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CAPÍTULO 14

Cacería de Horrocruxes

Parte II

Harry prefirió volver a la torre para escribirle una carta a Sirius, con suerte podrían comunicarse con el hombre vía flu esta noche o la siguiente, Katerina dijo que el tiempo era apremiante. Además no estaba preparado para hablar con Draco, no todavía, la pelea la sentía aún muy reciente y necesitaba pensar.

Abajo, en las mazmorras, Kati finalmente llegaba al despacho de Severus, bajar ese monton de escaleras definitivamente era mucho más fácil que subirlas. Entró al despacho después de tocar la puerta, el profesor de pociones hace rato que había dejado de regañarla por entrar sin que se lo indicara antes, era saliva desperdiciada, ella haría lo que quisiera de igual manera.

Al entrar la morena se encontró con el profesor sentado tras su escritorio de madera oscura, asumió que estaba corrigiendo exámenes dada la cantidad de tinta roja que podía ver plasmada en el pergamino, dejó la túnica con la diadema en la silla frente al escritorio para mirar a Severus, nunca se cansaba de mirarlo. Sus largos dedos que picaban con precisión los ingredientes para pociones, lo que más le gustaba del hombre eran sus oscuros ojos penetrantes – casi podía sentir como esos ojos podían atravesarle el alma con la intensidad con la que la miraba –, su liso cabello oscuro y también le gustaba su nariz, con una sonrisa pensó en las veces que Harry expresó preocupación por su insanidad, Harry seguramente sentiría una apoplejía si se enteraba de que pensaba que el atributo más atractivo de Severus era su prominente nariz.

– ¿Qué tanto miras? – salió de sus ensoñaciones cuando la profunda voz del Maestro se dirigió a ella.

– ¿Has pensado alguna vez usar el cabello recogido? – preguntó en cambio recibiendo una mirada molesta. – Una cola alta te quedaría muy bien, una trenza de sirena se te vería muy exótica. – pensó en voz alta, sus artificiales ojos verdes recorriendo a Severus con entusiasmo.

Por un breve momento el slytherin se quedó con la boca abierta, un leve rubor cubriendo sus mejillas por la insinuante mirada. – ¡Detén tus disparates de una vez! – logró soltar finalmente con una voz indignada, su mano golpeó con fuerza el escritorio y con satisfacción vio a la morena estremecerse con el fuerte sonido. – Si estoy obligado a soportar tu presencia abstente de soltar tales ridiculeces.

Vio a Katerina fruncir el ceño un momento en incomprensión. – ¿Podrías repetir eso, lentamente? Me cuesta entenderte cuando hablas entre dientes.

– Concéntrate en lo importante y deja de mirarme. – soltó con pocas palabras asegurándose de que ella lo entendiera esta vez.

– De acuerdo. Traje la diadema de Rowena Ravenclaw. – soltó sin anestesia agarrando nuevamente el bulto de su túnica dejándolo sobre el escritorio. – ¡Voila! – soltó con voz satisfecha al descubrir la diadema. – También hablé con Harry sobre los Horrocruxes.

Desde que la mujer dijo que tenía un plan para acabar con el Señor Tenebroso era la primera vez que Severus realmente le creía, aquí frente a él estaba una prueba tangible de que todo lo que había dicho hasta ahora era realidad, no necesitaba hacer ninguna prueba, el objeto gritaba magia oscura por todas partes, incluso podía sentir un leve cosquilleo en su antebrazo izquierdo, aparentemente el tatuaje de la marca tenebrosa reconocía la magia de la diadema como la de su amo.

– Realmente decías la verdad. – fue todo lo que pudo decir Severus mientras tomaba su varita para hacer que la diadema flotara y girara perezosamente a la altura de sus ojos.

– ¿Realmente dudabas de mí?

– Todo el tiempo. – respondió sin ningún remordimiento.

