo? ¿Qué? ¿Con Mulán?
‒ No sé, es que…
‒ ¿Por qué lo habría? No, te lo he dicho, solo un olvido. Bueno, tengo que irme. ¡Hasta esta tarde! ‒ después subió al coche y dejó a su padre en la acerca. Al volante, se maldijo por haber sido tan tonta: ¿había olvidado conscientemente a Mulán? ¿Por qué? Mulán era su colega, así como su amiga…
Ese pensamiento se esfumó tan rápido como había llegado pues Emma tenía mucho que hacer antes de la fiesta. En primer lugar, hizo la compra y optó por un buffet frío de ensaladas y crudités y una barbacoa para los carnívoros adeptos a lo caliente. Prefirió un gran surtido de helados antes que una tarta, después de todo, solo era una fiesta de inauguración, no un cumpleaños. Una vez el carrito lleno, volvió a su casa y maldijo a su madre por haber metido cada objeto de decoración, uno más anticuado que el otro: banderines, globos, guirnaldas, cotillón…Todo un despliegue. Genial.
Pero se divirtió: cuantos más globos ponía, más se implicaba en ello. Incluso pensó en conservar alguno para la habitación de Hope, aunque todo era en tonos azul, blanco y amarillo pálido. Cuando miró su reloj, ya era momento de irse a dar una ducha y preparar la barbacoa, así como el buffet. Sabía que su niñera llegaría con Hope dentro de una hora, así que tenía tiempo de respirar.
Y dentro de la ducha, pensó en todo lo que había pasado esos últimos días: su mudanza de la casa de Regina a su casa, de su sitio reencontrado en la comisaría…Sin embargo había un sitio que no encontraría, y que no deseaba reencontrar tan rápido…el de Salvadora. Pues implicaría que habría gente que salvar y por consiguiente un problema que resolver. Además, desde hacía más de un año, Storybrooke era una ciudad apacible donde los polis no hacían sino figurar. Había aquí y allí algunos hurtos en los reinos vecinos, pero nada que valiera la pena llamar explícitamente a la Salvadora. Y eso le venía muy bien. Después de años batallando, bien tenía el derecho de un momento de descanso. Pensaba que, finalmente, lo había encontrado casándose con Hook y teniendo a Hope. Pensaba, sinceramente que de verdad tocaba la felicidad con los dedos.
Pero como todo lo que creía adquirido, esa felicidad se le escapó…Y si tenía que ser honesta consigo misma, se le había escapado mucho antes de la funesta desaparición de su marido. Pero eso, nadie lo sabía, salvo dos personas…
Ya vestida, bajó al salón y echó una ojeada a su decoración: pensaba que era demasiado, pero ya podía imaginarse a su hija jugando con los globos. Entonces sonrió y abrió la cristalera que daba al pequeño jardín. Felizmente, su padre le había prestado su barbacoa y pretendía encenderla cuando el timbre de la entrada se escuchó. Cuando abrió, sus padres y Hope estaban allí.
‒ ¡Heyyyy!
‒ ¡Hey! Pero… ¿Hope?
‒ Tu niñera ha tenido un imprevisto, no puede venir esta noche. Queríamos traerla con nosotros, pero nos ha dicho que iba a llamarte para decirte que tenía que anularlo. De paso hemos aprovechado para recoger a Hope.
‒ Genial. ¡Hey, cucú, cariño! ‒ Emma cogió a su hija de los brazos de Snow ‒ Entrad, estaba a punto de preparar la barbacoa
‒ ¡Ah, super, yo lo hago! ‒ se entusiasmó David
‒ Euh, pero estaba a punto… ‒ comentó Emma
‒ Deja, tu padre se tiene por un experto en barbacoas‒ respondió Snow dando unos golpecitos en el hombro de la hija
‒ ¡Te he escuchado! ‒ gritó David desde el jardín donde ya estaba metido en fogones
‒ Hey, Neal, ¿todo bien, grandullón?
‒ Sí…
Al ver la expresión poco entusiasta de su hermano, Emma lanzó una mirada a su madre. Esta se encogió de hombros.
‒ Tiene miedo a aburrirse…Ya sabes, de ser el único niño
‒ Oh…‒ Emma se inclinó para estar a su altura ‒ Menos mal entonces que he pensado en invitar a algunos de tus amigos‒ dijo ella guiñando cómplice un ojo
‒ ¿De verdad? ‒ el rostro de Neal entonces se iluminó ‒ ¡Qué guay!
‒ No deberían tardar
‒ Eres la mejor hermana mayor de toda la tierra‒ dijo él mientras se unía a su padre corriendo animadamente
‒ De todas maneras, solo me tienes a mí…‒ se encogió de hombros Emma ‒ en fin, eso espero, ¿eh?
Snow rio
‒ No tenemos previsto tener otro…De momento
‒ Hey, tu reloj biológico no va a esperar eternamente…
‒ Lo sé y, para ser franca, tu padre y yo lo hemos pensado
‒ Está guay, ¿no?
‒ No lo sé. Así estamos felices: nuestra casa, nuestro hijo, nuestra hija, nuestros nietos e incluso bisnietos…Nuestra vida está completa.
‒ Bueno…No estáis obligados a tener otro… ‒ se encogió de hombros Emma ‒ Si así sois felices
‒ Lo sé ‒ sonrió Snow ‒ Nuestra familia es atípica
‒ Es lo menos que se puede decir
‒ Entonces, veo que has colocado los globos, ¿te gustan?
Emma no respondió sino con una sonrisa poniendo los ojos en blanco. Recogió a su hija que comenzaba ya a querer soltar los dichos globos.
‒ ¡Ven aquí, pequeño demonio!
‒ Bueno, ¿en qué puedo ayudarte?
