No lo puedo creer, estoy aferrada a los 20's y no de mis años, sino de los capítulos! me estoy dando cuenta que es el capítulo 26 y yo creída que era apenas el 25... si que se hace más y más largo este fic, pero les aseguro que cada vez será más interesante. En fin... los dejo... este... me encantó escribir esto, de verdad, no saben cuanto, lo imaginaba y solo podía sonreír por todo lo que aquí pasa, pero no les echo a perder la sorpresa. Aquí mi auto regalo de cumpleaños y REGALO para mi querida amiga May Himemiya, feliz cumple! el 28 es el mejor día, así q disfrútalo! Gracias por seguir mis loqueras en FF ojalá te guste n.n lo mismo que a todos los demás. Disfruten!

Capítulo XXVI. Tan Cerca… Tan Lejos

- ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Solo piensas huir?! – Gritó la chica que se abalanzó sobre él sin restricción alguna – ¡¿Acaso no piensas defenderte?! – Fueron sus irascibles palabras antes que lograra acertar un puñetazo en su quijada. Sería un mentiroso si no admitía que había dolido como el diablo, pero él podía soportar un golpe o dos, lo que en verdad lo lastimaba profundamente eran las calumnias, la mentira, la traición... o esa sensación de ser tan prescindible como cualquier pedazo de basura y todo eso era parte de su día a día gracias a las infames acciones de… su contrincante.

El torbellino de emociones fue su guía obligándolo a contraatacar. No iba – ni quería – lastimarla, solo bastaba hacerla quedar en ridículo para realmente ganarle. Después de todo, esa era la verdadera forma que tenían para 'agredirse' mutuamente, porque podían insultarse, podían llegar a algún empujón infantil y ella lo había golpeado tantas veces con su tonto mazo que sola ya resultaba rutinario. Por eso, cuando se trataba de revanchas entre ellos, la mejor forma era la burla.

- ¿Quieres saber de una vez por todas quien es mejor? De acuerdo – Dijo arrogantemente, limpiándose el hilillo de sangre que corría desde su labio inferior hasta la barbilla.

Ella se abalanzó hacia él tirando un par de golpes que llevaban más fuerza que técnica, lo que Ash aprovechó para esquivar el gancho derecho que se dirigía hacia su torso. Sujetó la mano de su atacante, se giró y cargó todo el peso de la chica sobre su espalda. Ella no tuvo oportunidad de frenar esa acción ni tampoco su inminente caída. Cuando su espalda hizo contacto con la colchoneta se quedó sin aire momentáneamente, por eso no pudo reaccionar a tiempo y Ash tuvo oportunidad de trenzar sus piernas entre una de las suyas.

El entrenador seguía de pie, manteniendo firme su mano sobre la muñeca que sostenía, frenando cualquier posible contraataque. Quedaron en una posición más que comprometedora, pero a él poco podía importarle eso. Estar a su lado no le causaba más que una desagradable sensación porque la odiaba, con todas sus fuerzas, la odiaba por ser tan descarada, tan mentirosa… la odiaba porque lo había herido una vez más.

Por eso, ahora solo podía sentir desprecio hacia ella o por lo menos es lo que se repetía para convencerse a sí mismo, pero la verdad era que los errores de la chica provocaban algo más parecido a la tristeza y al dolor.

Una frustración difícil de contener lo obligó a ejercer más fuerza en su mano derecha con la que sujetaba a la chica. Aunque ella podía resentir ese apretón, no se quejó, Misty mantuvo sus cristalinos ojos bien abiertos, enfrentando el puño de Ash que de un segundo a otro se acercaba con rapidez hacia su rostro y solo quedaba esperar el impacto...

Dos meses antes…

Sentía la angustia carcomerle cada uno de sus nervios, retorcía los dedos y en ratos movía el pie repetidamente, tanto, que ya había generado un cierto tic.

Estaba en el lugar que Misty le había indicado sin tener ninguna clase de contratiempo o retraso para llegar hasta allí desde hacía varios minutos y no quedaba más que esperar… lo peor de todo es que no sabía a qué o a quién. Aquella situación comenzaba a ser insoportable, preguntándose una y otra vez si todo había salido bien o si ella se encontraría a salvo. No aparecía nadie para contestarle esas preguntas, nada extraño sucedía a su alrededor, lo que generaba en su mente aún más ansiedad.

Miró el reloj como lo llevaba haciendo por los últimos cinco minutos, contando segundo por segundo hasta que el repetitivo silbido de la alarma resonó. Eran las ocho de la noche… La hora indicada por Misty había llegado.

Con un nudo en la garganta y cierta lentitud, apretó el botón para terminar con el incesante sonido volteando en todas direcciones sin saber qué hacer. ¿Debía preocuparse al no distinguirla entre las pocas personas que transitaban en la calle? Esa fue la única pregunta que tuvo oportunidad de hacerse antes que un automóvil negro apareciese aparentemente de la nada deteniéndose muy cerca de la acera junto a él. Él vehículo llamó su atención de inmediato, pero los vidrios polarizados no permitían ver a quien casi lo había atropellado, eso fue hasta que la ventanilla del copiloto bajó, permitiéndole reconocer al conductor.

- Servicio de transporte. – Dijo el hombre alto y moreno al volante en un tono formal sin expresar nada más.

- Yo no… – Estaba a punto de indicarle que tal vez se equivocaba de persona, pero detuvo su explicación al notar como ese señor buscaba algo en su teléfono para mostrárselo después. Ash tuvo que inclinarse demasiado para alcanzar a ver la imagen en la pequeña pantalla del Smartphone.

'No discutas y súbete'

Era todo lo que decía la retratada nota escrita a mano. Enseguida pudo reconocer la escritura de su amiga y si la caligrafía no lo convencía, aquel 'amable' mensaje si lo hizo. Sin duda era Misty, ella había mandado por él.

Tal como había prometido a la muchacha, obedecería cada una de sus instrucciones, por eso no dijo nada y subió al automóvil. Apenas estuvo a bordo, éste comenzó la marcha.

Ash quiso estudiar un poco el camino, así tal vez podría adivinar su destino, pero resultaba bastante difícil, con lo desorientado que era y las muchas vueltas que el vehículo dio por todo Azafrán no se dio cuenta en que momento habían salido de la ciudad hacía una carretera poco alumbrada de pronunciadas curvas. El camino comenzaba a hacerse largo, sin mencionar vertiginoso, por eso fue cada vez más difícil continuar callado.

- ¿Cuándo vamos a…?

