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CAPÍTULO 15
Cacería de Horrocruxes
Parte III
Severus despertó en su cama, confundido y adolorido, reconocía que era su cuarto por el dosel oscuro que colgaba sobre su cabeza permitiéndole intimidad dentro de su propio cuarto, odiaba dormir con cualquier luz encendida y aunque no había ventanas en las mazmorras tendía a dejar la chimenea encendida para caldear la habitación.
Escuchó un suave silbido a su lado, al girarse se dio cuenta de que Katerina estaba a un lado de su cama, acurrucada en su silla para para leer, usando su capa a modo de manta, aparentemente era lo suficiente grande para que la usara de ese modo. Reprimió un suspiro, era altamente inapropiado que ella estuviera en sus habitaciones privadas cuidando su sueño, aparentemente.
Recordaba vagamente haber destruido el horrocruxe y la visión que le mostró el endemoniado objeto fue suficiente para dejarlo petrificado, sintió sus pulmones estrujarse por el humo negro, no iba a lograrlo… Entonces recordó escuchar el agudo grito de Katerina detrás de él, eso pareció ser suficiente para sacarlo del trance y apuñalar el horrocruxe, la hazaña se llevó mucha de su fuerza, lo último que recordaba era la sensación caer y ser atrapado por la espalda.
Ahora con Katerina, dormida a su lado, podía imaginar el resto. Aunque temía preguntar cómo fue que lo trajeron a su cuarto.
Aun peor… ¿Quién se atrevió a quitarle la ropa?
Con horror notó que no llevaba puesta ninguna camisa o camisón de dormir, por suerte sintió el pantalón que se puso la mañana anterior. Fulminó a Katerina con la mirada, aunque no sirviera de nada puesto que la morena aún dormía, antes de levantarse y caminar por su cuarto hasta el baño, necesitaba una ducha, urgente.
Kati despertó poco después al escuchar el sonido de la ducha, soltó una grosería en voz baja al ver que se quedó dormida, ella quería ver a Severus cuando despertara pero el hombre se escabulló silenciosamente al baño. Bostezó cansada, la noche anterior apenas durmió, entre cuidar al hombre y sentarse en la silla le fue imposible dormir. Se encogió de hombros mientras se estiraba, lo mejor sería subir a la torre y cambiarse para otro día, quería saber si Harry recibió alguna contestación de Sirius.
– Severus. – tocó la puerta del baño.
– ¡No entres! – escuchó el angustiado grito de dentro del baño y sonrió al pensar en lo mortificado que estaría si decidiera entrar.
– No pensaba hacerlo. – aunque ganas no le faltaban. – Voy a subir a la torre, nos vemos en clase.
Dijo a modo de despedida dejando al hombre en paz.
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Harry estaba en la sala común de Gryffindor, sentado en uno de los sofás frente al fuego. Despertó temprano cuando una lechuza negra – la misma que le picó el dedo hace unas semanas – picoteó su ventana dejando una carta de Sirius, esta vez tuvo cuidado de que el ave no lo mordiera y cerró la ventana rápidamente para no alertar a sus compañeros que seguían dormidos.
No había nadie levantado a esa hora saldo él, en realidad era un alivio, de ese modo podía leer la carta de Sirius tranquilamente.
"Harry.
Estoy muy preocupado por todo lo que está sucediendo en Hogwarts en este momento. Logré enterarme, gracias al Profeta, sobre la invasión que tuvieron en la segunda prueba. He intentado contactar a Dumbledore pero no quiere decirme nada, dice que todo está bien, que no hay de qué preocuparse. Me alegra que me escribas.
¿Estás bien?
Por favor, responde con sinceridad cuando nos veamos esta noche. Me conectaré a la chimenea de la sala común como la otra vez."
– Esta noche… – murmuró. No tuvo más tiempo de pensar en eso porque escuchó pasos en las escaleras del lado izquierdo. Sólo había una persona que podía estar despierta a esa hora. – Buenos días, Hermione. – Harry saludó mientras escondía la carta de Sirius en su bolsillo.
