Pues... si es el año en que Ash quedó campeón del mundo mundial, que no sea el año en que reviva este fic... por favor no me maten por desaparecer, los que me conocen saben que mi intención siempre ha sido terminar este fic y espero que el trabajo y la vida en general me lo permitan. En fin, siento la larga espera por este cap y espero lo disfruten.
Capítulo XXX. Los Mismos Errores
- ¿Y bien? ¿Conseguiste lo que te pedí de Kalos o encontraste alguna nueva chiquilla con la cual obsesionarte allá también?
- Un poco de ambas.
- Estás bromeando, ¿verdad? Comienzo a preocuparme por ti.
- No tendrías porqué, cuando te entreguen lo que recolecté sobre éste proyecto en particular, entonces entenderás de lo que realmente estoy hablando.
- ¿Entregarme? No, mi querido Nick, necesito que lleves la 'mercancía' personalmente a la base principal cuanto antes.
- Dudo que mi presencia sea necesaria para…
- No es una opción, Nick, es una orden. Te espero en la base, antes de mediodía o habrá serias consecuencias. ¿Me escuchaste?
- …Entendido.
No hubo necesidad de más palabras u ordenes por parte de su jefe. Perfectamente sabía que no debía desobedecerlo sin esperar severas repercusiones de atreverse a hacerlo.
Nick supo que así era incluso antes de realizar la llamada, pero esperaba que con la promesa de entregarle algo de valor podría tomarse un par de días libres, mismos que ocuparía en recorrer los alrededores de Goldenrod para encontrar alguna pista que lo guiara hasta dar con esa endemoniada y escurridiza pelirroja.
Gruñó molesto al saber que ella estaba en algún lugar, pensando que tal vez lo había vencido o incluso, disfrutando de su tonta e insignificante vida al creer que tal vez él ya había olvidado sus encuentros o la humillación que le hizo pasar.
Pues estaba muy equivocada, habían transcurrido más de dos meses y ni el tiempo, ni su apretada agenda lo obligaron a desistir de su deseo de encontrarla. No importaba si para ello debiera esperar algunos meses, eventualmente lo haría, porque siempre conseguía todos sus objetivos… o casi todos.
No quería admitir que esa niña se estaba escapando de sus manos así como lo hiciera el maldito de Aidan muchos años atrás, no aceptaba que ambos parecían haberse esfumado de la faz de la tierra… de una forma casi idéntica.
- Señor, – La voz solemne del cadete lo sacó de sus pensamientos apenas lo necesario para darse la vuelta y escuchar lo que su subordinado quería decirle – Estamos por aterrizar. El señor Blake ya está esperando en el hangar. – La información logró molestarlo lo suficiente como para que su rostro mostrara una funesta mueca que sin duda asustó al joven recluta, pero Nick no tenía intenciones de reprender al muchacho, simplemente tomó una libreta y un par de cosas más del asiento que ocupó durante su viaje para después dirigirse hacia la compuerta principal, dispuesto a encarar a su jefe tan pronto y tan rápido como fuera posible.
Transcurrieron unos minutos antes de que aterrizaran, pero apenas si la aeronave de carga hizo contacto con tierra y descendiera de ella, pudo distinguir la figura siempre imponente, su traje negro impecable, con esa mirada aterradora que bien había aprendido a ignorar ya, sin dejarse nunca intimidar… o por lo menos eso intentaba aparentar.
- No sé como eres capaz de sobrepasar tu incompetencia, Helder – Blake habló con cierto fastidio apenas tuvo a su teniente a un par de pasos de distancia, mientras encendía el primer cigarrillo de la tarde. – Te envié específicamente para recoger un par de investigaciones a Kalos, no para que tomaras vacaciones.
- No estuve de turista, créeme.
- ¿Oh, en serio? Si no fue el caso, entonces no entiendo porqué tardaste dos meses para cumplir una simple tarea como esa.
- Porque vi la oportunidad de traerte algo mejor que un montón de archivos sobre este… nuevo descubrimiento. – La respuesta sin duda intrigó a su jefe, obligándolo a contener el humo dentro de sus pulmones, interesado por saber con exactitud a qué se refería Nick. Éste sonrió al extender su mano y entregarle a Blake un pendrive de un resplandeciente plateado. – Sin duda puedes leer todos los archivos que tenía el profesor Sycamore al respecto, pero te darás cuenta casi enseguida que de nada nos sirven las investigaciones sin los elementos necesarios para activar… bueno, en Kalos lo llaman… megaevolución.
- Que absurdo nombre. – Dijo Blake finalmente guardando el objeto dado por el rubio en el bolsillo interior de su chaqueta, preguntándose porqué le había entregado eso, pero no la libreta que tenía resguardada bajo su brazo derecho. ¿Acaso estaba reservándose algo de la información para él?
- No importa como lo llamen, sino lo que es capaz de hacerle a los Pokémon.
- ¿Y eso es…?
- Tal como lo había dicho tu informante, es una nueva etapa en la que algunos Pokémon adquieren una forma más poderosa, el problema es que no es tan sencillo lograr que esto ocurra.
- Explícate.
- Para lograr una megaevolución se necesitan de ciertos elementos. – Diciendo eso, Nick chasqueó los dedos y al instante apareció un cadete que se colocó en medio de sus dos superiores con un maletín negro, mismo que abrió ante los expectantes ojos del líder de Sentinel. Sin duda, Blake observó sorprendido las hileras de piedras resplandecientes, como esferas hechas de toda la gama de colores, cada una conteniendo un símbolo diferente en el centro de tanta luminiscencia. – Para empezar se requieren de éstas piedras y es distinta por cada Pokémon que es capaz de megaevolucionar, no todos logran esa nueva etapa.
- Bueno, eso resulta inconveniente.
- Y eso ni siquiera es lo más complicado del proceso.
Muy pocas veces Blake se había impresionando tanto como en ese momento. Era verdad, desconocía mucho de ese nuevo poder, por eso había mandado a Nick a investigarlo, pero nunca pensó que fuera tan complejo ni mucho menos tenía una sola idea de qué otra cosa podía necesitar para utilizarlo y no ayudó de mucho que dicho 'ingrediente' estuviera dentro de una caja de metal de metro y medio de altura, misma que era bajada desde la aeronave por un par de reclutas.
Mantuvo la compostura, ocultando la verdadera inquietud que lo carcomía y que pedía saber que había traído Nick desde Kalos que requiriera de esa... pequeña prisión. Dio una última bocanada de humo antes de tirar su cigarrillo al suelo, apagándolo al caminar encima de éste mientras se dirigía de forma calmada hasta la caja para observar en su interior usando una pequeña rendija que había en la parte superior de una de las caras del cubo.
