Hola, os voy a contar algo que me ocurrió un verano en un museo con un arco de piedra, gente muy extraña, unicornios, etc... pero no adelantemos los acontecimientos. Soy Ángela bueno Angie para los que me conocen, y esta es la historia del verano más extraño y más maravilloso de mi vida. Todo empezó el primer día de las vacaciones de verano, mi madre recibió una llamada del Museo, trabaja allí, lo sé lo sé, no es el mejor trabajo del mundo pero gracias a él tenemos un techo y podemos comer, pero volvamos a lo que importa; tras terminar la llamada fuimos al museo y mientras mi madre hablaba con sus compañeros de trabajo yo me fijé en un viejo arco de piedra, cómo explicároslo, era cómo ver una vieja puerta de esas de piedra, ya sabéis, tiene como si fueran dos columnas enormes de piedra unidas por un arco de piedra en lo alto, en serio era magnífica, tenía extraños dibujos grabados y también unos textos antiguos, me llamó la atención un extraño dibujo de un animal, entonces me acerqué más y rocé el dibujo con mis dedos, lo que pasó después es algo que solo pasa en los libros, bueno y en las películas también, el arco de piedra comenzó a brillar; Angie rozó con sus dedos el extraño dibujo y el arco de piedra comenzó a brillar muy intensamente obligándola a cerrar los ojos, cuándo notó que el brillo había cesado los abrió para descubrir que estaba en un extraño bosque, miró a su alrededor pero no vio a nadie más, solo árboles y arbustos, se disponía a moverse cuando escuchó un ruido y acto seguido una chica apareció delante ella apuntándola con un palo de madera, Angie la miró asustada y rompió el silencio:

-¿Quién eres? - le preguntó Angie asustada.

-Ankah, ¿Quién eres extraña? - le preguntó Ankah sin apartar el callado.

-Me llamo Angie y no se como he llegado aquí, yo toqué un arco de piedra y luego comenzó a brillar y cuando abrí los ojos estaba aquí - le dijo Angie asustada.

-¿No estás con los Manai? - le preguntó Ankah extrañada.

-¿Qué son los Manai? - le preguntó Angie confusa.

-Sígueme y no hagas nada raro, vamos - le dijo Ankah.

-Vale - le dijo Angie asustada.

Angie siguió a Ankah por el bosque hasta llegar a una zona abierta donde había muchas chozas y gente, Angie las miraba asustada cuando Ankah se detuvo frente a una mujer mayor que las miró seriamente:

-¿Qué ha ocurrido Ankah? ¿y quién es ella? - le pregunto Arua preocupada.

-La encontré en el bosque, dice que apareció allí al tocar un arco de piedra y mira sus ropas, son muy extrañas Arua - le dijo Ankah preocupada.

-Tranquila Ankah, hola jovencita, ¿es cierto lo que cuenta Ankah? - le preguntó Arua sonriendo.

-Sí, así es, vi el dibujo de un animal en la piedra y cuando lo rocé comenzó a brillar tan fuerte que tuve que cerrar los ojos y cuando los abrí estaba aquí en el bosque, lo siento, no quería molestar a nadie - le dijo Angie asustada.

-Tranquila, Ankah quédate aquí volveremos pronto, sígueme Angie, no temas - le dijo Arua sonriendo.

-Vale Arua pero estaré muy atenta - le dijo Ankah seriamente.

Angie siguió a Arua por la aldea hasta llegar a un pequeño lago, allí Arua se detuvo y miró el agua sonriendo, Angie la miro asustada y luego observó el agua, era limpia y cristalina y se veía claramente el fondo del lago lleno de piedras de diversos tamaños, Arua observó a Angie sonriendo y se acercó a ella:

-Es una vista maravillosa ¿verdad? - le preguntó Arua sonriendo.

-Sí que lo es, nunca había visto un agua tan limpia y tan clara, es maravilloso - le dijo Angie sonriendo por primera vez.

-sé que tienes muchas preguntas y voy a respondértelas, las que pueda, dime ¿cuántos años tienes? - le preguntó Arua sonriendo.

-Tengo 15 años - le dijo Angie nerviosa.

-Tranquila, en primer lugar, me llamo Arua, pero eso ya lo sabes y en segundo, estamos en una aldea, supongo que Ankah ya te habrá preguntado por los Manai ¿verdad? - le preguntó Arua sonriendo.

-Así es, ¿Quiénes son? - le preguntó Angie.

-Es la aldea vecina, nosotros somos los Popoi, observa ese arco de piedra de allí - le dijo Arua sonriendo y señalando a un conjunto de piedras junto al lago.

-Es el arco que toqué y ese es el dibujo, ¿a qué animal representa? - le preguntó Angie sorprendida.

-A un ser muy especial, un unicornio - le dijo Arua sonriendo.

-¿Existen? - le preguntó Angie sorprendida.

-Ven aquí, será mejor que nos sentemos, no temas, aquí estás a salvo, vamos ven - le dijo Arua sonriendo.

Arua se sentó frente al lago y Angie se acercó a ella y se sentó a su lado, la miró y luego observó el lago hasta que Arua le habló:

-Si existen, son animales maravillosos - le dijo Arua sonriendo.

-¿Por qué estoy aquí? - le preguntó Angie confusa.

-Ese arco de piedra tenía que traer a alguien capaz de ayudarnos, ¿has oido algo sobre los planos existenciales? - le preguntó Arua.

-No, lo siento - le dijo Angie confusa.

-Hay diversos planos existenciales y todos conviven entre sí en armonía, pero cuando ocurre algo en alguno de ellos, se requiere la ayuda de otra persona ya sea de ese mismo plano o de otro, en este caso, vienes de otro plano por qué estamos casi en guerra y eso esta dañando el equilibrio - le dijo Arua seriamente.

