Era una tarde lluviosa.

Law no quería admitir en voz alta que estaba completamente nervioso. Notaba que Nami llevaba un tiempo bastante extraña, desde la última fiesta en la playa de Luffy. Cada vez hacía menos planes y encuentros, algo muy poco propio de ella. Y ya sus alarmas terminaron por sonar como locas cuando vio como se pagaba su propio desayuno en el Starbucks.

Si Nami se pagaba, siempre era muy mala señal.

Solamente podía escuchar el sonido de la lluvia golpear la tela impermeable de su paraguas, de la misma forma que sus pisadas contra el mojado suelo, lleno de hojas amarillentas que se habían caído de los árboles de la senada. Todo le estaba dando muy malas vibras, al notar como hasta el tiempo, algo que Nami predecía a la perfección, le iba a dar muy malas noticias. Y él sin saber que decir. Aun no había encontrado la forma o el anillo perfecto con el que pedirle que estuvieran juntos para toda la vida.

Además, había visto su cara de horror cuando noqueó a aquel chico en la fiesta que se insinuó de tal manera que parecía que a ella le gustaba. Ya se había disculpado, pero sabía que a ella le había marcado esa forma de proceder.

No. Nami era solo suyo. De nadie más. E iban a estar juntos por siempre jamás. Law lo tenía claro. Era un hecho verídico, no un sueño imposible de realizar.

Al ver a Nami, vio que usaba su paraguas transparente con reflejos naranjas, mostrando su sencillo conjunto otoñal. Tenía sus cabellos en un desenfadado moño y, su rostro, bello como siempre, estaba perdido.

Law tragó secó y simplemente la quiso saludar con un beso, pero Nami se apartó.

"Law... creo que tenemos que hablar"

"¿No... no quieres ir a una cafetería para estar más cómoda?" preguntó algo dubitativo, queriendo tiempo para descubrir que era lo que estaba pasando.

"¡No!" respondió ella de golpe "quiero decir... no, no hace falta, Trafalgar"

"¿Qué ocurre?" preguntó de forma tajante, sin querer más rodeos.

Sabía que cuando usaba su apellido de esa forma, en vez de un mote cariñoso, las cosas estaban realmente mal.

Vio como Nami se enderezaba. Seria, una mueca que no solía demostrarle porque siempre las cosas estaban bien entre ambos, se asomaba en una de sus primeras veces. Law también se colocó en posición defensiva, comprendiendo que iba a llegar algo que no le iba a gustar en lo absoluto.

"Creo que deberíamos terminar esta relación ahora, Law"

Crack.

A pesar de estar en el campo, escuchó como algo se rompía. Podía ser una rama. Una de las tantas hojas que estaban pisando sin fijarse... pero no. Ese simple Crack, esa rotura, venía de él. Su preciado y herido corazón, de otras historias personales que poco le había confesado a la que creía el amor de su vida, se volvía a romper en mil y un pedazos. Y todos esos afilados cristales terminaban por herir hasta el fondo.

"No creo eso, Nami-ya"

"Tenemos metas, sueños y objetivos tan diferentes que en algún momento, nos van a poder"

"Y por ello quiero acompañarte en todos ellos y ser el primero en felicitarte cuando lo logres"

"Prefiero ahora que no duela tanto"

"Entonces, ¿por qué siento que no puedo respirar?"

"Se que encontrarás a alguien mejor, como esa doctora que no te para de seguir"

"Tu eres la única... ella no es nada a tu lado"

"Eres un hombre perfecto, solo que yo no te merezco"

"Mentira, Nami-ya. Tu eres perfecta, la ideal para mi"

"Si fuiste feliz conmigo, siendo que no soy la chica para ti, imagínate con alguien que si"

"Solo puedo imaginarme sonriendo a tu lado."

"Lo siento, perdón por haberte hecho perder el tiempo y tus sentimientos."

"No puedes abandonarme, Nami-ya... tu no. Después de lograr que conozca el amor"

Law no pudo verbalizar ninguna de esas respuestas.

Completamente parado, podía ver como Nami en ningún momento chocó miradas con él para decir ese discurso tan mal preparado. Ya no podía pensar y, en cuando ella terminó con toda esa palabrería, pudo ver como esperaba una respuesta por parte de él. Quería darle respuesta a todo eso, a saber de verdad que estaba ocurriendo. Ella no dejaba de habar y hablar de cosas, de que ella era el problema entre los dos, cuando en verdad, siempre fue él quien les falló a ambos.

