Orquídea se recuperó de su fiebre y al día siguiente se levantó sintiéndose muy descansada, quería suponer que solo necesitaba dormir un poco para sentirse mejor, pero la realidad no era así, al despertar lo primero que notó es que estaba cubierta con una manta que no recordaba haberse puesto, habían restos de hongos para la fiebre exprimidos junto a ella y Edwyn estaba durmiendo acurrucado a su lado.

¿Edwyn había ido a buscar esos hongos y se había hecho a cargo de ella? ¡Cómo era posible! Era solo un niño, además eso significaba que había abierto la puerta, ya no podría mantenerlo encerrado, la situación era preocupante, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en eso, cuando el gusanito sintió algo de movimiento despertó sobresaltado y se escondió instintivamente bajo la manta, no es que lo hubiera pensado mucho, ya había desarrollado instintos de presa y reaccionaba automáticamente a los sobresaltos.

—Patatita, no te asustes, soy yo.

—Ah, señorita Orquídea, cierto. —Asomó la cabeza de debajo de la frazada, se veía muy cansado, incluso bostezó—. Me alegra que esté mejor, anoche tenía mucha fiebre.

—¿Tú me cuidaste y trajiste esos hongos para mí? ¿Dónde aprendiste que servían para la fiebre?

—De los libros.

—Entonces de verdad los estabas estudiando —dijo sorprendida.

—¿Y qué pensaba que estaba haciendo?

—No sé, mirando los dibujos o algo así, los niños aquí no son muy aficionados al estudio y aún aquellos que lo son, no leen libros tan complicados.

—Esto no es nada —habló con orgullo—. En casa me he leído libros mucho más difíciles, libros de física, matemáticas, medicina, incluso poesía y filosofía ¿Impresionante verdad?

Esperaba causar admiración en Orquídea, pero ella parecía más preocupada que otra cosa.

—¿Qué?

—He visto que te pasas el día leyendo, pensaba que lo hacías porque no tenías nada más qué hacer aquí encerrado, pero por lo que veo en tu hogar eras igual ¿Acaso tu madre no te hacía salir de casa?

—No tengo mamá, murió cuando yo era pequeño, vivía con mi papá, mis hermanos y mis tíos.

En la mente de Orquídea no tardó en aparecer la imagen de una familia de gusanos con garritas y alas corriendo y volando mientras la madre gusano era devorada por un garpiés, luego procedió a imaginar al padre gusano cuidando de los niños como podía junto a la ayuda de otros gusanos adultos. No era la peor situación del mundo, pero siempre era triste cuando un niño perdía a su madre.

—Lo lamento —dijo genuinamente apenada.

—No se preocupe, nunca la conocí, hubiera sido más triste conocerla y luego perderla.

Orquídea sintió que se le apretaba el pecho, pensó en sus propios hijos que nunca había conocido y se preguntó como se sentirían respecto a su ausencia ¿Pensarían en ella? ¿Lo aceptarían con calma y resignación como este niño? Solo podía especular al respecto. Entonces, en un arranque espontáneo, abrazó al niño.

Edwyn estaba muy sorprendido, hasta donde sabía las mantis nunca eran honestas con sus sentimientos, aunque claro, se trataba de Orquídea, la líder de la revolución ideológica, obviamente ella era diferente, pero como comprobó, aunque era más efusiva, seguía manteniendo algunas conductas propias de una mantis, pues tan pronto se dio cuenta de lo que hacía, lo soltó y lo dejó a un lado.

—Eh yo... Lo siento... no debí... —Tenía el rostro rojo—. Yo... Me debo ir, trabajo sí, ya vuelvo... Esto... Adiós.

Con un notorio nerviosismo abrió la puerta y luego se fue.

Para Edwyn fue muy evidente lo afectada que quedó la mantis por esto, no le dio desayuno como siempre, no preguntó cómo había conseguido los hongos y olvidó trabar la puerta (aunque esto último ya no lo afectaba mucho). En cierta manera pensó que era algo tierno, aunque no quería admitirlo, cuando se fuera iba a extrañar a esta mantis.

Suspiró con algo de melancolía y se dispuso a coger un libro de historia mantis, ya eran los últimos que le faltaban y los que más fácil se le hacían de comprender.

Pasó una tarde agradable instruyéndose sobre la historia de la cultura de las mantis, por sus ojos transcurrieron cientos de batallas y conflictos acontecidos en tiempos más duros y salvajes, este pueblo tenía una tradición muy rica y completa, que quizás en los inicios era muy apropiada para asegurar la supervivencia de la especie, pero que en los tiempos modernos resultaban obsoletas e incluso contraproducentes. A sus ojos este era un claro ejemplo de una mala capacidad de adaptación a los cambios en el tiempo.

