Haru tenía la daga, que le dio Nagisa por orden del rey para matar a Rin, escondido debajo del colchón, no tenía fecha límite para matarlo, así que procrastinaba como un escritor sin ideas. Aunque matar a Rin a cambio de salvar las vidas de sus amigos era lo más lógico. Ellos valían más que Rin que al final del día era un completo extraño, pero su cuerpo era ilógico, cada vez que veía al de cabello semi-largo de color rojo púrpura, se estremecía, anhelaba sus manos acariciándolo, sus labios besándolo, su cuerpo contra el suyo, su miembro dentro de él; no había romance ni sentimientos profundos, solo sexo puro.
Rin ya conocía todo el cuerpo de Haru, podía hacer que se viniera sin siquiera tocarlo, podía ponerlo duro al instante otra vez después de que se viniera, podía cogerlo una y otra vez y nunca cansarse.
Capítulo 4: Free Prince IV
Haru tenía una habitación grande y exorbitante llena de lujos en el palacio de Rin mientras que en el orfanato allá en el reino de Iwatobi tenía una habitación pequeña y compartida con Nagisa. No le importaba compartir con el rubio pero a veces le gustaba estar solo y en ese momento lejos de su hogar, podía estar solo, podía estar de pie en el balcón y mirar el paisaje en el horizonte por horas con sus pensamientos y nadie más, excepto que desde que estaba en el reino de Samezuka y había conocido a Rin y había tenido sexo con él un millón de veces, solo podía pensar en él. En sus pensamientos solo era Rin y Rin. Ni siquiera el paisaje de un cielo claro y jardines llenos de flores hermosas podía hacer que pensara en otra cosa, solo era Rin y Rin.
―Hola Haru.
El pelinegro se sobresaltó al escuchar la voz del dueño de sus pensamientos y cuerpo, se giró y encontró al más alto detrás de él con una sonrisa. No era nada de otro mundo, Rin sonreía a todos y aún así Haru se sentía especial como si el de ojos rojos solo le sonreía a él.
―Hola Rin ―dijo Haru regresándole la sonrisa.
Muy pocos se atrevían a llamarlo por su nombre, así que en eso el menor sí se sentía muy especial. A Rin le gustaba su nombre saliendo de la boca de Haru, especialmente cuando lo cogía, le encantaba escucharlo rogar entre gimoteos y respiración agitada, pronunciando su nombre con arrebato y afán.
―Te traje el mar ―dijo Rin con orgullo y sin dejar de sonreír.
―No puedes, el mar es inmenso ―respondió Haru confundido.
Rin sacó algo del bolsillo de los pantalones holgados que llevaba, de hecho era lo único que llevaba en ese momento, el desierto era más caluroso que nunca. Haru llevaba unos pantalones holgados también, pero de azul claro en vez de blanco.
―Extienda tu mano ―dijo Rin emocionado como el otro obedeció.
Rin puso una bola transparente un poquito más grande que una canica en la mano del ojiazul que observó la canica detenidamente y para su sorpresa podía ver el mar. Claro estaba que Haru jamás había visto el mar en persona, pero había visto fotos donde el mar era como una piscina infinita de color azul cristalino. Así que reconocía lo que veía dentro de la canica, había un líquido azul que se movía si la sacudía, era el mar.
―Dijiste que querías conocer el mar y recordé que entre mis tesoros había esta canica ―dijo Rin cogiendo la mano de Haru con la que sostenía la canica.
―Gracias ―dijo Haru feliz aunque no se notaba con su tono apagado e indiferente.
―¿No te gusta el regalo? ―inquirió el mayor decepcionado, había esperado que Haru se emocionara más, que gritara y saltara de alegría, pero su expresión y actitud desinteresado lo hirió.
―Amo tu regalo ―dijo Haru sin entender que el otro estuviera decepcionado.
―¿Me lo juras?
―Sí.
―¿Y me amas también?
―Siempre tendré esta canica conmigo ―dijo Haru ignorando la pregunta a tiempo que apretaba la bolita en su mano y la llevó a su pecho donde estaba el corazón.
―Y siempre te tendré conmigo ―dijo Rin inclinándose un poco para acercar sus labios a los suyos y rozarlos ligeramente.