Siendo sincera no le sorprendía para nada esa respuesta, si el hombre no desconfiara hasta de su propia sombra no sería él mismo.

– Tenemos que deshacernos de la diadema ahora. – le recordó Katy suavemente. – No quisiera dar la oportunidad de que se descubra lo que estamos haciendo.

– No podemos deshacernos de eso aquí, tengo demasiadas cosas volátiles. – vio a Katy mirar alrededor contemplando todo el estudio, también notó la manera en que se mordía el carnoso labio inferior, tenía una boca pequeña como una muñeca y unos labios llenos sin ser exagerados, para sus adentros reconoció que pintados de rojo eran aún más atractivos.

– ¿Crees que podamos destruirlo en la casa de los gritos? Si lo hacemos dentro del castillo Dumbledore sin duda lo notará – Severus no vio motivo para contradecirla por lo que aceptó fácilmente. – Bien, iremos después de tu última clase ¿Está bien?

– Si, ahora si ya terminaste tengo cosas que hacer. – hizo que la diadema flotara hasta una de las gavetas de su escritorio y la cerró con varios hechizos de bloqueo y protección, cuando levantó la vista Katerina seguía ahí. – ¿Qué? – espetó impaciente.

– ¿Cuándo irás por el anillo de los Gaunt?

– Mañana, después de clases. – respondió con una mueca.

– Eso es mucho tiempo. – contradijo la morena. – Todavía tenemos que destruir la diadema y no sé dónde está la choza de los Gaunt exactamente, puedo darte un punto de partida pero tendrías que buscar por tu cuenta.

– ¿Qué sugieres entonces? Te recuerdo que tengo que impartir clases y si falto a ellas sin una buena razón Dumbledore lo averiguará. – una vez más vio a la joven morderse el labio inferior, comenzaba a asociar ese gesto a que estaba pensando profundamente en la respuesta.

– Yo puedo dar tus clases, las teóricas en todo caso. Teniendo una asistente no es necesario que estés todo el tiempo en el aula, Dumbledore no puede culparte por aprovechar tu tiempo para proyectos personales teniendo a la mano alguien que haga las actividades que no te gustan ¿Cierto? – apoyó sus pequeñas manos en el escritorio para mirar a Severus, dada su baja estatura en realidad no estaba tan lejos del área de visión del pocionista. – Si doy tu clase de pociones a los cuarto año esta tarde tendrás tiempo de averiguar la ubicación de la choza de los Gaunt.

– Haz pensado en esto muy detenidamente ¿No es así? – en realidad le molestaba tener que darle la razón pero como estaba planteando era el curso a seguir más seguro.

– Hago lo que puedo sobre la marcha, en realidad no hay mucho tiempo para idear algo más elaborado.

– Por supuesto que lo haces. – gruñó con los dientes apretados. – ¿Cuál es tu punto de partida?

– Little Haglentong.

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Cuando la clase de Slytherin y Gryffindor de cuarto año entraron al aula de pociones esa tarde se encontraron con que sólo estaba Katerina al frente de la clase, escribiendo algo en el pizarrón a mano, Snape no estaba a la vista por ninguna parte, todos se acomodaron en sus asientos un poco extrañados. Harry se sentó con Hermione a su izquierda y Ron a su derecha mientras que Draco estaba en el lado del pasillo con Crabbe y Goyle a su lado.

– De acuerdo, cállense. – dijo Katerina en voz alta para hacerse oír mientras se limpiaba la tiza de las manos, tomó el libro de pociones del escritorio y en vez de caminar por el aula como hacía Snape cuando daba clases teóricas optó por sentarse sobre el escritorio con las piernas cruzadas en forma de indio. – Como se habrán dado cuenta el profesor Snape no estará hoy en esta clase, eso no quiere decir que tengan la tarde libre. Por ahora repasaremos las pociones que el profesor Snape tiene planeada para la clase en el laboratorio, con suerte podamos evitar la explosión de algún caldero.

