Gracias a Li por su lectura previa.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 23

― No puedes ocultar tu emoción.

Levanté la vista del boceto terminado y miré fijamente los ojos cafés de Bella, le sonreí pretencioso tirando de su cintura para que se sentara en mi regazo.

Se había convertido en mi hábito favorito de tenerla conmigo mientras trabajábamos en la presentación de la nueva colección.

― ¿Por qué no debería de estarlo? Estoy con una mujer preciosa; mis hijos están conviviendo con su pequeña hermana, estoy por inaugurar un nuevo taller que me facilitará trabajar con mayor ventaja y, la nueva colección de este año está por ser presentada. ¿No te parece maravilloso?

Sus suaves dedos se deslizaban por mi frente.

― Me gusta verte feliz.

― Tú me haces feliz cariño ―aseguré―. Eres parte fundamental de mi buen humor, eres increíble, Bella.

― No dices lo mismo cuando estás estresado.

Rio. Una de mis manos estaba encima de sus muslos y suavemente la deslicé bajo su falda.

― Tal vez soy gruñón por naturaleza ―musité, enterrando mi boca en su cuello, saboreando su piel.

― ¡Ay no! ―exclamó Kate al interrumpirnos―. Por favor, Cullen, quita tus manos de las diseñadoras y déjalas trabajar ―tiró de la mano de Bella, arrancándola de mi lado―. Vamos, señorita Swan, necesito ver tus bocetos, son para hoy, nena.

― Los diseños están terminados ―respondió Bella.

― Vamos, muestramelos ―Kate la instó.

Bella volteó y me sopló un beso, ―le sonreí como idiota y seguí su contoneo de caderas mientras continuaba su camino apresurado junto a Kate.

Exhalé.

La colección estaba a horas de ser presentada y en mi vida me había sentido tan ansioso como en estos días, era tanta mi euforia que la pelota antiestres no estaba dando resultados para controlarme.

Sentía que todo era un caos en la oficina y solo Bella era mi puerto seguro para sentirme en paz. ¿Por qué Kate no comprendía mis razones? No, ella siempre terminaba alejándola de mí.

― Señor Cullen ―Ángela ingresó con una caja en sus manos, sonreí de inmediato al ver el logotipo de Bluebonnet― su pedido está listo.

Me incorporé y presuroso tomé la caja. La abrí con más ansiedad de la que debería y, al remover el elegante papel que cubría el pequeño calzado, descubrí las más hermosas zapatillas.

Eran color rosa, fabricadas en un material de gamuza con cristales swarovski en la punta que asemejaba una mariposa y los lazos del mismo color eran capaces de sujetar el tobillo, eran el calzado más hermoso que había diseñado.

― Son divinos ―comentó Ángela.

― Lo son ―acepté―, solo espero que a Nicole no le haya crecido el pie.

Ángela me vio con demasiada preocupación.

― Es broma ―le dije― se los mandé diseñar un poco más grandes.

No comprendí si había dicho algo mal o traía algo en la cara porque la mirada de Ángela seguía siendo extraña.

― Nunca le había escuchado bromear ―expresó― es raro, aunque divertido.

― ¿He sido muy amargado?

Ángela se cubrió la boca. Su rostro se había tornado de rojo bermellón y cubría hasta su cuello.

― No amargado, solo demasiado estricto, raras veces intercambia palabras con los chicos y ahora usted es… distinto, incluso luce más joven.

Llevé las manos a mis bolsillos del pantalón y me quedé pensativo.

Obvio era un hombre estricto. No podía negar que me exigía demasiado porque siempre supe lo que quería hacer, amaba diseñar y para ello debía tener retos, uno de ellos era ser firme en mi carácter, no podía ponerme por igual que los subordinados, no cuando mi convicción siempre habían sido de excelencia.