- Ahora entiendo lo que decías sobre obsesionarte con una nueva chiquilla. – Esas fueron sus únicas palabras, mismas que carecían de la sorpresa creada al observar lo que Nick había llevado hasta él: una jovencita.
Rubia, de irises violeta, contaba con aproximadamente diecisiete años de edad; su falda y saco de un extraño color entre púrpura y negro presentaban ciertas rasgaduras, probablemente debido a la forma en la que fue 'invitada' a realizar un viaje desde aquella lejana región, pero quizás lo que más llamaba la atención de Blake, era como lo miraba: silenciosa, con los ojos llenos de lágrimas y una marcada expresión de terror en todo su rostro. La observó un rato más, esperando tal vez que ella gritara o intentara luchar contra ellos, pero no hacía más que sollozar y verlo fijamente, como un pequeño ratón asustado ante las fauces de una temible bestia.
Sin duda Nick se había encargado de controlarla, aunque él no pareciera ni remotamente satisfecho por su buen trabajo.
- Si bueno, no fue un interés particular, sólo es una entrenadora capaz de realizar la megaevolución con este Pokémon. – Cuando parecía que no podía haber más sorpresas por parte del rubio, Nick le entregó una pokebola para después terminar con su explicación – Según lo que creía Sycamore, para que un Pokémon megaevolucione se requiere de que éste tenga un "lazo especial" con su entrenador. Ciertamente no tenía tiempo de hacer algo tan estúpido con alguno de los míos, por eso traje a... Astrid o como sea que se llame, no me interesa. Lo único que importa es que ella parece haber dominado esa transformación con este Absol.
- Bueno, podremos incluirla en nuestras próximas investigaciones. – Sus palabras y facciones se mantuvieron inexpresivas al decir aquello; era como si no percibiera remordimiento alguno de estar hablando sobre el futuro de un ser humano que había sido privado de su libertad. Luego, simplemente hizo una seña con su mano derecha a los cadetes que habían bajado a la joven de la nave para que se la llevaran junto con su Absol y el maletín hacia el laboratorio. – Debo admitirlo Nick, realizaste un excelente trabajo. Si la megaevolución es capaz de hacer que un Pokémon sea más fuerte en cuestión de segundos, tal vez es justo lo que hemos buscado por tanto tiempo. Finalmente podremos crear el ejército que siempre hemos soñado tener. – Sonrió para si, pensando en que muy pronto, sus metas de tantos años se verían cumplidas. – Tal vez ni siquiera necesitemos para nada al idiota de Aidan para conseguirlo.
- Yo no estaría tan seguro. – Escupió Nick con cierta rabia, recibiendo sólo burlas por parte de su jefe.
- Sólo lo dices porque quieres hacer sufrir a tu viejo amigo, ¿no es cierto?
- En gran parte, así es, pero no es el único motivo. Como te expliqué, la megaevolución es bastante complicada de conseguir, además, la he visto en acción y puedo asegurarte que el descubrimiento de Aidan sería mucho más práctico. En aquel entonces los efectos eran momentáneos, pero estoy seguro que con un poco de dedicación, él pudo averiguar como hacerlos más duraderos, incluso permanentes.
- Bueno, por lo menos no se necesitarían estupideces como 'lazos' o 'ser bueno con tus pokémon' – comentó Blake fastidiado – Supongo que no habrá más remedio que buscar a tu querido amigo o incluso al bastardo. Él sería una mejor adición a nuestro laboratorio, pero mientras eso ocurre, tendré que estudiar lo que has traído el día de hoy.
- Bien, si la misión está cumplida, entonces yo…
- Si tienes planes en mente, es mejor que los canceles, porque te necesito aquí hasta que concluyan las investigaciones pertinentes sobre la megaevolución.
- Estás bromeando, ¿cierto?
- Nos conocemos desde hace casi dos décadas, sabes perfectamente que en cuanto al trabajo, yo nunca bromeo.
- ¡Pero eso podría tomar meses! Tal vez años. ¡¿En serio estás pidiéndome que me quede en el cuartel hasta entonces?!
- Entiéndelo bien Nick, soy el jefe aquí y si necesito algo de ti, espero que lo cumplas al acto. Por el momento, tú eres el único experto sobre el tema y hasta que dejes de ser así de indispensable, te ordeno que estés disponible a toda hora. Así que, solo lo repetiré para que no te quede ninguna duda cuál es tu siguiente misión: Ni se te ocurra dar un paso fuera de la base, o juro que el aislamiento será el menor de tus problemas. – La mirada intensa que le dedicó a su teniente pronto fue igualada por el rubio. Quizás Nick podría sentirse siempre intimidado por su jefe, pero no sabía que también podía infundir ese sentimiento en Blake, quien a veces encontraba inquietante e impredecible a ese hombre que reclutó muchos años atrás, cuando no era ni una décima parte del monstruo que era ahora, sino un simple muchachito con mucha rabia en su interior; pero incluso entonces, sus ojos azules siempre refulgían odio puro y quizás era eso lo que lograba intimidarlo, justo como estaba ocurriendo en ese momento.
Sin embargo, Blake era un hombre que sabía esconder a la perfección cualquier emoción, así que se mantuvo firme hasta que Nick no hiciera más que gruñir, única afirmación que dio de que, muy a su pesar cumpliría sus ordenes y sin decir nada más, simplemente se marchó, quitando a empujones todo aquel que estorbara en su camino llevando consigo la libreta con la que bajó del avión y de la que parecía negarse a separarse.
Sin duda alguna, estaba molesto con la nueva misión que había recibido, lo conocía lo suficiente para saberlo y también para conocer cuál era la razón, porque distinguió en sus ojos de hielo la misma determinación que vio diecisiete años atrás...
Sin duda alguna, Nick deseaba encontrar a esa ridícula niña que lo había humillado en Goldenrod, tanto o más como deseaba capturar a su eterno rival y Blake no dejaba de preguntarse si había alguna razón de mayor peso detrás de esa nueva cacería.
oOoOoOoOoOo
Si algo sabía Misty sobre sí misma, era que no le gustaban los medicamentos. Tal vez porque nunca fue muy afecta a los hospitales, sobre todo desde la última vez que necesitó recurrir a uno o tal vez, porque muy en el fondo, las medicinas la hacían sentir como si no fuera capaz de valerse por sí misma, pero fuese cualquiera el motivo de esa mala sensación, prefería evitar utilizarlos a toda costa.
Por eso suspiró derrotada al abrir el frasco de aspirinas y tomar un poco más de la dosis recomendada, pues con sus actuales aflicciones no le quedaba otra opción, eso lo sabía de antemano al mirar sus nudillos enrojecidos, arrepintiéndose por un instante de haber arremetido con tanta ira contra el saco de entrenamiento la mañana anterior, aunque en aquel momento no se detuvo a pensar en las repercusiones de sus actos que no concluían en los marcados raspones de sus manos, pues hasta apenas minutos atrás sentía como si la cabeza le fuese a explotar, dolor que se sumaba a ese otro que nacía en su pecho dificultándole la simple tarea de respirar.
