"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…"
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CAPÍTULO 2
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"El plan"
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Los clientes del cibercafé que estaban en los cubículos se asomaron desde sus sitios al escuchar los gritos de Kasumi, lo mismo que las personas que se servían un té o sacaban una bolsa de frituras de la máquina expendedora.
Nabiki iba llegando en ese momento y reconociendo la voz de nuestra hermana, corrió hacia ella. Nabiki solo pudo abrir los ojos lo más que pudo, al observar el espectáculo.
El gerente del cibercafé tenía puesta una pantaleta de Kasumi sobre su cabeza, se había colocado uno de sus sujetadores y abrazaba un montón de prendas sucias que teníamos en una bolsa de tela.
Apenas y pudo emitir un sonido, cuando Nabiki comenzó a gritarle— ¡¿Qué es lo que hace con nuestras cosas?! ¡PERVERTIDO!
El tipo se deshizo de la pantaleta en la cabeza y soltó la bolsa con la ropa sucia, saliendo despavorido, aun con el sujetador puesto. Corrió hasta llegar a un cuarto que tenía de oficina.
—¡Voy a demandarlo! ¡Y lo acusaré con el dueño del cibercafé! —volvió a gritarle Nabiki, bastante enojada.
—No servirá de mucho —un empleado que estaba por ahí y vio todo, les advirtió— no es la primera vez que pasa. El gerente es el hijo del dueño, el hombre es muy mayor, dicen que ya no escucha bien y no está lúcido.
Nabiki apretó los dientes y no dijo más. Kasumi seguía de pie, frente a la habitación con la puerta abierta. Las prendas yacían tiradas en la pequeñísima habitación. Cuando Nabiki hizo el intento de entrar, Kasumi la sujetó del brazo, deteniéndola: —Tenemos que irnos de aquí.
Nabiki exhaló. No quiso decirle a Kasumi: —"te lo dije"— por el estado nervioso en que la vio, pero es seguro que lo pensó mil veces en ese momento.
—Recogeré nuestras cosas y nos largamos de aquí. Envíale un mensaje a Akane, pasaremos por ella al restaurante —apuntó Nabiki, y Kasumi solo asintió. Se sentía culpable; como hermana mayor, sentía que debía protegernos y no lo había hecho.
Desde ese día, algo se removió en ella, Kasumi no era la misma. Podría asegurar que no solo pensó en escapar de ese lugar tan decadente, pensó en escapar de todo en la primera oportunidad.
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Kasumi, Nabiki y yo nos trasladamos a un motel, cerca de Kabukicho, la zona roja de Tokio. Estaba a unos cuantos bloques de ahí, por lo que era un lugar mucho más barato. Nabiki dijo que nos convenía, puesto que está lleno de turistas y era bastante improbable que alguien nos reconociera, eso sin contar que la policía hacía rondines frecuentes, no se podía estar más seguro que ahí. Yo no estaba de acuerdo, pero Nabiki insistía en no querer salir de Shinjuku y Kasumi seguía en shock, por lo que no dijo nada.
Ahora las tres compartíamos una habitación, con una cama gigantesca, con luces tenues escondidas tras de los muebles y los plafones del techo. Nabiki se acomodó en una silla para sacar una libreta de su mochila.
—Según mis cuentas, podríamos estar aquí por dos semanas, considerando los sueldos íntegros de ustedes dos. Aquí no dan servicio de bebidas gratis, y la máquina expendedora solo tiene botellas de agua, así que tendremos que racionar la comida que ustedes consigan del restaurante y lo que yo pueda traer del supermercado que esté en el límite de caducidad. Yo me encargaré de pagar estas dos semanas, pero sepan que, si queremos quedarnos aquí un buen tiempo, ambas tendrán que cambiar de trabajo.
—¡No podemos quedarnos aquí para siempre, Nabiki! —recalqué— ¡este no es un lugar para nosotras!
—No dije que nos quedaríamos para siempre, Akane. Además, es un lugar privado, mucho más barato que un hotel y no tenemos qué limpiar.
—Kasumi, ¿no vas a decirle nada? —acusé. Kasumi se mantenía sentada a la orilla de la cama, sin decir palabra.
—¿Tienes una mejor idea? Ni de broma volveré a un cibercafé. No deberías quejarte, porque estaremos mejor que antes, y además no voy a cobrarles esas dos semanas —dijo Nabiki.