– Harry. – por un momento Hermione se vio desconcertada porque el pelinegro estuviera a esa hora levantado. – Buenos días. – respondió con una sonrisa sentándose al lado de Harry en el sofá. – ¿Cómo estuvo tu detención anoche? Llegaste bastante tarde.
– Eh… Si, Snape y Kati estaban ahí, fue bastante duro. – esperaba que no preguntara en qué consistió exactamente su velada. – Entonces… ¿Vas a desayunar?
– Iba a pasar por la biblioteca antes ¿Quieres acompañarme?
– No. Esperaré a Ron para bajar. – Hermione se levantó del sillón camino a la salida de la sala común, se detuvo un momento en el rellano antes de llegar al retrato. – ¿Sabes dónde está Katerina?
Con Snape, sin duda. Ayer no quería separarse de su lado. Pensó Harry aunque respondió algo diferente. – No. ¿Por qué?
– No regresó anoche al dormitorio. – contestó pensativa antes de irse.
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En el comedor, a la hora del desayuno Katerina estaba una vez más en la mesa de Slytherin bostezando. Su mala noche de sueño le estaba pasando factura, no estaba muerta de sueño o a punto de enterrar la cara en su desayuno pero pasaría el resto del día bostezando mucho.
– ¿Segura que estás bien? – preguntó Draco por segunda vez.
– Súper bien. – respondió perezosamente.
– Es que parece que estás a punto de caer dormida en cualquier… ¿Qué hace el búho de mi padre aquí? – cuestionó en voz alta el rubio sin poder contenerse. Eso captó en seguida la atención de la morena, haciendo que se despertara por completo. Por lo general, la hora del desayuno era cuando llegaban todas las lechuzas con el correo, apenas la tarde anterior Draco envió una carta a sus padres pero no creía que le respondieran tan pronto, fue más su confusión al ver al búho real aterrizando frente al profesor Snape.
Katerina estuvo alerta a esto, si el búho de Malfoy lo estaba contactando ¿Quería decir que el Horrocruxe ya estaba en su poder? Tenía que ir con Severus cuanto antes.
– Draco, cielo ¿Has pensado en una manera de volver a acercarte a Harry? – preguntó para distraer al rubio.
– ¿Qué…? ¿Cómo es que…? – miró brevemente en dirección a la mesa de Gryffindor.
– No te hagas el tonto. Harry es un Gryffindor, ellos son un poco tontos. ¿Cómo le vas a dar chance de disculparse si le pones la ley de hielo? Piensa en eso. – le palmeó el hombro mientras agarraba un sándwich de jamón y queso al vuelo.
– ¿A dónde vas?
– ¡Con Severus! – respondió mientras se alejaba.
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Abajo, en las mazmorras, Severus estaba entrando a su despacho. Lucius ya lo estaba esperando adentro sentado en una se las sillas frente al escritorio de caoba. El pelinegro le dio una mirada escrutadora antes de cerrar la puerta y sentarse también.
– ¿Lo tienes? – preguntó sin molestarse en los saludos básicos.
– ¿Acaso dudas de mí? – retrucó Malfoy sacando del bolsillo de su capa la copa maldita, al igual que la diadema tenía esa aura maligna nauseabunda, no podía escuchar el pitido ensordecedor pero es posible que fuera porque no estaba activado – La muggle tenía razón. – siseó con amargura. – Esta copa estaba en la cámara de Bellatrix, rodeado de un montón de maldiciones. Tuve la suerte de que el duende me dejara sacarlo. ¿Han encontrado los otros?
– Anoche fue destruida la diadema perdida de Rowena Ravenclaw.
– ¿Encontraron la diadema…? ¿Cómo…? – Lucius tuvo que carraspear para recuperar la compostura. – ¿Dónde la encontraron?
