Descargo de responsabilidad: ya saben ustedes que PUCCA y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a su creador Boo Kyoung Kim. Yo sólo usé sus personajes, para crear esta historia loca, pero según yo entretenida.
Descargo de responsabilidad 2: así como el libro de Harry potter sus personajes no me pertenecen, pues le pertenecen a la autora JKRollin. yo sólo utilicé a Harry potter para juntarlo con Pucca, así que no plagien, adapten o copien por favor que eso no está bien.
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"Las palabras no dichas nos han separado; es momento de una necesaria conversación." _(Garu, William Potter, Sanada y Pucca, Walburga, Black Dooda)
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una, mientras que Garu esta vez estando junto a Neville haciendo anotaciones.
Mientras que Hermione estaba junto a Pucca, explicándole por lo bajo sobre lo de Garu y Harry y lo que descubrieron de Flamel. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de quidditch y Harry recordó el partido en que tendría a Snape de árbitro, sabía que sí le pedía a Garu que lo suplantara era más que seguro que lo haría, pero eso lo haría ver como un cobarde y él no sacrificaría a su gemelo de esa manera.
–Jugaré.
Les informó serio a Ron, Pucca, Garu y Hermione.
–Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentarme con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la sonrisa de la cara si ganamos.
–Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego.
Dijo seria Hermione, mirando a Harry con seriedad. Pucca, ligeramente alterada, les dijo con firmeza.
–No sean pesimistas, Harry estará bien.
Garu asintió, transmitiendo confianza con su mirada seria. La conversación se vio interrumpida cuando el profesor Quirrell se acercó a la pizarra, nervioso como siempre, y comenzó a hablar sobre los encantamientos defensivos contra criaturas oscuras.
Harry no podía dejar de pensar en el partido y en lo que enfrentaría, sabía que era complicado, pero sabía que sería feliz sí sus amigos lo apoyaban. Después de la clase, mientras se dirigían al Gran Comedor para el almuerzo, Pucca notó a Harry perdido en sus pensamientos y decidió animarlo.
–Harry, confío en ti.
Dijo con una sonrisa.
–Eres un gran jugador y tienes a todos nosotros apoyándote.
–Gracias, Pucca.
Respondió más calmado Harry, sintiendo un poco de alivio. A la distancia vio al gran grupito de Malfoy, todos hablando animadamente de quien sabe qué, él esperaba que no vinieran a molestarlo porque no estaba de buenas para lidiar con eso.
Pero entonces, Ronnie King se levantó de la mesa con su sonrisa arrogante. Haciendo suspirar a todas las chicas del comedor, mientras Garu, Harry y Ron rodaban los ojos fastidiados, viendo cómo se acercaba a la mesa de Gryffindor después de decirle algo a Draco en el oído.
Ronnie King se acercó a la mesa de Gryffindor con una actitud despreocupada, su sonrisa arrogante iluminando su rostro. Las miradas se dirigían hacia él, y las risas y susurros llenaban el comedor mientras avanzaba.
–Mira quién tenemos aquí, el famoso Harry Potter y su pequeño club de fans.
Dijo divertido Ronnie, cruzándose de brazos. Draco y su grupo observaban desde la distancia, esperando la confrontación. Harry mantuvo la calma, decidido a no dejarse intimidar. Sentía el apoyo de sus amigos, y eso le daba fuerzas.
–¿Qué quieres, Ronnie?
Preguntó serio Harry, con un tono firme, pero neutral. Hablando con seriedad Ronnie, aun mostrando esa sonrisa que Garu y Harry detestaban tanto.
–¿Contigo? Nada, Potter, solo vine por mi amiga Pucca.
–Ella está ocupada, Ronnie, ahora esfúmate.
Dijo frio Garu, poniéndose de pie, mientras hervía de ira y de celos porque se acercará Ronnie a ella. el de pelo azul solo sonrió más, alegre de ser el único que podía detectar los celos de Garu a pesar de su frialdad.
–No deberías ser tan grosero, Garu, hasta donde sé yo no estoy haciendo nada malo. Solo vine a saludar a mi amiga Pucca, además de entregarle algo de después de la fiesta de navidad en Sooga a la que no fuiste por quedarte con tu hermano Harry.
Ronnie sacó una pequeña caja envuelta en papel brillante de su túnica y la colocó sobre la mesa frente a Pucca. Ella lo miró, sorprendida, mientras Garu apretaba los puños. La tensión era palpable y todos los estudiantes cercanos observaban expectantes.
–¿Qué es esto, Ronnie?
Preguntó curiosa Pucca, mirando la caja y luego a él, sin entender del todo lo que traía la caja luego de las canciones que le cantó en navidad.
–Solo un pequeño recuerdo de la fiesta. Pensé que te gustaría tenerlo.