Trafalgar sabía que llegaba tarde a todo. Aunque aun podía haber una posibilidad... si tan solo pudiera decir que era todo lo que sentía. Simplemente, no sabía porque, las palabras no salían de ninguna forma.

Cerró los ojos por un breve instante, y meció la cabeza, buscando la verdadera solución entre ambos... sin éxito.

"De acuerdo"

Solamente pudo articular esas dos palabras. Ya no se veía reflejado en la mirada de Nami. No sabía decir si veía a la peli naranja aliviada, triste... en lo que le dejaba un último beso en la mejilla, a modo de despedida. Se mordió el labio inferior, en lo que veía la silueta de ella alejarse y dando media vuelta al bar más cercano.

Necesitaba una copa antes de empezar a pensar como recuperarla.

Porque sabía que ella tenía esos mismos fuertes sentimientos, solo necesitaba volver a verlo.


"¿Cómo que se ha marchado?" preguntó asombrado Trafalgar

Estaba en su consulta, cuando Nico Robin le avisó de la novedad con una sorprendente llamada. Se quedó completamente petrificado. No habían pasado ni 12 horas desde que ella había roto sus lazos, por lo que no entendía que era lo que estaba ocurriendo. A su vez, la amiga peli negra se escuchaba preocupada.

"¿Tampoco lo sabias?" preguntó Robin

"No... en la cita de ayer cortó conmigo"

"¿Qué?" preguntó asombrada "si ella dijo que... bueno, nada"

"¿Robin-ya?" preguntó completamente confuso.

"Perdona que te moleste, te tendré al tanto"

La erudita terminó por colgar, antes de que pudiera hacer ninguna pregunta de todo lo que estaba sucediendo. Se mordió el labio inferior, completamente enfadado. Algo andaba mal y no tenía forma de descubrir como.

Quiso llamar a Nami, pero su única respuesta era que ya no existía ese teléfono.


Tras recibir un mensaje de que Luffy había montado una gran fiesta en el Baratie por una novedad importante, supo que era por el regreso de Nami. Durante todo ese tiempo, los amigos de su (aun difícil de admitir) exnovia, habían estado algo desperdigados y tristes, ya que no entendían (al igual que él) que estaba ocurriendo con la peli naranja. Por lo que, si hacía una fiesta tan grande, solo podía significar que ella y los alocados sombrero de paja estaban de vuelta.

Les pidió a sus amigos que le ayudaran a encontrar el conjunto perfecto, se había aseado a conciencia y buscó las palabras perfectas con las que quería abordar a la peli naranja. Sabía que Nami odiaba a los babosos y lloricas, por lo que al principio haría una entrada casual y, a medida que irían reconectando, le admitiría que no ha tenido otra chica después de ella.

La arrinconaría contra la pared, apartaría uno de sus mechones del cabello y le susurraría en la oreja, con ese tono grave que a ella la hacía temblar, todas las cosas que podrían hacer gracias a su vuelta. Como regresar.

Sin embargo, al llegar al Baratie, notó una fuerte tensión. La alegría era algo forzada y, al ver rostro de su mayor aliada, Nico Robin, supo que algo iba verdaderamente mal. Llegó a la mesa principal y vio como ella estaba repartiendo aquellos sobres, sin haberse percatado de su presencia.

Al girarse, se fijó que algo no estaba bien en ella. Los cabellos en aquella coleta alta intentaban no mostrar como tenía el cabello descuidado. Sus ojos estaban detrás de unas gruesas gafas, intentando disimular malamente unas ojeras que poco tenían que ver con la verdadera Nami. A penas llevaba nada de maquillaje y podía ver como brillaba un simple bálsamo con color sobre unos labios desgastados. Entre sus manos, podía ver una ingente cantidad de sobres color hueso. Y en el dedo anular, una fina alianza de plata.

Ella amaba el oro. No la plata.

"¡Cuánto tiempo, Law!" saludó ella con cierta forzada efusividad "Parece que el tiempo te ha tratado bien. ¡Qué bien que estés aquí! No sabía que Luffy daría tal fiesta... Esto, veras... me voy a casar y querría contar con tu presencia dentro de dos semanas..."