Haru recibió el beso con ansias al mismo tiempo que Rin lo llevó de la mano hacia la cama y lo empujó despacio sobre ella sin dejar de besarlo.
―Espera ―Exclamó Haru de repente nervioso.
―¿Estas bien? ―preguntó Rin sorprendido al escucharlo gritar.
―Sí ―dijo pensando en la daga debajo del colchón, la había guardado con cuidado para que nadie la viera, pero temía que Rin lo hiciera.
―¿Estas bien? ―insistió el de ojos rojos y Haru se sintió mal por haber pensado en matarlo, ya que éste era lo suficientemente amable como para recordar su sueño de conocer el mar y darle una canica con el "mar" adentro, era un detalle muy tierno y romántico, cosas completamente ajenas a una relación supuestamente solo sexual.
Miró la canica y negó con la cabeza.
―Estoy bien, es que no me esperaba este regalo, sigo en shock ―dejó la bolita de cristal en la mesita junto a la cama.
―¿Por qué? Yo haría lo que fuera para hacerte feliz ―Rin posó el dorsal de la mano sobre la mejilla suave del ojiazul ―. Haría lo que fuera para hacerte feliz porque me haces feliz.
―Pero no me conoces ―dijo Haru consternado.
―Sé que te gusta el agua, la caballa y yo.
―Es cierto las primeras dos cosas.
―¿No te gusto? Pero me dejas hacértelo, la mayoría me tiene miedo...
―Desde que estoy aquí he visto a muchos detrás de ti con lujuria, no miedo. Recuerdo claramente cómo le dabas placer manual a otros enfrente mío y todo.
―No me dejaste terminar ―resopló Rin serio―. Si no me tienen miedo es porque son unos arribistas, interesados, materialistas, solo buscan mis tesoros, oro, joyas y tierras, no les importo. Y siento que yo sí te importo porque hasta el momento no huyes de mí y tampoco pides oro ni tierras.
―Nunca en mi vida he tenido una habitación tan grande y menos propia. Una cama tan cómoda o comida por doquier, para mí lo que me das es suficiente.
―¿Como príncipe del reino de Iwatobi no tienes esas cosas y más?
Haru se congeló al recordar que fingía ser el príncipe de Iwatobi y no el huérfano pobre, que en realidad era, en un orfanato pequeño y limitado.
―Sí, por eso lo que me das es suficiente... ―se apresuró a decir antes que el otro sospechara.
―Bueno, a mí no me importaría darte todo lo que tengo ― dijo Rin besándolo otra vez y volvió a empujarlo con el peso de su cuerpo contra la cama, esa vez el pelinegro suspiró por lo bajo en su oído excitándolo más de lo que ya estaba, le gustaba que Haru perdiera la razón por un simple beso o caricia.
―Espera ―habló Haru en medio del beso con la boca de Rin contra su boca.
―¿Y ahora qué? ―preguntó Rin frustrado por las interrupciones y se desquitó mordisqueándole el labio inferior.
Haru ahogó un gemido al sentir los dientes del tiburón mordiéndolo y lo apartó haciendo que se sentara frente a él, entonces se puso en cuatro, inclinó la cabeza hacia la entrepierna de Rin, llevó las manos hacia el pantalón que llevaba y lo bajó, apretó los labios tragando saliva al ver el miembro erecto contra los briefs, los bajó y vio el miembro rebotar cerca de su cara, lo admiró y luego miró a Rin a los ojos, abrió la boca y engulló despacio el miembro del mayor sin quitarle la mirada.
Rin se sentía en el paraíso, la mirada de Haru era lasciva y le chupaba la polla con sensualidad. El pelinegro recorría su polla dura con la lengua de arriba abajo, pasaba los dientes con cuidado y succionaba durante varios minutos hasta que Rin sin más se vino en su boca. Haru retiró la polla semi erecta y húmeda de Rin de la boca. Los dos seguían intercambiando miradas con ardor. Haru tenía la boca llena de semen y lo tragó con cuidado de no ahogarse ante los ojos atónitos de Rin, no podía dejar de sorprenderse por lo sexy y divino que podía ser su amante. Haru jadeaba con la boca entreabierta, mostrándole que ya había tomado toda su leche, pero aún tenia unas gotas blancas en la comisura de los labios, sacó la lengua y se relamió.
