Adicional 3.

Cuando Issei llegó a su casa fue recibido por sus padres, quienes parecían preocupados dado su apariencia ligeramente demacrada y la chica visiblemente traumatizada en sus brazos, sin embargo no tenía la fuerza mental para dar una excusa creible, asi que simplemente murmuró algo ininteligible y llevó a la chica a su cuarto. Sin siquiera pensarlo, recostó a la rubia en su propia cama, cubriendola con las sábanas justo antes de que su cerebro no pudiera soportar recordar la visión de los cadáveres mutilados y se apagará, resultando que cayera de cara contra el colchón inconsciente.


Issei despertó en medio de un espacio completamente oscuro, se sentía caer pero no estaba reaccionando como una esperaría, con miedo, en su lugar estaba mirando con curiosidad sus alrededores. Pese a que no había nada a su alrededor, una extraña sensación de estar siendo observado lo molestaba, como si algo se ocultara en la oscuridad, analizándolo. No era un sentimiento de peligro lo que sentía, era distinto, pero no podía distinguir exactamente lo que era.

Luego de observar sus alrededores por un quien sabe cuanto tiempo, noto algo diferente. En medio de toda la oscuridad, había un pequeño, casi imperceptible brillo esmeralda, estaba tan lejos que no podía diferenciar que era, por lo que se concentró lo más que pudo en ese destello de luz. Cuanto más se enfocaba, el brillo se hacía más fuerte, su cabeza dolía levemente y una extraña picazón comenzó a recorrer su brazo izquierdo. Instintivamente se rascó el brazo, pero en lugar de tocar la piel, se encontró con el sentimiento de algo frío, metálico.

Issei bajo su mirada, pero su mente fue asaltada por un dolor indescriptible, sus ojos se cerraron por el dolor pero todavía trato de ver que estaba en su brazo. Solo podía ver por pequeños espacios en sus párpados, pero noto algo envolviendo su antebrazo, no podía distinguir la forma pero si los colores, rojo, dorado y verde. Instantes después, todo el lugar estalló en un brillo esmeralda, obligándolo a cerrar sus ojos, y en medio del espacio vacío, escucho el aleteo de unas alas...


Cuando el castaño recuperó la consciencia, sintió una mano acariciando su cabeza suavemente, era un sentimiento extraño pero no desagradable, por lo que se mantuvo quieto, disfrutando de la caricia mientras su cerebro se ponía al día con los acontecimientos del día anterior. Fue cuando la visión de un líquido carmesí regreso a su mente que su cuerpo se estremeció y se levantó de golpe, removiendo la mano sobre su cabeza bruscamente.

Sus ojos se movieron frenéticamente por la habitación, centrándose rápidamente en la causante del sentimiento reconfortante que ahora más que nunca necesitaba luego de recordar la terrible escena que lo recibió en la casa del invocador. Sentada en la cama se encontraba la monja que había conocía el dia anterior y que luego llevó a su hogar, ahora con su mente ligeramente más calmada, noto que esa era una mala idea, pero ver la expresión ligeramente tensa en su rostro le hizo relajarse forzosamente para no empeorar la situación. Recordó que ella también se había visto afectada, así que sería rudo de su parte tratarla como un posible enemigo de momento.

—Perdon si te molesté.— Issei instintivamente se disculpó al darse cuenta que en su posición, retrocediendo sobre sus pasos, se habría encontrado sobre el regazo de la monja mientras dormían.

—No... es un problema.— las mejillas de la chica se volvieron ligeramente rosadas.— Yo... pude dormir bien anoche incluso con...— parecía que no podía obligarse a terminar su frase, algunas lágrimas en los bordes de sus ojos amenazando con caer.

—Si...— un ligero silencio incómodo se estableció, permitiendo que Issei pensara qué hacer ahora.— Mi nombre es Issei Hyoudou.— decidió que las presentaciones eran apropiadas.

—Soy Asia Argento.— incluso su nombre era lindo.— Si pudiera saber... qué hacía en esa casa ayer...— la tensión y ligero temor en las palabras de la rubia hicieron que Issei sonriera para tratar de aligerar el ambiente.

