Gracias a Li por su lectura previa.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 9

Mis pensamientos eran confusos.

Tenía dudas apoderándose de mi razonamiento, quería hacer tantas preguntas y necesitaba respuestas inmediatas.

Lo mejor que pude hacer fue sacudir la cabeza y alejarme.

Bella seguía en la oficina y parecía que no tenía intención de marcharse.

― No quiero obligarte a nada ―susurró― mi única intención es que estés enterado que Nicole existe.

― ¿Por qué hasta ahora? ―cuestioné―. ¿Por qué no me buscaste antes?

Frunció el entrecejo y su mirada cambió.

― Estaba haciendo mi tesis. Tenía mucho en qué pensar; debía darle la noticia a mi madre y me dolía saber que la iba a desilusionar. Me había fallado a mí misma, embarazándome de un desconocido que para colmo tenía una familia.

Resoplé sin dejar de arrastrar los dedos en la frente.

― ¿Cómo sabes que es mío? ―Pregunté, ganándome de nuevo su furiosa mirada―. Disculpa que lo pregunte, es normal que tenga dudas, no es fácil para mí aceptar lo que me estás diciendo.

― Creo que se te olvidó verificar que los preservativos estuvieran en buen estado.

Y de nuevo tenía razón. Los malditos condones llevaban tiempo en mi billetera, como la persona adulta y responsable que era debía saberlo, ¡por amor de Dios! Fui tan estúpido ¿cómo pude fallar?

Avergonzado caminé de nueva cuenta hasta el ventanal y apoyé mis manos en los gruesos cristales. Por el reflejo del vidrio apreciaba que Bella mordisqueaba su labio con bastante saña.

Estaba sin palabras. ¿Qué podía decirle?

― ¿Sé puede saber por qué…? ―Kate interrumpió de esa manera tan explosiva que tenía de ser―. Hola, Bella ―la saludó―. Cullen, te perdiste la reunión donde hablábamos de… ―se quedó en silencio―. ¿Pasa algo? ―terminó preguntando.

― No es nada ―musitó Bella―. Volveré a mi lugar.

Me volví hacia ella y aprecié su semblante cabizbajo. Mi intención era detenerla para que esta conversación no terminara así, sin embargo no pude articular ni una sola palabra y dejé que se fuera.

Exhalé derrotado.

― Edward, ¿estás bien? ―Kate se acercó a mí, pasando su mano por mi frente― porque parece que estás a punto de desmayarte.

Alejé su mano de piel, no tenía humor para soportar sus interrogatorios.

― No estoy bien ―articulé, saliendo de la oficina sin mirar a ningún lado que no fuera la puerta.

Necesitaba un escape.

.

Deambule por Central Park hasta que los rayos del sol se ocultaron.

Ignoré las llamadas y mensajes por igual. Mi mente seguía enajenada de los transeúntes. Tan solo mis pensamientos daban vueltas a esa noche donde la conocí; me repetía una y otra vez qué, si no me hubiese dejado llevar, nunca hubiese caído en la tentación de su esencia. Lo que desencadenaba que seguramente no estaría padeciendo de la forma que me estaba sintiendo.

Y es que estaba acostumbrado a que todo fuera perfecto. A organizar cada puto día de mi vida que me sentía ridículo.

Era como si la vida se riera de mí. Me diera una lección para darme cuenta que no era dueño de nada.

Exhalé al detenerme y contemplar a las personas que caminaban, muchos de ellos parecían turistas que admiraban la ciudad, puse atención en los niños, en especial de los más pequeños y eran cargados por sus padres.

Ellos brindaban protección como buenos padres. Eran los encargados de proveer y cuidar de ellos hasta que fueran mayores y aún así siempre estarían cuidando sus necesidades, lo entendía por que ocurría con Elina y Christopher.

Pero ahora, otro pequeño ser dependía de mí…

No era un cobarde.

Debía tomar una resolución y no quería que el día terminara sin una decisión elegida.

.

Continuaba nervioso cuando presioné el timbre.

Dios. ¿Qué se hace en estos casos?

Era un hombre de cuarenta años asustado y a la vez ansioso por conocer a su hija que aún era una bebé.

Apreté los dedos alrededor de la muñeca de trapo. La miré con atención, era una muñeca con un tutú rosa y apropiada para la edad de mi niña… Mi niña.

Jamás pensé volver a comprar un nuevo juguete infantil, al menos no para un bebé mío. Lo había descartado hace muchísimo tiempo. En cambio, estaba aquí, esperando…

Bella abrió la puerta. Su rostro pasó del asombro, confusión y algunas emociones desencajadas hasta esbozar una tímida sonrisa.

― Edward ―pronunció, dejando su mirada en la muñeca.

― ¿Puedo pasar? ―Estaba tan nervioso que mi voz apenas era un hilo―. Quiero conocer a la bebé.

― Claro, pasa.

― Espero no incomodar ―atiné a decir mientras me adentraba en la estancia llena de juguetes.

Entonces la vi y me detuve de golpe, lo supe al sentir la emoción en mi pecho. Todo estaba claro y cada pieza encajó en su sitio.

La niña tenía un impresionante parecido a mi madre y por ende a mí. Ese cabello rojizo era heredado por mi bisabuela y los profundos ojos verdes por mi tatarabuelo.

Nicole era mía.

Capté su atención. Ella me observó con ojos alegres y emocionada, cómo si realmente supiera quién era yo. Sonreí como idiota al ver que presurosa gateaba hacia mí. Me puse en cuclillas tomándola en brazos y la abracé con fuerza al incorporarme.