—¡¿Te atreverías a cobrarnos después de lo que pasó?! ¡Apenas tenemos para comer!
—No estás en condición de hablarme así, Akane.
—Pues te recuerdo que las tres estamos en las mismas condiciones de pobreza.
—¡Yo no diría lo mismo!
—Lo haré. —Kasumi habló de pronto. Nabiki y yo detuvimos nuestra discusión, era lo primero que Kasumi decía desde hacía un par de horas.
—¿Cómo dices? —pregunté.
—La idea de Nabiki, lo haré. Puede que no sea tan difícil como parece.
Mi mandíbula pareció caerse, no me lo creía. Ni siquiera Nabiki, quien se quedó muda en ese instante.
—Dime lo que tengo qué hacer —pidió nuestra hermana mayor. Nabiki sonrió un poco, fue a donde estaba su libreta de notas, la muy astuta ya tenía el plan armado.
Me preocupé, Kasumi debía estar realmente asustada para aceptar esa propuesta— Kasumi, ¿estás segura de lo que dices? la idea de Nabiki no te gustó en un inicio, e incluso dijiste que era como…
—¿Qué más da, Akane? —la actitud de Kasumi parecía haber desaparecido, ya no le importaba nada.
—Este es el plan, aunque antes debemos conseguirte algo de ropa nueva, no vas a conquistar a un tipo con dinero con la facha que llevas —mencionó Nabiki. Kasumi seguía mirando hacia el frente, ahora parecía solo escuchar. —A partir de las nueve de la noche, comienzan a entrar más clientes del sexo masculino al supermercado. En su mayoría, doctores, ejecutivos y hombres de mediana edad, los he analizado según los productos que llevan, incluso he hablado con algunos de ellos. Unos más parlanchines o atrevidos que otros, que son tímidos en extremo, también les pregunto por su familia y así me entero si están casados o viven con su madre.
—¿No sientes vergüenza de portarte así con las personas? —reclamé.
—No hago nada malo, es establecer una conversación.
—¡Para sacarles dinero!
—De algo tiene que servir trabajar en ese turno tan fastidioso. ¿Sabes cuántos tipos de esos me han hecho propuestas sucias?
—No lo quiero imaginar.
—Es por eso que seleccioné sólo a los que me parece que son presas seguras, tipos tontos que no se quejarán si los dejas plantados o que sentirán tanta vergüenza por verse embaucados por una inocente joven que se verían ridículos si se lo cuentan a alguien —Nabiki se sentía orgullosa de su investigación, yo solo rodé los ojos.
—Bien, mañana iremos al centro comercial y compraremos la ropa. Akane, lo mejor es que te quedes aquí, no quiero que nos vean entrar o salir a todas —dijo Kasumi.
—¿Vas a confiar en Nabiki? Es capaz de meterte en un vestido apretado con escotes por delante y por detrás —Kasumi había sido como una madre para mí desde que murió la nuestra, así que de algún modo intentaba hacerla reaccionar.
—Yo elegiré qué ponerme y Nabiki lo respetará. Es solo que no quiero ir sola, no me siento cómoda.
—Sin problema, Kasumi. Si sigues el plan, todo saldrá bien —dijo Nabiki, triunfante.
—Haré lo que sea por salir de aquí. —habló Kasumi en un susurro y se recostó de lado en la cama para intentar dormir.
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Kasumi y Nabiki salieron al día siguiente con rumbo al centro comercial. Ellas también decidieron que dejásemos el trabajo del restaurante. Nabiki continuaría en el supermercado, ya que, según sus cálculos, Kasumi tenía justo tres semanas para conquistar algún tipo y que éste empezara a comprarle cosas. Comeríamos poco, pero muy pronto tendríamos suficiente para darnos un festín…o eso era lo que decía Nabiki.
Esa noche, Kasumi se fue en punto de las nueve de la noche con rumbo al supermercado 24 horas donde trabajaba nuestra hermana para encontrarse con la primera "víctima". Kasumi llevaba un traje sastre de color lila con una blusa blanca debajo y unos stilettos en color nude. Su cabello estaba recogido en una coleta baja y se lo había acomodado por un lado sobre el hombro.
De las tres, ella era la más bonita, tenía el mejor carácter, el mejor cuerpo y un cabello hermoso. El traje le quedaba como si fuera hecho a medida, se le ajustaba todo en las partes correctas, cadera, cintura y pechos. El escote no le había hecho falta, y ni hablar de la altura de la falda; un palmo sobre la rodilla hacía que sus piernas se vieran larguísimas y perfectas.