- No contesto preguntas.

- Pero…

- Son órdenes estrictas de quien me contrató.

Resopló molesto, sobre todo al pensar que Misty era capaz de exasperarlo aún sin estar presente, además no le dejaba otra opción más que seguir observando el paisaje por la ventanilla que en pocos minutos cambió de la despoblada carretera al panorama de la ciudad, una nueva y muy diferente a la de Azafrán, pues ahora predominaban las calles angostas llenas de grandes edificios que cubrían la visibilidad del cielo, convirtiéndolo en una lejana mancha negra. Tardó un poco en darse cuenta que aquella era ciudad Azulona.

Era muy desubicado, pero no tanto como para saber que habían tomado un pésimo camino para llegar allí, sobre todo porque en transporte podrían pasar de ciudad a ciudad en una hora y ellos tardaron más de tres. Todo era muy extraño y lo fue aún más cuando el automóvil dio vuelta en un estrecho callejón, terminando frente a una desgastada puerta metálica. No había forma de continuar el trayecto con un obstáculo como ese y pensó que era el final de su viaje, pero el motor seguía encendido, además que el conductor miraba al frente, como si estuviera atento al camino. De nueva cuenta no pudo evitar lanzar una pregunta.

- ¿Ya llegamos?

- Aún no.

- ¿Entonces por qué nos…?

Sus palabras murieron cuando el portón comenzó a deslizarse hasta quedar fuera de su camino. Siguieron por ese largo callejón hasta ingresar a uno de los tantos rascacielos de la ciudad. Si ese edificio poseía incontables pisos hacia arriba, también los tenía hacia abajo. Lo supo por los cinco o seis niveles que bajaron antes de que, finalmente se detuviera.

- Listo. – Dijo el chofer apagando el motor en medio de uno de solo Arceus sabía cuantos estacionamientos subterráneos. – Hemos llegado a su destino, señor.

- ¿En serio? – Fue lo primero que se le ocurrió decir con suma ingenuidad exasperando al misterioso chofer, así que decidió bajarse antes que le dedicara otra desagradable mirada.

Apenas lo hizo, el auto arrancó volviendo a subir los pisos que lo separaban de la superficie, dejándolo completamente solo en esa cámara de frío concreto. El zumbido de las grandes lámparas que alumbraban el lugar era lo único que lo acompañaba, además de dos o tres vehículos estacionados.

Se quedó varios segundos allí parado, sintiéndose como un verdadero tonto mientras intentaba decidir si era pertinente contactar a la pelirroja o no. Estuvo a punto de hacerlo cuando un ligero tintineo se escuchó al otro lado del estacionamiento. Le pareció el sonido emitido por un elevador, anunciando su llegada y se giró al momento exacto en que las puertas se abrieron, revelando a su pasajera.

Una sonrisa se dibujó en su rostro y su corazón dio un vuelco al saber que ella estaba allí, pero sobre todo, al darse cuenta de que estaba intacta. No parecía tener ni una sola herida, ni un rasguño, incluso ella se dio el lujo de dedicarle una ligera sonrisa.

- Pensé que vería tu rebelde cabello negro. – Fue lo primero que dijo la chica a forma de broma, recargándose en la puerta del elevador para evitar que se cerrara – Ya comienza a gustarte ese look, ¿no es así? – Ash sonrió también y no dudó en tirar los ridículos anteojos redondos al suelo, para después, de un movimiento brusco quitarse la peluca y terminar por alborotarse el cabello.

- Lo mismo podría decir de ti, 'blondie' – Caminó con seguridad hacia ella, mientras un gesto más bien travieso se dibujaba en su rostro. Ella sólo se encogió de hombros.

- Me veo bien de la forma que sea, podría quedarme así y seguiría siendo igual de hermosa.

- Claro, como siempre eres un manojo de lindura.

- Así es.

Para ese punto de la conversación, Ash se había acercado mucho a ella, observándola de una manera extraña o así lo percibió Misty. Parecía querer decirle algo, pero sin atreverse siquiera a pronunciar una palabra, además, ¿el cuerpo del entrenador siempre se veía así de firme o acaso estaba tenso por alguna otra razón? Tal vez estaba alucinando, pero la pelirroja tenía la impresión de que Ash… estaba aguantándose las ganas de abrazarla.

Con su corazón palpitando al máximo, Misty dio un paso hacia atrás y Ash ingresó al elevador, acciones que se llevaron a cabo en total silencio, excepto por el sonido de las puertas deslizándose, después, nuevamente se escuchó aquel timbre para que el camino hacia su destino final empezara: Ella le mostró brevemente una tarjeta que insertó en una casi imperceptible ranura debajo de todos los botones del elevador. Al hacerlo, una luz roja apareció sobre el círculo que tenía impreso el número cuarenta. Un botón secreto que Misty pulsó sin dudar.

El ascensor comenzó su andar, recorriendo todos los niveles que tenía el edificio y siguieron subiendo. Al cabo de unos segundos por fin arribaron al piso misterioso y antes de que las puertas se abrieran, la curiosidad de Ash salió a flote con una sencilla pregunta.

- ¿Qué es este lugar? – Misty volteó, sonriéndole cuando la puerta se abrió para revelar un enorme y lujoso Penthouse.

- Será nuestro nuevo hogar por algún tiempo. – Su seguridad y su sonrisa se desvaneció cuando observó el rostro pasmado de Ash – E-espero que no te moleste.

- ¿Habría alguien que se pudiera molestar por tener que vivir en un lugar como este? – Dijo aún sorprendido mientras sus ojos bien abiertos observaban con mucha atención cada rincón.

El lugar era amplío, con una vista envidiable de toda la ciudad que era apreciada aún mejor por los grandes ventanales. Al fondo se veía la cocina cromada frente a la cual había una enorme barra de mármol negro con modernos bancos altos color crema, después seguía una estancia con amplios sillones de diferentes tonos de grises frente a una chimenea. Cerca de ella se alcanzaban a distinguir unas escaleras que seguro guiaban a otro piso y cerca del elevador estaba un corredor que guiaba a las habitaciones.

- Todo es tan... tan... Es un bonito lugar. – Dijo al fin enfocando su atención en la chica que relajó por completo su cuerpo al tener la aprobación de su amigo.

- Me alegra que te guste. – Quiso acercarse a él, tomarlo de la mano para guiarlo por todos los maravillosos ambientes que ese Penthouse ofrecía, pero fue rápidamente interrumpida.

