Hola, espero y se encuentren muy bien, te deseo un buen día, tarde o noche, aquí te dejo el siguiente capítulo de mi historia, disfrute mucho escribir este capítulo, espero les guste.

Les advierto que hay muchas interacciones entre nuestra pareja principal, así que bajo advertencia no hay engaño. :PAG

(L)

Declamador: Inuyasha y sus personajes no son de mi autoría, pertenecen a Rumiko Takahashi.

Advertencia: Historia del universo alterno. Escenas de violencia y contenido lime.

Advertencia 2: Contenido lima.

Cartas de Amor al Desierto (Sesshomaruuxkagome)

Carta 8

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

DESIERTOS (Fragmentos) ADONIS (ALI AHMAD SAID)

Mira las últimas imágenes

en sus pliegues.

Ellas palpan en su arena,

en un océano de chispas,

y sobre su cuerpo

hay un campo de gemidos humanos .

Semilla a semilla se esparce en nuestra tierra

y se conserva el secreto de esta sangre.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

—Se nota que no has dormido casi nada.

Una Kagome con pronunciadas ojeras miró apenas a su mejor amiga, pero tendría que aceptar que era evidente su falta de sueño. Se levantó de la cama y se dirigió a su balcón. Dejando que el sol la bañara con sus rayos, cerró los ojos unos minutos y respiro profundamente.

— ¿Qué es lo que te preocupa Kagome? —Cuestiono Sango llegando hacia su amiga.

—Todo, todo me preocupa.

—De lo único que tienes que preocuparte es de estar bella y radiante para el día de tu boda.

Ante tal comentario la chica de ojos azules torció la boca en señal de enojo, la otra chica solo pudo sonreír ante tal puchero.

—Eso lo sé muy bien Sango, pero no puedo evitar preocuparme, en primer lugar por la noche de bodas, muerto de angustia, en segundo por conocer a mis sueños, en tercera dejar a mis padres, a mi hermano a ti ya mi gente. por irme a Al Qarah y en cuarto lugar la maldita guerra.

—De todas esas preocupaciones, hay solo una en la cual puedes trabajar.

— ¿Cuál?

—La noche de bodas—Indico Sango con una sonrisa pícara—Eres hermosa, agraciada y con un excelente cuerpo, sumémosle que el príncipe esta realmente interesado en ti, no solo básicamente sino que puedo decir que hasta sentimentalmente, por lo consiguiente creo que todo fluirá .

—Pero muerto de angustia y si sigue obsesionado con la bailarina—dijo la princesa con intranquilidad.

—Te va a tener a ti esa noche a nadie más, además recordamos de que fuiste tú, claro tenías otro nombre y tu apariencia cambio un poco, pero nunca dejaste de ser Kagome.

Sango estaba seguro de que su amiga necesitaba una distracción y pronto, el templo de Ágata se encontraba en reparación, por lo que no era una opción, pensó un poco más y encontró la solución.

— ¡Tengo la solución perfecta! —Indico Sango con alegría—Primero te tienes que bañar y arreglar, después iremos hablar con tu cuñada y con las chicas del harem, proseguiremos con una sesión de baile y por último, en la noche iremos con la bruja Kaede.

— ¡Sango no puedo salir de mi habitación!

—Tengo una solución a eso, no te preocupes.

Kagome estaba impresionada con la actitud positiva de su amiga, respiro hondo y abrazo a su amiga con suma fuerza, siendo recibida con igual entusiasmo. Sin duda necesitaba salir de su habitación, tener algo de aventura antes de convertirse en una esposa, además de que estaba el hecho que necesitaba dormir, no podía presentarse antes Sesshomaru con esas ojeras, quería verse radiante y perfecta.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Se encontraba impactado por lo que recién había escuchado, hacía ya cinco días que se encontraba vigilando la habitación de la princesa, no porque le agradara la idea de acosar a la chica, sino porque Sesshomaru le había ordenado hacerlo. Además de que también encontraba muy atractiva a la amiga, la cual parecía ser la única autorizada para visitar a la princesa, además de su madre y su cuñada.

En esos cinco días no había escuchado ni visto nada relevante, pero lo que ahora había escuchado, era sin dudas sumamente necesario contárselo a su amigo. No sabía cómo reaccionaría ante tal revelación.

