¡Aquí me presento con un nuevo capítulo!
Primero quiero agradecer a Rakei que se volvió miembro de mi Patre-on y canjeó por dos capítulos extras consecutivos, por lo que habrá tres capítulos en una secuencia de 6 días (3 días de diferencia por cada actualización). Recuerda que si quieres extender esta racha puedes volverte miembro de mi Patre-on por un dólar, puedes buscarme como: Jyanzein.
Antes de comenzar, quiero contestar una review:
Carlos118: Pensé que sería buena idea agregar la Longinus, ya que no hay muchos fics acerca de esto. Obviamente también me agrada el hecho de poder agregarle ese misticismo propio que tanto me gusta. Solo espero que el desarrollo venidero también sea bien recibido por todos.
Liuterazagi: Creo que todos saben lo que podría suceder una vez que Issei logre controlar el poder de la Boosted Gear y la Longinus. Sería casi imparable.
Ahora sí, es momento del capítulo.
¡Disfruta!
Penemue dejó la taza vacía de café sobre el plato con delicadeza. Su mirada se fijó en el escritorio, o más bien, en la peculiar Sacred Gear que había sobre él. Unas piernas se colocaron sobre el mueble de repente, haciendo que la mujer observara al causante.
Azazel se cruzó de piernas mientras giraba la página del periodico. El cigarro que tenía en sus labios se movió de un lado a otro antes de expulsar una gran cantidad de humo por su boca y nariz.
"¿No crees que ya hemos esperado lo suficiente? Son las tres de la mañana." Comentó Penemue mientras se servía otra taza de café.
"La última vez, la lanza desapareció en la noche, ¿no puedes ser un poco más paciente?" Azazel ni siquiera la miró, el periodico parecía ser bastante interesante a sus ojos.
"¿Y si solo fue un error?" La mujer replicó con otra pregunta.
"¿Un error?" En esta ocasión, Azazel se tomó la molestia de mirarla. "La lanza solo se dedicó a sacar polvo por un milenio..." El Cadre volvió la mirada a su periodico con una expresión cansada. "¿Qué te haría pensar que es un error?"
"Porque Hyoudou es un Demonio." Penemue no dudó en responder. "No creo que nuestro Padre esté de acuerdo con..."
"¿Alguna vez ese viejo dijo quien debía ser el portador de la lanza?" Azazel la interrumpió, su mirada se fijó en ella una vez más. "Los Ángeles no son seres tan puros como se cree. Ellos mataron a una gran cantidad de griegos, griegos inocentes. Nosotros somos más de la misma calaña. No te equivoques, no estoy diciendo que todos seamos malos, este es el verdadero significado de una guerra: las víctimas." Azazel giró su periodico ante la mirada impasible de Penemue.
"Ellos fueron los que empezaron cuando crucificaron el cuerpo mortal de nuestro Padre..." Penemue dio un pequeño suspiro, sabiendo que eso no era el centro del problema. "Pero si hablamos de culpables, sabes que los Demonios fueron los peores, incluso peor que los griegos. La cantidad de violaciones y asesinatos a inocentes siguen siendo inciertas a día de hoy." Penemue tomó de su café tras su declaración, observando como Azazel le entregaba una pequeña mirada mientras dejaba salir un poco de humo.
"Si, lo recuerdo. Pero tú deberías recordar que el mocoso no tiene nada que ver con eso. Ahora estamos en una época completamente distinta." Azazel se quitó el cigarro de la boca. "No obstante, esas preguntas son las que menos me preocupan..." La mirada de Azazel se tornó algo seria, algo que sorprendió a Penemue.
"¿Y qué es eso?" Preguntó la Cadre con sumo interés.
"La lanza no se movió en mil años, ¿por qué ahora?" Azazel clavó el cigarro sobre el cenicero para apagarlo. "No creo que sea casualidad."
"En eso estamos de acuerdo..." Penemue bajó su mirada, observando su café.
"Volviendo al tema principal, si tanto te molesta estar despierta hasta tan tarde, recuerda que nadie te obligó a quedarte." El tono burlón volvió a Azazel, haciendo que Penemue le entregara una mirada peligrosa.
"Por si no lo sabes, siempre estoy despierta a estar horas para hacer el trabajo que cierta persona no hace. Apenas puedo dormir cuatro horas por día." La mujer se quejó mientras tomaba su café.
"¿Por eso bebes tanto café? Ten cuidado con eso, podría sacarte algunas arrugas. Puedo recomendarte algunas cremas cosméticas si quieres." Azazel comentó sin ningún miedo mientras volteaba la página del periodico.
"¿En serio piensas que necesito alguna crema cosmética?" Penemue se llevó una mano a su perfecto rostro tras escuchar esas palabras.
