Avisen si ven errores no e dormido bien

gracias


Legoshi escuchó un fuerte estruendo que resonó por todo el campus, seguido por el sonido de una ventana rompiéndose a la distancia. Un mal presentimiento se apoderó de él, y sin perder tiempo, corrió hacia el teatro. Al llegar, vio cómo varios estudiantes y algunos profesores que aún estaban en la zona se reunían deteniendo a los estudiantes para que no se acercaran, los profesores observaron la escena con incredulidad.

Riz estaba tirado sobre unos arbustos, inconsciente, mientras Linda, en su Warframe, emergía de la ventana rota cargando a Tem, herido y sangrando, en sus brazos. Linda descendió frente a ellos, colocando a Tem en el suelo con cuidado.

—Llévenlo a que lo suturen, está perdiendo mucha sangre —dijo Linda a través de Harrow, con una voz firme que resonó en la multitud. Todos los presentes estaban confusos y asustados por lo que estaban presenciando.

—¡¿Qué fue lo que pasó?! —gritó uno de los profesores, demandando una explicación. Antes de que Linda pudiera responder, Tem se adelantó, todavía sollozando de miedo.

—¡Riz intentó comerme! —exclamó, su voz quebrada por el terror.

—¡Linda, ¿estás bien…?! —comenzó a preguntar Legoshi, pero antes de que pudiera terminar, Linda salió volando hacia un árbol cercano, estrellándose contra él y partiéndolo en dos.

—¡Después de todo, no eres tan fuerte! ¡Maldita! —gritó Riz, quien se había levantado, completamente fuera de control. Todos observaban con horror mientras Riz se abalanzaba sobre Linda, golpeándola sin piedad.

—¡Vamos! ¡No dijiste que si me acercaba acabarías conmigo! —Riz gritaba furioso mientras la tomaba y la lanzaba contra una fuente cercana, rompiéndola en el proceso. El agua comenzó a filtrarse, empapando a Harrow, pero Linda no se movía. Nadie se atrevía a intervenir, paralizados por el miedo. Legoshi quería ayudar, pero sabía que podría salir mal si se encontraba atrapado entre Riz y Linda, quien ahora era su presa.

Entonces, Linda comenzó a moverse. Se levantó lentamente, y para sorpresa de todos, no parecía haber sufrido daño alguno. Observó a Riz con calma.

—Hay algo que no mencioné sobre este Warframe —dijo, su voz fría y controlada—, todo el daño que me hagan hace que mi fuerza se multiplique. Y adivina qué... el tiempo se acabó.

Una luz intensa envolvió a Harrow, iluminando todo a su alrededor.

—Ahora, dime, Riz, ¿podemos hacer esto por las buenas o por las malas? —preguntó Linda, avanzando con decisión hacia él.

Riz, lleno de rabia, se lanzó contra Linda, tratando de golpearla con sus garras. Pero algo lo detuvo; sintió algo frío y afilado agarrando su brazo. Eran cadenas. Otra cadena apareció y sujetó su otro brazo, y de repente, miles de cadenas surgieron de la nada, restringiendo su movimiento.

—¡¿Qué es esto?! ¡Maldita perra! —Riz forcejeaba contra las cadenas mientras lanzaba insultos a Linda.

—Tranquilo, no te esfuerces, no podrás liberarte. Esas cadenas no pueden ser rotas —dijo Linda con una voz serena, avanzando hacia Riz mientras todos observaban con asombro y miedo. Aunque Riz había intentado devorar a otro estudiante, seguía siendo un compañero, y el temor por su vida era palpable.

Linda se detuvo frente a Riz, mirándolo a los ojos. —Sabes, Riz, tienes suerte, porque no quiero hacerle daño a nadie. Estoy segura de que si te hubiera golpeado ahora, serías una mancha en el piso.

Riz, en un intento desesperado de provocarla, se rió con amargura. —¡Ja, ja, ja! Ni siquiera tienes el valor para enfrentarte a mí, ¡Perra!

Sin decir nada, Linda se dirigió hacia un árbol cercano. Riz intentó provocarla de nuevo, sin éxito. —¿Qué pasa, vas a huir? —dijo, tratando de sonar desafiante, pero Linda no le prestó atención.

Se acercó al árbol, y tras una breve pausa, lo golpeó ligeramente con la parte trasera de su mano. En un instante, el árbol se convirtió en astillas, volando en pedazos detrás de ella. Todos miraban horrorizados, comprendiendo el poder que había contenido hasta ese momento.

—¿Ahora dime, Riz, crees que podrías haber soportado eso? —preguntó Linda, su voz tranquila, pero llena de una autoridad incuestionable.

Riz, sin palabras, quedó en silencio, su arrogancia y bravura desmoronadas ante la abrumadora realidad de su situación.

—¡Detente! ¡No le hagas daño! —gritó uno de los profesores, interviniendo antes de que Linda pudiera hacerle algo a Riz.

Linda se giró hacia el profesor, levantando las manos en un gesto de paz. —Tranquilo, lo último que quiero es hacer daño a alguien. Solo llamen a las autoridades para que se encarguen de él —dijo, intentando calmar la situación. El profesor pareció relajarse un poco, y la tensión en el ambiente comenzó a disiparse. Sin embargo, más estudiantes comenzaron a salir de sus dormitorios, atraídos por el ruido y los murmullos que llenaban el aire.

—¡Todos vuelvan a sus dormitorios! —ordenó otro profesor, intentando dispersar a la creciente multitud mientras los contenia.

Linda, sintiéndose nerviosa por la atención que estaba atrayendo, intentó retirarse. —Bueno, será mejor que me vaya a los dormitorios —dijo, comenzando a alejarse. Sin embargo, fue detenida por uno de los profesores.

—¡Espera! Tienes que declarar ante las autoridades, y tampoco podemos dejar a Riz así —el profesor señaló a Riz, quien estaba encadenado y rendido.

Linda suspiró y asintió. —Pero fue en defensa propia, claramente. En cuanto a Riz... —Linda se volvió hacia él—. Te liberaré, pero si intentas algo, te atraparé de nuevo. ¿Entendido?

Riz permaneció en silencio, pero Linda interpretó su falta de respuesta como un acuerdo. Con un gesto, hizo desaparecer las cadenas que lo mantenían atado, y Riz cayó de rodillas al suelo. Para asegurarse de que no intentara nada, Linda cambió de Harrow a Equinox Prime. Los presentes observaron con atención la nueva figura, que parecía una combinación de dos personas en una, con un lado blanco y otro negro.

—¿Q-qué haces, Linda? —preguntó Legoshi, nervioso por lo que ella podría hacerle a Riz.

—Solo lo dormiré, no quiero que se escape —respondió Linda con calma.

Legoshi y los profesores se alarmaron. —¿A qué te refieres? —preguntó Legoshi, serio.

—Tranquilo, solo se dormirá un rato, no es nada que le haga daño —aseguró Linda mientras cambiaba a la modalidad nocturna de Equinox, dejando visible su lado blanco como si llevara un vestido. Extendió la mano hacia Riz, y un pequeño rayo de luz lo golpeó, haciéndolo caer dormido en el acto, comenzando a roncar suavemente. Todos quedaron atónitos al ver que realmente estaba dormido.

—En cuanto a la declaración... solo díganles que fue un accidente. No querrán que la reputación de la academia quede manchada por un intento de asesinato, ¿verdad? —sugirió Linda, intentando evitar problemas adicionales. Los profesores se miraron entre sí, nerviosos, y finalmente asintieron, aunque uno de ellos advirtió.

—Pero tendrás que darle explicaciones al director mañana.

Linda asintió y salió del Warframe, que desapareció, dejándola solo a ella. —Ahora, ¡todos regresen a sus dormitorios! No quiero a nadie afuera —ordenó uno de los profesores en un tono firme a todos los estudiantes.

—Vamos, Linda, te llevaré a los dormitorios —dijo Legoshi, tomándola de la muñeca y casi arrastrándola hacia los dormitorios de chicas.

Linda notó que Legoshi estaba alterado por lo sucedido y se detuvo. —¿Qué pasa, Legoshi? —preguntó, preocupada.

Se detuvo y un silencio de preocupación lleno el aire, hasta legoshi decidió hablar.

—Creí que habías muerto por un segundo. Sentí como si se me hundiera el corazón cuando vi que te golpeaba… Sé que nos acabamos de conocer, pero eso no evita que me preocupe. Te veo como una buena amiga —confesó Legoshi, su voz llena de genuina preocupación.

Linda sintió una punzada de culpa por haberlo preocupado tanto. —L-lo siento, Legoshi. Realmente no pensé que te sentirías así —respondió, sintiéndose un poco culpable por no decirle muchas cosas que necesitaba saber de ella.

—Hay algo que quiero contarte, pero no sé si realmente debería —añadió Linda, mirando al suelo, dudando si debería compartir la verdad.

—¿A qué te refieres? —preguntó Legoshi, preocupado, pero sin querer presionarla.

Linda tomó una decisión. —¿Mañana podrías venir al club de jardinería? —preguntó seriamente.

—Sí, claro. ¿Por qué? —respondió Legoshi, lleno de más dudas que respuestas.

—Te lo contaré, pero debes prometerme que no se lo dirás a nadie —dijo Linda, mirándolo con seriedad. Legoshi la miró fijamente y asintió, prometiendo guardar su secreto.

Continuaron su camino hacia el dormitorio de chicas hasta donde Legoshi podía acompañarla. Varias chicas estaban fuera, observando desde la distancia para ver qué había sucedido. Entre ellas, Sheila, una chica con apariencia de guepardo y cubierta de manchas, se adelantó para acercarse a ellos.

Linda observó cómo Sheila se aproximaba con rapidez, su preocupación evidente en su expresión.

—¡Legoshi! ¿Qué sucedió? ¿Qué fue ese ruido? —preguntó Sheila, preocupada al ver que venían de la dirección del teatro.

—Hubo un accidente. Alguien del club se cayó por la ventana del segundo piso, rompiéndola —respondió Legoshi, su voz sonando un poco nerviosa mientras intentaba mentir.