Se saltó algunas peleas que consideró de poca importancia y que se referían más que nada a los cambios de gobierno, hasta donde había visto las mantis no heredaban el poder a sus descendientes, se lo entregaban a aquel que fuera capaz de derrotarlas, aunque debido a que los líderes buscaban tener descendencia con los individuos más fuertes de la tribu, lo común era que sus mismos hijos tomaran el poder.

Y en este punto era cuando la falta de sentimientos cobraba importancia, las peleas por el trono siempre terminaban con alguien muerto, y el afecto podría interferir en la tarea de matar a los hijos o a los padres dependiendo de quien resultara vencedor. En verdad era una sociedad salvaje y anticuada, no le extrañaba que Orquídea quisiera cambiar las cosas, ahora hasta sentía pena por los niños mantis, esa atolondrada niña llamada Rosa pronto perdería su dulzura y encanto para convertirse en una despiadada máquina de matar, Clavel se vería obligado a endurecer la coraza con la que cubría sus sentimientos si quería sobrevivir y él no soportaría presenciar todo eso, debía escapar de una vez.

Dejó la lectura a un lado y decidió estirar las patas, había llegado a la parte en la que comenzaba la infección en Hallownest, esa ya era historia conocida para él, sería como estudiarla de nuevo pero desde el punto de vista de una mantis.

Como Orquídea no apareció para darle de comer, decidió ir a buscar algo por su cuenta, al parecer la mantis fue absorbida por sus tareas y se olvidó de él, pero ahora que sabía abrir la puerta, ya no dependía de ella.

Tal como hizo la noche anterior, dio un brinco gigante ayudado con sus alas y alcanzó la palanca con la que abrió la puerta y una vez aterrizó, lo primero que vio fue a Rosa esperándolo.

—¡Ajá! ¡Por fin das la cara gusano!

—Ay no... —Definitivamente no tenía ganas de lidiar con Rosa en ese momento.

—Luego de semanas, meses y años ocultándote finalmente emerges de tu guarida.

—Solo fueron unos cuantos días...

—Pero ahora ha llegado el momento que tú y yo esperábamos.

—Yo no lo esperaba... Yo no quería...

—¡Nuestro duelo a muerte!

Edwyn la ignoró y se dirigió a la cocina, pero Rosa voló y se puso frente a él.

—¡No puedes ir ahí! Tía Lirio le está dando de comer a sus hijos, si te ve pasarás a ser parte del menú.

Un gruñido por parte del estómago del gusano fue la respuesta que recibió la niña.

—Uuuu... Se ve que tienes hambre —Se quedó pensando un rato— ¡Ya sé! Iremos a cazar, así podrás pillar algo qué comer.

A Edwyn le asombró la estupidez de Rosa ¿En verdad lo iba a llevar fuera de la tribu mantis? Le estaba sirviendo en bandeja la oportunidad para escapar. Se lo pensó un momento, aún le faltaba para terminar de leer su libro, pero en realidad algo que le costaba reconocer era que tenía mucho miedo de huir y la lectura del libro en parte era para retrasar el momento de intentarlo, pero si ahora le ofrecían de inmediato una vía de escape fácil y segura, pues sería tonto no tomarla.

Salir de la aldea mantis no era una tarea tan sencilla, pero Rosa la facilitaba mucho, Edwyn hacía lo posible por ocultarse, pero si una mantis se acercaba mucho, la niña la distraía unos momentos para que él pudiera escapar, incluso le enseñó algo muy útil que no sabía que podía hacer.

—Oh vamos, has lo que te digo y trepa por ahí.

—¿Y cómo quieres que lo haga? ¡Soy un gusano!

—Pero tienes garras y se parecen mucho a las de una mantis, incluso las mantis adultas son buenas trepadoras gracias a sus garras, tú deberías ser capaz trepar ese muro, cuando llegues arriba podrás saltar al otro lado y listo, vamos, con ese guardia en la puerta es la única forma de que puedas salir.

Si bien al inicio Edwyn estaba inseguro, pronto se dio cuenta de que escalar estaba dentro de sus capacidades, al menos ahora que estaba en forma, como había adelgazado bastante ya no tenía tanto peso que levantar, además sus garras fortalecidas por tanto excavar ayudaban mucho con eso.

poquito a poquito fue subiendo por el muro, incluso descubrió que sus patas traseras servían para apoyarse y mantenerse firme, entonces cuando estuvo casi en la cima, extendió sus alas y se dio un pequeño impulso para aterrizar del otro lado.