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Al llegar al lugar, Nabiki le dio un papel con los nombres y características de los tipos que probablemente asistirían esa noche, porque efectivamente, Nabiki había registrado los días, las horas e incluso los minutos que ellos estaban en el supermercado. Kasumi lo rechazó, dijo que ese era su asunto y ella se haría cargo de todo. Estaba muy decidida, nunca la habíamos visto así, lo sucedido en el cibercafé le había afectado demasiado.
Kasumi estuvo rondando unos quince minutos dentro de la tienda. Nabiki se hacía la indiferente, puesto que nadie sabía (ni debían saber) que eran parientes. Entró un tipo y luego otro, disimuladamente, Nabiki le hacía señas a Kasumi para que se animara a hablarles, pero ella negaba con la cabeza.
Kasumi comenzó a ponerse nerviosa, se estaba arrepintiendo de haber dicho que sí al plan. Debió pensarlo más, debió buscar otro empleo, no algo tan a la ligera y tan ruin. Dio dos pasos atrás, cuando chocó con alguien.
—¡Discúlpeme por favor! —se excusó Kasumi, mientras un hombre alto, muy guapo, de cabello castaño, con gafas se quedaba boquiabierto.
—N-no ¡discúlpeme usted, señorita! he sido yo quien no la ha visto…aunque ahora la estoy viendo… ¡pero no la vi! y chocamos… ¡y se le cayó esto! …¡HAHAHAHA! —el tipo se había puesto nervioso solo de ver a Kasumi, quien sonrió al ver la actitud del hombre, no parecía mal candidato. Kasumi tomó la caja con harina que se le había caído.
—Gracias. Estaba muy distraída decidiendo qué caja de harina comprar, quiero hornear un pastel ¿sabe? pronto será el cumpleaños de mi hermana y me gustaría hacerle uno.
—Esa marca es muy buena, aunque le recomendaría usar la de la marca de la casa, es más barata y funciona igual.
—Tomaré en cuenta su consejo, ¿cocina usted, señor...?
—Tofú, soy el doctor Tofú Ono.
—Encantada de conocerlo, doctor. Le preguntaba si cocinaba usted.
—Bueno, yo no…mi madre es la que cocina.
—Ah.
—¡Pero ella vive en otra ciudad! Yo vivo solo y en mi casa tengo un consultorio.
Kasumi sonreía, y cuando lo hacía, el doctor se ponía de todos colores y se reía nerviosamente.
—Pagaré esto y me iré a casa. Se me hace tarde y no quiero que mi hermanita esté sola.
—¿Tiene una hermanita?
—Sí, es menor que yo.
—¡Qué bien!
—Hasta pronto, doctor Tofú, y gracias por su recomendación —Kasumi asintió con la cabeza y pasó a la caja. El doctor no la perdía de vista, comenzó a caminar a una distancia de un metro tras ella, lo que hizo que Kasumi se pusiera nerviosa y apresurara a Nabiki a cobrarle.
Nabiki trató de detenerla, para que se quedara más tiempo haciendo platica al doctor, pero Kasumi salió casi corriendo de ahí. —¡Señorita! ¡olvida su cambio! —gritó Nabiki, pero Kasumi no regresó. No había ningún otro dependiente que pudiera darle alcance, y Nabiki no podía dejar la caja registradora sola. ¿Cómo Kasumi podía ser tan tonta? ni siquiera le había dicho su nombre y el tipo se veía que babeaba por ella.
El doctor Tofú seguía congelado junto a la caja registradora, mirando hacia la dirección a donde Kasumi se había ido corriendo.
Nabiki sabía que esa oportunidad no la podía desaprovechar. —Es una chica tímida. Dejó aquí su cambio. Seguro que llegará a casa y se preguntará por ello. ¿Le cobro esto? —Nabiki ya había tomado artículos de la canasta que llevaba el doctor, que reaccionó apenas.
—Ah, sí, sí…cobre, por favor.
—Lo bueno es que esa chica viene seguido.
—¡¿En serio?! —dijo sorprendido el doctor— vengo siempre aquí y nunca la había visto.
—Es que acaba de cambiar de empleo, ha venido esta última semana, casi todos los días, como a esta hora.