Han pasado 792 días desde la última vez que la vi. Aún tengo ese día grabado en mi maldita mente, se ha repetido en cada uno de mis sueños, volviéndolos pesadillas. Aún tengo tu foto de fondo de pantalla. Ha removido cielo y tierra para encontrarte, pero estabas bien escondida... y ahora reapareces con esta puta invitación para decirme que te casas

Todo eso quedó en un pensamiento, mientras que de fondo Nami seguía explicando que había pasado con ella de una forma muy medida, como iba a ser la boda. Trafalgar se mantuvo estoico, con la voz completamente arrebatada. Nuevamente sin saber como jugar ni con que cartas ante aquel nuevo panorama.


Nami necesitó respirar hondo varias veces. Dejó la comida encima de la mesa e intentó buscar una excusa para salir de la mesa, pero sabía que ya no habían. Ya se había duchado, la televisión realmente estaba a la merced de su captor y simplemente no había ninguna salida. Solo podía interactuar con él y ella ya no quería.

La expresión de su ex pareja era lo que terminaba por aterrar cada vez más.

"¿Por qué no te alegras?" pregunto Trafalgar Law al ver que Nami no reaccionaba a su bizarra declaración de amor "por fin podemos estar juntos..."

Nami no contestó. Se centro en buscar respuestas y formas de salir de aquel lugar. Nunca se había imaginado que alguien como Law, una persona con un carácter algo reservado, pero nunca alguien capaz de matar a nadie. Aquella caja, las joyas, el tiempo... todo era tan claro que no hacían falta palabras.

"Deberías estar contenta de que te haya quitado esas lacras" insistió el peli negro, con una expresión cada vez más sombría. "No volverán a hacerte daño gracias a que los haya exterminado"

La forma tan despectiva con la que había hablado, le hizo recordar a cuando vio como golpeaba a aquel chico. Recordaba esa noche con cierto miedo, ya que nunca lo había visto actuar en contra de alguien con esa terrorífica expresión, sin importar dañarse los nudillos con tal de lograr hacer sangrar a aquel chico, cuyo único error fue intentar acercarse a ella. O cuando se veía celoso. O cuando se notaba que no quería seguir por ciertos caminos. Estaba regresando a ese mismo punto, con ese mismo tono, creyendo que en verdad ella iba a pedir que llegara a ese punto. Con esa misma oscuridad.

Aquello no terminaba de reforzar más una incógnita en todo aquello: ¿Cómo Law sabía de sus padres? ¿Cómo sabía de todo lo que había ocurrido, si para poder lidiar con ello se marchó de la ciudad hacía dos años?

Tenía tantas preguntas que sentía que estaba saturada. Además, aunque se terminara por destapar todo lo que estaba ocurriendo, no iba a alterar su situación a algo mejor. Por mucho que la estuviera tratando bien, no dejaba de estar encerrada entre cuatro paredes con una persona que, claramente, no estaba cuerda. Una persona que Nami ya le había admitido que no podía ver un futuro con él. Sobre todas las cosas porque sabía que no era un futuro que él quería para si mismo.

Law dio un fuerte golpe a la mesa. Sonó seco y ella no pudo evitar dar un pequeño bote en la silla, asustada.

"Di algo ya, Nami-ya" terminó por ordenar con aquella misma expresión sombría.

"No... no tenías que haber hecho nada" pudo articular "solo debía casarme con él..."

"¿Sin importarte romper lo nuestro?"

Ella suspiró, cansada.

"Law, lo nuestro terminó hace dos años" repitió con cierta insistencia de que por fin calara ese mensaje en el doctor. "terminó ese día de otoño"

"¡No termino, Nami-ya! ¡No terminó! ¡Aun eres mi mujer!"

Su impulsiva reacción, golpeando la mesa y con aquella expresión, solo aterró más a la peli naranja. Sus miradas chocaron y Nami comprendió que debía abordar el tema con cautela.

"Law, no puedo pedirte que ames por los dos" intento razonar "serías desdichado si fueras el único que estuviera manteniendo una relación de dos solo"

"No sería el caso, porque se que me amas. El otro día lo llamaste odio, pero no importa. Llámalo como quieras, sientes algo muy fuerte por mi y no te voy a dejar marchar nunca más. Simplemente, no te irás."

Nami suspiró, cansada. Se levantó de la silla, bajo su atenta mirada. Se fijó a su alrededor y notó como había una corbata cerca de él. Su mirada se abrió, comprendiendo que era una oportunidad y, posiblemente la única. Si no podía convencer a Law de absolutamente nada, no le quedaba otra que huir. Se intentó acercar a la prenda y ocultarla, mientras que abría la gran caja de Pandora para que Law solo se centrara en su conversación y no en su plan de escape.