—Yo... iba pasando cuando... oli sangre.— una pequeña mentira piadosa no haría ningún mal, además, mantener su identidad como demonio era crucial incluso en su pervertida mente.— Si me permites preguntarte...— dejó la frase en el aire, esperando que Asia compartiera su versión de los hechos, si es que ella quería.

—Se suponía que estábamos ahí para realizar un exorcismo.— las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de la monja.— El señor Freed y yo fuimos a ver la casa de este hombre y me pidieron que pusiera una barrera para impedir que demonios aparecieran, y cuando volví- — sus palabras fueron cortadas por un ligero resoplido que se desarrolló hasta convertirse en un llanto en toda regla.

Podría ser un pervertido, pero frente a una chica que lloraba incluso Issei sabía que lo mejor era dejar de lado sus tendencias menos éticas para simplemente abrazarla y dejar que se desahogara. Su camisa se tiñó con sus lágrimas, oscureciendo algunas partes pero no le importo, en este momento su mente estaba tratando de encontrar alguna forma de calmar a la rubia. No tenía experiencia al tratar con personas tristes, sus relaciones interpersonales se habían reducido drásticamente luego de que su perversión se volviera conocimiento común, pero recordaba algunas cosas que su madre había hecho cuando se despidió de su amigo de la infancia y no paraba de llorar.

El cuerpo de Asia se tensó al sentir una mano sobre su cabeza, la cual se movió torpemente en círculos, despeinando su cabello mientras un ligero zumbido llenaba el silencio de la habitación. Era tosco, pero el sentimiento genuino de preocupación detrás de las acciones del chico que acababa de conocer llevaron a que algo del dolor que se estaba acumulando en el pecho de la monja se aligerara. Estuvieron en esa posición durante unos minutos, Issei dando lo mejor de sí para no arruinar el momento con alguna acción pervertida al tener a una chica linda presionada contra su pecho, sorprendentemente fue más fácil de lo que pensó.

Cuando creyó que estaba lista, Asia se separó del pecho del castaño y se limpió las lágrimas secas de los ojos, brindándole una sonrisa angelical al joven.— Usted es muy amable, gracias.—

—No podría permitirme dejar a una chica linda llorando en mi presencia.— reprimir sus tendencias pervertidas resultó más difícil de lo que supuso con anterioridad, permitiendo que sus pensamientos reales se filtraran por su boca antes de que pudiera darse cuenta.

Las mejillas de Asia se tiñeron de rojo esta vez, seguido de una pequeña tos en su puño para tratar de controlar sus emociones.— Gracias por el cumplido, ¿Isse verdad?— ella se había equivocado ligeramente en su nombre, solo sus padres lo llamaban por esa abreviatura, pero no tenía el corazón para corregirla en ese momento, así que simplemente asintió.— Lamento ser una molestia, tengo que informar del... deceso del sacerdote Freed en la iglesia, agradezco tu hospitalidad pero tengo que irme.— saliendo de la cama, la rubia monja se acomodo la túnica que llevaba y sacó de su bolsillo una cruz de plata que le dio escalofríos a Issei.— Padre nuestro, por favor bendice el alma del sacerdote Freed.— la pequeña oración fue suficiente para causar un gran dolor de cabeza al castaño que apenas pudo evitar caer de rodillas, por suerte, la monja había cerrado sus ojos para realizar su oración y lo había notado su tambaleo.

—Espera aquí un momento... te traeré un vaso con agua.— luego de soltar una mala excusa, el castaño salió de la habitación rápidamente, dejando a la monja con una linda expresión de confusión detrás.

El demonio reencarnado se tambaleó por el pasillo, necesitando apoyarse en la pared para mantenerse en pie. Sintiendo un líquido en su labio superior, movió una mano para limpiarse el rostro, solo para mirar inquieto una mancha de sangre, incluso un acercamiento tan insignificante como estar cerca de una horacion a un santo causaría que su nariz sangrara, o quizás que su cerebro lo hiciera si el dolor de cabeza que lo seguía atormentando era un indicativo. Aprovecho el hecho de ir a la cocina para cubrir su nariz con papel para evitar sangrar frente a Asia, y con sus fuerzas recuperándose lentamente llenó un vaso de agua y se dispuso a ir a su habitación.

