Gracias a Li por su lectura previa.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 4

Decidí seguirla. Puse mis gafas de sol y salí a toda prisa hacia el ascensor ni siquiera me contuve en apreciar si me habían visto salir y andar como loco, por el momento no era prioridad las ideas que se hicieran de mi actuar.

Todo el trayecto en el ascensor la pasé con la vista fija en la puerta de aluminio, no pretendía saludar a nadie en mi travesía. Lo primero que hice al salir fue correr fuera del edificio, miré hacia ambos lados; entre tanta gente no pude distinguir la menuda figura de Bella.

¿A dónde pudo irse y con quién? Era una duda que empezaba a carcomer mi curiosidad.

Rechiné los dientes y maldije por lo bajo cuando mi móvil empezó a sonar y lo respondí de mala gana.

― ¿Diga?

¿Será que mi único hermano puede responderme sin sobresaltos?

Escuchar la voz de Carlisle me hizo sonreír. Tiré un poco de las hebras de mi pelo mientras cabizbajo volvía hacia el interior del edificio.

Carlisle era mi hermano mayor, el único que tenía y por ende a quién escuchaba y tomaba en serio con sus consejos, aunque no podría aseverar que su personalidad fuera todo un ejemplo a seguir.

― Ya sabes, vivo deprisa ―justifique mi mal genio.

Carlisle rio a través de la bocina.

¿Qué ha sido de ti?

― Trabajo, mucho trabajo ―respondí a su pregunta. Cuando llegué a mi oficina, volví a centrarme en la vista que proporcionaban los ventanales, era un día soleado.

Por qué no vienen este fin de semana, sería un buen momento para que los chicos convivan y nosotros nos pongamos al día.

― No creo que mis hijos puedan acompañarme ―lamenté― están en época de exámenes, aun así te aseguro que si no pueden ir conmigo, yo estaré ahí.

Ojalá que sí, sabes bien qué tenemos un tema pendiente resopló con una voz socarrona.

― Lo sé. ¿Qué has hecho? ―cambié de tema. Era un as para salirme por la tangente.

Estresarme con la organización de la fiesta de Alice, quiere que su evento de dulces dieciséis sea el más grande de la ciudad.

― Locuras de adolescentes ―gruñí burlón―. ¿Cómo está Esme?

Cada día le gusta más la vida tranquila y lluviosa.

Exhalé recordando la tranquilidad que se respiraba estando ahí.

― Creo que necesito volver a recuperar energía.

Mi hermano rio. Fue un tipo de carcajada ahogada que se amortiguó con la bocina.

No diré nada comentó y su tono me hizo rodar los ojos―. Aquí tienes tu casa mencionó.

― Nos vemos pronto, dale mis saludos a Esme y Alice.

Miré hacia la puerta un poco más de tiempo de lo normal.

Bien podría viajar a Washington este mismo fin de semana.

.

.

Era la mañana de sábado cuando Carlisle me abrazó de forma efusiva apenas me vio en la puerta de su casa. Era bastante espontáneo en cuanto a personalidad, lo que resultaba gracioso que detrás del hombre serio y ecuánime que debía ser por su profesión, estaba él con su agudeza.

Palmeó mi espalda rudamente.

― Eres un cabrón ―murmuró― tengo que obligarte a venir a casa.

― Deja el drama.

― No puedo evitarlo, soy un Cullen.

Negué.

Tenía pocos meses de haberse mudado a un pueblo lluvioso en Washington, Forks era el nombre. Era la segunda vez que estaba en el lugar y debía admitir que me encantaba.

Él era médico pediatra. Buscando un poco de paz en su demandada agenda, había decidido hacer un cambio en su vida laboral y familiar, quería tranquilidad y la única manera de conseguirla fue en el pueblo donde continuaba ejerciendo su amada profesión.

Era dos años mayor que yo, no podía mentir en decir que lucía acabado y con signos de vejez porque no era cierto. Carlisle aparentaba sus cuarenta y dos años con mucha jovialidad y entereza.

― ¡Tío Edward! ―Alice gritó corriendo hacia mí.

La envolví en mis brazos y besé su cabello oscuro. Mi sobrina favorita siempre lograba hacerme olvidar que era un hombre de cuarenta años y terminaba por comportarme como otro adolescente más.

Me giré sobre mis pies con ella en brazos.

― Hay una sorpresa en el vehículo ―le dije.

Sus expresivos ojos miel se abrieron ampliamente.

Menee la cabeza al verla correr tan intrépida hacia la intemperie. Mis hijos la esperaban escondidos en la parte trasera.

― Edward, es un gusto que estén aquí ―mi cuñada Esme me dio la bienvenida con un cálido abrazo.

― No podía negarme a la barbacoa ―encogí mis hombros― mi hermano no es precisamente el mejor parrillero.

Esme soltó una leve carcajada que indicó que me daba la razón.

Carlisle puso una mano en mi hombro y me guió a su oficina. Para nada era extraño verlo sin su ropa médica sino usando ropa deportiva, él era más relajado cuando estaba en casa .

Al entrar a la amplia habitación, aprecié la vegetación por la gran ventana.

