Espero que les guste, esto se me ocurrio de la nada si notan que algun personajes no esta en su papel que normalmente deberia, haganmelo saber en las reseñas o comentarios.

disfrutenlo.


En el vasto y oscuro espacio, una nave corta el velo negro como un cuchillo silencioso. El orbitador, hogar de un tenno, un guerrero que mantiene el balance en el sistema origin, es conocido por sus poderosas habilidades del vacío y, más aún, por las máquinas que manejan: los Warframes, junto con la guía de Lotus.

La tenno conocida como Linda volvía de su última misión. La nave Liset se acoplaba a la nave principal, el orbitador. Sonidos de guías magnéticas se oían dentro de la cabina del piloto del Liset, con Linda sentada en el centro de la nave, observando el mapa estelar.

—Operador, buen trabajo, acabaste con ese objetivo importante de los Grineer. Dudo que se muestren por un buen tiempo —dijo Ordis, hablando a Linda como siempre lo hacía después de cada misión.

—Sí, pero no fue fácil con todos esos Grineer bombarderos disparando al mismo tiempo. Solo veía explosiones —respondió Linda, un poco molesta por la cantidad de enemigos con los que tuvo que pelear para ser una misión de captura—. Por suerte llevaba a Revenant Prime, si no, estaría volando por los aires.

Linda se sentía aliviada por haber elegido el Warframe correcto para la misión.

—¡Oh! Lo siento, Operador, no detecté la presencia de esos enemigos a tiempo —dijo Ordis, apenado—. Pero lograste EXTERMINARLOS y capturar al objetivo —añadió, con un tono de voz que volvía a la normalidad, a veces distorsionado.

—Está bien, Ordis. Por ahora quiero descansar. Dejaré a Revenant en la bahía del arsenal. Avísame si surge algo.

Linda se retiró cansada, caminando por el pasillo que conectaba el Liset con el orbitador. Sus pasos metálicos resonaban a través de la nave, pasando por las máquinas de la forja, los mods, su centinela, y su kavat descansando. Se dirigió al arsenal, donde el frío metal de la nave reflejaba la luz de las máquinas a su alrededor.

—Bien, es hora de salir del Warframe, pensó Linda para sí misma.

Una tenue luz morada comenzó a manifestarse sobre el Warframe, irradiando una aura oscura que llenaba el espacio con una energía palpable. Linda sintió un tirón, como si estuviera siendo arrastrada a través de un túnel interminable. Al abrir los ojos, se encontró de nuevo en la habitación de transferencia, sentada en la silla que canalizaba toda la energía del vacío a través de su ser. Suspiró, liberando la tensión acumulada de la misión.

—Ah, por fin, todo el día metida en el Warframe... —murmuró, mientras se levantaba con una sensación de pesadez, como si cada paso la anclara más a la realidad de su existencia.

El sonido rítmico de las máquinas resonaba en los pasillos del orbitador, un eco constante que la envolvía mientras avanzaba. Cables colgaban del techo, moviéndose casi imperceptiblemente, alimentados por la energía y los fluidos que mantenían a la nave en funcionamiento. A su izquierda, la puerta de su habitación personal; a su derecha, la habitación del Helminth, donde reparaba y modificaba sus Warframes.

Avanzó lentamente, sumida en sus pensamientos, su mente repasando los eventos del día.

—Ahhh, qué día... —exhaló con cansancio, deseando encontrar un respiro en su pequeño rincón del universo. Cuando la puerta de su habitación se abrió, la familiaridad de los objetos que había recolectado de Fortuna, Cetus, Zariman, y uno que otro objeto de Deimos la acogió. Su habitación estaba decorada con esos recuerdos de sus misiones.

Pero había algo más en la habitación. Una figura la esperaba, siempre presente en los momentos más inesperados.

—Hey, kiddo... —dijo el Hombre en el Muro, una sombra distorsionada de sí misma, con ojos vacíos como el negro del espacio, iluminados apenas por motas de luz que parecían reflejar el cosmos. Aunque siempre la perturbaba, Linda mantuvo la compostura, sintiendo el escalofrío que recorría su espalda pero sin dejar que sus emociones se mostraran.

—¿Qué quieres? —preguntó Linda, con un tono de molestia en su voz. El Hombre en el Muro observaba con sus ojos oscuros, sonriendo de una forma inquietante.

—¿Vas a algún lado, kiddo? —dijo con una voz distorsionada que resonaba a través de la habitación.

La voz de Ordis sorprendió a Linda.

—Iniciando salto al vacío —anunció, mientras un movimiento brusco del orbitador la tumbaba al suelo. Linda se levantó rápidamente; el Hombre en el Muro había desaparecido. Su mente se movía rápidamente y corrió al puente donde Ordis estaba tratando de cancelar el salto.

—¿¡Qué sucede, Ordis!? —preguntó Linda, nerviosa por el repentino salto al vacío.

—¡No lo sé, Operador! ¡El salto al vacío se inició completamente solo! —respondió Ordis, desesperadamente tratando de ganar control de la nave.

—¡Ordis, cancela el salto! —gritó Linda, desesperada.

—¡Eso intento, pero no responde! ¡Oh no! —de repente, la nave se torció por el salto al vacío. El espacio se partió como si alguien lo cortara, y la nave pasó a través de un espacio luminoso y distorsionado. Las luces de la nave se apagaron, y Ordis cayó inactivo.

El frío se sentía a través del puente, y Linda podía ver su respiración condensarse en el aire. El vacío espacial se filtraba en toda la nave, haciendo que las paredes de metal se contrajeran y provocaran crujidos metálicos inquietantes.

—¡Ordis, Ordis! —Linda llamó desesperada, pero no hubo respuesta. Estaba de rodillas en el centro del puente, donde el mapa de navegación normalmente estaría proyectado. De repente, una risa distorsionada rompió el silencio. Linda se levantó de inmediato, reconociendo de inmediato a la presencia que la había perturbado tantas veces. La luz del vacío reveló al Hombre en el Muro, quien sonreía con su rostro distorsionado.

—¡Hey, kiddo! Parece que estás en un viaje —dijo, su sonrisa era escalofriante.

—¡Tú iniciaste el salto! —gritó Linda, enfurecida.

—Veo que acabas de darte cuenta, HAHAHA —rió, su voz distorsionada retumbaba en la nave.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Linda, desesperada e inquieta, sabiendo lo difícil que era tratar con él.

El Hombre en el Muro desapareció de repente y reapareció a su lado, sentado como si nada.

—Vine a ofrecerte una oferta que no podrás rechazar —su voz se distorsionaba de manera inquietante.

—¿Qué tipo de trato? ¡Tú y yo no haremos ningún tipo de trato! —Linda respondió con firmeza.

—¡Oh, vamos, kiddo! Solo necesito que me traigas algo de este mundo, HAHAHA —el eco de su risa resonaba en la nave.

—¿Qué mundo? ¿De qué hablas? —Linda lo miraba con desconfianza.

El Hombre en el Muro sonrió de manera inquietante.