-¿Y qué pasa si se rompe el equilibrio? - le preguntó Angie asustada.

-Nada bueno me temo, puede incluso que el mundo llegue a su fin - le dijo Arua seriamente.

-¿Por qué estáis casi en guerra? - le preguntó Angie.

-Nadie lo sabe con exactitud, pero las cosas van mal por eso te trajo aquí el arco - le dijo Arua.

-¿A mí? - le preguntó Angie sorprendida.

-Sí, en cada plano hay un arco y todos son idénticos, los arcos se mueven por los planos buscando a la persona idónea, aquellas capaz de resolver el conflicto pero no son guerreras, son personas especiales, porque son aquellas de pura bondad - le dijo Arua sonriendo.

-¿Pura bondad? - le preguntó Angie confusa.

-Sí, existen personas que solo tienen maldad y son denominadas como pura maldad porqué no tienen ni un ápice de bondad y también están aquellas qué no tienen ni un ápice de maldad, denominadas pura bondad y tú pequeña, eres una de ellas - le dijo Arua sonriendo.

-¿Los arcos se mueven? - le preguntó Angie asombrada.

-Sí, cuando el equilibrio está en peligro cada arco se mueve por su propio plano buscando a la persona idónea, son tan antiguos como el mundo y por lo que sé, se rigen por el equilibrio del mundo y sus planos - le dijo Arua.

-Todo es tan increíble, espero no defraudaros - le dijo Angie..

-No lo harás, volvamos Ankah estará preocupada - le dijo Arua sonriendo.

-No se fía de mí, ¿verdad? - le preguntó Angie.

-Ankah es muy buena pero le cuesta confiar en la gente, se fió de un muchacho de la aldea de los Manai y le traicionó, desde entonces no ha confiado en nadie, bueno, en mí confía pero no del todo - le dijo Arua tristemente.

-Pobre Ankah, entiendo como se siente, yo tenía una amiga o al menos yo creía que era mi amiga y luego resulto que solo se reía de mi, me usó para ayudarla - le dijo Angie tristemente.

-Angie todos nacemos neutros, no somos ni buenos ni malos, pero a medida que crecemos el lado que decidamos nutrir sera el que nos define, pero en todos hay bondad y maldad, solo unos pocos como tú, son solo bondad o maldad, sin pura bondad no puede haber pura maldad y viceversa y eso existirá siempre, son las dos caras de una misma moneda, no lo olvides nunca, vámonos - le dijo Arua sonriendo.

-No lo haré, lo prometo - le dijo Angie sonriendo.

Arua y Angie volvieron a la aldea y se acercaron a Ankah que las miró seriamente:

-Ankah quiero que ayudes a Angie y le enseñes la aldea, puedes confiar en ella, esta aquí para ayudarnos a parar la guerra - le dijo Arua sonriendo.

-Esta bien Arua - le dijo Ankah sonriendo.

-Angie ve con ella y Ankah, compartiréis cabaña mientras Angie este aquí, nos veremos en la cena - les dijo Arua sonriendo.

-Vale Arua, vamos Angie - le dijo Ankah sonriendo.

Angie acompañó a Ankah por la aldea observándolo todo mientras ella le explicaba una u otra cosa, había mujeres y hombres trabajando la madera, unos hacían armas y otros muebles y utensilios, una mujer enseñaba a leer y escribir a los niños y otra les enseñaba a defenderse, había mujeres más mayores que remendaban ropas y hacían otras nuevas y un grupo de mujeres y hombres que volvían de cazar con las manos llenas y perros y gatos, unos corriendo y otros disfrutando del sol; ya casi de noche entraron en una cabaña y Ankah se sentó en una de las camas y miró a Angie sonriendo:

-Eres interesante Angie - le dijo Ankah sonriendo.

-Gracias, creo - le dijo Angie sonriendo.

-lamento que estés envuelta en esto - le dijo Ankah.

-No importa, intentaré ayudar en todo lo que pueda, esta aldea es maravillosa - le dijo Angie sonriendo.

-Si que lo es, temo esta guerra, en el peor de los casos ambas aldeas quedarían destruidas y no quiero que eso pase - le dijo Ankah seriamente.

-Lo entiendo, yo tampoco quiero que eso pase - le dijo Angie seriamente.

-Primero, toma, así no llamarás tanto la atención - le dijo Ankah dándole un top y una falda marrón.

-Gracias, espero que lleguemos a ser amigas - le dijo Angie sonriendo.

-Tranquila, al menos me caes bien Angie - le dijo Ankah sonriendo.

-Lo mismo digo Ankah - le dijo Angie sonriendo.

-Cámbiate, Arua nos espera para cenar, te espero fuera - le dijo Ankah.

Ankah salio de la cabaña y Angie se cambió de ropa, dejó la suya doblada sobre la cama y salió fuera, siguió a Ankah hasta la cabaña de Arua y las dos entraron, se sentaron en una pequeña mesa donde Arua las esperaba tranquilamente:

-Hola Arua, le he enseñado la aldea y le he dejado ropa para que no llame tanto la atención - le dijo Ankah sonriendo.

-Bien hecho, ¿qué te parece nuestra aldea Angie? - le preguntó Arua sonriendo.

-Es una aldea maravillosa, todos trabajan codo con codo para que sea próspera - le dijo Angie sonriendo.

-Así es, la aldea es próspera por que todos aportamos algo, ya sea ropa, platos o comida, incluso algún juguete para los más pequeños - le dijo Arua sonriendo.