- ¡Pi Pikachu! – El pokemón salió de una de las habitaciones saltando directo hacia los brazos de Ash.

- ¡Llegaste al fin! - May también salió a recibirlo, ya sin usar su ostentoso disfraz; en su lugar vestía una cómoda blusa blanca de tirantes y shorts rojos de algodón a juego. – Me alegra que ya estés aquí porque sin duda tienes que ver el resto del departamento. ¡Este lugar es realmente increíble...! – La emoción de la chica quedó en segundo plano para Ash, pues con un breve vistazo hacia Misty, notó como ésta se iba de lado e incluso pudo haberse caído si él no se hubiese apresurado para sostenerla.

- ¿Misty, estás bien? – Se expresó con suma preocupación, sobre todo cuando la pelirroja se apartó poniendo su palma frente a ella, frenando así la preocupación del muchacho y el ligero contacto que sus manos ejercieron en sus antebrazos.

- Estoy bien, solo... demasiado cansada. - Estudiando su rostro, Ash notó las marcadas líneas púrpuras debajo de sus bellos ojos que habían vuelto a ser de ese tono aguamarina que tan bien conocía. Ella decía la verdad, su cuerpo estaba completamente agotado. Aún así, Misty fue capaz de sonreír – Pero ahora que estamos todos aquí, puedo irme a descansar. – Bostezó mientras comenzaba a alejarse rumbo al mismo pasillo por el cual había llegado Pikachu. – May te mostrará el lugar y te dirá cual es tu habitación. Pueden usar cualquiera de las áreas, solo no salgan del departamento... – Hasta allí llegaron sus instrucciones, siendo interrumpidas por otro largo bostezo. Realmente no podía mantenerse despierta un segundo más.

- ¡Pi Pika chuuu! – Su amigo pokemón no tardó en reprenderla, enviándola a dormir con un gesto autoritario que, en alguien tan pequeño solo podía verse tierno. Ella agitó su débil mano a modo de despedida al continuar su camino hacia su habitación.

- Si, si, Me iré a dormir ahora mismo. – Allí hubiera terminado esa despedida de no ser porque algo verdaderamente extraño se vislumbraba en los ojos de Ash, algo entre preocupación y una peculiar melancolía. Sin saber porqué, quiso borrar todo rastro de malestar en él, así que se detuvo para mirarlo con intensa dulzura y de esa misma forma regalarle unas cuantas palabras más. – Te dije que no tenías porqué preocuparte, al final, estaríamos todos juntos. – Una agradable sorpresa se generó en él al escucharla y de forma tranquila respondió.

- Por eso eres la Jefa. – Con esa simple interacción, la tensión de días pasados, más la enorme cantidad de malos sentimientos se desvaneció de golpe, pero no tuvieron oportunidad de disfrutar la calma entre ellos, pues un nuevo bostezo por parte de la chica se ganó un regaño más de Pikachu, así que ella se giró en sus talones para terminar de recorrer su camino hasta su nueva habitación.

Ash observó su trayecto. Su vista continuó fija aún cuando ella ya no estuvo allí. Aspiró profundo, como si el aire en la atmósfera fuese nuevo y de un perfume exótico y maravilloso. Se sentía feliz ante un pensamiento que lo asaltó de pronto:

"No volveré a dudar de ti, Mist. Te lo prometo."

oOoOoOoOoOo

No recordaba cuando fue la última vez que había descansado así de bien. Frotó un poco su rostro contra la suave almohada reafirmando lo cómodo que se mantuvo toda la noche y como no hacerlo, si la amplia cama king size con finas sábanas beige de algodón egipcio había sido su lecho y según lo que había dicho Misty así sería por mucho tiempo más. A pesar de ser un viajero, esa mañana, al sentirse completamente relajado y pensando un poco en los sucesos de días pasados, vivir allí no le pareció una idea desagradable.

Se levantó sin prisa y cambió su piyama azul celeste – con dibujos de caricaturescos pichus – por una simple camiseta negra y unos jeans. Eran de sus pocas pertenencias que pudo llevar consigo, pero no le importaba haber dejado la mayoría de sus cosas en Hazel. Todo lo que podía necesitar, estaba allí, en ese penthouse... Y por su cabeza no cruzó ningún objeto material.

Salió de su habitación, dirigiéndose hacia la cocina a toda prisa. No le pareció extraño encontrarse a medio camino con una sonriente May.

- Buenos días, dormilón – La impetuosa castaña plantó un rápido beso en sus labios, después se alejó lo suficiente para que él pudiera apreciar su nuevo atuendo – Ayer Misty me enseñó como ordenar todo lo que necesitáramos ya que dejamos muchas de nuestras cosas en la cabaña, así que aproveché para realizar un pequeño cambio de look. ¿Te gusta? – Estaba en verdad emocionada por saber la opinión del chico sobre su apariencia. Vestía una licra negra y una camiseta anaranjada como las de su ropa habitual, pero sobre de esas prendas, llevaba una falda tableada blanca con borde azul y un chaleco del mismo tono. Su pañuelo rojo ahora iba atado en su cuello, mientras que su cabeza estaba adornada por una coqueta boina. Los guantes, al igual que sus calcetas a media pierna eran negras. Sin duda se había esforzado para dejar a su novio sin habla, para percibir en él la emoción de aquel día de campo en pueblo Paleta o causarle el mismo nerviosismo como logró hacerlo el día del primer beso, sin embargo sólo recibió una pequeña sonrisa y un gesto que denotaba cierta duda a sus siguientes palabras.

- Se ve... Bien. – Fue lo único que atinó a decir.

- Gracias Ash – May supo disimular el mal sabor de boca que le dejaba el escuálido cumplido y enseguida lo tomó de la mano, guiándolo hacia la cocina donde ya tenía preparados diferentes platillos que ofreció a su novio. – Supuse que tendrías mucha hambre después de dormir tanta horas, por eso pensé que podríamos disfrutar esto juntos en el jardín y...

- ¿El jardín? - Preguntó un tanto sorprendido provocando una ligera sonrisa en May.

- Si, es en el tercer nivel.

- ¡¿Esta cosa tiene tres niveles?!

- Ayer parecías más interesado en llegar a tu cama, por eso ya no te mostré todo lo que había aquí. Ven... – Le entregó un plato lleno de comida, ella tomó otro y subió por las escaleras, deteniéndose un poco para esperar que Ash la siguiera. Al cabo de unos segundos cuando él por fin apresuró el paso, May guió el camino.