―Me pones duro otra vez ― dijo Rin ante la escena obscena del ojiazul y puso el pulgar en la comisura para limpiarle el líquido blanco que cubría su piel sedosa, entonces fue cuando el menor abrió más la boca y atrapó el pulgar entre los dientes y lo succionó y lamió engatusado.
Excitado, Rin sacó el pulgar de la boca de Haru haciendo que éste jadeara. Lo admiró fijamente y pasó el pulgar por su mejilla, cuello, pecho y se detuvo en uno de los pezones duros, presionando y restregándolo contra su pulgar con firmeza y delicadeza, Haru gimió agudamente, Rin cambió el pulgar por la boca y le acarició el pezón con la lengua, y por tercera vez empujó a Haru contra la cama, esa vez el pelinegro no lo apartó, estaba demasiado sumido en la lengua de Rin en su pezón, luego la lengua fue por su otro pezón y luego por su abdomen bien trabajado y se detuvo por encima del elástico del pantalón que cubría su erección, Rin mordisqueó el elástico y bajó sus pantalones con las manos, besó el miembro erguido por encima de la ropa interior y luego la bajó con una mano mientras que usaba la otra para coger el miembro nada despreciable comparado con el suyo. Haru tenía la polla grande y a Rin le gustaba verla sacudirse de un lado a otro cada vez que lo penetraba. Metió la polla a la boca, bajó y subió la cabeza engulléndola entera con sonidos eróticos.
El cuerpo de Haru se sacudió entero, sentía cosquilleos en su pelvis avisándole que estaba cerca del orgasmo, llevó una mano para taparse la boca, tenía miedo que alguien los escuchara, a esa hora había mucha gente por el palacio, Rin se dio cuenta y sonrió pícaro, quería que Haru gritara su nombre loco de placer, quería que todos escucharan y que se enteran que el pelinegro era suyo. Sacó la polla de Haru de la boca, negándole el orgasmo. Haru vociferó frustrado, podía sentir el placer abandonándolo, sin embargo, Rin no había terminado con él, simplemente quería que se corriera con su polla y no boca, metió dos dedos de una vez dentro de él. El pelinegro se tensó ante la invasión y apretó los músculos, incluyendo su entrada, Rin jadeó excitado al sentir el ano de Haru ciñendo sus dedos.
Haru se mordió la mano para no gritar desesperado, necesitaba más que los dedos de el de ojos rojos, necesitaba su polla, pero éste parecía entretenido jugando con su próstata con los dedos.
― ¿Quieres mi polla? ―preguntó el mayor provocativamente a tiempo que removía los dedos en el interior del ojiazul.
―Sabes... que sí ―replicó el menor tratando de mantener una compostura digna, pero imposible con su cuerpo desnudo y sudoroso a merced de Rin, apenas tenía fuerzas para taparse la boca y no gritar.
―Y tú sabes que quiero que quites la mano de la boca y grites mi nombre mientras te cojo ―mofó Rin oprimiendo la próstata de Haru pero deteniéndose antes de que pudiera venirse.
―Uh... Esta bien... ―clamó Haru derrotado, apartó la mano de la boca y abrazó a Rin con ambos brazos para atraerlo hacia él, alzó las caderas en busca de su miembro y consiguiendo que los dedos de Rin se enterraran más en su punto débil.
Rin satisfecho de haber ganado, sacó los dedos abruptamente de Haru. La verdad era que él tampoco aguantaba más el jugueteo, quería entrar en su amante, darle el orgasmo que le había negado hasta el momento y llenarlo con su semilla. Cogió la cintura delgada y atlética de Haru y usó la otra mano para cogerse el pene rígido y guio la punta hacia la entrada húmeda y hambrienta de éste y la metió lentamente viendo cómo su miembro se deslizaba en el interior su amante. Haru se estremeció al sentir la polla adentrándose en él centímetro por centímetro, estaba que se venía apenas con eso, ya no aguantaba más, hundió el rostro contra el cuello de Rin y gimoteó ahogadamente, suplicándole que lo dejara venirse ya, pero Rin lo embestía lentamente, quería alargar el placer que conllevaba cogerlo, además le gustaba torturarlo.
―Ri...n, r... rápido ―demandó Haru.
