Gracias a Li por su lectura previa.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 29
Salí de la habitación con Bella siguiendo mis pasos. La terraza se había convertido en nuestro lugar favorito de cada mañana; teníamos el tiempo necesario para lucir nuestros mejores atuendos: pijamas y pantuflas.
Apoyé los antebrazos en el barandal.
Suspiré hondo y exhalé lentamente.
Mis ojos apreciaban la belleza del paisaje alpino. El lago de Como.
Italia tenía algo especial y siempre lograba que terminara enamorado de su arquitectura y paisajes.
Juraba que se podía respirar paz.
― Señor Cullen ―sonreí al escuchar a Bella― su taza de café.
Sin quitar la sonrisa de mis labios, miré a la hermosa mujer a mi lado y acepté gustoso la taza humeante, aferrando mi brazo libre a su cintura.
― Gracias preciosa ―besé fugazmente sus labios y apreté su cuerpo a mi costado, me gustaba sentir su calidez.
Me reconfortaba apretarla con cariño y que sus ojos se ampliaran ante la sorpresa.
Escuché su suspiro.
― Del tiempo que llevamos aquí ―susurró, acurrucándose en mí― he pensado mucho en el susto que llevamos.
Tomé un sorbo del líquido caliente.
Teníamos tres semanas en Italia. Tres placenteras semanas. Donde nos habíamos enterado que Heidi Vulturi se disculpó públicamente. Irina no tuvo nada que ver con los bocetos y el verdadero autor intelectual estaba desaparecido, quizá Jasper tenía la cabeza metida bajo un balde de estiércol.
Realmente ellos no importaban. Nosotros estábamos pasando las mejores vacaciones de nuestras vidas, estábamos más conectados que nunca conociéndonos a conciencia y no solo en cuerpo, pero debíamos volver a nuestras obligaciones, además estaba el cumpleaños de Nicole, todo estaba organizado para llevarse a cabo el fin de semana.
― ¿Cuál es tu decisión? ―quise saber.
Bella apretó sus labios, sin dejar de mirarme fijamente.
― No quiero más hijos ―confesó―. Tal vez mi maternidad en un principio fue traumática, ya sabes, me llené de inseguridades y luego estaba lo de tu ex ―mordió sus labios―. Estoy tratando de ser una mejor madre y no es fácil superar a la gran madre que es Renée, tengo un reto muy grande por delante. Sin embargo, estoy dando lo mejor de mí. Considero firmemente que no se trata de llenarnos de hijos, sino ofrecer lo mejor para que ese hijo crezca feliz. Y yo he decidido que quiero ser la mejor para mi oruga, no puedo permitirme ser egoísta teniendo hijos sabiendo que terminaran con una nana, con mi madre o en una guardería, no es justo hacerle eso a una criatura que no pidió nacer. Pero también, no sé qué opinas tú.
Ahí estaba mi Bella. La mujer parlanchina que no callaba nunca su punto de vista, que no se reservaba nada y que siempre pensaba en los demás antes que en ella misma.
Era inteligente, enojona, posiblemente contestona, aunque siempre con los pies bien puestos para elegir decisiones.
¿Qué podía decirle?
― Apoyo tu punto de vista, nena. Eres muy joven para pensar en más hijos ―bebí otro sorbo de café.
― ¿Quieres más hijos? ―preguntó directamente mirando mis ojos.
Estreché la mirada.
― Yo quiero lo que tú quieras ―respondí―. No negaré que me dio felicidad el saberte embarazada, después pensé en ti, en lo joven que eres y lo mucho que te falta por conocer el mundo.
Le di un beso en la frente.
― Quiero que viajemos en familia ―dije― sin embargo, también quiero viajar a solas contigo. Necesito tener nuestro tiempo en pareja ―pegó un grito cuando la acerqué con fuerza a mi cuerpo― disfrutar juntos. Quiero enseñarte el arte del diseño, que te enamores y conozcas a fondo todo lo hermoso que podemos crear juntos. Quiero todo, Bella.
― Entonces, ¿ya no quieres más hijos?
― Mmm… ―olisquee su cuello antes de besar su piel― tengo tres hijos, Bella. Elina está en su época rebelde, Christopher está en busqueda de su independencia y Nicole es una pequeña que empieza a descubrir su entorno, ellos completan mi lado paternal.
― ¿Crees que sea buena idea realizarme una cirugía para no tener bebés?
― Espera… tienes veinticinco años, Bella. No quiero que te sometas a nada de procedimientos, no quiero que tomes decisiones precipitadas. Por lo pronto estamos bien con las píldoras, no necesitamos nada más.
Hizo un puchero.
― Las pastillas me tienen con sobrepeso y no quiero seguir tomándolas.
Posé una mano por la redondez de su trasero, apretando su carne.
― Eres perfecta, Bella. Tienes curvas donde deben estar y eso me vuelve loco.
― Ante tus ojos soy perfecta, siempre me lo haces saber, aunque ande despeinada.
De hecho su melena parecía una graciosa maraña de algas marrones.
― Eres la mujer más hermosa.
Arrugó su pequeña nariz.
― ¿Qué método quieres usar? Podría decirte que la vasectomía es perfecta para mí, solo que prefiero esperar a lo que tú decidas.
― He pensado que el DIU es un buen método. Me gustaría probar con él antes de tomar la decisión definitiva de una vasectomía ―una de sus manos se deslizó sutilmente hacia mis testículos, los frotó y su sonrisa fue traviesa.