"Al principio de todo, cuando te conocía en la consulta, solo me pareciste guapo. Que podía ser para una noche y poco más. ¿sabes? Pero no se estaba dando nada y cada vez me sentía más atraída hacia ti de otra forma. Era como si hubieras encendido un imán. Siempre observando, con aquellas frases... de verdad me creí que a ti te gustaba Robin. Pero dijiste que era yo y se sintió tan bien..."

Bordeó la mesa con cuidado, manteniendo la mirada, a pesar del pánico que le estaba entrando de sentirse arrastrada por su oscuridad. Poco a poco se iba clareando, pero sabía que debía seguir con atención al completo. Necesitaba profundizar más en su relación y, sobre todo, decepción. Se iba acercando a él y ya no notaba ese extraño y terrorífico aura. Cada vez sentía más a ese primer Law que entró en su vida.

"El primer beso, nuestra primera vez, nuestras citas... mi primera decepción vino por ese lado, Law. Si te soy honesta, me encantaba cuando tomabas la iniciativa y tu me seducías. Aun mantienes ese juego de dominarme que me excita, pero no es todo sexo en una relación. Me costó tanto que te sinceraras con lo de tus padres y Corazón... además, nunca me contaste lo de tus ex novias y esa maldita médica. Dime, Law, ¿Quién era esa maldita médica que siempre te rondaba y te besaba a pesar de estar conmigo?"

"Nunca me beso. Monet... intentamos algo antes de conocerte y nunca funcionó. No tendrías que preguntar por ella porque no es nadie. Tu siempre fuiste la única, Nami-ya"

Antes de que se pudiera levantar de la silla y arruinar su idea, Nami puso la mano hacia delante como un signo de stop. Sabía que no era suficiente, Law lo iba a ignorar, por lo que se sentó encima de sus rodillas. Evitando golpearse con la mesa, fue un poco hacia delante. Solo ahí notó que en el bolsillo del pantalón tenía las llaves. Bingo. Aunque no pudo evitar sonrojarse. Estaba peligrosamente cerca de él.

"Hubiera agradecido que me lo dijeras antes. Todo. Todo lo que has dicho hasta ahora... ver que todos escuchan que me amas. Que te acuerdes de mi champú favorito, tengas mi ropa... es algo creepy, pero conociéndote, es un alago" dijo ella clavando completamente su mirada en contra de la de él. "me has recordado todo lo hermoso que siento por ti... pero se que no es suficiente"

"Nami-ya" intentó llamar él, pero ella lo cayo apoyando su dedo índice en sus gruesos labios, lo cual él obedeció y beso, con un suave sonrojo

"Tres deseos." siguió ella mientras buscaba el punto perfecto para poder atarlo "tener una familia, que no tenga que forzar yo constantemente una muestra de cariño público y que siempre este dispuesto a ayudar a mi familia."

Vio que iba a hablar, pero mantuvo el dedo, evitando que fuera a replicar. Pero aun no tenía el ángulo perfecto para intentar nada. A esas alturas, sabía que se abría percatado de la corbata, pero en aquella postura, se debía imaginar que iba a ocurrir otra cosa. Sus ojos reflejaban un punto de esperanza, disipando parte de esa oscuridad que la había rodeado antes. Cada vez solo quedaba ese gris enigmático en que se había quedado atrapada antes.

Debía terminar de ser honesta.

"Desde que en verano me reconociste que no veías que fuéramos a estar con una familia, empecé a hacerme a la idea de que no teníamos un futuro. Estaba molesta y no sabía como decirte que cada vez sentía más peros en nuestra relación y, con aquella afirmación tuya comprendí que era una idiota. Ambos valorábamos tantos las metas, la libertad y los sueños del otro, que me me parecía egoísta e injusto obligarte a seguir entrelazando nuestros caminos. Pero no veía una ruptura inminente... hasta que un día aquellos dos golpearon mi puerta."

"Tus padres..."

"¡No son mis padres!" gritó ella indignada, ante el susurro de Law en contra de su dedo "Mi única madre siempre es y ha sido Bell-Meré. Nojiko es mi única hermana. Ellos no tenían derecho a reaparecer proclamándose mi familia por culpa de que Bell-Meré no tuviera dinero para pagar los tramites de adopción, pero fue la única que me cuido, crío y quiso como su hija. ¡No era justo!"