―Lo pensaré... si gritas mi nombre más fuerte...
―Hay gente en el pa... sillo, van a... a escucharme.
―¿Y... qué? Que se enteren que gozas conmigo ―dijo Rin mostrando sus dientes de tiburón y enterrando su cara contra el hueco de su cuello mordiéndolo y besándolo como seguía con la embestida lenta.
―Mmm... Esta bien... Ri... n, solo más rápido... Rin ―chilló Haru entre respiración forzosa y gemidos ―Más rápido, R... Rin... Rin... Mmm, Rin...
De seguro los que pasaban por el pasillo ya lo habían escuchado gritar el nombre del mayor a todo pulmón una y otra vez de forma suplicante, pero estaba tan desesperado por obtener el orgasmo que no le importaba si lo escuchaban rogar por que Rin lo follara con más rapidez, solo quería su polla hasta el fondo contra su próstata, cosa que Rin hizo, lo agarró de las piernas y penetró enérgicamente y de prisa, chocando su pene contra su punto, causando un placer inmenso al menor. Haru lo abrazó más fuerte y gritó varias veces a tiempo que una ola de placer lo violentaba de pies a cabeza, su semilla salía de su miembro enhiesto y caía gotas blancas contra el vientre de Rin. El de cabellos rojo púrpura también iba a venirse, el orgasmo era inminente, agarró a Haru con fuerza en sus brazos y dejó salir su chorro cálido y espeso dentro de él, su cuerpo se retorcía sobre el del pelinegro ante el intenso orgasmo.
Rin esperó unos segundos y se acostó detrás de Haru, no sacó su miembro hasta el último rastro de orgasmo dejando su cuerpo cansado, pero satisfecho, entonces despacio extrajo el miembro flojo de Haru dejándole la entrada llena de su corrida.
―Wow, eso estuvo bueno como siempre ―exclamó el de ojos rojos envolviéndolo en sus brazos.
―Ya jamás podré salir de aquí, ya todos escucharon mis gritos ―dijo Haru avergonzado al pasarle la excitación, se limitó a cubrirse el rostro rojo con las manos.
―Así mejor, para qué quieres salir de aquí si podemos estar juntos todo el tiempo.
―Necesitamos comer e ir al baño.
―No necesitamos esas cosas si nos tenemos.
―Claro que necesitamos comer e ir al baño, especialmente al baño, no seas asqueroso ―dijo Haru rompiendo el abrazo y tratando de levantarse de la cama, pero Rin lo retuvo yéndose encima de él ―. Aléjate, quiero ir al baño ―estiró una pierna hacia el otro para evitar que se le acercara.
―No me provoques que me pongo cachondo otra vez ―Rin lo agarró por el tobillo y le dio besos en su piel tersa.
―¿Tan rápido? Ya te viniste como dos veces.
―Es que por ti me vengo todo el día.
―Pervertido ―dijo Haru estoicamente y movió el pie para que Rin lo soltara ―Quiero darme un baño en la piscina que vi ayer en el ala oeste, ¿por qué no me dijiste que había una piscina?
―Quería darte una sorpresa ―exclamó Rin feliz como se le iba encima para abrazarlo ―¡Vamos! Si es que no te avergüenza salir de aquí ―dijo riéndose a carcajadas.
―No quiero salir de aquí ―se quejó Haru sonrojado.
~ Free Prince ~
Otro día llegó y era otro día que Haru no estaba ni cerca de matar a Rin. Sabía que lo correcto era matarlo por el bien de sus amigos, pero terminaban teniendo sexo y Haru terminaba creyendo que sentía algo más profundo por Rin que el simple deseo sexual, cosa que era imposible, ni lo conocía y a pesar de lo que Rin creía, él tampoco lo conocía, cosas como el mar y caballa eran superficiales, todo el mundo sabía que al ojiazul le gustaba el agua y ese pescado. Rin no sabía cosas importantes como que Haru no era un príncipe sino un huérfano obligado por el rey de Iwatobi a fingir ser el príncipe para distraerlo y matarlo. Rin no sabía que Haru tenía una daga debajo del colchón donde siempre tenían sexo, no sabía que Haru se moría de miedo con solo pensar perder a sus amigos, pero el miedo era más grande al pensar que Rin lo podía descubrir, no porque pudiera matarlo por la traición sino porque no quería perderlo.