—Isse...— eso habría hecho de no ser por el sonido de su madre apareciendo de la nada detrás suyo.— ¿Quien es esa chica que trajiste anoche?— el tono de su madre era monótono, no podía identificar ninguna emoción detrás de sus palabras lo que solo hizo que su dolor de cabeza incrementara.

—Es... una amiga, no tenía donde quedarse así que le ofrecí un lugar para pasar la noche.— no podía crear excusas sobre la marcha como otras personas, pero esperaba que su madre comprara la mentira.

—Ustedes no parecían muy bien cuando llegaron, como si hubieran visto un fantasma.— ella no había comprado su mentira.— Pero veo que esa niña necesitaba algo de compañía, hiciste bien al traerla.— una calidez maternal tiño la voz de su madre mientras sentía un ligero abrazo desde su espalda.— Eres un pervertido, pero también una buena persona, nunca olvides eso.— con esas últimas palabras que aliviaron enormemente el corazón de Issei, su madre salió de la cocina.

Las palabras de su madre le ayudaron a aguantar el dolor en su cabeza, por lo que con poco más de un simple tropiezo o dos, entró nuevamente en su habitación para ver a la monja sentada en el borde su cama, pateando sus piernas en el aire ya que era lo suficientemente baja para no alcanzar el suelo. Con una sonrisa ligeramente forzada al estar cerca del crucifijo, le tendió el vaso y esperó a que se terminara el agua.

—No es necesario que vayas a la iglesia en este preciso momento.— Issei inició la conversación teniendo en mente las palabras de su madre.— Permíteme invitarte algo de comer, relajarte te vendría bien luego de lo que paso ayer.— ya estaba haciendo las paces consigo mismo sobre lo que vio en esa casa, como demonio seguramente ese tipo de escenarios se volverían comunes, pero una persona normal no tendria razon para desarrollar tales defensas mentales, asi que se aseguraría de aliviar la carga en los hombros de Asia al permitirle entretener su mente en otro lado.

—Hmm...— la monja pareció indecisa durante unos segundos, pero luego de mirar el vaso en sus manos una pequeña sonrisa se abrió paso tímidamente en su rostro.— Sería un placer, Isse.— el castaño mentalmente alzó el puño en señal de victoria.

—Bien, ¿Qué te parecen unas hamburguesas?.— al ver la inclinación confundida de la cabeza de Asia, una gota de sudor bajó por el cuello de Issei.

Puede que la monja necesitara esa distracción más de lo que supuso en un primer lugar.


Fue una sorpresa enterarse que Asia nunca había probado una hamburguesa en su vida, pero fue simplemente imposible no mirarla cuando comía como un hamster dada la forma que se llenaba las mejillas antes de tragar, su comida se había enfriado varias veces, pero ver la sonrisa en el rostro de la monja valió la pena.

Después del restaurante, decidió convertir la invitación a comer a una salida de amigos, llevando a Asia por varios lugares entretenidos para mantener su mente alejada de los horrores de la noche anterior. No fue difícil entrar en el ritmo, todo le parecía nuevo a la rubia, asi que simplemente decidió que se divertirán con todas las cosas que encontraran, ya fueran máquinas de juegos, actos callejeros o esa maquina de peluches en la cual le consiguio un conocido monstruo de bolsillo amarillo a Asia.

Terminaron su paseo por las atracciones de Kuoh sentados en una banca frente a una fuente en una plaza, helados a medio comer en sus manos mientras el peluche estaba sentado entre ambos. La tensión en el cuerpo de Asia había desaparecido por completo, reemplazada por una ligereza que parecía natural en cada unos de sus movimientos. Sorprendentemente, no había pensado en nada pervertido sobre las situaciones que habían ocurrido en el día, simplemente se había divertido.

Desearía que momentos como este nunca terminaran, donde pudiera disfrutar de la compañía de un amigo sin caer en sus tendencias depravadas.

La calma del área fue destruida cuando el sonido del aleteo de alas hizo que ambos Issei y Asia se tensaran al reconocer el sonido. Plumas negras cayeron en la fuente, seguidas por la figura de una mujer madura con el mayor insulto a la vergüenza que una mujer podría vestir, mostrando prácticamente todo su cuerpo excepto por lo esencial. Issei reconocería ese rostro en cualquier lugar, incluso si no tenía la misma suavidad que una vez le gusto, sus facciones eran lo suficientemente similares para no confundirse.