"Buen trabajo, Misty. Tu misma te has hecho trizas"
Se enojó casi al instante de formular ese pensamiento porque no era su culpa. Si alguien la había llevado al borde del colapso había sido él, fue Ash quien echó todo a perder con sus mentiras y promesas desechables... o al menos eso le hizo sentir al verlo regresar al departamento después de su "maravillosa escapada romántica" como lo había descrito May.
Suspiró en una mezcla de congoja y auto compasión, porque, cuando empezó todo eso, cuando se impuso la tarea de protegerlo aún a sabiendas de que él no la amaba de la misma manera y que debía esperar desaires como ese, se creyó capaz de soportarlo. No esperaba desmoronarse en repetidas ocasiones con tan sólo saber que May era la prioridad en la vida de Ash.
Cerró los ojos por algunos segundos sin que eso le brindara un poco de paz, porque igual a como solía sucederle de vez en cuando y sin un motivo en especial, volvía a revivir el momento en que los vio besarse por primera vez, aquella tarde en Newbark… ¡Diablos! Eso parecía tan lejano e insignificante comparado a otros de sus problemas actuales, como el que le aquejaba en días recientes al sentir que, en la misma medida que amaba a Ash, comenzaba a despreciarlo también, sentimiento que se acrecentó simplemente con recordar como él la había tratado la mañana anterior.
¡Qué cretino! ¡No tenía ni un motivo para estar tan molesto con ella! Seguro, había sido un tanto grosera, pero no justificaba que Ash le hablara de esa forma tan desagradable; no tenía porque actuar como... como si la odiara. Sinceramente, comenzaba a hartarse de que el trato entre ellos fuese tan hostil y complicado.
"Si quieres que algo mejore, tienes que empezar a cambiar por ti misma."
Si, algo así era el consejo optimista que había escuchado más de una vez y que, muy a su pesar podía quedar perfecto para su actual situación.
A pesar de seguir bastante molesta, tal vez era momento de comportarse mejor y hacer lo que muchas personas hacían en una situación como esa: tragarse sus sentimientos, actuar como si todo estuviera bien e intentar ser amable... claro, siempre y cuando su expresivo rostro no la delatara.
- Ahora es cuando puedo demostrar que tan buena actriz eres, Misty – Se dijo al verse al espejo, simulando su mejor sonrisa, misma que al instante se opacaba por los marcados semicírculos purpúreos bajo sus pupilas verdeazuladas.
La alarma del pokewatch sonó indicando las ocho de la mañana, hora en la que debía encontrarse con Ash y como si se tratase de un llamado a interpretar una escena, se dio pequeños golpecitos en las mejillas, ensanchando su falsa sonrisa, tragándose esas enormes ganas de llorar que escaldaban reciamente su garganta.
Dando un último suspiro, se levantó, dispuesta a enfrentar el compromiso matutino que tenía con el entrenador.
- Vamos Misty, finge sólo un par de horas, tú puedes hacerlo. – Repitió aquello como un mantra hasta llegar al gimnasio y comenzar a ocupar su mente y su cuerpo en cosas más productivas, realizando simples ejercicios de calentamiento mientras esperaba por Ash.
8:05 a.m.
Fijó la vista en su reloj para corroborar la hora, sintiendo un inusual vuelco en el estómago al hacerlo.
Por mucho que odiara siquiera pensar algo bueno con respecto a Ash, la verdad era que en el transcurso de su entrenamiento, el muchacho había sido aterradoramente puntual. Por semanas no llegaba tarde ni por un segundo ¿y ahora llevaba cinco minutos de retraso?
Bueno, siendo él, tendría que pasarle alguna vez.
8:15 a.m.
Una vez que se cansó de realizar las repetitivas rutinas previas al ejercicio, volvió a consultar la hora, consiguiendo sentirse frustrada y sin nada mejor que hacer sólo se tumbó sobre la lona al darse cuenta de lo que Ash estaba haciendo: se estaba vengando, haciéndola esperar justo como ella lo hizo días atrás.
Si, sin duda quería mortificarla con la misma ausencia con la que ella lo castigó... aunque, la verdad dudaba que él se sintiera tan inquieto por ver consumido en nada el tiempo que se suponía debían pasar juntos.
Ni hablar, no quedaba más que esperar y de un brinco se puso nuevamente en pie, continuando con otros ejercicios, alternándolos con unas sencillas poses de yoga. Aguardaría por él sólo unos minutos más, porque, era seguro que no estaría allí como tonta toda la mañana...
8:30 a.m.
"Tarado infantil"
Si al despertar sentía un ligero enojo hacía el entrenador, ahora estaba indiscutiblemente enfurecida. ¿Qué se creía ese idiota? ¿Acaso no pensaba presentarse nunca al entrenamiento? ¡Mínimo tuviera la decencia de avisarle por su falta de compromiso!
- ¡ASH! – Comenzó a avanzar hacia las escaleras sintiendo que no había ni un gramo de delicadeza en todo su ser. Sus pasos toscos hacían resonar la duela a pesar de no traer calzado alguno; sus palabras denotaban irritación a su máxima expresión y aunque faltaban la mitad de los escalones para llegar al primer piso y saber qué ocurría con el entrenador, no dudó en volver a exclamar con voz enardecida – ¡ASH! ¡¿Dónde rayos estás?!
- Estoy justo aquí no tienes que gritar. – Contestó con un marcado fastidio impregnado en cada una de sus palabras y como si eso no fuera suficiente insolencia, apenas estuvo en el piso principal, Misty alcanzó a ver cómo el chico rodaba los ojos ante su regaño.
Tuvo ganas de caerle a golpes en ese momento, sin embargo, se detuvo un par de segundos para observar al chico que, tranquilamente se movía en el área de la cocina mientras preparaba el desayuno.
Lo primero que notó fue el atuendo del muchacho. La ropa distaba mucho de esos conjuntos deportivos que usó cada mañana durante meses. En su lugar sólo portaba una simple camiseta blanca de mangas cortas, mismas que eran de un tono azul obscuro, unos jeans un tanto desgastados y sneakers negros, calzado que a pesar de su naturaleza deportiva, estaba segura que no los usaría para correr o hacer cualquier otra actividad física.
Después del breve análisis a su compañero de casa, no pudo evitar fruncir el ceño al darse cuenta que él ni siquiera se había molestado en voltear a verla y seguía con sus tareas en la cocina, como si ni siquiera le hubiese hablado.