—¡Oh, ya lo verás! SI QUIERES VOLVER AL SISTEMA ORIGIN, HAHAHA.

—¿De qué estás hablando? —Linda intentaba comprender sus palabras.

—Solo tráeme lo que es mío y te enviaré de vuelta, jajaja. BUENA SUERTE, KIDDO, jajaja —y desapareció, dejando su risa resonando por la habitación.

—¡Espera! —Linda saltó hacia él para detenerlo, pero ya se había desvanecido.

—¡Ah, mierda! —maldijo en voz baja, justo cuando las luces de la nave volvieron a encenderse y Ordis regresó en línea.

—¡Operador! ¡Operador, qué sucedió! Repentinamente, se apagaron todas las luces y los sistemas... No recuerdo nada.

—¡Fue el Hombre en el Muro! ¡Está jugando de nuevo conmigo! No sé cuáles sean sus intenciones, pero sé que no es nada bueno. ¡Ordis, cuánto falta para que el salto termine!

—Unos cinco segundos, Operador.

—¡Bien! Al salir, escanea el espacio circundante en busca de amenazas.

—¡Ok, Operador! Estaré alerta a cualquier amenaza. Salimos en tres, dos, uno...

El espacio se distorsionó, abriendo paso al Orbitador como si una daga perforara el oscuro vacío.

—Salto completado. Escaneando en busca de amenazas próximas —Ordis guardó silencio unos segundos—. Negativo, no se ha detectado ninguna amenaza ni transmisión enemiga. Mmh, esto es raro.

—¿Qué es, Ordis? —Linda preguntó, algo nerviosa por su respuesta.

—Parece que no nos movimos para nada en el espacio, pero... —Ordis pausó, creando un silencio inquietante—. Esta tierra es distinta, Operador. No detecto señales de los Relays y tampoco de Cetus.

Ordis proyectó el mapa estelar frente a Linda.

Linda observó el mapa estelar, buscando los relays y los junctions que usualmente se mostraban en él. Un sentimiento de inquietud comenzó a crecer en su interior.

—¿Ordis, qué sucede? ¿Por qué no aparecen los puntos de aterrizaje en los planetas ni las rutas de salto hacia ellos? —Linda sentía que su mente se aceleraba, con miles de pensamientos cruzando por su mente.

—Parece que es la Tierra, Operador, pero hay algo diferente en ella. Analizaré las comunicaciones para encontrar alguna señal... —Ordis se detuvo unos segundos, creando un silencio profundo que solo aumentó la tensión en la sala—. Operador, no creo que vaya a creer esto, pero... hay señales de vida en ella.

El tono preocupado de Ordis alertó a Linda.

—¿De qué hablas, Ordis? —preguntó, con un tono mezcla de incredulidad y preocupación.

—Muéstrame —ordenó Linda con firmeza.

Obedeciendo, Ordis proyectó múltiples imágenes de video frente a Linda. Lo que vio la dejó atónita, incapaz de procesar lo que sus ojos estaban presenciando. Animales caminando como humanos, usando ropa, comportándose como si fueran personajes sacados de un libro de fantasía. Pero ¿qué era la fantasía para los Orokin? Nada parecía imposible para ellos.

—Operador, parece que son una especie de animales antropomórficos. Mi análisis biológico muestra que son animales de diferentes especies, pero también poseen una inteligencia similar a la de los humanos —explicó Ordis.

—¿Crees que esto es obra del Imperio Orokin? —Las palabras de Linda resonaron por la nave, cargadas de duda.

—No, Operador. No he detectado rastros de tecnología Orokin. Sin embargo, esto no parece natural. Su nivel de tecnología es primitivo, similar a una de las antiguas eras antes del Imperio Orokin.

Linda se encontraba en un estado de confusión, incapaz de decidir qué hacer o qué pensar. De repente, una voz familiar rompió su incertidumbre.

—¡Tenno! ¿Tenno, me recibes? —Era Lotus, hablando a través de las comunicaciones de la nave.

—¡Lotus, me escuchas! —Linda gritó al intercomunicador, aliviada por escuchar la voz de su mentora.

—Tenno, ¿qué sucedió? ¿Por qué realizaste un salto tan repentinamente? —La voz de Lotus sonaba seria y calculadora, como siempre, pero había una nota de preocupación que Linda no pudo ignorar.

—Lotus, el salto fue provocado por el Hombre en el Muro —respondió Linda, su tono grave.

Lotus se quedo en silencio pensado cualquier posibilidad de porque la entidad haría algo como esto, le respondió a linda.

—Tenno, no conocemos sus verdaderas intenciones, pero no bajes la guardia. Debemos analizar el planeta en busca de cualquier señal de anomalías. Su vos seria resonaba por la pantalla, la proyección de Lotus. —Una cosa más, Tenno. ¿Te dijo algo antes de provocar el salto? ¿Alguna razón en específico? —preguntó Lotus, su preocupación velada bajo su habitual tono de autoridad, como una madre preocupada por su hija.

—No, Lotus, lo único que me dijo es que necesitaba algo de este mundo, pero no especificó qué era —respondió Linda, con frustración en su voz, molesta por las escasas respuestas que había recibido de la entidad.

Lotus reflexionó en silencio, buscando una solución a este nuevo problema que la entidad había provocado. Tras un momento de contemplación, su voz rompió el silencio, dirigiéndose a Linda con instrucciones claras.

—Tenno, necesitamos toda la información posible sobre este planeta, que parece similar al del Sistema Origin. Realiza una misión de reconocimiento y recopila toda la información necesaria. Cephalon Ordis y yo recogeremos toda la información posible de sus comunicaciones.

Linda asintió, obediente. Se transfirió a la silla de transferencia, sintiendo como si pasara a través de un túnel hasta su arsenal, donde seleccionaría un warframe. La voz de Lotus resonó nuevamente.

—Tenno, recuerda, debemos mantener la discreción y no llamar la atención. No debemos causar caos entre los habitantes de este planeta. No deben saber que estamos aquí.

—Sí, Lotus —respondió Linda con firmeza, acatando las órdenes. Seleccionó a Loki Prime, de color blanco con detalles dorados, equipado con la Paris Prime. Era el warframe perfecto para una misión de reconocimiento.

Avanzó hacia el puente y se sentó en el centro de la habitación.

—Ordis, busca un área solitaria, lejos de los ojos de los habitantes de este planeta —ordenó Linda.

—Parece que esta área es adecuada, Operador. No detecto la presencia de nadie en esta zona —respondió Ordis, acercando el mapa de navegación para mostrarle un punto de aterrizaje.

Linda seleccionó el área indicada, iniciando la secuencia de separación del orbitador. La escotilla trasera se selló con un sonido metálico y de presión, asegurando la nave para una separación segura. El sonido de desmagnetización resonó a través de la cabina mientras los motores cobraban vida lentamente, empujando el vacío del espacio a su alrededor.

El Liset apuntó hacia la Tierra en la zona designada y, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció hacia el planeta.