—Ah, ¿sí? ¿sabes cómo se llama?
—No. —dijo Nabiki, tajante, mientras seguía pasando artículos por el escáner.
—Oh, es una pena.
—Pero si me da su teléfono puedo decirle cuando esté por aquí.
—¿Usted haría eso?, digo, no quiero que piense que soy un pervertido o algo así, yo simplemente…
—No tiene de qué preocuparse, se ve que usted es una persona muy confiable y que solo le interesa cumplir con su deber.
—¿Deber? —preguntó el médico.
—Sí, su sentido del deber va más allá, usted solo quiere devolverle el cambio que dejó olvidado aquí.
—¿Yo?
—Sí, usted. Es el único que la ha visto y yo no estoy siempre en la caja, ¿qué tal si un día estoy acomodando algo en los anaqueles y mi compañero no sabe que ella olvidó sus monedas? Solo usted lo sabe.
El doctor Tofú apenas comenzaba a despertar del sueño en el que la presencia de Kasumi lo había sumergido— Tiene toda la razón, ella debe tener de vuelta su dinero, es lo correcto. Le daré mi tarjeta, por favor, llame a la hora que sea, le atenderé aún y si tengo pacientes. Solo especifique que es la persona de la tienda.
—No se preocupe…doctor Tofú —Nabiki fingió leer la tarjeta, porque había escuchado ya toda la conversación— lo llamaré en cuanto tenga noticias.
—Gracias, nos vemos pronto.
—Que tenga buena noche… ¡no olvide el cambio de la chica! debe traerlo usted.
—¡Tiene razón! qué distraído soy.
—Hasta pronto —Nabiki sonrió contenta, el plan estaba saliendo a la perfección.
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No hace falta describir cómo sucedió todo. No fueron más de tres días en los que Kasumi y el doctor volvieron a encontrarse, tuvieron una cita al aire libre. Kasumi se veía preocupada, pero a la vez contenta, no nos quiso contar mucho.
Dos semanas pasaron entre intercambios de mensajes, salidas al cine, al café, al lago. Nabiki y yo nos quedábamos en blanco cuando Kasumi se limitaba a decir que su cita había salido bien y que el famoso doctor Tofú era un hombre serio y amable. Nabiki no paraba de decirle que tenía que empezar a pedirle cosas lo antes posible, ya que, con su sueldo, no sería posible mantenernos a las tres, hacía ya muchas horas extra en su trabajo. Kasumi desviaba la mirada y se limitaba a asentir.
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Aquella noche, Kasumi llegó más tarde de lo normal, estábamos preocupadas, puesto que no respondía a nuestros mensajes, ella no solía ser así. Llegó a las once de la noche, con la mirada perdida.
—¡Hasta que te apareces! —la reprendió Nabiki— ¿se puede saber por qué no respondes los mensajes?
—Ya estoy aquí —dijo con su común tono apacible.
—¿En dónde estabas?
—En una cita…
—¿A esta hora? ¿no es que saldrían solo a comer? Espero que por lo menos esta vez te haya dado algún regalo costoso que podamos vender.
Kasumi continuó con su habitual silencio. Yo me preocupé, Kasumi se veía algo pálida. —Kasumi ¿te encuentras bien?
Se sentó en la cama sin decir más. Al ver la misma reacción de siempre, Nabiki comenzó a decir la misma letanía de cada vez que Kasumi tenía una cita con el doctor Tofú: que no teníamos dinero, que tenía que hacer funcionar el plan y no solo dejar que la invitaran a pasear, que ella sentía que era la cabeza de la familia y no era justo, que no podría con todo, que se enfocara en el objetivo principal, que lo hiciera por nosotras…
—Me acosté con él —dijo de pronto, Kasumi.
Los ojos de Nabiki se pusieron tan grandes como platos y mi boca casi llega hasta el suelo.
—¡¿Qué hiciste qué?! —preguntó Nabiki.
—¡Kasumi! —En ese momento, sentí temor por mi hermana. Ella no era así.
—Ya lo has oído —Kasumi levantó la vista, su mirada era muy diferente. No sabía si nos estaba retando o si en verdad estaba segura de lo que había hecho. Todas sus actitudes se habían vuelto impredecibles desde que llegamos ahí.
Nabiki se sorprendió, la manera en que se había confesado no la esperábamos— No tenías que haberlo hecho, ese no era el plan, Kasumi. ¡Tú misma dijiste…!
