Adicional 2.
Luego de su primera experiencia presenciando una batalla entre demonios, donde logro ver como funcionaban las especialidad de las Evil Pieces mediante la velocidad cegadora de Yuto, la resistencia engañosa de Koneko y el poder abrumador de Akeno, pensó que lo que seguiría serían más encargos de ese tipo en los cuales pudiera pulir sus nuevas habilidades, pero lamentablemente no tuvo esa suerte.
Los encargos de exterminio de demonios renegados eran distantes entre sí, así que el siguiente deber demoníaco al que se tenía que apegar eran los contratos. Se le explicó que mediante un pacto un demonio puede cumplir la petición de un humano para conseguir algo de igual valor, en principio pensó que era la recolección de almas como los medios decían, pero en realidad habían dejado de lado ese trabajo hace siglos, ahora tomaban cualquier cosa que tuviera un valor equivalente a la petición.
Su primera experiencia con un contratista fue... no muy satisfactoria.
En primera, el círculo mágico que debía teletransportarlo a su objetivo no funcionó debido a su falta de poder mágico, causando que tuviera que ir a toda velocidad en su bicicleta a la casa del invocador. En segunda, el contrato que se le fue dado realmente era de Koneko, por lo cual el sujeto que realizó la invocación no estaba muy contento con que él fuera quien respondiera. Y en tercera, no pudo completar el contrato dado que la petición era que una chica linda se probara unos cosplays, lo que no era ni quería hacer. En una nota positiva, se hizo amigo del invocador y vieron anime durante toda la noche como compensación, no logró concretar el contrato, pero sorprendentemente recibió una buena crítica según Rias cuando llegó nuevamente al salón del club.
Durante algunos días siguió realizando contratos... mejor dicho intentando, ya que nunca lograba conseguir el objetivo inicial y terminaba simplemente pasando el tiempo con los invocadores, su reputación estaba incrementando, pero no conseguía ningún beneficio real de los contratos. Los peores eran cuando esa criatura con cuerpo de bestia y traje de niña mágica lo obligaba a ver series completas de chicas mágicas, las series no eran malas, pero tener a un hombre con músculos en los músculos a tu lado mientras lo hacias era extremadamente perturbador.
Era sábado y la noche anterior había estado bastante ocupado con varios contratos infructuosos, sus piernas estaban entumecidas y su mente estaba tratando de filtrar todos los capitulos de chicas mágicas que se vio obligado a ver hace unas horas, por lo cual le resultó imposible percatarse de una persona acercándose a él sin mirar, resultando en que chocando entre sí y ambos cayeran al suelo.
Issei cayó de cara primero, el dolor devolviéndole a la realidad mientras sentía que algo una tela suave caía sobre su nuca. Su cuerpo se había vuelto más resistente gracias a reencarnarse como un demonio por lo que no tendría una nariz rota, pero eso no significaba que no pudiera estar enfadado con quien hubiera chocado contra él. Con poco cuidado se quitó la tela sobre su cabeza y la miró con una creciente molestia...
Su mente se quedó en blanco.
En sus manos se encontraban unas bragas blancas de todas las cosas. Robóticamente, giró su cabeza para ver a su alrededor, notando una maleta abierta con mucha ropa tirada por el suelo, ropa femenina, ya fueran sostenes, faldas, bragas, era como el sueño húmedo de un pervertido como él. Y a sus pies se encontraba una chica baja, con cabello rubio largo que se encontraba tirada con su trasero apuntandole.
Definitivamente su cerebro hizo un corto circuito.
—Ouch, debo tener más cuidado, es la segunda vez que chocó este día.— la voz de la chica lo regreso a sus cabales, obligándolo a tirar las bragas en sus manos al suelo antes de que la rubia lo viera.— Una disculpa, me distraje revisando mi mapa.— la chica se levantó del suelo, aún dándole la espalda mientras se limpiaba la suciedad de su ropa.
Ahora que tenía una mejor vista de ella, podía identificar su ropa como la de una monja, algunas cruces de tela cubrían su túnica que le daban una sensación de malestar.— No hay problema.— sacudió su cabeza para tratar de alejar el sentimiento de repelús de su cuerpo.
—¿Eh?— la chica hizo una pausa antes de darse la vuelta rápidamente, mirándolo con unos ojos esmeraldas muy grandes.— ¡¿Puedes entenderme!?— la sorpresa en su voz descolocó a Issei, pero no tuvo tiempo para entender la situación cuando la chica se acercó casi demasiado cerca de él.— ¡Esto debe ser obra de Dios! El señor ha enviado a alguien para ayudarme a este siervo perdido.— un ligero dolor de cabeza azotó al castaño que pasó desapercibido para la monja.— Nadie con quién me he encontrado habla italiano, eres el primero en hacerlo.—
La confusión solo se hizo más grande en la mente de Issei, está escuchando a la rubia hablar un perfecto Japonés, era imposible que ella estuviera hablando otro idioma, menos el italiano que era extremadamente diferente al japonés.— Si... ¿Dijiste que estabas perdida?— el castaño estaba demasiado cansado física y mentalmente para cuestionar la situación, simplemente se dejaría arrastrar por la corriente.
—¡Si! Estoy tratando de encontrar la iglesia de la ciudad pero el mapa que tengo es algo confuso.— la chica rápidamente caminó por entre la ropa tirada, sacando de entre el desastre de tela un mapa el cual le tendió a Issei.