Sin embargo, tampoco quería ser percibido como un ser amargado y que nadie pudiera confiar en mí o hablar con libertad. Ellos podrían necesitar algo y nunca decirme por temor al rechazo. Y no, no estaba dispuesto a qué hubiera una barrera tan marcada en la oficina, no de esa manera, nunca lo quise así, sino con respeto.

― ¿Todos irán a la presentación? ―pregunté.

Ángela mantenía el ceño fruncido.

― Vamos a trabajar un horario regular, no creo que les dé tiempo para prepararse para el evento.

― Están invitados ¿no? ―quise saber.

― Sí claro, toda la oficina está invitada.

― Podría darles el día libre ―susurré― así no trabajamos mañana y todos podrán asistir.

― ¿Quiere que vayan todos? ―Indagó, luciendo dudosa―. Sería perder un día de trabajo.

Pasé una mano por mi pelo, tratando de domarlo y que tuviera menos volumen. Por el reflejo del cristal supe que no lo conseguí. Mi pelo lucía exactamente igual de despeinado.

― Pertenecen a Bluebonnet y es una presentación importante ―argumenté― me gustaría que estuvieran ahí y también asistieran a la fiesta que se ofrecerá después.

Ángela me sonrió alegremente. Empujó el armazón de sus anteojos y me miró.

― Iré a decirles que mañana tenemos día libre y que podemos llegar tarde el siguiente ―salió corriendo.

Abrí la boca y levanté la mano. Jamás había dicho que al siguiente día podían llegar tarde.

Sacudí la cabeza.

Mi felicidad se arruinó al ver a Irina entrar.

― ¿Nervioso? ―inquirió, acercándose y acomodando mi corbata.

― Para nada ―mentí, dando un paso hacia atrás y volviendo a mi escritorio―. ¿Qué se te ofrece?

Mi tono de voz continuó siendo respetuoso, pero cortante. No quería más su presencia en la empresa y odiaba que ella fuera la modelo porque tenía que soportar sus ínfulas de superioridad.

Seguí su mirada y vi que miraba fijamente los zapatos de Nicole, por supuesto que no se atrevió a tocarlos.

― No me parece que obligues a mi hija a convivir con quien ella no quiere.

― Elina es libre de elegir ―mascullé― tiene todo el derecho de pasar tiempo con su hermana.

Levantó el mentón, mirándome como si no valiera nada.

― La estás obligando a convivir con tu querida.

― Bella no es mi querida, es mi novia ―le corregí―. Así que Elina está conociendo y tratando a mi novia, lo cual es normal.

― ¿Por qué? Explícame qué tiene esa mujer para que ahora parezcas un adolescente caliente detrás de ella.

Exhalé, soltando más que el aliento dejé escapar un improperio y me incorporé.

― Una de las grandes ventajas de que terminé el lanzamiento de la nueva colección es que no te veré más por aquí ―expliqué― buena tarde, Irina.

Caminé hacia la salida dispuesto a poner distancia y no respirar el mismo aire que ella. Tomé la manija de la puerta.

― Elina nunca tuvo el privilegio de tener nada hecho por ti.

Volteé hacia ella y no soporté su mirada cargada de resentimiento. Era una hipócrita, falsa.

― No. Porque te recuerdo que nunca quisiste que le diseñara nada, para ti era mejor que Elina luciera zapatos de otros diseñadores, de los más prestigiosos en vez de un aprendiz con aspiraciones.

― Tal vez si me mostrabas tus diseños, algo podía gustarme.

Me reí. A estas alturas no era novedad que Irina me provocara risa.

― Irina, mejor no digas nada, porque estás quedando en ridículo y sé cuánto detestas quedar así ―señalé fuera de la puerta― necesito estar solo.

Anduvo con su caminar lento y preciso y sin bajar la mirada.

― Mucha suerte querido.

Cerré la puerta tras ella, apenas salió. Necesitaba estar solo.

.

.