- ¡ASH! ¡¿Qué demonios?! ¿Qué estás haciendo? – El muchacho soltó un bufido sin tener la mínima intención de mirarla a la cara. Tan sólo continuó con lo que preparaba y con total desgano, contestó.
- Cielos Misty, sé que no eres muy buena cocinando, pero no imaginé que debería explicarte el concepto de "preparar el desayuno". ¿Ves el sartén en la estufa? Bueno, con eso pienso calentar los waffles para que no estén congelados y tengan un mejor sabor.
- ¡Yo no hablo de eso! Lo que quiero decir es, ¿por qué estás en la cocina?
- ¿Dónde más debiera estar? – Esa fue su brusca respuesta, misma que sólo molestó más a la pelirroja. Misty empuñó las manos, manteniendo los brazos pegados a sus costados segura de que si los movía, aquella charla terminaría en algo más violento.
- ¡Basta de hacerte el payaso! Aunque te salga tan natural, sabes perfectamente que desde hace media hora debieras estar en el gimnasio, entrenando conmigo. – Ese último par de palabras desencadenó todo el enojo reprimido de Ash y casi sin pensarlo, azotó el plato que sostenía en ese momento contra la barra de la cocina. Fue hasta entonces que se giró para encarar a la chica. Apenas lo hizo, ella pudo notar la dureza en las facciones masculinas y la aversión emanando de sus ojos cafés.
- ¿Acaso no fui bastante claro ayer o en eso también necesitas ayuda para entender? Entonces déjame deletrearlo para ti – Comenzó a hablar en tono de burla, pero con una clara severidad sin nunca despegar sus ojos de los de ella. – Poco me importa ya ese ridículo e inútil entrenamiento, sobre todo porque no veo un sólo progreso de tu parte y por eso no pienso seguir perdiendo mi tiempo. – De nuevo, Misty tuvo que utilizar toda su paciencia para no caerle a golpes en ese preciso instante e intentar arreglar el problema como personas civilizadas. Quisiera o no, debía disculparse por su comportamiento y eso haría, aunque en su mente solo estuviera la vívida idea de darle un escarmiento.
- Escucha, si esto es por lo de ayer, yo… siento mucho lo que...
- ¡No quiero tus absurdas disculpas! ¡¿No entiendes?! ¡Estoy harto de gastar mis energías en una tontería! ¡Ya te dije que es una pérdida de tiempo y francamente ya me cansé de pretender que me importa cuando la verdad es que no!
Después del desplante de Ash, ambos se mantuvieron quietos mirando al otro con genuino desprecio. Por un segundo, Misty pensó que sus uñas se partirían por estar presionadas con tanta fuerza en sus palmas y a pesar de que hubo un breve instante en que las palabras del entrenador le causaron tristeza, fue dominada por la ira al recordar las "nuevas actividades" del chico y entendiendo – o creyendo entender – el porqué de sus acciones.
- Claro, como tú ya tienes "mejores cosas" que hacer, entonces todo nuestro esfuerzo te parece una tontería, ¿no es así?
- Piensa lo que quieras y has lo que te venga en gana, en verdad no me importa. Sólo déjame en paz. – Diciendo eso, Ash finalmente rompió el contacto visual y se giró para tomar de nueva cuenta su plato, ignorando a la pelirroja una vez más.
En verdad hacía un gran trabajo al pretender que ella no estaba allí observándolo mientras servía un par de waffles para luego verter un poco de miel sobre ellos. Bien pudo comerse toda la bendita cosa ante la mirada penetrante de Misty sin siquiera acobardarse una sola vez, pero eso no iba a pasar.
Dominada por el enojo, caminó los pasos que la separaban de Ash y antes de que él pudiera darse cuenta de lo que estaba por ocurrir, la pelirroja dio un fuerte manotazo a su plato, haciendo que todo se desparramara sobre el pulcro azulejo de tono marfil.
- Eres un cretino. – Afirmó manteniendo su vista en él, sin mostrar un atisbo de miedo por la posible reacción del muchacho, quien sólo soltó una sarcástica carcajada.
- ¿Yo soy el cretino? ¡Yo no fui quien te dio un puñetazo en la cara! ¡No fui yo quien vino a arruinar tu desayuno y no soy yo quien...! – A ese punto de su 'conversación' ambos tenían la cabeza en alto, el cuerpo firme tal vez más cerca de lo que cualquiera de los dos pudiera notar, pero lo que si era evidente para Ash, era ese ardor que lo recorría entero. Su sangre hervía y sabía que de continuar así, terminaría por decir cosas que revelaran sus verdaderos sentimientos y entonces ella supiera cuánto lo había herido al considerarlo sólo un niñito tonto, recurriendo al consuelo ofrecido por Drew… ¡pues no pensaba darle esa satisfacción! No iba a mostrarle jamás el efecto que realmente tenía sobre él y definitivamente no iba a desmoronarse frente a ella. Respiró hondo, echando su cuerpo hacia atrás, poniendo así distancia entre ellos. – ¿Sabes qué? Perdí el apetito, me voy a mi habitación – Con eso dio por terminada la discusión, no sin antes desquitar su frustración con la espátula que aún tenía en su mano, azotándola contra el suelo. Dedicó una última mirada desafiante hacia la pelirroja y finalmente se alejó con la única intención de encerrarse lo que restaba del día, pero ella no estaba dispuesta a dejarlo escapar así nada más.
- Aparte de imbécil, también eres un maldito cobarde. – pronunció esas palabras fuerte y claro, mismas que sin duda dejaron helado al entrenador, pues detuvo sus pasos al instante. – Por lo menos cuando recién nos conocimos eras capaz de inventar cualquier cosa con tal de defenderte, ¿y ahora ni eso puedes hacer? No creí posible que pudieras decepcionarme más de lo que ya lo haces.
"Porque sólo eso eres para ella. Una enorme y maldita decepción." Ash pensó encendiendo de nueva cuenta toda la ira creada en él debido a las acciones de ella. Sin detenerse a pensarlo, se giró de nuevo para contestarle sus ácidos comentarios con otros igual de hirientes.
- Cuando éramos niños, todo era diferente, yo te creía diferente a ti también y ahora me doy cuenta realmente de la… clase de persona que eres.
- ¡Yo no te he hecho nada para que piense siquiera mal de mí!
- Sigue creyendo eso, chica perfecta.
- ¡EY! ¡Demando saber...!
- Yo no tengo que darte explicaciones de nada ¡y ya déjame en paz! – Intentó alejarse, esta vez sin calma, al contrario, salió disparado, pero no hacia su cuarto, sino que corrió hacia las escaleras. Sin duda, Misty no iba a dejarlo escapar así, no cuando aún tenía mucho por decir.