‒ Ven, es por aquí
Los minutos pasaron, y una hora después comenzaron a llegar los primeros invitados. Granny había hecho un ponche de su autoría que, según ella, podía mantener despierto a cualquiera durante innumerables horas. Afirmación confirmada por Ruby, que llegó a continuación con Dorothy, algunos minutos más tarde.
Cuando la barbacoa estaba en su auge y el buffet estaba bien adelantado, Emma se dio cuenta de que Regina aún no había aparecido. Sin parar, miraba la puerta de entrada.
‒ Seguramente ha tenido un imprevisto
Emma se sobresaltó
‒ ¿Hein? ¿De qué hablas?
David reviró los ojos.
‒ Claro
‒ ¿Tú crees?
‒ ¿Qué?
‒ ¿Que solo ha tenido un imprevisto?
Ante la expresión desilusionada de su hija, David posó su mano en su hombro.
‒ No lo sé, pero como ella no vive en frente de ti. Ve a ver
‒ No, no. No deseo parecer intrusiva. Seguramente tienes razón, debe haber tenido un imprevisto de último momento.
Y en el momento en que se dio la vuelta para dirigirse al buffet, la puerta de la entrada se abrió y Regina apareció, con una bandeja en la mano.
‒ ¡Lo siento, llego tarde! ‒ dijo con una gran sonrisa, que iluminó el rostro de Emma, David se dio cuenta. Pero de lo que se dio cuenta también fue del cambio brusco que lo siguió: de una bella sonrisa y de una alegría inmensa, Emma pasó a un rostro sombrío y desilusionado. Cuando David miró en dirección a Regina, pudo entonces comprender el porqué: tras la bella morena, estaba Mulán, toda sonriente ella también, y que parecía acompañar a Regina.
‒ Hey, hola…‒ suspiró Emma, disimulando mal su decepción ‒¡No te preocupes! ¿Qué has traído?
‒ ¡Lasaña, evidentemente!
‒ Hey, Emma, hola‒ saludó Mulán
‒ Hola. Oh, ¿también tú has traído algo?
‒ En realidad no tenía idea, fue Regina quien me chivó qué hacer ‒ ella le pasó una bandeja y Emma levantó el papel aluminio para ver unas brochetas ‒ Están todas sazonadas con especias de mi zona
‒ Wow, genial, ¡qué ganas de probarlas!
‒ ¿Henry no ha llegado? Tenían que pasar por casa para dejar sus cosas, pero…
‒ No, me ha llamado para decirme que estaban atascados en un embotellamiento. Supongo que llegarán al anochecer.
‒ Tengo unas ganas de verlos y de conocer al pequeño William
‒ Sí, ha debido crecer desde que lo vi
‒ Lo has visto hace poco más de dos semanas
‒ A esa edad cambian muy rápido…Mira Hope…
Regina se giró hacia la pequeña y le tendió los brazos. Sin esperar, Hope, con paso tambaleante, aterrizó en los brazos de la bella morena para un abrazo que Emma a veces envidiaba. Regina y su hija tenían un lazo extraño, una complicidad que suponía que crecería más y más. Imaginaba que su hija, cuando fuera adolescente, se confiaría fácilmente a Regina. Ante ese pensamiento, Emma sonrió
‒ Estás muy guapa, mi princesa, con ese vestido ‒ constató Regina
‒ Sí, otra locura de Snow‒ respondió Emma ‒ Está compensando con mi hija lo que nunca pudo hacer conmigo
‒ Ciertamente
Ese tema ya no era tabú desde hacía un tiempo: todos sabían que, si Snow no tuvo la oportunidad de criar a Emma cuando bebé, fue a causa de Regina… En fin, de otra Regina, la de un tiempo dejado en el pasado, casi en el olvido ahora. A veces, una sombra pasaba ante los ojos de la bella morena, señal de que ella no olvidaría jamás las atrocidades que había cometido: arrasar aldeas enteras, matar a cientos de personas, condenar a otras a trabajos forzados y a la esclavitud en su castillo. ¿Y el resto? Bueno, fueron arrastrados hacia un hechizo oscuro…Su CV no era de los más gloriosos, y aunque estos últimos años se había redimido, Emma sabía que, en el fondo de ella, Regina se sentía culpable.
Sí, esa culpabilidad, sin duda, no se marcharía nunca…Así como persistiría su pena.
‒ Emma, ¿todo bien? ‒ preguntó Mulán, lo que captó la atención de Regina, que a su vez la observó
‒ Euh, sí, super. ¡Bueno, venid a ver el pequeño jardín que me he hecho!
Regina sabía, ella siempre sabía. Existía esa indescriptible conexión entre ellas: la Salvadora y la Reina.
Pero Regina no volvió al asunto. Se mezcló entre los invitados, compartió con ellos el buffet, así como Emma, hasta que, dos horas más tarde, llegó Henry con toda su pequeña familia. Emma estaba en las nubes, pero no era nada en comparación con Regina, que flotaba, literalmente, en una nube: su mano no soltaba la de su hijo, un momento en su brazo, en su hombro o incluso desordenándole el pelo, así como mantenía sus ojos clavados en el pequeño William.
‒ Tiene tus ojos‒ constató ella
Henry le sonrió
‒ Te he echado de menos estos últimos meses. Realmente me habría gustado mucho venir más a menudo…En fin, en otras circunstancias que…
‒ Sí, me lo imagino. Pero ahora que William está aquí, podréis moveros más fácilmente
‒ Hablando de eso…
‒ ¿Sí?