Apenas puso un pie en el segundo piso, volvió a él la sorpresa que sintió la noche anterior cuando entró en el penthouse. En esa segunda planta predominaba el estilo elegante del piso principal, sólo que eran áreas muy diferentes. En lugar de una gran estancia con chimenea, había un pequeño lounge en el centro y a su derecha se podía ver un muro de cristal templado que resguardaba un gimnasio completo, ring incluido e incluso un pequeño campo de entrenamiento pokemón, mientras que el lado izquierdo era ocupado por una biblioteca. Al carecer de puerta se podían apreciar los tres sencillos libreros, cada uno abarcando una pared y una mesa de roble redonda para lectura en medio.

Al pasar el contraste de escenarios había una escalera más corta que la primera y que conducía a la tercera planta. Un par de bancas blancas eran cubiertas con decenas de cojines coloridos. Luego, una sencilla puerta de cristal conducía al tan mencionado jardín.

- ¡Vaya...! – Ash se expresó con asombro al darse cuenta de lo espacioso que era. Primero había una pequeña terraza con piso y muebles de madera, después, el color verde se extendía por lo que quedaba de la azotea, cubierto de fresco césped en su totalidad y de agradables tonos lilas con contrastes de rosado en toda la orilla con los tulipanes y orquídeas que lo bordeaban. Una linda fuente de estilo clásico se encontraba en medio de tanta vegetación.

- Es increíble que exista un lugar así en lo alto de un rascacielos, ¿no es cierto? - May dejó el platillo en la mesa para correr hasta el borde de madera, apreciando la vista desde allí.

- Ya había visto un lugar similar en otra ciudad de Kanto.

- ¿De verdad? – Preguntó emocionada y Ash asintió.

- Fue en ese lugar que Misty capturó a Psyduck.

- Ah. – Dijo con fastidio regresando a la mesa dispuesta a comer.

Comenzaba a hartarle que cualquier conversación si no era que cada pensamiento de Ash fuese dedicado a la chica pelirroja, y como si eso no fuera lo suficientemente irritante, él no tardó mucho en notar su ausencia.

- Por cierto, ¿dónde está Misty? – May ejerció demasiada fuerza en su tenedor al escucharlo preguntar eso, tanta, que se sorprendió de no haber deformado el utensilio.

- Dormida. – Contestó con sequedad.

- Supongo que tiene sentido, ayer se veía bastante agotada. – Dijo más para si, cabizbajo... tan solo por unos segundos antes de poner su atención en el platillo, devorando todo lo que allí había a grandes bocados y eso de alguna forma suavizó las facciones de May sin saber que Ash solo esperaba la hora en que su mejor amiga despertara. De verdad ansiaba pasar tiempo con ella...

Transcurrieron las horas y su deseo no se cumplía, pues de la habitación de Misty no escapaba ni un solo ruido. Trataba de pasar el tiempo conviviendo con sus pokemón, entrenando un poco con ellos. Después, la hora de la comida fue su mejor distractor aunque eso no iba a durar por siempre, sin importar que hubiese tardado tiempo extra al comer cuatro postres. Cuando dieron las seis de la tarde estaba en verdad preocupado por Misty y aprovechando que sus pokemón junto a May estaban en espera del atardecer para presenciarlo desde el jardín, se escabulló hacia la primera planta, hasta el fondo del largo pasillo para quedar frente a la puerta del cuarto de su amiga.

Estuvo a punto de abrirla una o dos veces, deteniéndose cuando un poco de cordura controlaba sus acciones. ¿Si se molestaba por invadir su privacidad? Podía golpearlo, o peor, ella era bastante buena para convertir cualquier objeto en un certero proyectil... Pues entonces comenzaba a tener tendencia suicidas porque hasta eso era preferible a la incertidumbre de no saber que pasaba con Misty.

Finalmente entró, empujando la puerta muy despacio, con un poco de miedo por lo que pudiera pasar, pero la quietud de la habitación pronto lo calmó, sobre todo cuando distinguió a Misty.

Estaba plácidamente dormida, su corto cabello pelirrojo por fin era visible y las hebras de fuego hacían caminos por la almohada, otros caían al frente, cubriendo su apacible rostro.

Estaba sumergida en el más profundo de los sueños, pues ni siquiera percibió la presencia del extraño en su cuarto, si acaso movió un poco sus dedos y sus pestañas hicieron un ligero abaniqueo como respuesta ante el rechinido de los tenis del chico sobre la duela.

En cualquier otro momento, Ash hubiera pensado que estaba bien, dormir nunca había hecho daño a nadie, excepto que Misty llevaba poco más de dieciocho horas haciéndolo. Por eso se acercó a ella, despacio, sin hacer un solo ruido hasta quedar a su lado.

- ¿Misty? – Con cuidado de no aplastarla se sentó junto a ella en la cama. – ¿Mist… me oyes? – Parecía hacerlo, aunque entre sueños, pues solo sonrió ligeramente sin abrir los ojos.

Ash no supo que hacer, se sintió como un completo invasor al estar cerca de ella mientras se encontraba en un estado tan vulnerable, sobre todo porque apenas si estaba arropada de los pies hasta la cintura por una sábana rosa pálido, mientras una simple blusilla blanca de tirantes con un pequeño listón rosado al frente le cubría la parte superior del cuerpo.

Se puso bastante nervioso, excusándose a si mismo por tal intervención, pues solo lo había hecho pensando en el bienestar de la chica y aunque en apariencia estaba bien, le resultó extraño la forma tan pesada con la que dormía. Tal vez era porque después de la preocupación de sentirse perseguida al fin se encontraba en un lugar seguro, además que el viaje había sido pesado. Supuso que para ella lo fue aún más.

Debía levantarse e irse, debía dejarla descansar cuanto lo sintiera necesario, pero también se preocupaba un poco por las secuelas de tantas horas de sueño. Estar sin comer podría enfermarla, por eso decidió intentar despertarla una vez más.

- Ey, Mist… – Estiró su mano con la intención de sacudirle el cuerpo, pero cada curva de su delicada anatomía le pareció tan ajena que no sintió correcto el tocarla, así que desvió la mano hacia su rostro – ¿Misty, me oyes? – Alcanzó la blanca mejilla, tocando apenas la superficie de su tersa piel con la yema de los dedos. Fue entonces cuando obtuvo una reacción. La pelirroja soltó un ligero suspiro moviéndose un poco y sus manos que estaban juntas bajo la almohada, al sentir ese ligero toque casi como caricia tomó la mano de Ash y recargó su rostro sobre la palma del muchacho.