Respiró hondo antes de poder seguir. De la propia ira Nami podía sentir como se atragantaba y desviaba de su verdadero objetivo.

"No se como se habían enterado de donde estaba y, esa gentuza, solo reapareció para pedir dinero. ¡Dinero! Los quise echar de la casa, pero entonces sacaron la carta de los huertos de Bell-Meré y como podíamos hacer un acuerdo por aquellas tierras, el negocio y mi hermana. Me daba asco, pero siempre te lo dijo: por Nojiko hago lo que sea."

"Hasta..."

"Casarme con ese idiota. Solo debía casarme. Luego podría salir de esa, se que podía." afirmó con una decisión que contrastaba con su leve temblor "Con tal de que tuviéramos la poca herencia de Bell-Meré y Nojiko estuviera bien, valía la pena. Total, nuestra historia iba a cerrarse tanto si fuera por ellos como si no. Debía hacerme a la idea de que nunca habría remedio y aguantar. Nada más. Solo dos años lejos de todos, trabajando en el huerto mientras que ellos hacían los acuerdos y armaban la boda con ese zoquete para salvarse ellos el culo"

"Nami-ya..."

Nami parpadeó varias veces hasta darse cuenta de que ambas manos de él acariciaban sus mejillas. No estaba llorando como la vez que admitió que odiaba a Law por decirle todo aquello después de mentalizarse de que no tenían un futuro, pero lo hacía con la misma delicadeza.

"No niego que siga sintiendo algo por ti, Law, te reconozco que siento cosas muy fuertes por ti, pero ya me hice a la idea de que eso debería quedar como cariño... no puedes ahora decir que todo si tenía una solución. Duele, Trafalgar, duele que todo mi trabajo no haya servido para nada. Pensé que si te invitaba a la boda, podría dar un cierre real y empezar con el plan de recuperar las cosas de Bell-Meré. Por favor, cierra el círculo..."

"...Me amas, Nami-ya"

Al escuchar su voz esperanzada. El ambiente se había vuelto más rosa, ya no quedaba ni un ápice de toda aquella oscuridad que siempre la ahuyentaba. Lo veía con aquella sonrisa perdida, aquellas suaves caricias en la mejilla y aquella enfermiza ilusión de retomar su relación, esta vez imponiendo ella las normas con tal de quedarse a su lado. Sacrificando una de las cosas que más valoraba ella: su libertad.

Suspiró y, de un ágil movimiento, aprovechó la corbata para anudar sus muñecas. Aun se acordaba de aquellos fuertes nudos de aquellos fuertes encuentros. Solo debía resistir en lo que huía. Murmuró un "lo siento" mientras terminaba de atar con la toalla las piernas de una forma más tosca. Agarró de sus bolsillos las llaves y abrió la puerta, mientras escuchaba las quejas de Law. Sin mirar atrás, abrió las cerraduras, encontrándose unas escaleras que no tardó en subir a toda prisa, cerrando torpemente la otra puerta de un simple golpe, sin usar las llaves de pura prisa. Aprovechó un par de cosas para ponerlas en el camino, con la mala intención de hacer tanto una pequeña barricada como para crear obstáculos que dificultaran su atrape.

Nami intentó recuperar el aliento. Sabía que no debía parar, pero necesitaba pensar por un momento. Sabía que en cualquier momento Law se desharía del agarre, de la misma forma que de esa pequeña barricada, por lo que debía aprovechar cada segundo de libertad. Solo entonces se dio cuenta de donde estaba una vez subió todas las escaleras. Era aquella casa de la periferia que, en un día, fue de la familia biológica de Law. Lo último que supo del sitio era que había decidido reformarlo, pero no sabía porque. Recordando todo lo que había dicho, se imaginaba que querría hacer del lugar ese sitio donde ambos harían su familia.

Si tan solo lo hubiera dicho... - pensó con cierta lástima Nami.

A un paso más calmado, buscó cualquier puerta abierta. Algunas llevaban a baños, otros a salas... la casa era un completo laberinto del cual le estaba costando encontrar el norte. Pensó en saltar por las ventanas del primer piso, pero estaban completamente cerradas con llave y una contraparte de madera. Cada vez estaba más nerviosa, tirando cada vez más fuerte de cada posibilidad de salida que encontraba, sin éxito alguno. Cada vez sentía que cada pisada era un suplicio, cada movimiento era más errático que el anterior y cada bocanada de aire, queriendo buscar un punto de relajación, ardía más que el anterior.