―Rin me va a matar si se entera que no soy el príncipe, me va a quemar vivo si ve la daga... ―se dijo Haru mirando las manos y se las imaginó ardiendo con el fuego.
Apretó las manos para deshacer sus pensamientos negativos y miró sus pies bajo el agua, estaba sentado en la orilla de la cascada cerca del palacio. Normalmente Rin lo acompañaba, pero ese día no fue a buscarlo y siempre lo buscaba sin importar en dónde estaba. Tal vez ese día Haru tenía que ir a buscarlo, Rin debía estar en su alcoba, pensó levantñandose, no se molestó en secarse los pies y se dirigió hacia el palacio.
Los corredores eran largos y anchos, la gente que pasaba por ahí lo miraban curiosos, sabían que era el amante de Rin, sin embargo, no entendían qué tenía de especial el joven de ojos azules. El de cabellos rojo púrpura solía acostarse con todos antes de que apareciera Haru en su vida, ahora solo se dedicaba a él y nadie más haciendo que todos sintieran celos por el extranjero.
Haru se detuvo ante la habitación del mayor, miró la puerta de doble hoja, dudó en llamar a la puerta. Rin siempre entraba a su habitación sin avisar, Haru pensó en hacer lo mismo, no pensaba que el otro se molestara, abrió la puerta y lo encontró con los codos recostados en una mesa y a su lado estaba un hombre alto y fornido poniendo una fresa ante su cara, Rin abrió la boca y se comió gustoso la fresa entera.
Haru apretó con firmeza el pomo de la puerta, estaba que lo rompía, sentía celos, odiaba al desconocido fortachón, odiaba a Rin por estar de cariñosito con otro que no era él, pero mantuvo su cara indiferente, no quería mostrar que se sentía mal al ver que Rin comía de la mano de otro, luego Rin le daba una sonrisa traviesa al hombre y posaba una mano en su brazo grande y fuerte de manera cariñosa.
―Mira, otra ―dijo el desconocido, sacudía una fresa ante Rin que como respuesta abrió bien grande la boca, pero antes de que se la comiera Haru no aguantó más la situación y gritó a todo pulmón.
―¡¿Qué crees que haces?!
Los dos hombres se asustaron y lo miraron en shock.
―¿Me hablas a mí? ―preguntó Rin señalándose con el dedo, miraba a Haru con los ojos como platos.
―Sí señor, ¿a quién más crees? ―gritó Haru furioso.
Era la primera vez que Rin veía a Haru enojado, hasta el momento solo conocía su lado sexy y apasionado, comedor de caballa y fan del agua. El Haru ante él estaba tan enojado que si pudiera echaba humo de la cabeza, apretaba el pomo de la puerta hasta tener los nudillos blancos y adoloridos y Rin trataba de comprender qué pasaba. Apartó los codos de la mesa y se irguió para encarar a su precioso pareja encolerizado.
―Hola, Haru, te presento...
―Cállate, no quiero escucharte ―le gritó y le dio la espalda para irse.
―¿A dónde vas?
―Lejos de ustedes, lamento haberlos interrumpido, que tengan una vida muy feliz juntos en el pinche infierno ―masculló Haru rabioso como empezó a caminar lejos de ellos, lejos de Rin.
―Haru ―llamó Rin confundido y corrió apurado detrás de él.
El ojiazul daba zancadas por los corredores, Rin iba detrás pidiéndole que se detuviera para hablar, pero el otro lo ignoraba.
―¡Basta! ―gritó Rin y lo cogió de la muñeca ―¿Por qué estás enojado?
―Si ya no te gusto, déjame ir ―dijo Haru agitando la mano para que el mayor lo soltara.
―¿De qué hablas?
―Quería verte y te encontré con otro, comiendo de su mano.
―Pero él y yo siempre hacemos eso.
―Genial, sigan haciéndolo, yo me largo ―Haru se soltó del agarre del más alto con brusquedad.
―No irás a ningún lado que eres mío, ¿oyes? ―dijo Rin agarrándole la muñeca con fuerza, atrajo a Haru contra sí y lo besó. El pelinegro se olvidó de su rabia y saboreó el dulce de la fresa en la boca del mayor, sin embargo recordó de dónde provenía ese sabor, recordó al desconocido metiendo la fresa en la boca de Rin y entonces todo le supo a amargo, pero en vez de alejarlo, le rodeó el cuello con los brazos fuertemente.