‒ Nada está decidido, pero…Podría ser…Que nos estemos replanteando lo de Nueva York
‒ ¿De verdad? ‒ dijo Regina, disimulando apenas su excitación
‒ No está todo hablando, y no seria sino hasta dentro de unos meses, pero…Con la llegada de William, querríamos estar más presente para nuestros hijos. El restaurante de Ella marcha bien, pero es demasiado apremiante…Aquí, ella podría montar algo y adaptar su tiempo más fácilmente que con un público neoyorquino más exigente
‒ Ya veo. ¿Qué piensa Lucy?
‒ Oh, Lucy…No ve la hora de venir y recorrer todos los reinos de Storybrooke. Me recuerda a mí a su edad cuando quería ser caballero y cazar trols. Es una aventurera y una soñadora.
‒ De tal palo, tal astilla
‒ Es feliz en Nueva York, pero creo que, en su interior, no se atreve a decirnos que siente una diferencia entre sus amigos y ella. Tiene 13 años, pero…Mientras sus amigas hablan de Internet y Snap no sé qué…Lucy habla aún de cuentos de hadas, princesas y maldiciones
‒ Comprendo. Y por consiguiente…
‒ Nos gustaría que William creciera aquí, al igual que crecí yo, al igual que Hope. La llegada de Emma hace algunas semanas también hizo que rememorara los buenos recuerdos, la familia, los amigos…
‒ Estoy contenta, tan contenta, cariño
‒ ¿Contenta de qué? ‒ interrumpió Emma que empujó a su hijo por el hombro
‒ Piensan volver, definitivamente
Emma desorbitó los ojos.
‒ ¿De verdad? ¡Pero eso sería genial!
‒ Todavía no está todo dicho, pero hemos reflexionado sobre ello, y evidentemente, cuando estemos seguros, seréis las primeras en saberlo
‒ ¡Así esperamos! ‒ sonrió Emma ‒ ¿Habéis venido directos?
‒ Sí. Es práctico vivir prácticamente en frente de Regina, no tendremos que andar mucho para instalarnos.
Regina le dio un beso en la frente
‒ Estoy feliz de que estés aquí
‒ Entonces, háblame de tu reino, ¿cómo va todo?
Emma se alejó, dejando que Henry su madre disfrutaran solos de ese momento. Ella misma había tenido el privilegio para ella sola durante tres meses, bien podría concederles ese momento. Al salir, vio a Mulán conversando alegremente con Ella. Hizo una mueca y se concentró entonces en Lucy, que picoteaba algunas papas fritas sentada en los escalones de la terraza. Se sentó a su lado.
‒ Hey, entonces…Tu padre me ha dicho que quizás os venís para acá
‒ Sí
‒ ¿Y estás de acuerdo?
Lucy la miró
‒ Pertenecemos a este mundo‒ respondió ella, como si cayera por su propio peso ‒ Es normal, creo, ¿no?
‒ ¿El qué? ¿Sentir esa cosa de pertenencia? Pues sí
‒ ¿Tú no crees que tú también perteneces a esta ciudad? Quiero decir, eres la Salvadora, tus padres están aquí…
Emma frunció el ceño
‒ Probablemente
‒ Ahora bien, has vivido 28 años fuera de Storybrooke. Has conocido, más que nadie aquí, la vida en el exterior. Tú tienes que oscilar entre los dos mundos. Voy a buscar unas brochetas, ¿quieres?
‒ Ya…Voy
La pequeña se levantó y Emma la vio alejarse. Se quedó pensando en las palabras de Lucy. ¿Pertenecía ella de verdad a esa ciudad? ¿A ese mundo? Cierto, era la hija de una pareja de cuentos de hadas, pero había crecido lejos de todo eso: la corte, los vestidos, los bailes…Definitivamente no se sentía en su sitio en el bosque encantado. Pero ¿lo estaba por el contrario en Storybrooke? Si no fuera así, no habría dejado Nueva York, ¿no?
Y, por otro lado, hoy en día, ya no era en realidad la Salvadora, ni siquiera una sheriff. En cuanto a su rol de esposa, se había disuelto con la muerte de Killian. Solo le quedaba su hija, su papel de madre. Pero ese papel, podía hacerlo en cualquier lado. Entonces, ¿por qué Storybrooke?
Esa casa demostraba que ella quería estar ahí, pero, al final, ¿por qué razón?
‒ ¿Emma? ¿Estás ida?
Regina se sentó a su lado, en el lugar que antes ocupaba Lucy
‒ No, sí…Un poco
‒ ¿En qué pensabas?
‒ Yo… ¿Regina?
‒ ¿Hm?
‒ ¿Por qué estás aquí?
‒ ¿Cómo?
‒ Dejando de lado de que eres la reina, pero… ¿Por qué Storybrooke? Podrías regresar a tu castillo o, no sé, cambiar de aires
Regina frunció el ceño e intentó comprender a dónde quería llegar Emma
‒ Es mi ciudad. Yo la creé y hoy soy responsable de ella
‒ Entonces, ¿te quedas por principio? ¿Por obligación?
‒ No veo las cosas así. Me quedo porque es mi casa. Pertenezco a este lugar, como él forma parte de mí. Cuando estuvimos en Hyperion High, algo en mí me decía que no estaba en el sitio correcto. No sabría explicar por qué ni cómo, estaba en mí. Y más aún desde que miles de personas cuentan conmigo. Es algo nuevo para mí‒ sonrió con nostalgia ‒ ¿Por qué tales cuestiones? ¿Te estás…replanteando tu presencia aquí? Acabas de mudarte
‒ No te asustes, no tengo la intención de marcharme, pero…
Para darle valor, Regina posó su mano en su rodilla, Emma suspiró
‒ A veces, me preguntó si…cambiaría algo que estuviera aquí o no
Regina frunció aún más el ceño
‒ Cambiarían las cosas para mí‒ Emma entonces la miró ‒ Para mí, y para mucha gente. Emma, no sabría decirte en qué, pero eres importante
‒ Aunque Killian ya no está…
‒ Evidentemente. Tú nunca te has definido a través de nadie, mucho menos de un hombre. Has encontrado tu sendero, aunque algunos te han ayudado como Henry. Tienes dudas, y es normal…Pero para encontrar tu camino, yo no puedo ayudarte sino apoyándote y respondiendo a tus interrogantes.