—Sí, vimos a alguien caer del segundo piso y cortarse con los vidrios… Creo que se llamaba Tem —añadió Linda, ayudando a Legoshi a mantener la mentira para no levantar sospechas. Legoshi la miró nerviosamente, impresionado por lo natural que sonaba.

—¡¿Tem?! ¿Qué le pasó? ¿Está bien? —Sheila preguntó, su preocupación aumentando por su compañero de club.

—Sí, solo sé que se cayó por la ventana. Cuando llegamos, los profesores ya estaban regresando a todos, pero no te preocupes, creo que ya lo están atendiendo —dijo Linda, mintiendo con tanta naturalidad que parecía parte de su discurso habitual.

—Espero que esté bien... ¿Pero qué los trajo aquí? —Sheila cambió de tema, mirándolos con curiosidad.

Legoshi, volviendo en sí, respondió rápidamente: —Ah, sí. Traje a Linda a los dormitorios porque no sabía dónde estaban, así que me pidió ayuda para que la guiara.

Sheila miró a Linda con una sonrisa amigable. —¡Tú eres la nueva! ¡Es un gusto conocerte, me llamo Sheila! ¡Legoshi y yo vamos al club de drama! —dijo, su preocupación disipándose un poco al conocer a Linda.

—El gusto es mío, Sheila. Me llamo Linda —respondió Linda, devolviendo la sonrisa para que Sheila se sintiera cómoda en su presencia. Luego sacó un papel con un número escrito en él, que también decía "dormitorio". —El director me dio esto.

Sheila lo vio y soltó una risa nerviosa. —Jejeje, creo que eres la nueva compañera de cuarto. Este es el cuarto donde me quedo. ¡Bienvenida!

—¡Gracias! —Linda le devolvió una cálida sonrisa y luego miró a Legoshi. —Gracias, Legoshi, por traerme. Si no fuera por ti, estaría toda la noche dando vueltas.

—De nada, Linda. Pero recuerda, no andes por aquí muy tarde, ¿de acuerdo? Tengo que volver a mi dormitorio. Adiós —se despidió Legoshi, dejando a las dos chicas en la entrada del dormitorio. Un silencio incómodo se instaló, con Sheila un poco asustada por los ojos de Linda, que resaltaban en la oscuridad.

—¡Bien! ¡Vamos adentro y te presento a todas! —dijo Sheila, tratando de tomar valor y hablando alegremente.

—¡Sí! —respondió Linda con la misma energía.

Linda siguió a Sheila por los pasillos, mientras varias chicas que dormían en los dormitorios las miraban al pasar. Finalmente, Sheila se detuvo frente a una puerta.

—¡Es aquí! ¡Ven, entremos! —dijo Sheila mientras abría la puerta e invitaba a Linda a pasar. Dentro de la habitación, Linda se encontró con una loba que se parecía a Legoshi, aunque su color era un poco más oscuro rojizo. También había dos chicas felinas, cada una con un aire distinto.

—¡Ellas son mis compañeras de dormitorio! —Sheila presentaba con entusiasmo a las otras chicas, pero Linda no les prestaba atención. En lugar de eso, su mirada estaba fija en el espejo de la habitación, donde nuevamente veía esa figura inquietante sonriendo desde el vacío. La figura tocaba el espejo, emitiendo un sonido que resonaba en la habitación. Linda podía oírlo claramente, pero las otras no parecían notarlo.

Sheila notó que Linda no reaccionaba y se preocupó. —¿Linda, estás bien? —preguntó mientras pasaba su mano frente a los ojos de Linda, pero esta no respondía. Sheila siguió la dirección de la mirada de Linda y vio el espejo. Preocupada, decidió taparlo con una sábana, pero antes de cubrirlo por completo, la figura en el espejo se inclinó un poco y susurró. —¡Adiós, kiddo! —antes de desaparecer.

—¡Linda, ¿estás bien?! ¿Por qué no me respondes? —Sheila, ya realmente preocupada, empezó a sacudirla suavemente hasta que Linda finalmente volvió en sí.

—S-sí, estoy bien. Solo recordé algo, no te preocupes —respondió Linda, un poco nerviosa, mientras intentaba sonar tranquila. Luego, se dirigió al espejo y quitó la sábana, encontrándose solo con su reflejo normal. Este gesto inquietó un poco a todas las presentes.

—¿Estás segura de que te sientes bien? Te quedaste mucho tiempo sin decir nada —preguntó Sheila, claramente preocupada, especialmente porque Linda había destapado el espejo como si esperara ver algo.

—Sí, estoy bien. Es solo que creí ver un insecto con alas —mintió Linda, tratando de calmar la preocupación de Sheila.

—¿¡Un insecto volador!? ¿¡Dónde!? —preguntaron alarmadas todas las chicas, y la mentira había funcionado.

—Estaba arriba del espejo cuando lo tapaste, pero creo que lo asustaste —explicó Linda. Todas comenzaron a buscar el supuesto insecto por la habitación, lo que alivió a Linda, ya que así evitaría más preguntas incómodas.

Pasaron unos minutos buscando, hasta que Sheila suspiró, cansada. —Ahhh, ya buscamos por todos lados y no hay nada.

—Lo más seguro es que se fue del cuarto —dijo Linda, intentando calmarlas.

—Supongo que tienes razón... Bueno, deja que te presente a las demás —dijo Sheila, calmándose y comenzando a presentar a sus compañeras de cuarto.

Sheila señaló a la loba de pelaje oscuro rojizo, quien asintió en dirección a Linda.

—Ella es Juno, está en primer año y también va al club de drama conmigo —dijo Sheila mientras presentaba a la loba de pelaje oscuro. Juno le sonrió a Linda, mostrando un entusiasmo palpable.

—Es un gusto conocerte. Vas en la misma aula que Legoshi, ¿verdad? —preguntó Juno, moviendo su cola de un lado al otro con evidente interés.

—Sí —respondió Linda, sintiendo la presión de la presencia de Juno.

Sheila continuó presentando a las otras dos compañeras de cuarto, y el grupo pasó un rato despierto, conversando antes de finalmente decidir irse a dormir.

Más tarde, en la oscuridad y silencio de la habitación, Linda abrió los ojos. Había estado fingiendo dormir mientras las demás lo hacían plácidamente. Mirando el techo, sus pensamientos volvieron a aquel día en el que había tenido una discusión con Lotus.

—¿¡Por qué debo asistir!? ¿¡No sería más fácil proteger este lugar desde el espacio!? —Linda había gritado a Lotus, cuestionando la necesidad de estar físicamente presente en la academia.

—Lo sé, Tenno, pero desde que llegamos a este mundo a través del vacío, no hemos podido analizar los datos de manera correcta. Parece que el planeta emite una señal que bloquea todo tipo de análisis o escaneo. Por eso te necesito aquí, Tenno —explicó Lotus con calma, intentando tranquilizarla.

—¿¡Pero qué tal si vienen los Grineer o los Corpus!? ¿¡A tratar de invadir este planeta o, peor, destruirlo y exterminar a todos, solo para buscar tecnología Orokin!? —Linda había replicado, señalando a los estudiantes con preocupación, pensando en los habitantes inocentes que nada tenían que ver con los conflictos del Sistema Origin.

—Operador, nos tomará más tiempo localizar anomalías que nos lleven por el camino correcto, pero no te preocupes. Estaré listo para cualquier hallazgo que encontremos o peligro que se aproxime —intervino Ordis, uniéndose a la conversación para apoyar a Lotus.

—Tenno, entiendo tu preocupación por estos habitantes inocentes que ignoran los peligros que no pueden ver. Sé cómo te sientes, pero desde ahora te dejaré tomar el destino de este mundo y sus habitantes en tus manos. Tú decides quién quieres ser —dijo Lotus, tomando suavemente el hombro de Linda, esperando su decisión. Linda guardó silencio por unos segundos antes de responder.

—Está bien, Lotus —Linda había aceptado finalmente, comprendiendo la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros.

Parpadeando, Linda salió de esos recuerdos y trató de cerrar nuevamente los ojos, esperando poder dormir hasta la mañana siguiente.

Cuando volvió a abrir los ojos, el amanecer ya estaba comenzando. Se levantó y se preparó antes de que las demás se despertaran, saliendo en silencio de la habitación. El sol apenas asomaba por el horizonte, y el aire fresco de la mañana la rodeaba mientras se sentaba sola en una banca del campus, observando el amanecer.

De repente, una voz sonó detrás de ella.

—¿Disfrutando del amanecer? —preguntó la voz, suave pero curiosa.

Linda se dio la vuelta y se encontró con un tigre de bengala, acompañado por una pantera negra y un águila. Todos vestían de manera similar, como si acabaran de hacer ejercicio. Al cruzar miradas con Linda, Bill, Tao y Aoba se sintieron intimidados. Tao, notando la tensión, le susurró a Bill:

—¿Ves? Te dije que era una mala idea hablarle.

Linda percibió el tono temeroso de Tao mientras evitaba su mirada. Bill, intentando dar ánimos a su amigo, le contestó en voz baja:

—¡Vamos! No seas miedoso, Tao.

Con una sonrisa amigable, Bill se volvió hacia Linda, intentando entablar una conversación.

—Hola, lo siento si te molestamos. Soy Bill, es un gusto conocerte.

Linda también sonrió, intentando sonar amigable.

—Es un gusto conocerte, Bill, —respondió. Luego, girándose hacia los otros dos, preguntó —¿Y ustedes son?

Tao, evidentemente nervioso, tartamudeó al presentarse.

—A-a-ah, yo soy Tao... Es un gusto conocerte, —dijo, ruborizándose ligeramente.

Aoba, aunque algo nervioso, logró responder con más serenidad.

—Yo soy Aoba. Es un gusto conocerte, —dijo, esbozando una pequeña sonrisa.

Linda, deseando que se sintieran cómodos, les sonrió cálidamente.

—Es un gusto conocerlos también, Tao y Aoba, —dijo con alegría, esperando aliviar su nerviosismo.