-Voy a hacer todo lo posible para detener la guerra, no quiero que destruyan este maravilloso lugar - le dijo Angie.

-Mañana iremos a ver a los Manai, sería mejor que fueras con tus ropas para que les sea más fácil creer que vienes de otro plano - le dijo Arua sonriendo.

-Claro, me las pondré nada más levantarme - le dijo Angie sonriendo.

-Bueno, cenemos y luego volvamos a nuestras cabañas, mañana sera un día duro y nos vendrá bien descansar - les dijo Arua.

-Qué aproveche - les dijo Angie sonriendo.

Las tres cenaron en silencio y luego Ankah y Angie se despidieron de Arua y volvieron a su cabaña, se tumbaron en sus respectivas camas y Angie miró a Ankah preocupada:

-Ankah, ¿cómo son los Manai? - le preguntó Angie preocupada.

-Una aldea cómo está, ambas aldeas nacieron con la disputa de dos hermanos, Manai y Popoi, hace muchos años pero se reconciliaron aunque siguieran viviendo en la aldeas que llevaban sus nombres - le dijo Ankah sonriendo.

-¿Y cómo empezó la guerra? - le preguntó Angie confusa.

-Las aldeas han sido prosperas y siempre se han llevado bien, son hermanas pero hace unos años, concretamente 10 estalló la guerra, somos enemigos pero casi nadie recuerda porqué, ahora te toca descubrirlo a ti - le dijo Ankah sonriendo.

-Lo se, ¿Qué edad tienes? - le preguntó Angie sonriendo.

-Tengo 20 años, ahora ha dormir o Arua se enfadará si te quedas dormida, buenas noches Angie - le dijo Ankah sonriendo.

-Vale, buenas noches Ankah - le dijo Angie sonriendo.

Ambas se durmieron al poco rato; al día siguiente cuando Ankah de despertó miró a Angie sonriendo que aún dormía y tras despertarla suavemente fue a asearse, Angie se estiró y se puso sus ropas de nuevo, dejó la cama hecha y la ropa que se había quitado doblada sobre ella y se acercó a Ankah sonriendo:

-Buenos días - le dijo Angie sonriendo.

-Buenos días dormilona, vamos, Arua nos espera - le dijo Ankah sonriendo.

Vamos entonces - le dijo Angie sonriendo y dirigiéndose hacía la puerta.

Ankah y Angie fueron a la cabaña de Arua, que esperaba escribiendo tranquilamente y al verlas guardó la pluma y cerró el pergamino, luego las miró sonriendo:

-Buenos días Arua - le dijo Ankah sonriendo.

-Buenos días Arua, ¿Es un pergamino? - le preguntó Angie sonriendo.

-Buenos días chicas, si, es mi viejo pergamino, escribo mis pensamientos y enseñanzas para que no se pierdan. Ankah estás al mando de la aldea hasta que volvamos, no tardaremos - les dijo Arua sonriendo y atando el pergamino.

-Claro Arua, tened cuidado - les dijo Ankah.

-Lo tendremos, nos vemos más tarde - le dijo Angie sonriendo.

-Estaremos bien, cuéntaselo a todos Ankah, merecen saber lo que ocurre - le dijo Arua sonriendo.

-Lo haré, mucha suerte con los Manai - les dijo Ankah sonriendo y saliendo de la cabaña.

-Vámonos Angie - le dijo Arua sonriendo.

Arua y Angie salieron de la cabaña y se marcharon de la aldea, llevaban un rato caminando por el bosque cuando un ruido las hizo detenerse:

-Arua, ¿Qué pasará cuando detenga la guerra? ¿volveré a casa? - le preguntó Angie preocupada.

-Es difícil saberlo, algunos vuelven a su plano y otros se quedan en el plano en el que están, es el arco de piedra el que decide, no temas, seguro que volverás a casa - le dijo Arua sonriendo.

-Entiendo, espero que si, ¿has oído eso? - le preguntó Angie asustada.

-Sí, quédate quieta Angie - le dijo Arua seriamente.

Ambas se quedaron quietas y miraron a su alrededor cuando una chica calló delante de ellas y las miró sonriendo:

-Hola Arua, ¿Quién es tú amiga? - le preguntó Ania sonriendo.

-Hola Ania, esta es Angie y viene de otro plano, la ha traído el arco de piedra - le dijo Arua sonriendo.

-Hola rarita, ¿Qué edad tienes? - le preguntó Arua sonriendo.

-Me llamo Angie y tengo 15 años - le dijo Angie molesta.

-Una cría y de mi edad, a Calesa y Talus les gustará conocerte - le dijo Ania sonriendo.

-Hemos venido a hablar con ellos Ania, puedes acompañarnos si quieres - le dijo Arua sonriendo.

-Vale, así que de otro plano ¿eh? bienvenida - le dijo Ania sonriendo.

-Gracias, creo - le dijo Angie.

Las tres continuaron por el bosque y al momento llegaron a la aldea, era similar a la aldea Popoi, fueron a una cabaña y Arua llamó a la puerta, al momento una mujer de edad similar a Arua salió y la miró sonriendo:

-Arua, me alegro de verte, ¿Qué te trae por aquí? sabes que es peligroso - le dijo Calesa preocupada.

-Lo se Calesa, pero el arco de piedra brilló ayer y apareció esta joven, se llama Angie y viene de otro plano para ayudarnos - le dijo Arua sonriendo.

-Encantada de conocerte, soy Calesa líder de los Manai, eres bienvenida aquí, Ania quédate con ella mientras hablo con Arua - les dijo Calesa sonriendo.

-Igualmente Calesa, gracias - le dijo Angie sonriendo.

-Estaré con ella jefa, descuida - le dijo Ania sonriendo.