Emma le sonrió y posó su cabeza brevemente sobre sus hombros
‒ Gracias
‒ De nada. ¡Ahora, borra esa expresión sombría y únete a tus invitados!
‒ ¡Bien, Madame!
Regina se levantó y fue a unirse a Henry y Ella. Ella la imitó, pero caminó hacia la barbacoa para unirse a su padre.
‒ Entonces, ¿cómo se las apaña el cocinero?
‒ Se las apaña
‒Si te hartas, puedo relevarte
‒ No, ve a ocuparte de tus invitados
‒ Ya…Todo el mundo parece que está bien, creo
‒ ¿Estás intentando esconderte?
‒ En absoluto‒ lanzó una ojeada a la muchedumbre y atisbó a Mulán y Regina charlando, incluso Regina se reía a mandíbula batiente
‒ ¿Algún problema?
‒ No…Dime una cosa… ¿Por qué Snow y tú no os habéis vuelto al Bosque Encantado?
‒ ¿Hm? ¿Por qué preguntas eso?
‒ Solo…Por saber
‒ Bueno…Creo que lo vimos como algo lógico
‒ Estabais tan convencidos de querer marcharos…
‒ Pero las cosas cambiaron, nuestras vidas cambiaron
‒ Sí…
‒ No pareces muy convencida
‒ Sí, solo me preguntaba…No, nada
‒ Venga, dime. No le diré nada a tu madre‒ bromeó
‒ Eso me tranquiliza‒ sonrió ella ‒ No, es solo que…Me preguntaba por qué quedarme en una ciudad que me recuerda a mi difunto marido en cada esquina, cuando el mundo entero está ahí fuera.
‒ Hm, no lo sé. Quizás porque tu familia y amigos están aquí
‒ Henry está en Nueva York
‒ He escuchado que piensa regresar
‒ Las noticias vuelan
‒ Lucy tiene la lengua larga. Entonces, en tu opinión, ¿por qué estás aquí? Porque no se puede decir que solo conozcas esto. Has vivido 28 años en el mundo real.
‒ …
‒ ¿Emma? ¿Pasa algo?
‒ No, yo…Solo pensaba…Si yo no estuviera aquí, ¿cambiaría algo?
‒ Cambiaria algo para nosotros, para tu hijo, para tus amigos‒ hizo una pausa y lanzó una mirada hacia delante ‒ Para Regina también
Ante esas palabras, ella alzó su mirada y cayó directamente sobre Regina que cruzó la suya y le hizo una ligera señal con la mano, a lo que ella respondió con una sonrisa.
‒ Eres amada, Emma, debes saberlo. Tienes tu sitio aquí, tanto como todos nosotros. Puedo comprender que cada uno quiera encontrar su lugar en el mundo, tú no eres la excepción. Generalmente, uno siempre se cuestiona estas cosas después de sucesos que lo han marcado
‒ Con Killian nunca hubo necesidad de cuestionar nada. Parecía…Lógico y normal: vivir juntos, casarse, tener un hijo…Tengo la impresión de que…
‒ …Que es lo que todo el mundo quería y esperaba de ti‒ concluyó David, sin apartar la mirada de la carne en el fuego ‒ Esa es la prerrogativa de quien carga en sus hombros con la esperanza de los demás. Nosotros éramos la pareja real, el epítome mismo de la esperanza. Nos estaba prohibido renunciar, perder la esperanza o incluso sentir debilidad. Tú eres la Salvadora, la hija de los Charming. Las expectativas son altas. Algunos, bajo el peso de las responsabilidades o de las expectativas, pueden renunciar o huir.
‒ ¡No tengo ganas de huir!
‒ Lo sé. Decía solo que es normal dudar
‒ Tengo la impresión de no saber lo que de verdad quiero. Acabo de mudarme a una bella casa con mi hija…Pero…
‒ Tienes derecho a la felicidad, Emma
‒ …
‒ Tienes derecho a sonreír, a ser feliz. No vas a traicionar el recuerdo de Killian si continúas viviendo. Deja de lado las expectativas de tu allegados y amigos, y concéntrate en ti. ¿Qué quieres tú?
‒ ¿Lo que quiero yo? Bah, a mi hija, Storybrooke
‒ ¿Y eso te gusta?
‒ Sí, mucho
‒ Entonces, ¿qué esperas de los demás?
‒ No lo sé…Todo esto, la gente, esta vida…Me pregunto si me la merezco
David estalló
‒ Dios mío, si alguien merece ser feliz y estar serena eres tú. Al igual que Regina, has luchado duro por esa felicidad. Por supuesto, hay avatares: perdiste a Neal, después a Killian…Mira a Regina, ella perdió a Daniel, a Robin, a sus padres…E incluso había perdido la fe en ella misma, y hoy, los reinos la han elegido
Emma miró a Regina que compartía conversación con Mulán y Archie y su corazón se estrechó
‒ La gente espera de mí tantas cosas
‒ Quieren, sobre todo, que estés bien, así como tu madre y yo
Emma posó su mano sobre su hombro
‒ Gracias
‒ Emma, da igual lo que decidas, es tu vida y yo te apoyaré
La bella rubia lo miró y sonrió de forma extraña
‒ Euh…Sí… ¿Por qué tengo la impresión de que tú hablas de una cosa y yo de otra?