Ronnie respondió con un tono amable, pero su mirada seguía siendo despectiva hacia Garu y Harry. Garu, aunque intentó contener sus celos, no pudo y tomó la mano de Pucca con firmeza y soltó.
–Tú y yo debemos hablar, Pucca.
Levantó a Pucca de la mesa y se alejó con ella a grandes zancadas, dejando a su gemelo Harry atrás, a su amiga Hermione, a su amigo Ron y al petulante de Ronnie en la mesa de Gryffindor en el gran comedor. Recordando la discusión que tuvo con Pucca hace unos días, que tanto lo torturaba.
Un día antes de que terminaran las vacaciones, Garu estaba enojado porque su gemelo Harry no obedeciera cuando le dijo que no fuera a ver el espejo que habían hallado. Sí, lo había convencido Dumbledore que Harry no lo buscara más.
Pero como él ya sé lo había dicho, le enfurecía que no le hubiera obedecido. Y el regaño que Pucca se encargó de darle por su disque frialdad, diciéndole con seriedad, solo empeoró su humor ya de por si malo.
–Sé que te diste cuenta del engaño del espejo antes de que Harry lo entendiera, Garu, pero sí Harry fue dos veces más a verlo, esas dos veces de viste estar con él porque es tu hermano, a la vez es tu gemelo y pudo estar en peligro.
Garu rodó los ojos, hablando con cierto enojo.
–Sé cómo cuidar a mi propia familia, Pucca, cuidé a mi primo Gura Sanada 5 años después de que mis tíos Sanada murieran en la guerra de los ninjas. y sí le advertí a Harry que no fuera y no me hizo caso, ¿Qué querías que yo hiciera? ¿Qué lo amarrara a su cama para que no fuera?
Pucca, con el rostro aún serio, respondió con firmeza:
–No, no hablo de amarrarlo. Pero sí esperaba que hicieras algo más, que al menos insistieras de nuevo en la importancia de no ir a ese espejo. Todos estamos aquí para ayudarnos y protegernos mutuamente. No es solo tu responsabilidad, es la nuestra.
Garu bufó molesto, hablando con ligero sarcasmo.
–No me vengas con eso, Pucca, Hermione y tú no estaban aquí. ella fue con sus padres y lo entiendo, pero tú te fuiste a Sooga, según a ayudar a tus tíos, pero estoy más que seguro que te la estabas pasando de maravilla con tu amigo de la infancia "Ronnie King", el dios del amor.
Pucca parpadeó, sorprendida por el ataque personal. Ron y Hermione intercambiaron miradas incómodas, sabiendo que la discusión entre Garu y Pucca había tocado un tema sensible.
–No sé qué estás insinuando, Garu.
–replicó seria Pucca, con un tono más molesto que antes, parecía que esto ya no parecía tratar sobre Harry nada más. Garu cruzó los brazos, su expresión endurecida por la furia contenida. Ron y Hermione retrocedieron un paso, conscientes de que la tensión entre Garu y Pucca estaba alcanzando su punto máximo.
–Estoy insinuando.
Dijo serio Garu, su voz gélida.
–Que mientras tú estabas divirtiéndote en Sooga con tu "dios del amor,", nosotros estábamos aquí, lidiando con los problemas. Harry y yo estuvimos solos, enfrentando nuestras pesadillas y el peligro del espejo.
Pucca apretó los puños, su rostro enrojecido de rabia.
–Claro, y como me acompañaste a Sooga, ¿Seguro sabes que Ronnie me cantó canciones en navidad y hasta nos besamos?
Garu frunció el ceño, sus ojos brillando con una mezcla de ira y celos.
–¡No estoy diciendo eso, Pucca!
Respondió con voz cortante.
–Pero sí sé que te has estado alejando más y más. Y ahora, cuando necesitamos estar unidos, parece que siempre encuentras una excusa para no estar aquí.
Pucca dio un paso hacia adelante, sus manos temblando de frustración.
–¡ah! ¡Ahora soy yo la que se aleja? ¡Cuando ni si quiera fuiste capaz de avisarme que el consejo de ninjas te castigó con no volver a Sooga en navidad sabiendo que sí me decías la verdad yo me quedaría a tu lado!
Garu agitó la cabeza para salir de sus pensamientos, metiendo a Pucca a un aula vacía y diciendo aun molesto y celoso. Luego de ponerla contra una pared, acorralándola con sus brazos.
–Así que no solo te canta canciones y te besa en navidad, Pucca, sí no que a Ronnie le gusta presumir que anda contigo.
Pucca, atrapada entre la pared y Garu, se encontró cara a cara con la intensidad de sus emociones. Sintió su respiración rápida y su corazón latir con fuerza mientras Garu la miraba fijamente, sus ojos llenos de celos y confusión.
–Garu, por favor, calma.