- ¡Si piensas marcharte sin dar una explicación, estás muy...! – corrió al igual que él al segundo piso, dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias con esa discusión sin importarle infringirle otra herida como lo hizo en su último entrenamiento… o eso pensó hasta darse cuenta que Ash no se detuvo en el segundo piso, sino que continuó su camino por la siguiente serie de escalones rumbo hacia la tercera planta.
Sabiendo hacia donde se dirigía, Misty disminuyó el paso… y su enojo también lo hizo.
Como le había confiado al entrenador algunos días atrás, en verdad sentía pánico de salir al exterior y más en pleno día. En definitiva no iba a poder seguir a Ash hasta su destino final, pero claro, eso era algo que él sabía perfectamente, pues se detuvo en la puerta dispuesto a confrontarla una última vez.
Por un breve instante ambos evocaron el bello momento que compartieron en ese preciso lugar, donde estuvieron juntos con sus corazones llenos de dicha, bajo la tenue luz de luna... pero el recuerdo pronto se desvaneció y Ash sólo pudo ver su propio y demacrado reflejo en el cristal. Hizo a un lado cualquier agradable sentimiento surgido de sus recuerdos y se giró hacia ella, ocultando todo rastro de nostalgia, mostrando en su lugar una mordaz sonrisa.
- ¿Qué? ¿Vas a quedarte allí? Pensé que me seguirías hasta el fin del mundo con tal de gritarme – Ella apretó la mandíbula incapaz de dar una buena respuesta. Él actuaba como tonto, pero sabía perfectamente porqué no lo seguiría. Tal vez esa noción fue lo que causó una odiosa risa en voz del entrenador antes de continuar – Y yo soy el cobarde cuando tu ni siquiera tienes las agallas de salir al estúpido jardín.
- ¡Eres un…!
- Ya me cansé de escuchar tus insultos, ¡pero, ey! Los soportaré si me acompañas. Hace un lindo y agradable día allá afuera. – Misty volvió a cerrar la boca, atinando únicamente a observarlo, conteniendo toda la rabia que sentía en ese momento – Si, eso creí. – Sin esperar otra palabra de ella, Ash se giró para terminar de cruzar el umbral hacia el exterior cerrando con un sonoro golpe la puerta tras él.
Apenas lo hizo, Misty comenzó a gritar, a insultarlo sin importarle realmente si la escuchaba o no, sólo quería deshacerse de la opresión que la aquejaba, pero no lograba aminorar su malestar ni un poco. Ahora, encima de todo se sentía traicionada, ella le había confiado algo tan personal y Ash se atrevió a burlarse descaradamente de sus miedos.
- ¡Eres lo peor que me ha pasado en la vida, Ash Ketchum! – Gritó con todas sus fuerzas, sintiendo que el mundo completo se hacía pedazos, ignorando que, desde el jardín, Ash experimentó ese mismo dolor, pues por más que intentaba mantener la calma, aún podía escuchar cada palabra que ella decía, después, se dejó caer sobre el césped, maldiciéndose a si mismo por todo lo que acababa de pasar.
Una vez más habían vuelto a pelear, una vez más se infringían heridas que tal vez nunca sanarían. Con cada malintencionada palabra y cada comentario sarcástico, ambos corazones se desbarataban pedazo a pedazo.
Cada día que transcurría en ese penthouse, parecía más un castigo copiado de cualquiera de los nueve círculos del infierno y lo que alguna vez pensaron que podría ser su hogar o incluso mejor, el remedio que ambos necesitaban para sanar por completo todas sus heridas, en realidad los estaba haciendo pedazos, separándolos cada día un poco más…
Para cuando terminaran su estadía allí, serían solamente dos desconocidos, más que listos para no volverse a ver nunca más en toda su existencia.
oOoOoOoOoOo
No podía dar crédito a lo que sus ojos veían. Por más veces que mirara a través del microscopio, simplemente no creía lo que éste revelaba.
A pesar de que su vida y su carrera la había dedicado a la investigación Pokémon, sabía perfectamente que su vocación nunca fue esa. Sin embargo, al observar todos los resultados en ese laboratorio no pudo evitar sentir una curiosidad por saber más sobre ese hallazgo, pero esa emoción se disipó rápidamente para convertirse en una intensa envidia.
- Bastardo suertudo. – murmuró sin dejar de leer la investigación de su mejor amigo. Hasta en las cosas más básicas le sonreía la fortuna, e incluso aún sin intentarlo, su sola existencia valía oro.
Pasó sus manos por su rubio cabello aún sin creer que aquello fuese verdad, pero no pensaba quedarse con la duda, se acercó hacia un gabinete extrayendo de éste una bandeja, misma que contenía diferentes tubos de ensayo, la mayoría con un líquido de un tono azul eléctrico, marcados con una etiqueta de simple tipografía que indicaban la misma serie: X-76926
Tomó uno de ellos para después mezclarlo con el único elemento que era diferente a todos los demás, un tubo del triple de tamaño que el resto, pero de una sustancia más espesa, un líquido rojo intenso que dejaba muy clara su procedencia: la esencia de todo un ser, mismo que recorría completamente el cuerpo vivo.
Una muestra de sangre tal vez no era algo para emocionarse... siempre y cuando todo lo que estuvo analizando esa misma tarde no fuera verdad.
Con cierta ansiedad, tomó una jeringa para extraer el contenido de ambas ampolletas, mezclándolos en una extraña, pero poderosa inyección porque, no importaba cuantas veces revisara los reportes y las pruebas del laboratorio, esa reacción tenía que verla con sus propios ojos.
Respiró profundo.
Mentiría si decía no sentirse nervioso sobre lo que pudiera ocurrir a continuación, pero sin darle más vueltas al asunto, desprendió de su cinturón una pokebola para liberar a uno de sus Pokémon. Rápidamente se materializó frente a él un fuerte y poderoso Rhydon, al que ni siquiera se molestó en saludar una vez que se materializara completamente frente a él y sin mayores rodeos o contemplaciones, introdujo la enorme aguja en el cuello de la criatura para que el extraño líquido ingresara en todos sus sistemas. Luego, se alejó unos cuantos pasos, esperando alguna reacción por parte del enorme titán de roca.
Pasaron los segundos en los que lo único que pudo distinguir en el pokémon fue desconcierto por la acción de su entrenador, pero transcurrido un minuto pudo notar como Rhydon experimentó una especie de 'transformación' tal vez no fue evidente físicamente, más allá de la mueca de desagrado que hizo al principio, además de uno que otro quejido que de apoco se convirtió en una respiración profunda, pesada y rítmica.
No, en el exterior no parecía ser diferente en ningún aspecto, sólo hacía falta estudiar su interior.
