Gracias a Li por su lectura previa.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 12
Bella
Bajé del taxi y lo primero que hice fue mirar hacia la imponente casa frente a mí.
Era más lujosa de lo que me había imaginado, sin embargo, lo que atrapó mi atención fue el auto deportivo color rojo en la entrada: eran dos adolescentes los que estaban adentro. .
Ellos no dejaban de verme conforme mis pasos se acercaban.
Instintivamente mis nervios afloraron cuando los reconocí. Los había visto en tantas publicaciones de Irina; eran hijos de Edward y esa mujer.
Mi mente fue hacía mi niña, ¿la conocieron?
Al pasar al lado del auto pude sentir las miradas taladrandome.
Caminé, pensando si debía mirarlos o no. Mi curiosidad pudo más y volteé justo cuando pasaba por la ventanilla; era el hijo mayor de Edward quien conducía y a su lado viajaba su hermana menor, una copia exacta de su madre.
Ambos mantuvieron su mirada en mí hasta que salieron del camino y desaparecieron.
Salí de mi estupor y sacudí la cabeza.
Presioné el timbre.
Me quedé ahí por más de cinco minutos, casi estaba por irme cuando la puerta se abrió.
El rostro de Edward parecía haber pasado del miedo a la resignación cuando me vio.
Hizo una seña de que pasara. Momento que aproveché para cargar a mi niña en brazos mientras escuchaba que él se concentraba en una llamada.
― Estoy en una reunión ―dijo, caminando lejos de mí― lo siento, Elina.
Fruncí el ceño. No entendía porqué estaba mintiendo.
― Viajaré a Italia mañana ―respondió seguro― me gustaría que pudieran acompañarme, hay un tema que me gustaría tratar con ambos.
Lo vi suspirar mientras clavaba sus ojos en mí.
― Perfecto, pasó por ustedes ―aseguró―. Nos vemos mañana, Elina, besos.
Finalizó la llamada y sus hombros cayeron.
― Disculpa, Bella. No sabía que vendrías tan pronto. ¿Te apetece beber algo?
― Agua está bien ―pedí. Anclando a mi niña en mi cadera y besando las mejillas sonrojadas―. Vi a tus hijos ―comenté, captando la atención de Edward, quién volteó a verme― estaban estacionados en la entrada ―tomé una respiración―. No creo que hayan conocido a Nicole porque tú no estarías tan tranquilo.
Dejó la botella de agua en mi mano y tomó con él a mi oruga.
― No me gusta mentir ―masculló―. Hoy lo hice porque no tuve opción, no es la forma en que deseo que mis hijos conozcan a Nicole.
Edward era un hombre cabal. Estar en su situación, debía ser para él el momento más difícil.
Conociendo su firmeza y personalidad, sabía que la situación lo estaba sobrepasando.
Me aclaré la garganta.
― No es necesario que des explicaciones de Nicole.
― No sé qué impresión tengas de mí, aunque te aseguro que no soy un tipo que oculta hijos.
― Sé que no eres ese tipo de hombres ―pronuncié―. Solo que me doy cuenta que vives en una encrucijada desde que te enteraste de la existencia de mi niña y te prometo que nunca fue mi intención.
Edward se centró en mi oruga. Le hizo muecas graciosas y repartió besos ruidosos en la panza hasta que logró que riera a gorgoritos.
Las comisuras de mis labios se elevaron, la alegría que me provocaba verlos era indescriptible.
Mi pecho se hinchaba de gusto por verlos compartir. Era una sensación de felicidad mezclada con orgullo que lograba darme tranquilidad.
Edward le tenía cariño, quería a mi oruga.
― Estoy buscando el momento apropiado para hablar con ellos.
De pronto sentí como mis tripas se resolvían.
― ¿Crees que no la acepten? ―pregunté temerosa―. No quiero exponer a mi niña a rechazos.
Quería tomar en brazos a mi oruga y llevarla lejos, donde nunca pudiera recibir un desprecio, menos de sus hermanos. No podría soportarlo.
Edward exhaló, mirándome.
