Disclaimer: Bnha no me pertenece.


Rumour


El pasar de los años le había entregado muchas experiencias. Como descubrir que ser profesor era una nueva forma de, probablemente, salvar el mundo.

Aunque el profesor Aizawa había insistido en que dejara de entrometerse de manera sentimental con sus estudiantes a cargo, él seguía siendo el mismo Izuku que diez años atrás. Algunos decían que era testarudo o ingenuo, pero él prefería percibirlo como un profundo deseo por cambiar y mejorar el mundo en el que vivía. Y si podía partir con sus jóvenes estudiantes, aún mejor.

Había conseguido forjar una relación basada en la confianza y seguridad con ellos y era algo que lo hacía sentir orgulloso.

Aún así, había límites que no tenía permitido cruzar. Y otros que ellos tampoco podían ignorar fácilmente, considerando que pondría en peligro su trabajo y la grandiosa posibilidad que se le había brindado para formar y guiar el camino de los nuevos héroes.

—Profesor Midoriya —Lo llamó esa mañana una de sus estudiantes, mientras él bosquejaba la actividad que llevarían a cabo ese día. Aunque no se volteó ni abandonó su actividad, respondió con su animado y recurrente tono, incitándola a seguir. Antes de que ella pudiera hacerlo, escuchó cómo se quejaba en voz baja y el murmullo de su compañera.

—¿Sucede algo? —Se volteó, poniendo toda su atención en ellas.

Pero no parecían ser las únicas involucradas. Con un vistazo al salón le bastó para notar esa mirada cómplice que compartían, sin olvidar que estaban todas puestas en él con insistencia.

—Sí.

—¡No!

Mako, que había sido la primera en hablarle, frunció el ceño; echándole un vistazo frustrado a Hanashiro.

—¡Hanashiro quiere saber si usted y la profesora Hfmphf-! —Le dio un golpe a la mano de Hanashiro que se estrelló contra su boca— ¡y la profesora Hatsume son pareja!

Eso bastó para que todos comenzaran a murmurar sobre el tema. Honestamente, se sintió muy incómodo.

Tal vez a eso se refería el profesor Aizawa... Seguro que había oído a Mina hablar sobre él y lo que decían de la heroína Ms. Joke, pero nunca, ni a ella que era la más extrovertida e impulsiva cuando se trataba de rumores de romance; se les había ocurrido preguntarle algo parecido al profesor Aizawa. Era probable que ni siquiera respondiera, pero tampoco estaban dispuestos a ver la tenebrosa mirada puestas en ellos, dispuesto a hacerlos pagar por su insensatez.

Teniendo en cuenta eso, no pudo hacer más que suspirar.

—Mako, Hanashiro —Comenzó, consiguiendo solo con eso que todos volvieran a guardar silencio, demasiado interesados en su respuesta—. No es algo que tenga permitido compartir, ni afirmar. Probablemente no lo sepan, pero no está permitido que los profesores les expongamos a nuestra vida privada.

—Pero le hemos compartido la nuestra —dijo un muchacho como signo de protesta.

—¡Es cierto! —Lo secundó la presidenta de la clase.

—No es justo.

Sintió cómo el problema se le escapaba de las manos. Lo que inicialmente había hecho para ayudarlos, con tal de que siguieran su camino como héroes, se le estaba regresando de la peor manera. La misma Hatsume le había dicho que era demasiado confiado y blando.

¡No bajes la guardia! En realidad son unos monstruos. Créeme.

Tal vez no para llegar a llamarlos monstruos, pero estaban haciendo su mejor intento de manipulación con el fin de obtener las respuestas que buscaban.

Izuku rodeó su escritorio y se acomodó, apoyándose en el borde del mueble. Se sentía derrotado en su interior, pero no podía demostrarlo. Sólo iban a seguir usándolo en su contra.

—Las reglas de la academia son claras. Mi intención al permitirles esa facilidad es ser capaz de apoyarlos, que no desistan de sus sueños y puedan seguir con esto hasta el final. Sin embargo, si están decididos a seguir con esto y aún quieren saberlo, me temo que tendré que dejar de involucrarme.

El pesado silencio le permitió reconocer tres tipos de miradas. Las arrepentidas, avergonzadas, y la de Mako.

—¿Entonces sí están saliendo?

—¡Mako! —Volvió a gritar Hanashiro.

