Rias Gremory se encuentra ahora mismo en medio de una aburrida clase de filosofía, con su mente en cualquier otro lugar excepto en la escuela. ¿Podrían culparla?, lo sucedido en los últimos días tendría a cualquiera preocupado, más aún si le sumas todo lo que la pobre pelirroja ha venido cargando desde antes.
Los hermosos ojos azules de la pelirroja estaban puestos sobre los árboles de los alrededores de la escuela, cuyas hojas danzaban con el viento y el naranja de la tarde teñía todo de un color nostálgico. En medio de ese bello paisaje se presentaba el recuerdo de la noche anterior, que mantenía la mente de Rias alejada de la presentación que Akeno estaba dando a la clase como parte de las actividades diarias.
Cuando una vez más se encontró con aquel misterioso espadachín, que con tanta facilidad dejó a su grupo como un montón de incompetentes.
"¿Qué tal, princesa?". Dijo Issei, con su amada Murasama apoyada sobre su hombro.
En un parpadeo, las espadas de Kiba y Xenovia se posaron en su cuello, pero no fue nada que Issei no hubiera visto venir. En su mente, si eso les daba más seguridad, pues que así sea.
"Oh, por favor. Es la segunda vez que los ayudó, ¿así es como muestran gratitud?".
"Nadie pidió tu ayuda". Dijo Kiba de manera amenazante.
"Lo sé, pero soy un alma benevolente y no puedo evitar ofrecer ayuda, especialmente cuando tan desesperadamente la necesitan". Issei bajó la Murasama de su hombro, sintiendo como de inmediato el filo de ambas espadas en su cuello se afianzaba. "Calma, solo quiero enfundarla".
Issei guardó lentamente la espada en su funda, para luego quitarse las gafas y pasar a ver a Rias.
"¿Qué es lo que quieres?". Dijo Rias cruzándose de brazos.
"Solo quiero hablar. Según recuerdo, la última vez dijiste que no te agradaba que la gente entrara a tu territorio sin consultarte, así que aquí me tienes". Dijo Issei sonriendo.
Issei observó cómo las cejas de Rias se fruncían levemente, una mezcla de curiosidad y frustración en su mirada. Sabía que estaba en su mente, calculando sus opciones, pero no se dejó intimidar. En cambio, se mantuvo relajado, una mano descansando en la empuñadura de la Murasama ahora enfundada, como si no tuviera una preocupación en el mundo.
"Hablar, ¿eh?" Rias cruzó sus brazos, su voz fría y desafiante. "Dime, ¿por qué siempre apareces justo cuando estamos a punto de terminar el trabajo? ¿Es que tienes algún placer en demostrar que eres más hábil o simplemente disfrutas de jugar con nosotros?"
Issei soltó una leve risa, su sonrisa se amplió. "Digamos que tengo un buen sentido del timing. Además, ¿qué puedo decir? Me agrada la idea de ayudar a damiselas en apuros."
La mandíbula de Kiba se tensó, pero permaneció en silencio. Xenovia, por su parte, aún mantenía su espada lista, sus ojos fijos en Issei, preparada para cualquier cosa. Akeno observaba la escena con una sonrisa maliciosa, como si disfrutara de la tensión en el aire.
Rias dio un paso hacia adelante, acercándose lo suficiente como para mirar directamente a Issei a los ojos. "No soy una damisela en apuros, y no me gusta que me subestimen."
Issei levantó las manos en un gesto de paz. "No te subestimo, princesa. Al contrario, sé exactamente de lo que eres capaz. Por eso estoy aquí. Porque sé que hay cosas que ni siquiera tú puedes manejar sola."
Issei se mantuvo firme, con la mirada fija en Rias, pero algo en sus palabras hizo que la joven pelirroja levantara una ceja, una chispa de desconfianza en sus ojos. "¿Cómo es que sabes tanto de mí? ¿Quién eres en realidad?"
Issei sonrió, un gesto que no alcanzó a sus ojos, manteniendo un aire de misterio alrededor de él. "Solo soy alguien que ha estado observando desde las sombras. Un viajero que se cruza en tu camino cuando es necesario. Mi nombre es Issei... pero los nombres a veces no son tan importantes como lo que hacemos con ellos."
Rias lo estudió por un momento, intentando descifrar lo que se ocultaba detrás de esas palabras enigmáticas. "¿Issei, eh? No es un nombre que haya escuchado antes. Y créeme, me aseguraré de recordarlo."
Issei inclinó ligeramente la cabeza, como si aceptara el reto implícito en su declaración. "Espero que lo hagas. Porque cuando llegue el momento, ese nombre podría significar más para ti de lo que imaginas."
Rias lo miró con una mezcla de recelo y curiosidad. Quedaba claro que, a pesar de la desconfianza, había algo en él que le daba la sensación de que no debía descartarlo tan rápidamente.
Rias parpadeó, un atisbo de duda cruzó su rostro antes de que lo ocultara nuevamente tras su expresión decidida. "Si estás tan interesado en ayudar, entonces dime, ¿qué es lo que realmente quieres?"
Issei sostuvo su mirada, el tono juguetón en su voz desapareció, reemplazado por algo más serio. "Quiero asegurarme de que no termines enfrentando algo que no puedas controlar. Y para ser honesto, creo que puedes usar un poco de ayuda, especialmente con la situación que tienes con Riser Phoenix."
La mención del nombre hizo que Rias se quedara inmóvil, una sombra de preocupación cruzó su rostro. Kiba y Xenovia intercambiaron miradas de sorpresa, mientras Akeno inclinaba ligeramente la cabeza, interesada en cómo se desarrollaría la conversación.
Rias finalmente rompió el silencio, su voz era apenas un susurro. "¿Cómo puedes ayudarme con Riser Phoenix?"
Issei la miró con una determinación que no había mostrado antes, su sonrisa se desvaneció completamente. "Imagino que has barajado la opción de retarlo a un combate, yo puedo ayudarlos a volverse más fuertes, y además porque tengo los medios para hacer que su arrogancia sea su peor enemigo. Si me das la oportunidad, puedo ayudarte a vencerlo en su propio juego."
Rias permaneció en silencio por un momento, procesando sus palabras. La tensión en el aire era palpable, el peso de la decisión que debía tomar colgando entre ellos. Finalmente, suspiró, soltando los brazos a sus costados, mostrando una vulnerabilidad que rara vez dejaba ver.
"Está bien, hablaré contigo, pero esto no significa que confíe en ti completamente." Sus palabras eran firmes, pero había un matiz de esperanza en su tono, un reconocimiento de que tal vez, solo tal vez, Issei podría ser la clave para superar el obstáculo que tenía por delante.
Issei asintió, volviendo a sonreír, aunque esta vez con un toque de calidez. "Es un buen comienzo, Rias. Un buen comienzo."
"Mañana, imagino que podrás encontrarnos por tu cuenta".
"No lo dudes".
Esas últimas palabras que Issei pronunció la han mantenido distraída de la clase. ¿Quién es ese tal Issei?, ¿cómo sabe tanto de ella?, ¿Cómo puede ayudarla a vencer a Riser Phoenix?.
"Y Para colmo Sona no sabe nada sobre esto, claro que no estoy segura de cómo podría decírselo". Pensó Rias, pasando a ver a la morena de gafas, un par de asientos más adelante en el salón. "Ay, esto es una locura y…
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se percató que en uno de los árboles que se podían ver desde el salón, el buen Issei se encontraba de pie, observándola con una sonrisa.
Rias sintió un pequeño escalofrío recorrer su espalda al ver a Issei de pie en la rama de un árbol, sonriéndole con esa mezcla de descaro y misterio que tanto la desconcertaba. Frunció el ceño, tratando de concentrarse en la clase, pero sus pensamientos estaban demasiado revueltos para permitirlo.
"¿Qué demonios hace ese tipo ahí?" pensó, su frustración aumentando. "¿Es que no tiene otra cosa que hacer que espiarme en medio de una clase?"