― Mis hijos no son malos, Bella.
― No digo que lo sean ―hundí mis hombros― solo que temo que no la quieran cerca. Tengo miedo que la rechacen porque mi oruga es solo una bebé que no merece desprecios.
Caminó hacia mí, sentándose a mi lado, dejando a Nicole en su brazos.
― No pasará, Bella. Conozco a mis hijos ―negó con la cabeza― probablemente no sea la mejor reacción, no sé, pero jamás permitiré que nadie desprecie a Nicole. En todo caso si hay un culpable soy yo, porque soy el adulto y se supone que soy responsable. No te imaginas la infinidad de consejos les he dado a mis hijos sobre la responsabilidad y luego, aquí estoy yo teniendo una bebé… ―suspiró―. Te seré honesto, no creí que volvería a tener un hijo, menos a una belleza como mi bebé.
De nuevo mi pecho se hinchó al verlo besar la cabecita de mi oruga,empezó arrullarla con suavidad.
― Edward, quiero que se realicen las pruebas de genética ―le recordé―. No quiero que tengas dudas sobre tu paternidad, no me gustaría que el día de mañana empezarás con desconfianza sobre mí.
― Lo haré. Pero no por dudas, sino porque quiero que lleve mi apellido, es importante para mí que Nicole sea reconocida porque por ningún motivo la esconderé de nadie.
Por algún motivo sus palabras derritieron mi corazón.
Observé el amor y ternura en que mi oruga empezó a dormir en su regazo. Edward pasó una mano por la cabeza de mi niña, le acariciaba el cabello con delicadeza mientras la arrullaba.
― Le gustan tus brazos ―articulé en voz alta mis pensamientos.
Edward sonrió ampliamente. Se notaba orgulloso al saberse el favorito de mi oruga.
― Quieres acompañarme a cenar ―me invitó, esbozando una sonrisa.
Sorprendida asentí. Su galantería lograba distraerme siempre que estábamos cerca, me ponía nerviosa y los recuerdos de nosotros, de esa noche en especial se colaban en mi mente como grandes flashes.
― ¿En qué te ayudo? ―pregunté.
Negó.
― Eres mi invitada, te tocará mirar el buen chef que vive dentro de mí.
Enarqué una ceja, mirándolo dubitativa.
― Tengo que verlo ―me burlé.
Fue cómo nuestra tarde comenzó. Mi oruga quedó dormida en el sofá, cubrimos su cuerpecito con su manta favorita y Edward se encargó de forrar el piso con almohadones; había mencionado que no se perdonaría si la niña llegaba a caerse y lastimarse.
Me mantuve expectante cuando lo vi manipular con suma familiaridad cada sartén e ingredientes. Comprendí que no era solo el mejor diseñador, sino probablemente un excelente chef.
Tenía un estilo impresionante para amasar que varias veces me dejó anonadada con su manera de maniobrar en la cocina.
No podía negar que lucía sexy con su delantal alrededor de su cintura masculina y con su camisa arremangada, exponiendo sus antebrazos.
― No puedes beber vino, verdad ―llevó la botella de vino lejos de mí―. Hoy tampoco beberé licor para que ambos estemos sobrios y no cometamos locuras ―me guiñó un ojo, lo que interpreté que hacía alusión a nuestra noche cuando engendramos a mi oruga.
No pude evitar ruborizarme. Edward había hecho una broma sexual sobre nosotros, pero como mi lengua era larga me escuché respondiendo.
― No cometeré el mismo error dos veces.
La sonrisa en su boca se desvaneció.
― ¿Llamas error a mi hija?
― Por supuesto que no ―dije frontal― llamo error a estar con un desconocido. No volverá a ocurrir nunca.
Su gesto al verme fue interpretado como: ¿en serio? Me di cuenta por la forma en que me observó manteniendo la sonrisa burlona en sus labios.
Lo vi sacar la pizza del horno y el olor era meramente delicioso, para hacer agua al paladar de cualquiera.
― Nunca digas nunca ―pronunció, concentrado en cortar la pizza―. Espero te guste ―dijo―, traté de hacerla lo más saludable posible para ti.