– Dentro del castillo. Ella y Potter.
El pelinegro no pudo decir más pues unos fuertes golpes en la puerta interrumpieron la reunión de los Slytherin y con ellos una voz chillona que ambos comenzaban a conocer demasiado bien para su gusto.
– Severus. Ábreme, vi el búho de Malfoy en el comedor. – otro toquido más. – ¿Severus?
– ¿Piensa derribar la puerta o qué? – murmuró Lucius bastante indignado por la interrupción.
– No tiene el tamaño suficiente para eso. – dijo el pelinegro haciendo reír brevemente a su compañero. Con un giro de su varita la puerta se abrió revelando la figura de Katerina con el puño alzado a punto de tocar de nuevo.
– Hola. – dijo a Lucius cuando entró a la oficina, apenas había dado un par de pasos cuando notó la copa de Helga Hufflepuff en el escritorio de Snape. – ¡La encontraste! Asombroso. Con esto sólo nos queda dos Horrocruxe por destruir.
– ¿Ya están ubicados? – preguntó Lucius a Severus pero Kati se adelantó a responder.
– El guardapelo de Salazar está en el número 12 de Grimauld Place. ¿Lograste ubicar la casa de los Gaunt? – preguntó esta vez a Severus.
– Aún no. Tu dirección fue extremadamente vaga. – frunció el ceño al ver como la morena le sacaba la lengua como si tuviera nueve años ¿Cómo se atrevía? Niña insolente.
– Tenemos que encontrar el anillo lo antes posible. – dijo la morena evitando cualquier comentario ácido que pudiera tener el profesor en la punta de la lengua.
– Tenemos que destruir primero la copa. – dijo el profesor.
– No seas suicida. No puedes destruir dos Horrocruxes dos días seguidos ¿Acaso no te acuerdas de cómo te afectó anoche? – le preguntó bastante preocupada.
– ¿Cómo le afecto? – Malfoy estaba intrigado.
– No fue nada… – intentó desestimar el pocionista.
– ¿Nada? – cuestionó indignada. – Prácticamente te desplomaste en mis brazos por el estrés al que te sometiste…
– Lo importante aquí es encontrar el maldito anillo. – gruñó indicándole a Katerina que se callara de una vez, ella le miró con los ojos entrecerrados optando por cerrar la boca. Mucho mejor, en opinión de Severus. – Esta noche iré a buscar de nuevo.
– Si me permiten. – intervino Malfoy cansado de estar callado. – Exactamente ¿Qué es lo que están buscando? – ese era otro pequeño detalle que le molestaba, la única que sabía exactamente cuáles eran todos los Horrocruxes y su ubicación era la muggle, sinceramente eso le caía fatal.
– El anillo de la familia Gaunt. – respondió Severus. Lucius alzó una ceja curioso. – Katerina dice que la casa de los Gaunt está en Little Hangleton pero esa es una dirección extremadamente vaga y no logro ubicar ningún terreno a su nombre, sin mencionar que el lugar es un pueblo muggle.
– Los Gaunt fueron una familia sangre pura muy antigua. – dijo Lucius después de pensarlo un momento. – Recuerdo a mi padre hablar de ellos, estaban emparentados con los Peverell. – Kati asintió coincidiendo con la información de Malfoy, vagamente recordaba algo como eso, ojalá se hubiera leído los libros en vez de sólo ver la película, seguramente ahora estaría mejor informada. – Estoy seguro que entre los dos podremos encontrar el patrimonio de los Gaunt.
Malfoy podía ser un hombre guapo pero odiaba su modo pomposo de hablar, no era suficiente que le costara entender el acento británico para colmo el idiota tenía que usar palabras rimbombantes. – De acuerdo. Entre Harry y yo nos haremos cargo de encontrar el guardapelo de Salazar. Hasta entonces guarda esa cosa donde no te afecte. Es magia negra de la peor y puede influenciarte. – Kati se levantó de la silla para irse. – Estaré en la biblioteca y después en Gryffindor. – anunció a Severus. – Cuídense, ambos. – pidió antes de salir de la oficina del Jefe de Slytherin.