Bajo con sigilo del techo y se dirigió al ala oeste del palacio, donde estaban los aposentos de su amigo, entro con rapidez por la ventana, pero al parecer no se encontraba ahí. Pregunto a uno de sus camaradas donde encontrarlo y este le informo que se encontraba supervisando la reparación del templo Ágata, no pudo evitar sonreí y ahora su pregunta había sido respondida, sin duda estaría satisfecho con la información que tendría que revelarle.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Kohaku observaba a su esposa, la cual se encontraba leyendo una carta en su escritorio, el cual había mandado hacer a gusto de ella, puesto que descubrió que su esposa amaba escribir y leer en sus tiempos libres.

Espero paciente, observando cada movimiento y gesto de Rin, cuando termino su lectura suspiro y procedió a mirarlo. Llevaban apenas casados 2 meses, pero había encontrado en ella muchas cualidades que le recordaba a su querida hermana, salvo que era muy inocente, aun podía recordar su noche de bodas, ambos eran inexpertos en el tema, pero con suma paciencia y amor, todo salió perfecto, desde ese momento su admiración hacia ella creció y ahora se convertía en amor.

— ¿Todo bien cariño? —Cuestiono el príncipe acercándose a ella para rodearla con sus brazos.

—Sí, mi madre me dice que todo hasta el momento está bien.

— ¿A qué te refieres que hasta el momento?

—Tengo miedo cariño, de que algo le pase a Habala, mis padres, mi gente.

—No les pasará nada.

Habala era una nación cuya tierra era muy fértil, sumándole que poseían muchos oasis, los cuales rodeaban a la cuidad, propiciando que todo lo que sembraran florecía, abasteciendo a las tres naciones, pero al presentarse esta guerra, el comercio hacia Ad Dilam había sido menos frecuente. Pues los Shimada no podían dejar sin comida a los ciudadanos, quienes tenían que obedecer órdenes de su ahora sultán, Naraku. Todos lamentaron la muerte de Onigumo, pero al llegar las noticias de que muerte fue extraña e incluso hubo comentarios que su mismo hijo lo enveneno para quedarse con el mando, los Shimada cortaron en definitiva el comercio con sus tierras, provocando el odio del pelinegro.

—Cuando pase la boda de mi hermana y parta hacia su nuevo hogar poder ir a Habala.

Rin abrazo con más fuerza a su esposo, se quedaron así por unos minutos, para después separarse y darse un beso.

—Eres demasiado indulgente conmigo Kohaku.

—Eres mi esposa Rin, daría mi vida por ti.

—Yo quiero recompensarte, quiero darte muchos hijos—Dijo la chica con un evidente sonrojo.

Kohaku sujeto el mentón de Rin y sonrió, agradeció al universo por la mujer que estaba frente a él, quería vivir el resto de su vida con ella y que ella quisiera tener a sus hijos, lo llenaba aún más de felicidad.

— ¿Estas segura?

—Si.

—Bueno, pues comencemos—Indico Kohaku mientras cargaba a su esposa y la dirigía hacia la cama.

—Pero aun es de día—Dijo la chica apenada.

—Tú iniciaste la provocación querida, así que ahora obtendrás las consecuencias.

La coloco con delicadeza en la cama y se posiciono encima de ella, observo como sus cabellos negros, largos y lacios, cain como una fuerte sobre la cama, los rayos de la tarde le daban un brillo único a los ojos cafés de su esposa conforme se deleitaba observándola, su deseo por ella aumentaba, no quería ser rudo con ella, pero al verla tan frágil ante él, eso podría cambiar.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

En Ad Dilam, en medio de la noche, Naraku se encontraba montando a caballo en medio del desierto, lo seguían de cerca cuatro guardias, iban a gran velocidad, pero se detuvieron ante una cueva. El pelinegro bajo de su caballo y con un ademan indico a los guardias que permanecieran fuera, prendió una antorcha y se adentró al lugar.

Avanzo unos cuantos metros y se encontró con varias serpientes, estas como perro de pelea, sonaron sus cascabeles en señal de advertencia.