"Necesitas todas." Comentó un Azazel despreocupado, haciendo que un aura mortífera rodeara a Penemue.
"¿Cómo dices?" La mirada de ultratumba y su tono tranquilo indicaban que ahora estaba muy, muy enojada.
"¡Solo era una broma!" Exclamó Azazel, demostrando un poco de nervios al sentir que la mujer podría matarlo en cualquier momento.
¿En serio había llegado tan lejos? Él solo lo veía como una pequeña broma.
Para su suerte, la muerte tuvo que esperar un poco más para su llegada, ya que algo increíble sucedió.
Los dos observaron anonadados como la lanza comenzó a flotar de la nada con un leve aura dorada relampagueante. El arma levito lentamente hasta abandonar la bóveda, algo que sacó una sonrisa en Azazel.
"En marcha." Comentó el Cadre cuando fijó su mirada en Penemue, quien se puso seria de inmediato.
"Perdón por llamar a esta hora, Michael..." Penemue se colocó un dedo sobre el círculo mágico que materializó sobre su oído mientras se alistaba para partir. "Es algo urgente."
"¿Qué sucede, hermana? Y no te preocupes por el horario, recuerda que en el Elysium ya son las 7 de la mañana." La voz de Michael se escuchó a través del círculo mágico.
"La lanza despertó." Las palabras repentinas de Penemue se llevaron un leve jadeo desde el otro lado.
"¿¡Cómo dices!?" El hombre se mostró muy agitado.
"Si no les molesta, creo que tú y Dulio deberían ver esto." Penemue se acabó el café restante de un solo trago.
"Por supuesto. Ahora mismo estaremos allí." La voz exasperada de Michael se notaba mucho más calmada, aunque la seriedad y la tensión eran más que palpables.
Una vez que la llamada se cortó, un gran suspiro emergió de los labios de Penemue.
"El papeleo extra será lo menos problemático que saldrá de esto..."
_ CAPÍTULO 9: ¡LA LEYENDA DEL MESÍAS! _
Raynare abrió sus ojos somnolientos, para luego sentarse sobre su cama mientras se frotaba los ojos con cansancio.
"¡Que calor!" Exclamó la Ángel Caída, estirando su espalda como una felina, haciendo que las sábanas cayeran y descubrieran su cuerpo.
Ella solo llevaba una gran camisa blanca con mangas que le quedaba exageradamente grande, por lo que tapaba cada parte importante de su cuerpo. O por lo menos eso intentaba, ya que su figura curvilínea se ajustaba notoriamente en los puntos perfectos, y como si no fuera suficiente, el leve sudor de su cuerpo hacía que la vestimenta se pegara a su cuerpo.
En resumen, se veía muy erótica. Algo que hubiera notado con facilidad, si es que no estuviera mucho más concentrada en volver a conciliar el sueño.
"¿Qué hora es?" Se preguntó la mujer entre bostezos mientras se arrimaba a la orilla de la cama.
Los pies de Raynare tocaron el suelo con un silencio mortal. Su rostro adormilado se dio la vuelta lentamente solo para ver una situación que ayudó a quitarle más el sueño.
Allí estaba Issei, la almohada entre sus piernas, una de sus manos tocando el piso mientras que su otro brazo se estiraba a lo largo de la pared. La mitad de su camisa estaba levantada y su boca estaba abierta a más no poder mientras daba pequeños ronquidos. Las sábanas que antes lo cubrían ahora estaban esparcidas por el piso.
"Aún no entiendo como puede dormir así..." El comentario de Raynare dejó ver que no era la primera vez que lo veía de esta manera.
La sonrisa no tardó en emerger de sus labios cuando se detuvo a mirarlo un poco más. Después de eso, la Ángel Caída lo arropó con las sábanas que él mismo había tirado, haciendo que su ronquido se interrumpiera de una manera graciosa, pero al final no se despertó y lo único que hizo fue sostener las sábanas con ambas manos.
Raynare tuvo que aguantar la risa al verlo dormir como un bebé. Ese pensamiento no duró mucho más, ya que el rostro relajado de Issei le llamó la atención.
Esta eran las pocas veces en las cuales podía ver de nuevo esa expresión genuinamente inocente en su rostro.
Antes de que todo sucediera, él siempre sonreía y lucía de esa manera.
Ese pensamiento hizo que una sonrisa de remordimiento cruzara por sus labios. Una de sus manos se dirigió al pecho con la intención de que esos pensamientos no la siguieran lastimando. Esa acción no funcionó, pero lo que hizo a continuación bastó para calmarla.
La suave mano de la mujer recorrió por la mejilla de Issei. Al sentir la calidez de su piel hizo que su miedo se quedara en silencio, y sin que ella lo supiera, una leve sonrisa amorosa cruzó por sus labios al sentir como el miedo silencioso ahora se convertía en una sensación de extraña felicidad.