David le sonrió
‒ No lo sé
Y cuando ella iba a responder, Henry apareció ante ellos
‒ ¡Chef, hay hambre!
‒ Encantador‒ rio Emma
‒ Lo he sacado todo de mi madre‒ dijo él guiñando un ojo
‒ Si Regina te escucha, me arrancaría los ojos
‒ ¿Arrancaría qué a quién? ‒ soltó Regina mientras se acercaba
‒ A Emma‒ respondió Henry ‒ Por la educación que ella me ha prodigado como complemento a la tuya
‒ Ni me atrevo a pensarlo‒ dijo poniendo una mueca
‒ Oh, Su Majestad, no es por desagradar a su real persona, pero…
‒ Henry, si acabas esa frase…
‒ ¿Amenazas a tu propio hijo?
‒ Solo digo que estaría horrible que Lucy y William tuvieran un carnero como padre‒ dijo ella lo más seria del mundo. Solo Emma estalló a reír al notar la ironía, seguida pronto por los demás.
‒ ¿Desde cuándo tienes humor?
‒ Siempre he tenido, solo que no había tenido la ocasión de explotarlo
Ellas intercambiaron una mirada cómplice que no le pasó desapercibida a David. Cuando todos se dispersaron, David agarró a su hija del brazo
‒ ¿Le has hablado?
‒ ¿Huh? ‒ Pero al ver la mirada insistente de su padre, Emma suspiró ‒ No, yo…No logro encontrar el momento adecuado…
‒ No tardes
‒ ¿Por qué? ¿Qué cambiará eso? ‒ David no respondió, pero sonrió, lo que molestó a su hija ‒ ¿Qué tienes en mente?
‒ ¿Yo? Nada en absoluto
‒ Cuando actúas así, parecieras Snow, y da miedo‒ protestó ella
David enarboló su tenedor hacia su hija
‒ Sigue así y no tendrás brochetas.
Emma puso morritos antes de escuchar las risas escandalosas de su hija. La buscó con la mirada y la vio en los brazos de Regina. Su corazón se saltó un latido y cuando se estaba dirigiendo hacia ellas, se paró en seco al ver a Mulán colocarse al lado de Regina y posar su mano en la parte baja de la espalda de la bella morena. Emma se quedó quieta y frunció el ceño. Inhaló profundamente antes de poner una sonrisa falsa y unírseles
‒ ¡Hey!
‒ Emma, creo que nuestra pequeña princesa tiene hambre
Emma percibió ese "nuestra" como si Hope fuera hija de ambas, y eso hizo nacer una extraña sensación en ella.
‒ Oh bueno…Voy a prepararle su biberón‒ extendió sus brazos para coger a su hija ‒ Gracias. Bueno, euh…Me voy
Regina asintió y se alejó con Mulán. Emma se refugió entonces en la cocina, feliz de que su hija le hubiera dado un pretexto para alejarse y estar sola un momento. Por la ventana, mientras preparaba el biberón, divisó a Regina y Mulán, sentadas en una hamaca, próximas, tan próximas que sus rodillas se tocaban… ¿Podría ser que…durante su ausencia….? No, Regina se lo habría comentado, ¿verdad? En fin…Cuando Mulán colocó un mechón de cabello de Regina tras la oreja, su sangre se le heló, hasta tal punto que derramó leche en su camiseta.
‒ ¡Mierda!
Tomó a su hija en sus brazos y subió a la planta alta a coger una camiseta nueva. Dejó a su hija en su cama y la miró
‒ ¿Qué he hecho, joder…?
Como toda respuesta, su hija aplaudió y saltó sobre sus nalgas babeando. Emma se dejó caer de rodillas cerca de su cama y observó a su hija: no tenía gran cosa de su padre, lo que era algo positivo para ella. Ver que su hija le recordaba a su difunto marido habría sido una prueba de más para ella. Apoyó su cabeza en la cama y cerró los ojos, dándole el dedo índice a su hija para lo cogiera. Al cabo de un tiempo indeterminado, tocaron a la puerta. Ella se incorporó y la puerta se abrió.
‒ ¿Emma? ¿Estás aquí? Oh…‒ ante ella, Regina sorprendida de ver a Emma en sujetador delante de ella ‒ ¿Algún problema? Hace una hora que estás ausente
‒ ¿Una hora? He debido quedarme dormida
‒ ¿Pasa algo?
‒ ¿Qué? Oh, euh…He tirado el biberón. No es nada
‒ …
‒ ¿Qué?
‒ Estás…Prácticamente desnuda
‒ Oh, vale…dos minutos‒ desapareció tras un armario para volver a aparecer con una camiseta ‒ Ya está… ¿Has…Has venido por algo?
‒ Sí, tengo que marcharme
‒ ¿Ya?
‒ Tengo una reunión mañana por la mañana con Elsa para los últimos preparativos del baile y la ceremonia
‒ Ah, ok…
‒ Ha sido una buena tarde, gracias otra vez
‒ De nada
‒ Si necesitas cualquier cosa…
‒ Oh, creo saber dónde encontrarte‒ sonrió Emma ‒ Gracias por haber venido
‒ No me habría perdido esto por nada del mundo. Bienvenida, oficialmente, al barrio
Emma sonrió y Regina se acercó para darle un caluroso abrazo, después se separó
‒ ¿Nos vemos mañana?
‒ Con mucho gusto
Después Regina bajó y Emma le lanzó una mirada a su hija
‒ ¡Tú, un biberón y a dormir!
Tras la partida de Regina, los invitados se fueron marchando a cuentagotas hasta que no quedaba sino su hijo y sus padres para ayudarla a recoger.