— ¿Qué es lo que lo trae por aquí mi príncipe? —Dijo la voz de una mujer.

El hombre acero la antorcha, iluminando a una mujer de una belleza sinigual, estaba vestida con un conjunto negro, dejando al descubierto su abdomen plano, adornada de joyas verdes. Su cabellera azabache lacia caí sobre su piel de porcelana. Sus ojos eran como sus joyas verdes y brillantes.

—Discúlpeme, ahora es sultán—Corrigió la mujer mientras realizaba una reverencia y acto seguido hablo a las serpientes, quieres se apartaron del camino del hombre.

—He venido a usted mi señora, para solicitar su ayuda.

— ¿Con que me pagara?

—Con lo que usted me solicite.

—Bueno, ya tengo su palabra, entonces sígame.

La mujer dirigió al pelinegro por varios laberintos, hasta llegar al tragaluz de la cueva, en medio de él yacía un árbol enorme, los rayos de luna hacían que se mirara casi blanco. Admiro por unos minutos el lugar, había sinfines de objetos muy extraños para él, así como vasijas y botellas con contenidos sumamente raros.

—Sé que practica la magia oscura.

—Así es mi señor.

— ¿Puedes ver el futuro o algo por el estilo?

—No mi señor, únicamente puedo llamar a la magia oscura, así como controlarla.

— ¿Cuál es tu nombre?

—Tsubaki.

—Bien Tsubaki, he decidido romper toda relación con las 3 naciones, por lo que quiere asesinar a todos los dirigentes.

—Comprendo, ¿Qué es lo que tiene planeado?

—Tengo planeado muchas cosas, pero primero quiero comenzar con algo sencillo para ti.

La mujer sonrió ante tal revelación, posteriormente le indico a Naraku que se sentará en una pequeña estancia que tenía.

—Ya que está dispuesto a pagarme con lo que yo desee, con gusto tendrá mi total devoción.

—Bien, primero quiero comenzar con los Shimada.

—Habala, es sin duda un punto muy bueno para comenzar.

Una doncella salió de los laberintos, llevando con ella una bandeja con dos copas. Le ofreció a cada uno, cuando ambos se encontraban solos, Naraku prosiguió.

—Es vino que yo misma preparo, si no se siente seguro beberé primero—Indico mientras le daba un sorbo a su copa.

Espero unos minutos y el pelinegro con una sonrisa en el rostro bebió de un sorbo todo el contenido de su copa.

— ¿Gusta más vino? —Cuestiono Tsubaki con una sonrisa.

—Sí, será sin duda una noche muy larga.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Sin duda el plan de Sango había salido a la perfección, olvido sus preocupaciones, se encontraba cansada físicamente y ni que decir de la plática que tuvo con su cuñada, las concubinas y con Kaede. Había obtenido mucha información ese día, ahora se dedicaría a instruirse más, sin duda un buen libro la ayudaría a conciliar el sueño en los 10 días que faltaban por celebrarse su ceremonia de bodas. Su amiga sí que sabía cómo solucionar sus problemas, ahora más que nunca estaba segura de que nada de los que le preocupaba antes lograría controlar, salvo como bien le dijeron su primera noche de bodas, en eso si podía instruirse y porque no dejarse llevar por primera vez.

Kaede le había asegurado que no sería del todo fácil su relación con Sesshomaru, que tendría altas y bajas, pero que al final ellos estaban destinados el uno al otro, por lo que considero que eso era más que suficiente para poder seguir adelante, además era claro que ya sentía amor por él.

Ahora ya era casi media noche y sabía que era el momento justo en que su dormitorio se quedaba sin guardias, ya que el que relevo se tomaría unas horas para comer y dormir. Se asomó por uno de los pasillos y tal como lo había previsto, nadie se encontraba vigilando, rápidamente se deslizo dentro y cerró la puerta tras ella.

—Sin duda la princesa se ha portado muy mal.

Kagome se tensó al escuchar aquella voz masculina, la habitación se encontraba a oscuras y únicamente la luz de luna daba un poco de candidez al lugar, dirigió su atención al balcón, en el cual estaba el intruso parado, impidiendo que se aprecie del todo, pero agradecía el no verle el rostro, pues sabía que se trataba de Sesshomaru, inmediatamente su corazón comenzó a latir más rápido.