-Pasa Arua, hablaremos más tranquilamente dentro - le dijo Calesa sonriendo.

Arua entró en la cabaña y cerró la puerta, Angie se sentó en un pollete y Ania se sentó a su lado sonriendo:

-¿Has visto unicornios antes? - le preguntó Ania sonriendo.

-No, de donde vengo son criaturas de cuentos y leyendas - le dijo Angie.

-Vamos, se donde hay varios, podrás verlos - le dijo Ania sonriendo.

-¿Y Arua y Calesa? - le preguntó Angie preocupada.

-No han dicho que no puedas ver la aldea, ¿no? solo que cuide de ti - le dijo Ania sonriendo.

-Cierto, vamos entonces - le dijo Angie sonriendo.

Angie siguió a Ania por la aldea y observó que era muy similar a la aldea de los Popoi, luego se adentraron en el bosque y anduvieron durante unos minutos hasta llegar a un hermoso prado, allí Ania se detuvo y miró a Angie sonriendo cuando apareció un bello unicornio negro de crines blancas y se acercó a ellas:

-Hemos llegado, es un prado precioso ¿verdad? - le preguntó Ania sonriendo.

-Sí, es precioso, ¡Ania mira! - le dijo Angie atónita.

-Hola Beat, tranquilo es una amiga - le dijo Ania sonriendo.

-Lo sé, cruzó el arco de piedra, ¿verdad? - le preguntó Beat.

-Así es, se llama Angie - le dijo Ania sonriendo.

-¡¿Puede hablar?! - le preguntó Angie sorprendida.

-¿Puedes oírme? - le preguntó Beat sorprendido.

-Sí, puedo oírte en mí cabeza Beat - le dijo Angie asustada.

-Debes de ser especial, como Ania, muy pocas personas pueden oírnos - le dijo Beat sonriendo.

-¿Especial? - le preguntó Angie confusa.

-Sí, una persona de pura bondad como Ania, por eso me oyes - le dijo Beat sonriendo.

-¿Y para que me necesitan a mí si Ania también es pura bondad? - le preguntó Angie seriamente.

-Por qué Ania es de la aldea de los Manai pero tú no, eres neutral y puedes hablar con ambas aldeas, por eso puedes ayudarnos, lo harás bien Angie - le dijo Beat sonriendo.

-Es lógico, me alegro de conocerte Beat - le dijo Angie sonriendo.

-Igualmente Angie, Ania necesito que esperes aquí, Bony quiere hablar con ella, volveremos en seguida - le dijo Beat sonriendo.

-Claro, estaré aquí sentada, no tardéis mucho - les dijo Ania sonriendo.

-Sígueme Angie, no tengas miedo - le dijo Beat sonriendo.

Angie siguió al unicornio por el prado y se adentraron en el bosque, avanzaron un poco y llegaron a un enorme claro donde había un lago hermoso con las aguas más limpias y cristalinas que Angie había visto, luego se acercó a Beat y a otro unicornio, tan blanco, que parecía hecho de algodón, esté la miró un momento antes de romper el silencio:

-Hola joven Angie, yo soy Bony y soy el anciano y protector de todos los unicornios, pude sentir tú llegada a este plano, tranquila quiero ayudarte - le dijo Bony amablemente.

-Encantada Bony, si atravesé ese arco de piedra y aparecí aquí - le dijo Angie sonriendo.

-Tienes que saber que la maldad puede disfrazarse de bondad, para hallar las respuestas guíate por aquella cuya bondad parezca maldad, pues será la que pueda ayudarte - le dijo Bony sonriendo.

-No lo entiendo - le dijo Angie confusa.

-Lo harás a su debido tiempo pequeña, Beat te ayudará, no lo olvides, pues la maldad puede tener muchos rostros - le dijo Bony sonriendo.

-No lo olvidare - le dijo Angie confusa.

-Quiero que tengas esto, así los demás unicornios sabrán que eres una amiga y podrás hablar con ellos, llévalo siempre - le dijo Bony mostrándole un colgante con la punta de un cuerno de unicornio.

-Gracias, lo llevaré siempre - le dijo Angie sonriendo.

-Podéis iros, Beat nos veremos más tarde - les dijo Bony sonriendo.

-Adiós Bony - le dijo Angie sonriendo.

-Si Bony, vamos Angie - le dijo Beat sonriendo.

Angie y Beat volvieron al prado, se acercaron a Ania que los esperaba sentada tranquilamente, esta los miró sonriendo y se acercó a Angie:

-Bueno, ¿como ha ido? - les preguntó Ania sonriendo.

-Bien, Bony le dio el colgante, lo hará bien - le dijo Beat sonriendo.

-Lo haré lo mejor que pueda - les dijo Angie sonriendo.

-Tengo que volver con Bony, tú ayuda a Angie, os deseo suerte - les dijo Beat sonriendo.

-Lo haré Beat, vamos Angie, tenemos que volver, vaya que nos estén buscando - le dijo Ania preocupada.

-Claro, gracias Beat, espero volver a verte antes de irme - le dijo Angie sonriendo.

-Lo harás, no te preocupes - le dijo Beat sonriendo.

Angie y Ania volvieron corriendo hasta la cabaña de Calesa donde vieron a Calesa y Arua mirando a su alrededor preocupadas, hasta que las vieron y se acercaron a ellas enfadadas:

-¿Dónde estabais? - les preguntó Calesa enfadada.

-Lo siento jefa, le enseñaba la aldea y vimos a Beat, ella habló con Bony - le dijo Ania.

-¿Has hablado con ella? - le preguntó Arua sorprendida.

-Sí, me dio este colgante, me dijo que me ayudaría - le dijo Angie preocupada.