En la tarde siguiente mis nervios seguían más presentes que nunca haciendo estragos en mi humor. Bella preparó un té de manzanilla para que pudiera relajarme, pero no funcionó.

― ¿Renée asistirá? ―pregunté.

Bella apretó los labios mientras sacudía la cabeza. Se veía hermosa enfundada en ese vestido negro, le abrazaba de manera sensual su figura.

― No. Mi madre es un poco torpe para asistir a eventos así

― Pero no estará sola, estarás con ella.

Sus dedos sacudieron la posible pelusa de las solapas de mi traje oscuro.

― En realidad anda un poco seria ―confesó― cree que un día no volveré a casa y me quedaré a vivir contigo.

― Por mí, encantado.

Bella suspiró. Era hermosa viéndose con el ceño fruncido y mordiéndose los labios.

― No me atrevería a dejarla sola. Mamá ha estado siempre acompañándome, no podría simplemente dejarla.

Llevé mis dedos bajo su mentón y suavemente levanté su rostro.

― Algún día sucederá, cariño. Llegará el día que quiera que vivas conmigo, siendo honesto me gustaría que tú y Nicole se muden conmigo lo antes posible.

― Estás loco, es demasiado prematuro. No podemos hacerlo.

― ¿Por qué?

Besó mis labios.

― Porque no podemos avanzar de esa manera.

― ¿Si te lo pido con un anillo? ―La idea de poner un anillo de compromiso en su dedo corazón no era tan descabellada como siempre imaginé.

El semblante de Bella cambió por completo y parecía aterrada.

― Nada ―negó rápidamente― no vamos a adelantarnos a nada, señor Cullen.

Abroché las mancuernillas.

En eso miré que Nicole gateaba hacia nosotros, había entrado a mi habitación y balbuecaba feliz por vernos.

Recordé las zapatillas que seguían guardadas en su caja. Caminé hacia el buró y saqué el hermoso calzado que hacía juego con el vestido que usaba mi bebé.

― ¿Te gustan los zapatos? ―pregunté mientras se los calzaba en el precioso pie de mi hija.

Nicole puso atención y frunció el rostro mirándose los pies.

― Oh, papá, son tan bellos ―aludió Elina cuando entró―. ¿Ya viste las zapatillas, Bella?

Entre ellas la confianza iba creciendo, empezaba a ver normal que sus risas fueran causa de sus conversaciones.

Me centré en Bella, distinguí como su mieada se cristalizó.

― Era tu sorpresa, ¿verdad?

Asentí y rodeé su cuerpo cuando se echó a mis brazos. Suspiré hondo y me regocije en tenerla cerca.

― Es un diseño exclusivo ―comenté.

Mi bebé señaló sus zapatos mientras hacía un gracioso puchero y empezaba a mover sus pies regordetes.

Elina la cargó, llenó de besos sus mejillas y de nuevo la puso en el piso. Nicole sentada de un manotazo arrancó el lazo que adornaba su escasa melena cobriza, luego observó sus pies y siguió observando sus zapatos.

― Mamá ―balbuceó― no.

Sacudió la cabeza, negándose a traer zapatos.

Bella se acuclilló y de nuevo puso el lazo con la enorme flor en la cabeza de Nicole, la cargó y se puso de pie, anclandola en la cadera.

Mi bebé empezó de nuevo a tirar del lazo. La comprendía era demasiado grande para su cabeza.

― Gracias, Edward, por este hermoso regalo ―dijo Bella.

La abracé nuevamente. Teníamos que llegar al evento antes de que Nicole terminara desvestida.

Pasé un brazo por los hombros de Elina y dejé un beso en su cabeza.

Nos esperaba una gran noche.

Y confiaba que todo saldría como había imaginado, nada podría salir mal ¿o si?...


Hola, espero que el capítulo sea de su agrado. Irina insiste en enfadar a Edward, lo sé, pero no teman. ¿qué les parece que la oruga no quiere lazos?

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