Tao se sonrojó aún más, mientras que Aoba le devolvió la sonrisa, aunque aún se sentía un poco incómodo.

Bill, sintiéndose más seguro, continuó la conversación.

—¿Qué haces tan temprano afuera?

Linda se volvió hacia el horizonte, observando la salida del sol antes de responder.

—Nada, solo trato de concentrarme para el día, —dijo en un tono sereno y luego devolvió la pregunta —¿Y ustedes qué hacen?

—Solo hacemos un poco de ejercicio, —dijo Bill con orgullo. Luego, recordó el incidente del día anterior y preguntó —Por cierto, ¿no oíste que alguien tuvo un accidente ayer?

Linda asintió ligeramente.

—Sí, estaba con Legoshi anoche cuando oímos el alboroto.

Aoba, intrigado, intervino.

—¿Conoces a Legoshi?

—Sí, —respondió Linda sin dar muchos detalles.

Bill, cada vez más curioso, continuó.

—¿Vieron algo?

Linda negó con la cabeza.

—Sí, pero cuando llegamos, los profesores ya estaban allí y regresaron a todos. Apenas pude ver algo. Lo único que sé es que Tem se cayó del segundo piso por la ventana y se cortó, —dijo con un tono neutral, sin mostrar cambios en su expresión.

Aoba suspiró, visiblemente frustrado.

—¡Ahhh! Eso significa más trabajo para la obra de Adler... —se lamentó, pensando en el desafío de reemplazar a Tem.

En ese momento, un profesor se acercó al grupo.

—¡Ah, qué bien que los encuentro! Hoy no podrán ir al club porque Tem tuvo un accidente en el teatro. Y casi se me olvidaba, no tendrán una clase porque alguien vandalizó uno de los salones, así que lo más probable es que puedan salir un poco temprano, —anunció.

Los tres reaccionaron al unísono, sorprendidos.

—¡¿Qué?! —exclamaron, incrédulos.

Bill, sintiéndose frustrado, reclamó.

—¡Pero tenemos la obra en unos cuantos días! ¡No podemos retrasar los ensayos!

El profesor, con un tono firme, respondió.

—Son órdenes del director. No quiere que alguien más se lastime; ya es suficiente con un alumno, —dijo. Luego, volviéndose hacia Linda, agregó —Señorita, el director quiere verla. Y ustedes, avísenle a los demás.

Los tres asintieron, aunque algo reticentes.

—Sí, señor, —respondieron al unísono.

El profesor indicó a Linda que lo acompañara a la dirección, y ella se levantó para seguirlo.

Mientras Linda y el profesor se alejaban, los tres observaban como se alejaban. Bill la observó con sospecha, sus pensamientos comenzando a llenarse de dudas.

—Algo no me cuadra... —murmuró Bill.

—¿Qué cosa? —preguntó Aoba, notando la seriedad en el rostro de su amigo.

—El profesor dijo que Tem solo tuvo un accidente, ¿verdad? —Aoba asintió rápidamente—. Pero nunca mencionó que Tem cayó del segundo piso y se cortó. Sin embargo, ella lo dijo como si lo supiera. ¿Cómo es que sabe eso si apenas pudo ver algo? —Bill frunció el ceño, intentando comprender la situación.

Aoba intentó razonar con él.

—¿Estás bromeando? No creo que ella le haya hecho algo a Tem, —aunque la duda empezaba a crecer en su interior por lo que menciono Bill.

Tao, algo curioso, propuso una idea.

—¿Y si vamos al teatro a echarle un vistazo?

Aoba, algo reticente, intentó ser el más sensato.

—¿Qué dices? ¿¡Quieres que nos suspendan por desobedecer una orden del director!? —trató de razonar con ellos, aunque su curiosidad también comenzaba a crecer.

Bill, decidido, los miró con determinación.

—Vamos, solo miramos y nos vamos. Sé que tienes curiosidad por ver qué pasó, —dijo, dejando claro que no iba a quedarse de brazos cruzados.

Tao y Aoba intercambiaron miradas, sabiendo que estaban a punto de meterse en algo grande, pero la curiosidad era demasiado fuerte para ignorarla.

—Está bien, vamos, pero si alguien viene, los dejaré ahí. No quiero meterme en problemas —advirtió Aoba, todavía tratando de hacerlos reconsiderar, aunque sabía que ya era demasiado tarde. Bill ya había comenzado a caminar, y Tao y él lo siguieron, aunque un mal presentimiento lo invadía.

Al llegar al teatro, se encontraron con tablas de construcción bloqueando la vista y el paso. Los árboles que rodeaban el lugar tampoco ayudaban.

—¿Ves? No podemos pasar, mejor volvamos —exclamó Aoba, sintiéndose cada vez más inquieto y nervioso.

—Sí, creo que Aoba tiene razón, mejor vámonos antes de meternos en problemas —dijo Tao con voz temblorosa, revelando su preocupación por ser vistos.

—¡Vamos! ¿Ya se están arrepintiendo? Seguro hay una forma de entrar —Bill se sentía frustrado al no poder ver lo que había sucedido, hasta que una idea cruzó su mente—. ¡Ya sé! Vayamos por detrás, tal vez por ahí sigue abierto.

Los tres caminaron entre los arbustos hasta llegar a la parte trasera del teatro, donde parecía que no había ningún tipo de cobertura.

—Supongo que no pensaron que alguien rodearía el edificio. ¡Bien, vamos a ver! —dijo Bill con curiosidad mientras salía de los arbustos y se sacudía las hojas.

—¿Estás seguro de esto, Bill? Espero que no nos metamos en muchos problemas —Aoba también salió de los arbustos, todavía incrédulo por lo que estaba haciendo, pero la curiosidad por saber la verdad lo dominaba.

—No hay nadie, ¿verdad? —preguntó Tao antes de salir de los arbustos.

—No, ya sal de ahí —respondió Bill, quien comenzó a avanzar hacia la puerta trasera del teatro. Tao salió rápidamente, sin querer quedarse atrás.

Al llegar a la puerta, Bill se detuvo y susurró—: Shhh, no hagan ruido.

Empujó suavemente la puerta para ver si se abría, y al notar que se movía lentamente, decidió abrirla con cuidado. Los otros dos lo siguieron en silencio. Una vez dentro, se encontraron con utilería y muchas otras cosas almacenadas por el área de bastidores. Con precaución, subieron al segundo piso, donde estaba el área de ensayo, y cruzaron al otro lado, desde donde podían ver el teatro completo desde la planta alta.

Cuando finalmente llegaron, sus rostros cambiaron al horror. Había sangre seca por todo el camino que descendía hasta el centro del teatro, y la puerta que daba al pasillo estaba destrozada.

—C-creo que es mejor irnos —sugirió Tao, temblando de miedo, sabiendo que no debían estar ahí. Bill y Aoba se dirigieron hacia donde estaba la puerta antes. Tao los siguió con temor, cuidando de no tocar nada. Al llegar al otro lado, vieron un agujero donde antes estaba la ventana.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó Bill, lleno de dudas.

—No lo sé, pero creo que sería mejor irnos antes de que alguien venga —insistió Aoba, tratando de sacarlos lo más rápido posible. No quería arriesgarse a ser descubiertos, y menos después de ver algo que no debían haber visto.

De repente, Tao los llamó en un susurro—: ¡Hey! ¡Miren esto! —señalaba a través de otra ventana hacia afuera. Los dos se aproximaron para ver lo que él señalaba: una fuente destrozada y un árbol partido en dos. No podían creer lo que estaban viendo. El profesor les había mentido sobre lo que le sucedió a Tem. Entonces, ¿qué había pasado realmente? Los tres se lo preguntaban.

De repente, comenzaron a oír voces que se aproximaban. No lo pensaron dos veces y salieron del lugar como entraron, alejándose lo más rápido que pudieron.

—¿¡Qué fue lo que pasó ahí dentro!? —gritó Bill, tratando de recuperar el aliento.

—¡No lo sé! ¡Pero no creo que alguien como Tem haya podido hacer eso con solo caerse! —Aoba intentaba encontrar una explicación lógica a lo que acababan de ver.

Tao, todavía muy asustado y con la voz temblorosa, finalmente habló un poco exhausto por correr.

—¿¡Creen que alguien atacó a Tem!? —pregunto, mientras trataba de recuperar el aliento.

Los tres se miraron, intercambiando miradas cargadas de incertidumbre.

—¿Creen que debamos contarle a los demás en la reunión? —preguntó Bill, aunque en su tono se percibía la duda.

—No lo sé, Bill. Esto es realmente peligroso. ¿Qué tal si el que intentó atacar a Tem está ahí? —Aoba intentaba convencerlo de no decir nada, pero también sentía la necesidad de advertir a los demás para evitar que los acusaran falsamente. Tao, por su parte, solo los miraba, atrapado entre el miedo y la incertidumbre. Estaba aterrorizado por la posibilidad de que lo culparan a él, especialmente después de haber arrancado el brazo accidentalmente a Kibi durante un calentamiento. Sabía que cualquier sospecha podía recaer sobre él.

El silencio cayó sobre ellos por unos segundos, cada uno perdido en sus pensamientos. Finalmente, Bill habló con determinación.

—Hay que hacerlo. Y encontrar al que intentó atacarlo —dijo, mirando a Aoba con seriedad.

—Ahhhh... Sé que tienes tus razones, pero piénsalo bien. No sabemos quién intentó atacarlo. ¿Qué tal si te atacan a ti por andar contando lo que viste? —Aoba trataba de ser razonable, consciente del peligro de compartir lo que habían descubierto. Aunque quería prevenir a los demás, sabía que estaban especulando y que eso podía ponerlos en peligro.

Los dos se volvieron hacia Tao, que seguía sumido en su propio miedo. Estaba paralizado ante la idea de ser acusado.

—Como sea, creo que ya es hora de volver para prepararnos para las clases —dijo Bill, intentando cambiar de tema. Sabía que no podría convencer a Aoba en ese momento, y prefirió dejar la conversación para otra ocasión.