Intentando ignorar la presencia de Issei, Rias volvió su atención al frente, donde Akeno estaba finalizando su presentación con la misma gracia y confianza de siempre. Pero cada vez que intentaba centrarse en las palabras de su amiga, sentía la mirada de Issei clavada en ella, como si estuviera disfrutando de su desconcierto.
"No voy a darle el gusto," se dijo a sí misma. "No voy a caer en su juego."
Pero, claro, eso era más fácil decirlo que hacerlo. Especialmente cuando, de repente, Issei levantó una mano y comenzó a saludarla desde la distancia, como si estuvieran en medio de un parque y no en una clase llena de estudiantes.
Rias apretó los dientes y miró a su alrededor, esperando que nadie más lo hubiera notado. Afortunadamente, todos parecían estar más interesados en la presentación de Akeno que en el chico extraño que se balanceaba en un árbol. Sin embargo, cuando Rias volvió a mirar hacia la ventana, Issei le guiñó el ojo con un gesto exagerado.
"¡¿Pero qué…?!" Rias sintió sus mejillas arder de vergüenza y enojo. "¡Es un idiota completo!"
Incapaz de soportarlo más, se levantó abruptamente de su asiento, atrayendo la atención de toda la clase. "Disculpen," dijo con un tono que intentaba ser calmado, pero que no podía ocultar su irritación. "Necesito un poco de aire."
Akeno levantó una ceja, claramente intrigada, pero asintió y continuó con su presentación. Mientras tanto, Rias salió del aula, tratando de mantener su compostura, pero una vez fuera, su mirada se dirigió directamente hacia el árbol.
Issei ya no estaba allí.
Rias cerró los ojos y respiró hondo, intentando calmarse. "Por supuesto que desapareció. Justo cuando pensaba que iba a enfrentarlo."
Pero mientras bajaba la guardia, escuchó una voz familiar detrás de ella.
"¿Esperabas a alguien, princesa?"
Rias se giró para encontrar a Issei, apoyado casualmente contra la pared del edificio, mirándola con esa sonrisa que parecía estar diseñada solo para molestarla.
"No me llames así," respondió Rias, cruzando los brazos. "Y deja de hacer esas tonterías en frente de todos."
"¿Tonterías?" Issei se rió entre dientes. "¿Llamas 'tontería' a un saludo amistoso? Me rompes el corazón, princesa."
"¿Qué quieres de mí?" Rias suspiró, sintiendo que discutir con él solo le daba más poder. "¿Por qué no puedes ser una persona normal y venir a hablarme como lo hace todo el mundo?"
Issei se encogió de hombros. "Lo normal es aburrido. Además, admito que es divertido verte enojada."
Rias rodó los ojos, tratando de ignorar el pequeño toque de humor en sus palabras. "Tienes una extraña manera de divertirte, Issei."
"Y tú, princesa, tienes una extraña manera de complicarte la vida," respondió él, acercándose un poco más. "Pero bueno, es lo que te hace tan interesante."
Antes de que ella pudiera responder, Issei se inclinó ligeramente hacia adelante, su tono volviéndose un poco más serio, pero aún con ese toque irreverente. "Recuerda, si alguna vez necesitas una mano para algo… bueno, solo debes llamarme."
Rias lo miró con desconfianza. "¿Y por qué debería confiar en alguien como tú?"
Issei soltó una carcajada suave. "Porque soy el único que te ofrece una salida".
Rias se sintió vulnerable, la intensidad en los ojos de Issei parecía dejarla totalmente impotente ante la realidad. Tenía razón, vaya que la tenía, ni sus padres, ni su hermano, ni nadie en la sociedad demoníaca podía o querría ayudarla.
"Ugh, bien. Dijiste que podrías ayudarnos a volvernos más fuertes, ¿exactamente como piensas hacerlo?". Preguntó Rias.
Issei sonrió, observó el grandioso plantel que era la academía de Kuoh, pensando en la probable sencilla vida que todos en el grupo de Rias llevaban.
"La otra noche, cuando nos conocimos, me di cuenta de que tu grupo tiene mucho potencial, pero tienen dos grandes problemas…" Las palabras de Issei provocaron conflicto en Rias, no sabía exactamente si sentirse ofendida o halagada.
"¿Cuáles serían estos problemas?". Rias dijo estas palabras con un tono desafiante, le parecía algo gracioso que este tipo aparezca de la nada y se las dé de gran maestro todo sabiondo.
Issei cambió una vez más a un semblante serio, cosa que provocó en Rias algo de consternación. "El primero es que ninguno de ellos sabe luchar en equipo, eso lo sé ya que pude encargarme de ellos con facilidad…"
"Ah sí, lo recuerdo perfectamente. ¿Y el segundo?".
"El segundo, es que ninguno de ellos lucha con todo su poder, todos ellos se están conteniendo constantemente debido a que están aterrados de ellos mismos". Rias no tuvo palabras para responder, es más, se preocupó gravemente.
Su séquito era su familia, esa es la forma en la que ella los veía, esa es la forma en la que la familia Gremory trata a quienes los sirven. No son esclavos, no son prisioneros, son familia, no se les explota, se les protege. Ella era consciente de los problemas de cada uno de ellos, lo sabía mejor que nadie, pero jamás ha sabido cómo ayudarlos, y eso la ha herido permanentemente.
"¿Y cómo piensas ayudarlos?, si no es mucha molestia preguntar". Rias, con un tono más ameno, comenzó a dejar de lado la hostilidad.
"Bueno, aún trabajo en los pormenores, pero quisiera ayudarlos a enfrentarse a ellos mismos, y después a mi, llevarlos al límite de sus capacidades". Issei ya tenía en mente algunas cosas, pero primero necesitaba asegurarse de que Rias estuviera de acuerdo con todo.
"¿Con quién empezarías?". Preguntó Rias.
"Creo que la pequeña niña gato, jamás ha utilizado su senjutsu ¿verdad?, ¿ni sus poderes de nekomata?". La pregunta de Issei dejó sorprendida a Rias.
"¿Sabes de sus poderes?". Rias no dejaba de estar impresionada de cuanto sabía Issei, ¿de donde salió este sujeto?, ¿cómo sabía tanto?.
"Digamos que soy un viejo amigo de su hermana". Y eso fue lo que Rias jamás esperó escuchar de Issei.
Rias frunció el ceño, sus ojos se entrecerraron con desconfianza. "¿Un viejo amigo de su hermana?" Su tono era helado. "Ella es una criminal, una asesina. No permitiré que Koneko se acerque a alguien que la arrastró a esa oscuridad."
Issei suspiró, pasando una mano por su cabello. "Entiendo por qué lo piensas. Pero estás equivocada."
"¿Equivocada?" Rias cruzó los brazos, su postura firme. "Mató a su antiguo amo y abandonó a Koneko. No hay nada que entender."
Issei negó con la cabeza, manteniendo su mirada fija en Rias. "Kuroka no mató a su amo por codicia o poder. Lo hizo para proteger a Koneko. Su antiguo amo planeaba experimentar con ella, usarla de formas que ni siquiera puedo describir. Kuroka hizo lo único que pudo para salvarla."
La expresión de Rias vaciló, la duda comenzó a deslizarse por las grietas de su convicción. "¿Salvarla? ¿Entonces por qué la abandonó?"
"Porque era la única manera de mantenerla a salvo. Kuroka sabía que, si se quedaba, Koneko nunca estaría fuera de peligro. Así que la dejó atrás, con la esperanza de que alguien más pudiera cuidar de ella, de que pudiera tener una vida mejor, lejos de las sombras en las que Kuroka se había sumergido."
Rias se quedó en silencio, procesando las palabras de Issei. Parte de ella quería rechazar lo que estaba escuchando, pero otra parte, una más profunda y más vulnerable, sabía que había verdad en lo que Issei decía. Siempre había notado el dolor oculto en los ojos de Koneko, un dolor que ahora comenzaba a tener sentido.
"Y tú... ¿cómo sabes todo esto?" Preguntó Rias, su voz más suave ahora, casi temerosa de la respuesta.