‒ Mamá, yo me voy
‒ Sí, gracias por la ayuda. Pero podrías haberte ido antes con tu mujer y tus hijos
‒ Ella estaba cansada y William también tenía ganas de dormir. Además, no es que nos estemos hospedando a varios kilómetros ‒ bromeó él ‒ Hasta mañana
Cuando sus padres también se marcharon, Emma se encontró sola en su jardín, mirando las brasas de la barbacoa aún humeantes. No dejó de pensar en su conversación con su padre y sobre su lugar ahí. Después sus pensamientos divagaron hasta Regina y Mulán y su complicidad flagrante y una migraña despuntó. Se metió en su cama y hundió la cabeza en la almohada. Las cosas estaban bien complicadas, tendría que ponerle remedio de una manera u otra.
Si había una cosa que echaba de menos en Nueva York era la calma y la serenidad de las calles de Storybrooke. Había tomado la costumbre, desde hacía varios días, de aparcar delante de comisaría y acompañar a pie a su hija hasta la casa de la niñera para después pasar por Granny's para su tradicional café.
Y he ahí que cuando pasaba por delante del ayuntamiento, café en mano, una voz familiar la llamó
‒ ¿¡Emma!?‒ La bella rubia se dio la vuelta ‒ ¡Emma! ¡Eres tú, estás de vuelta!
‒ ¿Elsa? ¿Qué haces…? Ah, sí, tenías una reunión con Regina esta mañana
‒ ¡No sabía que estabas de vuelta en Storybrooke! Nadie me dijo nada. Bueno, también es verdad que estoy casi todo el tiempo en Arendelle o donde los Northulda.
‒ Oh, bueno, apenas he vuelto hace unos diez días
‒ ¿Pero has regresado definitivamente?
‒ Parece ser que sí‒ sonrió Emma
De pronto el rostro de Elsa se iluminó
‒ Oh, pero… ¿Vas a poder venir al final a la coronación?
‒ ¿Hein?
‒ He enviado las invitaciones, pero me habían dicho que estabas en Nueva York por tiempo ilimitado. Oh, Anna estará tan contenta de verte. Porque estarás, ¿no?
‒ Oh, euh… ¿Cuándo es eso?
‒ En nueve días. ¿Tendrás tiempo de encontrar un vestido?
‒ Un vestido…Vaya…
‒ Sé que no eres muy amiga de esas cosas, no estás obligada a ponerte uno.
‒ Sí, ya veré
‒ ¿Eso quiere decir que estarás allí?
‒ Yo…Estaré, prometido
‒ ¡Genial! Estoy contenta de volver a verte. Es bueno estar en casa, ¿no?
‒ Es super, sí
Elsa la tomó en sus brazos, lo que sorprendió a Emma, pero correspondió al abrazo antes de alejarse ligeramente.
‒ Bien, entonces nos vemos en la ceremonia. No estarás sola, tus padres y evidentemente su Majestad estarán allí
‒ Evidentemente
Cuando Elsa desapareció en un remolino blanco, como una ventisca, Emma se quedó unos segundos ahí, en medio de la calle, mirando las ventanas del ayuntamiento, las ventanas que daban al despacho de Regina. Después continuó su camino.
Los problemas de la víspera no eran definitivamente los problemas de hoy. Ayer, se hacía cuestiones casi filosóficas y hoy, tenía que encontrar un vestido de baile…La vida estaba hecha así: una sucesión de etapas y de obstáculos, superados o no, pero que se encadenaban uno tras otro. Lo encontró casi risible, sabiendo que sus cuestionamientos del día anterior pronto serían reemplazados por problemas muy diferentes. En primer lugar, tendría que afrontar el frenesí de su madre cuando le anunciara lo del baile, a continuación, tendría que lograr sujetar la excitación que su madre tendría por ella a causa de esa velada. Emma ya estaba cansada de pensarlo, y si no fuera por Elsa, se lo habría pensado dos veces antes de ir.
‒ ¡Qué bello día! ‒ exclamó David al llegar al trabajo esa misma mañana
‒ Eh, bueno…Algo me dice que alguien ha pasado una buena noche, huh…‒ bromeó Emma
‒ Ah, ah, si sigues por ahí, incluso te doy los detalles
‒ Eww, no, no, mis padres no tienen vida sexual. Neal y yo fuimos traídos por una cigüeña
‒ ¿Una cigüeña? ‒ preguntó Mulán ‒ ¿El animal?
‒ Ah, es una creencia infantil. Para evitar hablarles de relaciones sexuales a los niños y para evitar la sempiterna cuestión de "¿cómo se hacen los bebés?" los padres tenían la costumbre de contestar con cosas como que los niños nacían en las coles y las rosas, la metáfora de la abeja…O que las cigüeñas traían a los bebés hasta las puertas de las casas
‒ Es…Extraño
Emma rio
‒ Si supieras las cosas extrañas que tenemos en este mundo…El Ratoncito Pérez
‒ ¿El qué?
Emma estalló a reír.
‒ Eso es para otro día. Un día, una creencia
‒ Ah, me he enterado de que vas al baile
‒ Sí, me ha cruzado con Elsa esta mañana, y…Pero espera, ¿cómo lo sabes tú?
‒ Las noticias vuelan
‒ Super… ¿Hay algo que pueda ser personal aquí o es pedir mucho?
‒ Entonces, también estarás tú, es genial‒ dijo Mulán ‒ Allí nos veremos
‒ Sí, Regina me ha dicho que estarás allí para su seguridad.
‒ Realmente, estaré como invitada también. Regina me ha suplicado que no vaya como elemento de seguridad
‒ ¿Suplicar? Vaya…Bueno, bien, genial…‒ se levantó y cogió su chaqueta
‒ ¿A dónde vas?
‒ Tengo cita con Archie
‒ ¿Archie?