― Está bien nena, esperemos ―me estremecí.
Arrastró sus dedos por mi polla y ascendió con suavidad sus manos por mis hombros hasta que acunó mi cara. Le sonreí, perdiéndome en sus ojos marrones.
No podía creer que unos meses atrás estaba discutiendo con ella en la oficina y hoy estábamos pasando una luna de miel adelantada.
― Hoy no quiero salir ―frunció los labios― quiero quedarme en la cama todo el día.
Enarqué las cejas. Era una buena invitación y no podía negarme.
Bella sonrió y empujó mi cabeza hacia su rostro buscando mis labios y besándome con rudeza, quería tener el mando.
Le correspondí de la misma forma. Degustando sus labios con sabor a frappuccino, mi taza de café se derramó y torpemente la dejé en la pequeña mesa.
Me concentré en mi mujer. Afiance su trasero cuando envolvió sus piernas en mi cadera.
― Qué… ―besé su cuello― ¿qué quieres hacer?
― Solo estar contigo, abrazados sin pensar en nada. No trabajo. No nada. Solo tú, yo… y la oruga,
Volví sobre mis pasos, caminando con ella hacia la puerta.
Con Bella siempre era de la misma forma. Espontaneidad.
No valía hacer planes, tampoco funcionaba un itinerario de viaje. Si mi Bella quería quedarse en cama ¿quién era yo para llevarle la contraria?
Caímos sobre la blandura de la cama y empezamos a reír mientras me acomodaba entre sus piernas. No pretendíamos hacer ningún ruido para no despertar a Nicole que seguía durmiendo en la cuna.
Nuestra niña estaba creciendo a pasos agigantados. Ahora dormía sin protestar en una cuna, sin importar qué no fuera la de ella, mientras estuviera su manta y muñeca favorita. Mi bebé estaba feliz.
Lo que se estaba complicando era destetar. Nicole seguía llorando y no dormía hasta que lograba tener de nuevo el pecho de su madre pegado a su boca.
No sabíamos hasta cuándo dejaría por completo el pecho. Había días que parecía se olvidaba y se quedaba dormida abrazada a su muñeca, sin embargo existían otros días que de nuevo volvía a pedir leche y lloraba desconsolada por no tenerla.
Sabíamos que era cuestión de tiempo. Por lo pronto Bella estaba disfrutando quizás estos últimos días que tendría a Nicole alimentándose de ella.
Removí dulcemente los mechones marrones que se quedaron en su rostro. Disfruté ver su cara libre de maquillaje y deslicé lentamente mis dedos en sus labios rosas.
Ella abrió la boca y mordió mi índice haciéndome reír.
― Te atrapé ―susurró, reteniendo mi dedo entre sus dientes― ahora eres mío señor Cullen.
Sonreí ampliamente. Podría jurar que la emoción que me hacía sentir se apreciaba en mis ojos.
Tenía el poder de hacer vibrar mi piel con el sonido de su voz. Su sonrisa alegre me llenaba de vida y sus ocurrencias me transportaban a otra dimensión. Bella me había cambiado la vida, ella sin pretensiones y con su naturalidad me conquistó.
No había otra manera de llamarlo. Estaba enamorado de ella.
― Te amo, Bella ―pronuncié por primera vez.
Bella soltó lentamente mi dedo dejando entreabiertos sus labios. Se ruborizó, sus mejillas se encendieron y sus ojos se llenaron de lágrimas.
― ¿Qué pasa? ―pregunté alarmado.
Fruncí el entrecejo cuando capturé con la punta de mi dedo una de sus lágrimas. ¿Por qué lloraba?
― Pensé que nunca me lo dirías ―musitó―, yo te he amado desde aquella primera vez ―confesó― no solo te entregué mi cuerpo sino mi corazón entero, te amo, Edward.
Exhalé.
Sus brazos tiraron de mis hombros, acercándome. Temía lastimarla con el peso de mi cuerpo, sin embargo, sus manos seguían tirando de mí, me envolvió fuertemente entre sus brazos y empezó a llorar.
Mi chica sentimental. Besé su frente y empecé a repartir besos ruidosos en todo su rostro hasta que sus lagrimas se volvieron risas.
― Te amo, te amo, te amo, Bella.
Ella suspiró hondamente.
Había planes. Muchos.
Quería pulir la creatividad de Bella. Darle técnicas sobre el diseño y que algún día no muy lejano ella pudiera tomar las riendas de Bluebonnet.
Porque sí. Quería un futuro con Bella.
Quería que llevara un anillo de compromiso, quería una boda, un papel firmado donde ella obtendría mi apellido. Quería pertenecerle de todas las formas posibles.
Y estaba dispuesto a esperar a que ella estuviera lista…
Fin.
Así llegamos al fin. Espero con todo mi corazón que haya sido de su agrado, nos leemos muy pronto con el epílogo.
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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Antonella Masen, miop, Adriana Molina, Mapi13, Dulce Carolina, Carla(si, ella sigue dando pecho), Flor McCarty-Cullen, Daniela Masen, mrs puff, Valeria Sinai Cullen, Ary Cullen 85, Cassandra Cantu, marisolpattinson, Cary, Car Cullen Stewart Pattinson, ALBANIDIA, Rosemarie28, LOQUIBELL, Adriu, Verónica, Noriitha, solecitopucheta, Lore562, saraipineda44, BereB, rociolujan, Lili Cullen-Swan, The Vampire Goddess, indii93, Diannita Robles, Krisr0405, sandy56, comentarios Guest
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