Issei sonrió con una tristeza que no había mostrado antes. "Porque he conocido a Kuroka. He visto lo que la ha convertido en lo que es. Pero también he visto que, incluso en su oscuridad, sigue siendo una hermana que ama a Koneko. Y es por eso que quiero ayudarla a entender la verdad, para que pueda reconciliarse con su pasado y finalmente aceptar quién es."
Rias dejó escapar un suspiro profundo, sus hombros relajándose un poco mientras intentaba asimilar la realidad. "No sé si Koneko está lista para esto... ni siquiera sé si yo lo estoy."
Issei se acercó un paso, bajando la voz pero manteniendo su tono firme. "Nadie está listo para enfrentar la verdad sobre sí mismo, Rias. Pero a veces, es el único camino para crecer y volverse más fuerte. Si Koneko no enfrenta esto, seguirá atada por un miedo que no entiende. Pero si lo hace, no solo será más fuerte, sino que también encontrará la paz que tanto merece."
Rias asintió lentamente, sabiendo que Issei tenía razón, pero sin poder evitar la preocupación que sentía por su querida ciervo. "Está bien... pero hazlo con cuidado, por favor."
Issei esbozó una sonrisa tranquilizadora. "Por supuesto, princesa. Haré lo que sea necesario para que ella, y tú, puedan seguir adelante."
Rias se retiró, no sin antes sonrojarse un poco. Había algo en Issei que le parecía insoportable, pero al mismo tiempo, había algo en él que parecía muy honesto con ella.
El edificio antiguo de la escuela era popularmente conocido como el lugar donde el club de investigación paranormal, la fachada de Rias para su séquito, se reunía. El lugar sin duda alguna proyectaba una gran clase y una sensación inmediata de prestigio.
"Este lugar es increíble". Dijo Issei quién seguía de cerca a Rias dentro del edificio. Sutilmente desviaba su mirada hacía otras partes, específicamente a las caderas de Rias y su vaivén.
"¿Algo que llame tu atención?". Preguntó Rias, provocando que Issei de inmediato desviase su mirada hacia cualquier otro lado.
Cuando estaban a punto de llegar al salón principal, Issei se detuvo frente a una puerta cerrada. Rias, quién dejó de escuchar los pasos del castaño tras ella, se detuvo también.
"¿Algún problema?". Dijo Rias, retrocediendo para volver con Issei.
Issei apuntó con su dedo a la puerta. "Aquí es donde tienes al vampiro, ¿verdad?".
"Ok, suficiente". El dedo de Rias se posicionó a centímetros del rostro de Issei. "¡Dime cómo sabes tanto sobre nosotros!".
Issei sonrió, sin una pizca de una sensación de intimidación en su rostro. "Princesa, prometo que todo se revelará a su tiempo, pero por ahora, confía en mí".
Rias frunció el ceño, pero las palabras de Issei, especialmente cuando le dijo que él era el único que le estaba ofreciendo una posible salida, resonaron en su mente. "Ya, solo entremos de una vez".
Finalmente la pareja entró a la sala principal, donde todos los demás miembros esperaban.
El salón principal estaba decorado con elegancia, acorde a la reputación de la familia Gremory. Akeno, Xenovia, Koneko y Kiba estaban ya presentes, esperando a Rias. Cuando ella entró, seguida de Issei, todas las miradas se dirigieron inmediatamente hacia el castaño. La sorpresa fue evidente en los rostros de todos, excepto en el de Koneko, que miraba fijamente al recién llegado con una expresión neutral, aunque había una ligera tensión en sus ojos.
"Chicos, me temo que tenemos un visitante especial hoy", dijo Rias, con un tono que trataba de mantener la calma, aunque no pudo evitar que su voz sonara algo apremiante.
Akeno, siempre elegante y con una sonrisa en el rostro, fue la primera en hablar. "Ah, el misterioso espadachín. No esperaba que volvieses tan pronto... aunque, debo admitir, me alegra que lo hayas hecho". Su tono estaba lleno de una mezcla de curiosidad y coquetería, aunque había una chispa de desconfianza en su mirada.
Xenovia, más directa, se cruzó de brazos y frunció el ceño. "¿Qué está haciendo aquí? No podemos dejar que alguien que no conocemos se entrometa en nuestros asuntos."
Kiba permaneció en silencio, pero sus ojos brillaban con cautela. Todavía recordaba con claridad lo rápido que Issei había desarmado al grupo la última vez que se encontraron, y no estaba dispuesto a subestimarlo otra vez.
Koneko, por su parte, apenas levantó una ceja. Aunque parecía desinteresada, sus instintos le decían que había algo más detrás de la sonrisa despreocupada de Issei.
Issei, notando la tensión en la habitación, decidió romper el hielo. "Vaya, parece que no soy el invitado más bienvenido, ¿eh?" Dijo con una sonrisa, tratando de aligerar el ambiente. "Pero, la verdad es que estoy aquí para ayudar. Rias y yo hemos hablado, y parece que necesitan un poco de entrenamiento... uno que los lleve más allá de sus límites."
"¿Entrenamiento?" Akeno dejó escapar una risa suave. "¿Y qué te hace pensar que necesitamos entrenamiento de alguien como tú?"
"Porque la otra noche, cuando nos encontramos, vi su potencial, pero también vi sus limitaciones", respondió Issei, esta vez con un tono más serio. "No trabajan como un equipo y, lo más importante, no están usando todo su poder. Se están conteniendo, y eso es lo que los está frenando."
Koneko finalmente habló, con su tono habitual de indiferencia. "¿Por qué deberíamos confiar en ti?"
Issei se inclinó ligeramente hacia ella, sin perder la sonrisa. "Porque, como le dije a Rias, no tengo ninguna razón para hacerles daño. De hecho, mi única intención es ayudarles a volverse más fuertes. Y para empezar... pienso que deberíamos enfocarnos en ti."
Koneko entrecerró los ojos, su desconfianza evidente. "¿Por qué yo?"
"Porque tienes un poder increíble dentro de ti, uno que no has usado plenamente.", dijo Issei, bajando un poco la voz, sorprendiendo a Koneko y haciendo que el salón quedara en un silencio expectante.
Rias observó la interacción con atención, notando la ligera inquietud que comenzaba a mostrar Koneko. "Espera, Issei..."
Issei se volvió hacia Rias, su expresión era una mezcla de determinación y sinceridad. "Voy a entrenarlos, llevarlos al límite de sus habilidades. Pero también necesito ayudarlos a contactar con lo que realmente son. Y eso es un proceso que no puede hacer sola, ninguno de ellos podría."
"¿Contactar con quienes somos?" Kiba finalmente habló, su tono lleno de sospecha. "¿Como?"
Issei hizo una pausa, evitando deliberadamente la pregunta mientras dirigía su mirada a Rias. "Confía en mí, princesa. Todo valdrá la pena a su debido tiempo. Pero por ahora, quiero que piensen en esto como una oportunidad para superar sus miedos, para ser más fuertes juntos."
Rias cruzó los brazos, claramente indecisa. Había algo en Issei que le hacía querer confiar en él, pero la idea de involucrar a Kuroka era algo que no podía aceptar tan fácilmente. Sin embargo, sabía que sus amigos, su familia, necesitaban algo más, algo que ella sola no podía ofrecer.
"De acuerdo", dijo finalmente, con un suspiro de resignación. "Vamos a intentarlo. Pero si descubro que estás jugando con nosotros, Issei..."
"Lo sé, lo sé. Soy un hombre muerto", respondió Issei con una sonrisa. "Pero te prometo que no te arrepentirás de esta decisión."
Koneko miró a Issei, sus ojos mostrando una mezcla de miedo y una sombra mal augurio. Aunque aún estaba llena de dudas, había algo en las palabras de Issei que resonaba en lo más profundo de ella.
Issei se enderezó, sintiendo el peso de las miradas sobre él. Sabía que tenía un largo camino por delante para ganarse la confianza de todos, pero estaba dispuesto a tomar el riesgo.
"Entonces, ¿cuándo empezamos?", dijo finalmente Xenovia, rompiendo el silencio, con una chispa competitiva en su mirada.