― Dime; ¿qué has decidido con el nuevo taller que quieres abrir?

Solté una corta exhalación.

― La idea sigue firme ―confesé― generaría más empleos, lo que es beneficioso para los pobladores… el problema sería que tendría que viajar constantemente aquí.

Carlisle arrugó la cara.

― Así que no quieres visitarme ―se quejó en broma.

― Sabes bien que me encantaría y es mi siguiente reto. El problema es la nueva colección que pienso lanzar y entre mis viajes a Italia, tengo el tiempo saturado… ―mi mente empezó a divagar en una persona. Estreché los ojos, mirando fijamente a mi hermano―. Por cierto, en Bluebonnet acaba de unirse a nuestro equipo una nueva diseñadora que es nacida aquí, su nombre es Isabella Marie Swan.

Carlisle cuadró los hombros, mirando hacia la nada. Llevó los dedos bajo su mentón y arrugó el entrecejo, probablemente tratando de hacer memoria.

― No tengo idea. Aún no conozco a todos los habitantes.

― Pero este es un pueblo chico donde todos se conocen ¿no? ―insistí, necesitaba que me dijera un poco más que eso―. Bella es una chica joven, es muy talentosa, solo que me causa mucha curiosidad su forma de ser. Sabes, se nota que cuida mucho su entorno, pero más a quien ama, ¿me explico? Es de las personas que se ponen una coraza y no te permite entrar a su vida a menos que ella lo decida.

― ¡Guau! ―Exclamó Carlisle de forma irónica―. Se nota que estás interesado, eso quiere decir qué te has olvidado de Bree, la mujer con la…

― Ya, ya… ―lo interrumpí― no he dicho que me he olvidado de Bree, así como tampoco he mencionado nada amoroso con Bella, es simplemente ―encogí mis hombros― admiración por la chica.

Carlisle empezó a reír. No, mejor dicho empezó a carcajearse.

Lo miré detenidamente y esperé que se dejara de burlar de mí. Siempre era así, tan desenfadado que muchas veces no sabía si hablaba en serio.

― Edward, de verdad que a veces eres tan ridículo, por qué simplemente no puedes aceptar que te gusta una persona y ya. ¿Qué tiene de malo?

― Tiene veinticinco años y trabaja en la empresa, soy su jefe.

― ¿Y…?

― Y nunca he dicho que me gusta o que me atraiga ―respondí.

― Hermano, si vieras tu cara de enfado solo porque no tengo más información de la chica en cuestión, ¿qué quieres que crea? Obviamente no te es indiferente, lo sé yo y lo sabes tú. Y es perfecto Edward, llevas tres años solo, es tiempo de seguir adelante y ver qué te depara el destino. Si no se pudo con Bree, es por algo ¿no crees?

Suspiré.

Mis pensamientos viajaron a Seattle. En especial a esa fiesta donde la conocí en medio de copas, Bree fue una aventura de una noche, una rubia espectacular que me encandiló en el primer momento que la conocí, me gustó y quise intentar más, pero fue como si la tierra se la hubiese tragado.

Al día siguiente, mi cama estaba vacía, no había rastro de ella.. Su recuerdo terminó por desvanecerse al igual que ella.

― Tío Carlisle ―la dulce voz de Elina me hizo mirarla.

Mi hija buscó los brazos de su tío. Elina tenía la elegancia de su madre y porte de una modelo, era obvio que los planes de Irina seguían encaminados a que lo fuera. Rogaba porque Elina con los años desistiera de esa tontería y encontrara su propia personalidad, lejos de los caprichos de su progenitora.

― Hola tío ―dijo Christopher con esa voz gruesa saludó. Carlisle se puso de pie y lo abrazó efusivamente.

Christopher era un chico tímido, centrado únicamente en sus estudios y fuera de las imposiciones que su madre pudiera tener sobre él.

― Cuéntenme de ustedes, ¿cómo van esas clases?

Ambos empezaron una conversación con Carlisle mientras Alice seguía pegada a ellos.

Mis hijos eran mi vida entera, de eso no había duda, aunque eran apegados a mí no podía negar que tenían favoritismo por Irina. Los comprendía, ella era su madre y con quién vivían.

Me culpé un tiempo. Pensé que quizá, si hubiera seguido soportando estar en un lugar que no quería, hoy en día seguiríamos juntos, sobre todo continuaría teniendo una convivencia normal con mis hijos.

Hoy en día, nuestro tiempo se trata de días y muchas veces de horas. No era suficiente, estaba claro que no, lo único bueno es que no había gritos, tampoco reclamos. Estaba teniendo mejor interacción con mis hijos y no estaba de por medio Irina diciéndome cómo posar para una de sus fotos.

Entonces, era obvio que había hecho lo correcto.

― Empecemos con la barbacoa ―dijo Carlisle.

No ayudé en absolutamente nada. Dejé que mi hermano se hiciera cargo de todo, incluyendo limpiar la parrilla y tratar de encenderla con carbón. Carlisle podría ser el mejor pediatra, pero era claro que nunca sería el mejor parrillero, lo repetiría hasta el cansancio.