Del lado de Slytherin se escucharon risitas. – Les dije que se callaran. – repitió Katerina. – A mí me da igual su competencia por la copa de las casas así que no voy a dudar en descontar puntos a ambas casas si veo que no se comportan.

Con esa advertencia comenzó la clase.

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Harry no tenía idea de cómo se las ingenió para conseguir una detención en pociones tomando en cuenta que el profesor Snape no estaba presente en dicha clase, ni siquiera podía decir que fuera algo injusto porque Katerina no le dio detención hasta que no soportó más los constantes susurros de Ron. Casi desde el comienzo de la clase comenzó, primero fue Hermione cuestionando que la muggle estuviera dando la clase de pociones, una vez que la morena comenzó a dictar y hacer preguntas Hermione se calló para poder anotar, incluso lograron conseguir diez puntos cuando Neville respondió correctamente qué propiedades tenía la Belladona y en cuales pociones era utilizada dicha planta, Neville incluso pudo decir cada parte que podía aprovecharse de la planta, desde sus raíces hasta los pétalos. Casi a mitad de clase fue que Ron comenzó con los susurros en su oído, primero hizo notar a Harry que Malfoy los estaba viendo desde la fila de al lado y después cuestionando cada una de sus miradas y finalmente acusando al rubio de estar planeando algo malvado.

Durante todo ese tiempo Weasley recibió tres advertencias sobre mantenerse callado si no tenía nada interesante que aportar a la clase, hasta que un comentario particularmente malicioso llegó a los oídos de la morena mientras caminaba por el aula para verificar que todos estuvieran dibujando las plantas y sus partes como ella lo había hecho en la pizarra, de las que hablaron en clases, correctamente.

– Te lo digo Harry, debe estar tramando algo. No ha dejado de mirarte en toda la hora, los slytherin no son más que unas víboras rastreras esperando el mejor momento para atacar. – Harry estaba consciente de lo delicado que era el tema para la morena, odiaba que hablaran de esa forma de los slytherin, en realidad odiaba que hablaran mal de todas las casa, hasta ahora nunca conoció a nadie que tuviera una vista tan imparcial de las casas de Hogwarts, ni siquiera el mismo director pensaba de esa manera.

– Weasley. – gruñó la morena parándose justo a su lado. – ¿Qué edad tienes? – cuestionó con una voz engañosamente suave.

– Quince. (1) – respondió confundido por la pregunta.

– ¿Entonces por qué te comportas como una vieja chismosa? – escuchó una risita general alrededor del salón pero en cuanto fulminó a los estudiantes con la vista se callaron. – ¿Estás aquí para aprender pociones o para chismosear sobre quien está mirando a Harry? …No respondas. – siseó al ver que Ron en verdad iba a responder. – Sinceramente, gente…- dijo exasperada, mirando a toda la clase. – Les recuerdo que hay una vida fuera de Hogwarts, ser seleccionados en una casa no los define; si son buenos, malos, oscuros o de la luz depende de ustedes mismos no de la casa en la que fueron seleccionados. – en el borde del pizarrón Snape había dejado escrito la tarea que debía asignar a la clase pero lo ignoró en favor de lo que estaba a punto de hacer. – Quiero que para la próxima clase busquen dos magos de su propia casa, uno oscuro y uno de luz y expliquen por qué fueron catalogados de esa manera. Ron. – miró al pelirrojo fijamente con una sonrisa malévola. – Puedes escribir sobre Peter Petigrew, como mago oscuro, en vista de que conoces íntimamente sobre el tema. – vio con satisfacción como la tes del joven se volvía ligeramente verdosa ante el nombre del animago.

– No hay suficientes magos oscuros en Gryffindor para todos nosotros. – se atrevió a contradecir Hermione levantándose de su asiento. – Petigrew fue una anomalía.