Issei sonrió de nuevo. "Mañana, al amanecer. Prepárense para sudar."
El ambiente en la sala cambió, pasando de la tensión a una anticipación silenciosa. Rias miró a su grupo, sabiendo que estaban a punto de embarcarse en algo grande, algo que podría cambiarlo todo.
"¿Qué clase de lugar es ese?". El holograma frente a Issei parecía no apreciar mucho el acomodamiento que el chico consiguió en la ciudad. "Tanto dinero para misiones y ¿no pudiste escoger un mejor hotel?".
"También te extrañé, Kuroka". Dijo Issei, sentándose en la cama de la habitación, desenganchando la funda de la Murasama de su cintura, dejándola suavemente sobre el colchón. "¿Qué tal todo por allá?.
"No me quejo, ya casi acabamos de hecho, Vali no me ha permitido relajarme ni un segundo en la playa". Dijo Kuroka, mientras fingía llorar.
Issei rió, era extraño para él estar en una misión sin ellos, principalmente luego de tantos años juntos. No solo Vali era su familia, ni los 6 líderes de Nexus, Fay, Bikou, Arthur y Kuroka lo han acompañado en casi todas las batallas que ha librado en su vida.
"No estás allí para divertirte Kuroka".
"Oh, lo sé. No es diversión si no estás aquí, a propósito, ¿has pensado sobre mi propuesta?". La pregunta dejó helado a Issei. Rayos, había olvidado por completo lo que Kuroka le había propuesto… repoblar la población.
"Kuroka querida, de verdad pienso que algo así debe hacerse con alguién a quién amas". Dijo Issei, tratando de desactivar la situación.
"Oh, ¿es eso lo que crees?". Dijo Kuroka, tratando de sonar lo más seductora posible, poniendo a Issei aún más incómodo.
Issei decidió que ya era hora de ponerse serios. "Kuroka, encontré a tu hermana".
"¡Qué!, ¿Shirone está donde estás?".
"Si, y si voy a tener éxito en mi misión voy a necesitar tu ayuda". Las palabras de Issei desconcertaron a Kuroka, quién se dejó de bromitas.
"Shirone… han pasado años".
"La llaman Koneko ahora, Koneko Toujou, es una demonio que está bajo el cuidado de Rias Gremory".
"¿La hermana de Sirzechs?".
"La misma".
"Vaya". Dijo Kuroka riendo, recuperando algo de la irreverencia de antes. "Así que al fin pudiste conocer a la princesa de tus sueños".
"Necesito tu ayuda con esto Kuroka". Dijo Issei, evitando que la conversación volviera a un lugar incómodo para él. "Koneko se teme a sí misma, no se atreve a usar su poder verdadero".
Kuroka sonrió con tristeza. "No la culpo, debe ser doloroso para ella asociar su propia esencia con la de una sucia criminal".
"Ambos sabemos que eso no fue lo que pasó". Dijo Issei, remontándose a la razón real del porqué Kuroka asesinó a su antiguo amo.
"Eso es irrelevante ahora, hay una razón por la cual no he querido buscarla a ella o cualquier cosa que esté relacionada con ella en todos estos años…". Lágrimas comenzaron a caer de los ojos de la morena, haciendo que Issei se conmueva. "Ella está completamente mejor sin mí en su vida".
Issei se mantuvo en silencio por un momento, observando cómo las lágrimas caían por las mejillas de Kuroka. Verla así, tan vulnerable, removió algo en su interior.
"Kuroka…", comenzó Issei, eligiendo cuidadosamente sus palabras, "entiendo por qué has mantenido la distancia, pero Koneko merece conocer la verdad. Merece saber que su hermana la ama y que todo lo que hiciste fue por protegerla."
Kuroka cerró los ojos, su voz quebrándose un poco. "¿Y si ella me odia? ¿Y si al final… no quiere saber nada de mí?".
Issei se levantó de la cama y se acercó al holograma, sus ojos llenos de determinación. "Eso es un riesgo, sí. Pero el miedo no debería detenerte, Kuroka. Si no intentas acercarte a ella ahora, podrías perder la oportunidad para siempre."
Kuroka lo miró fijamente, su expresión era una mezcla de dolor y esperanza. "Tú siempre has sido bueno en dar esos discursos motivacionales, Issei… está bien, te ayudaré. Pero si las cosas se salen de control…"
"No lo harán", la interrumpió Issei con una confianza calmada. "Estaremos allí para ella. Y si todo sale bien, Koneko podrá finalmente abrazar su verdadero poder, sin miedo ni dudas."
Kuroka asintió lentamente, limpiando las lágrimas de su rostro. "Entonces… ¿cuál es el plan?"
Issei sonrió, una sonrisa que reflejaba tanto seguridad como una chispa de astucia. "Primero, necesitamos que Koneko confíe en ti lo suficiente como para enfrentarse a sus miedos. Y para eso, necesitaremos hacerle ver que no está sola…"
"Te pido por favor que vuelvas a repetir lo que acabas de decir". Dijo Rias, con una expresión facial más que hostil.
"Claro, como no". Issei se aclaró la garganta para volver a decir lo que acababa de decir. "Todos ustedes están traumados de la cabeza hasta los pies. Kiba tiene culpa del sobreviviente, Akeno tiene daddy issues, Xenovia tiene la cabeza hueca y Koneko se odia a sí misma".
Desencajados sería un eufemismo si tratáramos de darle un adjetivo a las expresiones faciales de todos los presentes.
Era sábado, así que nadie tenía que preocuparse por usar sus poderes y ser vistos por algún alumno. Habiendo dicho eso, ninguno de ellos esperó que el ataque que causara el mayor daño fueran simples palabras provenientes de Issei.
"Que sutil eres". Dijo Rias, comenzando a arrepentirse de haber accedido a esto.
Issei por su parte se mantuvo sereno. "Pero, no es nada que algo de entrenamiento no pueda solucionar, por su puesto que no puedo resolver todos sus problemas psicológicos al mismo tiempo, así que haremos esto…"
Issei comenzó a caminar, pasando frente a todos los presentes como si se tratase de un sargento del ejército.
"Hoy en particular me voy a enfocar en Koneko, pero ni sueñen con que el resto de ustedes van a estar de vagos". Issei primero se detuvo frente a Akeno. "Tú, dama de fina presencia, careces totalmente de variedad de ataque, solo sabes lanzar rayitos".
Las palabras de Issei no cayeron muy bien en Akeno quien, a pesar de esto, sostuvo olímpicamente su sonrisa amable, aunque algo aterradora.
"Lo mismo va para tí princesa". Dijo Issei, dirigiéndose a Rias. "Si las hubiera atacado seriamente con la Murasama, no habría nada que hubieran podido hacer para defenderse".
Issei sacó entonces un libro de su gabardina. "Confían demasiado en sus poderes mágicos, así que van a practicar combate mano a mano"
Al entregarlo a la pelirroja, ésta lo vió con incredulidad. "¿Karate y taekwondo?, ¿es enserio?".
"Tú, ex exorcista". Dijo Issei dirigiéndose a Xenovia, ignorando completamente a Rias. "Tienes cero por ciento de sentido común".
Xenovia se mantuvo inexpresiva, sin saber exactamente a qué se refería Issei.
"Sin embargo tu capacidad de combate es óptima, y eso es positivo, pero imagino que el hecho de que acabas de unirte a este equipo provoca que no puedas entenderte bien con tus compañeros". Issei entonces posó su mirada en Kiba. "Y tu, guapeton, según sé eres bastante listo, especialmente relacionado a los temas sociales, así que el ejercicio para ambos es que tengan una larga charla".
"¡Qué!, ¡a nosotras nos pones a practicar artes marciales y a ellos los pones a hacer un podcast!". Protestó Rias, siendo ignorada por Issei.
"¿Una charla señor Issei?". Preguntó Kiba, confundido.