No entendía por qué la hacía sentir feliz, pero no iba a detenerse por eso.
Ella continuó acariciando su mejilla por unos pocos segundos más hasta que se puso de pie nuevamente y se encaminó hacia la ventana.
La extraña sensación de felicidad había desaparecido, pero por lo menos ese miedo tampoco volvió.
Ante esos pensamientos, Raynare levantó la ventana con calma...
Aunque esa calma no duró ni dos segundos.
La Caída se hizo a un lado con los ojos bien abiertos cuando vio como la lanza de ayer entraba por la ventana levitando. El estado de total desconcierto no le permitió reaccionar adecuadamente, por lo que solo se dignó a ver como la lanza caía sobre el pecho de Issei tranquilamente mientras el protagonista la abrazaba entre sus brazos de manera inconsciente.
"Ya queda claro que no es mera casualidad." Raynare volteó su rostro tras escuchar la voz de Azazel, quien se encontraba volando junto con Penemue.
"Ya me di cuenta de eso." Penemue asintió.
"¿Me pueden explicar qué demonios pasa con esa lanza?" Preguntó Raynare con los ojos entrecerrados al ver como los dos Cadres más importantes estaban volando enfrente de su ventana.
"Antes de explicarlo, lo mejor sería esperar a los otros dos." La respuesta de Azazel solo generó aún más dudas en Raynare.
_ SALTO DE LINEA _
Grigori
Unos minutos más tarde...
Issei se preguntaba qué hacía en frente de la fuente que estaba en la plaza de Kuoh. Observó su vestimenta, y le pareció aún más extraño al ver que llevaba una ropa que ahora mismo era imposible que pudiera tener.
Después de todo, estaba seguro que si Rías borró los recuerdos de sus padres, entonces también se debería haber encargado de tirar todas sus pertenencias.
Antes de que pudiera seguir pensando acerca de lo que estaba aconteciendo, una figura pasó rápidamente a su lado. En ese momento se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.
"¿Los sueños quieren jugarme una mala pasada?" Pensó Issei con una expresión aburrida al ver que se trataba de Raynare, o más bien, Yuuma.
"Quiero pedirte un favor..."
"Oh sí, allí están esas palabras." Pensó el castaño con aburrimiento, viendo con pasividad como la mujer se acercaba para susurrarle al oído.
"¿Puede darte un beso?"
Los ojos de Issei se ensancharon a más no poder.
Definitivamente ella no debería haber dicho eso.
Antes de que siquiera pudiera reaccionar, Raynare tomó sus labios sin previo aviso.
Así es, ya no era Yuuma, ahora ella era Raynare.
Issei se quedó completamente estático sin saber qué hacer.
Raynare se separó lentamente, sus labios estaban conectados por un hilo de saliva. Issei seguía sin ser capaz de reaccionar, solo era capaz de sentir ese gran escalofrío alrededor de todo su cuerpo.
Había sido todo falso.
No sintió sus labios.
No sintió su abrazo.
No sintió nada.
Lo único que se encendió fue su pecho.
Todo su cuerpo parecía un maldito volcán en estos momentos.
"¿Qué?..." Antes de que pudiera decir otra palabra, Raynare colocó un dedo sobre sus labios.
"Despierta."
Issei abrió sus ojos, y lo primero que vio fue como Raynare estaba sacudiendo su cuerpo con cuidado.
"Tenemos visitas." Raynare volvió a hablar, en lo que Issei intentó sentarse, aunque se quedó a medio camino tras notar como algo presionaba sobre su pecho.
El castaño no dijo nada, solo tomó la lanza con una mano mientras se tomaba la cabeza con la otra. Francamente, sus ideas estaban más situadas en el sueño que había tenido a que la lanza haya vuelto a él.
"Justamente por eso están aquí." Raynare pensó que la confusión de Issei se debía al regreso de la lanza, por lo que el protagonista tan solo asintió con torpeza. "Te dejaré solo." Raynare cerró la puerta, e Issei se quedó en esa misma posición desconcertada por varios segundos, hasta que finalmente reaccionó.
"Mi mente si que sabe cómo joderme con pesadillas..." Murmuró el castaño cuando se sentó en la cama.
En ese momento, el interés volvió al tema principal: la lanza.
El castaño la observó por unos pocos segundos hasta que finalmente la apartó para cambiarse.
Raynare repartió unas tazas de café y galletas para los cuatro invitados, quienes sólo dos de ellos asintieron en agradecimiento por el recibimiento.
"Le hace falta más cafeína." Comentó Penemue con calma cuando dejó la taza con cuidado sobre la mesa.