– Hay, al menos, mil años de historia en Hogwarts. Estoy segura de que podrás encontrar algo. – dijo indiferente la morena comenzando a caminar hacia el escritorio del profesor. – Y si veo a Dumbledore como ejemplo de mago de luz les quitaré la mitad de la nota. – advirtió a los Gryffindor sabiendo que vería a la vieja cabra repetida más de una vez en la tarea.

– ¿La mitad? – protestó Hermione, indignada por tal arbitrariedad. – No puedes hacer eso, ni siquiera eres profesora.

Harta de la constante contradicción de la castaña Kati se apoyó en el escritorio de Severus con los brazos cruzados bajo sus senos. – Querida, honestamente, si no quieres hacer la tarea sólo dilo. Estoy segura de que Severus estará feliz de ponerte un cero no importa cuál sea la tarea. – eso pareció finalmente callarla para satisfacción de Kati. – Pueden irse. – despidió, todos estaban recogiendo sus cosas cuando se acordó de algo importante. – Weasley tienes detención con el señor Filch. Harry, tienes detención conmigo esta tarde después de la cena. – viendo que Harry estaba a punto de protestar la morena movió sus labios lentamente para que pudiera captar la palabra "Diadema", gracias a Dios pareció entender y no dijo nada más.

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La cena esa tarde fue bastante bulliciosa, la clase de Hufflepuff y Ravenclaw de cuarto año recibieron la misma tarea de buscar dos magos de su propia casa, el chisme se esparció rápidamente a través de la enorme sala y pronto todos estaban comentando sobre magos famosos pasados, incluso los integrantes de otra escuela se unieron a la conversación. Katerina, sabiamente, se refugió al lado de Draco para la cena sabiendo que Ron y Hermione estarían menos que contentos con ella.

Otra persona persona que no estaba feliz con los acontecimientos era el mismísimo Albus Dumbledore, el mago veía su amada escuela lentamente caer en la locura, era sutil, casi nadie lo notaría pero él, como el poderoso mago que era podía verlo, los delgados hilos que con tanto cuidado se había dedicado a separar y seleccionar se estaban enredando con otros hilos con menos importancia.

No se suponía que fuera de esa manera, el orden de las casa estaba establecido por una razón, en el tope de la cadena estaban los Gryffindor, fuertes y valerosos, un rayo de luz a seguir sin hacer preguntar. Los Ravenclaw, inteligentes magos y brujas que aportaban brillantes a la sociedad, admitía que sin ellos muchos avances en los campos de investigación no serían posibles. También estaban los pequeños y asustadizos Hufflepuff, sin ellos los Gryffindor no tendrían a nadie quien proteger ¿Cierto? Y a lo último de la cadena, a su parecer, los mentirosos Slytherin, siempre mirando por sobre el hombro y menospreciando a cualquier que no fuera como ellos. Sin duda la casa más problemática de todas, si no fuera por esas serpientes sin duda sus Gryffindor serían mucho más respetables, no se rebajarían a tontas riñas escolares. Mirando a su lado mucho ver por el rabillo del ojo a Severus hablando con Igor Karkaroff, admitía que Severus era una pieza sumamente importante en su elaborado ajedrez mental pero como todos, tenía un uso puntual para él, sólo eso.

Lo mejor era mantener los Slytherin segregados, así había funcionado desde que él era director y no dejaría que una muggle viniera a destruir el equilibrio que cuidadosamente había establecido.

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Justo como habían acordado Katy fue a reunirse con el Maestro de Pociones en su despacho, con lo que no contaba el hombre era que vendría arrastrando con ella a cierto Gryffindor irritante.

– ¿Qué hace él aquí? – Cuestionó el profesor con el ceño fruncido, taladrando a Harry con la mirada.

– Le di detención en la clase de pociones. – respondió la morena sin importancia.

– ¿Te das cuenta de lo delicado que es esto? No vas a traer a Potter con nosotros.