"Ambos son espadachines, igual que yo, ambos trabajarán en conjunto en el campo de batalla, ambos deben conocerse como la palma de su mano". Issei señaló un lugar a lo lejos, en medio de los árboles, donde ambos podrían ir a charlar. "Como objetivo secundario, vé si puedes enseñarle una cosa o dos a Xenovia sobre el sentido común".
Ambos caballeros asintieron, procediendo a caminar hacía donde señaló Issei. Rias y Akeno se vieron a los ojos, luego vieron el libro y finalmente suspiraron, comenzando a ojearlo para saber dónde empezar.
"Y eso nos trae a tí, pequeña gatita". Koneko se cohibió ante el apodo de Issei, además del hecho de que no tenía idea de como Issei sabía que era una nekoshou, el solo hecho de pensar en su verdadera forma la ponía de mal humor.
"¿Qué quieres que haga?". Preguntó Koneko, con muchas dudas al respecto de éste entrenamiento.
Issei sonrió, pero no era una de esas sonrisas altaneras que acostumbraba, ésta era una sonrisa de genuina amabilidad. "Quiero que me atrapes".
"¿Qué te atrape?". Preguntó Koneko confundida.
"Ya me oíste".Dijo Issei, comenzando a elongar sus piernas. "Voy a huir por toda ésta escuela, y si eres capaz de atraparme, se acabó el entrenamiento".
Koneko aún no entendía exactamente como eso la ayudaría a volverse más fuerte, instintivamente buscó con la mirada a los demás, Kiba y Xenovia se habían marchado y Rias y Akeno ya estaban practicando golpes y patadas.
Issei observó a Koneko mientras ella dudaba, notando la mezcla de confusión y malestar en su rostro. Sabía que no sería fácil para ella enfrentarse a sus miedos, pero ese era precisamente el punto.
"Koneko", dijo Issei suavemente, pero con firmeza. "Esto no es solo un juego. Quiero que uses todo lo que tienes, no te contengas. Este ejercicio es tanto para que te desafíes a ti misma como para que enfrentes lo que temes."
Koneko lo miró fijamente, un destello de desafío cruzando sus ojos. "¿Y qué si no lo logro?"
Issei sonrió, una sonrisa cargada de comprensión y aliento. "No se trata de ganar o perder. Se trata de dar todo lo que tienes. Y créeme, si lo haces, aprenderás más sobre ti misma de lo que crees."
Koneko inhaló profundamente, tratando de calmar la tormenta de emociones que bullía en su interior. A pesar de su desconfianza hacia su propia naturaleza, algo en la mirada de Issei la animaba a intentarlo.
"De acuerdo", dijo finalmente, su voz más firme de lo que esperaba. "Te atraparé."
Issei soltó una risa suave. "Eso es lo que quiero oír. Prepárate, Koneko. No te lo pondré fácil."
Con esas palabras, Issei dio un salto hacia atrás, preparándose para correr. Koneko se tensó, sus instintos comenzando a tomar el control mientras se preparaba para la persecución.
"Ok, supongo". Dijo Koneko.
Kiba y Xenovia ya llevaban un buen rato con su conversación, Koneko e Issei llevaban jugando al gato y al ratón (No fué a propósito el chiste) hace bastante también, y Akeno y Rias ya habían practicado al menos veinte formas diferentes de patadas y golpes.
"Rias". Dijo Akeno jadeando, al mismo tiempo que lanzaba un golpe al aire.
"¿Si, Akeno?". Respondió Rias mientras ella hacía lo mismo con una patada.
"¿Cómo es que éste sujeto sabe tanto de nosotros?".
"Me encantaría tener una respuesta para eso Akeno".
Ambas chicas siguieron con eso al menos una hora, antes de caer deshechas al suelo, sin energía alguna. Kiba y Xenovia regresaban tranquilamente de su conversación.
"Vaya, así que si un taxista me dice que cierre la puerta con más fuerza después de que yo lo haya hecho con fuerza, realmente quiere decir que lo haga más despacio". Dijo Xenovia, como si el mundo acabara de abrirse ante sus ojos.
"¿Dónde están Koneko y el tal Issei?". Preguntó Akeno, recuperando algo de energía.
"No lo sé, pero tal parece que el juego acabó". Dijo Rias observando el edificio principal de la escuela, que es en donde la persecución se llevó a cabo en su mayoría, ahora en completo silencio.
Kiba y Xenovia ayudaron a Akeno y Rias a levantarse del piso, todos observando el silencioso paisaje que se había creado.
"Vamos a ver que sucede". Dijo Rias, comenzando a caminar hacía el edificio, seguida de cerca de su fiel séquito.
Al llegar a la escuela, todos quedaron con la boca abierta al ver en que se había convertido el lugar, todo era un total desorden. Sillas, mesas, libros, y básicamente cualquier otra cosa que puedes encontrar en una escuela, se hallaba tirado en el piso.
"Me alegro de ver que no perdieron el tiempo". Los cuatro jóvenes pusieron su atención en Issei, quién cargaba a una inconsciente Koneko en sus brazos. "Las cosas se pusieron algo intensas".
"¡Qué diablos sucedió aquí!". El grito de Rias casi destruye los cristales del lugar debido a la potencia de su frecuencia.
"Bueno, digamos que las cosas se pusieron un poco intensas, el lado positivo es que Koneko definitivamente aumentó su capacidad aeróbica". Dijo Issei, entregando a Koneko delicadamente a los brazos de Kiba.
"¡Acaso estás demente!, ¡cómo se supone que arreglaré esto ahora!". Issei sonrió con pena y se rascó la cabeza ante el reclamo de Rias.
"Ups, bueno, considerenlo parte de su entrenamiento, adiós". Dijo Issei, retirandose rapidamente.
"¿QUE?, ¡MALDITO IDIOTA, VUELVE AQUÍ". Dijo Rias, perdiendo la paciencia totalmente.
Luego de unos minutos, en los que todos menos Koneko, quien descansaba adorablemente sobre una mesa, habían terminado de arreglar el desorden… de un salón.
"Ugh, aún nos queda el resto de la escuela". Dijo Xenovia, poniendo la última silla en su lugar.
"Ustedes no pueden quejarse, solo se la pasaron charlando". Dijo Akeno, quién solo quería caer al suelo y no hacer nada.
"¡Maldito Issei!, ¡cómo se atreve a hacernos ésto!". Dijo Rias totalmente indignada, luego comenzó a caminar hacía el pasillo para seguir con la limpieza. "¡La próxima vez que lo vea juro que voy a-".
Pero detuvo sus quejas al momento de abrir la puerta del salón, y es que todo el desorden que se encontraba allí anteriormente había desaparecido, a excepción de un pequeño pedazo de papel con algo escrito que se hallaba en el piso frente a ella.
"Lamento el desorden, no volverá a pasar - Issei".
La ira de Rias se calmó, al igual que un sentimiento de alivió invadió a todos los demás.
"Vaya, vaya, tal parece que no es tan malo después de todo". Dijo Akeno, sonriendo complacida.
Rias esbozó una pequeña sonrisa en sus labios al leer la nota, realmente la habían sorprendido. "No, supongo que no es tan malo".
Koneko se encontraba en su habitación, recostada en su cama mientras miraba el techo. La luz tenue de la tarde entraba por la ventana, proyectando sombras alargadas en las paredes. No podía dejar de pensar en el entrenamiento de ese día y en cómo había terminado frustrada, incapaz de atrapar a Issei por más que lo intentara.
"¿Por qué soy tan débil?" pensó, apretando las sábanas con sus manos. La sensación de fracaso era un peso que se le hacía cada vez más insoportable. "Si no puedo atrapar siquiera a un solo enemigo, ¿cómo podré proteger a la presidente Rias o a los demás?"
Mientras repasaba el entrenamiento en su mente, recordó ese momento en el que, agotada y al borde de las lágrimas, se había desplomado en el suelo, completamente derrotada. Issei, en lugar de reírse o criticarla, se había acercado y le había ofrecido una mano para ayudarla a levantarse.
