Gracias a Li por su lectura previa.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 25
No pude tranquilizarla como debía. Bella se alteró al verme estacionar en el hospital y casi arrancó la puerta para salir corriendo.
Me hice cargo de Nicole. Y cuando entré en la sala de urgencias, me guiaron hacia una habitación donde Renée reposaba, ahí Bella la acompañaba.
― Buenas noches, Renée.
Ella volteó hacia mí y me sonrió, alargando los brazos para Nicole. Al verla tan tranquila, fui capaz de aseverar que Renée estaba en perfecto estado, tan solo acostada en la camilla y luciendo muy normal, sin embargo sabía que no era así.
― Quiero irme ―mencionó, sacando los pies fuera de la sábana― no estoy enferma y no tengo nada. Además, la renta de esta camilla me saldrá por las nubes.
Bella impidió que se levantara y la arropó nuevamente. Sabía que tendría que lidiar con la terquedad de su madre. Renée no era una mujer frágil, no estaba acostumbrada a verse vulnerable y una camilla de hospital la hacía lucir exactamente como lo que no estaba de acuerdo.
― Mamá, por favor. Tu presión está descontrolada y no te darán el alta hasta no regularla.
― Tonterías ―espetó Renée―. No tengo ningún síntoma de presión alta, así que estoy bien. Vámonos.
Bella volteó hacia mí e hizo una mueca.
Se acercó, arrinconándome con su menudo cuerpo.
― No es la primera vez que le pasa ―murmuró visiblemente angustiada―. Dicen sus compañeras que su presión arterial siempre está elevada y ha perdido el equilibrio a causa de ello. Lo que me preocupa es que no quiere aceptarlo y tampoco desea mi ayuda.
Me incliné dejando un rápido beso en sus labios.
― Tienes que entender que tu madre no está acostumbrada a los cuidados ―articulé mientras deslizaba mis nudillos en su mandíbula―. No digo que la abandones o no mires por ella, porque debes hacerlo. Solo intenta buscar una manera distinta, un modo donde Renée no se sienta siendo una carga.
― Escuché mi nombre ―murmuró mi suegra.
Lo que me hizo sonreír. Tenía razón lo que pensaba, ella era una mujer fuerte y debía seguir siendo tratada como tal.
― Soy yo ―respondí, asomándome. Sonreí ampliamente, tampoco era como si ella no pudiera verme por mi gran altura que sobresalía ante su hija―. Quizás pienses que soy un atrevido, Renée ―me dispuse a estar frente a su camilla―. Le digo a Bella que ojalá te recuperes para puedas seguir cuidando de Nicole. Tengo planes para los próximos meses y solo confío en ti para cuidarla.
― Sabes que soy un roble.
― Lo sé, también es un hecho que los árboles mueren de pie y muchas veces los robles los mata un hongo cuando los carcome por dentro ―cuadré los hombros cuando Bella frunció el entrecejo―. Renée, seamos razonables, no somos ningunos robles, somos los seres más débiles del planeta y aún así los que más tareas tenemos, tu tarea es cuidar a mis chicas, lo haces bien, no me quejo. Ahora me gustaría que hagas lo posible por cuidarte y así poder confiarte a Nicole. ¿Crees qué puedas hacerlo?
Renée torció los ojos y empezó a jugar con la costura de la sábana.
― No me vengas a decir qué hacer ―protestó.
― Mamá ―intervino Bella― yo solo confío en tus cuidados para mi oruga, pero si sigues vacilando con tu presión arterial, no podré dejarla contigo.
― ¿Quién la cuidara? ―Indagó Renée un poco alterada―. Mi niña está acostumbrada a mi comida y cuidados.
― Por la mañana irá a una guardería infantil ―le explicó Bella mientras pasaba los dedos por el cabello rubio de su madre―. Seleccioné mi horario laboral, para que pueda ser cuidada en ese lugar, es personal profesional, mamá. Estoy segura que mi oruga estará bien.
― De ninguna manera ―gruñó―. No puedes dejar a la niña con desconocidos, ella sufrirá, no los conoce ni ellos tampoco conocen sus manías como lo hago yo.
― Entonces, ¿qué propones? ―pregunté.
Renée suspiró derrotada.
― ¿Qué tengo qué hacer para salir de este lugar? ―murmuró.
Bella me miró con una amplia sonrisa. Habíamos logrado que al menos Renée se interesara en salir del hospital.
Nicole insistió estar en brazos de su abuela y no estuvo conforme hasta que Renée la tuvo dormida en su costado.
― No quiero que te preocupes, Bella. Sé que no hay nadie más que se quede con tu madre, así que yo puedo encargarme de Nicole, la llevaré a casa y mañana tómate el día para que estés con Renée.
― ¿Crees qué esté bien? Nunca he dormido lejos de mi oruga.
La envolví en mis brazos con fuerza, besé sus cabellos y quise confortar su angustia. Me di cuenta que su piel estaba fría.