Mientras tanto, Haru y Legoshi estaban sentados en un pequeño parque dentro del campus en la oscura y fría noche, observando las estrellas. Legoshi la abrazaba con delicadeza, luchando por controlar sus impulsos depredadores, hasta que la voz de Haru lo sacó de sus pensamientos.

—¡Mira, Legoshi! ¡Una estrella fugaz! Pediré un deseo —dijo Haru con ojos brillantes de fascinación, levantándose rápidamente y señalando la pequeña luz en el cielo nocturno. Legoshi la observaba sin cambiar su expresión, moviendo la cola con curiosidad por lo que ella pediría.

—Deseo que todos sean felices —dijo Haru, su voz llena de felicidad.

—¿Qué te parece, Legoshi? —le preguntó Haru, mirándolo a los ojos con una sonrisa.

—Es un buen deseo —respondió él, moviendo su cola de un lado a otro, demostrando su felicidad por estar con ella, aunque su rostro no lo mostrara. Se levantó y observó la estrella fugaz junto a Haru. Sin embargo, poco a poco, la estrella fugaz comenzó a hacerse más grande, iluminando la oscura noche que cubría el campus de la Academia Cherryton.

—¡Ah, Legoshi! —dijo Haru, con un tono preocupado—. ¿No crees que se está acercando demasiado?

La "estrella fugaz" ahora parecía una bola de fuego que se agrandaba con cada segundo que pasaba.

—¡Creo que tienes razón! —respondió Legoshi rápidamente, tomando a Haru y cubriéndola con su cuerpo por puro instinto.

La estrella fugaz pasó rasante sobre el campus, desapareciendo en el horizonte como si nunca hubiera estado allí, devolviendo el cielo nocturno a su tranquilidad habitual.

—¿¡Qué fue eso!? —preguntó Haru, temblando de miedo y abrazando a Legoshi con todas sus fuerzas, su pequeño corazón latiendo desbocado.

—¡No lo sé! —Legoshi estaba en alerta, lleno de terror por lo que acababa de suceder.

De repente, un zumbido bajo, similar al de máquinas funcionando, sonó por encima de ellos, pero no podían ver nada. Legoshi y Haru permanecieron quietos, paralizados por el terror, sus instintos diciéndoles que no se movieran. Desde el rabillo del ojo, Legoshi notó algo en el cielo: una figura metálica que descendía y aterrizaba con gracia sobre una de las lámparas del lugar. El zumbido se desvaneció, pero fue reemplazado por algo aún más aterrador.

Legoshi y Haru observaron con horror a la figura que se encontraba por encima de ellos. Sus corazones latían con fuerza, como si quisieran escapar de sus pechos. Quisieron correr, pero sus piernas no respondían. La criatura metálica notó su presencia y los observó; aunque no tuviera ojos visibles, ellos podían sentir su mirada fija en ellos.

—¿¡Legoshi, qué es eso!? —susurró Haru, tartamudeando de terror.

—¡No lo sé, pero no te muevas! —respondió Legoshi, tratando de mantener la calma.

—¡Tengo miedo! —susurraba Haru, al borde de las lágrimas.

—Operador, hemos llegado al destino —informó Ordis.

—Está bien, Ordis, mantente alerta en caso de que necesite una extracción inmediata —respondió Linda mientras descendía por la escotilla del Liset, aterrizando suavemente sobre una de las lámparas. El lugar parecía vacío, sin mucha actividad, hasta que giró la cabeza y vio algo que parecía un lobo abrazando a un conejo. El lobo parecía estar protegiendo al conejo.

—Ordis, me dijiste que el área estaba vacía —dijo Linda con tono serio, observando a las figuras.

—Lo siento, Operador. Parece que el salto dañó algunos de los sensores —respondió Ordis, con un toque de culpa en su voz.

—Está bien, no te preocupes —respondió Linda, aunque su voz tenía un matiz de ligera frustración—. Bien, Ordis, espérame en órbita.

—Como digas, Operador.

El Liset, camuflado por el vacío, desapareció en la oscura noche, dejando a Linda sola en su misión de reconocimiento.

Legoshi observaba con detenimiento a la figura, cuando, de repente, se esfumó en el aire, lo que solo aumentó su estado de alerta. Algo le decía que la criatura aún seguía cerca. Entonces, Haru le habló en voz baja.

—Legoshi, salgamos de aquí, esa cosa ya se fue... tengo mucho miedo —dijo Haru, su voz temblorosa por el miedo. Sus instintos le decían que tenían que salir de allí, pero sus piernas ya habían cedido al terror antes de siquiera intentar correr. Solo esperaba la respuesta de él.

—No, no podemos, esa cosa sigue aquí —susurró Legoshi, sin dejar de escanear los alrededores en busca de cualquier movimiento, mientras la abrazaba de forma protectora. De repente, un golpe sordo resonó en el suelo, como si algo muy pesado hubiera caído, haciendo temblar la tierra cerca de ellos. Haru soltó un pequeño grito de terror al sentir el golpe en el suelo, la criatura reapareció frente a ellos, revelando su figura metálica con más detalle.

Parecía que el cuerpo de la criatura estaba hecho de metal, pero a la vez se veía vivo, como si fuera metal viviente. Los colores de su cuerpo indicaban claramente que no era de ese planeta, lo que inquietaba aún más a los dos, como si no debieran haber presenciado tal cosa.

Legoshi, ya en alerta máxima, no le quitaba los ojos de encima, escaneándola de arriba abajo en busca de alguna amenaza. Haru, por su parte, la miraba con un terror absoluto, convencida de que ese sería el último momento de su vida. De repente, una luz salió de la mano de la figura metálica, formando lo que parecía un arco, pero no era un arco normal; estaba hecho del mismo material que su cuerpo. Legoshi observó esto y mostró los dientes de forma defensiva, listo para pelear, pero la figura ni siquiera se inmutó.

—Activaré el camuflaje de Loki, no quiero más ojos sobre mí. Con que me vieran dos es suficiente —murmuró Linda para sí misma, mientras desaparecía con el camuflaje de Loki en la fría y oscura noche. Decidió bajar de la lámpara en la que estaba parada, cayendo al suelo y haciendo vibrar la tierra bajo sus pies. Cuando vio su medidor de energía, estaba casi vacío.

—Ah, genial, el tanque está vacío. Supongo que tendré que usar un pad de energía... —pensó para sí misma, deteniéndose por un momento. Se preguntó si era buena idea, ya que no sabía si podría crear más debido a la falta de materiales que quizás ni siquiera existieran en ese mundo. El tiempo de camuflaje se agotó, revelando a Linda parada cerca de ellos.

Linda percibió la actitud defensiva del lobo, y automáticamente sacó su arco, aunque sin apuntarlo, solo para que él lo considerara si decidía atacarla.

—Bien, tendré que usar el poder del Vacío para llenar el tanque de Loki —se dijo a sí misma mientras iniciaba la transferencia fuera de Loki Prime.

Legoshi estaba listo para defenderse si era necesario, cuando, de la nada, una luz oscura y brillante emanó de la figura, acumulándose frente a ella. Cuando la luz se disipó, tanto Legoshi como Haru sintieron que sus corazones se hundían aún más en el horror al ver un ser distinto a ellos.