Otro pequeño logro para un pequeño gusano que estaba descubriendo sus habilidades y talentos, no tuvo mucho tiempo para celebrar porque Rosa de inmediato llegó para escoltarlo hacia sus territorios de caza.

Era un campo repleto de hongos y trepasetas pequeños buscando camuflarse, eran presas sencillas, ideales para que los niños mantis practicaran su cacería, o para que un gusano demostrara sus habilidades.

Una vez llegaron ambos se separaron un poco, Rosa lanzó otro de sus discursos grandilocuentes alabando sus propias habilidades de caza, luego de lo cuál procedió a tomar algo de altura y a seleccionar a una presa, un trepasetas que caminaba por allí distraídamente. Tal como siempre lo hacía, se concentró, tensó su cuerpo, preparó sus garras y se lanzó en picada contra el bicho y como si fuera una flecha, atravesó su caparazón acabando con su vida en un suspiro.

Una vez completa su hazaña procedió a gritar anunciando su victoria de forma muy escandalosa, a decir verdad su actuar era bastante inusual, meter tanta bulla era algo raro incluso para ella. Pero una vez terminó de gritar se quedó callada y miró hacia ambos lados buscando al pequeño gusano sin verlo por ningún sitio, podría haberlo ido a buscar en ese mismo momento para evitar su escape, pero decidió no hacerlo, simplemente se quedó allí junto a su presa esperando y mirando los alrededores.

Cuando finalmente decidió que había pasado el suficiente tiempo suspiró con algo de pena y procedió a cortar a su presa, un trepasetas entero aunque fuera pequeño era demasiado para cargarlo hasta su casa, por eso los niños mantis se movían en grupos y se turnaban para cazar y transportar las presas.

Estaba a punto de partir cuando cuando algo pasó corriendo frente a ella, una seticría. Se puso tensa, esas criaturas nunca estaban solas. Justo antes de que emprendiera el vuelo un fungiguerrero apareció y la golpeó.

Los reflejos de Rosa impidieron que la aplastara por completo, pero no salió indemne del impacto, una de sus alas se vio lastimada y aunque no era un daño grave, en ese momento no era capaz de volar.

Vio con terror cómo el hongo arremetía contra ella de nuevo y ahora no tenía las capacidades de hacerle frente, una cría que no puede volar es indefensa, hubiera sido sensato escapar, o al menos intentarlo, pero tal como le habían enseñado alzó sus garras lista para dar su pelea final.

Pero instantes antes de que el fungiguerrero la alcanzara, Edwyn salió de debajo de la tierra y con sus garras hirió una de las patas del hongo, la criatura cayó al suelo gritando furiosa.

—Rosa, corre ¡Hay que escapar!

—¡Una mantis no huye! —Gritó no muy convencida.

—Déjate de estupideces y... ¡Ah!

El hongo soltó una nube de esporas que paralizó momentáneamente al niño.

—¡Gusano!

—Deja de... Llamarme... Gusano...

Esforzándose por superar la parálisis trató de mover sus garras para salir de ahí, pero su cuerpo no respondía bien, y el fungiguerrero estaba furioso al verlo tratar de escapar. La herida en su pata no era grave pero le enfadaba que esa criatura lo hubiera dejado incapacitado, por eso, antes de que saliera de su alcance se lanzó sobre él aplastándolo con su cuerpo.

—¡NOOOOOOOOOO!—Gritó Rosa.

La niña mantis desesperada corrió y clavó sus garras sobre el fungiguerrero. Esta sí era una herida más grave que causaba más dolor, por lo que la criatura se levantó y comenzó a sacudirse tratando de quitarse al bicho que tenía encima. Rosa se aferraba desesperada al hongo, si caía sabía que la aplastaría también, Edwyn estaba inconsciente en la tierra medio enterrado luego de ser aplastado y ella peligraba de correr el mismo destino.

Y justo cuando comenzaba a preguntarse cuánto más aguantaría esta situación, el hongo se detuvo. Rosa miró a la criatura confundida por su comportamiento y se percató de que tenía una lanza atravesando su cuerpo.

—¿Están bien?

—Tía Orquídea. —La niña tenía la voz quebrada.

Orquídea caminó hasta ella y la desenganchó del fungiguerrero.