-Angie puedes visitar la aldea y hablar con la gente, saben que no eres enemiga, todos contamos contigo para evitar el desequilibrio - le dijo Calesa seriamente.

-Lo se, me gustaría que Ania viniera conmigo, ella conoce esto y puede ayudarme - le pidió Angie.

-Por supuesto, jamás dejaría que fueras sola, Ania cuida de ella - le dijo Calesa seriamente.

-Cuenta conmigo Angie, la protegeré con mi vida jefa - le dijo Ania sonriendo.

-Ahora depende de vosotras dos, pero sobre todo de ti Angie, eres nuestra esperanza - le dijo Arua sonriendo.

-Voy hacer todo lo que pueda, lo prometo - les dijo Angie sonriendo.

-Vamos Angie, te enseñaré donde vivo - le dijo Ania sonriendo.

-¡Espérame! - le dijo Angie sonriendo.

Angie siguió a Ania hasta el bosque y se detuvieron en un pequeño claro, Ania la miró sonriendo y luego le señaló algo hacia arriba, Angie levantó la mirada y vio una pequeña cabaña en un árbol, luego miró a Ania sorprendida:

-¿vives ahí arriba? - le preguntó Angie sonriendo.

-Así es, esta zona es neutral, esta entre ambas aldeas, aquí no tengo problemas con nadie - le dijo Ania sonriendo.

¿Y por qué no vives en una de las aldeas? - le preguntó Angie extrañada.

-Mi madre dio a luz antes de llegar a La aldea de los Popoi y mi padre era de la aldea de los Manai, Calesa y Arua ayudaron a mi madre a dar a luz y esta murió en el parto - le dijo Ania tristemente.

-Lo siento mucho, no debí preguntar eso - le dijo Angie.

-Tranquila, después de nacer ellas llegaron a un acuerdo, yo podría ir a ambas aldeas pero no vivir en ellas. Calesa construyó la cabaña y me cuidaron hasta que pude hacerlo por mi misma, mientras dure la enemistad, estaré aquí y tú también, somos neutrales - le dijo Ania sonriendo.

-Entiendo, no me parece bien pero lo entiendo - le dijo Angie sonriendo.

-Te puedo enseñar a defenderte y ha cazar, si quieres claro - le dijo Ania.

-Me encantaría - le dijo Angie sonriendo.

-Subamos, es hora de comer, luego iremos a cazar y te enseñaré todos mis trucos - le dijo Ania sonriendo.

-Vale, estoy hambrienta - le dijo Angie sonriendo.

Ambas subieron por la improvisada escalera y entraron en la cabaña, Angie se sentó en una silla y miró a su alrededor sonriendo, aunque pequeña era muy acogedora y tenia lo necesario para vivir en ella; Ania puso dos platos en la mesa y dos vasos y se sentó frente a Angie sonriendo:

-¿Te gusta la cabaña? - le preguntó Ania sonriendo.

-Sí, es muy acogedora - le dijo Angie sonriendo.

-Gracias, espero que te guste la comida, no es gran cosa pero esta muy rica - le dijo Ania sonriendo.

-¡Huele muy bien! - le dijo Angie sonriendo y cogiendo el tenedor para probarla.

-Lo se - le dijo Ania sonriendo.

-¡Esta buenísimo! - le dijo Angie sonriendo.

-Me alegro de que te guste, comamos y luego prepararemos las cosas - le dijo Ania sonrojada.

Angie y Ania comieron tranquilamente y tras recoger la mesa, Ania sacó dos zurrones y dos carcaj con flechas, los dejó en la mesa y sacó dos arcos, uno de ellos estaba en perfecto estado, los dejó en la mesa y se giró hacia Angie que la miraba en silencio:

-Te enseñaré a usar el arco, así cazo yo a mis presas - le dijo Ania sonriendo.

-Nunca he matado a otro ser vivo, no se si seré capaz - le dijo Angie preocupada.

-Tranquila, te enseñaré a usarlo para que puedas defenderte. Si tienes buena puntería puedes solo herir a otros y no matarlos, confía en mi, no te enseñare a matar. Yo no he matado a nadie, excepto a algunos conejos para comer - le dijo Ania sonriendo.

-Confío en ti, nunca lo dudes - le dijo Angie sonriendo.

-tenemos que explorar todo esto y encontrar respuestas, la gente de las aldeas no te contará mucho, créeme - le dijo Ania sonriendo.

-Lo se, averiguaremos el por qué de todo esto - le dijo Angie sonriendo.

-Este zurrón es para ti, llevaremos algunas cosas por si se nos hace de noche y tenemos que acampar - le dijo Ania sonriendo.

-Vale, nunca he acampado - le dijo Angie sonriendo.

-¿No has dormido nunca contemplando las estrellas? - le preguntó Ania sorprendida.

-No, la verdad es que no - le dijo Angie tristemente.

-Esta noche estará despejada y se verán muy bien, ya verás que bonito se ve el cielo - le dijo Ania sonriendo.

-¿De verdad? - le preguntó Angie sonriendo.

-Sí, será divertido - le dijo Ania sonriendo.

-Vámonos, tenemos que empezar a buscar respuestas - le dijo Angie sonriendo.

-Cierto, toma tú arco, en marcha - le dijo Ania sonriendo y dándole uno de los arcos.

Ania y Angie bajaron de la cabaña y Angie siguió a Ania a través del bosque, ambas caminaron durante un rato en silencio observando a su alrededor, era un denso pero hermoso bosque, había pajarillos que revoloteaban y llenaban el silencio con sus cantos, ardillas que saltaban de unas ramas a otras y miles de pequeños insectos. Ania detuvo a Angie de repente cuando vio a un hombre que escribía en un pergamino sentado en un viejo tocón de madera, esté levantó la vista del pergamino y las observó detenidamente hasta que Ania se dirigió a él:

-¿Qué ocurre? - le preguntó Angie sorprendida.