—Olvidemos esto, y no se lo contemos a nadie —propuso Aoba, decidido a mantener el secreto, aunque sabía que Bill no se quedaría callado por mucho tiempo. Tao, sin decir mucho, asintió y murmuró un "sí".

Los tres se dirigieron a los dormitorios de chicos para prepararse para el día. Pasaron unos minutos en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, hasta que finalmente comenzó la primera clase. Linda aún no había llegado, lo que despertó la curiosidad de Legoshi y sus amigos, que se preguntaban por su ausencia.

—¡Oye, Legoshi! ¿No has visto a Linda? No la encontramos cuando veníamos para acá —preguntó Jack, algo preocupado, recordando que Legoshi había salido más temprano.

—No... pero espero que no sea nada malo —respondió Legoshi, con la mente aún enredada en lo que sucedió la noche anterior: el ataque a Tem y cómo Linda fue golpeada sin mostrar señales de daño. La voz de Jack lo sacó de sus pensamientos.

—¡Ahí viene! —exclamó Jack, intrigado al ver a Linda acercarse junto con un profesor. Ambos se aproximaron al aula, y Linda abrió la puerta, entrando con el profesor a su lado. Ella llevaba un maletín, lo que hizo que Jack y los demás asumieran que solo había ido a recoger unos libros.

—Toma asiento —le indicó el profesor, y Linda asintió con un leve "sí" antes de sentarse. Legoshi quería saber qué había pasado, pero el profesor comenzó la clase, dejándole sin oportunidad para hablar con ella.

—Supongo que tendré que esperar hasta el almuerzo... —pensó Legoshi para sí mismo.

Las clases transcurrieron con normalidad hasta la hora del almuerzo. Cuando sonó el timbre, la mayoría de los estudiantes se levantaron para dirigirse a la cafetería. Legoshi y sus amigos aprovecharon para acercarse a Linda.

—¡Linda! —la llamó Legoshi para que los esperara. Una vez que la alcanzaron, se unieron a ella mientras caminaban juntos.

—¿Por qué venías con el profesor esta mañana? —preguntó Legoshi, ya que sabía que tenía que explicarle al director lo sucedido la noche anterior, pero quería despejar sus dudas.

—Solo fui a recoger unos libros y otras cosas que me faltaban, nada más —respondió Linda, tratando de sonar despreocupada. Los demás escuchaban atentamente la conversación entre Legoshi y Linda, hasta que Jack intervino.

—Por cierto, ¿escuchaste lo de anoche, Linda? Alguien se accidentó en el teatro, ¿verdad? —preguntó Jack con preocupación.

—Sí, escuché algo en la dirección y de los otros maestros —respondió Linda, intentando mantener la conversación superficial para evitar más preguntas.

Justo en ese momento, Bill, Aoba y Tao salieron de una de las escaleras, deteniéndose frente a ellos.

—¡Ah, Legoshi! Qué bueno verte. El profesor nos dijo que no podremos ir al club de drama hoy porque Tem tuvo un accidente —dijo Bill, como si fuera la primera vez que lo mencionaba, antes de saludar a Linda—. Hola, Linda. ¿Van en el mismo salón?

—Sí. ¿Se conocen? —preguntó Legoshi, girándose hacia Linda.

—Sí, nos saludamos esta mañana —explicó Linda.

—¿Van a la cafetería? —preguntó Bill, como queriendo platicar con ellos.

—Sí, ¿por qué? —respondió Legoshi.

—Quiero contarles algo —dijo Bill en un tono más serio, lo que captó la atención de todos, excepto de Linda.

—Está bien, vamos —respondió Legoshi, listo para continuar, cuando Linda los interrumpió.

—¡Legoshi! Yo voy al club de jardinería. Quiero relajarme un poco, así que iré a tomar aire fresco —dijo Linda con voz calmada antes de despedirse y dirigirse hacia las escaleras, dejándolos solos.

Todos quedaron un poco desconcertados por la reacción de Linda, especialmente el grupo de Bill, que comenzaba a sospechar de ella. Continuaron su camino a la cafetería y se sentaron juntos en una mesa para comer.

—¿De qué querías hablar, Bill? —preguntó Legoshi mientras le daba una mordida a su comida.

—Acérquense, les contaré —respondió Bill en un tono que captó la atención de todos. Se inclinaron más cerca de él, curiosos.

—Verán, esta mañana fuimos al club de drama y entramos por la puerta trasera. Subimos al segundo piso para ver desde arriba la primera planta, hasta el centro del teatro —Bill hizo una pausa, dudando si debía continuar, pero decidió hacerlo—. Dentro vimos un camino de sangre seca que llegaba al centro del teatro. La puerta que lleva hacia arriba estaba rota, y cuando entramos al pasillo donde están las ventanas, una de ellas estaba completamente destrozada. Afuera vimos que la fuente estaba destruida, y un árbol, partido en dos.

Todos se quedaron helados por lo que Bill acababa de describir. Pero Legoshi, que sabía lo que realmente había ocurrido, trató de mantener la calma. Bill lo miró directamente, con una expresión inquisitiva, y lanzó la pregunta que había estado evitando.

—Linda me dijo que ustedes dos estaban allí anoche. ¿Vieron algo?

Legoshi, nervioso, intentó mentir lo mejor que pudo.

—No, cuando llegamos, los profesores ya estaban ahí y nos mandaron de regreso. No vimos nada.

Jack y los demás seguían la conversación con preocupación, sintiéndose cada vez más intranquilos por Legoshi, sin saber en qué se había metido. Bill, sin embargo, no parecía convencido y continuó presionando.

—¿Confías en Linda? —preguntó Bill, intensificando la tensión.

—Sí, ¿por qué lo preguntas? —respondió Legoshi, cuestionando a Bill por sus dudas sobre alguien que apenas había conocido.

—Bueno, para empezar, el profesor nos dijo que Tem había tenido un accidente. Y luego, Linda nos contó que Tem cayó del segundo piso y se cortó con los vidrios —Bill hizo una pausa, notando cómo todos comenzaban a dudar un poco de Linda, ya que ella había mencionado que había oído todo esto de los profesores—. ¿Cómo explicas eso?

Legoshi se sintió atrapado, buscando desesperadamente una forma de salir de esa situación.

—No lo sé... yo solo la acompañé al dormitorio de chicas y la dejé allí —dijo, intentando sonar convincente, aunque sabía que las sospechas no desaparecerían tan fácilmente.

—¿No la has visto actuar de manera extraña? —Bill continuaba presionando a Legoshi, que empezaba a ponerse visiblemente más nervioso, hasta que uno de sus amigos intervino.

—Bueno... de hecho, cuando llegó al salón por primera vez, se quedó mirando el escritorio del maestro sin responder cuando Legoshi le hablaba —comentó Collot, comenzando a dudar de Linda por su actitud extraña. Jack intentó defenderla, pero incluso él empezaba a cuestionarse.

—¡Vamos, no creo que haya hecho nada malo! ¡Además, es muy amigable! —dijo Jack, aunque su tono reflejaba incertidumbre.

Los demás miraron a Jack, y Miguno alzó la voz, intentando no sonar demasiado fuerte:

—¿¡Qué!? ¡Recuerda las máquinas que maneja! —Luego, volviéndose hacia Legoshi, Bill continuó—. Entonces, Legoshi, ¿sigues confiando en ella?

La mirada seria de Bill y la presión del grupo hicieron que a Legoshi se le escapara algo que no debía haber dicho.

—Bueno… ella me invitó a verla en el club de jardinería.

Jack, alarmado por lo que Bill había contado, le preguntó a Legoshi con preocupación:

—¿Estás seguro de eso? ¿Y si te está tendiendo una trampa?

—Sí, de hecho iba a ir a ver qué es lo que me quería decir —respondió Legoshi, notando la preocupación en Jack, pero sin poder creer que desconfiara de Linda tan rápido. Entonces, Bill se metió en la conversación.

—¿Y qué tal si te acompañamos y escuchamos lo que tiene que decir en su defensa? —Bill se levantó de la mesa, decidido, pero Legoshi lo detuvo.

—¡Espera, espera! ¡Ella me pidió que fuera solo, no puedo traicionar su confianza! —dijo Legoshi, levantándose también y sujetando a Bill por la camisa. La tensión aumentaba, y algunos en las otras mesas empezaban a notar la situación. Fue entonces cuando Aoba intervino para calmarlos.

—¡Hey, tranquilos! ¡No van a resolver nada así! —Aoba los separó, dirigiéndose a Legoshi—. Sé que no podemos decirte que no vayas ni que no confíes en ella, pero es preocupante dejarte ir solo.

Aoba intentaba encontrar una manera de resolver el conflicto cuando Jack sugirió algo.

—¿Y si solo escuchamos desde la entrada? ¿Sin que nos vea? —Jack solo quería asegurarse de que Legoshi estuviera bien y poder intervenir si algo pasaba.

Legoshi lo pensó por unos segundos, sabiendo que no lo dejarían en paz ni a él ni a Linda hasta saber la verdad. Finalmente, asintió, aunque detestaba la idea.

—Bien, vayamos —dijo Bill, sin cambiar su tono serio.

Salieron de la cafetería y se dirigieron al club de jardinería. Subieron las escaleras hasta llegar a la puerta y, con cuidado, ascendieron los últimos escalones sin hacer mucho ruido. Legoshi sería el único en salir por la puerta, cuando de repente escucharon la voz de Linda discutiendo con alguien.

La puerta estaba entreabierta, y desde ahí podían verla claramente, hablando sola o como si estuviera con alguien. Justo en ese momento, Haru apareció por detrás, llamando la atención de todos.

—¿Qué hac…? —No pudo terminar su frase, ya que Legoshi le tapó la boca, haciéndole un gesto para que guardara silencio y escuchara. Luego, se asomó por una pequeña ventana para observar lo que sucedía.