—¿Qué hacen aquí? ¡Patatita no debería estar afuera!

—Yo... Yo... —No sabía qué hacer, no podía decirle a su tía lo que estuvo a punto de hacer—. Quería jugar con él, pero si mamá me viera involucrada con un gusano lo mataría.

Orquídea la miró unos instantes con gravedad, en el fondo le alegraba que quisiera jugar con Edwyn, quizás a pesar de la estricta y rígida educación de su hermana Lavanda, Rosa comenzaba a ablandarse y a adquirir respeto por otros bichos, por otro lado también era bueno que Edwyn jugara con otros niños y respirara aire puro, pero tristemente todo era demasiado peligroso, nadie vería con buenos ojos una amistad entre ellos .

—Está bien... No le diré nada a tu madre, diremos que tuviste un accidente cazando a este fungiguerrero y lo llevaremos como prueba, nadie sabrá de esto ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Orquídea entonces tomó a Edwyn con cuidado y lo puso dentro de una bolsa que llevaba consigo, lo acomodó para asegurarse de que no se hiciera daño ni se ahogara durante el viaje, en cuanto a Rosa, ella se colgó por sí misma en la espalda de su tía. Una vez que los niños estuvieron acomodados, tomó a la presa y se encaminó a la villa.

Por el camino fueron en silencio, Orquídea y Rosa no solían hablar mucho, de hecho se llevaba mejor con Clavel, pero la experiencia reciente había impresionado profundamente a la niña y necesitaba expresarse.

—Tía Orquídea.

—¿Que ocurre Rosa?

—Yo... Fui muy descuidada... Estaba preparando una presa para llevármela cuando ese fungiguerrero y apareció y me atacó...

—Por eso les decimos que no vayan de cacería solos y se muevan en grupos, a su edad este lugar es peligroso.

—Sí... —Bajó la mirada avergonzada—. Casi muero... Yo... Estaba asustada... Hasta pasó por mi cabeza la idea de huir.—Esperaba una reprimenda de parte de su tía pero no fue así.

—Hubiera sido sensato.

—Pero las mantis no huyen.

—Eres pequeña, se te pueden perdonar esas cosas.

—Mamá estaría decepcionada de mí.

Orquídea apretó su agarre sobre la carga que llevaba en sus brazos, ya había perdido a dos sobrinos, odiaría perder a Rosa considerando que ya había llegado a aquella edad en la que era difícil que una cría muriera, ella debía vivir y convertirse en una espléndida dama que encandilara a todos con su encanto.

—Lo peor de todo —continuó Rosa—. Es que... Fui salvada por un gusano... ¡Un maldito y patético gusano!

—Patatita no es patético, es un luchador, no es un gusano cualquiera, por algo es tu rival ¿Cierto?

—¿Uh? Si... Es mi rival. —Esta idea animó de inmediato a la chica—. Claro, no es sólo un gusano, es especial, no cualquiera está a mi altura y recibir la ayuda de un aliado poderoso está bien.

—Sí... Incluso un gusano puede ser alguien formidable, y así como él hay montones de bichos que parecen débiles pero no lo son.

—Me gustaría ver a esa clase de bichos ¿Dónde están?

—Fuera de Páramos Fúngicos. —De inmediato el ánimo de Rosa decayó.

—¿Por qué tienen que estar afuera? ¿Así como voy a poder conocerlos? ¡Quiero pelear contra ellos! Ojalá pudiera salir.

—Quizás algún día puedas —luego agregó para sí mism—. Yo me encargaré de que puedas.

...

El viento infernal golpeaba con toda su fuerza la pequeña caravana que a duras penas se abría paso por aquel terreno agreste, no habían señales de plantas o manantiales, sin embargo aún así algunos bichos lograban sobrevivir en base a brutalidad y tenacidad. Eran seres fuertes y agresivos que estaban atentos a cualquier clase de movimiento para atacar, por supuesto la caravana no pasó desapercibida para ellos.

Un grupo de vengamoscas se reunió alrededor oscureciendo el cielo con su presencia, esperaban un gran premio, dentro de la estructura andante seguro habían muchas presas apetitosas. Transcurrieron algunos segundos en los que se mantuvieron al acecho y luego atacaron.

Se lanzaron contra la estructura de madera enterrando sus mandibulas buscando romper la coraza, era poco lo que podía hacer una sola vengamosca, pero el conjunto estaba logrando hacer mella en la cubierta. Pero sin previo aviso, uno de los insectos se vio atacado por una flecha de luz que atravesó su centro matándolo al instante, sus compañeros impresionados siguieron la trayectoria de donde provenía la flecha y se encontraron con una pelusa blanca.