– Harry tiene que venir con nosotros. – puntualizo Katerina rodeando a Severus para poder alcanzar el cajón de su escritorio donde lo vio guardar la diadema. – Él es una parte involucrada en esto y me niego a dejarlo en la ignorancia ¿Puedes abrir esto?

Con un gruñido inconforme Severus se encargó de desbloquear la gaveta donde estaba contenido el horrocruxe, dado que no podían andar con tal artefacto oscuro a la vista el pocionista guardó la diadema dentro de su túnica, Katerina pensó que esa era un terrible idea, el hombre ya era lo suficiente irritable como para agregarle la influencia de la diadema maldita, con suerte podrían llegar rápido a la casa de los gritos.

Con una última mirada desdeñosa hacia Potter el profesor salió de su propio despacho, Katy y Harry se apresuraron a seguirlo a través de los pasillos.

– Espero que haya traído los implementos necesarios. – murmuró Severus mirando de reojo a la morena.

– En el bolsillo de mi túnica. – respondió escuetamente sabiendo que Snape no necesitaría muchas explicaciones.

Fue una caminata silenciosa, no se encontraron con muchas personas en su camino pero para cualquiera que les cuestionara de por qué estaban juntos tenían la excusa de que Harry estaba castigado, Severus podría inventar que fueron a recoger plantas al bosque prohibido o algo así. Antes de notarlo ya estaban en el frío exterior, Katerina se estremeció de pies a cabella cuando sintió un hechizo calentador envolverla, sorprendida miró hacia Severus, el hombre no dijo nada pero ella supo que fue él quien lo lanzó.

– Gracias. – murmuró con una suave sonrisa. Severus apenas la miró y siguió su camino.

– ¿Cómo lo aguantas? Es un bastardo insufrible. – murmuró Harry habiendo notado la interacción entre los dos.

– Oh, déjalo. Es solo que es tímido. – rio al ver la expresión que tenía Harry. – No le gusta que lo reconozcan, por eso tiene esa fachada de tipo malo.

Continuaron su camino hacia la casa de los gritos usando el mismo túnel que estaba oculto bajo el Sauce Boxeador. Internamente Kati se impresionó cuando Severus entró al túnel sin titubear, teniendo en cuenta que en su juventud fue atacado por un hombre lobo y después tuvo que salvar a Harry y compañía del mismo hombre lobo, su respeto por Severus subió un poco más en su escala personal.

Les tomó un buen rato llegar a la Casa de los Gritos, era tan ruinosa como Kati la imaginaba, también había huellas de perro grandes y arañazos en las paredes de madera marcados, también estaba extremadamente polvorienta por lo que no tardó en estornudar.

– Lo siento. Es mi… – otro estornudo fuerte, ahora la voz de la morena se escuchaba constipada. – Mi alergia al polvo.

– ¿Es grave? – preguntó preocupado Harry comenzando a notar como la pequeña nariz se le ponía roja.

– No. Estoy bien. Terminemos rápido con esto. – dijo sorbiéndose la nariz. Del bolsillo interior de su túnica escolar sacó una tela envuelta en la cual estaban guardados dos colmillos de basilisco, Severus tomó uno y le ofreció el otro a Harry. – Para poder matarlo tienes que hacerlo reaccionar, podría ser algo bastante desagradable.

– ¿Hacerlo reaccionar? ¿Cómo? – preguntó Harry mientras tomaba el otro colmillo, su agarre mucho menos seguro que el de Snape.

– Háblale en parsel. – sugirió la morena encogiéndose de hombros, miró alrededor encontrando una vieja poltrona de respaldo alto a la cual le dio la vuelta y la usó como escudo para cubrirse.

Harry miró a la diadema y luego a Snape inseguro, con miedo de que algo saliera mal. El pocionista miró en dirección a Katerina, agradecido que tuviera la suficiente sensatez para ponerse a resguardo, y al mocoso Potter… Decidió no decirle nada, después de todo estaba cumpliendo con lo que se suponía que tenía que hacer.