Al contacto, Ash sintió sus mejillas arder mientras su corazón latía fuertemente. No podía ignorar lo terso de la piel de Misty y el ligero apretón que ella ejercía en su mano. Como si supiera que era él, como si quisiera que se quedara a su lado.

La sensación de aquello lo inundaba en forma de un ligero hormigueo que nacía de su estómago y se extendía en todas direcciones. Era una estremecimiento extraño y al mismo tiempo agradable, sin embargo tenía la necesidad de alejarse. El único problema era que ella seguía aprisionándolo sin tener intenciones de dejarlo ir.

- Vamos Misty… – Susurró un poco preocupado que ella no tuviera otra reacción, pero volvió a moverse un poco, así pudo retirar su mano y se levantó de la cama casi de un brinco.

Definitivamente no iba lograr despertarla, así que era mejor salir de allí antes que otra cosa extraña pasara, sin embargo le estaba resultando muy difícil alejarse de ella mientras se veía así de… linda. Se quedó otros segundos observándola antes de pasar de nuevo sus dedos sobre la mejilla derecha de la chica, ésta vez para recoger los rebeldes cabellos que se empeñaban en cubrirle el rostro y los acomodó detrás de su oído.

- Puedes descansar todo lo que quieras, – murmuró aún sabiendo que ella no lo escuchaba – yo estaré aquí para cuidarte. – y sin hacer o decir más, salió de la habitación sin que ella supiera nada del momento que acababan de compartir.

oOoOoOoOoOo

- ¡Marril!

Escuchó a su pokemón llamarla con cierta urgencia, pero no podía concentrarse mucho en ello, sentía los parpados pesados, así que se giró sobre su cuerpo, tratando de ignorar el pedido del ratón acuático.

- ¡Marril Mar!

Se expresó de forma más molesta, pero no fue la rudeza de su hablar lo que logró despertarla, sino el ligero chorro de agua que él soltó sobre su rostro. Manoteó y pataleó ante el sorpresivo ataque, para finalmente sentarse sobre la cama, tosiendo un poco evitando ahogarse.

- ¡¿QUÉ RAYOS PASA?! – Gritó aún desorientada, hasta que al fin enfocó su vista en el molesto pokemón acuático junto a ella mirándola con el seño fruncido. – ¡Esas no son formas de despertar a alguien! – Reclamó infantilmente – ¡Ahora mi almohada está toda mojada!

- ¡Mar marril mar…! – Él continuó reprendiendo a su entrenadora, quien intentaba descifrar sus motivos para estar tan molesto o para atacarla de esa manera. No tardó mucho en entenderlo, pues sus gritos y regaños iban acompañados de ademanes que señalaban hacia el despertador digital que se encontraba en la cómoda junto a su cama.

- ¡Pero si son solo las nueve de la mañana! ¡No es tan grave como para que intentes matarme!

- ¡Marril mar marril mar! - Explicó haciendo un puchero al final.

- ¡¿Qué yo qué?! Se sorprendió al verificar el día marcado en el mismo reloj – ¡¿Dormí más de un día?! ¿Cómo pudo ser…? – Ahora que lo pensaba, al llegar a ese departamento estaba agotada, incluso en ese momento sentía todo su cuerpo cansado y débil. De no ser por la intervención de su pokemón podría seguir durmiendo por muchas horas más. Lo observó un poco apenada, acariciándole ligeramente las orejas – Te dejé dentro de tu pokebola todo este tiempo, ¿verdad? – El seño fruncido era toda la afirmación que necesitaba, así que enseguida lo atrajo a sus brazos. – ¡Lo siento tanto! Debí dejarlos salir a todos, no pensé que fuera a dormir casi dos días! – El mal humor del pokemón se desvaneció con eso simple muestra de cariño y le sonrió a su entrenadora.

Con los ánimos más calmados, Misty finalmente se puso de pie estirando sus brazos tan alto como pudo. Vaya que sentía todo el cuerpo entumecido.

- Aún no puedo creer que pasara tanto tiempo sin que yo probara bocado… – con tan solo pensar en comida su estomago rugió y se lo cubrió con ambas manos – Supongo que eso pasa cuando no comes en más de un día. – Se excusó un poco avergonzada – Debiera salir a buscar algo para…

- Marril.

- ¿Ah?

Se desconcertó cuando él pokemón señaló con su pequeña pata algo detrás de ella. Se giró y enseguida notó una bandeja sobre el escritorio que estaba frente a la ventana.

Se acercó a allí con un poco de reserva hasta que vio un plato lleno de panes dulces, una jarra de agua, otra de jugo y un platón con diferentes frutas. Sin pensarlo llevó un panecillo a su boca, atragantándose con él, luego tomó casi todo el jugo y de nuevo otro pan. Se volvió hacia su pokemón con las mejillas llenas de migas, además de una gran sonrisa.

- Que bueno que trajiste algo para mi, hubiera muerto de hambre si no… - el pokemón negó y señaló de nuevo la bandeja. Misty volteó hacia donde estaba su festín para distinguir un papel doblado por la mitad debajo de un plato. Su enorme curiosidad la incitó a tomarlo. Dejando su panecillo en sus labios y así, con la boca ocupada la leyó en voz alta. - "Supuse que después de un día y medio sin comer morirías de hambre, así que decidí preparar algunos bocadillos para ti..." – Enseguida reconoció la letra de Ash y un poco sorprendida volteó hacia Marill, quien le dedicaba una sonrisa traviesa. La burla de su pokemón la ruborizó instantáneamente, tratando de disimularlo al regresar la vista a la tarjeta para continuar leyendo. - "Espero que sea suficiente. Después de hibernar como un Snorlax, seguro comerás como uno." - Masticó más deprisa, sintiendo un poco de molestia por ese comentario y con el ceño fruncido volteó hacia Marill – ¿Me está diciendo floja o solo gorda? – El pokemón reprimió lo mejor que pudo las ganas de reírse de su entrenadora que continuó comiendo panecillo tras panecillo. – Es un... Grosero ¡y desconsiderado! – El ratón levantó una ceja de forma sugestiva, haciendo que Misty entendiera la indirecta al instante. – Bueno no lo es, se tomó la molestia de dejar esto en mi habitación...

"A la que entró mientras estabas dormida"

De pronto notó ese 'insignificante' detalle, mismo que le dio un vuelco a su estomago al mirar su ligera blusa, su diminuto short y su cabello despeinado. Volvió a ella ese tono rojo que, a pesar de que lo ignoraba, quedaba encantador en sus mejillas.