"No le hagas caso. Está loca por los narcóticos." Azazel dijo con simpleza.
"El café no es un narcótico." Refutó la Cadre con el ceño fruncido.
"Lo que digas." Azazel simplemente se inclinó de hombros mientras degustaba su café.
"Veo que ninguno de los dos cambiaron." Un sujeto de cabello largo rubio y rebelde se rio mientras cruzaba las piernas sobre la mesa.
El sujeto llevaba una ropa de exorcista combinada con vestimenta casual. Básicamente, su actitud despreocupada y alegre combinaba a la perfección con sus prendas que no combinaban para nada en colores o significado. Y aunque pareciera un exorcista, su aura dejaba a entender que era un Ángel, algo que contrarrestó aún más con su actitud.
"¡Oye, no seas descortés!" El otro hombre rubio de aspecto más serio y benevolente se quejó de la actitud de su compañero. "Realmente lo siento." El hombre bajó su cabeza como disculpa.
Este segundo invitado era completamente lo contrario a su semejante. Sus ojos celestes brillaban con gran bondad y calma, mientras que los ojos verdes de su compañero desprendían simpatía y liberalidad. Su vestimenta también era muy diferente, ya que poseía unas hombreras doradas junto con una túnica roja y blanca de sacerdote que reflejaba toda su fe en Dios. Aunque, sin duda alguna, lo que más caracterizaba su figura era esa aureola dorada que funcionaba como una corona sobre su cabeza.
"Oh, no se preocupe." Raynare imitó la acción.
"¿Cómo te ha tratado el cielo, Dulio?" Preguntó Azazel, captando el interés de todos.
"¿Qué puedo decir? Todos tienen aspectos muy jóvenes pero actúan como unos vejestorios. Si no me crees, solo mira a este tipo." El ahora reconocido como Dulio señaló a su compañero de forma descarada. "Solo era una broma." Dulio se rio cuando bajó sus piernas, apoyando su rostro sobre su mano al instante que su codo se apoyó sobre la mesa. "Es cierto que puede ser aburrido, pero últimamente las cosas se están agitando un poco por culpa de nuestro querido y confiable amigo Kokabiel."
"Lamentablemente, no nos reunimos hoy para eso..." Declaró Penemue.
"Hablando de eso, ¿dónde se encuentra el joven?" Preguntó el otro Ángel con mucha curiosidad.
"¿Me llamaban?" Issei justo apareció en las escaleras.
La mirada tranquila de Michael cambió radicalmente al ver que Issei llevaba la lanza en una de sus manos. Así también lo hizo Dulio, aunque se notaba más curioso que tenso.
Issei no pasó por alto esas miradas, y el hecho de que desprendían un aura que le resultaba repulsiva hizo que la incomodidad en su cuerpo incrementara a niveles insospechados.
"Oigan, están molestando al mocoso con esas miradas." Las palabras de Azazel hicieron que ambos Ángeles volvieran a su aspecto normal.
"Lo sentimos, es solo que nos resulta bastante fascinante el hecho de que la lanza haya reconocido a un Demonio como su portador, de nombre..." Dulio hizo una pequeña pausa, algo que Issei captó.
"Hyoudou Issei." El castaño comentó, terminando de bajar las escaleras.
"¡Issei! ¡Que buen nombre!" Dulio se abalanzó sobre el joven para tomar sus hombros, algo que lo sobresaltó. "¿¡Puedo llamarte Ise!? ¡Siempre quise tener una mascota con ese nombre!" Las divulgaciones del hombre sacaron una gran gota de sudor nerviosa en el castaño.
"Eh... no hay problema." La abrumadora personalidad del hombre no le permitió ver que hace unos segundos lo había comparado con un perro.
El otro Ángel se aclaró la garganta, haciendo que Dulio se diera cuenta de sus acciones.
"Ah, lo siento, lo siento. Es que me impresiona mucho saber que después de tantos siglos esta lanza encontró a su portador. Eres un especimen de lo más curioso." Declaró Dulio con una sonrisa confiable mientras le daba algo de espacio personal al castaño.
"Hum, ¿gracias?" En ese momento, la expresión de Issei cambió. "Espera, ¿qué quieres decir con "portador"?" El castaño fijó la mirada en la lanza.
"Tal y como oiste. Pero antes de eso, veo que debemos aclarar muchas cosas." Comentó el otro Ángel con una sonrisa condescendiente. "Por lo que veo, eres un Demonio Reencarnado y no sabes mucho acerca del pasado de las Facciones Sobrenaturales, ¿estoy en lo correcto?" Issei dio un leve asentimiento cuando se sentó junto a Raynare, quien también lucía muy curiosa por lo que estaba pasando. "Mi nombre es Michael, soy un Ángel Serafin. El que está a mi lado se llama Dulio Gesualdo, es un humano reencarnado bajo mis manos." Eso impresionó a Issei, quien observó a los dos Ángeles con sumo asombro.