—Me dio algo —interrumpió Kasumi.
Nabiki y yo nos miramos ¿en serio Kasumi había conseguido algo de esa manera? Abrió su bolso de color blanco y sacó de ahí un objeto pequeño. Era un anillo, con un diamante.
—Es, es… —Yo ni siquiera podía pronunciarlo.
—Me pidió matrimonio.
—¿En dos semanas? ¡¿en dos semanas te pidió que fueras su esposa?! —ni Nabiki ni yo podíamos creerlo.
—Quiere casarse lo antes posible…
Nabiki pegó un grito de alegría— ¡Estamos salvadas! Kasumi…¡lo lograste! ¡Ya no tendremos que vivir aquí! Bueno, por lo menos hasta que te cases.
—¡Estoy feliz por ti, Kasumi! según lo que nos dijiste, el doctor parece ser un buen hombre —le dije. Pero mis palabras parecieron ser flechas que tocaron alguna fibra sensible dentro de mi hermana, porque comenzó a llorar de manera incontrolable.
—Kasumi ¿qué te pasa?
—¡Kasumi!
Solo sollozaba. Comenzamos a pensar lo peor, como que el tipo la había obligado a hacerlo y ella no tuvo más remedio que ceder debido al miedo. Le propusimos llevarla al hospital, pero se negó, dijo que no era necesario. No sabíamos qué hacer.
Cuando se calmó un poco pudo hablar— Hice algo que no estuvo bien.
—No te culpes, Kasumi, todo estará bien —le decía yo, para tranquilizarla— no ha pasado nada.
Nabiki no había hablado todavía, pero su silencio me decía que iba a soltar una de sus preguntas directas— ¿Qué le respondiste?
Kasumi respiró profundo, se contuvo para no llorar otra vez, pero no logró controlarlo, tuvo otro acceso de llanto y mientras yo intentaba consolarla, Nabiki esperaba pacientemente, no tenía buena cara. Por fin, Kasumi se calmó y nos contó todo: —Le dije que sí, pero hay un problema…no le conté toda la verdad.
—¿Qué quieres decir con "toda"? —demandó Nabiki, como si fuera un agresivo policía en un interrogatorio.
—Le dije lo que había pasado con nuestros padres, que tuvimos que mudarnos y donde vivimos actualmente.
—¿Y? —Nabiki volvió a preguntar tajante.
—Se molestó. Dijo que cómo era posible que viviéramos aquí, que era muy peligroso. Le conté que no nos quedaba de otra, era lo que podíamos pagar para las tres y estábamos de alguna forma en un sitio bastante privado. Le mencioné lo del plan de Nabiki y se puso como loco, dijo que jamás habría pensado eso de mí, que no podía creerlo, que teníamos que terminar…y entonces…
—Te acostaste con él —terminó la frase Nabiki— era de esperarse —dijo cruzándose de brazos.
—¡No quería perderlo! ¡Lo amo! ¡y él a mí!
— ¿Y entonces te pidió que se casaran? —pregunté.
—Sí. Dijo que era la única manera de sacarme de aquí y poder vivir juntos sin habladurías de la gente.
—¿Era solo eso? Kasumi, no has hecho nada malo, lo que hiciste fue por amor. Si dices que el doctor Tofú te ama, entonces está bien. —dije, tomándola de las manos.
—Hay algo más, ¿verdad? —Nabiki lo dijo más con tono de afirmación que de pregunta, sabía que algo iba a suceder.
Kasumi asintió, y su voz temblaba— Ono me dijo que nos casaríamos con una sola condición. Que no podía mencionarlas a ustedes, mucho menos verlas; si nos casamos debo decir que no tengo familia.
Nabiki y yo no lo creíamos, el formal y adorable doctor quería alejarnos de nuestra hermana— ¿¡Ese bastardo se atrevió a pedirte eso!? —grité— ¡malnacido!
Nabiki se acercó a ella, estaba muy alterada— Lo confrontaste, ¿le dijiste que nosotras debíamos estar juntas? ¡¿le dijiste lo que papá nos hizo sufrir dejándonos en la calle?!
Kasumi se tapó la cara y volvió a llorar, esta vez pudo sacar valor de algún lugar porque le respondió a Nabiki casi a gritos— ¡Su madre es una mujer muy conservadora y si se entera de esto no permitirá que nos casemos!