El ser se parecía a ellos en algunos aspectos, pero no poseía pelaje, excepto en la cabeza, donde una melena negra como la noche transicionaba a un morado amanecer. Su cuerpo entero estaba cubierto solo por piel blanca como la luz de la luna. Sus ojos eran de un morado profundo con pupilas rojo brillante, como si dos motas de ascuas los observaran.

Legoshi observaba al ser con detenimiento. Su figura esbelta le sugería que, por alguna razón, era una chica. Pero no era el momento para pensar en eso.

—¿Qué es esa cosa? —susurró Haru, su voz temblorosa, casi inaudible por el miedo que la embargaba. Legoshi, horrorizado por lo que veía, no sabía qué hacer; su instinto lo llevó a quedarse quieto, protegiendo a Haru con su cuerpo.

El ser juntó sus manos, y una extraña energía comenzó a formarse entre ellas, distorsionando el espacio a su alrededor. Esto solo hizo que Legoshi y Haru se aferraran más el uno al otro, el pánico creciendo dentro de ellos.

De repente, una burbuja de luz oscura y energía envolvió tanto a la ser como a la criatura metálica, separándolos del resto del mundo. La burbuja crepitaba con una energía desconocida, creando un campo que parecía aislarlos de la realidad misma.

Dentro de esa burbuja, todo era silencio, un silencio cargado de tensión y misterio. Haru y Legoshi, paralizados por el terror, no podían apartar la vista de la escena que se desarrollaba ante ellos.

Legoshi, con el corazón latiendo con fuerza, trató de mantener la calma. Sabía que cualquier movimiento en falso podría desencadenar consecuencias imprevisibles. Mientras tanto, Haru, temblando en sus brazos, confiaba plenamente en él, aunque el miedo la consumiera.

—Legoshi... —murmuró Haru, apenas capaz de formar palabras.

—Tranquila, Haru —respondió él, intentando sonar valiente, aunque su voz traicionaba la inquietud que sentía—. No nos moveremos hasta que sea seguro.

La burbuja de luz oscura continuaba crepitando, envolviendo a las dos figuras en un espectáculo de energía pura. ¿Qué era lo que estaban presenciando? ¿Qué significado tenía esta extraña aparición? Las respuestas a estas preguntas permanecían fuera de su alcance, mientras la realidad seguía distorsionándose ante sus ojos.

La burbuja se empezaba a disipar ella ya no estaba por ninguna parte, solo la figura metalica estaba parada ahí como si nada ubiera pasado.

El aire alrededor de Legoshi y Haru olía a ozono, un aroma penetrante y eléctrico que emanaba de la burbuja de energía creada por el ser extraño. Observaban con una mezcla de miedo y asombro cómo la figura metálica, ahora nuevamente en movimiento, dirigía su atención hacia los edificios cercanos. De repente, con un salto increíblemente veloz, la criatura se elevó como si desafiara las leyes de la física, aterrizando con gracia sobre la azotea de un edificio del campus de unos seis metros de altura.

Legoshi y Haru quedaron boquiabiertos, sus ojos reflejando el terror y la fascinación que sentían al ver cómo la criatura metálica volaba sin esfuerzo, desapareciendo en la oscuridad de la noche. Permanecieron en silencio por varios minutos, incapaces de procesar lo que acababan de presenciar. Finalmente, Haru rompió el silencio.

—¿Q-qué fue esa cosa? ¿Qué era ese ser que vimos? —preguntó Haru, su voz temblorosa, aún impregnada de miedo. Su mente se llenaba de preguntas, ninguna con respuestas claras.

—No lo sé, Haru, pero será mejor que volvamos a nuestros dormitorios. Creo que ya se ha ido —respondió Legoshi, aunque el temor en su voz delataba su incertidumbre. Mantuvo su mirada fija en el punto donde la figura había aterrizado antes de desaparecer.

—¿Pero no deberíamos decirle a alguien? —insistió Haru, su preocupación evidente. Legoshi giró rápidamente para mirarla, con una expresión seria y resuelta.

—No, no creo que nos vayan a creer. Será mejor no decirle nada a nadie sobre lo que vimos. Ven, te acompañaré a tu dormitorio —dijo Legoshi, su rostro permanecía estoico, pero por dentro estaba nervioso y ansioso por salir de allí lo antes posible.

Sin más palabras, Legoshi tomó la mano de Haru, y juntos comenzaron a caminar hacia el dormitorio. Cada paso que daban les parecía más pesado, como si la oscuridad de la noche los observase, recordándoles el encuentro que acababan de tener con lo desconocido. Ambos sabían que lo que habían presenciado no era algo que pudieran olvidar fácilmente, pero también entendían que hablar de ello solo complicaría las cosas.

Haru asintió en silencio, comprendiendo la gravedad de lo que habían presenciado. Sabía que nadie les creería y que podrían ser tachados de locos si intentaban contar la verdad. Con esa resignación en mente, permitió que Legoshi la acompañara hasta su dormitorio para sentirse más segura. Tras despedirse de ella, Legoshi se dirigió al suyo, donde los demás chicos ya estaban dormidos.

A la mañana siguiente, todo transcurrió con aparente normalidad. Sin embargo, Legoshi no podía dejar de escuchar los comentarios de los estudiantes sobre la "estrella fugaz" que había pasado la noche anterior sobre el campus. Mientras recogía su comida en la cafetería para el almuerzo, el bullicio de los estudiantes llenaba el ambiente. Algunos discutían sobre su día, otros hablaban de cosas triviales, y el sonido de los utensilios resonaba por toda la sala.

Legoshi se sentó en una de las mesas junto a su grupo habitual de carnívoros, donde Jack y sus compañeros de habitación ya estaban reunidos. Apenas había tomado asiento cuando Jack, visiblemente emocionado, le habló.

—¡Oye, Legoshi! ¿Oíste sobre la estrella fugaz? Algunos dicen que fue un evento único. ¡Ah, hubiera querido verla si no nos hubiéramos dormido temprano! —exclamó Jack.

—¿De qué hablas? Yo no vi nada —respondió Legoshi, intentando mantener su expresión seria e inexpresiva, aunque su tono lo delataba. No era muy bueno mintiendo.

Jack, que conocía a Legoshi desde la infancia, notó inmediatamente que su amigo no estaba diciendo la verdad. Sabía que Legoshi no era precisamente un experto en mentir.

—Vamos, Legoshi, sé que das paseos nocturnos por el parque del campus. ¡Debiste haberlo visto! —insistió Jack, ahora más curioso que antes.

Legoshi dudó un momento, rascándose la oreja con nerviosismo. No estaba seguro de si debía contar lo que realmente había visto la noche anterior. Mientras lo hacía, los demás en la mesa dejaron de comer, mirando a Legoshi con atención y curiosidad.

—Bueno, sí, la vi, pero... —Legoshi vacilaba, su voz traicionando su incomodidad. No era fácil para él compartir algo tan inusual y aterrador.