― Todo estará bien ―prometí― no soy ningún desconocido para nuestra hija.
― Tengo que quedarme con mamá, hacerla entender.
Me alejé de ella y removí mi saco, pasándolo por sus hombros, la abracé nuevamente y froté suavemente su espalda para darle calor corpóreo.
― Nena, voy a cuidar a Nicole, lo prometo. No te preocupes por ella, solo encárgate de tu madre.
― ¿Me llamarás si está inquieta o llora? Quizá yo pueda ayudarte.
― Lo haré. Aunque créeme que no será necesario, tengo experiencia, nena.
Bella elevó su mirada. Había confianza y ternura en sus ojos marrones.
Confiado, deslicé mi pulgar en su mentón, sintiendo bajo mis dedos su suave piel.
Todo fuese distinto si Bella y Nicole vivieran conmigo, habría espacio para Renée, sin necesidad de que mi suegra tuviera que esforzarse tanto en trabajar.
.
Al llegar a casa, mis ideas y planes de que Nicole estaría profundamente dormida y yo seguiría en mis diseños, se desvanecieron porque mi hija estaba más despierta que nunca, gateando por toda la habitación.
La cuna en la esquina seguía completamente ordenada.
Aunque había hecho lo propio para su comodidad. Y ahora tenía un pañal limpio, la vestí con su pijama de princesas y le di biberón, se veía tranquila, sin embargo se negaba a descansar.
― Nicole, si no duermes, será difícil levantarnos mañana para ir a la oficina.
Mi niña siguió jugando con su muñeca de trapo. La abrazó y la mantuvo con ella, balbuceando.
Suspiré resignado. Tendríamos una noche muy larga.
Me senté en el piso. Tan solo observando, su energía parecía inagotable.
El celular de Bluebonnet empezó a sonar. Tomé el aparato y miré el nombre de Kate, ―negué con la cabeza. No era hora para hablar nada relacionado al trabajo.
Lo apagué y lo lancé de nuevo hacia la cama. Neceistaba centrarme únicamente en mi bebé.
― Papá… ―Nicole habló. Arrastró su muñeca con ella y gateó rápidamente a mi lado.
La vi ponerse de pie mientras se sostenía del edredón y dejó su muñeca en mis manos.
Ladeó la cabeza, me sonreía haciendo gorgoreos.
Entonces, comprendí que estaba pidiendo que arrullara la muñeca.
Hice lo que me pidió. Arrullé la muñeca en mis brazos, jugué todo el tiempo cuanto quiso, también usamos los juguetes con sonidos y luces. Ordenamos cada muñeca en el piso, las sentamos para la hora del té.
Disfruté el tiempo con mi bebé hasta que se quedó dormida en mis brazos.
.
Fue una proeza darle una ducha, vestir y alimentar a Nicole. Ni hablar de preparar su pequeña maleta con lo necesario para ella.
Llegué tarde a la oficina y jamás había sido recibido con una exclamación de ternura, todos se acercaron a rodearme, en especial el gremio femenino que estaban encantadas con mi bebé. La cargaron, pasó de brazos en brazos y la llenaron de mimos. Todo parecía ir bien hasta que les dije que debíamos empezar a trabajar.
Me seguí haciendo cargo de Nicole. Fue difícil concentrarme, porque mi niña era más importante que estar revisando bocetos.
Me dediqué a ponerle atención, a seguir sus andanzas entre los juguetes que había decidido traer para su entretenimiento. Pero no, para Nicole no eran suficiente llamativos los juguetes, para ella era mejor conocer las macetas, jugar con la tierra, curiosear en los ventanales y empujar las sillas.
Le quité los ojos de encima tan solo un segundo mientras miraba a la puerta.
― ¿Qué es todo esto? ―James preguntó mientras se hacía paso entre los juguetes esparcidos en la oficina―. ¿Acaso pondrás una juguetería?
― No sería mal idea ―mencioné― creo que mi verdadera vocación es diseñar juguetes infantiles.
James alzó las cejas. Por su forma de mirarme intuí que no entendió mi sarcasmo.
― Estoy cuidando a mi bebé ―añadí, sentándome en el borde del escritorio.
Su sonrisa burlona se cubrió de ternura al ver a Nicole gatear a su encuentro. Él había caído rendido ante mi niña; lo descubrí, cuando lo vi ponerse de rodillas en el piso y abrir los brazos para arroparla.
― Papá…
James soltó una estruendosa carcajada al escuchar con claridad a Nicole llamarlo papá.
― Ven aquí, preciosa ―le dijo, abrazándola y besando la cabellera color zanahoria ―. Ven con papá.
― Ni te emociones ―comenté―. Para Nicole cada hombre es papá.
― ¿Y es normal? ―Indagó, mirándome―. ¿No crecerá confundida creyendo que tiene miles de padres?
― No seas idiota. Es solo una bebé, apenas se está enseñando a hablar, no se pondrá a llamarte por tu nombre.