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Era el final de la última clase del día y hasta ahora no sabía nada de Katerina desde la noche anterior que destruyeron el Horrocruxe. Vio a Snape y Katerina brevemente en el desayuno y después ambos se fueron cuando una lechuza llegó frente al profesor, después de eso no los vio a ninguno de los dos en todo el día.
¿Tendría algo que ver con la destrucción de Horrocruxes?
Si fuera así Katerina le diría ¿Cierto?
Sus pensamientos fueron cortados cuando un ave de papel voló suavemente hasta su mesa, frunció el ceño recordando como en su tercer año Malfoy le envió un horrendo dibujo animado de él siendo golpeado por un rayo, miró hacia atrás ubicando al rubio unas mesas atrás.
Malfoy apenas le dio una breve mirada antes de volver su atención a la clase. Bajo la mirada al ave de papel, bajó la nota debajo su escritorio para que Hermione ni Ron pudieran verla.
"Tenemos que hablar. Te espero en la biblioteca, sección D3. DM" (1)
– Harry, vamos a la sala común ¿Vienes? – preguntó Hermione a su lado que terminaba de recoger sus cosas.
La clase había terminado y Harry no se enteró de nada. – ¿Ya terminó la clase? – miró por un momento en dirección donde estaba sentado Malfoy antes pero su puesto ya estaba vacío.
– Si amigo. – Ron pasó su brazo por los hombros de Harry desestabilizando por un momento al pelinegro. – Hace días que no estás con nosotros. Vamos a jugar una partida de snap explosivo.
– Eh no. Lo siento. Yo… – ¿Qué les decía? – Le prometí a Katerina que le enseñaría el lago negro.
– Harry. – comenzó la castaña con el ceño fruncido. – Eso es completamente irresponsable. Ir al lago negro…
– No es algo que no hayamos hecho antes Hermione. – le recordó Harry rodando los ojos comenzando a recogen sus útiles. – Pasearemos por la orilla del lago, es todo.
– Viejo, desde que ella llegó es como si ya no te importáramos. – reclamó Ron completamente celoso aunque intentaba controlarlo, ya a comienzo de curso decepcionó a Harry cuando el monstruo de los celos se lo comió provocando que pasara varias semanas separado del pelinegro.
– Ron. Te prometo que después de la cena jugaremos snap explosivo. – palmeó el hombro de Ron en camadería, cuando agarró su bolso para colgárselo al hombro Hermione lo detuvo.
– No confío en ella.
– Yo sí. – fue todo lo que dijo soltándose y caminando a la salida.
Uso un pasillo poco transitado para llegar a la biblioteca. Dado que no estaba seguro de cuál era la sección D3 le preguntó a madame Pince, ella señaló el pasillo central a la izquierda, cerca de la entrada de la sección prohibida. Se encaminó hacia allá, dado que eran libros poco consultados sobre política la sección estaba casi vacía a excepción de cierto rubio slytherin.
Harry aún no sabía si estaba preparado o no para hablar con él pero como dijo Katerina, las cosas sólo estaban a punto de empeorar y él no quería seguir peleado con Draco, ya no más.
– Draco. – llamó el pelinegro esperando que no le dijera que se alejara.
– No aquí. – murmuró Malfoy mirando hacia los lados, había escogido esa zona alejada de la biblioteca para encontrarse pero no creía que fuera el mejor lugar para hablar. – Vamos a la torre oeste. Ve adelante, te seguiré – sin esperar a que Harry contestara comenzó a caminar fuera de la biblioteca, Harry tardó unos segundos en seguirle pero fue tras Draco, vio al rubio devolver un libro a una estantería dándole tiempo para que se adelantara, después Malfoy comenzó a seguirle manteniendo una prudente distancia de cinco metros.