Jack notó el nerviosismo en su amigo y, con un tono más suave, le preguntó:

—¿Qué pasó la noche anterior, Legoshi? —Jack ahora estaba genuinamente preocupado.

—Bueno... no sé si me creerás o no —dijo Legoshi, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie más estuviera escuchando.

Los demás en la mesa se inclinaron hacia él, dejando de lado sus comidas, claramente intrigados por lo que estaba a punto de decir.

—Vamos, Legoshi, ¿cuándo no te he creído? Puedes confiar en mí —le aseguró Jack, tratando de darle confianza.

Legoshi respiró hondo antes de continuar.

—Les contaré, pero no quiero que se lo cuenten a nadie más —dijo finalmente, su tono grave. Los demás asintieron, acercándose aún más para escuchar la historia que estaba a punto de revelar.

Legoshi bajó la voz, asegurándose de que solo sus amigos pudieran escucharlo. —Ayer estaba con Haru en el pequeño parque del campus —comenzó, pero fue interrumpido por una voz juguetona.

—Ah, así que estabas con la chica que te gusta —dijo uno de sus amigos con una sonrisa.

—Sí, pero eso no viene al caso. Lo importante es lo que pasó después —respondió Legoshi, intentando volver al tema serio—. Estábamos viendo las estrellas cuando Haru vio una estrella fugaz y la señaló. La miramos por unos minutos, y de repente empezó a acercarse más y más, hasta que vimos que era una bola de fuego gigante.

Sus amigos, que habían comenzado la conversación de manera ligera, ahora lo miraban con expresiones de preocupación.

—Cuando ya estaba sobre el campus, se desvaneció como si nunca hubiera estado allí —continuó Legoshi, deteniéndose un momento. Parecía estar debatiéndose internamente si debía continuar con su relato—. Después de que desapareció, empezamos a... escuchar un zumbido bajo, como si algo flotara por encima de nosotros.

Las expresiones de sus amigos cambiaron a una de confusión ante lo que estaban escuchando. Jack, preocupado, le preguntó:

—¿Estás bien? No estuviste ingiriendo nada raro, ¿verdad?

—No, claro que no. ¿Por qué crees que dudaba en contarles esto? Haru también lo oyó —respondió Legoshi, haciendo una pausa mientras miraba a Jack directamente a los ojos. La sinceridad en su mirada dejó claro que no estaba inventando nada—. Pero esa no fue la peor parte.

Recordar lo sucedido hizo que el pelaje de Legoshi se erizara involuntariamente. Sus amigos lo miraban con seriedad, conscientes de que algo realmente perturbador había ocurrido.

—El zumbido desapareció de repente, y entonces vimos algo... al principio, creí que era una sombra o que mis ojos me estaban jugando una broma. Vi una figura metálica parada sobre una de las lámparas. No tenía ojos, pero se parecía a nosotros en algunos aspectos. Tenía dos cuernos largos como los de los herbívoros, pero estaban hechos de ese metal que parecía tener vida propia. Era de color blanco con detalles dorados.

Sus amigos no podían creer lo que estaban escuchando. Legoshi, quien normalmente era uno de los más calmados en el campus, estaba claramente perturbado.

—Jack, siento que estoy perdiendo la cabeza —dijo Legoshi, sosteniéndose la cabeza con ambas manos, su voz cargada de angustia.

—Cuando esa cosa nos observó, desapareció del poste como si se hubiera esfumado —continuó, con una mirada perdida en sus recuerdos—. Pero luego, sentimos como algo pesado y metálico sacudía el piso al caer. Esa cosa reapareció, cercas de nosotros, y en su mano traía un arma... un arco, pero era muy extraño.

El grupo quedó en silencio, asimilando lo que Legoshi acababa de contar. No había duda de que su amigo estaba profundamente afectado por lo que había visto, y ahora, ellos también sentían una mezcla de incredulidad y preocupación.

Jack, visiblemente preocupado, interrumpió a Legoshi. —¿Les hizo algo a ustedes dos?

—No —respondió Legoshi, con voz baja—, pero algo salió de esa cosa.

—¿A qué te refieres? —preguntó Collot, con una nota de nerviosismo en su voz.

Miguno, igualmente intrigado y asustado, agregó: —¿Qué salió de esa cosa?

Legoshi respiró hondo antes de continuar, su voz temblorosa al recordar. —Salió un ser muy raro. Lo único que sé es que era una chica, pero no tenía pelaje en su cuerpo, solo piel tan blanca como un espectro. Su cabeza sí tenía pelaje, de un color oscuro como la noche, con transiciones a morado. Sus ojos... —Legoshi hizo una pausa, tragando saliva, claramente afectado por el recuerdo—. Eran de un morado profundo, pero lo que no puedo olvidar... —Hizo otra pausa, su voz casi quebrándose— eran esas pupilas, como dos pequeñas ascuas que brillaban con una luz sobrenatural.

El silencio reinó en la mesa mientras sus amigos trataban de procesar la información. A pesar de que el relato parecía salido de una pesadilla, la seriedad y el temor en la voz de Legoshi les hacía comprender que algo muy real y aterrador había ocurrido.

—Ella juntó sus manos —continuó Legoshi, su voz ahora más baja, como si aún estuviera reviviendo la escena—, y vimos cómo una luz oscura se arremolinaba entre ellas. De repente, una esfera oscura la rodeó a ella y a esa cosa.

El grupo quedó en un silencio sepulcral, incapaz de encontrar palabras para responder. Jack, Collot, y Miguno compartieron miradas llenas de confusión y preocupación, conscientes de que su amigo había vivido algo más allá de lo comprensible, algo que tal vez ni siquiera ellos querían entender completamente.

—Cuando se disipó la esfera, la chica ya no estaba, pero la cosa metálica comenzó a moverse y saltó seis metros en el aire, aterrizando en la azotea de un edificio. Después de eso, la perdimos de vista.

El silencio se apoderó del grupo, ninguno de ellos sabía qué decir tras escuchar la historia de su amigo. Legoshi suspiró, aliviado por haber podido liberar esa carga mental que llevaba. —Ahhh, espero no volver a ver algo así en mi vida.

Jack, sin embargo, estaba lleno de preguntas sobre lo que su amigo había presenciado. Miró hacia los ventanales, tratando de procesar la información, cuando sus ojos se abrieron de par en par. Golpeó a Legoshi en el hombro, intentando llamar su atención. —¿Qué sucede, Jack?

Jack solo señalaba hacia arriba, sin poder articular palabras. Todos en la mesa voltearon al instante y, al ver lo que Jack había visto, sintieron cómo la sangre se les helaba en las venas. La figura que Legoshi había descrito estaba allí, esquivando algo cuando, de repente, golpeó el ventanal, rompiéndolo y cayendo hacia las mesas. El sonido del impacto resonó por todo el comedor, provocando que los estudiantes gritaran de terror y comenzaran a correr en todas direcciones, sumiendo el lugar en el caos.