Linda fue al club de jardinería buscando un poco de paz. Se paseó por el lugar, notando que Haru no estaba por ningún lado. Finalmente, se sentó en una banca cercana, cerró los ojos y comenzó a meditar. No pasó mucho tiempo antes de sentir esa presencia familiar. Abrió los ojos lentamente, y allí estaba él, con su retorcida sonrisa, su rostro reflejando una versión distorsionada de ella misma.

—¿Qué quieres? —preguntó Linda con tono seco, sin molestarse en ocultar su molestia.

—¡Vaya, kiddo! ¿Así es como saludas a alguien? —replicó él, desapareciendo y reapareciendo más cerca de la salida, observando las plantas. Linda suspiró y lo siguió, intentando mantenerse serena.

—¿Qué es lo que buscas en este lugar? —le preguntó, tratando de obtener alguna respuesta más concreta.

—Ah, ese es el quid del asunto —respondió él con una sonrisa mientras se inclinaba para tomar una flor, examinándola con una expresión juguetona.

Linda empezaba a perder la paciencia. Intentó alcanzarlo, pero él desapareció de nuevo, apareciendo sobre la salida. Caminaba lentamente, sosteniendo la flor mientras arrancaba los pétalos uno por uno, como si estuviera tomando una decisión infantil, hasta que finalmente dejó caer el último pétalo.

—Te daré una pista —dijo él, su risa distorsionada resonando en el jardín dejando caer la flor sin pétalos al suelo —Su risa volvió a llenar el aire antes de desvanecerse.

Linda se quedó mirando la flor caída, soltando un suspiro cansado.

—Ahhh… —exhaló, frustrada por las respuestas ambiguas—. ¿Para qué me esfuerzo? Solo está jugando conmigo.

Se agachó, recogió la flor y la tiró a un lado antes de volver a sentarse en la banca, tratando de analizar las palabras de la entidad.

Legoshi y los demás observaban con incredulidad. Lo que veían y oían, la forma en que Linda parecía estar cuestionando a alguien invisible, les resultaba desconcertante. De repente, vieron cómo una flor comenzó a flotar en el aire antes de desaparecer, solo para reaparecer en el suelo, completamente despojada de pétalos. Un escalofrío recorrió sus cuerpos. Legoshi quiso salir a buscar respuestas, pero Jack lo detuvo, preocupado por su seguridad. Finalmente, Legoshi reunió algo de valor, salió y trató de actuar con normalidad.

—Hola, Linda. Ya llegué —dijo Legoshi, intentando ignorar lo que había visto y oído. Linda giró su mirada hacia él, y su expresión inquietante hizo que Legoshi se sintiera aún más incómodo. Linda hizo un gesto para que se sentara sin decir una palabra. Él se acercó y se sentó a su lado.

—¿De qué querías hablarme? —preguntó Legoshi, tragando saliva nervioso.

Linda puso sus manos sosteniendo su cabeza y miró al vacío por un momento antes de hablar.

—Legoshi, ¿puedes guardar esto en secreto? No me malinterpretes, no es que no quiera contártelo, es solo que… —hizo una pausa—, no quiero poner a nadie en peligro por mi culpa.

Legoshi asintió, sintiendo una punzada de culpa por no haberla defendido cuando podía. Linda continuó, mirando hacia abajo mientras hablaba.

—Sí, puedo guardarlo. —El sentimiento de traición lo incomodaba, especialmente sabiendo que todos lo estaban escuchando detrás de la puerta.

Linda respiró hondo antes de hablar de nuevo.

—Bien, verás, yo… no puedo morir, se podría decir que soy inmortal.

Legoshi la miró con incredulidad.

—¿Es una broma, verdad? —preguntó, pero el silencio de Linda le hizo suponer que estaba hablando en serio.

—No importa cuánto daño me hagan o si me desintegran, mi cuerpo vuelve a aparecer. —Linda levantó la mano, mostrando cómo se volvía parcialmente invisible, como si estuviera llena de vacío.

—¿No te duele? —preguntó Legoshi, tratando de entender.

—Sí, pero con el tiempo aprendes a olvidarlo. No importa cuántas veces me derriben, nunca me quedo en el suelo. —Linda dijo esto con un tono serio y algo triste.

Legoshi la miro unos segundos y reunió el valor para ser sincero.

—Verás, Linda, no he sido completamente honesto contigo. La culpa me está consumiendo. —Linda lo miró con atención.

Los que estaban escondidos empezaron a sentirse nerviosos, porque legoshi no podía ocultar su culpa.

—Vi cómo discutías sola. ¿Estás bien? Es preocupante verte hablar sola y cómo te quedaste en el aula sin moverte. —Legoshi preguntó, preocupado y temeroso de estropear su nueva amistad.

Todo suspiraron de alivio después de todo si pudo resistir.

Linda lo miró, buscando la manera de explicarlo.

—Es difícil de explicar. No es una alucinación, es… hablar de él no es agradable. Siempre me ve y me escucha. Verás, mis poderes y mi inmortalidad tienen un precio, pero no sé cuál es exactamente.

Legoshi seguía incrédulo.

—¿A qué te refieres con "él"?

Linda lo observó en silencio durante unos momentos, dudando si debía continuar. Finalmente, suspiró.

—Ah, sabía que sería difícil de explicar. —Linda jugaba con sus manos, tratando de calmar sus nervios—. Digamos que puede tomar la forma de lo que quiere cuando hace un trato. A veces se parece a mí, a veces a otros y otras veces solo es oscuridad y polvo. En mi lugar de origen tiene muchos nombres.

Legoshi la miró, procesando todo lo que acababa de escuchar.

El miedo comenzaba a apoderarse de Legoshi, y los demás, que escuchaban a escondidas, sentían un escalofrío recorrer sus cuerpos por lo que Linda estaba contando.

—¿Y cómo se llama? —preguntó Legoshi, nervioso.

Linda se levantó de la banca y lo miró fijamente a los ojos, lo que lo inquietó aún más.

—Realmente estoy dudando si decirte su nombre, Legoshi. Solo quiero que me prometas que seguiremos siendo amigos después de esto. —Legoshi asintió con un leve "sí", y Linda continuó—. Él… se llama… el Hombre en el Muro.

Legoshi se quedó en silencio, sin saber qué decir. Los que estaban escondidos sentían cómo la presión en el ambiente cambiaba, volviéndose pesada. Linda puso su mano en el hombro de Legoshi.

—Solo no se lo cuentes a nadie, ¿sí? No quiero andar asustando a la gente con mis historias sobre él. —Linda trató de tranquilizar a Legoshi con una cálida sonrisa, notando lo alterado que se veía.

—Sí, pero… ¿qué es lo que realmente quiere de ti? ¿Qué es él? —Legoshi recobró un poco la compostura y preguntó.

—Mmm… realmente no lo sé. Pero aquellos que se lo han encontrado lo describen como "La Indiferencia, el Murmullo". Creo que se siente solo. Quiere ser parte de lo que estamos haciendo, solo que no lo sabe. Y hace todo lo posible por unirse, pero es torpe, ignorante. Así que todo es… torcido, a medias. —Linda explicó, recordando cómo Tagfer le había hablado de él—. Pero tranquilo, dudo que les moleste. Solo me busca a mí, para que cumpla sus peticiones o para ser su entretenimiento, supongo.

Legoshi la escuchaba con atención, sintiendo que la conversación se volvía cada vez más surreal.

—¿No te aterroriza? La forma en que lo describes parece como si fuera algo normal. —Legoshi preguntó, tratando de entender.

—Sí, me asusta, pero solo de vez en cuando. Aparece en el orbitador observándome, y aunque aún no me acostumbro del todo a verlo de repente, uno se adapta con el tiempo. —Linda sonaba más molesta que atemorizada—. Pero, ¿sabes? Fue bueno hablar contigo sobre esto. —Linda le sonrió—. Siento que me he quitado un gran peso de encima. Gracias por escucharme.

Su sonrisa genuina alivió un poco a Legoshi, mientras los demás, que seguían escuchando, empezaron a retirarse en silencio, suponiendo que Linda se estaba despidiendo. Haru, que había estado temblando de miedo, trató de controlarse y abrió la puerta como si acabara de llegar, llamando la atención de Linda y Legoshi.

—Oh, Linda, Legoshi. ¿Qué hacen aquí? —preguntó, fingiendo no saber nada.

—Nada, solo platicábamos, pero creo que sería mejor que nos fuéramos. Ya casi se acaba el descanso. —respondió Linda.

El timbre sonó en ese momento.

—Bien, te veré en la tarde, Haru —dijo Linda, retirándose y dejando solos a Haru y Legoshi.

Haru cayó de rodillas, sus piernas temblando del miedo.

—¿Qué fue eso que te contó? Parecía una historia de terror. —Haru apenas podía contener el temblor en su voz mientras le preguntaba a Legoshi.

—No lo sé, pero… se ve un poco más aliviada. Supongo que será mejor que también vuelva al salón. —Legoshi se levantó de la banca, pero Haru lo agarró del pantalón.

—¡Espera! No me dejes sola con ella a la hora del club. —Haru estaba visiblemente aterrorizada.

—Está bien, vendré en la tarde para ayudarte. De todos modos, el club de drama no estará disponible hoy. —Ella aflojó su agarre, pero aún estaba asustada.

—Pero no tardes. No quiero estar sola. —Haru lo miró suplicante, y Legoshi asintió antes de despedirse de ella.

En el salón, Linda entró y subió los escalones, tomando asiento en su lugar. Los chicos la observaban con mucho temor hasta que ella volteó y vio a Jack, acercándose para hablar con él.

—¡Hola, Jack! ¿De qué hablaron con Bill? —preguntó Linda con una sonrisa algo forzada, esperando su respuesta.

—Nos platicó sobre lo del teatro y que tendrán que buscar un reemplazo para la obra. Hay que preparar las cosas. —Jack mintió, nervioso de que ella lo notara.

—Ah, supongo que sí. Después de todo, les hará falta alguien. —Linda respondió con un toque de culpa en su voz, pensando en lo ocurrido esa noche. La puerta se abrió, y Legoshi entró, subiendo los escalones hasta donde estaban.