― Gracias… ―fue un bonito detalle qué pensara en mí―. ¿Así que sabes cocinar?
― Como verás, vivo solo. Cuando no estoy en el estudio, dibujando ―sus anchos hombros se encogieron― estoy aquí preparando una receta. Me relaja mucho cocinar, pienso que si no hubiera sido diseñador es muy probable que estuviera en una buena cocina de algún restaurante.
Me quedé pensativa, mirándolo. Tenía una duda muy grande que necesitaba aclarar.
― Edward… ¿cuándo tú y yo… nos conocimos, seguías casado?
Noté cómo su entrecejo se frunció y la vena en su frente resaltó de una manera exagerada.
― Nunca me he casado ―reveló sin quitar sus ojos de los míos―. Igual comprendo tu punto y no, yo no estaba con Irina.
De alguna manera su respuesta me dio cierta paz.
Asentí. Y sintiéndome más animada me serví una pequeña porción de pizza.
― ¿Solo eso vas a comer? ―preguntó intrigado―. Nada de eso, Bella, tienes que aprender a comer bien.
Miré con horror que la rebanada de pizza que me sirvió era tres veces más grande que lo que había elegido.
― Estoy tratando de comer menos ―murmuré.
― ¿Por qué?
― Solo mírame ―respondí―. Desde el nacimiento de mi bebé no he podido recuperar mi peso.
Sus ojos no tardaron en recorrer mi figura.
Rodeó la encimera y caminó hasta mí, tomó mi mano y me dio la vuelta. Su amplia sonrisa me descolocó.
― Eres perfecta ―aludió―. No veo ni un solo defecto en tu cuerpo.
― Estoy lejos de tener el cuerpo que tenía y que conociste.
De nuevo me dio una vuelta mientras sus ojos no dejaban de recorrerme.
― Bella, diste vida hace unos meses, alimentas a una bebé. No te castigues pensando en figuras perfectas porque eso no existe, ahora eres madre y lo único que debe importarte es estar bien para Nicole y por ti.
Tomó mi mano y me llevó a la isla, donde me ayudó a sentarme en la silla alta.
― Anda, no puedes despreciar mi pizza ―dejó el plato servido frente a mí―. Además a mí gustan las mujeres que saben apreciar y disfrutar un buen bocado, dime qué te parece, ¿verdad que es deliciosa?
Mordí la pizza y mastiqué saboreando la sazón de las especies. Algo había cambiado en el ambiente y no era tonta para no reconocer la tensión que existía entre nosotros.
― Es deliciosa ―logré decir.
La sonrisa en la cara de Edward se acentuó.
― Lo sabía ―respondió fanfarrón―. Te enseñaré distintos platillos que sé preparar y tú serás quién me dé calificación, ¿está bien?
― No hablas en serio ―comenté―. No querrás que salga rodando de tu casa.
― Me gusta tu nuevo cuerpo, Bella. Las mujeres de caderas pronunciadas siempre son mi debilidad.
Tragué. Lo hice rápidamente antes de que el bocado se atorara en mi garganta y muriera asfixiada por una obstrucción de harina.
No me está coqueteando…. No me está coqueteando…
Traté de tranquilizarme cambiando de tema. Cenamos pizza mientras me contaba sobre la pasión que tenía por diseñar, todos los impedimentos que estuvieron en su camino y la forma determinante en que decidió seguir su sueño.
Conocí su estudio. Me enamoré de ese lugar enorme lleno de su esencia, había bocetos en todos lados, sabía que eran parte de su imaginación, lo que me sorprendió fue que no desconfiara de mí. Él no temía compartir lo que su mente guardaba.
Lo iba a extrañar. No verlo por cuatro días, serían una verdadera condena para mí.
― Tengo que irme ―articulé nerviosa. La tensión había crecido apabullante y si no ponía distancia, sabía que algo sucedería.
― Bien. Las llevaré de regreso al apartamento ―exhaló.
Empecé a guardar las pertenencias de mi niña en su pequeña maleta.