Legoshi y sus amigos, junto con el resto de los estudiantes, se escondieron debajo de las mesas, mientras una nube de polvo y vidrio volaba por los aires. El impacto contra el suelo había hecho retumbar el lugar. Después de unos segundos, un silencio sepulcral envolvió la cafetería. Todos observaban con temor la dirección en la que había caído algo.

Cuando el polvo se asentó, pudieron ver a la figura metálica tumbada sobre una mesa rota. De repente, algo más entró por el agujero en el ventanal: era un ser extraño que parecía una máquina, pero a la vez estaba vivo. Bajó a toda velocidad, intentando golpear a la figura metálica, pero ella lo esquivó con un salto hacia atrás, dando una voltereta y poniéndose de pie con agilidad.

El Sentient Conculyst cargó contra Linda, quien sacó su arco y esquivó el ataque deslizándose por debajo de la criatura, lanzándole una flecha que le voló un brazo. El Sentient, agonizando de dolor, se lanzó nuevamente contra Linda a toda velocidad, golpeándola y lanzándola sobre varias mesas, rompiéndolas en el proceso, hasta que aterrizó cerca de Legoshi y sus amigos.

Ellos observaban con horror el combate que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Sus corazones latían frenéticamente, temerosos de lo que podría suceder. Vieron cómo la figura que Legoshi había descrito parecía estar perdiendo. A pesar del daño visible, ella se levantó, sosteniendo su brazo herido. De repente, de su mano apareció una espada, una Paracesis, lista para continuar la lucha.

El Sentient rugió con furia, lanzándose nuevamente contra Linda. Ella apenas pudo bloquear el ataque con su espada, pero la fuerza del golpe la hizo volar a través de la cafetería. Aterrizó con dificultad, frenándose con la espada mientras deslizaba por el suelo. Sin perder tiempo, se impulsó hacia adelante, atacando al Sentient repetidamente, haciendo que chispas volaran por toda la cafetería. El combate era feroz; ninguno de los dos cedía terreno.

Linda sabía que la única forma de deshacerse de esa criatura era utilizando el poder del vacío. Tomando una decisión rápida, corrió hacia uno de los muros de la cafetería y saltó sobre él. El Sentient, sin vacilar, la siguió a toda velocidad, estrellándose con fuerza contra el muro. Linda, con agilidad, realizó una maniobra rápida, enviando a Loki—su Warframe—volando hacia el suelo, donde quedó inanimado.

El Sentient, enfurecido, persiguió al Warframe instintivamente, solo para darse cuenta de que su operador ya no estaba.

inda, decidida a acabar con el Sentient, le gritó con fuerza para llamar su atención.

—¡Hey! ¡Pedazo de lata! —exclamó, su voz resonando por toda la cafetería.

El Sentient giró su cuerpo mecánico hacia ella, sus sensores enfocándose en la figura que ahora estaba sobre una mesa. Linda no perdió tiempo y lanzó un rayo de energía desde la palma de su mano, apuntando directamente al enemigo. La energía chisporroteó en el aire y se dirigió con precisión hacia el Sentient.

El rayo de energía golpeó al Sentient con fuerza, cortándole el otro brazo. Los sonidos agónicos de la máquina resonaron en la cafetería, un eco mecánico que llenaba el ambiente de tensión. Sin embargo, el Sentient, ahora acorralado, no se detuvo. En un último esfuerzo, salió de la línea de fuego y embistió a Linda con una fuerza brutal, golpeándola en las costillas y lanzándola contra las mesas.

Linda gritó de dolor al chocar contra las superficies duras, pero no perdió un segundo. Ignorando el dolor, se levantó rápidamente, sus ojos brillando con determinación. Reuniendo toda la energía del vacío en sus manos, hizo un salto corto en el aire, desapareciendo en un parpadeo y reapareciendo justo frente al Sentient.

Linda liberó un torrente de energía del vacío que atravesó al Sentient por completo. El cuerpo metálico se desintegró en un instante, desmoronándose en polvo ante la fuerza del vacío. El sonido resonó en toda la cafetería, una vibración que rebotaba en las paredes, creando un eco que se mezclaba con el olor a ozono y el miedo palpable en el aire.

La luz que emanaba de las manos de Linda comenzó a desvanecerse, su intensidad menguando hasta apagarse por completo. Quedó sola en pie, rodeada por los restos de la batalla y el silencio sepulcral de la cafetería. El ambiente, ahora cargado de una calma inquietante, contrastaba con la feroz batalla que acababa de librarse. Linda respiraba con dificultad, el dolor y el cansancio evidentes en su postura, pero la amenaza había sido neutralizada.

—¿Legoshi, qué es eso? —preguntó Jack, con el horror claramente reflejado en su rostro.

—¡Esa es la cosa que describiste! —respondió Collot, su tono cargado de preocupación.

Legoshi observó la figura con atención. De repente, la figura cayó de rodillas, agotada. Después de unos momentos, logró levantarse, arrastrando los pies con dificultad mientras buscaba la máquina que había dejado caer. Sus amigos estaban paralizados por el miedo, incapaces de moverse, y parecía que la máquina había caído cerca de ellos.

La figura, arrastrando los pies y empujando bandejas y vidrios rotos, se acercó lentamente hacia ellos. El sonido de su andar resonaba por toda la cafetería. Legoshi y sus amigos, inmóviles por el terror, observaban cómo la figura se acercaba lentamente hasta quedar frente a ellos.

Ella extendió la mano hacia Loki, tratando de transferirse. Cerró los ojos, frunció el ceño y se concentró, pero le costaba conectar; apenas podía mover a Loki un poco. La figura parecía estar luchando por mantener la conexión y avanzar, su esfuerzo visible en cada movimiento.

—Ah, ah, ah, creo que no tengo energía —murmuró para sí misma mientras trataba de recuperar el aliento—. Ordis, necesito una extracción ahora.

Linda le habló a Ordis por el comunicador.

—Voy en camino, operador. Faltan tres minutos para la extracción.

Ella exhaló cansada y continuó con su esfuerzo.

—Ahhhh, supongo que tendrá que ser así —dijo mientras se aproximaba a Loki y lo tomaba tratando de cargarlo—. ¡Ah, qué pesado está! ¡Uh, solo un poco más!

Linda cargaba a Loki por los hombros con dificultad.

—Bien, ya está. Ahora solo hay que marcar la zona de extracción —dijo mientras observaba el lugar y veía el agujero en el muro que había provocado el Sentient—. Bien, ese parece un buen lugar. Hora de irnos, Loki.

Camino lentamente hacia el agujero en la pared, arrastrando a Loki poco a poco, haciendo ruidos metálicos por la cafetería.

Legoshi y sus amigos observaban con detenimiento cómo Linda trataba de mover la máquina por sí sola. Apenas podía con ella, pero logró cargarla un poco y avanzaba a paso lento.

—¡Le-le-legoshi! —dijo Jack, tartamudeando de miedo—. ¿Qué qué qué hacemos?

El miedo se había apoderado de él.

—Tranquilo, Jack. Creo que ya se retira —respondió Legoshi, mirando a la figura moviendo la máquina lentamente hacia el agujero en la pared. Aunque no entendía bien por qué, sentía una extraña necesidad de ayudarla.