― No me culpes, no sé nada de bebés ni sus costumbres. ―Se incorporó dejando nuevamente a Nicole en el suelo―. ¿Cuál es la razón para estarla cuidando en la oficina?
Exhalé hondo. Estaba por explicarle, cuando quedé hipnotizado con mi niña. Nicole tenía las pequeñas manos apoyadas en el piso, lentamente se enderezó quedándose de pie y sin ayuda de nadie.
Sus ojitos tenían un brillo desafiante, lentamente movió un pie hacia enfrente de ella y con determinación dio tres pasos tambaleantes.
Abrí la boca. No sabía si gritar de emoción o ir a su encuentro.
Opté por lo segundo. Caminé hacia mi niña y le extendí los brazos.
― Nicole… ―la llamé suavemente, infundiendo valor en mis palabras, susurré―: da otro paso. Ven conmigo, pequeña oruga.
Empecé a percibir el temor porque su menudo cuerpo se tambaleaba. Ella iba a caer y se lastimaría con la cortadora de papel.
Por mi perfiriferia vi que James se tensó poniéndose en guardia para atraparla.
― Ven, oruga ―insistí.
Nicole dio tres pasos más, se detuvo y rio nerviosa, vio directamente mis ojos y se animó a dar otros pasitos tambaleantes hasta que llegó a mis brazos.
La abracé fuertemente mientras reía.
Había logrado caminar, ella lo hizo solita y sin ayuda.
― ¿Viste lo que hizo? ―pregunté a James.
― ¡Acaba de caminar! Lo hizo frente a mis ojos y fue jodidamente angustiante, mira mis manos están sudorosas.
― Tengo que contarle a Bella ―dije― tengo qué hacerlo.
― Sí, pero antes dime ¿por qué no está ella aquí?
― Renée está hospitalizada, su presión arterial no ha podido ser controlada y Bella debe estar con ella ―expliqué torpemente, seguía sintiéndome eufórico―. No tenemos quién cuide de Nicole, así que decidí que me haría cargo, serán solo unos días.
Nicole salió de mis brazos. Mi bebé quería seguir caminando por sí sola.
Esta vez fue más fácil. James se puso al otro extremo y la empezó a llamar hasta que mi bebé imitó los mismos pasos hacia él.
― ¡Ya camina! ―James gritó.
― Señores, dejen de jugar ―Kate entró sin anunciarse, luciendo visiblemente alterada, cerró de golpe la puerta provocando un fuerte ruido que asustó a mi niña quien se refugió en James.
― ¿Qué te pasa? ―mascullé―. Acabas de asustar a Nicole.
Kate apenas esbozó una sonrisa breve en una disculpa hacia mi hija, volviéndose a centrar en mis ojos. De nuevo su semblante alterado seguía estando en ella.
― ¿Por qué demonios no respondes las llamadas, Cullen? Tenemos un problema; anoche intenté comunicarme contigo para hablarlo.
Pasé una mano por mi pelo, al tiempo que encogí mis hombros. Era consciente de que la había ignorado.
― Primero cálmate ―pedí―. Estás demasiado agitada.
― Y no es para menos ―contradijo―. Nos están acusando de plagio, gracias a uno de los diseños de Bella Swan
― ¿Qué dices? ―gruñí.
― Nos viene una maldita demanda ―masculló― y todo gracias a tu novia.
― ¿Acaso antes no deben pasar por un proceso de revisión? ―interrogó James―. Es lo que toda compañía hace para evitar problemas.
Kate lo fulminó con la mirada en ese instante.
― Cullen no quiso que los modelos de Bella se revisaran ―farfulló Kate cruzándose de brazos.
― Bella es incapaz de robar ideas de otros ―exhalé.
Debía haber un maldito error, yo era capaz de meter las manos al fuego por ella…
Hola. Disculpen la demora, pero ustedes saben que la vida a veces se complica. Ojalá y el capítulo les guste, estamos llegando al final, ya casi.
Les agradezco todo su entusiasmo.
Les invito al grupo de Facebook para que aprecien la nueva edit que Li nos hizo de Edward y la oruga*
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior, saludos a cada quien: Rosemarie28, miop, lunadimm(saludos), Pepita GY, Gabby352, marisolpattinson, Isabella Salvatore R, Lily Pattinson Stewart, Torrespera172(gracias por tu esfuerzo en leer), Cary, Diannita Robles, Flor McCarty-Cullen, Verónica, Noriitha, Ary Cullen 85, Smedina, Antonella Masen, Jimena, ALBANIDIA, LOQUIBELL, Car Cullen Stewart Pattinson, Lili Cullen-Swan, Mabelli Masen Grey, Cassandra Cantu, sandy56, Dulce Carolina, Daniela Masen, The Vampire Goddess, solecitopucheta, mrs puff, patito feo, rociolujan, indii93, BereB, Marxtin, Krisr0405, Marxtin, Adriu, Lizdayanna, Verónica, AleCullen, saraipineda44, y comentarios Guest
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