En ningún momento lloró ni me desconoció. Al contrario, empezó a balbucear cómo si estuviera iniciando una conversación conmigo.

Era dulce, tierna, hermosa. La más adorable bebé que había visto en los últimos años.

― Hola… ―me presenté con ella, regalándole una sonrisa― soy tu papá.

Pasé mis dedos por sus mejillas regordetas y fue el instante que sus diminutos dedos capturaron mi índice.

Me estaba sonriendo y un hilo de baba se deslizaba de sus labios.

Dejó caer su cabeza en mi hombro, acurrucándose. Mis brazos la apretaron y empecé arrullar su pequeño cuerpo.

Sabía que desde ese momento estaba a sus pies y no le negaría nada porque era mi princesa.

El corazón no podía mentir, la sensación de ternura se extendía por mi ser calentando mi pecho. Comprendía que eran sentimientos fluyendo por ella, era simplemente inexplicable.

Sostener su peso en mis brazos me provocaba una sensación de protección.

Dejé un beso silencioso en la cabeza de melena color zanahoria.

― Creo que le agradas ―comentó Bella.

― Es demasiado hermosa ―dije mientras olisqueaba el fino cabello de mi niña. Olía a ternura, a bebé inocente y frágil―. Esta muñeca es para ti.

Nicole enderezó la cabeza para ver la muñeca de trapo y la arropó entre sus cortos brazos. Volviendo a apoyar su cabeza en mi hombro.

Le agradaba, lo sentía.

― Soy papá ―repetí sonriendo cuando sus diminutos dedos se arrastraron por la escasa barba de mi mejilla―. Definitivamente le agrado ―le dije a Bella sonando un tanto presuncioso.

― Te lo dije. ¿Quieres un café? ―me ofreció con una sonrisa.

Su semblante había cambiado por completo al de la mañana.

― Me encantaría.

Era la primera vez que la veía sin zapatos altos y sin su ropa ejecutiva. Ahora lucía más normal con su ropa deportiva, suponía que era una tarde cualquiera en su vida. Lo que me hizo preguntar: ¿Cuáles serían sus pasatiempos?

Y es que había tanto por hablar, necesitaba ponerme de acuerdo en cómo resolveríamos el tiempo con Nicole, quería saber todo, desde el embarazo hasta su nacimiento, no quería perderme ni un detalle de su corta vida.

Caminé hacia la pequeña cocina con la bebé en brazos. Me provocaba ternura lo gordita que estaba y lo ruidosa que era con sus balbuceos, parecía no cansarse nunca de hacer esos sonidos alegres.

Bella dejó la taza de café en la encimera.

― Lo endulce un poco ―murmuró.

Aprecié su nerviosismo ante mi escrutinio.

― ¿Por qué elegiste el nombre de Nicole? ―quise saber.

Exhaló y el aliento removió el cabello que caía en su frente. Apoyó los codos sobre la superficie y me observó.

― Realmente tenía elegido otro nombre ―confesó―. Solo que tuve algunos problemas durante el parto; mi niña se removió para nacer, quedando su cabecita al lado derecho de mi vientre. Estábamos a contratiempo porque no tenía suficiente líquido amniótico, ella estaba desesperada por nacer y no dejaba de moverse. Los doctores temían que sacara una manita, así que le hablé mucho y le dije que ella era victoriosa, que iba a nacer y me daría la más bonita alegría. Su nombre significa "victoria del pueblo".

Tragué. Me angustiaba pensar qué pasó por un parto traumático.

― ¿Y pudiste tenerla normal?

― Me practicaron una cesárea de emergencia.

Me quedé pensativo. Irina en su momento jamás permitió que le realizarán una cesárea, ella manifestó que no podía tener una cicatriz debido a su trabajo de modelo, prefirió que Christopher llevara las consecuencias y naciera treinta y seis horas después.

Agradecía que él haya nacido completamente sano y sin problemas.

― ¿Y estas bien? ¿te recuperaste?

― Lo hice. Tenía que ser fuerte para mi bebé ―respondió segura y con ese brillo especial en su mirada, no había duda que Nicole era el mundo entero para ella―. Casi no estuve en reposo, tuve una recuperación bastante rápida.

― Me alegro que todo haya salido bien.

Bella asintió.

― Me gustaría que me contaras más, quiero saber su día a día desde que nació.

― ¿En serio? Yo no paro de hablar y más si se trata de mi oruga. Así que prepárate porque será una tarde larga y amena, ¿verdad preciosa?

Sonreí al escuchar la forma cariñosa en que la nombraba, pero también reí por la forma tan fresca y determinante que tenía de ser.

― También quiero disculparme contigo por mi forma tan brusca de actuar. Nunca ha sido mi intención ofenderte, Bella. Solo que espero entiendas, que mi comportamiento se debió a...

― Edward, ya lo olvidé ―me interrumpió―. Si vamos a ver por el bienestar de Nicole, sé que debemos llevarnos bien, independientemente de nuestro trabajo donde seguramente seguirás siendo un ogro.

Esbocé una sonrisa. Bella tenía la habilidad para que todo sonara bien.

Nicole empezó a removerse, quería saltar de donde estaba acurrucada en mis brazos. Balbuceaba fuerte y pedía estar en brazos de Bella.

Pero yo aún no estaba listo para dejarla ir.


Edward no pudo resistirse a conocer a Nicole, sabemos que es difícil no enamorarse de un bebé. No sé qué opinan ustedes, ¿creen qué hizo lo correcto? Les agradezco mucho su entusiasmo para la historia. Preguntan por días de actualización y son los miércoles y sábados.

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