Ordis se comunicó con Linda.

—¡Operador, detecto múltiples objetivos dirigiéndose a tu posición! ¡Falta un minuto para la extracción!

Sonidos de sirenas se escuchaban a lo lejos, y los estudiantes de la academia se sentían aliviados al saber que la policía pronto llegaría.

—¡Mierda! —maldijo Linda por lo bajo. Intentó moverse más rápido entre mesas y escombros, pero apenas había avanzado a mitad de camino.

Legoshi escuchó las sirenas desde afuera y supo que el final estaba cerca. Decidió salir de su escondite para ayudar a la desconocida. Jack observó cómo Legoshi salía corriendo hacia Linda y gritó, tratando de detenerlo.

—¡Legoshi, Legoshi, ¿qué haces?!

Los ojos de sus compañeros no podían creer que Legoshi hubiera perdido la cabeza. Todos en la cafetería miraban, esperando lo peor.

Linda se movía lo más rápido que podía, el sonido de las sirenas la alertaba de que las fuerzas de seguridad estaban cerca. De repente, escuchó pasos acercándose y vio al lobo que había visto la noche anterior acercándose hacia ella. Materializó su pistola de Drifter por si necesitaba usarla, y la apuntó hacia Legoshi cuando se acercó demasiado.

Legoshi levantó las manos al ver que le apuntaban con un arma. En la cafetería, todos estaban aterrorizados; algunos se tapaban los ojos, tratando de no ver. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. Legoshi hizo señales con la mano, intentando comunicar que solo quería ayudarla. Linda lo observó por un momento, pero lentamente bajó el arma al ver que él no tenía intenciones de hacerle daño.

Legoshi se acercó a la máquina y comenzó a ayudarla a cargarla. Pensó para sí mismo: "Esta cosa es muy pesada. ¿Cómo puede moverla sola?" Linda le señaló el agujero en el muro. Legoshi entendió y comenzaron a moverse hacia allí.

Los amigos de Legoshi y los estudiantes observaban boquiabiertos, sin poder creer lo que veían. Ordis se comunicó de nuevo.

—Operador, estoy listo para la extracción.

—¡Ordis! Ya estoy en la salida. Marcaré la zona.

Legoshi notó que Linda hablaba como si se dirigiera a alguien más. De repente, escuchó el zumbido de la noche anterior y vio cómo una nave descendía del cielo. La máquina inactiva comenzó a elevarse por sí sola. Cuando la máquina se acopló a la nave, esta abrió una puerta y Linda entró corriendo sin antes agradecer a quien la había ayudado.

Linda hizo una reverencia a Legoshi y le entregó un pequeño cubo como muestra de agradecimiento antes de retirarse al interior de la nave. Todos salieron de sus escondites y miraron por las ventanas mientras la nave se elevaba lentamente, desafiando la gravedad. Sus motores brillaban con una luz sobrenatural. En un parpadeo, la nave desapareció en el cielo.

Los amigos de Legoshi corrieron hacia él, preguntándole con preocupación.

—¡¿Estás loco, Legoshi?! —exclamó Voss, alzando la voz. —¡Sí! ¿Se puede saber en qué estabas pensando? —le reclamó Miguno. Jack también lo reprendió con un tono angustiado—. ¡Legoshi, pensé que morirías! ¡No quiero perder a un amigo! —Su voz se quebraba con cada palabra—. Tampoco quiero asistir tan pronto al funeral de mi mejor amigo.

—Lo siento —respondió Legoshi, tratando de calmar a Jack—, es solo que vi que necesitaba ayuda, y lo hice sin pensar.

Todos en la cafetería observaban a Legoshi mientras murmuraban entre ellos. De repente, la puerta de la cafetería se abrió de golpe y una voz resonó:

—¡Todos quietos y no se muevan!

Era la policía, revisando el área en busca de amenazas. Varios oficiales armados, vistiendo trajes tácticos, entraron al lugar.

—¡Despejado! —anunció uno de los oficiales—. ¡Bien, saquen a todos los estudiantes!

El oficial hizo señas para que evacuaran, y todos los estudiantes empezaron a dirigirse hacia la salida tratando de no correr por el pánico. Legoshi guardó lo que Linda le había dado, mientras sus amigos y él se retiraban. Afuera había múltiples patrullas y ambulancias a tendiendo a los que tenían un ataque de pánico, los profesores gritaban que las clases se cancelarían por el resto del día.

—¡las clases se cancela por hoy! ¡todos vuelvan a sus dormitorios!

La seguridad del campus estaba patrullando la academia. Todos se dirigieron a sus dormitorios.

Ya en el dormitorio, los amigos de Legoshi lo cuestionaban, aunque más calmados.

—¿Qué estabas pensando, Legoshi? ¿Qué hubieras hecho si te disparaba? —preguntó Jack, preocupado por él.

—No lo sé —respondió Legoshi—. De alguna forma, solo quería ayudarla.

Todos guardaron silencio durante unos segundos, hasta que Durham rompió la quietud.

—Yo tampoco sentí que fuera una mala persona. De hecho, creo que intentaba protegernos de alguna manera.

—¡¿Qué dices?! ¡¿Acaso no viste cómo destruyó esa cosa con sus manos?! —gritó Voss a Durham.

La habitación se llenó de discusiones, pero Legoshi se quedó serio como siempre. De pronto, recordó lo que Linda le había dado. Todos lo observaron mientras se levantaba y se dirigía a su ropa, buscando algo. Sacó los pantalones donde había guardado el pequeño cubo y lo mostró a todos.

—¿Qué es eso? —preguntó Jack, curioso y preocupado.

—Me lo dio ella. Creo que fue un agradecimiento por haberla ayudado —explicó Legoshi.

Todos se alejaron de Legoshi, temiendo que fuera algún tipo de explosivo.

—¿D-dices que te lo dio ella? —tartamudeó Miguno, su voz llena de terror.

—¡Legoshi, ¿por qué aceptaste algo sin saber qué era?! —le recriminó Jack, preocupado por lo que tenía en la mano.

—Bueno, ella me lo ofreció, y creo que hubiera sido imposible rechazarlo, aunque lo hubiera querido —respondió Legoshi, moviendo el cubo hacia arriba y hacia abajo. Sus amigos lo observaban, nerviosos, sin quitarle la vista de encima.

—No muevas mucho la mano, se te va a caer —dijo Miguno con voz preocupada.

Como si fuera mala suerte decirlo, el cubo se le escapó de las manos a Legoshi y comenzó a caer. Todos observaron con horror, como si el tiempo se moviera en cámara lenta, y gritaron tratando de atraparlo.

—¡Noooooo!

El cubo tocó el piso... pero no pasó nada.

Todos estaban muertos de miedo, congelados en sus lugares, hasta que Miguno rompió el silencio con una pregunta.

—¿Estamos muertos?

Legoshi solo se agachó y levantó el pequeño cubo del suelo. Todos suspiraron aliviados, soltando una risa nerviosa.

