N-A: Aquí está un nuevo capítulo de esta historia que tenía totalmente abandonada. Espero que sea de su agrado. Un enorme gracias a todos los lectores que dejaron sus follows, Favs y reviews. Ustedes son maravillosos.
Les mando saludos a todos y les deseo salud y abundancia en sus vidas.
Fin de N-A.
Título: Cielo Mágico.
Emparejamientos: 69 x Fem 27 x 18.
Género: Humor / Amistad / Familia / Drama.
Historia Crossover: Katekyo Hitman Reborn! and Harry Potter.
Resumen.
UA: Uno pensaría que la extraña suerte Potter solo era exclusiva de éstos últimos. Hermione Granger descubriría lo contrario, al renacer en un mundo loco lleno de mafiosos y llamas del color del arcoíris..
¡Fem Tsuna!, ¡Hermione renace como Tsunahime Sawada!
Disclaimer: Harry Potter y Katekyo Hitman Reborn! no me pertenecen, son propiedad de sus respectivos creadores.
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Capítulo I.
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La castaña se hallaba recostada en su cuna sumida en sus pensamientos, a la vez que abrazaba un adorable león de peluche que le había comprado su padre. Sawada Tsunahime era su nombre actual en esta nueva vida en el país de Japón. Por lo menos, tenía una buena madre, aunque de su padre, no sabía que pensar. El hombre solamente se había quedado dos semanas después de su nacimiento, y luego de ese tiempo se había ido por trabajo al extranjero.
Tsunahime suspiró. era realmente molesto no poder hacer las cosas por si misma, y aún peor, el tener que ser amamantada por su madre y pasar por los cambios de pañal diarios. ¡Qué vergonzoso!, otra cosa que también la irritaba era el poco control que tenía sobre sus emociones, cuando le ganaba mucho la nostalgia al recordar su anterior vida se echaba a llorar, preocupando a su pobre madre que dejaba de lado todo lo que estuviese haciendo en ese momento únicamente para calmarla al no poder saber que le ocurría.
Sawada Nana era una buena mujer y una dulce y cariñosa madre que se esforzaba por bañarla de mucho amor y cuidados. Ella compensaba muy bien la ausencia de Sawada Iemitsu, su ahora padre, el cual se notaba que carecía mucho del conocimiento de como cuidar de un bebé. Nada que ver con su anterior padre, Dan Granger cuya primera acción, luego de desmayarse tras saber que iba a ser padre, fue prepararse lo más posible para apoyar a su madre, Jean Granger durante y después del embarazo.
No pedía que el hombre fuese todo un experto en cuidar bebés, era padre primerizo y se entiende la inexperiencia, solo hubiese querido que por lo menos hubiese puesto un poco más de esfuerzo en la parte de crianza de los hijos, a fin de ayudar a su madre el tiempo que se quedó con ellas en Namimori.
Ya se estaba haciendo a la idea de que por ese lado, los puentes iban a terminar quemados. Por lo que pudo escuchar en las conversaciones entre sus padres, Iemitsu estaría la mayor parte del tiempo ausente por el trabajo que tenía en el extranjero, por lo tanto en casa, solo serían su madre y ella. Se esforzaría por ser una buena hija para Nana, criar una hija prácticamente sola podría llegar a ser algo agobiante para la mujer, y más si comenzaban las malas lenguas a intercambiar chismes sobre la ausencia del marido extranjero que solo llegaba de vez en cuando a casa. Realmente, la gente podría llegar a ser muy cruel con sus palabras, ella lo sabía muy bien por experiencia propia.
Acurrucó su diminuto cuerpo más contra el león de peluche. Había algo más que la molestaba, su magia. Podía percibir algo... una pequeña energía dentro suyo... pero era extraña, no se sentía exactamente como su magia... Deseaba saber lo que era... pero no sabía que podía suceder si intentaba convocarla a la superficie, ¿que tal si destruía algo en la casa, se lastimaba por accidente o peor, hería a su madre si esta energía se salía de control? No, lo mejor sería que postergara esto hasta que fuese más grande y pudiese tomar las medidas necesarias para que ninguno de los tres posibles escenarios ocurriera.
Rogaba a cualquier dios que la estuviese escuchando que no hubiese perdido su magia, ésta era muy importante para ella, parte de si misma, sería un golpe bastante fuerte si esta faltase. Su esperanza residía en aquella energía que podía detectar dentro suyo...