—¿Yuma- Señora Raynare?— las voces de los adolescentes se sobrepusieron mientras la mujer con alas negras se paraba en la punta de la fuente con un ceño fruncido.

—Al fin te encuentro niña, aunque no esperaba que estuvieras con él.— la mirada de la mujer se movió entre la rubia y el castaño con un vago interes.— No sabia que te gustaban los demonios, aunque eso es mentira, por esa razón te excomulgaron.— ignorando el ligero estremecimiento en el cuerpo de Asia, Issei se colocó frente a la monja e invoco su guante con una mirada feroz en sus ojos, sus pupilas contrayéndose casi imperceptiblemente.

—No dejaré que le hagas daño, no se que quieres con Asia, ¡Pero no te le acercaras!— ya fueran por sus instintos como demonio o por el hecho de que esta mujer, Yuma o Raynare, lo había matado, no podía confiar en sus intenciones.

—¿Piensas detenerme con ese juguete? No pensé que Grimori había caído tan bajo como para temer a un Twice Critical, ahora estoy mas que seguro que Azazel-sama me elogiara luego de que nuestro plan se haya concretado.— una sonrisa amenazante llena de burla partió el rostro del ángel caído.— Vamos, duplica tu poder, el doble de cero igualmente es cero.— la mujer se rió para sí misma, ignorando la mirada confusa en el rostro de Issei

—Duplicar...— Issei se centró en si mismo mientras recordaba las palabras de Rias cuando le mostró su Sacred Gear.

Los Sacred Gear responden a la voluntad de sus usuarios, imagina la cosa más poderosa que puedas y traela a la realidad.

Cerrando sus ojos, Issei recordó la ominosa luz esmeralda en sus sueños, y deseo por el poder para proteger a Asia en estos momentos.

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Un poderoso rugido escapó del guante, sorprendiendo a Asia y Raynare cuando una explosion de aura esmeralda envolvio a Issei, la luz rápidamente se condensó hasta que desapareció en el cuerpo del castaño, quien abrió sus ojos para mostrar unos orbes esmeraldas con pupilas rasgadas que penetraron el alma del ángel caído.

—¿Qué es esto? Eso no fue un duplicado, fue más como una explosion, y ese rugido...— la mujer no tuvo tiempo para pensar cuando saltó, esquivando a Issei que se había lanzado como un proyectil para golpearla con su guante resplandeciente de carmesí.—¡Maldito mocoso!— con su irritación llevada al límite, el ángel caído creó una lanza de luz y la arrojó al adolescente, quien esquivó sin mucho esfuerzo el ataque gracias al incremento de sus habilidades físicas.

—Más...— el castaño murmuró mientras se lanzaba al aire, sus alas de demonio desplegadas para ayudarle con el combate aéreo, esquivando y tratando de acertar aunque fuera un golpe en la mujer.— ¡Más...!— sus ojos brillaron intensamente cuando logro asestar un golpe en la cara del ángel caído, mandándola al suelo.— ¡Más!— gritó con todas sus fuerzas mientras caía hacia el suelo, apuntando un puñetazo al estomago de la mujer inmovil en el suelo.

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Antes de que pudiera hacer nada, su cuerpo estalló en una lluvia de sangre, fallando miserablemente el objetivo y estrellándose contra el suelo sin golpear a Raynare. Todo el cuerpo de Issei dolía, sus músculos le gritaban para que se detuviera mientras que la sangre se escapaba de sus poros y todos los orificios en su rostro, sus ojos habían vuelto a la normalidad, aunque la sangre tiñó sus escleróticas de un tono carmesí.

—Ugh... parece que tu cuerpo no estaba capacitado para tal poder.— la voz adolorida de la mujer llegó ahogada a sus oídos mientras trataba de ponerse de pie pese a sus crecientes heridas autoinfligidas.— Sería mejor ponerte fuera de tu miseria aquí y ahora.— el inconfundible sonido de una lanza de luz siendo creada llenó la plaza silenciosa.