—¿Dónde estabas, Legoshi? Te estábamos esperando en la cafetería, pero nunca llegaste. —Jack continuó mintiendo, intentando sonar convincente.

—¡Ah! Fui a buscar a Haru para platicar sobre algo, pero solo encontré a Linda, y nos quedamos hablando ahí. —Ambos trataban de sonar naturales mientras conversaban, hasta que el profesor llegó y todos comenzaron a tomar asiento.

A la hora de los clubs, todos se fueron sin decir nada. Linda estaba algo confundida por la actitud de sus compañeros, pero supuso que tenían prisa por sus actividades. Salió del salón y fue al club de jardinería, esperando ver a Haru. Al llegar y abrir la puerta, se sorprendió al encontrar a los amigos de Legoshi allí, lo que la dejó un poco desconcertada. Se dirigió a Haru para ver en qué podía ayudar y preguntarle por qué estaban todos allí.

—Hey, Haru, ¿por qué están aquí? —preguntó Linda, algo confundida.

—¡Ah! Vinieron a ofrecer su ayuda. —Haru le mintió, tratando de sonar natural, y Linda aceptó la explicación sin hacer más preguntas.

—Por cierto, ¿en qué ayudo? —Linda miró alrededor, esperando instrucciones.

—Ayúdame a llenar esas macetas de allá. Hay que mover algunas plantas. —Linda asintió y comenzó a hacer lo que Haru le pidió. Justo en ese momento, la puerta de entrada se abrió, y Legoshi apareció. Todos voltearon a verlo.

—Hey, ¿también viniste a ayudar? —gritó Linda, extrañada de verlo allí, aunque solo llevaba un día en el club, así que no preguntó más.

—Sí, no tengo actividades hoy. —Legoshi le respondió y se acercó para ayudarla.

Pasaron unos minutos, y los otros amigos de Legoshi del club de teatro comenzaron a llegar al jardín. Linda notó que cada vez eran más.

—Oye, Legoshi… o Haru, ¿hay algún tipo de reunión aquí cada cierto tiempo? —preguntó Linda, notando la creciente cantidad de personas a su alrededor. Todos se miraron entre sí, algo incómodos, sin saber cómo responder. De repente, el intercomunicador de Linda sonó, rompiendo el silencio.

—¡Tenno! —La voz autoritaria de Lotus resonó, captando la atención de todos. Linda se puso en alerta de inmediato.

—Sí, Lotus, ¿qué pasa? —respondió Linda, su tono se volvió más serio.

—Hemos detectado otra anomalía. Podría ser otro laboratorio, pero es diferente al primero que encontraste. La señal parece estar pidiendo ayuda, pero no podemos descartar que sea una trampa. Procede con precaución. Ordis ya está en camino —explicó Lotus con firmeza.

—Entendido, Lotus —asintió Linda, aceptando la misión mientras la transmisión se cortaba. Justo en ese momento, Ordis comenzó a comunicarse con ella.

—¡Operador! Extracción en dos minutos —anunció Ordis con su voz mecánica y precisa.

—Ok, Ordis. —Linda respondió, mientras la comunicación se cortaba. Miró a Haru, quien estaba junto a Legoshi, notando su preocupación.

—Ahora vuelvo, Haru. Tengo que irme a hacer esto. —Linda se despidió rápidamente, consciente de la misión que tenía por delante.

—Sí, no hay problema. Legoshi puede encargarse de esto, ¿verdad? —Haru le preguntó nerviosa a Legoshi, buscando asegurarse de que todo estaría bien.

—Sí, no hay problema. —Legoshi respondió con una sonrisa tranquilizadora.

—Gracias, Legoshi. Prometo que te lo recompensaré. —Linda le devolvió la sonrisa antes de girar y prepararse para la misión. Se dirigió a su arsenal, donde eligió a su Warframe: Revenant Prime, equipándolo con Torid, Euphona prime y Xoris, y seleccionando a Diriga como su compañero.

Linda se centró en la tarea que tenía por delante, sabiendo que debía estar lista para cualquier cosa que pudiera enfrentar en la anomalía que Lotus y Ordis habían detectado. Mientras se preparaba para la extracción, dejó atrás a Haru y Legoshi, quienes intercambiaron miradas de incertidumbre, sin entender completamente lo que acababa de suceder.

Se transfirió a su Warframe, una figura imponente que, aunque no era más alta que Legoshi, brillaba con un resplandor que recordaba a un cielo estrellado, con manchas azules que parecían moverse por su superficie. Con hombreras robustas, le daba un aire etéreo que dejó a todos boquiabiertos.

—¿Linda…? ¿Estás ahí? —preguntó Legoshi, su voz temblando un poco por el desconcierto.

—Sí, tranquilo. Solo estoy esperando a Ordis. No debería tardar —respondió Linda, su voz calmada saliendo a través del Warframe, lo que ayudó a relajar a Legoshi.

—Por cierto… ¿qué es todo eso que llevas encima? —preguntó Legoshi, aún preocupado, mientras sus ojos analizaban las extrañas armas y dispositivos que ahora portaba Linda.

—Son armas, pero no te preocupes, sé usarlas bien. Y este que ves aquí es mi centinela, está para protegerme si las cosas se ponen difíciles —dijo Linda, señalando al dispositivo flotante que la acompañaba.

Los demás la miraban con una mezcla de preocupación y asombro. No podían entender cómo alguien tan fuerte como Linda, con esas máquinas tan avanzadas, necesitaba armas para defenderse. Linda percibió el miedo en sus miradas.

—Pueden estar tranquilos. Esto solo lo uso cuando ya no tengo más opciones —mintió Linda, intentando tranquilizarlos—. Solo para situaciones muy difíciles.

Las palabras de Linda lograron calmar a los presentes un poco, aunque la tensión en el aire aún se sentía. Jack, siempre curioso, no pudo evitar acercarse para observar más de cerca el Warframe.

—¿Qué hace este… cómo lo llamas… Warframe? —preguntó Jack, con la curiosidad brillando en sus ojos.

—No te lo tomes a mal, Jack, pero no quiero asustarlos, y tampoco quiero que me teman —respondió Linda, con una sonrisa que no era visible —. Pero puedo decirte que me vuelve invencible, redirige el daño y, bueno… puedo bailar, aunque no del modo que imaginas. Es más como si muchos rayos de luz salieran mientras giro en círculos.

Jack asintió, intrigado pero satisfecho con la breve explicación, justo cuando la voz de Ordis interrumpió el momento.

—¡Operador, estoy aquí! Listo para la extracción.

El Liset apareció sobrevolando arriba de ellos sin hacer mucho ruido

—Bien, los veré luego —se despidió Linda, lanzándose en un salto que parecía desafiar la gravedad, dirigiéndose hacia el Liset. Las guías magnéticas la atraparon en el aire, metiéndola en la nave.

La nave se elevó y, en un parpadeo, desapareció sin dejar rastro. Jack y los demás se quedaron en silencio, impresionados y un poco asustados por lo que acababan de presenciar. La facilidad con la que Linda había hecho todo eso era simplemente increíble.

—¿Qué fue eso? —preguntó Haru, visiblemente confundida por todo lo que había escuchado durante la conversación entre Linda y Lotus.

—No lo sé… Pero, ¿por qué están todos aquí? —respondió Legoshi, aún desconcertado por la situación. Luego, se volvió hacia los demás, buscando una respuesta.

—Nosotros vinimos porque… sentimos un poco de culpa por haber oído tu conversación con ella —dijo Jack, mirando al suelo con cierta vergüenza, arrepentido por haber sugerido lo que hizo hace unas horas.

Legoshi miró a Bill, sabiendo que le daría una de sus típicas respuestas.

—Solo vinimos para asegurarnos de que todo estuviera bien, y para asegurarnos de que ella no fue la que atacó a Tem —dijo Bill con su habitual franqueza.

La mención de Tem hizo que Legoshi sintiera una punzada de ira. Estaba cansado de que Bill siguiera insistiendo con esa sospecha, pero decidió controlarse.

—¿Realmente seguirás insistiendo con eso, verdad? —respondió Legoshi, su tono teñido de frustración.

Todos lo miraron en silencio, mientras él exhalaba profundamente y tomaba asiento en una de las bancas, preparándose para contarles la verdad.

—Se los contaré solo para que la dejen en paz. Pero esto no debe saberlo nadie más, ¿entendido? —dijo Legoshi, con seriedad. Todos asintieron, excepto Haru, que no comprendía del todo lo que estaba sucediendo, pero también se acercó para escuchar.

—Ayer por la noche, estaba esperando a Louis cerca de la fuente para hablar con él, pero tardó demasiado. Entonces, Linda apareció, y me alarmé porque ya había anochecido y estaba caminando sola. Me mostró el número de su dormitorio, pero no sabía dónde quedaba, así que la llevé…

Legoshi hizo una pausa, su tono cambió a uno más serio.

—Olía a sangre. Entonces, Tem salió de entre los arbustos y se abalanzó sobre mí, pidiendo ayuda. Al principio, no lo noté, pero era él quien estaba sangrando y estaba cubierto de heridas. Tem miró a Linda y salió corriendo de nuevo, adentrándose en los arbustos. Linda lo siguió.

Todos escuchaban con atención, incluso Bill, que aunque aún tenía sus dudas, decidió seguir escuchando.

—Los perdí de vista y traté de buscarlos. Entonces oí un estruendo proveniente del club de drama y el sonido de vidrios rompiéndose. Supuse que algo había pasado, así que corrí hacia allí. Al llegar, ya había algunos profesores en el lugar. Vi que Riz estaba tirado sobre unos arbustos, inconsciente, y había pedazos de vidrio y de la puerta esparcidos por el lugar. Luego, vi a Linda salir por la ventana con esa máquina que nos mostró en la cafetería, llevaba a Tem en brazos. Saltó hacia nosotros y lo bajó con cuidado para que lo atendieran. Tem apenas podía hablar, pero dijo que Riz lo atacó.

—¿Entonces Riz fue quien atacó a Tem? —interrumpió Bill, incrédulo.