"Koneko," le había dicho con un tono más suave de lo habitual, "no es solo la fuerza física lo que te hace fuerte. No son tus habilidades, ni tu poder de nekoshou, ni siquiera lo que los demás esperan de ti. Lo que te hace fuerte son las decisiones que tomas, y la voluntad de seguir adelante sin importar cuántas veces caigas."
Ella había mirado a Issei, incrédula. "Pero... ¿cómo puedo ser fuerte si no puedo usar mi verdadero poder sin sentirme asqueada? ¿Cómo puedo dejar atrás lo que soy?"
Issei había esbozado una ligera sonrisa, como si supiera exactamente por lo que estaba pasando. "No tienes que dejar de ser quien eres, Koneko. Tus genes, tu pasado, tu poder... todo eso es parte de ti. Pero no te define. Lo que te define son las elecciones que haces a partir de ahora. Puedes elegir vivir con miedo y odio hacia ti misma, o puedes elegir enfrentarte a esos sentimientos, y decidir qué tipo de vida quieres llevar."
Esas palabras habían quedado grabadas en su mente. Mientras las repetía en su cabeza, sintió que algo dentro de ella comenzaba a cambiar, como si una pequeña chispa de esperanza se encendiera en su corazón.
Koneko suspiró, sintiendo que el peso de sus pensamientos comenzaba a disiparse. Se giró en su cama, buscando acomodarse mejor cuando notó algo inusual en sus ropas. Había un pequeño bulto que no recordaba haber sentido antes. Intrigada, metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño aparato circular, liso al tacto y del tamaño de una moneda. Al observarlo más de cerca, notó un pequeño mensaje grabado en la superficie: "Reprodúceme."
Frunció el ceño, sin estar segura de qué esperar. ¿Issei había puesto eso en su bolsillo sin que ella se diera cuenta? Aunque cautelosa, no pudo evitar sentir curiosidad, así que presionó suavemente el centro del dispositivo.
De inmediato, el aparato emitió un tenue brillo azul, proyectando un holograma frente a ella. Koneko se quedó sin aliento cuando la figura de su hermana, Kuroka, apareció ante sus ojos. Aunque era solo una imagen, el parecido era tan real que por un instante creyó que su hermana estaba allí, en la habitación con ella.
"Shirone," comenzó Kuroka, usando el nombre que solo ella solía llamarla. "Si estás viendo esto, significa que Issei te ha encontrado y ha creído que era el momento adecuado para que escuches lo que tengo que decir."
Koneko sintió cómo su corazón se aceleraba al escuchar la voz de su hermana, ¿Issei conoció a su hermana?, toda una mezcla de emociones reviviendo dentro de ella.
"Sé que estás enfadada conmigo, y no te culpo. Te abandoné cuando más me necesitabas, te dejé sola en un mundo que no comprendías, y por eso, lo siento." La voz de Kuroka se quebró ligeramente, reflejando un dolor genuino que Koneko nunca había esperado escuchar.
"Nuestro amo planeaba experimentar contigo, hacerte daño de maneras que no puedo ni describir. No podía permitir que eso sucediera. Tuve que tomar una decisión, y esa decisión me costó tu amor y confianza."
Koneko sintió un nudo formarse en su garganta. Por años, había creído que Kuroka la había abandonado por ambición, por deseo de poder. Pero escuchar la verdad directamente de su hermana la hacía cuestionar todo lo que había creído hasta ese momento.
"Tienes un poder increíble, y no debes temerlo. No eres como yo, Shirone. Tú eres fuerte, valiente... y eres mi hermanita. No importa lo que los demás piensen de ti, Shirone. Lo importante es lo que tú piensas de ti misma. Yo creo en ti... siempre he creído en ti. Eres fuerte... Siempre lo has sido mi hermana querida, no te detengas. Lucha por lo que es importante para ti."
Kuroka esbozó una sonrisa triste, sus ojos brillando con una mezcla de esperanza y arrepentimiento. "Lo siento por todo lo que te hice pasar. No te pido que me perdones, pero quería que supieras la verdad. Y que sepas que siempre te amaré, Shirone."
Lágrimas comenzaron a salir, tanto en los ojos de Koneko como en los del holograma de Kuroka, esta última continuó hablando mientras usaba sus manos para deshacerse de la humedad.
"Se que no estoy en posición de pedirte ningún favor, pero te ruego que no guardes rencor con Issei por esto, él es un buen chico, el mejor que conozco". Koneko se percató de que los ojos de su hermana se iluminaban al hablar del castaño. "Si, es un bruto e irreverente, pero en el fondo siempre lucha por lo correcto, estaría muerta sin o algo peor si no fuera por él.
Koneko se sorprendió entonces con las siguientes palabras de su hermana.
"A fin de cuentas, eso fue lo que hizo que yo…"
El holograma se desvaneció lentamente, dejando a Koneko en un silencio profundo. Su mente estaba en caos, pero en medio de esa tormenta, también sentía una claridad que no había tenido antes.
Issei, de alguna manera, supo exactamente lo que necesitaba escuchar. Había encontrado la manera de que Koneko escuchara a su hermana sin el muro del odio y el resentimiento que había construido durante tantos años.
Con el dispositivo aún en su mano, Koneko se recostó de nuevo en su cama, pero esta vez no miró al techo con angustia. En lugar de eso, cerró los ojos, dejando que las palabras de Kuroka resonaran en su mente. Quizás, después de todo, aún había espacio para el perdón y para reconstruir lo que se había roto.
"No soy solo lo que me hicieron... soy lo que elijo ser." Koneko murmuró para sí misma, su voz apenas un susurro. La idea de que tenía el poder de decidir sobre su propio destino era liberadora y aterradora al mismo tiempo. Pero también le daba fuerzas.
Miró por la ventana, viendo cómo el sol se ocultaba lentamente en el horizonte. "Tal vez... no esté sola en esto." pensó. Si Issei, alguien que parecía conocerla mejor de lo que ella misma se conocía, creía que podía superar sus miedos, entonces tal vez había algo de verdad en sus palabras.
Con esa reflexión, Koneko cerró los ojos, permitiéndose por primera vez en mucho tiempo, sentir un poco de paz.
Sorprendidos, todos estaban sorprendidos cuando Koneko insistió en volver a entrenar con Issei, ¡y para colmo un domingo!. Pero Rias tenía fama de ser muy benevolente y consentidora con sus queridos ciervos, así que nadie se negó.
Rias, Akeno, Kiba y Xenovia esperaban expectantes, observando a Issei y Koneko parados frente a frente, a punto de iniciar.
Koneko parecía serena, mucho más tranquila consigo misma, un detalle que no pasó inadvertido para Rias. La pelirroja se preguntaba qué fue lo que pasó exactamente entre ambos para que Koneko se vea tan diferente, tan segura de sí misma.
Musica: Metal Gear Rising: Revengeance - I'm My Own Master Now (Spirit of the Ultimate Wolf Mix)
"Señor Issei". Dijo Koneko, ya casi lista para empezar el duelo. "Si lo que dijo es verdad, entonces yo elijo ser Koneko Toujou, nacida como Shirone, y fiel ciervo de Rias Gremory".
Los ojos de Rias se abrieron como nunca antes en su vida, jamás creyó escuchar a Koneko usar su nombre de nacimiento.
"Y yo, deseo volverme más fuerte para protegerla a ella y a mis amigos… No, deseo volverme más fuerte para proteger a mí familia". Las palabras de Koneko provocaron una infinita conmoción en los demás, especialmente en Rias, quien no pudo evitar derramar lágrimas de emoción con esas palabras.
El cuerpo de koneko comenzó a expulsar una poderosa aura de color blanco, al mismo tiempo que sus facciones de Nekoshou se hacían presentes. Issei sonrió orgulloso, y en un gesto de honor de guerrero, desenfundó la Murasama, alistándose para el combate.
Rias quisó intervenir, preocupada de que Koneko saliera herida, pero algo le decía que Koneko no se lo perdonaría jamás. Decidió entonces confíar en que Issei mantendría las cosas bajo control.