-No estamos solas - le dijo Ania preocupada.

-¿Quién es? - le preguntó Angie preocupada.

-Hola Talus - le dijo Ania fríamente.

-Hola Ania, te veo bien ¿y quién es tú amiga? - le preguntó Talus sonriendo.

-Me llamo Angie - le dijo Angie.

-Encantado, yo soy Talus, tú eres la que atravesó el arco de piedra, ¿verdad? - le preguntó Talus sonriendo.

-Así es, ella lo atravesó, ¿Qué haces aquí? te creía en la cabaña de Calesa - le dijo Ania.

-Escribir, el suave canto de las aves me inspira y ayuda, Ania espero que puedas perdonarme - le dijo Talus tristemente.

-¿Qué le hiciste? - le preguntó Angie.

-Fue hace unos años, cometimos un error y yo la deje sola, sé que no es excusa, pero tengo un hijo de su misma edad y no quería que tuviera problemas por mí culpa, lo que hice fue inexcusable y lo siento mucho - le dijo Talus tristemente.

-Ania, si fue hace tiempo, tal vez deberías dejarlo atrás y empezar de nuevo. Dale una oportunidad de hacerlo bien - le dijo Angie poniendo una mano en su hombro.

-No puedo perdonarte aún, tal vez con el tiempo pueda - le dijo Ania.

-Lo entiendo perfectamente - le dijo Talus.

-Tenemos que seguir, Talus, ¿sabes algo sobre la enemistad de las aldeas? - le preguntó Angie.

-Empezó hace años, como empieza todo, por pequeñas cosas sin importancia que se van juntando - le dijo Talus seriamente.

-Va a ser difícil dar con el que hizo estallar todo - le dijo Angie preocupada.

-Es posible, pero tú darás con la solución, sigue a tú corazón es el mejor guía - le dijo Talus sonriendo.

-Lo haré, gracias Talus - le dijo Angie sonriendo.

-Antes de que vayáis, esto perteneció a tu padre, ya es hora de que lo tengas tú - le dijo Talus dándole un cuchillo.

-Gracias Talus, espero qué todo cambie cuando detengamos esta locura - le dijo Ania sosteniendo el cuchillo.

-Yo también lo espero, os deseo suerte a las dos - le dijo Talus sonriendo.

Ambas continuaron avanzando por el bosque, se detuvieron para comer y reanudaron el viaje mientras iba anocheciendo, un ruido las hizo detenerse y frente a ellas se detuvo un hermoso ciervo, este mordisqueó la hierba y las miró fijamente:

-Mira, es Irca - le dijo Ania sonriendo.

-Es un ciervo, ¿verdad? - le preguntó Angie ligeramente nerviosa.

-Sí, pero es más que eso, muy pocos son los que han logrado verlo, se dice que es el espíritu del bosque - le dijo Ania sonriendo.

-Es precioso y mira sus ojos, es como si reflejarán la poca luz que queda - le dijo Angie sonriendo.

-Creo que quiere que vayas, adelante, estaré aquí, no tengas miedo, ve - le dijo Ania sonriendo.

-Vale, pero te mataré como me haga algo - le dijo Angie sonriendo.

-No lo harás, anda ve - le dijo Ania sonriendo.

Angie avanzó despacio hacia Irca que la miraba fijamente sin moverse, se detuvo frente a él y lo miró asustada, esté se movió y acercó su hocico a la frente de Angie, se iluminó por un momento, se alejó y la miró de nuevo antes de alejarse y desaparecer entre los árboles, Ania se acercó a ella sonriendo y Angie la miró sin entender nada:

-¿Qué acaba de pasar? - le preguntó Angie asustada.

-Tranquila, te ha dado su bendición, eso significa que tendrás una vida larga y feliz, eso es bueno Angie - le dijo Ania sonriendo.

-¿Por qué me ha dado su bendición? - le preguntó Angie confusa.

-Ha visto tú alma y tú corazón y ha decidido que eres merecedora de ello - le dijo Ania sonriendo.

-Entiendo, ¿a dónde vamos ahora? - le preguntó Angie sonriendo.

-Cerca de aquí hay un lago, acamparemos allí y verás las estrellas, te prometí que las verías ¿no? - le dijo Ania sonriendo.

-Es verdad, vamos - le dijo Angie sonriendo.

Ambas siguieron andando un poco más y llegaron a un claro donde había un hermoso lago, en cuyas aguas se reflejaban la luna y las estrellas dándole más belleza si cabe al lago, ambas encendieron una hoguera y tras cenar y extender un par de mantas, Ania se tumbó y miró a Angie sonriendo, está se tumbó a su lado y miró al cielo embelesada hasta que escuchó la voz de Ania y la miró sonriendo:

-Hay muchas estrellas, me encanta tumbarme y mirarlas - le dijo Ania sonriendo.

-En mi hogar hay muchas estrellas pero no tantas como aquí - le dijo Angie sonriendo.

-Cada plano tiene sus diferencias y sus similitudes, cómo has podido ver - le dijo Ania sonriendo.

-Cierto, ¿crees que volveré a casa cuando todo esto acabe? - le preguntó Angie asustada.

-No lo se, según Arua, unos regresan y otros no, pero no te preocupes por eso ahora, seguro que volverás - le dijo Ania sonriendo.

-Gracias - le dijo Angie sonriendo.