—Sí —respondió Legoshi rápidamente y continuó—. En ese momento, Riz recuperó la conciencia y golpeó a Linda, lanzándola contra un árbol. Luego, se abalanzó sobre ella, golpeándola varias veces y finalmente lanzándola contra la fuente.

Todos quedaron boquiabiertos por lo que Legoshi les contaba.

—Linda se levantó como si nada le hubiera hecho daño. Vimos cómo una luz se enredaba en ella, girando a su alrededor. Riz intentó atacarla de nuevo, pero unas cadenas lo detuvieron, dejándolo inmóvil.

—¿Cadenas? ¿De dónde salieron? —preguntó Jack, visiblemente preocupado.

—No lo sé, parecía que salían del aire, pero eso no es todo. Lo más impactante fue cuando Linda dijo que se detuvo para no hacerle daño. Se acercó a un árbol, lo golpeó levemente, y el árbol voló en pedazos sin dejar rastro —Legoshi terminó de contarles, mirando a todos a los ojos—. Ahora me creen, Linda solo protegió a Tem y detuvo a Riz antes de que todo se saliera de control.

Todos quedaron en silencio, procesando lo que Legoshi acababa de compartir. Algunos estaban visiblemente asustados, otros simplemente no podían creer que Riz hubiera intentado comerse a Tem.

—Entonces, Riz fue el atacante de Tem. Con razón no lo he visto en todo el día —dijo Aoba, comprendiendo por qué Riz no había aparecido ni en clases ni en los dormitorios. Bill, por su parte, aún no estaba del todo convencido, pero decidió aceptar lo que Legoshi le había contado.

—Está bien, Legoshi. Te creo, pero aún así quiero escuchar lo que ella tiene que decir —respondió Bill, con un tono serio y una mirada que dejaba claro que no confiaba completamente en Linda. Sabía que ella ocultaba secretos, y eso lo inquietaba.

Las palabras de Bill provocaron a Legoshi, quien se levantó rápidamente y lo agarró de la camisa, acercándose peligrosamente.

—¿¡Acaso no me crees!? —exclamó Legoshi, su voz contenía un tono grave mientras luchaba por controlar su enojo.

Aoba intervino rápidamente, tratando de separarlos antes de que la situación escalara más. Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió, y todos dejaron de pelear al ver a Louis parado en la entrada, observándolos con una mezcla de sorpresa y desaprobación.

—¿Se puede saber por qué están todos aquí? —preguntó Louis, con su típico tono serio que llamaba la atención de inmediato. Su presencia bastó para que Legoshi y Bill se separaran al instante.

—Como sea, nosotros ya nos íbamos —dijo Bill, aún con tono serio y algo enojado, mientras se dirigía a la puerta de salida. Los otros, Tao y Aoba, lo siguieron en silencio, con Louis mirándolos fijamente hasta que desaparecieron por la puerta.

—Bien, ahora solo quedas tú para explicarme qué está pasando —dijo Louis, dirigiéndose a Legoshi con un tono que indicaba que no aceptaría excusas.

—Creo que nosotros también deberíamos irnos, Legoshi. Te veremos luego —dijo Jack, despidiéndose. Los demás asintieron, dejando a Legoshi, Haru y Louis solos en el jardín.

Legoshi exhalo. —Será una historia larga... —murmuró, preparándose mentalmente para explicar todo lo sucedido.

—Tenno, la señal se ha detectado en medio del océano, a unos seis mil metros de profundidad. Creemos que podría tratarse de un laboratorio creado antes de que los Sentients fueran desarrollados, tal vez algo experimental. También hemos detectado firmas del vacío. Es extremadamente importante que mantengas la máxima precaución; no sabemos qué hay ahí dentro —explicó Lotus con su habitual tono serio y autoritario mientras Ordis volaba hacia la posición.

—Entendido, Lotus. Estaré atenta a cualquier cosa extraña —respondió Linda, aceptando las órdenes. Sin embargo, no pudo evitar sobre lo sucedido en el club y pensar en cómo todos a su alrededor actuaban de manera extraña cuando ella estaba presente. Se preguntaba si había dicho algo incorrecto o si simplemente le tenían miedo. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Ordis.

—Operador, hemos llegado. Entraremos al mar. Prepárate —anunció Ordis.

—Sí, Ordis —respondió Linda, ajustándose en su posición para evitar moverse al impactar con el agua. El Liset se sacudió ligeramente al entrar al océano y comenzó a descender lentamente.

—Operador, ¿sabías que algunos animales marinos también poseen un grado de inteligencia similar al humano? Según los registros que hemos obtenido, tienen su propio lenguaje —comentó Ordis, tratando de aliviar la tensión mientras bajaban.

—Eso suena... muy ridículo, Ordis. ¿Cómo es posible? —Linda estaba estupefacta ante la información que Ordis le compartía. Su mente vagaba, preguntándose qué tipo de manipulación podría hacer que toda la fauna de un planeta desarrollara inteligencia. Recordó que los Orokin eran conocidos por realizar experimentos cuestionables ¿Acaso esto era una parodia creada por algún miembro del Imperio Orokin para su propio entretenimiento?

Sumida en sus pensamientos, Linda casi ignoró la respuesta de Ordis hasta que sintió que el Liset se detuvo.

—Operador, hemos llegado —anunció Ordis.

Linda se preparó para salir, su Archwing ya en posición. Se tranfirio a la escotilla y salió directamente a la profunda oscuridad del océano. El Itzal Archwing se acopló rápidamente a su Warframe. Al principio, todo era oscuridad, pero Ordis encendió las luces del Liset, revelando una visión inquietante, una torre Orokin en ruinas, aún con algunos de sus artefactos funcionando y una puerta que sorprendentemente, parecía estar operativa.

—Gracias, Ordis. Espera en posición, veré si puedo abrirla —dijo Linda mientras se acercaba cautelosamente a la puerta, buscando un punto de acceso. Apenas se acercó lo suficiente, la puerta se abrió de golpe, jalándola hacia su interior antes de que pudiera reaccionar. Fue lanzada contra el suelo agrietado de la torre Orokin, rodando sobre los pisos desmoronados.

—Vaya manera de ser bienvenida —murmuró Linda mientras se levantaba, sacudiéndose el polvo y activando sus sensores para escanear los alrededores. Lo que una vez había sido una majestuosa estructura dorada y blanca, inmaculada en su esplendor, ahora estaba en ruinas. Las paredes agrietadas estaban cubiertas por una flora descontrolada que parecía haber tomado el control, extendiéndose de manera caótica por el lugar.

—Tenno, ¿estás bien? —la voz preocupada de Lotus resonó en su intercomunicador.

—Sí, Lotus, ¿puedes ver esto? —respondió Linda, intentando tranquilizarla mientras observaba la escena desolada.

—Sí, parece que este lugar fue abandonado hace mucho tiempo, antes de la caída del Imperio Orokin. Tenno, la señal se intensifica más profundo en la torre. Tendrás que bajar, procede —instruyó Lotus, volviendo a centrarse en la misión.

Linda continuó avanzando hasta encontrar lo que parecía haber sido un elevador, ahora destruido y reducido a un simple agujero que descendía hacia las profundidades. Decidió deslizarse por los muros del elevador, notando que estaban hechos de un vidrio grueso que le permitía ver la complejidad y profundidad de la estructura mientras descendía. La oscuridad se hacía más densa y el deterioro más evidente a medida que bajaba, hasta que finalmente llegó a una puerta que estaba abierta. Atravesó la entrada con cautela.

Al otro lado, encontró una amplia sala que se dividía en cuatro caminos, cada uno flanqueado por máquinas Orokin que, sorprendentemente, aún funcionaban, emitiendo un tenue resplandor dorado.

—Tenno, la señal se intensifica más adelante. Estás cerca. Procede con precaución —advirtió Lotus, guiándola hacia una puerta masiva, similar a las que había visto en Deimos, decorada con símbolos del lenguaje del Vacío.

—Tenno, es aquí —confirmó Lotus, su tono serio, a través del intercomunicador.

Linda colocó su mano con cuidado sobre la puerta, sintiendo un ligero zumbido cuando los símbolos comenzaron a iluminarse, uno tras otro. Con un profundo y resonante sonido, la puerta comenzó a abrirse lentamente, revelando lo que se ocultaba en su interior.

Linda avanzó con cautela hacia la sala, sus pasos resonando en el silencio roto únicamente por el zumbido de las máquinas y las estructuras del Vacío que llenaban el lugar. La escena le recordó a lo que había visto en el Zariman, un cúmulo de tecnología Orokin fusionada con elementos del Vacío. Su mente no podía evitar revivir los recuerdos de los ángeles que habitaban en el Zariman, criaturas que esperaba no encontrar aquí.

A medida que se adentraba más, observó dos pilares que parecían estar colocados para contener algo entre ellos. Emitían una luz azul tenue, lo que indicaba que aún estaban activos.

—Tenno, la señal proviene de ese dispositivo —indicó Lotus, su voz llena de precaución.

Linda se acercó lentamente a los pilares, extendiendo su mano con cautela.

—Con cuidado, Tenno —advirtió Lotus.

Al hacer contacto con los pilares, los susurros comenzaron a resonar en la sala, sus ecos inquietantes llenando el aire. De repente, los susurros se convirtieron en gritos en el lenguaje del Vacío, creando una esfera de energía que envolvió a Linda, arrastrándola hacia su interior con una fuerza brutal. Alcanzó a sujetarse de una barandilla cercana, aferrándose con todas sus fuerzas.

—¡Lotus! —gritó, pero su voz fue devorada por el estruendo de la energía desatada.

La esfera intensificó su tirón, y la barandilla finalmente cedió, lanzando a Linda al vacío. Fue arrastrada por un túnel de energía, las luces y sombras del Vacío arremolinándose a su alrededor mientras era transportada a través de la estructura. Finalmente, salió disparada, golpeando contra una parte de la torre que se mantenía en pie. Se levantó rápidamente, evaluando su entorno. Parecía estar en otro lugar de la misma torre, pero todo era diferente.