—¿Esa es su excusa? ¡Vaya marido que te conseguiste! —Nabiki estaba enfadada.
Kasumi se sentía muy avergonzada— Dijo que eras una mala influencia para mí.
Nabiki rodó los ojos— Claro. También debiste decirle que de no ser por mí, ustedes jamás se hubieran conocido, y mucho menos vuelto a hablar cuando se encontraron en el supermercado.
Después de dar un par de vueltas por la habitación, Nabiki se calmó un poco— Bien, de acuerdo, soy mala influencia. Puedo hacerme cargo de mí misma, no tengo problema con eso. Por lo menos podrás convencerlo y llevarte a Akane, ella no ha hecho nada.
Kasumi se mordió los labios y sus ojos se humedecieron nuevamente— Ono dice que una fruta en mal estado pudre a las demás…
—Kasumi…—apenas y me salía la voz. Nunca creí capaz a Kasumi de hacer eso, mucho menos por un hombre. Es verdad que él sería su esposo, pero de ahí a que Kasumi aceptara negarnos, había un abismo…o por lo menos eso creía.
—¿Cómo pudiste, Kasumi? —dijo Nabiki, más con decepción que con reclamo.
—Perdónenme hermanas, ¡por favor! solo quería salir de aquí. Todos los días sentía asfixiarme, estaba llena de miedo y de vergüenza de vivir en un lugar como este.
—¿Crees que eres la única que se siente así? —Nabiki le daba la espalda y se asomaba por la diminuta ventana que daba a la pared del edificio contiguo— no tienes idea, hermana.
—Sé que nuestro padre sentiría mucha pena de ver el lugar en donde estamos ahora —Kasumi trataba de justificarse.
—Gracias a él estamos aquí. No le importó beberse más de la mitad de la producción de sake que hay en Japón. De enterarse que estamos aquí, le haría dado igual —soltó Nabiki de manera déspota.
—¡No hables así de papá! —dijo Kasumi, molesta.
Nabiki resopló, pero parecía mantener su imperturbable calma de siempre— Tampoco eres diferente de él. El egoísmo se hereda, por lo visto.
Kasumi frunció el ceño— En cuanto pueda ahorrar algo de dinero, se los enviaré sin que Ono o su madre se enteren. Revisa cada centavo que entra al consultorio y su madre administra sus cuentas…
—Despreocúpate por eso. Ni Akane ni yo te daremos ninguna molestia, puedes quedarte con tu dinero y con tu marido viviendo una vida feliz.
Kasumi no se atrevió a decir nada más. La vimos tomar su maleta, que nunca deshizo desde que llegamos al hotel y cuando llegó a la puerta nos miró por última vez, para cerrar detrás de sí y no volver nunca más.
Yo exploté en llanto; la hermana que me había cuidado como una madre se había ido y era probable que jamás supiéramos de nuevo de ella. Nabiki no derramó una sola lágrima, se acercó a mí y me tomó por los hombros— ¡No llores por ella! es lo que quería, vivir una vida sin nosotras. Pues bien, ¡qué se largue!
—¿Cómo puedes quedarte así, Nabiki? ¡Es nuestra hermana!
—Una hermana que prefiere borrarnos a soportar las habladurías de la gente. Ahora escúchame bien. Saldremos de aquí pronto, te lo prometo. Nunca más tendremos que volver a este lugar.
—Nabiki…—dije entre sollozos.
—Solo nos tenemos la una a la otra ¿entiendes?
Asentí, no terminaba de comprender del todo lo que acababa de suceder.
—Tenemos que prometernos que estaremos unidas a pesar de todo y que si una está en problemas cuidará de la otra sin importar nada ¿de acuerdo?
—Sí, pero… ¿y Kasumi?
—¡Olvida a Kasumi! solo tú y yo. Estaremos bien, Akane, estaremos bien —Nabiki parecía estar repitiendo esto último para convencerse. En sus ojos se notaba el miedo, estoy segura de que se sentía igual que yo, más sola que después de que murieron nuestros padres.
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¡HOLA! Gracias por leer hasta aquí. Mi siempre eterno agradecimiento a mi querida beta reader Sailordancer7 por animarme a escribir.
Estaré publicando lo más seguido posible, solo que cambiar de un programa a otro y darle formato es algo tedioso.
Agradezco infinitamente sus reviews.
Los leo muy pronto.
Susy Chantilly.