‒ Sí, decidí verlo una vez a la semana desde mi regreso para…en fin, ya sabes
‒ Está bien, tienes razón
‒ ¡Vale, entonces hasta más tarde!
Emma abandonó la comisaría con un gusto extraño en la boca y una sensación de malestar en su estómago. Esa sensación la tenía muy a menudo desde su regreso de Nueva York.
Cuando tocó a la puerta de la consulta de Archie, esa sensación se evaporó
‒ Emma, entra
‒ Gracias
‒ Siéntate. Entonces, ¿cómo estás?
‒ ¿Comenzamos ya? El psicoanálisis quiero decir‒ bromeó ella
‒ No es un psicoanálisis. Emma, solo quiero saber cómo estás
‒ Estoy bien
‒ ¿De verdad?
‒ De verdad…En fin…Sí, bien
‒ ¿Hay algo que te da vueltas en la mente?
‒ No…Bueno, Elsa me ha invitado a ese baile de coronación…
‒ ¿No te sientes cómoda?
‒ Nunca he estado cómoda con ese tipo de actos. Soy una princesa, pero jamás he metido los pies en un castillo para vivir. Jamás aprendí las reverencias o el vals, los saludos y todo ese protocolo. Yo crecí en el sistema, mandada de una familia a otra, una más horrible que la otra. Y cuando finalmente encuentro a alguien que podría ser una buena figura maternal, me entero más tarde de que era una bruja helada. Aprendí a jurar, a mentir, a pelear…Incluso a robar. No tengo nada de princesa. Tampoco tengo nada de Salvadora. No tengo nada de lo que la gente piensa de mí
‒ Hm, ahí está
‒ ¿Ahí está?
‒ Ya hemos llegado. A ese cuestionamiento
‒ ¿Un cuestionamiento?
‒ Emma… ¿Por qué tantas dudas?
‒ …
‒ ¿Emma?
‒ Yo…No, es solo que…Me pregunto si…Si hay una recomendación
‒ ¿Una recomendación? ¿Para?
‒ Hace…Hace meses que…Killian se fue y…
‒ Oh, ya veo
‒ ¿De verdad?
‒ De verdad. Son cuestionamientos habituales tras un suceso tan dramático como la pérdida de un allegado, mucho más cuando se trata de tu marido
‒ …
‒ Te preguntas si tienes el derecho de, algún día, volver a sentir de nuevo la felicidad, la alegría e incluso el amor sin ser juzgada. Tienes miedo de que la gente diga que has pasado página demasiado rápido, que, al final, no amabas quizás tanto a Killian.
‒ Ok, ok, está bien, lo he pillado, es…Exactamente eso. ¿Cómo lo has…?
‒ Oh, sin desvelar muchas cosas, puedo decir que he tenido en esa consulta a personas que se hacían las mismas cuestiones.
‒ ¿Ah, sí? ¿Cómo quién?
‒ Eso debe quedar entre la persona que viene a verme y yo
‒ Ya, es normal, secreto médico, imagino
‒ Hm, hm
‒ Pero entonces…Yo… ¿Soy…normal?
‒ Evidentemente. La esencia del ser humano es encontrar la felicidad. Donde está la diferencia es en los medios para alcanzarla y la forma en que esta felicidad aparece. Puede ser diferente para cada uno: el dinero, el triunfo profesional o familiar, tener hijos, casarse…Otros se contentan con cosas más sencillas, pero que pueden parecer insignificantes: tener un animal de compañía, una hermosa casa, buena salud…La felicidad tiene tantas definiciones como gente hay sobre la Tierra.
‒ Ya, me lo supongo
‒ Lo que hay que ver antes de nada es: ¿qué es la felicidad para ti? ¿Cómo se definiría?
‒ …
‒ No es un problema en sí mismo. No hay un plazo, tienes tiempo
‒ Precisamente, ¿de qué tiempo dispongo? Quiero decir…Killian murió hace unos meses… ¿Tengo el derecho a sonreír, a reír, a pensar en positivo? Tengo la impresión de que ese matrimonio…formaba parte de un anuncio, como "La Salvadora y su final feliz, modo de uso" y que, con su muerte, me siento aprisionada en ese papel perfecto que debo enarbolar sin cesar.
‒ ¿Eso te pesa? ¿Tener ese título?
‒ Siempre me ha pesado. Lo tuve sin realmente quererlo, comprenderlo. A continuación, lo acepté y la gente contaba con ello. Y desde hace algunos años, ese título ya no es…En fin, ya no sirve para nada, porque ya no hay nada que salvar
‒ ¿Eso te entristece?
‒ No, al contrario, me siento aliviada…Como si un peso se elevara de mis hombros
‒ ¿Has sentido eso de nuevo?
‒ …
‒ ¿Emma?
La bella rubia notó las lágrimas en sus ojos y de repente, hundió su rostro en sus manos, sin poder esconder algunos sollozos.
‒ Emma, ¿estás bien?
‒ Yo…El juicio de los demás, de ti…No puedo…
‒ No habrá por mi parte ningún juicio, Emma. Estoy aquí por ti. Y tú estás aquí porque necesitas consejos‒ posó su mano sobre su rodilla y ejerció una pequeña presión para alentarla ‒ Nada de lo que digas aquí saldrá de esta consulta. Emma, necesitas exteriorizar y yo estoy aquí para eso.
Ella secó sus lágrimas.
‒ ¿Prometido?
‒ Por supuesto
Entonces cogió aire
‒ Yo…Tengo que decirte una cosa…
Si había algo que Regina se saltaba conscientemente era su pausa al mediodía. Desde que había sido elegida regente de los reinos reunificados, se tomaba muy en serio satisfacer a todo el mundo. Henry ya era grande y tenía su propia familia, el segundo Henry crecía también y poco a poco adquiría su independencia, ahora ella estaba sola y sin cargas familiares.