Luego de degustar un t-bone chamuscado y dos cervezas y ponerme al día con todos los pormenores de la fiesta de Alice y los últimos chismes sobre la vida de mi hermano, no tenía intención de que el fin de semana se acabara.

No quería dejar de pasar tiempo con mis hijos y tampoco quería dejar de estar en familia. Sin embargo, no podía negar que quería regresar a Nueva York para saber de Bella, ¿cómo eran sus fines de semana lejos de lugar de origen? ¿con quién los pasaba?

.

.

Era lunes por la mañana y estaba desaforado por llegar.

― Maldita sea.

Corrí hacia la entrada del hospital. Irina me había comunicado muy de mañana que Elina estaba en el área de urgencias.

Tenía una reacción alérgica por el maldito maquillaje que había usado en la cara.

Bufé. No hubo necesidad de pedir informes, ellas venían del área de urgencias.

― ¡Papi! ―Elina se acurrucó en mis brazos cuando me vio llegar. Tenía su rostro demasiado inflamado y extremadamente enrojecido.

― Cariño ―susurré, repartiendo besos en su cabeza.

Mi hija se puso a llorar en mi pecho.

― ¿Qué fue lo que pasó? ―pregunté impaciente.

Irina puso los ojos en blanco.

― Es un producto nuevo ―dijo ella― de una marca que siempre me envía regalos. Se los presté a Elina y le causó alergia, ya pasó, tenemos medicamentos y en cuestión de horas se le pasará.

― ¿Es lo único que vas a decir? ―espete, manteniendo mi postura para soltar improperios delante de mi hija―. Elina tuvo una reacción alérgica, lo que indica que esos malditos productos no son buenos.

― No armaré un escándalo con una marca que me patrocina.

― Tal vez no lo hagas tú, pero estoy en mi derecho de proceder. ¿Acaso no te das cuenta de cómo está? ―quise acunar el rostro de Elina y ella se quejó de dolor.

― No ―se negó a que la tocara― me arde.

Sus lágrimas se derramaban sin cesar de su rostro enrojecido.

― Elina no debió usarlos ―masculló― es lo único que diré al respecto.

― Tú eres capaz de vender tu alma al diablo por unos malditos regalos ―sisee.

Irina me lanzó una mirada de odio antes de caminar lejos de nosotros, posiblemente saliendo del hospital mientras yo continuaba abrazando a mi hija, tratando de consolar su angustia.

Me reventaba que Irina fuera tan superficial; que siguiera estancada viviendo en esa maldita nube de las redes sociales donde todo era falsedad y patrocinadores.

― ¡Ayuda! ―Escuché que clamó una mujer― mi niña no puede respirar.

Abracé a Elina y caminamos hacia recepción donde una mujer rubia mantenía una niña en brazos.

― Tranquila, señora ―dijo una enfermera― la niña está respirando, ¿qué sucede?

La mujer temblaba mientras se aferraba con fuerza al pequeño cuerpo de la bebé.No podía apreciar su rostro ni el de la niña, ya que la cabellera lograba cubrir su semblante.

― Soy enfermera en el hospital presbiteriano ―farfulló― mi niña es asmática y acaba de tener una crisis.

― ¿Tiene aseguranza médica? ―preguntaron.

― ¡Maldita sea! No sé ni cómo llegué y quieren que recuerde si tiene aseguranza médica, ¡atiendan a mi niña! ―exigió.

Las enfermeras se vieron entre ellas. Comprendiendo el protocolo de los hospitales, tenía conocimiento que no se podía proceder si no contaban con un seguro médico o un pago total.

La mujer empezó a sollozar sin dejar de arrullar a su niña.

Otra señorita tomó mis datos de la aseguranza de mi hija. Fue que le extendí mi tarjeta por encima del mostrador, ella levantó su mirada sin entender.

― Cubran la cuenta de la señora ―murmuré―, yo me hago cargo.

Volteé de reojo al sentir una penetrante mirada. La mujer me miraba cómo si hubiese visto un fantasma.


Hola, otro sábado más. ¿Qué opinan? Ya conocimos a Carlisle que es hermano de Edward y Alice su sobrina, también leímos un poco de los hijos de Edward y de que tuvo una aventura, me encantaría que me dieran su opinión respecto al capítulo. Sé que tienen dudas con las edades: Edward tiene 40 y Bella 25 años.

Para imágenes alusivas respecto a cada capítulo, pueden unirse al grupo de Facebook *

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Verónica, Valerials Cullen, Dess Cullen, Iza, miop, Ary Cullen 85, Elizabeth, Flor McCarty-Cullen, Diannita Robles, Dulce Carolina, Daniela Masen, Cassandra Cantu, kasslpz, mrs puff, ALBANIDIA, Car Cullen Stewart Pattinson, Gigi, Smedina, Wenday14, The Vampire Goddess, marisolpattinson, robertsten-22, Antonella Masen, karo29, saraipineda44, Jade HSos, Mapi13, indii93, Marxtin, Lili Cullen-Swan, Valeria Sinai Cullen, krisr0405, Adriu, yasmin-cullen, Rosemarie28, Noriitha, Pepita GY, rociolujan, Marianacs

Gracias totales por leer 🌿