Con toda la fuerza que le quedaba, se arrodilló en sus cuatro extremidades y levantó el rostro para ver a la mujer con furia, pero solo se encontró con la espalda de Asia que se había parado frente suyo.— ¡Por favor señora Raynare, déjalo vivir!— incluso de espaldas, podía notar el llanto en las palabras de la monja.—Déjeme curarlo he iré con usted sin causar problemas.— la imagen de Asia curando la rodilla de un niño pequeño el día que se conocieron cruzó su mente mientras escuchaba la risa sádica de Raynare.

—Podría simplemente matarlo y llevarte conmigo...— el tono amenazante en su voz hizo que Issei quisiera levantarse con aun mas fuerzas, pero su cuerpo no se lo permitía.— Pero me excita aún más el pensamiento de que el sobreviva y cada vez que piense en ti solo recuerde el hecho de que no pudo salvarte.— ella era un ser repugnante, guiada simplemente por sus instintos más bajos.

Pese a la pérdida de sangre, pudo notar a Asia arrodillándose a su lado, y un instante después su dolor comenzó a disminuir lentamente, el poder de Asia le permitía curar a cualquier persona, sin importar su raza, pero una cosa que no podía hacer era restaurar la sangre, razón por la cual, incluso cuando su cuerpo estaba en perfectas condiciones para cuando la monja terminó, su conciencia comenzó a flaquear, solo pudiendo ver impotente como Asia caminaba en dirección al ángel caído.

—Nos vemos… Isse.— la voz de la monja estaba teñida de tristeza que le rompio el corazon al castaño, eso junto al sonido de alas agitándose fue lo último que escuchó antes de sucumbir a la pérdida de sangre.


—¡Las leyes de los demonios se pueden ir a la mierda por lo que me importa!— Issei golpeó la mesa del salón del club del ocultismo ante la negativa de Rias para salvar a Asia.— ¡Puedes llamarme como quieras, un traidor, un renegado, pero no dejaré que maten a Asia!— otro golpe más y la mesa se rompió en mil pedazos, su Sacred Gear apareciendo involuntariamente para acompañar el golpe.

—Cuida tus palabras, no se juega con- —

—¡No se juega con las vidas de personas inocentes!— el castaño corto a Rias en el acto, su ira escalando al punto que sus ojos y el orbe en su guante comenzaron a brillar esmeralda.— ¡Si los demonios dejarían que una persona inocente como Asia muera entonces dejaré de ser un demonio!— con sus puntos establecidos, el castaño dejó el lugar rápidamente, dejando congelados en sus lugares a los cuatro demonios presentes.


Issei corría por las calles de Kuoh a toda velocidad, usando un único aumento de su Sacred Gear para no sobrecargar su cuerpo, la segunda vez que activo su habilidad su cuerpo prácticamente se autodestruyo, así que simplemente tendría que arreglárselas con el doble de su poder actual. Sus extremidades se sentian más ligeras que nunca, pero no dejo que la sensación de euforia nublara su juicio, razón por la cual noto el par de pasos extra que sonaban junto a los suyos.

Sin detenerse, volteo ligeramente el rostro, notando como Yuto corría detrás suyo con Koneko subida a su espalda.— Si están aquí para detenerme, entonces pierdanse.— no estaba de humor para juegos cuando la vida de Asia estaba en peligro, solo la conocía por una cantidad extremadamente corta de tiempo, pero ella había crecido en su corazón como ninguna otra persona antes, y haría lo que fuera para salvarla.

—Te equivocas Issei-san.— el adolescente rubio negó con su cabeza mientras seguía con poco esfuerzo el ritmo del castaño.— Tu motivación movió nuestros corazones, estamos aquí para ayudarte en tu cruzada.— el tono de Yuto estaba lleno de admiración por lo que había demostrado al pararse firme frente a Rias.

—Te juzgue mal pervertido, eres una buena persona— mientras tanto Koneko fue directa al punto con menos elaboración.

—Gracias.— dedicándoles una pequeña sonrisa, Issei apresuro su paso seguido por Yuto.

Iban tan rápido que Issei no noto al cruzar una esquina la aparición de un hombre con los ojos cerrados…


—¿Quién diablos era ese sujeto?— Issei le preguntó a Koneko mientras seguían corriendo.— Algo que dijo te molesto, incluso yo puedo decirlo.— no podía ver a la pequeña chica que iba detrás suyo, así que simplemente trato de descifrar la respuesta basada en su tono de voz.