La ojimiel se empezó a sentir cansada y sus ojos comenzaron a cerrarse contra su voluntad por el sueño. Un adorable mohín se posó en su diminuta boquita. ¡Acababa de tomar una siesta hace menos de dos horas y ya tenía sueño otra vez! Giró su cabecita y miró a Nana, la cual tejía un hermoso gorrito naranja para ella.
Como si sintiese la mirada de su hija dejó lo que estaba asiendo y le devolvió la mirada a Tsunahime. Divertida, vio las luchas de su bebita contra el sueño, y cariñosamente la tomó en brazos y la recostó sobre su pecho arrullándola, quedándose la bebé dormida en pocos segundos, para su molestia, pues eso no era lo que quería ésta, ¡mamá traidora!, fue lo último que pensó la pequeña.
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Salto de Tiempo.
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La mafia... su padre estaba en la mafia... ¡POR MERLIN, CIRCE Y MORGANA! ¡Y no solo eso, era el jefe de una organización de investigación llamada CEDEF, que estaba afiliada a una familia de la mafia Italiana llamada Vongola! Era lo que se repetía la niña desde hace meses.
La pequeña Tsunahime de ahora cuatro años se mordía el labio inferior pensando en que medidas tomar para proteger a su madre y a ella de posibles peligros. Esto no era bueno, nada bueno... el panorama no era nada alentador... Necesitaba hacerse fuerte lo más pronto posible, sin embargo, el ser todavía una niña de cuatro años no ayudaba a su situación, y no podía evitar desconfiar de su padre, ya que nadie era cien por ciento infalible. Aunque Iemitsu mantuviese a sus agentes velando por su protección, sabía que solo un pequeño descuido bastaba para que los enemigos de su padre fuesen informados de la existencia de la pequeña familia que el hombre tenía en Namimori y ese sería el fin de su madre y por consiguiente el suyo. Solamente era cuestión de tiempo.
Ya había transcurrido más de un año desde aquel suceso, pero aún daba gracias y al mismo tiempo maldecía el momento en el que su madre Nana la dejó al cuidado de su padre por un par de horas la mañana de ese fatídico día, mientras que ella salía a comprar los ingredientes de la cena de esa noche. La castaña había estado jugando con su león de peluche y otros cuantos juguetes regalo de sus dos padres, a la vez que el rubio se había mantenido sentado en el sillón grande de la sala viendo un programa de televisión en tanto le echaba un vistazo de vez en cuando para cerciorarse que ella continuara jugando tranquilamente en su morralito de bebé, cuando en eso, el celular del hombre sonó, a lo que éste contestó rápidamente. Era un tal Nono que al parecer era el jefe del hombre, quien primero le preguntó de su familia a lo cual su padre comenzó a hablar y hablar de lo maravillosa que era su madre y a elogiar su deliciosa cocina, y luego empezó a parlotear de lo adorable que era ella y lo mucho que había crecido en esos tres años, llenándola de vergüenza por lo exagerado que podía llegar a ser el rubio.
Súbitamente el tono de voz de su padre cambió a uno muy serio, hecho que despertó mucho su curiosidad, causando que prestase más atención a la conversación entre los dos hombres. Desde ese momento, toda su nueva vida dio un horrible giro de 180 grados, mientras escuchaba con sus ojos bien abiertos, toda la llamada entre los dos mafiosos. Sintió un gran nudo en la garganta y que su corazón era estrujado con mucha fuerza al imaginarse el perder a Nana, ya había perdido a sus amigos y a sus padres de su anterior vida como Hermione Granger, como para también perderla a ella, su único pilar estable en este mundo desconocido.
Iemitsu igual era importante para ella, aunque en menor medida que Nana, puesto que dos visitas a casa cada año que tan solo duraban dos semanas o unos cuantos días no eran motivo suficiente como para formar un fuerte vínculo de padre e hija, además, la forma de ser del hombre se le hacía muy exasperante, así como lo poco cuidadoso que podía llegar a ser al jugar con ella. Gracias a Merlin su madre estaba siempre ahí procurando su seguridad o quien sabe que hubiese sido de ella.
Realmente la sorprendía (desde este punto de vista) lo despreocupadamente descuidadas que podían llegar a ser las personas con sus acciones o con lo que decían entorno a los bebés, basados en la creencia de que al ser solo eso, bebés, su capacidad de comprensión de lo que se estaba haciendo o diciendo a su alrededor era casi nula. Jum, si supieran que en su caso era todo lo contrario... y que aquello la favorecía para recopilar información que su inconsciente padre fácilmente le estuvo proporcionando detalladamente esa pasada semana.