Dijo suave Pucca, tratando de mantener la voz serena a pesar de la situación.
–Lo que pasó en Sooga no significa nada. Ronnie es solo un amigo. No entiendo por qué te estás poniendo así.
–¿Solo un amigo?
Replicó furioso Garu, su voz un susurro amenazante.
–Entonces, ¿por qué te está dando regalos y por qué te besa?
Pucca suspiró, frustrada.
–Me da regalos porque es mi amigo y mi primo, nada más. Además, él no me besó, ¿Okey? Lo sabrías sí hubieras ido conmigo a Sooga en vez de quedarte aquí con tu gemelo, sin decirme que el consejo de ninjas te castigó.
Garu apretó los puños, su frustración mezclándose con el arrepentimiento. Sabía que Pucca tenía razón en parte; no había sido honesto con ella sobre el castigo del consejo de ninjas, y ahora eso los había alejado. Pero los celos seguían nublando su juicio.
–Sí, Pucca.
Dijo más calmado, aunque aún con un tono grave.
–El consejo de ninjas me castigó y no pude ir contigo a Sooga, pero eso no es justificante para haberme mentido, sí Ronnie no te besó, ¿Por qué me hiciste creer que sí?
Pucca lo miró con tristeza, sus ojos brillando por las lágrimas que luchaba por contener.
–Porque quería que sintieras lo que yo siento cuando no confías en mí.
Garu se quedó en silencio, sorprendido por sus palabras. Pucca tomó una respiración profunda y continuó.
–No quería que te sintieras molesto, pero parece que es la única forma en que te das cuenta de cómo me haces sentir cuando no eres honesto conmigo. Yo solo quiero estar a tu lado, Garu, pero necesitamos confiar el uno en el otro.
Garu la miró con una mezcla de arrepentimiento y comprensión, ahora más que nunca se sintió como un idiota. Sí él le hubiera dicho la verdad del porqué no fue a Sooga, tal vez ella no sé hubiera sentido tan triste y unos guantes de regalos tejidos por él no serían suficiente.
Lentamente, bajó los brazos que la mantenían acorralada y la rodeó de la cintura con sus brazos. Se acercó más a su rostro y sin pensarlo, fue él quien por primera vez inició un beso con dulzura.
Pucca se sorprendió al principio, pero pronto correspondió al beso con la misma ternura. Sus labios se movían con suavidad, expresando todo lo que no podían decir con palabras. Fue un momento de conexión genuina, donde ambos dejaron de lado las inseguridades y celos.
Cuando se separaron, Garu mantuvo su frente apoyada en la de Pucca, sus respiraciones entrelazadas. Sus ojos se encontraron, y por un instante, todo lo demás dejó de importar.
–Lo siento, Pucca.
Dijo arrepentido Garu, su voz apenas un susurro.
–He sido un idiota. Debería haberte contado todo desde el principio.
Pucca le sonrió débilmente, acariciando su mejilla con suavidad.
–Y yo debería haber sido más comprensiva. A veces, nos dejamos llevar por nuestros propios miedos y terminamos lastimándonos.
Garu asintió, sintiendo el peso de sus palabras. Sabía que tenían razón y que debían trabajar juntos para superar sus problemas.
–Vamos a resolver esto.
Dijo Garu con determinación.
–Juntos.
Pucca asintió, sus ojos llenos de esperanza.
–Sí, juntos.
En ese momento, la puerta del aula se abrió ligeramente y una cabeza asomó tímidamente. Era Harry, quien, preocupado por su hermano y Pucca, había venido a buscarlos. Al ver la escena, sonrió aliviado.
–¿Todo bien por aquí?
Preguntó con una ligera sonrisa, mirando a su hermano y a Pucca. Garu y Pucca se separaron rápidamente, Garu poniéndose rojo como tomate y Pucca dando una risita, mientras decía con suavidad.
–Sí, todo bien, Harry.
Garu asintió, aún sonrojado, y se giró para enfrentar a su hermano.
–Sí, Harry. Todo bien ahora.
Harry sonrió y se acercó a ellos, aliviado de ver que la tensión entre Garu y Pucca parecía haberse disipado.
–Me alegra escuchar eso. Pero tenemos que volver al Gran Comedor antes de que nos metamos en problemas por estar ausentes demasiado tiempo.
Pucca asintió levemente, queriendo tomar la mano de Garu. pero no pudo hacerlo, pues Garu sé había puesto más nervioso que cuando estaban solos y voló como rayo fuera del salón vacío.
Pucca y Harry intercambiaron miradas divertidas, riendo suavemente ante la reacción de Garu. Pucca decidió no seguirlo de inmediato y se giró hacia Harry, hablando con suavidad hacia Harry.
–Gracias por venir a buscarnos, Harry.