El aura blanca que emanaba de Koneko creció en intensidad, iluminando el campo de entrenamiento con una luz casi cegadora. Sus orejas de nekomata y su cola se hicieron más prominentes, marcando su transformación completa. Issei la observó con una mezcla de orgullo y expectación, ajustando su postura mientras sostenía la Murasama, cuya hoja brillaba con un resplandor carmesí.
"¡Esta vez lo voy a atrapar!". Gritó Koneko con todas sus fuerzas.
Issei sonrió emocionado, era hora de la verdad.
"¡Vamos, Koneko! Muéstrame qué tan fuerte puedes ser," dijo Issei, sus ojos fijos en los de ella, listos para cualquier movimiento.
Koneko no respondió con palabras, sino con acción. Con una velocidad impresionante, se lanzó hacia Issei, sus garras envueltas en energía espiritual. Issei bloqueó su primer ataque con facilidad, deslizándose hacia atrás para evitar un golpe directo. Koneko no se detuvo; sus movimientos eran rápidos y precisos, una serie de golpes y patadas que Issei esquivaba o bloqueaba sin esfuerzo aparente.
La fuerza y la agilidad de Koneko eran evidentes, pero también lo era el control absoluto de Issei sobre la situación. Cada vez que Koneko intentaba atacarlo, Issei estaba un paso adelante, girando su cuerpo o moviendo su espada para neutralizar el ataque sin causar daño.
Akeno observaba con una sonrisa torcida, admirando la habilidad de ambos combatientes. "Es increíble cómo ha mejorado Koneko... pero Issei es otro nivel."
Kiba asintió, su mirada fija en el combate. "Está claro que se está conteniendo, pero aun así, Koneko está dando todo de sí. Es impresionante."
Rias, sin embargo, estaba inquieta. Aunque confiaba en Issei, ver a Koneko luchar tan ferozmente le causaba preocupación. Su corazón latía con fuerza, temerosa de que Koneko pudiera salir lastimada.
Koneko, por su parte, no dejaba que la frustración la dominara. Cada vez que Issei bloqueaba o esquivaba sus ataques, ella se reagrupaba, buscando un nuevo ángulo, una nueva forma de superarlo. Sus movimientos se volvían más ágiles, más feroces, y la intensidad de su aura crecía con cada golpe que lanzaba.
"¡No subestimes mi determinación, Señor Issei!" gritó Koneko mientras canalizaba toda su energía en un poderoso ataque.
Issei, sintiendo la seriedad de su ataque, decidió aumentar ligeramente su velocidad. Con un movimiento fluido, desvió el ataque de Koneko con la Murasama, haciendo que su golpe errara por milímetros. Luego, en un movimiento rápido, la desarmó, enviándola al suelo. Pero antes de que pudiera caer, Koneko giró sobre sí misma, usando su impulso para aterrizar de pie, jadeando pero aún decidida.
"¡Eso es, Koneko! ¡No te rindas ahora!" exclamó Issei, una chispa de emoción en sus ojos.
Koneko, sintiendo el peso de la batalla, cerró los ojos por un instante, recordando las palabras de su hermana en el holograma que Issei le había dado. Su corazón se llenó de una nueva determinación, una mezcla de aceptación y fuerza interna que nunca antes había sentido. Al abrir los ojos, una luz renovada brillaba en ellos.
"Voy a proteger a mi familia," susurró, antes de lanzarse una vez más hacia Issei.
El combate se intensificó. Koneko, ahora completamente en sintonía con su poder de nekomata, atacaba con una precisión y fuerza que desafiaban sus límites anteriores. Sus garras cortaban el aire con una velocidad vertiginosa, creando ondas de choque que resonaban en todo el campo de entrenamiento.
Issei, aunque impresionado por su progreso, mantuvo su control sobre la situación. Cada vez que Koneko se acercaba, él desviaba sus ataques con movimientos precisos, usando la Murasama para canalizar su energía en un contraataque controlado que la mantenía a raya.
"¡Vamos, Koneko! ¿Es todo lo que tienes?" la provocó Issei, manteniendo su expresión serena pero con un brillo desafiante en sus ojos.
Koneko gruñó en respuesta, concentrando su poder en un último esfuerzo. La energía blanca que la rodeaba se intensificó, formando una barrera de pura fuerza espiritual a su alrededor. Con un grito de guerra, se lanzó hacia Issei, su velocidad aumentada por la energía que fluía a través de su cuerpo.
El sonido de los choques entre las garras de Koneko y la Murasama resonaba por todo el campo de entrenamiento, pero en la mente de Koneko, el ruido exterior comenzaba a desvanecerse, reemplazado por un eco lejano de palabras familiares.
Mientras esquivaba y atacaba a Issei con todo lo que tenía, las palabras de su hermana Kuroka, grabadas en el holograma que Issei le había mostrado, comenzaron a repetirse en su mente.
"Nunca quise dejarte sola. Lo hice porque era la única forma de protegerte... porque te amo."
Koneko se lanzó hacia Issei, girando en el aire para lanzar un golpe con toda su fuerza, pero fue desviado con facilidad. Cayó al suelo, rodando para evitar un contraataque. El sudor caía por su frente, pero en su mente solo había una voz: la de Kuroka.
"Tienes un poder increíble, y no debes temerlo. No eres como yo, Shirone. Tú eres fuerte, valiente... y eres mi hermanita."
Las palabras de Kuroka se mezclaban con los recuerdos de su pasado, el miedo de aceptar su herencia de nekoshou, el dolor de sentirse abandonada. Pero ahora, en este momento, esas palabras no eran solo un recuerdo; eran un impulso, una verdad que había decidido abrazar.
"No importa lo que los demás piensen de ti, Shirone. Lo importante es lo que tú piensas de ti misma. Yo creo en ti... siempre he creído en ti."
Koneko apretó los dientes, levantándose con renovada fuerza. El dolor de sus músculos y la fatiga de la batalla parecían desvanecerse, reemplazados por una determinación feroz. Se lanzó nuevamente hacia Issei, canalizando su energía en un único y potente golpe, sus ojos brillando con una luz decidida.
Koneko golpeó con toda su fuerza, sus garras cortando el aire hacia Issei. Él bloqueó el ataque, pero esta vez sintió el verdadero poder de Koneko, una fuerza que no solo provenía de su energía espiritual, sino de su resolución. Issei sintió la presión del ataque, algo que no había experimentado en todo el combate.
"Mi hermana querida, no te detengas. Lucha por lo que es importante para ti."
Los pensamientos de Koneko se concentraron en esas últimas palabras. No era solo la voz de Kuroka lo que la impulsaba ahora, sino su propia convicción, su deseo de proteger a su familia, de ser fuerte para ellos.
"¡Yo soy Koneko Toujou!" gritó en su mente, mientras forzaba a Issei a retroceder, su fuerza incrementándose con cada golpe. "¡Y lucharé por mi familia, por mí misma, porque ya no tengo miedo de quién soy!"
Issei, impresionado por la fuerza que ahora emanaba de Koneko, sonrió. "Eso es lo que quería ver," pensó. "Koneko ha encontrado su verdadera fuerza."
Mientras Koneko lanzaba su último ataque, las palabras de Kuroka resonaron una vez más en su mente, pero esta vez, no como una duda o un temor, sino como un impulso de victoria.
"Eres fuerte... Siempre lo has sido."
La energía de Koneko alcanzó su clímax, y aunque su cuerpo estaba al borde de sus límites, su espíritu era inquebrantable. Con un grito final, lanzó su ataque más poderoso, canalizando toda su energía en un último golpe contra Issei, quien lo recibió con una mezcla de admiración y respeto.
La explosión de energía fue intensa, sacudiendo el campo de entrenamiento y dejando a todos los presentes en silencio absoluto.
Issei, notando la seriedad del ataque, se preparó. Justo en el último momento, desvió el golpe con un giro de la Murasama, creando un choque de energía que resonó en todo el campo. Koneko fue lanzada hacia atrás, cayendo de rodillas, jadeando por el esfuerzo.