Así que cuando llegó la hora, ni se movió para ir a comer. Y mientras se disponía a redactar los últimos informes, tocaron a la puerta. Lanzó un vistazo al reloj y sonrió: siempre a la hora.
‒ Adelante
‒ Buenos días, Majestad
Regina se sorprendió. Se esperaba encontrar a Emma sosteniendo su sempiterna bolsa de Granny's, pero en su lugar, se presentó Mulán.
‒ Mulán, ¿a qué debo el honor de esta visita? ¿Algún problema en la comisaría?
‒ Oh, no, nada de eso. Yo…Me he permitido…‒ alzó su mano y mostró una bolsa de plástico ‒ He traído unos platos que parecen asiáticos
Regina rio
‒ Pareces poco confiada
‒ He probado poco la comisa asiática aquí, pero parece que acaban de abrir un restaurante asiático.
‒ ¿Ah, sí? Tengo que ponerme al día con las cosas de mi ciudad‒ gruñó Regina ‒ Creo que soy la alcaldesa menos informada de lo que pasa por aquí
‒ Siendo realistas, hay decenas de mundos que debe gestionar…Nadie os culpará por tener fallos
‒ No, no puedo permitirme eso. La gente cuenta conmigo, me han elegido.
‒ No se moleste tanto por un simple restaurante‒ Ella avanzó y dejó la bolsa sobre la mesa ‒ Tiene que comer si quiere mantener el ritmo
‒ Dios mío, ¿es que todos los agentes y adjuntos tiene estos pequeños detalles con sus alcaldes?
‒ Ni idea. Buen apetito, Majestad
‒ ¡Espere! ¿Quiere…Quiere compartir?
Mulán alzó una ceja antes de sonreír
‒ Con mucho gusto.
Cuando Emma salió de la consulta de Archie, se sintió completamente vacía, al límite de sus fuerzas, como si acabara de correr una maratón. Tenía que volver a la comisaría, pero no se sentía con ánimos para afrontar las miradas inquisitivas de su padre y Mulán. Miró su reloj y sonrió. Decidió pasarse por Granny's y pedir el tradicional almuerzo antes de darse una vuelta por el ayuntamiento. Pero cuando vio a Mulán salir de allí con una bolsa de plástico en la mano, su sangre se heló. Ella cerró el puño alrededor de su bolsa y se dio la vuelta hasta la oficina en donde se encontró con su padre.
‒ Ah, ya de vuelta. ¿Vas a comer? ‒ preguntó su padre al ver la bolsa de Granny's
‒ Euh, sí…
‒ Vaya, has cogido muchas cosas
‒ Estoy hambrienta‒ gruñó ella antes de dejarse caer en su silla. Entonces hizo su aparición Mulán y Emma la fulminó con la mirada, mientras que esta estaba demasiada ocupada leyendo un artículo en el periódico.
‒ ¿Y vosotros no coméis?
‒ Voy a reunirme con tu madre en unos minutos
‒ ¿Y tú, Mulán?
‒ Oh, yo acabo de comer
‒ ¿Ah, sí? ¿Dónde?
‒ Oh, con Regina en el ayuntamiento
‒ …
Al notar a su hija tensa, David carraspeó y le murmuró
‒ ¿Podemos hablar dos minutos?
‒ Ok
‒ Fuera
Emma frunció el ceño y siguió a su padre
‒ Ya volvemos
‒ Ok
Y cuando se encontraron en la calle, Emma suspiró
‒ ¿Algún problema?
‒ Eso te pregunto yo
‒ ¿Perdón?
‒ ¿Hay algún problema con Mulán?
‒ No, ¿por qué?
‒ No sé. Desde hace unos días, pareces…Irritada en su presencia
‒ No, de verdad.
‒ No te habías olvidado de ella para la fiesta, confiesa
‒ …
‒ ¿Cuál es el problema con ella?
‒ No hay problema alguno
‒ Claro. Dice que ha almorzado con Regina, y de golpe, pones una cara…
‒ …
‒ ¿Estás celosa o qué?
‒ ¿Qué?
‒ Me pregunto si no estás celosa de Mulán
‒ Bah, venga ya
‒ Podría ser. Regina y tú sois amigas. Pero te marchaste durante más de tres meses y es normal que Regina tejiera lazos con otras personas, ¿no?
‒ ¡Evidentemente!
‒ Lo que es un asco es el timing, eh…
‒ ¿De qué hablas? Hey, ¿sabes qué? Stop. Regina tiene el derecho de tener sus amigos, hace lo que quiere. Mulán es una buena chica, amable y respetuosa y…Y…
David la tomó por los hombros
‒ Ok, ok. Stop. Vamos a dar una vuelta, pienso que tenemos que hablar
Emma entonces tomó aire y cerró brevemente los ojos
‒ Vale
Cuando volvió a su casa esa tarde, acompañada de su hija, Emma estaba agotada tanto física como psicológicamente. Se dejó caer en el sofá y se quedó mirando la tele apagada.
‒ Mierda…‒ suspiró antes de cerrar los ojos y pensar en su día
Archie había sido una ayuda preciosa y confiarse a su padre le había hecho bien. Su principal contrariedad había sido borrada: sí, Storybrooke era su sitio; sí, esa casa era suya. Su vida estaba ahí. La cuestión principal que se hacía era saber por qué se sentía tan bien ahí, y hoy pudo responder a eso, aunque no sin dificultad. Y si por un lado ese problema estaba solucionado, otro se abría ahora, mucho más duro. ¿Cómo iba a hacer? Aún no lo sabía. Paciencia y minuciosidad eran la clave, pero ¿lo lograría?
Su vida pronto daría un giro, ¿estaba preparada?