"Por eso es que me sentía tan incómodo..." Pensó Issei, aunque rápidamente se dio cuenta de algo clave. "¿Qué es un Serafin?"
"Son el máximo nivel al que pueden aspirar los Ángeles, algo así como los Cadres." Dulio dio la explicación, ganándose un asentimiento por parte de Issei.
"Pero, ¿por qué están aquí? ¿Es todo por esta lanza?" Issei colocó la lanza sobre la mesa, la forma despectiva al referirse a ella dejó bien en claro la ignorancia del muchacho.
"Es claro que no tienes ni idea de lo que tienes entre manos, mocoso." Declaró Azazel con gracia, algo que solo confundió aún más a Issei y Raynare.
"Preferiría que las explicaciones no se alarguen mucho, así que si me lo permiten..." Penemue observó a Dulio y Michael, quienes asintieron en aprobación. "En primer lugar, esa lanza no es cualquier lanza. Fue la primera Longinus creada por Dios, y cuenta con un poder increíble." Esas palabras sorprendieron tanto a Issei como a Raynare, quienes solo atinaron a observar la lanza.
"Pero, escuché que esa lanza no era más que un viejo mito..." Comentó Raynare con suma incredulidad.
"Pues ya ves que es real." Comentó Dulio con una sonrisa al ver su reacción.
"Eso es lo menos importante. Debemos recapitular hasta la guerra contra los Dioses Griegos para aclarar todo." Esas palabras asombraron a Issei, quien no tenía idea de semejantes acontecimientos.
"¿Estuvieron en guerra con los Dioses Griegos?"
"Desde el nacimiento de Cristo, si buscamos ser más exactos." Penemue respondió a su manera, recordando esos viejos tiempos que eran bastante oscuros. "En aquella época el cristianismo no era más que un pequeño río comparado con el extenso mar que suponían las creencias griegas y romanas. Dios utilizó una parte de su cuerpo para dar nacimiento a Cristo, y de esa manera buscar expandir la religión. Los Dioses Griegos siempre fueron demasiado egoístas y pedantes, por lo que cuando se enteraron de la idea de Dios de inmediato comenzaron a mover hilos para ejecutar a Cristo. Ellos no soportaban la idea de que su poder sea arrebatado, aunque solo sea una minúscula parte de ello." Penemue dio un leve suspiro para hacer una pequeña pausa. "Siempre intentamos llegar a buenos términos, al igual que las demás pequeñas creencias que se venían desarrollando en aquella época. Desafortunadamente, el egoísmo de los griegos los cegó y nos vimos en la obligación de iniciar una gran confrontación cuando mataron a Cristo. Aunque se intentaron mantener las relaciones diplomáticas, la realidad es que todo se rompió en unas décadas, ya que la fe cristiana comenzó a alzarse a pesar de la muerte de Cristo. Esto también afectó a los mortales, quienes lucharon entre sí para defender sus creencias. En un principio fueron solo los cristianos, desafortunadamente había una gran diferencia de poder que sólo era sostenida por Dios, incluso las Tres Facciones se unieron por primera y única vez en su historia con el fin de soportar los incesantes ataques. En un principio todo indicaba que el cristianismo desaparecería, pero las demás creencias lentamente se unieron en nuestra causa con el afán de derrocar a los tiranos." Penemue hizo una pequeña pausa para servirse un poco más de café. "La lucha divina fue feroz y duró siglos. Mientras tanto, los godos, los vándalos, los burgundios y entre otras facciones comenzaron a invadir el Imperio Romano. La lucha era muy pareja y parecía no tener final, hasta que Dios y Caos decidieron acabar la guerra con una confrontación directa." Esas palabras asombraron a Issei.
"Espera, Caos es..."
"Así es, Caos era el Dios Primordial de los Dioses Griegos, uno de los pocos que existieron en este vasto mundo." Penemue llevó la mirada a su café, su rostro se endureció un poco ante los recuerdos. "Fue una batalla entre dos entidades superiores, nunca se vio nada igual..." Penemue cerró sus ojos. "Pero al final, solo uno de los dos resultó victorioso."
"Dios ganó, ¿verdad? De lo contrario, el Imperio Romano aún seguiría controlando el mundo." Comentó Issei, recibiendo un asentimiento por parte de Penemue.