―Tú también eres mío, no quiero compartirte ―dijo Haru bajando la cabeza una vez que el beso terminó.
―¿De qué hablas? Soy todo tuyo, no he estado con nadie más desde que te conocí. No he mirado a otro hombre y eso que hay muchos hombres atractivos por aquí ―Rin se calló al verlo rojo de rabia otra vez―. Bromeaba, no hay nadie atractivo aquí, tú eres el único.
―Si es así, ¿quién es ese tipo en tu habitación? ―Haru pronto lamentó haber preguntado, el tipo parecía importante para Rin y temía que jamás sería tan importante para éste.
Tal vez porque se sentía solo lejos de sus amigos, tal vez porque nunca nadie había puesto tanta atención en él como lo hacía el de ojos rojos; a Haru le gustaba pensar que él era lo más importante para Rin.
―Ese tipo es mi mejor amigo, estamos juntos desde niños y se llama Sousuke.
―Qué nombre tan feo ―dijo Haru aliviado de que el tal Sousuke y Rin eran supuestos amigos de infancia y no novios, pero los celos seguían ahí.
Le hubiera gustado haber si el mejor amigo de Rin desde niños también, pero la realidad era que Rin y Haru no eran mejores amigos, solo eran dos hombres jóvenes calenturientos que tenían sexo salvaje y apasionado.
―¿Por qué te enojaste? ―preguntó el mayor.
En realidad, el enojo eran celos y envidia, pensó el pelinegro avergonzado por esos sentimientos tan perturbadores.
―¿No tienes un mejor amigo? ―preguntó otra vez.
―Sí lo tengo ―sonrió Haru de repente con una gran sonrisa al pensar en sus amigos ―. De hecho, tengo tres mejores amigos. Rei es el inteligente, le gusta leer y estudiar. Nagisa es tierno, pero puede tener genio de los mil demonios y Makoto, él es el mejor, siempre está ahí para mí.
―¡Qué bien! ―exclamó Rin sin una pizca de celos, todo lo contrario, estaba feliz de saber más sobre Haru ―. Debes extrañarlos. Has estado aquí un mes entero. ¡Iremos a Iwatobi!
―¿Para qué? ―dijo Haru entre asustado y confundido.
Si Rin iba a Iwatobi descubriría que el príncipe no era él sino otro, aunque aquello era lo de menos, los que lo preocupaban eran el rey y su consejero, ellos estarían enojados al ver a Rin vivo y matarían a sus amigos como castigo por no haber matado al monstruo del fuego con la daga creada por los brujos de Iwatobi para matar Dioses. Aunque Rin con su poder del fuego, podía proteger a sus amigos, pero eso significaba tener que decirle la verdad...
―¿Cómo que para qué? ―dijo Rin sin saber lo preocupado que estaba ―Para que veas a tus amigos.
―¿Pero no quieres destruir a Iwatobi?
―Claro que sí, pero perdono las vidas de tus amigos.
―¿Y las vidas de los otros huérfanos y ciudadanos inocentes?
―Serán daño colateral.
―Puedes perdonarlos también ―dijo Haru sin ganas de ver a Rin matar gente a diestra y siniestra.
―Lo pensaré en el camino, iremos a Iwatobi esta noche. Iré a hacer los arreglos pertinentes ―dijo el del cabello rojo púrpura yéndose y dejándolo solo en el pasillo.
Haru no quería ir a Iwatobi y que Rin descubriera la verdad sobre él. Estaba seguro que se interesaba en él y lo trataba bien al creerlo un príncipe y no un mugroso huérfano. Negó con la cabeza, trató de tranquilizarse, Rin estaba decidido a ir a Iwatobi, no podía impedírselo, así que pensó en lo único bueno de regresar a su reino y era ver a sus mejores amigos.
Suspiró agotado con todas las mentiras, miró por la ventana arqueada en medio del pasillo, el sol seguía potente, faltaba horas para que llegara la noche, decidió ir a su habitación y dormir un rato. Se encaminó en dirección contraria a Rin y fue por los corredores laberínticos, se detuvo bruscamente al ver a Sousuke caminando en su dirección.