¿Y si estaba roncando o dijo algo dormida?

Recordaba haber tenido un sueño... Uno donde él estaba a su lado, llamándola y sentía tanta ternura en su voz... ¿Acaso había sido así en verdad?

"Claro que no."

Desechó la idea de inmediato. No había motivos para que Ash prefiriera acompañarla mientras estaba perdida en los brazos de Morfeo a pasar tiempo con May, su novia, pero entonces… ¿por qué estaba ese desayuno esperando por ella?

- Él... Lo prometió. – Se contestó en un susurro recordando las pocas veces que habían hablado en las últimas dos semanas, en todas esas veces cuando él juró que haría todo lo necesario para recuperar su amistad.

Ignoró la comida y se dejó caer en la cama soltando un largo suspiro. Aún se negaba a creerle, aún cuando todo parecía indicar que si le importaba.

- Tal vez... Drew tenga razón, tal vez deba darle una oportunidad.

- Marril – El pokemón afirmó apoyando esa decisión, haciéndola sonreír. Parecía que todos siempre favorecían a Ash, incluso Drew, quien había dejado muy en claro su desagrado por el entrenador sugirió más de una vez que confiara en él.

- Bueno, de todas formas ya había decidido hacerlo. Intentaré arreglar las cosas con Ash. – dijo levantándose de un salto y haciendo un guiño que mejoró por mucho el buen humor de Marril, pero eso lo haría después. de momento, solo pensaba en comer, además, pensar en Drew le hizo recordar su promesa hacia él.

Tomó su pokewatch que estaba en una esquina donde había puesto sus pocas pertenencias. Lo usó por unos segundos, enviando en un mensaje su ubicación acompañando el enlace con una carita feliz.

Pensó que pasarían días antes de saber si Drew había visto su mensaje, pero un aviso emergente apareció apenas unos segundos después. Con suma curiosidad, pulsó en el pequeño recuadro con la forma de un sobre de correo.

"¿Así que emigraste a Kanto, ah? Pues tendrás que ir más lejos que eso para huir de mi"

Sonrió al imaginarse la forma arrogante con la que podría haber escrito aquello y dejó el pokewatch sobre el escritorio.

Ya le contestaría después.

oOoOoOoOoOo

Después de irrumpir en la habitación de Misty, Ash ya no era capaz de tratarla con normalidad.

Cada vez que sus miradas se cruzaban un poderoso nerviosismo tomaba control de todas sus acciones y un calor intenso se instalaba debajo de su piel; de vez en vez manifestándose en un ligero tono rojo en sus mejillas aunque claramente podía sentirlo en todo su rostro.

Siempre fue un chico torpe, pero en esos días sentía que debían inventar una nueva palabra para abarcar la magnitud de sus absurdas acciones, pues apenas estaba ante la presencia de la pelirroja sus pies se enredaban o se volvía incapaz de retener cualquier objeto. Botellas de agua, comida, Pikachu y media docena de platos habían resbalado de sus manos en los pasados días con tan solo intentar hablar con ella.

... Algo cambió radicalmente en su trato con Ash desde que leyera la pequeña nota al despertar en ese departamento. Tal vez era por la certeza de saber que él se preocupaba por ella o quizás era por sus propios sentimientos, rebeldes a su voluntad, pues cada día se hacían más obvios y se manifestaban en todo su actuar.

No podía acercarse a él sin que sintiera cada fibra de su cuerpo estremecerse o que a veces al hablarle su voz resultara más aguda o riera tontamente a cada uno de sus comentarios. Algo andaba muy mal con ella, pues estaba segura que reírse porque Ash le dijera "Pásame la sal" no era buena señal.

En pocas palabras, comenzaba a comportarse como una tonta colegiala enamorada. Ya nada más faltaba que enrollara sus cabellos entre su dedo índice al hablar con él o peor, que su repentina cobardía llegara a tal punto que fuese incapaz de entablar una conversación y mandara recados a través de Pikachu o Marril... Se golpeó fuertemente la frente cuando ambas cosas ocurrieron en el transcurso de esa misma semana.

¿Qué pasaba con ella? ¿Acaso no podía tener un poco de dignidad? Aparentemente no, pues con tal de no encararlo esa mañana, corrió escaleras arriba para esconderse en el gimnasio.

- Marril... – La expresión pesada del pokemón era una clara reprimenda al actuar de su entrenadora.

- ¿Qué? en verdad iba a venir aquí. – Se justificó recibiendo otra expresión de fastidio por parte del ratón acuático. – Es en serio, ¿o por qué otra razón usaría esto? – Señaló su atuendo que consistía en una licra amarilla a medio muslo y una larga camiseta blanca – Ahora que tengo tiempo debo entrenar, no puedo confiarme de nuevo o...

- ¿Por qué? ¿Algo te preocupa? – La áspera voz detrás de ella le heló la sangre y todo su cuerpo se tensó por completo. Temía girarse, verlo a los ojos, pero sobre todo, temía contestar esa pregunta.

- ¿Por qué crees que debieras entrenar? – Era obvio que Ash no dejaría de lado sus dudas, sin importar cuanto tiempo Misty le diera la espalda. Sin tener ninguna otra opción, volteó lentamente, pensando en una buena respuesta para darle al chico que se mantenía cerca de la entrada del gimnasio.

- Yo... Pienso que... – Su mente estaba en blanco, no sabía cómo podría explicarse sin hablar sobre Sentinel o Nick. Su ansiedad crecía conforme avanzaban los segundos y Ash la observaba con mayor atención. – Todo este asunto de… las personas que me persiguen, la huida... Tal vez, pudimos escapar por ahora, pero creo que… ¡Yo debería prepárame más porque…!

- Te preocupa que tu oponente sea más fuerte que tu y no tengas posibilidades cuando los enfrentes nuevamente. ¿Es eso? – Misty quedó un poco asombrada al escuchar sus pensamientos exactos en voz del joven, pero estaba más sorprendida que no le pidiera a detalle la información sobre 'aquellas personas'. Ash parecía serio después de hablar. ¿Volvería a enojarse como las demás veces porque le guardara secretos? Una amable sonrisa dibujada en su apuesto rostro fue suficiente para entender que él no estaba molesto y le dio la confianza para contestar con tranquilidad.

- Es una forma de decirlo.

- ¿No crees que debieras confiar más en tus pokemón? Es decir, tienes un gran equipo y...