—¡Ahhh! Creí que moriríamos por un instante —dijo uno de ellos, riendo junto a los demás.

Todos rieron, excepto Legoshi, quien seguía observando el cubo con curiosidad. Entonces, notó algo en él: una especie de botón.

—Oh, tiene un botón —dijo Legoshi, emocionado, mientras su cola se movía de un lado al otro.

Esto sacó a sus amigos de su risa. Todos, alarmados, trataron de detenerlo antes de que presionara el botón, pero era demasiado tarde. Ya lo había hecho.

El cubo comenzó a elevarse de la palma de su mano y empezó a girar rápidamente, emanando una luz que se intensificaba con cada vuelta. Todos quedaron paralizados, esperando lo peor... pero no pasó nada.

La luz del objeto se transformó en un pequeño globo terráqueo, mostrando la Tierra y la hora del día. Se podía ver cómo el sol iluminaba un lado del planeta, mientras que el lado oscuro estaba lleno de luces artificiales que brillaban en la noche.

Todos miraron con curiosidad y asombro lo que sostenía Legoshi.

—Asombroso, ¿ese es el planeta Tierra? —preguntó Jack, sin quitarle la vista de encima—. Se ve como si fuera en vivo, como si pudiera tocarlo.

Jack acercó su mano y lo tocó. A pesar de estar hecho de luz, se podía sentir que era sólido. Cuando retiró su mano, el planeta hizo un acercamiento, sorprendiéndolos a todos. Ahora podían ver las ciudades, desde las calles hasta los edificios.

—Legoshi, ¿qué fue lo que te dio esa chica? Esta cosa puede ver todo en el planeta —dijo Jack, asombrado. Tocó nuevamente y pudo ver su dormitorio desde el planeta, y también descubrió que podía ampliar la imagen para ver mejor.

—Tiene que ser una broma, ¿verdad? —dijo Miguno, abriendo la ventana y sacando su brazo. Pudo ver su proyección en la imagen del planeta. Cerró la ventana y se sentó, mientras todos quedaban estupefactos e incrédulos por lo que veían.

—Legoshi, esto es increíble —dijo Jack, sin poder apartar la mirada del globo—. ¿Cómo funciona esto? —La curiosidad estaba ganando terreno en Jack—. Esta tecnología es tan avanzada que parece sacada de una historia de ciencia ficción.

Legoshi, con una expresión seria, bajó el planeta a una mesa y lo dejó ahí.

—Creo que debemos guardar esto en secreto —dijo con una voz seria y preocupada—. No le cuenten a nadie sobre esto, ¿sí?

Todos en la habitación asintieron sin decir una palabra.

—Bien, creo que me iré a dormir —dijo Legoshi, un poco cansado, aunque en realidad solo quería olvidar lo que pasó ese día.

Después de eso, los demás lo siguieron y se fueron a dormir. Jack se acercó al planeta y lo cubrió con una manta para que no se viera, pero al hacerlo, el planeta desapareció, y el cubo volvió a su estado original. Decidió taparlo de todas maneras, por si acaso.

En el orbitador, Linda le reportaba a Lotus los hallazgos de la noche anterior.

—¿Qué fue lo que sucedió, Tenno? —preguntó Lotus con su tono serio de siempre.

—Cuando descendí en la ciudad, decidí investigar sus alrededores. Me adentré en un bosque cercano, ya que mis sensores detectaron una fuente de energía inusual dentro de una cueva. Parecía estar sellada por fuera, así que intenté entrar sin abrirla demasiado. Dentro, encontré una puerta de la era Orokin y, al atravesarla, el interior parecía ser uno de los laboratorios de los Entrati.

—¡Entrati! —interrumpió Lotus—. Siempre llenos de secretos. No me sorprendería que tuvieran algo que ver con la creación de este planeta. Continúa, Tenno.

—Cuando entré, parecía que había una sección llena de cápsulas con Sentients. Parecía una fábrica. Entré en la habitación y la puerta se cerró detrás de mí, activando el sistema de seguridad y liberando a varios de ellos. Como si eso no fuera suficiente, las habitaciones cambiaban constantemente, como si fuera un laberinto sin fin. Cada vez que llegaba a una nueva habitación, siempre estaba llena de Sentients. Cuando finalmente logré encontrar la salida, uno de los Sentients logró seguirme por el bosque. Traté de repelerlo, pero era demasiado fuerte. Peleamos durante todo el camino hasta llegar a lo que parecía ser una escuela, y luchamos por encima de los edificios hasta que me acorraló contra un ventanal, haciéndome caer a través de él.

Linda terminaba de darle el reporte a Lotus.

—¿Qué pasó después, Tenno? —preguntó Lotus, con un tono serio y preocupado.

Linda, un poco nerviosa rascando la parte trasera de su cabeza, continuó.

—Bueno, Lotus... peleé dentro de ese lugar que estaba lleno de estudiantes, y... creo que causé un poco de caos entre los habitantes.

Lotus no cambió su expresión, pero el silencio que siguió hizo que Linda sintiera que estaba un poco enojada.

—Está bien, Tenno. Tarde o temprano, algo así iba a pasar.

Linda respiró aliviada, pero su alivio duró poco.

—Tenno, nuestras acciones tienen consecuencias.

Por un momento, Linda recordó esa frase como si proviniera del Stalker.

—Ahora las vidas de estos inocentes habitantes han sido arrastradas al caos del sistema Origin. Es nuestro deber mantener el equilibrio en el sistema, y esta situación no es la excepción. Debemos evitar que caiga en el caos. Tenno, tendremos que hacer nuestra presencia conocida para ellos y así evitar más daños a su sociedad.

—¿Y cómo haremos eso, Lotus? —Linda preguntó, un poco nerviosa e inquieta por los planes que Lotus tenía para ella.

—Enviaré una señal a los habitantes de este mundo, de paz y que no somos enemigos.

—Bien, eso funcionará. Bien pensado, Lotus.

Linda estaba nerviosa y, al interrumpir a Lotus, solo quería terminar su reporte rápidamente, pero Lotus continuó hablando.

—Tenno, también organizaré una reunión en persona para que vean que realmente estamos comprometidos con nuestra palabra, y tú serás la representante de los Tenno para este mundo.

Las palabras de Lotus resonaron en Linda, y ella asintió sin mostrar emociones.

—Bien, Tenno. Te mantendré informada sobre la situación.

La transmisión de Lotus terminó, dejando a Linda en sus pensamientos. Maldiciendo internamente por haber entrado en ese laboratorio, la voz de Ordis la trajo de vuelta a la realidad.

—¡Operador! ¡Operador! ¿Estás bien? El Warframe quedó muy dañado. Lo enviaré a reparar con ese repulsivo Helminth para que lo arregle.

—Sí, Ordis, estoy bien. Solo quiero descansar un poco —dijo Linda en un tono desanimado, avanzando lentamente por los pasillos del orbitador hasta llegar a su silla de transferencia. Cerró los ojos y se sumergió en sus pensamientos, tratando de olvidar su día y descansar.