Actualmente, su mente estaba trabajando a mil por hora repasando las mil y un cosas que tenía planeado hacer en cuanto fuese un par de años más grande y Nana le permitiese andar cerca de casa sin supervisión, a la vez que observaba a la mujer castaña yendo de un lado a otro preparando todo para una salida al parque, cosa que la llenaba de emoción, ya que era primavera, y la primavera significaba que los árboles de sakura estaban cubiertos de hermosas flores lo cual se le hacía una imagen muy bella de contemplar junto a su madre, no obstante, por obvias razones, la castaña también sentía mucha aprensión y miedo dadas las circunstancias.
"¡Muy bien, Tsu-chan, todo listo! ¡Vamos mi pequeña!" Anunció jovialmente Nana, sujetando de la mano a la ojimiel, la cual sonreía contagiada por la alegría de la mujer.
"¡Hai, okaasan!" Respondió entusiasmada Tsunahime dejando de lado por esos momentos sus preocupaciones.
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Al llegar al parque, tranquilamente su madre tomó asiento en uno de los bancos que se hallaba por debajo de uno de los hermosos árboles de sakura y soltó de la mano a la castaña para que jugara como los demás niños. Tsunahime por su parte, no podía dejar de contemplar los árboles encantada, acercándose más al majestuoso árbol frente a ella. Aduras penas se percató al estar tan ensimismada con el precioso paisaje, de la llegada de una pareja y su hijo, que se veía casi de la misma edad que ella. La ojimiel los reconoció al instante, éstos eran los dueños del restaurante de sushi favorito de su madre, Takesushi. Yamamoto Tsuyoshi, su esposa Yamamoto Takemi y su único hijo, Yamamoto Takeshi. Éste último miraba a todos lados con sus brillantes ojos cafés llenos de inocencia y una gran sonrisa plasmada en su tierna carita.
Al posar su mirada sobre ella, su sonrisa se ensanchó y con permiso de su madre, se encaminó en su dirección y le pidió que jugaran en la caja de arena, a lo que asintió de acuerdo, pues Takeshi le caía muy bien por varias razones, no era grosero como otros niños, le gustaba compartir, era amigable, no era desagradable, era bastante positivo y, bueno, en general un buen niño.
Construyeron muchos castillos de arena, jugaron en los columpios, en un momento estuvieron jugando a Detective Konan y al béisbol, hasta que finalmente, sus padres los llamaron para volver a casa. Ambos niños se despidieron algo tristes, y al ver esto, Nana y Takemi acordaron llevarlos al zoológico ese fin de semana, a lo que los niños con renovado ánimo aceptaron.
De camino a casa, Nana y Tsunahime jugaban contando los árboles de sakura que se encontraban en el camino, pero repentinamente un fuerte escalofrío recorrió a la pequeña castaña, todos sus sentidos se pusieron sumamente alerta y una extraña vocecita interna le gritaba que tuviese cuidado, que se hallaban en gran peligro.
Después de eso, todo ocurrió demasiado rápido. Primero se percató por primera vez de que toda la calle por la que andaban estaba vacía y en total silencio, luego, de la nada, un grupo de hombres armados las rodearon y uno de ellos la sujetó fuertemente del brazo y comenzó a alejarla de su horrorizada y asustada madre la cual empezó a luchar por soltarse del agarre de otro de los hombres, para llegar a ella, seguidamente, uno de ellos apuntó a su madre con el arma que llevaba, y mientras se preparaba para dispararle delante suyo, la castaña sintió como esa energía reaccionó a su deseo de salvar a su madre, al igual que una segunda energía bastante familiar a la que felizmente reconoció como su propia magia y, finalmente, estas dos surgieron en una potente llamarada de color naranja que arremetió como un poderoso tsunami contra todos sus atacantes dejándolos fuera de combate, muy probablemente muertos por la potente fuerza detrás de la energía pura que los golpeó directamente.
Lo último que vio la ojimiel antes de caer inconsciente por el agotamiento, fue a su madre corriendo hacia ella para seguidamente, tomarla en brazos con movimientos temblorosos, sollozando mientras revisaba que no le hubiesen hecho daño, y a Tsuyoshi-san a la distancia, llegando a su ubicación con una mirada cargada de mucha preocupación al posar su atención en ellas.
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Fin del Capítulo.