Dijo alegre Pucca, dándole un ligero empujón en el brazo. Harry sonrió de vuelta, con los ojos llenos de comprensión.
–No hay problema, Pucca. Somos amigos, ¿no? Además, sabía que algo estaba pasando con Garu. Ha estado muy raro últimamente.
Pucca suspiró, asintiendo.
–Sí, ha estado un poco distante. Pero creo que estamos empezando a resolverlo.
Harry le dio una palmadita en el hombro, reconfortándola.
–Eso es bueno. Todos estamos pasando por muchas cosas, pero lo importante es que estemos ahí el uno para el otro.
Ambos se dirigieron juntos de regreso al Gran Comedor, donde la mayoría de los estudiantes seguían comiendo y conversando. En la mesa de Gryffindor, Ron, Hermione y Garu ya estaban sentados, Garu con la mirada fija en su plato, evidentemente avergonzado por lo ocurrido.
Ronnie King seguía allí, pero había perdido interés en la situación y volvía a su conversación con Draco en la mesa de Slytherin. Pucca y Hermione suspiraron y negaron con la cabeza por las ocurrencias de Ronnie.
–¡Aquí vienen!
Exclamó alegre Ron, agitando una mano hacia Harry y Pucca. Hermione les lanzó una mirada preocupada, pero también aliviada de verlos. Pucca se sentó junto a Garu, quien seguía evitando mirarla.
–Todo bien, chicos.
Anunció Harry mientras se sentaba.
–Solo necesitaban un momento para hablar.
Hermione le lanzó una mirada inquisitiva a Pucca, quien asintió ligeramente, indicando que la situación se había calmado. Ron, siempre el más directo, se inclinó hacia adelante.
–Pues debieron aclararlo muy bien, sí Garu otra vez está callado y más rojo que un tomate.
Garu le lanzó una mirada asesina a Ron, quien se encogió de hombros con una sonrisa traviesa. Pucca, en cambio, le dio un apretón suave en el brazo a Garu, tratando de calmarlo.
–No te preocupes, Garu.
Le susurró Pucca, inclinándose hacia él.
–Todo está bien ahora. Vamos a disfrutar el almuerzo.
Garu asintió, aunque todavía algo incómodo. Harry, Hermione y Ron comenzaron a charlar sobre los últimos eventos en Hogwarts, tratando de aliviar la tensión. Poco a poco, Garu se relajó, aunque de vez en cuando lanzaba miradas furtivas a Pucca, quien le devolvía sonrisas reconfortantes.
Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido. Garu y Harry se ponían más nerviosos, pese a todo lo que les habían dicho a sus amigos.
El resto del equipo tampoco estaba demasiado tranquilo, Garu podía sentir los nervios previos al juego que los volvían más desconfiados. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?
Harry y Garu no sabían si se lo imaginaban o no, pero veían a Snape por todas partes. Por momentos, hasta se preguntaban si Snape no los estarían siguiendo para atraparlos.
Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, Garu y Pucca, por la forma en que los trataba Snape. ¿Era posible que Snape supiera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal?
Garu y Harry no se imaginaban cómo podía saberlo… aunque algunas veces tenían la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos. Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron, Pucca y Hermione se preguntaban si volverían a verlo con vida a él y a Garu, a pesar de que sabían que Garu no jugaría hasta que él no pudiera estar en el partido.
Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante, al contrario, solo sirvió para ponerlos más nerviosos. Harry casi no oyó las palabras de Wood, mientras se ponía la túnica de quidditch y cogía su Nimbus 2000.
Garu había hecho lo mismo, aunque era obvio que él solo sé mantendría cerca para proteger a su hermano. Pucca, Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas.
Este estaba cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido. Lo que Harry y Garu no sabían era que Pucca, Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas.
Pucca lo había hecho por su parte, porque como era la única Gryffindor que hablaba con Draco él fue quien sé lo enseñó. Mientras que a Ron y a Hermione se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape y su hijo, si daba alguna señal de querer hacer daño a Harry y a Garu.
–No te olvides, es locomotor mortis.
Murmuró seria Hermione, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.
–Ya lo sé.
Respondió enfadado.
–No me des la lata.
Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry y a Garu.
–No quiero presionarlos, Potters, pero si alguna vez necesitamos que se capture en seguida la snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff. Así que sí en algún momento no puedes, deja que tu gemelo te releve y ninguno de los dos dude.
–¡Todo el colegio está allí fuera!
Dijo asombrado Fred Weasley, espiando a través de la puerta.
–Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!
El corazón de Harry dio un brinco, Garu no quiso demostrar ninguna emoción y mejor sé quedó junto a Wood.
–¿Dumbledore?
Dijo impactado, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón, en ningún momento había mentido. Aquella barba plateada era inconfundible, Harry lo supo de sobra cuando se asomó a ver.