Del escritorio alcanzó su Pokédex; no es que estuviera al pendiente del progreso de Rhydon en los últimos años, pero seguro el aparato aún tendría sus registros, uno que había consultado previamente y que sin duda le causó un sobresalto al ver el cambio en la información con tan sólo una sola inyección de aquel... suero.
Su Pokémon, de un nivel aproximado de 50, de pronto tenía las estadísticas de uno en nivel 75; su ataque había pasado de 200 a 385 y su ataque especial de 106 a 173. Además que su naturaleza había cambiado de Neutral a Favorable.
No lo podía creer. En poco más de un minuto, Rhydon se había vuelto más fuerte, mejorando casi al doble su ataque. Aún sin ser el investigador más dedicado se emocionó por tan buenos resultados y una sonrisa apareció en su rostro. Casi podía sentir en la punta de sus dedos sus más profundos deseos y ambiciones. Sólo tenía que apoderarse de esa investigación, de ese suero milagroso y el mundo entero estaría enteramente a sus pies.
- Esto sin duda me convertirá en un Dios... todos me temerán y tendrán que respetarme. – sonrío maquiavélico, apenas contendiendo la alegría que sentía con tan sólo pensar en su glorioso porvenir. – nosotros seremos los amos del mundo entero.
- ¿A quiénes te refieres con 'nosotros'? – Nick se quedó totalmente helado al reconocer aquella voz casi enseguida y por un par de segundos se mantuvo inmóvil, incapaz de reaccionar.
Se suponía que Aidan estaría ausente, pues había pedido unos cuantos días de vacaciones; ya había transcurrido casi una semana desde su última visita al laboratorio, sin que hubiera ni siquiera una llamada de su parte y por eso se había sentido con total libertad de actuar. ¿Cuál excusa podría utilizar para estar allí tan tarde, hurgando en sus cosas? Realmente no le importaba el enojo o molestia de Aidan, pero si le importaba si su 'amigo' de pronto dejaba la investigación porque, si no seguía con ella, ¿cómo podría continuar con 'esa' transformación que tan urgentemente necesitaba su propia vida?
Lo necesitaba, debía lograr que, por los medios necesarios, Aidan no sintiera una amenaza a su trabajo o a él mismo y continuara con ese hallazgo que lo cambiaría todo.
Reaccionó tan rápido como pudo: se giró en un solo movimiento, fingiendo sorpresa, pero sobre todo, fingiendo algo que hace mucho no sentía por su amigo de toda la vida: afecto.
- ¡Aidan! Me asustaste un poco, ni siquiera escuché la puerta cuando entraste. – Intentó hacer un poco de conversación sin obtener una respuesta por parte del científico que sólo seguía observándolo detenidamente, algo que sin duda comenzaba a ponerlo nervioso. – Qué sorpresa encontrarte tan tarde – continuó – Co… como verás estoy realizando el trabajo que dejaste pendiente días atrás, porque... bueno, ¿no se suponía que debías estar de vacaciones? Si te preocupaban tus investigaciones no debiste venir, ya ves que todo está en buenas manos.
- Claro, porque nada malo podría pasar en este laboratorio estando bajo tu cuidado. Después de todo eres mi mejor amigo, ¿no es así, Nick? – Siguió con la mirada fija en el rubio, mientras la pesada puerta automática se cerraba tras él. Seguro de que nadie más pudiera entrar e interrumpirlos, Aidan se acercó a pasos cautelosos, rodeando el mobiliario de su laboratorio. – Pero resulta ser que dejé una clara indicación de que nadie tocara nada en mi ausencia. ¿Y sabes porqué hice tal cosa? – Nick sin duda supo jugar el papel de ingenuo bastante bien, pues solo negó con la cabeza sin perder nunca su falsa sonrisa, poniendo en estado de alerta al joven investigador, quien sin duda presentía que algo iba a cambiar entre ellos dos esa misma noche y de forma radical. – Porque han desaparecido documentos importantes sobre esta investigación, algo que sin duda me preocupa, pues como sabrás, no solo es mi reputación la que está en juego aquí, es mi vida entera y por supuesto no iba quedarme de brazos cruzados esperando que alguien la vendiera al mejor postor.
- ¿D-de qué estás hablando amigo?
- No te hagas el idiota conmigo Nick, ¡sabes perfectamente de qué carajos estoy hablando! – No fue capaz de contener más su furia y de un solo manotazo botó todos los papeles sobre él escritorio frente a él, después, pasó sus ansiosas manos por su cabello en una clara señal de impotencia y desesperación.
Aidan había tenido sus sospechas desde hace algún tiempo. Alguien estaba realizando actividades ilegales en su laboratorio, pero trabajaba con un equipo tan reducido de personas y de tanta confianza que, las apuestas sobre quién podría ser el infiltrado eran realmente pocas y aún así, se negaba a creer que quien resultara culpable fuese su mejor amigo, a quien un tiempo prácticamente vio como el hermano que la vida no le había dado. Pero esa era la realidad y nada podía lastimarlo más en el momento de confrontarlo que esa simple verdad:
Nick, la persona en quien más confiaba, a quien consideraba parte de su familia, lo estaba traicionando.
- Tú fuiste testigo de que mi descubrimiento fue una mera coincidencia, pero sobre todo sabes que si alguien fuera de la empresa... ¡fuera de este maldito laboratorio! se entera de lo que aquí hemos trabajado por meses... podría costarme mi libertad o incluso mi vida. ¿Y aún así estás dispuesto a compartir esta información con sólo Arceus sabe quién?
Ante el alterado discurso de su amigo, Nick se mantuvo quieto, con la vista oculta detrás de sus delgados cabellos rubios, negándole cualquier expresión a Aidan, algo que sin duda lo estaba exasperando. ¿Es que ni siquiera sentía un poco de remordimiento de sus acciones?
- ¿En verdad te importa tan poco lo que pueda pasar conmigo? ¿Y por qué? ¿Por dinero? – ninguna de esas acusaciones parecía desatar alguna reacción en el rubio, él sólo seguía con la mirada baja, manteniendo sus facciones endurecidas, como si aquella confrontación no lo afectara en lo más mínimo y eso si molestaba sobremanera a Aidan. – ¡CONTÉSTAME NICK! – Demandó y segundos después a su áspera voz no hubo nada más que un silencio, uno que pensó no se rompería con nada hasta que, lentamente se fue llenando de una desconcertante risa que sin duda le heló cada fibra de su ser.
En todos los años que llevaba de conocer a Nick, había conocido muchas facetas de él: lo había visto feliz, eufórico y en contraste también lo conocía triste, nostálgico, decaído, con una amargura que lo aquejaba al punto de deshacerse en llanto, pero nunca lo había visto reír de esa manera tan... cínica, tampoco pensó que lo llegara a mirar con tanto desprecio recalcado en sus ojos azules.