Una polilla muy peluda con la mitad de su rostro cubierto por una máscara escarlata estaba frente a ellos con los brazos extendidos, su postura insolente delataba un sentido de superioridad, aunque a las vengamoscas eso no les importaba, era comida, la primera presa había salido.

Se arrojaron en bandada contra él, listos para devorarlo vivo, la polilla chilló de terror al ver esa nube abalanzarse sobre él, y justo antes de que el primer bicho mordiera su carne, un mar de fuego se extendió sobre ellos calcinando sus alas y sus corazas hasta dejarlos irreconocibles. Las vengamoscas que no fueron alcanzadas por el fuego huyeron presintiendo el peligro que se cernía sobre ellos y las pocas que se quedaron huyeron al ver cierta silueta oscura que se presentó detrás de la polilla.

—Buen trabajo Bocadillo, eso fue maravilloso —dijo una voz femenina juvenil.

—Pero Scarlet, yo no hice nada —el pelo del bicho alado se esponjó—. Como siempre tú te encargas de todo.

—¿Estás enojado? —La murciélago soltó una risa traviesa y lo tomó en brazos—. ¿Mi pequeña pelusa está enojada porque no pudo pelear? —Le acarició el pelo relajándolo— ¿Y qué hubieras podido hacer tú solito contra todos ellos?

—Maté uno.

—Sí, pero te faltaron los otros 255.

Bocadillo se cruzó de brazos y gruñó fastidiado, su pelo volvió a erizarse, cosa que divertía a la chica, pero antes de que pudiera seguir molestándolo una voz masculina muy profunda los interrumpió.

—Scarlet, detén tus abusos contra esa pobre polilla.

—Papi ¿No crees que decir abusos es demasiado? Solo estaba bromeando.

Grimm se acercó a su hija y tomó al bicho que tenía en sus brazos, pero en cuanto sintió la suavidad de su pelo no pudo evitar acariciarlo.

—Ustedes... ¿Podrían dejar de tratarme como una mascota?

—No —contestaron al unísono.

—Los odio... Aunque igual los quiero... Pero ahora los odio...

—Calma amigo mío, baja tu ardor y tu cabello.

Luego de decir esto soltó a la polilla, que con un par de aleteos aterrizó a los pies de los murciélagos, la diferencia de altura entre ellos era tremenda, pero no les temía y hablaba con ellos de igual a igual.

—Cubierta despejada de vengamoscas —anunció la polilla con un aire marcial.

—Maravilloso, sin tu apoyo al matar a esa vengamosca la tranquilidad no sería posible —El sarcasmo era sumamente evidente—. Pero mi presencia aquí es más para anunciar, que para evaluar desempeño. La silueta de nuestro próximo destino ya es visible en el horizonte.

—¡Hallownest! —Gritaron Bocadillo y Scarlet al unísono.

Ambos literalmente volaron hasta el frente de la caravana, donde se posaron en el techo del vagón para otear el horizonte. Efectivamente se podían ver algunas casas de silueta redonda cuyos bordes resplandecían a la luz de las lámparas de la ciudad, era un lugar lúgubre, pero de alguna forma resultaba acogedor. Bocadillo notó que su compañera se mostraba algo inquieta.

—¿Que pasa Scarlet?

—No sé... Me siento... Extraña, es como que ver esa ciudad me hace sentir feliz y triste al mismo tiempo ¿Como puede ser eso?

—Quizás tiene que ver con tus recuerdos perdidos —Bocadillo se mostraba entusiasmado ante la idea. —¿Será que podremos recuperar algo de tu pasado?

—No lo sé, aunque ahora ya no me importa mi pasado realmente, solo quiero deshacerme de las pesadillas, será un alivio ya no tener que taparme la cara en maquillaje para cubrir las ojeras.

—Lo siento...

-¿Eh? ¿Por qué lo dices? Si no fuera por tí ni siquiera podría dormir, quizás no tienes tanto poder para espantar a ese demonio, pero al menos nos permites a mi padre y a mí dormir algunas horas...

—Pero últimamente ya no logro espantar a ese monstruo tan bien como antes.

—Por eso venimos por el aguijón onírico, con eso podremos deshacernos de él para siempre ¿Cierto?

—Sí...

La polilla contestó con inseguridad, realmente no tenía la certeza de que el artefacto funcionaría, pero era su última esperanza y se aferraría a ella con todo lo que tenía.