—No tienes tiempo que perder molestandote en eso, salva a la monja.— ella evitó la pregunta trayendo el tema de Asia a la mesa, realmente no quería hablar de ello, su tono evasivo en lugar del monótono habitual la delataba.

Sin embargo, ella tenía razón, no tenía tiempo para dividir su foco de atención, simplemente recordaría la palabra más extraña que dijo ese hombre ciego.

Chakra.


Les tomó un poco de tiempo llegar a la iglesia abandonada, pero no tardaron en romper la puerta principal y notar una estatua fuera de lugar que mostraba un pasaje subterráneo. Issei bajo sin cuidado, obligando a sus compañeros demonios a seguir sus pasos. Pronto se encontraron al final de unas largas escaleras, siendo recibidos por una gran sala con cientos de personas encapuchadas rezando en silencio, aunque a diferencia de los rezos de Asia, estos no causaron dolor de cabeza a Issei, estos no eran rezos santos, eran algo diferente.

En la pared más alejada de la entrada se encontraba Asia atada por cadenas de luz en sus cuatro extremidades, su ropaje de monja había sido abierto en el estómago, revelando su piel y un brillo verde claro debajo de ella. Raynare se encontraba parada a un costado de ella con una sonrisa maligna, viendo como la monja se retorcía ligeramente contra sus ataduras.

No hubo palabras.

Issei salto hacia delante, seguido rápidamente por Yuto y Koneko, los tres demonios no permitieron que sus oponentes tuvieran tiempo de prepararse, atacaron sin piedad a los hombres encapuchados mientras seguían rezando, haciéndose un camino hacia el altar donde se encontraba Asia. Tanto el castaño como la peliblanca destrozaban carne y huesos con sus golpes, la promoción a torre había funcionado correctamente dado a que la iglesia era considerada universalmente como territorio enemigo por los demonios, mientras Yuto partía cuerpos a diestra y siniestra con un dúo de espadas que liberaron cortes de viento que seguían sus movimientos ágiles.

Pese a su ataque sorpresa, los encapuchados comenzaron a darse cuenta del asalto y lucharon de vuelta, usando espadas de luz, y aunque no fueron suficientemente buenos para golpear a ninguno de los tres, hicieron su trabajo manteniéndolos ocupados.

El grito ahogado de Asia rompió el ritmo frenético de la pelea, e Issei vio con horror como un orbe de luz salió del estómago de la monja, su piel volviéndose más pálida y algo del brillo de sus ojos desapareciendo igualmente. En las manos de Raynare ahora se encontraban un par de anillos flotando en el mismo aura verde que una vez emano de Asia. Con una expresión de éxtasis absoluta, el ángel caído llevó el orbe a su pecho, absorbiendo en su cuerpo.

Issei vio rojo.

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Antes de que se diera cuenta, se encontraba en el aire frente a Raynare, su pierna habiendo conectado contra el cráneo de la mujer generando un crujido desagradable antes de que la mujer saliera disparada contra una pared. Sin importarle esto, Issei usó su nueva fuerza para romper las ataduras de Asia, permitiéndole caer en sus brazos abiertos, su cuerpo más frío de lo que recordaba.

—¡Sácala de aquí!— el grito de Yuto le permitió enfocarse en su tarea nuevamente, y con un simple asentimiento a sus amigos cambió su proposición de torre a caballero, escapando en un destello de velocidad cegadora hacia la iglesia sobre ellos.

Una vez en la iglesia, Issei colocó con cuidado a la monja en uno de los bancos, tratando de mantenerla lo más cómoda posible mientras trataba de pensar en algo para ayudarla, su piel parecía más pálida que antes y sus ojos se desenfocaban de vez en cuando, cada vez con más frecuencia.— Todo va a estar bien Asia, encontraremos una forma de ayudarte.— trató de poder un frente fuerte, pero su voz se quebró ligeramente al final.

—Isse...— ella volteó su rostro para verlo, sus ojos ya no podían enfocarse correctamente.— Hoy fue un día muy divertido... nunca antes había podido disfrutar de mi vida así.— esto sonaba como una despedida.