Caminaron en silencio y sin detenerse a saludar a nadie, Harry lideró el camino fuera del castillo hasta la zona verde de la torre oeste, donde habían estado practicando el bombarda que se salió de control. La grieta en las piedras, ennegrecidas debido a la explosión, aún seguía ahí sin limpiar o reparar. A esa hora había una agradable sombra gracias a la torre oeste, cuando Harry llegó se sentó contra el muro de piedra, sus piernas estiradas frente a él, no esperó que cuando llegara Draco el rubio tuviera la audacia de acomodarse entre sus piernas quedando cara a cara.
Ni siquiera se estaban tocando pero a Harry se le subieron los colores al rostro debido a la cercanía. – ¿Qué estás…?
– He desperdiciado demasiados años alimentando una rivalidad que nunca quise. No pienso dejar que una discusión nos separe. – dijo firmemente Draco, había pensado toda la tarde lo que quería decir, primero pensó en decirle a Harry que él tenía razón y que dejara de ser un tonto, eso por supuesto no ayudaría en nada, después creyó que debía disculparse pero siendo francos el no hizo nada malo y no pensaba dar su brazo a torcer por lo que optó por enfocarse en otra cosa. – Para nosotros es demasiado fácil discutir, no quiero que una diferencia de opiniones destruya lo poco que hemos logrado ¿Tu si? – preguntó desafiante, de esa manera no se vería como un idiota sentimental.
Harry miraba asombrado a Malfoy, nunca imaginó que el rubio le diría esas palabras, nunca pensó que realmente le interesaba tanto como para…
El moreno bajó la mirada avergonzado, Katerina había tenido razón después de todo.
– Draco, perdóname. – comenzó Harry con la mirada baja, no quería ver su expresión petulante cuando le dijera que tuvo razón. – No quise decir las cosas que dije el otro día, no creo que los Slytherin sean malos sólo por ser seleccionados en esa casa. – tuvo que lamerse los labios, los sentía muy resecos. – Tienes razón, en que debo aprender más ataques ofensivos. Quiero que tú me enseñes… – pidió con las mejillas coloradas. Cuando alzó la mirada vio al rubio aproximándose a él. – Draco.
Apenas pudo decir pues sus labios fueron sellados por los del rubio con sus brazos rodeando su cuello impidiéndole escapar, el beso lo tomó por sorpresa, se inclinó hacia atrás intentando separarse pero Draco lo siguió impidiendo que se separara. – Suéltame. – pidió dentro del beso, momento que Malfoy aprovechó para meter su lengua, Harry se sintió débil ante su toque. El brazo con el que estaba sosteniendo su peso se dobló por la debilidad que le acosó al sentir la lengua del rubio enredarse con la suya en una lasciva caricia.
Jadeando se separaron, sus bocas aún unidas por un fino hilo de saliva. Draco apoyó su frente contra la de Harry admirando su obra maestra, Harry tembloroso, con las mejillas ardiendo y sus ojos verdes brillantes de deseo.
– ¿Por qué estás haciendo esto? – desde hace un rato se había estado preguntando como fue que empezó toda ésta situación, recordaba a Draco besarlo cuando le enseñó el encantamiento Patronus pero ¿Por qué?
– ¿Por qué?
– Si. ¿Por qué te gusto? Hasta hace poco no hacíamos nada más que pelear entre nosotros y de repente me besas. No lo entiendo. – murmuró Harry con las mejillas arreboladas y sus manos aferrando la camisa de Draco. – ¿Te… Te estás divirtiendo conmigo? – preguntó en un hilo de voz ¿Era eso de lo que se trataba? – Porque tu padre me odia, no hemos tenido una palabra amable en años y soy un hombre… – no estaba seguro de cómo funcionaban las relaciones homosexuales en el mundo mágico pero en el muggle dos hombres en una relación era cuando menos mal visto y en una escuela llena de estudiantes prejuiciosos seguramente harían algo más que sólo señalarlos.