Ambas se quedaron mirando las estrellas hasta que las venció el sueño al poco; al día siguiente cuando Ania se despertó miró a Angie que aún dormía abrazada a ella y sonrió, la despertó llamándola suavemente y está se estiró en la manta sonriendo:

-Buenos días Ania - le dijo Angie sonriendo.

-Buenos días, perdona por haberme abrazado a tí mientras dormía - le dijo Angie sonrojada.

-No importa, ¿te apetece nadar en el lago? - le preguntó Ania sonriendo.

-Claro, vamos - le dijo Angie sonriendo.

-¡La última cocina el desayuno! - le dijo Ania sonriendo.

-¡Eso es trampa! - le dijo Angie sonriendo.

Ambas dejaron sus ropas a un lado, corrieron al lago y se zambulleron en el llenando el claro con sus risas y el chapoteo del agua.

Durante semanas anduvieron de un lado a otro, hablaron con mucha gente y varios unicornios pero todo se volvía más y más confuso, nada parecía explicar el origen de la enemistad. Por otra parte, Ania le enseñó todo lo que sabía sobre ambos pueblos, a usar un arco, a luchar, le enseñó todo lo que sabía para sobrevivir y se hicieron cada día más cercanas. Tras dar con otro callejón sin salida, volvieron a la casa de Ania, esta se sentó y Angie se sentó a su lado:

-¿Qué hacemos ahora? - le preguntó Ania preocupada.

-Tranquila, daremos con el problema - le dijo Angie sonriendo.

-Lo se, ¿lo has oído? - le preguntó Ania preocupada.

-Si, bajemos - le dijo Angie preocupada.

Ambas bajaron y vieron a una chica que las miraba desesperada y se acercaron a ella preocupadas:

-Hola Isha, ¿Qué ocurre? - le preguntó Ania preocupada.

-¡Están luchando Ania! - le dijo Isha preocupada.

-¡¿Quiénes?! ¡¿dónde?! - le preguntó Angie preocupada.

-En al aldea de los Manai, los Popoi y los Manai, tenéis que ir y detenerlos - les dijo Isha preocupada.

-¡Vamos rápido! - le dijo Ania preocupada.

Ania y Angie fueron corriendo a la aldea y se detuvieron para ver a la gente armada y dispuesta a atacar a los otros, Ania se agachó y tiró hacia abajo de Angie que se agachó a su lado y la miró preocupada:

-Están a punto de matarse - le dijo Ania preocupada.

-Tenemos que actuar rápido - le dijo Angie preocupada.

-Angie, no te vayas cuando todo termine - le dijo Ania tristemente.

-Ania no es el momento para hablar de eso, vamos, lo hablaremos luego - le dijo Angie.

Ambas salieron corriendo y se interpusieron antes de que comenzarán a luchar, se quedaron frente a los dos bandos y los miraron preocupadas:

-¡No lo hagáis por favor! - gritó Angie.

-¡Sois hermanos, no debéis luchar! - les dijo Ania.

-¡Tiene razón, sois familia, ¿no queréis estar en paz y poder visitaros sin miedo?! - les dijo Angie.

Ambas intentaban hablar con la gente pero no querían escucharlas, se abalanzaron los unos contra los otros, Angie trató de separarlos, cuándo vio un arquero apuntando a Ania, salió corriendo y se interpuso entre ella y la flecha, cayendo al suelo. Ania separó a otras dos personas y vio caer a Angie, se acercó corriendo y un gritó desgarrador dejó todo en silencio, fue entonces cuando vieron a Angie en el suelo y Ania juntó a ella llorando, todos las miraban en silencio mientras Arua y Calesa se habrían paso hasta llegar donde estaban:

-Angie mírame - le dijo Ania entre sollozos.

-¿Qué ha pasado Ania? - le preguntó Calesa tristemente.

-Empezaron a luchar y ella quería detenerlos, estabamos separándolos cuando la vi en el suelo con la flecha en su hombro - le dijo Ania tristemente.

-Está viva, se pondrá bien Ania - le dijo Arua preocupada.

-¡¿Tanto queréis luchar?, ¿para qué? ¿para mataros cuando sois familia? ella solo quería evitar que os mataseis! - les gritó Ania entre sollozos.

-Ania, tenemos que llevarla a la cabaña de Eve, para que pueda curarla - le dijo Calesa tristemente.

-Yo la llevaré - le dijo Ania tristemente.

Ania cogió a Angie en brazos con cuidado y siguió a Calesa y a Arua hasta una cabaña, el silencio que acompañaba no podía ser más sepulcral.

Ania dejo a Angie sobre la cama y miró a Calesa y Arua tristemente mientras Eve examinaba a Angie en silencio. Cuando Eve término de examinar y curar a Angie se acercó a ellas sonriendo:

-¿Cómo está? - le preguntó Arua preocupada.

-Le he sacado la flecha del hombro y he limpiado y desinfectado la herida, ha tenido mucha suerte, se pondrá bien - le dijo Eve sonriendo.

-¿Puedo verla? - le preguntó Ania tristemente.

-Claro, Angie tiene mucha suerte de tenerte - le dijo Eve sonriendo.

-No, yo soy afortunada por tenerla - le dijo Ania sonriendo.

Ania se acercó a la cama dónde Angie dormía tranquila y la miró asustada, se tumbó su lado con cuidado y dejó que el sueño la venciera. Arua se acercó a ver a Angie pero volvió con Calesa y Eve sonriendo al ver que ambas dormían:

-No as tardado nada Arua - le dijo Calesa sonriendo.

-Están las dos dormidas, no quería despertarlas - les dijo Arua sonriendo.

-Lo ha conseguido, ambas al están en paz gracias a Angie y Ania - les dijo Calesa.