"La caída de Caos marcó un antes y un después en la guerra. El mundo griego recibió un gran golpe y los mortales comenzaron a dudar de sus propias creencias sin saber el motivo. La fe se fue erosionando hasta tal punto en el que los Dioses Griegos comenzaron a debilitarse por la falta de ofrendas, ya que eso era lo que los mantenía fuertes. Al final logramos dar un golpe en el tablero que fue definitivo. Erradicamos todo lo que tuviera que ver con el mundo griego y eso hizo que el mundo mortal se sacudiera. Como Dios fue quien dio el golpe crítico, todas las ramas cristianas obtuvieron un aumento de creencia y poder bestiales que los llevó a acabar con Roma Occidental. De esa manera el cristianismo se impuso como la fe predominante hasta el día de hoy." Penemue terminó la explicación, dejando a un Issei muy pensativo.
"No sabía que la fe podría hacer que una persona sea mucho más fuerte..."
"Eso era antes." Las palabras de Penemue lo impresionaron.
"¿Qué quieres decir con eso?" Preguntó un Issei muy confundido, y en esta ocasión, incluso Raynare lo estaba.
"Creo que esto no me corresponde a mi." Penemue fijó su mirada en Michael, quien de pronto se puso muy serio.
"El joven necesita saberlo, pero ella..." El Serafin fijó su mirada en Raynare, quien se percató de esto.
"Si es así, entonces me marcho..." Antes de que pudiera levantarse, Azazel golpeó la taza de café sobre la mesa con fuerza.
"Ahora ellos son parte de mi equipo especial. Harán muchas misiones juntos, misiones que probablemente sean muy peligrosas. Estoy seguro que todos los miembros se enteraran de la verdad tarde o temprano." Aclaró Azazel con una sonrisa relajada, aunque su acción previa no lo demostraba.
"Pero..." Michael se mostró algo reacio.
"¡Vamos! ¡Son el equipo que acompañará a Ise en sus aventuras, también merecen saberlo!" Exclamó Dulio con una sonrisa dentuda.
"Supongo que tienes razón..." Michael respondió con ligeras dudas. "Para ser honestos, es cierto que nuestro Padre ganó la batalla, pero era obvio que una batalla de tal magnitud hizo que ninguno de los dos contrincantes salieran impunes." Esas palabras impresionaron a los dos.
"¿Estás diciendo qué...?" En esta ocasión, la que habló fue Raynare.
"Exacto." Michael asintió con absoluta seriedad. "En un momento de la batalla Caos le hizo una profunda Maldición para debilitarlo y así tener más chances de ganar. Por suerte no pudo lograrlo, pero la Maldición fue tan poderosa que nadie pudo hacer nada al respecto. De esa forma la salud de nuestro Padre comenzó a ser consumida hasta que casi no quedaba nada de él." Michael bajó la cabeza con tristeza e impotencia tras los recuerdos. "Él ya sabía que no le quedaba mucho tiempo, por lo que decidió sellar su Santo Espíritu con el afán de que por lo menos su poder aún continuara con nosotros..." Michael guardó silencio, sus puños se apretaron con aún más fuerza.
"¿Eso-eso significa que Dios está muerto? ¿Pero cómo es que la fe pudo sostenerse a lo largo de todos estos siglos?" Preguntó Issei, completamente incrédulo ante lo que estaba escuchando.
Simplemente era algo muy difícil de asimilar.
Esa entidad que casi todo el mundo admiraba estaba muerto.
"Yo me encargué de eso." Michael colocó una mano sobre su pecho para hacer énfasis en sus palabras. "Aunque el hueco que dejó nuestro Padre es irremplazable, por eso es que la fe nunca volverá a ser lo mismo que antaño. De hecho, nada volverá a ser como antes..." Comentó Michael con tristeza.
"Ahora entiendo por qué no querían decírmelo. Si esto se llega a esparcir, podría ser una verdadera catástrofe tanto en el Mundo Sobrenatural como en el Mortal..." Comentó Raynare, sabiendo que la seriedad del tema era mucho más grande de lo que cualquiera se hubiera imaginado.
"En parte estás en lo cierto, aunque sin duda afectaría más a los mortales." Las palabras de Azazel llamaron la atención de todos. "Muchos en el Mundo Sobrenatural ya están al tanto de esto. Los que no lo saben son las nuevas generaciones. Tampoco se permite divulgar esta información, creo que cualquiera de los dos se hace la idea de cuál podría ser el castigo." Las palabras finales de Azazel sonaron con su típica tranquilidad, aunque la amenaza estaba más que clara.
"No te preocupes, solo se lo diremos a nuestro equipo." Aclaró Issei con seriedad.
"¿Esos jóvenes son de fiar?" Preguntó Michael con seriedad.
"¡Ya te dijeron que no te preocupes, viejo Michael!" Exclamó Dulio con una sonrisa, haciendo que su compañero Ángel suspirara.