– Harry. – dijo firmemente el rubio sacudiendo al pelinegro sujetando sus hombros, obligándolo a guardar silencio. – No es lo que estás pensando. – aferró a Harry en un fuerte abrazo, enterrando su cara en su cuello. ¿Había estado pensando en eso todo este tiempo? Es posible.
– ¿Draco? – murmuró suavemente Harry, impresionado por el apretado abrazo en el que estaba atrapado, podía sentir la respiración del rubio en su cuello provocando pequeños escalofríos en su espalda.
– Eres lo más importante para mí. – murmuró contra su cuello incapaz de mirarlo a los ojos, se había guardado ese sentimiento desde hace muchos años, tratando de convencerse a sí mismo que lo que estaba sintiendo era odio y no el amor frustrado que tuvo que tragarse a sus tiernos once años.
– ¿Hablas en serio? – no podía creerlo, parecía irreal, un invento pero ahí estaban, sentados en el pasto escondidos tras la torre oeste, abrazados tan estrechamente que podían sentir los latidos del otro.
– Lo hago. – respondió separándose un poco para finalmente mirarlo a los ojos.
Por primera vez desde que se sentaron en el pasto Harry devolvió el abrazo, sentía una emoción cálida en su vientre que poco a poco se extendía al resto de su cuerpo. Estando de esa manera Draco aprovechó la oportunidad para colar sus manos bajo la camisa de Harry.
– Siento que unas manos se mueven sobre mi espalda. – dijo Harry pegando un respingo al sentir los dedos fríos del rubio en su espalda recorriendo su columna vertebral.
– Es un pequeño castigo.
– ¿Eh? ¿Qué estás…? – no tuvo oportunidad de decir nada más, un nuevo tipo de escalofrío le estaba recorriendo el cuerpo, no había sentido eso antes, era diferente a un masaje, se sentía más erótico. La nueva sensación le estaba poniendo tenso y con cada caricia en su espalda no podía evitar removerse nervioso. – ¡Draco!
– Sólo tu espalda, nada más. – aseguró, estaba bastante contento de provocar esas reacciones en el moreno, sus manos de dedos largos recorrieron toda la columna, cada uno de sus huesos. – Genial, tu espalda no está nada mal. – dijo subiendo la camisa del uniforme mientras más subía por la espalda de Harry, ponía sentir al moreno ponerse tenso y removerse inquieto. – Sobresale y puedo sentir cada hueso. – Harry estaba haciendo adorables ruiditos angustiosos lo que le hacía querer acariciarlo más.
Harry soltó un respingo cuando sintió los suaves dedos contando cada una de sus vertebras. – ¡Espe…! – se contrajo en un movimiento involuntario cuando sus dedos presionaron sus omoplatos.
– Escápula. – dijo Draco, deteniéndose brevemente. – La escápula es lo que queda de las alas.
– ¿Eh? – ¿De qué estás hablando? Quería preguntar pero con esas manos aún en su espalda no podía concentrarse.
– Lo leí en una novela de mi madre. – aclaró el rubio.
– N-no lo sabía. – la verdad es que no podía importarle menos en ese momento. Apenas podía pensar correctamente, sentía su cara arder y un insistente cosquilleo que rápidamente bajaba hacia su vientre. – Draco, cosqui…
– ¿Te hago cosquillas? – completó el rubio, una media sonrisa asomándose en su rostro. – ¿En serio? ¿Son cosquillas? – preguntó sintiendo a Harry temblar entre sus brazos. – ¿Estás seguro de que sólo son cosquillas? – travieso deslizó una de sus manos hacia el pecho de Harry hasta que consiguió su pezón, presionándolo juguetonamente.
– ¡Ah! – gimió Harry ante el inesperado estímulo.