—Y habrá más días como este, podemos ir a un parque de diversiones, visitar un acuario, quizás ir de pesca.— Issei no podía aguantar sus propias lágrimas.— Solo aguanta un poco más.—

—Eres... mi primer amigo... y por eso...— sus ojos se cerraron lentamente, él trató de mantenerla despierta sujetando su mano suave pero firmemente.— Gracias...— una sonrisa de alegría quedó marcada en el rostro de Asia Argento mientras sus fuerzas se desvanecian, sus ojos a medio cerrar sin ningún rastro de vida presente.

—Porque...— las lágrimas comenzaron a caer sobre el rostro de la monja.— ¡Porque…!— el dolor en el corazón de Issei no era como algo que hubiera sentido con anterioridad.— ¡Porque, Dios!—

La nariz de Issei comenzó a sangrar, pero esto no le importó.

—¡Ella era una buena persona! ¡¿De todos a quienes tenían que abandonar porque a ella?!— su rabia empodero sus palabras, causando que un aura esmeralda empezará a fluir de su cuerpo.— ¡Permites que una basura humana como yo viva pero te llevas a alguien tan puro! ¡¿Qué clase de igualdad es esa?!— ahora estaba parado, mirando al cielo con un rastro de sangre bajando por su nariz.— ¡Si te haces llamar un dios entonces salva a Asia, traela devuelta! ¡Puedes tomar mi vida, pero permite que ella pueda volver!— sangre fluía de sus dos fosas nasales, pero soporto el dolor infernal de llamar el nombre de Dios, esperando una respuesta.

—Nunca espere ver a un demonio rezarle al señor.— una voz desagradable llegó a sus oídos, seguido del sonido de dos cosas pesadas golpeando el suelo.

Sus ojos esmeraldas se dirigieron a la entrada del escondite bajo tierra, encontrándose con Raynare, una espada atravesando su estómago mientras su brazo derecho había sido arrancado desde el codo. A sus pies se encontraba Yuto y Koneko, ambos con varias heridas de cortes que emanaban humo. Pese a sus graves heridas, el ángel caído simplemente retiró el arma que la empalaba y colocó su mano restante sobre la herida, mano que tenía unos anillos muy familiares.

La sangre de Issei se enfrió cuando vio un aura verde cubrir la herida de Raynare, la cual rápidamente se cerró sin dejar una sola cicatriz, luego siguió su brazo, generando una extremidad completamente funcional en cuestión de unos segundos.— ¿No es grandioso?— la mujer ronroneó mientras besaba suavemente los anillos en su mano izquierda.— Twilight Healing, el Sacred Gear con el poder de curar a ángeles y demonios por igual, claro, eso incluye ángeles caídos.— su sonrisa perversa no hizo más que aumentar al ver el cuerpo sin vida de Asia detrás del castaño.— Ella era una buena persona, pero es más útil- —

—Callate.—

Las palabras fueron dichas en un tono sin emociones, pero tenía tanta fuerza detrás que congeló durante unos segundos a Raynare.— No mereces vivir, regresa esos anillos.— el aura esmeralda que se filtraba de Issei comenzó a fluir a su guante, haciendo que el orbe brillará de un color esmeralda que emanaba poder bruto.

Algo de sangre comenzó a bajar por los ojos del castaño, pero eso no le importó, necesitaba más poder, necesitaba imaginar la cosa más poderosa que pudiera para forzar a su Sacred Gear a hacerlo realidad, lo más poderoso, algo legendario, algo que incluso Dios no pudiera desafiar, suficiente poder para vengar a Asia, suficiente poder para proteger lo que era precioso para el, suficiente poder... para matar a Raynare.

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[¿Deseas poder?]

—Si—

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[¿Deseas venganza?]

La sonrisa inocente de Asia cruzó por su mente.

—No... quiero justicia.—

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[El poder tiene un precio]

—Toma lo que veas necesario.—

[Entonces que así sea... compañero]

[EXPLOSION]

Junto al grito de poder puro, el ojo derecho de Issei explotó, la sangre manchando la gema de su guante, creando el patrón de la cabeza de un dragón carmesí.