"Volviendo al tema principal..." Michael retomó el habla, volviendo a su seriedad. "Antes de poder sellar su Santo Espíritu, Dios gastó sus últimos momentos de vida para encontrar una forma de lograr su cometido. El poder que debía guardarse era demasiado grande, por lo que hacer un arma desde cero que podría contener dicha energía llevaría mucho tiempo, tiempo que no tenía. Por eso mismo tomó la decisión de hacerle algunos ajustes a la única arma que sería capaz de contener esa gran cantidad de poder." Las cejas de Michael se fruncieron por lo que estaba a punto de decir:
"Esa arma es la lanza que estás sosteniendo ahora."
Esas palabras sorprendieron tanto a Issei que dejó caer la lanza sobre la mesa.
"No-no puede ser, él es un Demonio. Es imposible que la lanza lo haya elegido como portador..." Comentó Raynare con sumo estupor.
"Como dijo el viejo Michael, la muerte de Dios llevó a muchos cambios. El principal de ellos es que los Demonios hace bastante tiempo dejaron de ser Demonios, por así decirlo. El poder sagrado, el poder maldito, muchas de esas cosas fueron perdiendo, o más bien, cambiando su sentido a lo largo de las generaciones." Dulio les explicó con una sonrisa, para luego señalarse a sí mismo. "Mírenme a mí. Soy un Ángel Reencarnado. Pensar que hace mucho tiempo un humano podría convertirse en un Ángel era imposible." Concluyó el hombre con una sonrisa dentuda.
"Además, debes tener en cuenta algo, Hyoudou..." Michael retomó el habla, esbozando una sonrisa amable en su rostro. "Si la lanza te eligió, fue porque tienes y tendrás un alma libre de pecados."
"Hum, eso si es un poco debatible..." Comentó Raynare con una sonrisa socarrona, haciendo que Issei se sonrojara de vergüenza.
"¡Es cierto que tengo algunos malos hábitos, pero nunca hice nada malo!" El castaño se defendió como pudo.
"Si tu lo dices..." Declaró su futura amante, esa sonrisa aún no abandonaba su rostro.
"¡Por supuesto! ¡Para que lo veas, hace poco rompí un record!" Exclamó Issei aún ruborizado.
"¿Un récord?" Se preguntó un Michael interesado, quien agarró la taza de café.
"¡Exacto!" Issei se levantó y colocó un pie sobre la mesa. "¡Llevo más de dos semanas sin pensar en tocar un par de tetas!" Esas palabras hicieron que Michael se ahogara con su propia bebida, mientras que Dulio cayó al piso y comenzó a reírse como si fuera un maldito loco.
"¡Michael, este muchacho me llena de orgullo!" Exclamó Dulio, quien se puso de pie, alzando el pulgar en aprobación hacia Issei, quien tan solo se frotó el cabello con vergüenza.
Mientras tanto, Raynare estaba haciendo todo lo posible para aguantar la risa, Penemue tenía un pequeño tic en su ceja y Azazel simplemente estaba sonriendo con satisfacción.
"Ese es un gran progreso, Issei." Declaró el cuervo con calma, haciendo que Issei llorara a mares.
"Gracias por ser el único que reconoce mi esfuerzo, jefe." Declaró el castaño revitalizado.
"Hum, ¿en serio este joven será el Mesías?" La pregunta de Michael hizo que todos se tranquilizaran.
"¿Qué quieres decir con eso?" Preguntó Issei con suma curiosidad.
"Se dice que el que se convierta en el portador de la lanza se convertirá en el Mesías. Eso pasó a ser más como una leyenda o mito con el tiempo, debido a que la lanza desapareció por muchos siglos, aunque la verdad fue que la mantuvimos oculta entre nosotros 4." Michael explicó, recibiendo un torpe asentimiento por parte de Issei.
"Aún así, todo esto me resulta difícil de creer..." Comentó Issei con grandes dudas mientras miraba la lanza.
"No queremos forzarte, Issei. Pero no hay tiempo para dudar." Las palabras de Azazel no solo impresionaron a Issei, si no a todos los presentes. "La lanza se mantenía oculta por algo. Muchos querían el gran poder que contenía para su propio beneficio. Incluso si es que la lanza no les permitía controlar el Santo Espíritu, la realidad es que seguía siendo la Longinus más fuerte del mundo." Declaró el Cadre con seriedad, algo raro en él. "Por eso es que no debes dudar. Si lo haces, tus nuevos enemigos que ansían poder no dudarán en arrebatarte la lanza y matarte."
"Pero..." Issei tuvo la intención de decir algo, pero justo en ese momento la lanza comenzó a levitar con un brillo dorado hasta caer entre sus piernas.