Estaba a punto de preguntarle qué diablos pasaba con él, pero esa risa tan extraña escaló hasta convertirse en carcajadas, cada espantoso jadeo resonando en ecos, como si supiera que ese ruido se grabaría en la mente de Aidan, para atormentarlo desde ese momento y hasta el último día de su vida.
- Vaya, quién diría que el perfecto señor Clark fuera capaz de desconfiar y de su mejor amigo, ni más ni menos. – Rió un poco más, ante la mirada perpleja del joven investigador, quien sin duda desconocía a ese sujeto perverso frente a él; mientras que a Nick poco le importaba dejar de interpretar el papel de compañero sumiso, de amigo desinteresado y leal. Estaba harto de todo eso y no se contuvo en demostrar su desdén. – A veces me hacías pensar que eras un completo idiota. Tan bueno e ingenuo cuando hablabas de toda esa basura sobre la bondad en las personas y demás estupideces. Es bueno saber que no eres tan crédulo después de todo.
Aidan no contestó nada. Toda la situación parecía tan inverosímil. Ver cómo una de las personas que mejor conocía, a quien le hubiera confiado su vida había mutado frente a sus ojos en ese ser cruel que lo observaba como un depredador al acecho, se sentía más como en una de sus peores pesadillas y no como la realidad que le tocaba vivir en ese momento.
Pero él era un hombre decidido, ni siquiera eso lo iba a resquebrajar, no sin antes conocer toda la verdad detrás de lo que estaba ocurriendo.
- ¿Qué ha pasado contigo, Nick? nunca pensé que en verdad fueras capaz de venderte de esa manera.
- ¿Venderme? Yo no he hecho tal cosa, simplemente estoy colaborando con La Organización porque así me conviene, porque sólo así obtendré lo que siempre se me ha negado.
- ¿De qué estás hablando?¿Qué cosas te has atrevido a hacer?
- ¡Lo que debí desde hace mucho tiempo! Voy a obligar a todo ser sobre la tierra a que me respete, no me importa si para conseguirlo tengo que esclavizar al mundo entero, todos finalmente me venerarán, ¡al costo que sea!
- ¿Aunque ese costo sea la vida de tu mejor amigo? – Aquella pregunta intentaba sacar a flote la pizca de piedad o compasión que aún pudiera sentir, pero logró el efecto contrario. Nick volvió a reír, con ese tono histérico y penetrante, uno que sin duda desconcertó todavía más al joven científico.
- Oh, Aidan, – Lo miró directamente a los ojos, para asegurarse que no le quedara ninguna duda de lo que estaba a punto de decir era una irrefutable verdad. – tu vida, tu libertad, todo lo que tú representas, es lo primero en la lista de las cosas que más quisiera destruir..
- ¿Por qué quieres hacerme daño Nick? Yo siempre he sido tu mejor...
- ¿Amigo? ¡Tú más que nadie me ha humillado! ¡Te has burlado de mí desde el día en que te conocí!
Dio un puñetazo en la pequeña mesilla donde estaban los tubos de ensayo con los que estuvo trabajando, haciendo que el vidrio vibrara ante el impacto. Después, su mirada se clavó en su amigo, en lo que creía era la razón de todo su sufrimiento y se aseguró que supiera allí mismo, con ese simple gesto, cuánto lo despreciaba, pero no se iba a quedar sólo con eso, se lo haría saber completamente. Caminó rodeando la mesa, con la intención de plantarse frente a Aidan, pero sólo logró acortar un poco la distancia entre ambos, ya que Aidan retrocedió apenas lo sintió demasiado cerca de él.
- Tú, con toda tu inteligencia y experiencia de entrenador, te ganaste a todos los profesores, ¡a todos en el maldito campus! ¡Incluyendo a MI padre! Él te conoció y vio en ti todas las cosas que no tuvo en su propio hijo ¡y te quiso al instante por ello! Y yo... – Apretó sus puños temblorosos, apenas controlando las ganas de caerle a golpes en ese momento. – Toda mi vida no he hechos más que intentar satisfacerlo ¡y nunca conseguí que me mirara ni siquiera con un poco de orgullo! No he estado a la altura de sus expectativas ni una sola vez… Pero tú, 'El Chico Estrella', pareces tener todo eso que yo siempre quise sin siquiera esforzarte para obtenerlo.
- Nick... sabes que Rowland te quiere, ¡te admira y...!
- No de la misma forma que lo hace contigo. – Después de aquella verdad que ninguno de los dos podía refutar, ambos se quedaron callados.
Aidan sabía que, sin buscarlo, aquel catedrático y padre biológico de su amigo le tenía gran estima y no supo cómo salir bien librado de esa situación. Por su parte, Nick simplemente dejó de un lado la aflicción que lo aquejaba, misma que sólo demostró en una mueca extraña y cambió su rostro por uno más sonriente.
- Pero eso no importa ya. Eso fue antes, esto es ahora y al fin me respetarán, pronto todos lo harán. En el momento en que lleve este gran descubrimiento a La Organización. Ellos simplemente me harán parte de su grandeza y el mundo entero no tendrá más remedio que venerarme.
- No sé de quiénes hablas, Nick, pero sabes que no puedo permitir que le entregues esto a nadie, mucho menos si el propósito es dañar a otros, ¡ese nunca fue el objetivo de mi investigación! – Nick seguía observándolo, ahora con cierta diversión ante la actitud protectora de su amigo.
- Ahora, aparte de todo, ¿te quieres hacer el héroe?
- ¿Yo? ¿Un héroe? ¿Me convertiría en uno, sólo por hacer lo correcto?
- Por supuesto, porque para lograrlo tendrías que sacrificarte. Si me lo preguntas eso es lo que haría cualquier maldito héroe.
- Yo no tendría porqué hacer algo como eso…
- Para ser un "genio" eres bastante estúpido a veces. – Aidan se quedó helado ante esa afirmación, porque en verdad no tenía idea qué pasaba por la mente del rubio quien se limitó a recoger unos cuantos papeles del piso, para después volver a mirar en dirección de su amigo con una triunfante sonrisa dibujada en su rostro. – Tu investigación es impecable y muy clara hasta para el más insulso científico y resulta bastante obvio que sólo hay una cosa que realmente se necesita para recrear este suero e incluso perfeccionarlo tanto como se requiera y lo mejor de todo es que la fuente de ese ingrediente es inagotable... Claro, eso es... mientras sigas vivo.
No había forma de malinterpretar lo que su amigo le estaba diciendo en ese momento y la sola idea de que algo tan bajo, tan espeluznante como convertirlo en un conejillo de indias por el resto de su vida le heló todo el cuerpo, así como la realización de hasta donde podría llegar con tal de evitarlo.