―Hola ―dijo Sousuke con una sonrisa forzada―. Rin me ha hablado mucho de ti.
―Pues él nunca habla de ti, ni sabía quién eras hasta hoy ―escupió Haru celoso y enojado.
―Me presento, soy Sousuke, el mejor amigo de infancia de Rin, estamos juntos desde niños, soy el único que lo conoce bien.
Haru no dijo nada, solo sintió un dolor en el pecho.
Sousuke tenía el cabello negro y corto, ojos turquesas, era más alto y grande que Haru, también era un año mayor. Sousuke sonrió falsamente y acortó la distancia entre ellos de forma amenazante, el más pequeño no se iba a dejar intimidar, pero no podía evitar retroceder, entonces se detuvo tropezándose de espaldas contra la pared.
Haru quería seguir su camino, pero Sousuke puso una mano contra la pared evitándole el paso, lo tenía acorralado. Si Rin los viera en esa posición con sus cuerpos tan cerca los achicharraban, no le iba a importar que el de bellos ojos claros fuera su mejor amigo, Haru era propiedad de Rin y si Haru era celoso y posesivo, Rin lo era más, era capaz de quemar el palacio entero con su amigo y amante dentro, sin embargo, Rin no estaba ahí, solo estaban Sousuke y Haru. El mayor inclinó la cabeza hacia el pelinegro, la diferencia de estatura era casi diez centímetros, pero Rin era más alto, Haru no dejaba de pensar en Rin y deseaba que él estuviera ahí, le incomodaba la proximidad del extraño, no le gustaba su actitud hostil.
―Escúchame bien, Rin está embobado contigo, mejor te alejas, es un conquistador de reinos, no tu borrego, te anda siguiendo a todas partes, dizque ahora irá a Iwatobi a visitar tus amigos en vez de dejar el lugar en cenizas ―de repente la sonrisa de Sousuke se mostró como es, molesta y apática ―. Y es por tu bien, te lo advierto, solo eres un juguete más, no eres el primer príncipe ni el ultimo que se va a follar, ya se aburrirá de ti, si no quieres salir herido, aléjate. Te aseguro que si le haces daño te mato.
Haru sabía que Sousuke hablaba en serio, le importaba mucho Rin, pero Sousuke no sabía ni comprendía que a Haru le importaba Rin mucho más que él y cualquiera otra persona en el mundo. Los dos se miraron con cara de pocos amigos por un rato, entonces el ojiazul llevó una mano hacia el pecho del mayor.
―Lo que Rin y yo tenemos no es de tu incumbencia ―Haru dijo fríamente y lo empujó alejándolo ―Jamás lastimaré a Rin ―dijo más para sí que para el pelinegro de ojos turquesas, entonces continuó su camino hacia su alcoba y dormir como había planeado antes de ir a Iwatobi. Estaba feliz de volver a sus amigos y no iba a dejar que el supuesto mejor amigo de Rin arruinara todo.
~ Free Prince ~
Haru llegó a su habitación y cerró las puertas tras de sí antes de caminar hacia la cama, sin embargo se detuvo con un escalofrío por todo el cuerpo al ver a Rin sentado en el borde con la daga que había escondido en el colchón. Los dos se miraron en silencio, después Rin miró la daga en su mano, la empuñadura era sencilla y tenía doble filo.
llevo como 8 años sin escribir en fanfiction net, así que se me olvidó cómo poner capítulos nuevos y tuve que buscar un tutorial en internet. esto me costó tres noches en escribir, no espero que las lectoras antiguas sigan interesados, pero espero que hayan nuevas lectoras
soy lymli en instagram, facebook y youtube, aunque en youtube hay otra llamada así, yo soy la que tiene una estrella de mar como foto de perfil porque amo a patricio estrella. también soy lymli en twitter, pero me tienen suspendida y ya no tengo el celular con el que abrí la cuenta, así que no hay forma de recuperar el twitter, cosa que me pone triste porque ahí seguía a mis dos artistas de fanarts favoritas, no recuerdo sus nombres, así que no puedo volver a seguirlas. y soy yume en amor yaoi donde ya no escribo desde hace más de diez años.
GRACIAS POR LEER.