El guante una vez pequeño comenzó a expandirse cubriendo todo el antebrazo de Issei en placas que se asemejaban a las escamas de un dragón, sus dedos fueron cubiertos por garras negras, dos picos dorados sobresaliendo de los costados como cuernos. La transformación trajo consigo un gran poder que hizo temblar en su lugar a Raynare.

—E-Eso no es posible, un Sacred Gear no puede evolucionar de esa manera, a no ser que sea un Longinus, pero no hay ningún Twice- — la realización golpeó al ángel caído al mismo tiempo que el puño vestido por el guantelete de Issei, habría salido volando de no ser por que el castaño usó su otra mano para agarrar su muñeca y evitarlo.

El castaño acercó a la pelinegra y le dio un Uppercut a la barbilla que dislocó su mandíbula, luego un puñetazo en el estómago que le quitó el aire, seguido de un pisotón a la rodilla que dobló su pierna en un ángulo antinatural. Raynare habría gritado de no ser por su mandíbula dislocada y la mano con garras que se encontraba aferrada a su rostro, las puntas de los dedos se clavaron en su piel mientras Issei giraba sobre sí mismo para estrellar su cabeza contra el suelo, soltandola únicamente para darle una fuerte patada que la mandó rodando por el suelo, y en un salto, se encontró sobre el cuerpo maltrecho del ángel caído, cayendo con sus rodillas sobre la espalda de esta, rompiendo algunos huesos.

No se detendría, ella tenía que sentir el mismo dolor que Asia, incluso peor, pero no podía matarla, Asia no querría eso, sufriría, pero tenía que vivir para arrepentirse.

Por un descuido, la mujer salió volando a través del ventanal de la iglesia, e Issei la habría perseguido de no ser por el repentino golpe de cansancio que lo azotó, era similar a cuando uso su Sacred Gear dos veces seguidas contra Raynare en la fuente, pero mucho menor, el poder que había obtenido había aumentado su límite, pero todavía era nuevo, no sabia cual era su nuevo limite, y quizás lo excedio.

Jadeaba fuertemente, la adrenalina lentamente dejó de correr, permitiéndole sentir el dolor de sus heridas. Su mano derecha fue a cubrir su ojo faltante, manchándose rápidamente con sangre fresca. La voz que había escuchado antes de su despertar había dicho que habría un precio, aunque no espero que este fuera su ojo, de todas formas no necesitaba los dos, uno sería suficiente para torturar a esa perra hasta que se arrepintiera de sus pecados.

El sonido de un par de pasos interrumpió sus pensamientos, con fuerza de voluntad pura, se puso de pie y se preparó para el round dos, pero en lugar de ver al ángel caído, Rias y Akeno entraron por la puerta destrozada con una luz verde en las manos de la pelirroja. Sus parloteos no le importaron, en menos de un parpadeo se encontraba con su mano enguantada cerrada sobre la mano de Rias, sujetando con una agarre de hierro lo que reconoció como un par de anillos.

—Suéltalo.— su voz era demandante, y sintiendo algo de peligro la pelirroja aflojo su agarre, permitiendo que Issei tomará los anillos con un sentimiento pesado que ambas chicas pudieron sentir.

Con pasos cortos, casi como si toda su energía se hubiera desvanecido de golpe, Issei camino hasta la banca donde descansaba el cuerpo de Asia todavía sonriendo, ni una sola mota de polvo arruinando su forma. Temblorosamente, colocó los anillos nuevamente en la mano de la monja, rezando por que un milagro ocurriera.

Nada pasó.

Dios no estaba del lado de los demonios después de todo.

—Llévate a Yuto y Koneko para curarlos, yo me encargare aquí.— la voz de Rias llegó a sus oídos pese a que quería ignorar todo a su alrededor.— Sabes... tu pequeño discurso me hizo reflexionar, quizás fui muy desconsiderada con ella.— una pequeña palmada en su hombro hizo que mirara con ojos vacíos a la pelirroja, su único orbe esmeralda encontrándose con una pieza de ajedrez carmesí familiar, las había visto antes cuando fue introducido al mundo demoníaco.

Evil Pieces.

Ese día, la monja Asia Argento murió, pero también, el demonio Asia Argento tuvo la oportunidad de nacer.

Fin del capítulo.