-Si, todos estan ayudando a los heridos antes de que los Manai regresen a su aldea - le dijo Arua.

-Se debe marchar, ¿verdad? - les preguntó Eve.

-Sí, si así lo decide el arco - le dijo Arua sonriendo.

-Ania la quiere de verdad, ¿la visteis no? - les preguntó Eve sonriendo.

-Es verdad, le importa y mucho - le dijo Calesa sonriendo.

-Eve cuida de ellas, mañana vendremos a ver cómo está Angie, ahora tenemos que volver y forjar esta unión de paz - le dijo Arua sonriendo.

-Lo haré, que todo os salga bien - les dijo Eve sonriendo.

Arua y Calesa se marcharon, Eve miró a Angie y Ania sonriendo y se retiró a dormir; al día siguiente Angie se despertó confusa, vio a Ania aún dormida a su lado y sonrió, la llamó suavemente y Ania se despertó preocupada, a la vez que se acercó Eve sonriendo:

-Buenos días - le dijo Angie sonriendo.

-Estas despierta ¿Cómo estás? - le preguntó Ania preocupada.

-Bien, creo, ¿Donde estamos? - le preguntó Angie mirando a su alrededor.

-Estas en la cabaña de la sanadora, una flecha se clavó en tu hombro - le contó Ania.

-Si, me puse entre el arquero y su objetivo, recuérdame que no lo repita en el futuro - le dijo Angie sonriendo.

-Estaba muerta de miedo, creía que habías muerto - le dijo Ania sin mirarla.

-Buenos días chicas - les dijo Eve sonriendo.

-Buenos días Eve - le dijo Ania.

-Hola, eres la sanadora supongo - le dijo Angie sonriendo.

-Supones bien, soy Eve y voy a curarte y a ponerte una venda limpia, no podemos dejar que se infecte - le dijo Eve sonriendo.

-Vale - le dijo Angie sonriendo.

-Ania trae el desayuno mientras curo su herida - le pidió Eve.

-Claro, volveré enseguida - les dijo Ania.

Ania se marchó y Eve cogió un cuenco con agua, un paño y una venda limpia y se sentó al lado de Angie, le quitó con cuidado la venda manchada de sangre seca y cogió el cuenco, humedeció el paño y limpió la herida con cuidado cuando Angie le habló:

-¿Tiene mal aspecto? - le preguntó Angie preocupada.

-No, está curándose bien - le dijo Eve sonriendo.

-Gracias - le dijo Angie sonriendo.

-Es mi trabajo, ¿Qué hay entre Ania y tu? - le preguntó Eve sonriendo.

-Somos buenas amigas - le dijo Angie sonriendo.

-Ella siente algo mucho más profundo que una amistad por ti. Ayer te trajo en sus temblorosos brazos, no dejaba de temblar y llorar creyendo que habías muerto - le dijo Eve.

-¿Ella? Yo no quería asustarla así, pero esa flecha iba a su cabeza, no pensé, solo actúe - le dijo Angie sorprendida.

-No le hagas daño, es una buena chica - le dijo Eve seriamente.

-Jamás se lo haría - le dijo Angie sonriendo.

Eve terminó de curar la herida y luego la vendo con cuidado, al momento volvió Ania con dos platos y se acercó a Angie sonriendo, le dió un plato y se sentó a su lado:

-Ania, no quise asustarte, me importas mucho - le dijo Angie.

-¿A quién salvaste de la flecha? - le preguntó Ania.

-A ti, apuntaba a tu cabeza y yo solo, actúe - le dijo Angie.

-Angie, no quiero perderte, yo... Te amo - le dijo Ania nerviosa.

-No quiero volver, quiero quedarme, contigo - le dijo Angie sonriendo.

Ania la miró sonrojada y siguió comiendo, ambas terminaron de desayunar tranquilamente, cuando Arua y Calesa entraron en la cabaña, ambas se acercaron a ellas seriamente:

-Hola chicas - les dijo Calesa.

-Calesa, Arua ¿Qué ocurre? - les preguntó Ania preocupada.

-Angie tienes que volver al arco, es la hora - le dijo Arua seriamente.

-Entiendo - le dijo Angie seriamente.

-Te acompaño - le dijo Ania sonriendo tristemente.

Las cuatro volvieron al lago y miraron el arco de piedra, Angie se acercó a el tristemente:

-Recuerdo cuándo lo vi por primera vez en el museo, me pareció especial y ahora entiendo porque - le dijo Angie tristemente.

-No te vayas, no tienes porqué hacerlo - le dijo Ania tristemente.

-No es tan fácil Ania, el arco es el que decide si Angie regresa a su plano o se queda aquí - le dijo Arua tristemente.

-Ania, ¡eh! pase lo que pase, ésto es tuyo y siempre lo será - le dijo Angie sonriendo.

-Rápido Angie, es el momento - le dijo Calesa sonriendo.

Angie besó a Ania, luego miró el arco que comenzó a brillar y lo atravesó rápidamente.

Miré a Ania y atravesé la luz, si hubiera podido elegir me habría quedado, cerré los ojos deseando seguir allí y no aparecer en el museo. Cuándo los abrí vi a Ania que me miraba sonriendo, seguía con ellas, abracé a Ania y me besó, luego miré a Arua y a Calesa confundida, me dijeron que el arco había decidido que este era mi sitio y desde entonces el equilibrio se restauró y el mundo esta ha salvo.

Ese verano cambió mi vida, desde entonces ya han pasado tres años, se forjó la paz exitosamente y Ania y yo, bueno, seguimos juntas, pero creó que eso ya os lo figurabais, ¿No?

Fin