—Tenno… Tenno, perdí la comunicación por un momento. ¿Me oyes? Parece que hay interferencia. Te moviste muy rápido por la torre —la voz de Lotus era débil, cortada por estática—. Tenno, busca la manera de salir de ahí… detecto múltiples enemigos cerca…

La comunicación se cortó por completo, dejando a Linda sola en el silencio opresivo. Miró su radar, detectando movimiento. El primer enemigo apareció, una criatura hecha de las estructuras del Vacío, con una forma vagamente humanoide. La criatura lanzó un grito agudo y gutural, llamando a más de su tipo.

—Mierda —murmuró Linda, sacando su Torid y disparando ráfagas de esporas que desintegraban a las criaturas. Sin embargo, eran demasiados, y su munición se agotaría antes de poder acabar con todos.

Optando por una retirada estratégica, sacó su Xoris y lo lanzó, el arma cortando a través de los enemigos como si estuvieran hechos de polvo. Linda corrió por el pasillo, despachando a los monstruos que se abalanzaban sobre ella con una combinación de esquives rápidos y ataques precisos. Finalmente, llegó a una sala enorme, iluminada por una tenue luz, pero estaba llena de aquellas criaturas, todas moviéndose hacia ella como una horda imparable.

Linda no se detuvo. Se movía con precisión, sus ataques letales abriendo paso entre las criaturas mientras se dirigía hacia lo que esperaba fuera una salida. La situación era desesperada, pero Linda mantuvo su enfoque, su única prioridad era sobrevivir.

Vio una puerta similar a la primera pero con símbolos diferentes estaba entre abierta por abajo corrió y se deliso lo mas bajo que pudo y paso atravez de ella, volteo y disparo para hacer que se sellara atrapando a una de esas cosas debajo de ella. –¿Qué eran esas cosas? Linda hablaba para si misma, sabia que las comunicaciones no funcionaban asi que se dipuso a inspeccionar el área donde se habia metido, observo todo el lugar se parecía alas sala anterior lo que le haci suponer que estaba conectada con otras mas parecía un dispositivo primeriso de transportación como los que habia en lua. Linda miro y vio otra puerta que bajaba con escaleras enormes decidio explorar con el arma en las manos bajo lentamente hasta llegar a una sala contenida por unos cristales de contención desde ahí podía observar una sala baja cerrada parecía una sala de experimentación iluminda por una sola luz de color azul como el vacio, decidio bajar. –bueno supongo tendre que buscar la forma de salir de esta. Se hablaba a si misma mientras atravesaba las puertas de contención hasta que vio a una de esas cosas en medio de la sala ella subio el arma en precaucion pero la figura paresia fucionada al piso ya mas de cerca pudo observar a mas detalle la figura alzaba el brazo hacia arriba con sus dedos puntiagudos. Era diferente alas otras figuras, su cuerpo era como un warframe femenino, su cabeza tenia forma de corona de espinas su rostro era de una copula de cristal que reflejaba el vacio con luces pasando por el y su color negro con detalles rojos se podían ver un poco.

Linda sentía una profunda inquietud cerca de la figura, así que comenzó a alejarse lentamente, tratando de evitar cualquier conflicto innecesario. Sin embargo, un ruido repentino, como el de piedras rompiéndose, hizo que la figura girara y la mirara fijamente.

—¡Mierda, qué suerte la mía! —pensó Linda, justo cuando la figura gritó y rompió su prisión, liberándose con furia.

—¿Esto no puede ser peor? —murmuró para sí misma mientras se preparaba para el combate. De la figura emergieron cuatro brazos adicionales, su presencia ahora más amenazante.

—Creo que debería cerrar mi boca —se dijo Linda mientras la figura se abalanzaba sobre ella. Linda esquivó el ataque con un salto ágil, disparando a la criatura y haciéndola volar hacia atrás contra la pared. La figura rugió con furia, moviendo sus múltiples manos para formar un símbolo del Vacío en el aire.

De repente, un resonar del lenguaje del Vacío llenó la sala y del suelo emergió una ola de energía. Linda apenas logró esquivarla, sintiendo el calor y la presión a su alrededor.

—¡Esta cosa tiene habilidades! ¡Por poco me da! —exclamó, observando cómo la energía destruía una puerta detrás de ella.

Sin perder tiempo, Linda contraatacó lanzando su Xoris contra la figura, que gritó de furia al recibir el impacto. La figura, ahora más furiosa, usó otra de sus habilidades para invocar más brazos desde los muros, tratando de atraparla. Linda esquivó los ataques, saltando entre los muros con agilidad.

—¡Ah! ¡Esto ya se puso difícil! —gritó mientras disparaba con la Euphona, destruyendo dos brazos que parecían controlar los otros desde los muros. Al abalanzarse sobre la figura, un vórtice apareció, haciendo que la criatura desapareciera temporalmente.

Linda cayó y rodó, dirigiéndose a la figura que empezaba a formar otro símbolo en el suelo. Consciente de que algo terrible se avecinaba, activó su habilidad de Revenant, Mesmer Skin, para protegerse del inminente peligro. Ríos de energía del Vacío emergieron del suelo, llenando la sala y disminuyendo rápidamente su contador.

Linda se mantuvo en el aire, disparando continuamente a la figura para interrumpirla. La figura cayó de rodillas, gritando mientras intentaba mantenerse firme. Linda vio una oportunidad y redobló su ofensiva, pero la criatura desapareció nuevamente, reapareciendo en el centro de la sala. Alzó sus manos, juntando las palmas para crear un último símbolo, lo que desató un vórtice aún más violento que generaba más estructuras del Vacío.

Linda continuó disparando a la figura, pero sus ataques parecían inútiles frente al poder del vórtice. La situación se volvía cada vez más desesperada, y Linda sabía que necesitaba encontrar una manera de superar esto.

Mientras el vórtice de Vacío continuaba su vorágine de destrucción, los propios brazos de la figura comenzaron a soltarse de sus palmas, atacándose a sí mismos. La entidad luchaba contra su propio poder, debilitando el vórtice y provocando su colapso. Aprovechando el caos, Linda se lanzó al ataque con renovada determinación.

—¡Ahora es mi oportunidad! —gritó Linda, empuñando su Xoris con firmeza. Con movimientos rápidos y precisos, cortó a la figura en pedazos, cada golpe cargado con la furia de su lucha. La entidad gritó con un sonido desgarrador mientras se desintegraba bajo la furia de los ataques de Linda.

Finalmente, la figura explotó en una violenta erupción de energía del Vacío, enviando a Linda a volar contra el muro con una fuerza abrumadora. Linda, tambaleándose y luchando por recuperar el equilibrio, se levantó lentamente del suelo, el eco de la explosión aún retumbando en los muros.

A su alrededor, la sala estaba en ruinas, el vacío y el caos que antes dominaban el lugar ahora disminuyendo. Linda se tomó un momento para recuperar el aliento y observar el área, buscando una posible salida mientras su mente procesaba la intensidad del combate. Sabía que debía moverse rápidamente, ya que el lugar seguía siendo peligroso y la batalla había dejado su marca en el entorno.

Linda se acercó al lugar donde la figura había estado, notando algo que había dejado atrás. Sin pensarlo dos veces, lo recogió y lo guardó. Ahora, debía salir de allí cuanto antes. Se dirigió hacia la puerta que la entidad había destruido, avanzando con cautela por los pasillos. A medida que subía los escalones, múltiples símbolos se iluminaban a su paso, guiándola hasta una puerta con el mismo símbolo que había encontrado al inicio.

Con un toque, la puerta se abrió, revelando una sala que se asemejaba a la primera que había visto. Cerca de allí, Linda divisó un dispositivo con una pantalla. Al activarlo, se dio cuenta de que estaba encriptado. Decidió tomarlo, revisando rápidamente la sala en busca de algo más, pero no encontró nada más útil.

—Espero que esto me saque de aquí… si los símbolos son iguales, debería funcionar —murmuró para sí misma mientras tocaba el dispositivo para activar el portal. Esta vez, el portal se formó de manera estable. Decidida, Linda lo atravesó, saliendo por donde había entrado, cayendo al suelo de cara, recordando la sensación similar en Lua.

—¡Ah! ¡Qué dolor de cabeza es este lugar! —se quejó mientras se levantaba.

—¡Tenno! ¡Tenno, ¿me oyes?! ¿Qué pasó ahí dentro? Perdí tu señal por completo —la voz de Lotus resonó en su oído, preocupada.

—Sí, Lotus, me encontré con múltiples enemigos y, al parecer, me enfrenté a un warframe que nunca había visto antes. Controlaba el vacío, pero parecía muy inestable, al punto de atacarse a sí mismo. Ahhh, solo quiero salir de este lugar infernal —respondió Linda, claramente agotada.

—Vuelve, Tenno. Discutiremos los detalles de la misión más tarde —ordenó Lotus.

—Por poco lo olvido, Lotus. Parece que esa cosa dejó algo atrás, y también encontré un dispositivo encriptado. Lo traeré para que lo analices —dijo Linda mientras finalizaba la comunicación.

Con determinación, Linda se dirigió al elevador roto. Sabía que la subida sería larga, así que comenzó a trepar por los muros de cristal que le permitían ver el desolado entorno. Al llegar a la cima, salió del pozo que alguna vez había sido un elevador y se dirigió hacia la salida.

—Si hay una forma de entrar, también debe haber una forma de salir —se dijo a sí misma mientras tocaba la puerta. Al hacerlo, fue expulsada nuevamente al oscuro mar profundo. Su Archwing se activó automáticamente, permitiéndole moverse.

—Ordis, podrías encender las luces… no veo nada —pidió Linda, tratando de orientarse en la oscuridad.

—Lo siento, Operador, aquí estoy —respondió Ordis, activando las luces que iluminaron el Liset, no muy lejos de su posición.

Linda se acercó y, al abordar, las guías magnéticas la atraparon, desactivando su Archwing. Ya a bordo del Liset, comenzó a ascender rápidamente, saliendo del agua y dirigiéndose al orbitador, lista para analizar todo lo que había encontrado en aquella misión.