—No debería estar aquí príncipe—dijo ella con voz temblorosa.

—Y tú no deberías estar escabulléndote en medio de la noche—respondió el peliplata adentrándose a la habitación y cerrando tras el la puerta del balcón.

La chica trago saliva, se enderezo y con paso firme comenzó a caminar hacia los candelabros, estaba decidida a encenderlos pero el peliplata la detuvo, sujetando su mano con firmeza.

—No estoy de humor para recibir un sermón—Indico la chica sin mirarlo aun.

El peliplata dirigió su otra mano hacia el rostro de la chica y sujeto con delicadeza su barbilla, haciendo que ambas miradas se conectaran. Kagome quiso apartarse, puesto que había recordado que sus ojeras seguían ahí, pero el ambarino se lo impidió.

Ambos se quedaron mirándose el uno al otro, las mejillas de la chica poco a poco comenzaron a teñirse de rojo, podía sentir mil cosas a la vez, quería saber sin duda porque él se encontraba ahí. Se armó de valor y procedió a hablar.

— ¿Qué es lo que quieres? —Cuestiono la chica con vos temblorosa.

—Quisiera reclamarte, gritarte y tirar de tu bella cabellera, pero mis deseos por besarte me están dominando.

Kagome no supo que responder a ello, el argumento estaba de un extremo al otro, entonces recordó las palabras de Kaede. Cerró los ojos unos segundos y de nuevo tomo fuerzas para hablar.

—Dime porque te sientes así, por favor—Suplico Kagome.

—Eres la primera mujer que me engaña, me humilla, en pocas palabras has pisado mi orgullo.

—No entiendo de que hablas.

—Ya lo sé todo.

Por unos momentos ella no supo a lo que se refería, pero entonces como si un balde de agua fría le cayera encima, lo supo. Él se estaba refiriendo a lo ocurrido meses atrás en Al Qarah. Quiso apartarse, pero el peliplata se lo impidió, dejo de lado su mano y sujeto su rostro con sus dos manos, obstruyendo cualquier intento de la chica por apartarse.

—Tenia mis dudas, pero hoy me lo confirmaron.

—Yo…

Ella querría explicarle todo, pero la tomó por sorpresa el acto del peliplata, la estaba besando. Al principio se resistió un poco pero después de unos segundos se dejó llevar y correspondió a los deseos del hombre. Fueron besos constantes, pero después de un par de minutos se volvieron de necesidad, violentos y fogosos. Ambos se demandaban el uno al otro, la chica coloco sus brazos alrededor del cuello de su pareja, el cual por su parte aparto sus manos del rostro de la chica para dirigirla a la pared más cercana, colocándola con premura contra la misma, intercambiaron un par de besos más, para después poder tomar un poco de aire.

—Quiero explicártelo todo—Indico la chica con la vos entrecortada.

—Tendremos toda una vida para eso—respondió Sesshomaru.

Al escuchar esas palabras brotaron lágrimas de los ojos de Kagome, el peliplata seco con delicadeza el rostro de la chica para después recoger algunas y llevarse los dedos a la boca.

—Eres simplemente hermosa Kagome, te deseo y sé que tú a mí —Dijo el peliplata alejando su mano del rostro de la chica para dirigirse a su próximo objetivo.

La chica sintió como su capa era arrancada, dejando al descubierto el sencillo traje blanco de dos piezas que llevaba, observo como el ambarino se deleitaba mirándola de arriba para abajo, en un abrir y cerrar de ojos su top había sido abierto, dejando al descubierto sus pechos, su instinto la llevo a soltar el cuello del hombre y taparse, pero él no se lo permitió, sujeto sus manos sobre su cabeza.

—No podemos hacer esto, recuerda que me hacen un examen antes de la ceremonia.

—Es solo eso lo que te preocupa.

—Si

—Quiero castigarte por mentirme

—Pero…

—Te prometo que no llegare al final.

Estaba por protestar pero sintió la boca del peliplata en sus pechos, no pudo evitar lanzar un gemido ante tal acto. Un enorme placer se apodero de ella, algo que nunca había sentido. Mientras el lamia y mordía sus pechos, sentía como un ardor localizado en su vientre bajaba hacia su centro, sentía tan caliente la lengua del ambarino que sentía quemarse, pero de igual forma era placentero.