"Eso fue... impresionante, Koneko," dijo Issei, acercándose lentamente a ella, guardando la Murasama en su funda. "Pero creo que ya es suficiente por hoy."
Koneko, con la respiración agitada, levantó la vista hacia él. Sus ojos brillaban con una mezcla de agotamiento y satisfacción. "Todavía... no he terminado."
Issei sonrió, extendiéndole la mano. "Lo has hecho increíblemente bien. Pero la verdadera fuerza no siempre se mide en una batalla. A veces, es suficiente con saber cuándo detenerse."
Koneko lo miró por un momento, antes de aceptar su mano y levantarse con su ayuda. "Lo entiendo... Señor Issei."
Rias, viendo que el combate había terminado, exhaló un suspiro de alivio. Se acercó a Koneko, abrazándola con una ternura sin igual. "Estoy tan orgullosa de ti, Koneko. Has demostrado una increíble fuerza hoy."
Koneko asintió, una leve sonrisa en su rostro. "Gracias, Presidenta... Pero no habría llegado tan lejos sin la ayuda del Señor Issei."
Issei cruzó los brazos, observando a Koneko con una mirada aprobatoria. "Has demostrado tener una voluntad de hierro, Koneko. No subestimes lo que eres capaz de hacer."
Akeno, Kiba, y Xenovia también se acercaron, mostrando su apoyo a Koneko. El ambiente estaba cargado de camaradería, y aunque Koneko había sido derrotada en la batalla, había ganado algo mucho más importante: la aceptación de su verdadero yo y el reconocimiento de su fuerza interior.
Mientras se alejaban del campo de entrenamiento, Rias se volvió hacia Issei. "Gracias por cuidar de Koneko. Es un alivio saber que se podía confiar en ti."
Issei sonrió, sus ojos brillando con una calidez inusual. "Estoy aquí para ayudar, princesa. No solo a Koneko, sino a todos ustedes."
Rias asintió, sintiendo una extraña tranquilidad en su corazón. Aunque Issei seguía siendo un misterio en muchos aspectos, tal parece que podía contar con él en los momentos más difíciles.
Koneko, visiblemente agotada pero llena de satisfacción, se acercó a Issei con el proyector de hologramas en la mano. "Gracias, señor Issei," dijo, extendiéndolo para devolvérselo.
Issei, aún recuperándose del intenso combate, sonrió con orgullo y levantó una mano en señal de rechazo. "Puedes quedártelo, Koneko. Siempre traigo más conmigo."
Los demás, que habían observado todo el combate con atención, miraron el pequeño dispositivo en la mano de Koneko con curiosidad. Rias, en particular, no pudo evitar preguntar, "¿Qué es eso, Koneko?"
Koneko, aún recuperando el aliento, respondió con calma, "Es un proyector de hologramas".
"Puedes comunicarte con otras personas y grabar mensajes en él." Agregó Issei
Rias arqueó una ceja, su curiosidad apenas saciada. "¿Y de dónde sacaste esta tecnología?"
Issei rió un poco, encogiéndose de hombros. "Es un pequeño invento de un amigo. Nada del otro mundo."
Rias lo miró, claramente intrigada, pero antes de que pudiera continuar con su interrogatorio, Xenovia, siempre inquisitiva, extendió la mano hacia el proyector. "Qué interesante aparatito," comentó, pero en su torpeza, accidentalmente lo activó. "Ups…"
En ese momento, la imagen de Kuroka apareció frente a todos, en pleno mensaje, continuando desde donde lo había dejado la última vez.
"…te ruego que no le guardes rencor a Issei por esto. Él es un buen chico, el mejor que conozco. Sí, es un bruto e irreverente, pero en el fondo siempre lucha por lo correcto. Estaría muerta o algo peor si no fuera por él."
Issei abrió los ojos con sorpresa, escuchando esas palabras por primera vez. Cuando le pidió a Kuroka grabar un mensaje para Koneko, había procurado no escuchar el contenido por respeto, por lo que no esperaba oír tal confesión.
"Vaya, vaya," comentó Akeno, con una sonrisa divertida. "Tal parece que Issei es alguien muy querido para la hermana de Koneko."
Rias también sonrió ligeramente, pero sus ojos se entrecerraron un poco mientras observaba a Issei, una sensación extraña y molesta revoloteando en su pecho. "Parece que realmente eres un buen chico, Issei… o al menos Kuroka lo cree así."
Justo en ese momento, el holograma de Kuroka finalizó con una última frase que dejó a todos en silencio.
"A fin de cuentas, eso fue lo que hizo que yo me enamorara de él."
Issei se atragantó con su propia saliva, tosiendo en shock. Las caras de los demás se llenaron de sorpresa, y Akeno no pudo evitar reír suavemente, disfrutando del repentino giro de los acontecimientos.
"Bueno, Issei, parece que tienes una admiradora bastante apasionada," comentó Akeno, sus ojos brillando de diversión.
Rias, en cambio, forzó una sonrisa, pero no pudo evitar que una chispa de celos se encendiera dentro de ella. Mientras observaba a Issei, una pregunta no dejaba de rondar en su mente: ¿Qué hay en él que atrae tanto a las demás?
Con una mirada más larga y pensativa de lo usual, Rias decidió no dejar que el tema la afectara… al menos, no por ahora. Pero en su interior, esa pequeña chispa seguía ardiendo.
Issei caminaba conflictuado, las palabras de Kuroka lo dejaron completamente desconcertado, tal parece que no solo lo quiere como padre de sus hijos por sus genes.
Después de un día tan agitado como ese, Issei solo pensaba en descansar, pero una presencia familiar hizo que se detuviera en las puertas del hotel donde se estaba alojando.
"¿Sabes princesa?, si querías saber donde me estaba alojando, solo debías preguntar". Issei sonrió al notar como cerca de él, una clase de murciélago muy redondo lo seguía de cerca.
Un resplandor proveniente de un callejón cercano fue el preludio de la aparición de Rias, quién se resignó a hacerse presente al ser descubierto su familiar.
"Desde que nos conocimos has sido tan misterioso que no estaba segura de que de hecho me lo fueras a decir". Dijo Rias, quién traía en su mano una carpeta con papeles dentro.
"¿Has venido solo para saber como estoy?. Dijo Issei sonriendo con altanería, un gesto que ya era bastante familiar para Rias.
"No, he venido a hablar de Gasper". Dijo Rias, procurando no entrar en el juego molesto del castaño.
"¿El vampiro travestí?".
"¡No lo llames así!".
"Perdón, perdón, tengo la mala costumbre de hacer malos chistes en todo momento.
Rias suspiró, pero al menos ahora parecía poder tolerar a Issei de mejor manera "¿Has pensado en cómo lo vas a entrenar?".
Issei dejó las bromas de lado y adoptó una actitud seria. "No, me temo que aún no encuentro el mejor plan para lidiar con él, estaba pensando en dejarlo para el final".
Rias entonces le ofreció la carpeta a Issei. "Quizá esto pueda ayudar".
Issei levantó su ceja confundido ante el gesto, tomó la carpeta en sus manos y comenzó a ojear su interior.
Issei jamás esperó encontrarse con algo así, estaba seguro de que ni siquiera Nexus lo sabía, y eso ya era decir demasiado.
"¿De dónde lo sacaste?". Preguntó Issei, aun incredulo.
"Llegó a mí hace algunos meses, pero alguien como yo no habría sido capaz de aprovechar la información correctamente, aunque lo deseaba". Dijo Rias cruzándose de brazos
"¿El muchacho sabe de esto?".
"No, no quisiera darle esperanzas si no soy capaz de ayudarlo realmente… Pero alguien como tú puede". Las palabras de Rias resonaron en Issei, quien sonrió, pero no de manera siniestra, si no con calidez.
Rias se vió sorprendida, si Issei tenía esa reacción, entonces sería capaz de ayudar.
"¿Entonces?, ¿puedes hacer algo?". Preguntó Rias, ilusionada de por fín poder ayudar a Gasper.
"Si… De hecho hay alguien que conozco que será perfecto para el trabajo, y creeme, le va a encantar".