—Hmm...— después de mirar el mapa durante unos segundos, un silencio incómodo se apoderó de la calle. Issei, lentamente, como si estuviera retrasando lo inevitable, giraba el mapa 180 grados y lo regreso mientras señalaba una ubicación en este.— Estamos aquí...— la cara de la rubia se había vuelto una sonrisa pétrea, incluso Issei, un idiota entre idiotas, sentia pena por ella.— Déjame... ayudarte a juntar tus cosas y guiarte a la iglesia.— la chica asintió robóticamente con su sonrisa aún presente, le sería imposible dejar a una chica sola en la ciudad, más si realmente nadie podía entenderla, tendría que preguntarle a Rias sobre eso después.
—Gracias...—
Luego de terminar de contar su encuentro de la mañana, Issei fue recibido con una bofetada de parte del rey pelirrojo que lo descolocó durante unos segundos.— No te acerques nuevamente a esa iglesia o a la monja.— el tono de voz de Rias era el de una orden.— No podemos arriesgarnos a iniciar un conflicto o entrometernos en los asuntos de la iglesia, olvidate de la monja.— sin decir más, se fue a sentar detrás de su escritorio, dejando a Issei parado en medio del salón sosteniendo su mejilla roja.
Issei pedaleo como un segundo pensamiento mientras se dirigía a la casa de un invocador, su mente no podía alejarse del pensamiento de la reacción exagerada de Rias ante su interacción con un miembro de la iglesia, eran enemigos naturales, eso lo sabía, pero esa chica no parecía una mala persona, no había podido conseguir su nombre, pero no le hubiera molestado encontrarse con ella una segunda ocasión para preguntarle. Rias era su rey, pero no quería seguir sus órdenes como una ley, quizás podría ver a esa chica otra vez siempre y cuando no revelara su identidad y se alejara de la iglesia, ella era linda después de todo.
Una pequeña sonrisa pervertida se abrió paso por su rostro mientras llegaba a la calle donde se encontraba el hogar del invocador, la noche estaba silenciosa aparte del sonido de un bastón golpeando el suelo a la lejanía al cual no le tomó importancia. Sin perder un segundo estacionó su bicicleta frente a la casa del invocador y camino hacia la entrada con su mente perdida en una niebla de pensamientos pervertidos, la cual fue cortada por un olor desagradable que asaltó su nariz cuando estuvo suficientemente cerca de la puerta.
Su cuerpo se tenso al reconocer el olor.
Era sangre, al ser un pervertido reconocido había sido golpeado, maltratado, y una vez apuñalado con una boken, si alguien pudiera reconocer el olor a sangre era él, pero la potencia del olor era algo que nunca antes había conocido, era demasiado fuerte como para pasar por alto. Con un temblor en sus movimientos, golpeó la puerta para alertar al ocupante de la casa, pero su ligero toque fue suficiente para abrir la puerta que no estaba cerrada, dejando salir aún más del hedor a sangre.
Con un creciente temor en sus pasos, se adentro en la casa extrañamente silenciosa, solo interrumpido por un goteo esporádico que se hacía más fuerte con cada paso que daba hacia la sala. Su corazón estaba en su garganta, sentía su estómago retorciéndose ante los pensamientos sobre lo que se encontraría una vez llegara al origen del sonido, y entonces sus pies crearon un sonido de chapoteo,
El castaño demonio volteo hacia abajo lentamente.
Issei vómito.
Todo lo que había comido ese día, y quizás el día anterior, salió de su boca mientras su mente se enfocaba en la visión que había presenciado al bajar sus ojos. En el suelo se encontraba el cuerpo de un hombre con su cabeza destrozada, los restos de su cerebro y cráneo dispersos por el suelo junto a su sangre, era una imagen mental que estaba tratando de borrar, pero su cerebro no podía procesar lo que estaba pasando.
—Señor Freed, la barrera ya está- — una voz familiar llegó a sus oídos, pero no estaba en el estado mental para voltear, aunque pudo notar el sonido de esa persona vomitando al igual que él.
Durante unos minutos, las únicas personas vivas en la casa se quedaron arrodilladas en el suelo, procesando lentamente la depravada demostración de sadismo que se encontraba en la sala, Issei había estado lo suficientemente compuesto antes de ver el cadáver abajo para notar al hombre crucificado en la pared. Con pies temblorosos, el castaño se levantó del suelo y volteó para ver a la monja rubia en sus rodillas, vómito y lágrimas en el suelo. Por su reacción, podría decir que esto era tan nuevo para él como para ella.
Guiado por sus instintos, redujo la distancia entre ellos y se arrodilló para abrazar a la niña que lloraba con una mirada perdida en sus ojos. Ella no estaba bien, no reaccionó en absoluto a su contacto físico, no creía que pudiera volver en si en algún tiempo. Sus ojos se endurecieron y en ese momento decidió desobedecer a Rias, se llevaría a la monja a su casa, al menos el tiempo suficiente para que se recuperara y quizás conseguir una respuesta sobre lo que hacia ahi, el hombre muerto en el suelo tenía los ropajes de un sacerdote, necesitaba respuestas.
Suavemente, Issei levantó a la chica en sus propios pies y comenzó a caminar junto a ella hacia su hogar, dejando su bicicleta en el lugar. Minutos después de su partida, dos círculos mágicos aparecieron en la casa...
Fin del capítulo.