Esa casa cada vez la estaba asfixiando más y más.

Se sentó en las escaleras, intentando aclarar su mente, cuando se percató de unos extraños y algo horribles ruidos. Debía ser Law, quien estaría deshaciendo de todo y buscándola. Alarmada, subió al primer piso. Se encontró con varias puertas cerradas. Solo una de aquellas habitaciones estaba abierta, a lo que no dudó en entrar ni un solo segundo. Intentó cerrar con cuidado, pero la puerta hizo un fuerte ruido. Nami maldijo entre dientes mientras cogía una de las sillas para poder usarla de tope.

Se fijó en que era una simple habitación, con una única ventana. Estaba cerrada, pero podía por lo menos ver la luna llena. Encima de la cama habían varias prendas, por lo que comprendió que era la habitación de Law. Agarro algunos de los objetos y rompió la ventana, hasta que se fijó que, por accidente, había cogido una foto. El marco era de plata, bien grueso.

Reconoció la foto. Era de una de sus primeras citas. Ella prácticamente lo había obligado a visitar el acuario y, en frente de las medusas que cambiaban de color por unas leds, se dieron uno de los mejores besos. Beso que inicio ella y fotografió después.

Aun en ese tiempo, no molestaba ser quien hiciera los planes de ambos.

Aun no molestaba esforzarse por crear e inmortalizar los momentos más bonitos de la relación.

Aun creía que aquello podía durar hasta que fueran mayores, se vieran a los ojos y se dijeran "lo hemos conseguido: toda una vida feliz juntos."

Aun creía que Law podía tener una muestra de cariño con ella delante de los sombrero de paja que no fuera por envidia o celos.

Se escuchó un golpe seco contra la puerta. Su captor estaba detrás de la puerta, la había encontrado. Alarmada, quiso esconderse, pero no había nada más que la cama y aquello sería una simple sentencia. Se fijó en la ventana, en lo que abrazaba aquella foto de forma inconsciente. Respiró hondo varias veces, haciéndose a la idea de que era lo que debía hacer, a pesar de solamente tener un camisón, el cabello húmedo y los pies descalzos.

Vio como terminaba de abrir la puerta con otro golpe seco. La poca luz que entraba en la sal por la ventana dejó ver que Law había vuelto a ahogarse en su propia oscuridad. Sus ojos estaban carentes del brillo que logró encender antes, mientras que tenía aquella sonrisa terrorífica de oreja a oreja. Nuevamente sentía que no estaba en frente de su ex, aquel hombre reservado y enigmático.

No.

Estaba en frente del monstruo que la había encerrado y matado a tres personas adultas solo para que ella no se casara y se terminara de alejar de él.

"Nami-ya" intentó llamarlo con ese tono falso que hizo dar dos pasos hacia atrás

"¡No te acerques!" quiso ordenar ella

"No me obligues a tomar medidas" cambió de tono de tal forma radical, que solo hizo temblar a la peli naranja "hagamos nuestro final feliz"

"¡Tu estás loco! ¡Asesino!"

"No digas cosas de las que te puedas arrepentir, Nami-ya. Aunque te perdono. Te perdonaría toda la vida... "

Ella dio un par de pasos hacia atrás, queriendo mantener la distancia.

"¿Cómo supiste de todo?" mostró la foto que estaba abrazando "a este Law nunca le dije la verdad de mi partida. ¿¡cómo!?"

"Tan solo te dejé descansar mientras que fui a por tu prometido. Le hice sufrir en cuanto escuche la verdad y luego fui a por esas dos lacras. No los encontrarán jamás... Con esto te reafirmo mi amor, Nami-ya: haré lo que sea por ti. Lo que sea."

"¡Aléjate, trastornado! ¡no hacía falta nada de eso!"

Comprendiendo cual era su única salida, suspiró en una mezcla de decisión y alivió. Con la única idea de que por lo menos, por un instante sería libre y que Nojiko iba a estar bien gracias a esas muertes, se decidió a hacerlo.

Tiró la foto en contra de la ventana que ya había logrado debilitar y, sin importar pisar los cristales rotos, respirando el frío aire nocturno, dejando atrás el opresor aura oscuro de Trafalgar Law, se lanzó por la ventana con una suave sonrisa.