"Parece que la lanza está muy segura de quererte como su amo. Será mejor que no la decepciones." Declaró Penemue, quien tomaba del café con tranquilidad.
"¿Querías algo para salvarlas, no es así?" Las palabras repentinas de Raynare no solo llamaron la atención de Issei, sino también de los dos Ángeles.
"Yo..." Issei observó la lanza, su mirada se tornó lentamente seria. "Tienes razón, esta es una oportunidad única." La lanza emitió un pequeño brillo tras escuchar las palabras de su nuevo portador, como si le estuviera respondiendo.
"Perdón que interrumpa, ¿pero a quienes quieres salvar?" Preguntó un Michael bastante interesado.
"En realidad, es algo complicado..." La mirada de Issei decayó notoriamente. "Ellas me quitaron a mis padres." Esas palabras hicieron que incluso el siempre sonriente Dulio perdiera su sonrisa. "Es cierto que casi todo se debió a ese bastardo sin corazón, pero ciertamente ellas no están libres de culpa. Aún así, nadie se merece ser utilizado, despreciado, e incluso..." Issei decidió detenerse, sabiendo que las siguientes palabras podrían ser mal tomadas por los dos seres que estaban frente a él.
"Continua." Michael indicó que no le molestaba escucharlo, esa sonrisa amable en su rostro lo demostraba.
"Eso da igual." Issei se puso de pie, colocando la lanza sobre su hombro. "Si fueran mis amigos, si fueran mi familia, si fueran desconocidos, e incluso si fueran gente que se equivocó de la peor manera..." Issei cerró sus ojos profundamente.
"Nada de eso me importa."
Esas palabras sorprendieron a todos.
"Casi todos en este mundo merecen otra oportunidad, y yo me encargaré que esas pocas personas que merecen ser castigadas no sigan lastimando a nadie más. Daré lo mejor de mí para salvar a esas personas que fueron tratadas de manera injusta por la vida, así como me salvaron a mi." Issei fijó su mirada en Azazel, quien tan solo respondió con una sonrisa.
"Vaya..." Dulio tuvo que decir que estaba impresionado, lo demostró con su postura inusual y ese chiflido que emergió de sus labios. "Supongo que esto es lo que buscabas del Mesías, ¿verdad, pequeño Michi?" El Ángel fijó la mirada en su amigo, quien lucía muy feliz por lo que había escuchado.
"Supongo que me preocupé innecesariamente..." Comentó el Líder de los Ángeles con una sonrisa tranquila. "Por cierto, ¿podrías dejar de ponerme esos apodos tan raros?" Esa pregunta pareció ofender a Dulio.
"¿Por qué? Son muy divertidos."
_ ¡FINAL DEL CAPÍTULO! _
(O NO)
¡No te olvides de leer la escena final que hay más abajo!
Creo que las ideas de este fanfic se van aclarando poco a poco. Fue un capítulo con mucho lore, lo sé, pero los próximos seguro estarán más movidos (especialmente porque se viene la introducción de un personaje que muchos están esperando).
Como siempre digo, espero que lo hayan disfrutado, y en esta ocasión nos estaremos viendo bastante pronto para la continuación de esta historia.
¡Nos vemos dentro de tres días!
Issei observó desde el comedor como Azazel, Penemue y Michael estaban hablando sobre un par de cosas en la sala de estar. Esa atención se desvió hacia otro lado al sentir como alguien se sentaba a su lado.
"¿Qué es lo que harás?" Raynare le preguntó con interés.
"Primero dormir, me muero de sueño." Declaró el castaño con ojos cansados.
"Vaya, y yo pensaba que toda la nueva información te iba a dejar más despierto que nunca." Declaró Dulio, quien se sentó a su lado.
"Esa lógica funciona para ambos extremos." Declaró el protagonista, dando un gran bostezo al final.
"Ya veo, es normal sentir bastante presión cuando se te impone un labor tan grande..." Declaró el Ángel con una sonrisa, para luego apoyar su mentón sobre su rodilla, optando por una postura algo rara. "Como eres mi Kohai, puedo darte un par de consejos si quieres." Esas palabras confundieron a Issei.
"Aunque agradezco tu predisposición, ciertamente no creo que puedas ayudarme a entender esta arma." Respondió el castaño, haciendo todo lo posible para no ofenderlo.
"No, no, no. Te equivocas en ese punto." Declaró el hombre con su siempre sonrisa mientras agitaba su dedo índice de un lado a otro para hacer énfasis en sus palabras.
"¿Qué quieres decir?" Preguntó Issei con mucha curiosidad, haciendo que la sonrisa de Dulio se afilara.
Definitivamente ni Issei ni Raynare esperaban semejante respuesta.
"Yo fui la única persona que utilizó esa lanza."