- No son ellos los que necesitan entrenamiento. – Se apresuró a hablar, sin estar segura que la estaba impulsando a sincerarse – Soy... Yo. – Aquello lo tomó totalmente desprevenido, por eso parpadeó un par de veces tratando de descifrar el porqué de esa decisión. Misty solo pasó sus manos tras de si con un poco de nerviosismo antes de explicar de forma muy rápida – Es solo... ¡A veces pienso en el día que me enfrenté a ese… tipo y...!

- ¿Cuando fuiste sola al pueblo en la montaña?

- Eeeeh… ¡si! – La deducción de Ash fue la excusa perfecta, aunque no pensaba mucho en su enfrentamiento con Travis, sino en la copa Wallace y la fractura en su brazo, recuerdo del encuentro con Nick, pero esa era información que Ash no necesitaba saber, además no sospechó nada. – Fue difícil escapar de eso. Más de una vez he pensado que si hubiera estado más preparada, si supiera aunque sea lo básico de autodefensa, tal vez...

- ¿Todo hubiera resultado mejor? – Ash se aventuró a contestar y Misty asintió.

- Pienso que de seguir confiándome... Tal vez... La próxima vez no tenga tanta suerte.

Un escalofriante silencio se hizo presente. La idea de que algo así pudiera pasar incomodaba a los dos jovencitos, aunque por diferentes razones.

En Misty subsistía el miedo de no ser lo suficientemente fuerte para protegerlo y Ash era invadido por la frustración de no haber sido útil antes. No se perdonaría a sí mismo si eso volviera a pasar.

- Entonces, ¿qué quisieras hacer? – Preguntó casualmente tratando de reprimir sus miedos para no alterarla más.

- Bueno... Aquí hay mucho equipo que puede ser útil. ¿Podría aprender algo como un arte marcial? Quizás kick boxing o... – Dejó a un lado su explicación cuando la estrepitosa y nada recatada risa del entrenador la interrumpió. De inmediato sintió los deseos de golpearlo, pero se contuvo apenas lo suficiente para hacerle una pregunta. – ¿Qué resulta tan gracioso?

- Nada, nada. – dejó de reírse, aunque quedó en él un gesto burlón. – Solo me preguntaba como pensabas aprender algo así tu sola.

- Pues... – En verdad no tenía un plan. Hasta entonces se dio cuenta que saber aunque fuese lo básico de autodefensa sin un instructor iba a resultar casi imposible, pero viendo el rostro soberbio de Ash, supo que no le daría la satisfacción de tener la razón. - ¡Algo se me ocurrirá! ¡Solo debo entrenar y punto!

- Bueno, hazlo. – Se atrevió a retarla mientras se cruzaba de brazos, enfadando más a la pelirroja que, aguantándose las ganas de arremeter contra él, se dirigió al ring dispuesta a entrenar.

Tal vez al estar tan concentrada en Ash, pero sobre todo, al saber que él la observaba, su pie se enredó entre la primera cuerda y cayó de bruces sobre la lona del cuadrilátero. Ash no dijo nada, solo hasta que ella decidió levantarse, se acercó hasta recargar los codos sobre el borde.

- Tal vez la lección uno, debiera ser aprender a entrar al ring.

- ¡Cállate!

- Yo solo opino...

- Pues nadie pidió tu opinión y no debieras estar aquí, ¡vete!

- No.

- ¿Por qué? ¿Acaso no tienes nada mejor que hacer?

- ¿Encerrado en este departamento? Claro que no lo tengo, pero no es por eso que sigo aquí. Es porque... Creo que podría ayudarte.

- ¿Ah? - Parpadeó algunas veces borrando todo rastro de enojo de su bello rostro al momento que Ash ingresaba al ring de un salto. - ¿Cómo podrías hacer eso?

- Bueno, para empezar, es más fácil aprender si tienes un contrincante. Yo podría serlo.

- Aja... – Se cruzó de brazos y frunció el ceño, acercando su rostro al chico. – ¿Por qué harías eso?

- Porque yo también debería estar preparado. Todo podría resultarte más fácil si yo pudiera ayudarte. – Su voz era seria y sus mejillas ligeramente coloradas, logrando con eso deshacer el ceño enojado en el rostro de Misty.

- Pero...

- Además, yo sé de una técnica que podemos usar para entrenar y tu no tienes ni idea. A como yo lo veo, la realidad es que me necesitas.

Misty experimentó un extraño vértigo al escucharlo hablar, en especial por sus dos últimas palabras, pero sobre todo por la convicción de las mismas. Se quedó quieta estudiando sus ojos castaños, sintiéndose profundamente atraída hacia ellos, hacia él... La verdad era, que podía racionalizar su posible respuesta por días para finalizar diciéndole que si, solo porque eso deseaba. Quería pasar tiempo con él y sobre todo, tener de vuelta esa complicidad y la sinergia que los había acercado mucho desde siempre, convirtiéndolos en un buen equipo. Quería tener de vuelta esa sensación de poder lograrlo todo si contaba con su apoyo.

- Por raro que parezca, – Hizo su mejor esfuerzo para sonar desinteresada – esa parece ser una buena idea, señor entrenador.

- ¿De verdad? – Él mismo se sorprendió por convencerla con tan pocos argumentos y sonrío tontamente.

- Supongo que, por estadística, una idea buena en un millón debías tener.

- ¡Ey!

- Así que, – Se giró sin prestarle atención al puchero que Ash hacía tras el ligero insulto y se colocó de frente a él poniendo una buena distancia de por medio – Muéstrame tu fabulosa 'técnica'.

- Ummmmm... – Ash pasó su mano detrás de su nuca, frotando su cabello, alborotándolo aún más. Era claro que algo no andaba bien.

- ¿O acaso mentiste?

- Si tengo un plan, solo que, para empezar a entrenar, debemos investigar cómo hacerlo… y para eso existe el internet.

- ¿Esa es tu grandiosa idea? Buscar... ¡¿Tutoriales en línea?! Eres un genio… – Dijo sarcásticamente.

- ¡Pues si lo soy porque a ti no se te había ocurrido! – Con esa sola frase ella no tuvo ninguna respuesta para contraatacar, tan solo soltó un bufido expresando fastidio.

- Entonces, ¿qué sugieres?

- Pues... ahmm...

- ¡Tu no lo sabes tampoco!