― Tengo que llegar a casa y ordenar un poco ―le dije―. Un amigo pasará unos días con nosotras, así que trataré de que el sofá esté limpio.
El semblante de Edward se endureció.
― ¿De qué amigo hablas?
Nicole gateó con rapidez hacia la cocina y me tocó ir detrás.
― De Jasper. Él es mi mejor amigo, vendrá de visita estos días, quizá esté alguna semana, no sé aún.
― ¿Se quedará con ustedes? ¿En el apartamento?
― Sí ―respondí normal cuando atrapé en brazos a mi bebé. Ella empezó a protestar por seguir estando en el piso, quería seguir explorando.
― ¿Por qué no me lo habías dicho? ―el tono en su voz me molestó.
― No te debo explicaciones ―rezongue, caminando hacia la salida con mi niña en brazos.
Lo escuché exhalar antes de determe. Volteé con él, enfrentando su dura mirada acusadora.
― Lo sé, solo me hubiera gustado que me dijeras antes. No sé… que me cuentes con que tipo de personas se rodea mi hija, es normal que me preocupe por ella, ¿no?
― Créeme que no soy ninguna idiota para ponerla en peligro.
― No estoy diciendo que lo seas, solo estoy en mi derecho de querer saber el tipo de personas que se acercan a mi niña. Comprendeme, como padre es necesario estar enterado del entorno de mi hija.
Bufé. No íbamos a ponernos a discutir y menos delante de mi oruga, ella por ahora devoraba con gusto su pequeño puño y eso estaba bien.
― Está bien, Edward. Te aseguro que no tienes nada de qué preocuparte. Jasper es mi mejor amigo, mi madre lo conoce y Nicole también, él estuvo desde su nacimiento así que le tiene cariño.
― ¿Desde su nacimiento? ―inquirió―. Quiere decir qué ese tipo a estado cerca de Nicole, ¿mi hija lo conoce? ¿Qué lugar ocupa en su vida?
Sonreí. ¿De verdad estaba celoso por mi hija?
― No te preocupes, Edward. Mi oruga siempre ha sabido que su padre se llama Edward, le hablaba de ti desde que estaba en mi vientre y te aseguro que ningún otro hombre ha tomado tu lugar.
Mis palabras lograron dibujar una sonrisa en sus labios.
― Me das un poco de tranquilidad ―murmuró―. ¿Y qué pasa contigo?
― ¿Conmigo?
― Sí, ¿qué tipo de relación tienes con él?
Negué.
Edward era un hombre que nunca andaba con rodeos...
El sábado no pude estar por aquí, sin embargo hice lo posible por estar hoy, lo único bueno es que nos leeremos más pronto. Les agradezco su entusiasmo y si están preguntándose quién tocó el timbre mientras Edward hablaba con su hija, era Bella. Aquí la escena empieza de esa forma.
No creí correcto que los hijos de Edward se enteraran de una forma tan abrupta que tienen una hermana, como ya dijo él, se irá a Italia y llevará a sus hijoss, es ahí donde hablará de Nicole. Ahora díganme, ¿les gustó este momento entre ambos? Ellos se están conociendo, pero ¿apoco no es adorable los celos de Edward?
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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Valeria Sinai Cullen, Rosemarie28, Lizdayanna, Diannita Robles, Dulce Carolina, mrs puff, Pepita GY, Jimena, patito feo, Isis Janet, marisolpattinson, aliceforever85, Cassandra Cantu, Ary Cullen 85, Emilia, Elena(18 y 15 años), Daniela Masen, solecitopucheta, Car Cullen Stewart Pattinson, Antonella Masen, LOQUIBELL, Jade HSos, Adriu, Marxtin, miop, Cary, Adriana Molina, Smedina, saraipineda44, Carla(aún no pongo esa parte, pero si saldrá), Sofia, Cinthyavillalobo, francicullen, lilydiazcb150, lunadimm, Lili Cullen-Swan, rociolujan, sandy56, krisr0405, cocoa blizzard, indii93, Vodkakalhua, The Vampire Goddess, Yoliki, Noriitha, y comentarios Guest
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