Izuku suspiró otra vez, decepcionado.

—Hoy entrenarán en el gimnasio, no en terreno. Les di una oportunidad de redimirse...

—¡No, profesor Midoriya, por favor!

Se pasó los siguientes minutos, entre quejas y alegatos hacia él y Mako, quién incluso después de eso no daba su brazo a torcer. El tiempo y las cosas que había descubierto de cada uno de ellos, le permitió saber por qué Mako estaba tan empecinada en que respondiera. No había sido indiscreto, no pasaba tanto tiempo con Hatsume, no más de lo necesario.

Entonces... ¿había sido simple mala suerte?

Con su quirk, Mako era capaz de enfocar su vista para percibir objetos y personas a varios kilómetros de distancia. Probablemente, nada se escaparía de ella mientras tuviera la determinación para encontrarlo. Nada se escapaba a la mira de un francotirador, y Mako tenía todas las cualidades para convertirse en uno.


Esa tarde colgó las llaves del departamento, agotado física y mentalmente. El aroma a ramen le hizo agua la boca y captó sus adormilados sentidos.

—Estoy en casa —Anunció, acercándose al sofá para dejar su chaqueta. Era una tarde realmente calurosa, y por más que le había servido durante la madrugada, había acabado por convertirse en un bulto a la hora de regresar.

Escuchó el ruido metálico y repetitivo de una olla golpeándose contra otra, y luego se deleitó con la vista de Mei asomándose por la puerta de la cocina. Le dedicó una enorme sonrisa, mientras hacía un gesto con la mano para que se acercara.

—Bienvenido —dijo—. Ahora ven, apresúrate.

Cuando cruzó el umbral, los dos platos, con sus ingredientes cuidadosamente dispuestos, le recordaron lo hambriento que estaba. Solo él sabía la cantidad de tiempo que le había tomado a Mei conseguir el atractivo visual —y el buen sabor— en las comidas que preparaba, y era un auténtico orgullo poder observar su emoción mientras estiraba las manos hacia la mesa.

—¡Mira! ¿No se ven preciosos? —preguntó— Me vine un poco más temprano para pasar por la tienda.

—Son maravillosos. Gracias.

Ella se acercó y le puso las manos en las mejillas.

—Te ves muy cansado.

—No vas a creer lo que ocurrió hoy —dijo, con una ironía que pocas veces se atrevía a usar—. ¿Recuerdas ese día, hace unos años atrás? Comíamos hamburguesas y me dijiste que era demasiado blando con los estudiantes.

—Creo recordarlo —Asintió, entrecerrando los ojos con sospecha.

—Pues tenías razón. Hoy preguntaron si estábamos saliendo —musitó, sintiendo las mejillas acaloradas ante su mirada fija—. Intentaron chantajearme.

En menos de un segundo, Mei estaba riendo escandalosamente mientras intentaba acariciar su rostro, en un fallido intento por consolarlo. Los ojos se le pusieron llorosos y el rostro rojo.

—Me alegra que al menos te diviertas —rio también, contagiado por su risa alegre.

—Lo siento, es difícil no hacerlo. No te lo tomes a mal, ¡así son los adolescentes! —dijo, moviendo las manos hasta sus hombros— No tienen nociones de las consecuencias. Viven por los rumores, sobre todo si involucran a sus profesores.

—El problema es que Mako parecía conocer la respuesta antes de preguntar —Explicó con tono preocupado—. No creo que vaya a olvidarlo.

—Y te aseguro que no. Pero no está en tu poder —Se encogió de hombros, sin perder el semblante animado—. Lo que sí está en tu poder, es probar este delicioso ramen casero.

No pudo objetar nada contra eso. Asintió, envolviendo las manos de Mei entre las suyas y apartándolas de sus hombros. Sintiéndose mucho menos deprimido, besó sus nudillos. Las manos de Mei eran callosas y, mientras trabajaba, siempre se manchaba con aceite. Pero al lado de las suyas y a sus ojos, eran pequeñas y maravillosas.

—Vamos, antes de que se enfríe.

Ella asintió, no sin antes acercarse y darle un pequeño beso en los labios.

Izuku estaba seguro de que los rumores sobre el profesor Aizawa y Emi eran ciertos, aunque jamás se atrevieran a mencionarlo frente a él. Tan cierto como lo era el suyo.