Ambos muchachos se quedaron quietos ante el provocativo sonido que soltó Harry, Potter angustiado por el ruido para nada masculino que soltó se separó del rubio con toda la cara roja como un tomate maduro. – Eso fue… No quise… – escuchó a Draco reírse y golpeo su pecho mortificado porque se estuviera riendo de él. – ¡Es tu culpa! – acusó indignado. – Dijiste que sólo sería la espalda.
– Mi mano se resbaló. – dijo a modo de excusa con una sonrisa, se inclinó para seguir besando a Harry. Todavía tenían tiempo antes de que fuera hora de la cena.
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Harry pasó el resto de la tarde bastante distraído, durante la cena en el gran comedor no podía evitar desviar su mirada constantemente hacia la mesa de Slytherin. No podía sacarse de la cabeza los intensos besos que se estuvieron dando tras la torre oeste.
Más de una vez Ron y Hermione tuvieron que llamarlo a tierra para que dejara de fantasear. Tras la cena jugó Snap Explosivo con el pelirrojo tal como había prometido, pasó un rato bastante agradable en realidad con sus dos amigos hasta que fue hora de acostarse. Aún con toda la excitación del día Harry no se olvidó que Sirius iba a llamar esa noche por la chimenea, sigilosamente Harry se escabulló del cuarto de los chicos de cuarto año hacia la sala común de Gryffindor, sorprendentemente se encontró a Katerina abajo en un pijama otorgado por el colegio, recostada en uno de los mullidos sillones con un nuevo libro de dragones sobre el regazo.
– ¿Kati? – llamó bastante extrañado. – ¿Qué haces aquí? – él no le había dicho que Sirius se comunicaría esta noche ¿O sí? No podía recordarlo. Ahora que lo pensaba tendría que haberlo dicho antes.
– Tengo insomnio. – respondió simplemente. – Las chicas en el dormitorio ya están durmiendo y apagaron todas las luces. – dado que ella no podía invocar un lumus era preferible bajar a la sala común hasta que le diera sueño. – ¿Cómo te fue hoy? Algo bueno, supongo. No dejabas de mirar a Draco en la cena.
– ¿Lo notaste? – pregunto bastante angustiado de que alguien más lo hubiera visto.
– Si pero yo estoy enterada de lo que está pasando. Así que… ¿Pasó algo bueno? – sonrió aún más al ver el sonrojo de Harry.
– Nosotros… Nos estuvimos besando. Bastante. – respondió avergonzado pero al mismo tiempo feliz de poderle contar a alguien de eso, ya cargaba demasiadas cosas encima como para también guardarse lo que sea que estaba sucediendo con Draco.
– Me alegro mucho por ti, Harry. En verdad.
Los pelinegro no tuvieron mucho más tiempo para hablar, el fuego en la chimenea de la sala común comenzó a agitarse mostrando el rostro de Sirius Black.
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(1) No tengo idea de cómo esté ordenada la biblioteca de Hogwarts así que estoy inventando esto.
La verdad es que creí que alcanzaría a desarrollar la escena de sirius en este cap pero resulta que harry y draco se llevaron el protagonismo (quiero aclarar que no sé si habrá una escea de sexo en este fic. La historia está tomando su propio curso por lo que no puedo prometer una escena de sexo) asi que sirius queda relegado para el próximo cap. Bye!
Lindsay Linares: Severus también es mi crush XD La verdad es que me sorprende la gran aceptación que tiene la pareja SevKat. Me alegro mucho que te guste.
Guest: Muchas gracias por todo el apoyo cariño. Creo que justamente por eso es que me he demorado tanto en avanzar con este fic. A veces me quedo trabada por mucho tiempo porque no sé como podría actuar X personaje entonces lo pienso demasiado y termina pasando un montón de tiempo sin darme cuenta. No importa que pase esta historia la acabo si o si, de eso no tengas dudas, aunque me tarde un montón la terminaré.