—Sesshomaru, por favor…

Pero él no se detuvo, siguió con su trabajo, mientras que ella solo podía retorcerse debajo. Unos segundos después el dejo libre sus manos y abandono también sus pechos para colar una mano dentro del pantalón de la chica, de nuevo quiso detenerlo pero él fue más veloz y llego a su centro, dejando escapar un gemido aún más intenso que los anteriores. Sintió como los dedos se colaban en su interior, el placer que eso le provocaba crecía minuto con minuto, llevo sus manos hacia la cabeza del peliplata y agradeció de que lo llevara suelto, acorto la distancia de sus cuerpos y se aferró fuertemente a su cuello, gimiendo en su oído.

—Di mi nombre princesa…

Ella se resistía, pero la intensidad con la que los dedos de él se movían en su interior, se lo impidió, trato de parar sus gemidos pero fue imposible, aquel hombre la estaba volviendo loca, sus manos hacían cosas que nunca imagino, se sentía sumamente irreal.

—Princesa... di mi nombre…

Mordió el hombro del príncipe, el cual ni se inmuto, pues seguía concentrado en su objetivo principal, llevarla al éxtasis. El cual se estaba acercando, sus piernas comenzaban a temblar, su visión fallaba, sabía que algo se acercaba, todo su cuerpo se tensó y de repente sintió como algo se liberaba en su interior.

— ¡Ho Sesshomaru! —gimió para luego dejarse caer sobre él.

El peliplata sonrió orgulloso y la sujeto entre sus brazos para recostarla en la cama. La respiración de la chica seguía agitada, la abrigo con una sábana y le dio un beso en su frente.

— ¿Ya te vas?

—Tus guardias llagaran en cualquier momento.

—Quédate esta noche conmigo.

—Eso quisiera, pero si me quedo no poder cumplir mi promesa.

Kagome sabía muy bien a lo que se refería, el tomo la mano de la chica y la dirección hacia su entre pierna. La chica abrió los ojos de sorpresa, pudo sentir claramente sobre la tela de su túnica, como el miembro del hombre estaba duro y firme.

—Por querer castigarte yo saldré perdiendo.

Ella no dijo nada, solo abrazo más la sabana, él se acercó a ella y se acercó a su oído.

—Estos diez días pensare en ti todas las noches, puedes hacer lo mismo, recuerda siempre este momento—Le susurro a su oído para luego darle un beso en los labios.

La azabache no pudo responder al beso, los niervos se apoderaron de ella, observo como el peliplata se salía por el balcón, el silencio invadió de nuevo su habitación, se preguntó una y otra vez que era lo que había ocurrido, su cuerpo palpitaba, su corazón aún seguía alborotado, ya había escuchado muchas historias de la primera noche de bodas, pero si él le dijo que no llegó al final, solo podía imaginarse que le esperaba esa noche, su imaginación tuvo que detenerse, pues tocaron a su puerta.

—Princesa, ¿quieres tomar un baño? —Pregunta a su doncella desde afuera.

—Sí, pero deja el agua y retírate—Indico la chica.

La doncella entró con el balde de agua y lo dejo en el baño.

—Mañana solo quiero la compañía de Sango—Indico la chica desde la cama enrollada en las sabanas.

La doncella se acercó y salió de la habitación, a los pocos segundos escucho como los guardias de relevo llegaron, respiro hondo y se quitó las sabanas de encima, se despojó de la única prenda que llevaba, su pantalón y se dirigió hacia el baño. Toco el agua estaba fría. Agradeció por que estuviera de ese modo, puesto que necesitaba bajar el fuego que la seguía aun consumiendo. Estaba entusiasmada por contarle todo lo que había sucedido a Sango, aún seguía pensativa ante la idea de cómo es que la había descubierto, pero como el había dicho, tendrían una vida para aclarar esa y muchas más situaciones que la vida les presentaría.

Continuará…

Espero sea de su agrado este capítulo, sin duda es uno de mis favoritos. Nos vemos la próxima semana. Mis mejores deseos para ti mi lector.

(L)