Po: - ¿¡SE PUEDE SABER EN QUÉ ESTABAS PENSANDO!? - Por su voz, era evidente que el panda eraba muy enojado.

Zhen: - No es para tanto. -

Po: - ¿¡No lo es!? Nos metiste en una pelea innecesaria sin motivo alguno. -

Zhen: - Oye... Me dijiste que buscara provisiones... y eso hice. -

Po: - ¿Robando? ¿Estafando? ¿Engatusando? ¿A eso te refieres? ¿ Es que es eso lo único que sabes hacer bien? -

Tan pronto Po dejó escapar esas palabras, se arrepintió de hacerlo. Si bien no carecía de verdad, escucharlo no lo hacía menos doloroso. Zhen, no tuvo fuerzas ni voluntad para decir nada más. Sus ojos, entre una mezcla de tristeza y furia, hacía lo posible por no llorar frente al panda. Aún así, prefirió simplemente darse la vuelta, y trepar hasta el carajo del barco, donde podría esconderse de sus propios problemas.

Aún así, prefirió simplemente darse la vuelta, y trepar hasta el carajo del barco, donde podría esconderse de sus propios problemas (Antes que lo malinterpreten XD)

Po no pudo hacer más que restregarse los ojos y rebufar por su actitud... Estaba molesto por lo que había pasado, pero no era necesario haber dicho tal cosa. El panda vió a la zorra trepar por las sogas del barco lejos de su vista, y entendió que lo mejor sería dejarla sola de momento. De todas formas, no tendría a donde escapar en medio del lago.

Capitán: - Creo que abriste de más esa boca. -

Po: - No tienes que decirme. ¿Cuanto falta para llegar a la ciudad? -

Capitán: - Mañana a primera hora estaremos en el puerto. -

Esa iba a ser una larga e incómoda noche sin lugar a dudas, al menos lo que quedaba de esta. No pasó mucho tiempo antes que el estómago de Po le recordase que no fueron capaces de comer nada. Así que, tras esperar un tiempo prudente, tomó unas cosas de comer y con mucha dificultad trepó por las sogas del barco hasta donde Zhen estaba.

Sin embargo, no fue muy agradable ver a la zorra hecha bolita en la canasta, sabiendo que en parte era su culpa, pero asumió que ella estaría en una situación similar a la de él.

Po: - Supuse que tendrías hambre. -

Al escuchar su voz, Zhen alzó la mirada y lo vió. No podía negarlo, estaba hambrienta, aunque ya había asumido que esa sería otra de las noches que se acostaría sin comer nada. Ya se estaba quedando prácticamente dormida, pero la comida era bienvenida.

Ella aceptó una boll con algunas cosas para comer, entre ellas unos dumplings, vegetales y otras cosas. Cosas que reconoció de inmediato.

Zhen: - ¿Esto...? ¿De dónde lo sacaste? -

Po: - De la taverna. -

Zhen: - ¿Lo tomaste? Es algo hipócrita viniendo de ti. -

Po: - Dejé dinero sobre la barra... Eso cuenta como pago. -

Zhen: - Eh... No se si... Sabes que... Olvídalo. -

Ambos comenzaron a comer en silencio, temerosos a decir una palabra y seguir empeorado las cosas. Pero si algo aprendió Po en su vida, era que lo mejor nunca era evitar disculparse.

Po: - Zhen... Lamento lo que dije... Yo... Debí pensar las cosas. -

Zhen: - Está bien... No dijiste ninguna mentira de todas formas. -

Tras esas palabras se produjo un incómodo silencio, interrumpido solamente por el sonido de la comida en sus bocas. Luego, Po tomó la palabra una vez más.

Po: - Dime... Zhen... ¿Nunca has intentado... no se... hacer otra cosa? -

Zhen: - ¿Otra cosa como qué? -

Po: - Lo que sea. -

Zhen: - He perdido la cuenta... Pero si algo esta vida me ha enseñado, es que si naces para ser una ladrona, vivirás toda tu vida para ser ladrona. -

Po: - Yo... creo que no estás en lo cierto. -

Zhen: - ¿Y tu que podrías saber? Lo has tenido todo desde que naciste. -

Po: - Tal vez... Pero conozco a alguien que no. -

Un comentario que sin lugar a dudas llamó la atención de la zorra, pero hizo el intento por no mostrar curiosidad. Cosa que no pasaría desapercibida por Po.

Po: - Si... Se que suena descabellado. Pero conozco a alguien que fue un gran ladrón una vez. Un pillo, un ratero. Alguien que no le importaba nadie más que el mismo... Y sin embargo... Pudo cambiar para bien. -

Zhen: - Me gustaría creerte... Pero ya no vuelvo a mentirme a mi misma de esa manera. -

Po: - Tal vez... Pero tal vez... solo necesites lo mismo que mi amigo tuvo. -

Zhen: - ¿A si? ¿Y que sería eso? ¿Dinero? ¿Lujos? ¿Poder? -

Po: - Una oportunidad. -

Zhen no se esperaba una respuesta así definitivamente, y su rostro no dudaba en mostrar su asombro, algo que a Po le fue imposible no ver gracioso. Pero si, era cierto. Después de todo, era de su amigo y gran maestro Mono de quien estaba hablando.