- Si lo sé, ¡no me presiones! – Gritó en el mismo tono infantil de su amiga y ésta contestó con un muy maduro gesto de mostrarle la lengua, después, se mantuvieron en silencio mientras Ash llevaba a cabo la difícil tarea de 'pensar' – ¡Ya sé! Buscaré algunas clases hoy y entrenaremos a partir de mañana, todos los días a las ocho en punto. ¿Te parece? – Ella lo observó por unos segundos, manteniendo cierto escepticismo antes de contestarle.

- De acuerdo. Solo espero que en verdad seas capaz de despertarte 'tan' temprano.

- ¿Yo? Si tu eres el Snorlax que no se levantó en dos días. – Dijo guiñando un ojo para después salir corriendo, saltando exitosamente sobre la tercer cuerda antes que la enfurecida pelirroja lograra detenerlo o golpearlo.

- ¡No me llames así!

- Está bien, ¡Gyarados!

- ¡Ash!

Fue todo lo que alcanzó a gritarle escuchado como sus pasos apresurados se iban desvaneciendo por las escaleras.

Una vez que se supo sola dio rienda suelta a su alegría. Giró varias veces, sonriendo como tonta para finalmente tirarse sobre la lona del ring sin que esa curva maravillosa en sus labios se deshiciera.

Todo estaba resultando tan... Perfecto. Al paso que iban, su amistad no tardaría en ser igual que antes o incluso mejor y por ahora, no había ningún villano o amenaza que corrompiera ese lazo...

oOoOoOoOoOo

… Segundo a segundo su rabia crecía provocando que ese tono entre verde y azul tan atrayente en sus ojos se volviera más intenso, transformándose en algo más parecido a un témpano. Apretó los nudillos al notar la ligera mueca de satisfacción en el rostro de su atacante cuando detuvo su embate.

- ¿Te rindes? – Dijo Ash manteniendo el puño a solo milímetros de su afilada nariz. Con eso solo consiguió molestarla al grado de arrancarle un ligero gruñido.

- Está bien, me rindo. – Contestó a regañadientes y apenas el chico suavizó su agarre, ella se puso de pie, no sin antes empujarlo cuando se alejó de él.

- Sigues bajando mucho tu defensa, lo sabes. – Ash habló sin que le molestara en lo más mínimo la mirada gélida de la chica ni su evidente rabia hacia él.

- ¿Sólo porque logras ganarme unas cuantas veces ya te crees un experto? - Escupió tanto veneno en sus palabras que incluso quedó un rastro amargo en su boca al terminar de hablar.

- Por lo menos he logrado aprender algo, más de lo que puedo decir de ti. En un mes, ni siquiera has sido capaz de derribarme una sola vez. – Hasta entonces Ash devolvió esa misma y antipática mirada que ella le dedicaba, aunque solo fue por un breve segundo antes de darle la espalda, luego pareció enfocarse más en ajustarse los guantes negros de entrenamiento que le cubrían desde la muñeca hasta los nudillos. – Si realmente te concentraras en los movimientos en lugar de solo querer atacar a lo tonto, tal vez podrías...

- ¡Te mostraré que no necesito seguir tus estúpidas instrucciones para lograr derribarte! – Siseó al momento de arrojarse contra él, su puño dirigiéndose directo a la espalda del chico, pero Ash la esquivó sin dificultad para luego darle un ligero puntapié y terminar por derribarla. Al instante, Misty se giró sobre la lona con la intención de seguir arremetiendo contra él, sólo que Ash fue más hábil y se colocó sobre ella, sujetándole con fuerza los brazos, evitando así que intentara golpearlo de nuevo.

- ¿Terminaste? – Demostraba total tranquilidad, a diferencia de Misty que poco le faltaba para arrojar fuego por la boca. No hacía más que forcejear hasta que él la soltó y sin mirarla se bajó del cuadrilátero. – Más vale que lo tomes en serio si quieres mejorar... O no lo hagas. Poco me importa si aprendes a defenderte. – De nuevo volvió a emplear esa antipatía que la enervaba, pero no tuvo oportunidad de reclamarle nada, porque más tardó ella en levantarse que Ash en salir del gimnasio.

Misty también se bajó del ring, pero no se fue. Enseguida se dirigió hacia una bolsa de golpear que allí estaba. Entre gritos, acertaba golpe tras golpe al pesado objeto cilíndrico que comenzaba a balancearse ante tanta sacudida.

Un golpe, una patada, un grito.

Esas eran las acciones que realizaba una y otra vez hasta que el sudor de su frente comenzó a nublarle la vista. ¿O era su odio lo que la cegaba? No lo sabía ni le importaba, solo continuó con esa rutina semi-destructiva hasta que sus nudillos se adormecieron y sus pulmones clamaban por una buena bocanada de aire. Se dejó caer de rodillas, jadeando mientras su mente se llenaba con tortuosos pensamientos.

Si seguía así jamás sería capaz de enfrentarse a Nick. Si no podía ni vencer al tonto e inexperto de Ash, menos podría contra una cruel organización criminal.

- ¡MALDITA SEA!

Azotó su puño contra el suelo, sintiendo que no era suficiente para desahogarse.

Maldito entrenamiento inútil, maldito Ash y todas sus promesas falsas, maldita la hora que decidió confiar en él...

Jamás debió hacerlo.


Eeeeey... ya vieron ese pikachu detrás de todos ustedes? n_n Bueno, si no entendieron mucho, seguro el próximo capítulo les aclarará muchas cosas (o eso espero) en fin... este... la tranquilidad no les podía durar mucho pero no teman, en el proximo capitulo veremos más de esos buenos momentos que alcanzaron a compartir en... si, adivinaron, dos meses que llevan viviendo en ese penthouse, en fin, ahora si he contestado sus reviews antes de postear esto, así que de momento solo dejaré contestaciones a los reviews anónimos.

Midorifanic. Tenías toda la razón, es solo la calma antes de la tormenta en cuanto a Ash... y en cuanto Nick y Blake también, por ahora están... lejos, pero ten por seguro que cuando regresen será un poco caótico, y no te fíes de May es más lista de lo que todos creen D:

May Himemiya. Ya lo dije y lo repito: FELIZ CUMPLEEEEEEE pásalo excelente y pues no los hago sufrir tanto, ves? hubo poke! todo se fue al diablo pero hubo poke! y pues... tendrás que seguir leyendo para saber que pasa.

Por ahora es todo... excepto tal vez decirles que May andaba por allí, no crean que cayó por un barranco y en el proximo capitulo se verá más de esos dos meses desde su perspectiva. Solo esperen!

Canción que inspiró este capítulo Impacto de Enjambre