– Adelante. – dijo con voz firme, su postura tensa para prepararse a destruir la diadema maldita.

Katerina y Severus pudieron escuchar el siseo característico de la lengua parsel, al principio nada sucedió, tan sólo un suave pitido demostrando que el horrocruxe estaba reaccionando y entonces se desató el caos. Una espesa nube negra cubrió el espacio cerrado. Katerina gritó y se cubrió la nariz con la túnica, tenía miedo de respirar el humo negro.

Los magos frente a la diadema tardaron en reaccionar, el poder del horrocruxe lo estaba abrumando y atacando sus puntos más débiles, fue Severus quien pudo librarse de la visión que lo estaba atacando, tenía la suficiente fuerza de voluntad para hacerle frente a la visión de Lily gritándole que por culpa de él estaba muerta, fue doloroso pero el hombre alzó el colmillo y lo clavo con certera precisión en el zafiro que adornaba la joya, el horrocruxe y Harry gritaron al mismo, el zafiro se quebró en mil pedazos y la plata de la diadema se ennegreció mientras que Harry cayó al suelo mareado.

– ¿Estás bien? – preguntó la morena a Severus mientras salía de su escondite para auxiliar a Harry, asegurándose de que no se estuviera muriendo o agonizando. El Maestro de pociones no respondió inmediatamente, también parecía aturdido mirando la diadema destruida, una vez que se aseguró de que Harry estaba bien se acercó al hombre preocupada. – Sev… – apenas tocó su brazo para llamar su atención cuando el hombre pareció perder fuerza en sus piernas comenzando a caer. – Ay, mierda. – Kati logró rodear la cintura del pelinegro con sus brazos, ella no tenía la fuerza para sostener su peso por lo que trató de bajar lentamente hasta que quedó sentada en el suelo y todo el peso del hombre descansando en su cuerpo.

Estaba frío como un muerto y su respiración era pesada pero al menos seguía respirando y sentía su corazón latir contra su pecho.

– ¿Está herido? – escuchó a Harry preguntar, de reojo vio como Potter gateaba por el suelo hasta quedar cerca de su rango de visión. Kati negó con la cabeza.

– Creo que está agotado. – pasó sus dedos por el oscuro cabello del hombre, despejado su rostro con suaves caricias. – ¿Te duele algo?

– Me duele la cabeza.

– Me lo imaginaba. – dijo mirando brevemente hacia la cicatriz de Harry.

– ¿Eso qué quiere decir? – cuestionó el gryffindor con los ojos entrecerrados.

– Discutiremos eso después, por ahora ayúdame a llevar a Severus a su habitación. ¿Sabes lanzar un Levicorpus? (2) – preguntó esperanzada la morena.

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(1) en realidad no estoy segura de esto pero x. por el momento funciona.

(2) Sé que el Levicorpus es en realidad un hechizo utilizado para hacer que el oponente flote cabeza abajo pero me tomaré la licencia de utilizar este hechizo para trasladar a Severus por el castillo.

N.A.: Bueno… tenía la intención de terminar la cacería en uno, máximo 2 capítulos pero en vista de cómo están resultando las cosas parece que vamos para tres capítulos dedicados a esto.

El diario y la diadema están destruidas, sólo nos falta tres horrocruxes: el anillo, la copa y el guardapelo.

En el siguiente cap aparece nuestro perro callejero favorito.

Lindsay Linares: Hola cariño, que felicidad ver otra compatriota en esta comunidad XD. Supongo que debemos agradecer a la cuarentena por obligarme a retomar esta historia.

Alas de tinta: Hola de nuevo belleza. No pensé que la pareja de SxK fuera tan bien aceptada. Me alegra que te guste mucho. Siendo sincera yo odio las escaleras y solo de ver ese montón de escaleras en la película es agotador XD.