Po: - Bueno... Será mejor dormir un poco. Mañana será un día bastante largo. -

Y así, el pando bajó a la cubierta del barco, donde acomodó sus cosas y se tapó con su capa para tratar de dormir algo antes de llegar a la ciudad. En cambio, Zhen pasó una noche bastante larga, lo suficiente para pensar en todo lo que había pasado estos últimos días, y lo que Po le había dicho.

Zhen quería creer en esas palabras. Quería creerlas con todo su ser. Quería creer que incluso alguien como ella tuviese una posibilidad como el panda había dicho. Pero su corazón marchito no sería tan débil como para engañarse a si misma. Podía engañar a todos, pero no podía engañarse a si misma. Eso era lo que ella era. Una rata de alcantarillas que no sabía hacer nada más que robar... Pensar en algo diferente... solo sería una mentira para si misma... O tal vez no.

Sin embargo, en las oscuras forjas soterradas de la ciudad, un ejército de yunques y martillos trabajaban sin descanso en un frenesí laboral sin pausa. El acero caía desde los hornos. Acero ardiente que llenaba los moldes y era golpeado por un sinfín de martillos hasta compactarlo en su más primogénita forma. Las chispas volaban por todas partes, el eco del golpe de metal con metal estremecía los tímpanos y erizaba la carne... Y sobre toda esta locura de sobreexplotación, un ente diabólico miraba con sínica sonrisa y ojos cual celeste espectral.

No se dejen engañar por su tamaño. Esos ojos fantasmales llenos de poder mostraban una ambición más grande que cualquier mortal que halla pisado esta tierra. Una mirada cargada de avaricia, y al mismo tiempo, de odio. Y de su boca, solo emanaban palabras de rabia.

Camaleona: - Ya casi es... hora (...) -

La magia que cargaba su cuerpo hacía de su voz más un lamento gutural que una advertencia. La hechicera extendió sus manos, y el metal a su alrededor se cargó con un extraño poder celeste. Una que parecía emanar de ella misma.

Las leyes de la física perdieron todo sentido. El arriba era abajo y el mañana era ayer. La magia canalizada por ese ejército de barrotes comenzó a mostrar ecos del futuro, un futuro en llamas celestes, como una plaga que devoraba toda China y la tierra más allá de sus fronteras. El plano físico era arrasado por el calor abrazador de hambriento fuego, mientras las doradas aguas del plano espiritual se teñían de un aterrador color carmesí. Un presagio de la catástrofe que se avecinaba.

La camaleona abrió los ojos con fuerza. La magia llenando su diminuto ser y deformando su escamoso cuerpo. dándole más la forma de un demonio que de un ser terrenal. Y con una sonrisa que desgarraba la propia piel de su rostro, dijo:

Camaleona: - (...) Y no me detendré hasta que estas tierras ardan hasta sus cimientos. -

Entonces, todo explotó. Po abrió los ojos y una fuerza sobrenatural invadió su cuerpo. Frente a él se encontraba Zhen, sumamente asustada y con todo el pelaje erizado, presa del miedo al ver su vida pasar frente a sus ojos. Y solo cuando fue capaz de calmarse de su terrible pesadilla, Po pudo entender lo que había pasado.

Lo primero que el panda tuvo que hacer fue retractar sus manos, las cuales estaban a escasos milímetros del rostro de la Zorra, cargadas de una brillante luz dorada que se desbordaba de Chi. Presa de su propio miedo ante la pesadilla... o visión... Po reaccionó en autodefensa, la cual se desató como un ataque incontrolado al primer ser que estaba al frente... Y ese alguien era la propia Zhen.

La zorra cayó de espaldas tras ver su pasado correr frente a sus ojos. Hacía mucho tiempo que no recordaba como se sentía el miedo a la muerta, y Po se lo había recordado aunque no voluntariamente. Su corazón quería salírsele del pecho, sus pupilas contraídas a más no poder, su pelaje erizado e incapaz de controlar su propia respiración.

Po: - Zhen. -

La voz del panda la sacó el estado de shock en que se encontraba, pero su reacción al sobresaltarse era bastante lógica después de lo vivido. Ella lo miraba aterrada, él la miraba con vergüenza.

Po: - Zhen... ¿Estás bien? - Pero no hubo reacción. - Zhen. -

Zhen: - Q... Que... -

Po: - Oye... Lo siento... No fue mi intención asustarte... ¿Te encuentras bien? -

Zhen: - ¿Bien? ¿Yo?... Si... Si... Eso creo... Creo... ¿Que...? ¿Qué fue todo eso? -

Po: - Yo... Lo siento... Tuve... Tuve una pesadilla... Lo siento. -

Capitán: - Y valla que tuviste una fuerte... Gritabas y todo... Parecías un loco. -

Po: - Lo siento... No volverá a pasar... Lo prometo. -

Solo entonces Zhen fue capaz de calmarse. Hasta ahora había visto varias facetas de Po. El guerrero, el maestro, el cocinero, el bromista, el gruñón... Pero su furia era algo nuevo... Y recordaría no provocarlo por el resto de su vida.

Po: - ¿Qué hora es? - Interrumpió sus pensamientos.

Zhen: - Oh... Ya es de mañana. -

Po: - Entonces... -

Po: - Llegamos. - Decía mientras se ponía de pie, recuperando era confianza autoimpuesta que siempre mostrada. - Bienvenido a ciudad Juniper... Hogar dulce hogar. -