Como lo dijo Nick, la solución resultaba bastante clara: podía acabar con su vida en ese instante y así cortar de raíz con aquella investigación y el 'ingrediente' que se requería para, potencialmente destruir el mundo si es que caía en las manos equivocadas.
¿Acaso podría ser capaz de realizar un sacrificio como ese? Su vida por la seguridad de cada persona y cada Pokémon existentes en ese momento y en el futuro.
Sacrificar a una sola persona con tal de perpetuar la paz no parecía un precio tan descabellado, tampoco uno que cualquier otra persona estuviera dispuesta a pagar... pero sabía que habría alguien que no le permitiría realizar un acto así y no, no era él mismo tratando de salvar su propio pellejo.
A su mente llegó la clara imagen del rostro de su esposa. Sus rasgos delicados, su mirada enternecedora, sus ojos suplicantes, implorándole que no se rindiera, que regresara a casa con ella, que debía luchar ahora y siempre por ella y por el bebé que estaban esperando.
Por Delia y el inmenso amor que le profesaba, tenía que buscar otra solución a todo eso, con tal de volver a su lado.
Así de fácil se esfumó de él todo rastro de miedo y se irguió frente a su ahora enemigo, seguro de que no podría dejarlo ganar, no sin darle la pelea de su vida.
- No sé qué estés pensando hacer, Nick, pero te aseguro, que yo no voy a dar una sola gota de mi sangre para tus planes. Ni ahora, ni nunca.
- Testarudo hasta para morir. – Dijo un tanto divertido, como si ya esperara esa respuesta y estuviera preparándose para ello. – Aunque no tienes oportunidad de salir de este laboratorio, la única forma en que podrías, sería convirtiéndote en mi prisionero. Por mi está bien si deseas conservar tu vida… ¿pero, sabes? Creo que me gustaría que… me rogaras por ello.
- No te equivoques Nick, jamás podrás obligarme a colaborar en tus planes, así que deja de una vez las amenazas. – Su pose firme, su voz autoritaria. Sin duda Aidan estaba dispuesto a defenderse del gran peligro que representaba su supuesto mejor amigo. En cambio el rubio sólo esbozó una ligera sonrisa mientras mantenía los ojos cerrados, como si ya supiera que, en esa pelea tenía la victoria asegurada.
- No debieras ser tan arrogante cuando todo está claramente a mi favor.
- ¿Qué te hace estar tan seguro de eso?
Nick no contestó y simplemente retrocedió. Aidan estuvo atento a cada uno de los movimientos del rubio esperando que, en cualquier descuido, pudiera simplemente seguir caminando hasta alcanzar la salida y correr para conseguir su libertad. Pensó que sería fácil ya que la vista de Nick parecía no estar enfocada en él, sino en el Rhydon que se mantuvo quieto durante toda su conversación.
- Bueno, tus reportes decían que el efecto del suero podía durar hasta veinte minutos, ¿no es cierto? – Al terminar la frase miró triunfante a su oponente que se congeló en su lugar, a sólo un par de pasos de llegar a la puerta.
- ¿Y qué con eso?
- Que sólo hemos hablado alrededor de... ¿cinco minutos tal vez? Lo que le da a mi Rhydon el tiempo necesario para… obligarte a cooperar.
Aidan sabía exactamente qué ocurriría a continuación y sin duda estaba preparado para ello, pero una parte de él se negaba a pelear contra quien consideró casi un hermano, sobre todo porque no sería un enfrentamiento como los que tuvo en sus días como entrenador.
Si se llevaba a cabo una batalla Pokémon en ese momento, sería completamente brutal.
- Nick... créeme, no quieres enfrentarme de esta forma.
- ¡Claro que lo quiero! Nada me haría más feliz que ganarte de una vez y por todas.
- Lo siento mucho Nick, pero eso no va a ocurrir.
- ¿En verdad crees que tu podrás… contra aquello que ayudaste a crear? – Aidan no contestó nada, se limitó a dedicarle una sarcástica sonrisa al rubio, quien inmediatamente entendió la tácita indirecta del ex entrenador: siempre se sintió superior a él, aunque nunca lo dijera. Su irritación ante ello fue inmediata y contestó con cierto disgusto. – Eso está por verse.
Sin recibir ninguna orden por parte de su entrenador, Rhydon se lanzó en una feroz embestida hacia Aidan, haciendo pedazos la mesa que se interponía entre ambos hombres. Pero antes de que el pokémon de roca la atravesara por completo, Aidan tuvo oportunidad de rodar hacia un costado poniéndose a salvo por un momento, mismo que aprovechó para lanzar una pokebola que tenía guardada en el bolsillo de su pantalón, liberando en el acto a quien fue su primer acompañante cuando empezó su travesía como entrenador.
- A veces no entiendo cómo todos en la Universidad te veían como el mejor entrenador del mundo. – Nick se mofó ante la elección de su contrincante – Es la pelea más importante de tu vida y piensas combatir a mi Rhydon… ¿con eso?
- 'Eso' es todo lo que necesito para hacerte pedazos.
- Si, claro. Porque esa es la forma más efectiva de ganarle a un tipo roca.
- El tipo no lo es todo en una batalla. – Su determinación no significaba nada para Nick quien sólo se encogió de hombros ante esa afirmación.
- Si quieres combatir con toda la desventaja posible, ese es tu problema. Así que, adelante, ataca, intenta hacer algún daño… Si es que puedes.
- No es necesario que tengas ninguna consideración conmigo, pero si insistes... Charizard, – El gran lagarto miró de reojo a su entrenador que se encontraba un par de pasos detrás de él. – ya sabes qué hacer.
El enorme pokémon de fuego emitió un ligero bufido antes de lanzarse sobre su adversario con su garra derecha brillando en un tono plateado. Rhydon ni siquiera intentó esquivar el ataque de tipo metal mismo que impactó de lleno en su costado izquierdo, pero no le causó daño alguno. Parecía increíble, no logró moverlo ni un centímetro de su posición inicial cuando con aquel movimiento debería estar ya fuera de combate.
Aidan sabía que ese era el efecto de su suero y que en verdad estaba en serio peligro, aunque no quisiera admitirlo ni mucho menos demostrar el miedo que sentía ante una derrota inminente. No obstante, a Nick poco le importaban los pensamientos de su rival, estaba muy motivado a actuar.
- Bueno, tuviste tu oportunidad y ya es momento de terminar con esta estupidez de una vez por todas. ¡Rhydon! ¡Hyperrayo! – La orden de Nick sonaba bien en teoría sin tener en cuenta que a la actual potencia de su ataque, aquello sólo podía representar un daño considerable para todo el laboratorio y no sólo para su oponente.
Aidan apenas si tuvo tiempo de calcular aquello que Nick omitió y no tuvo más opción que tumbar una mesa de trabajo para usarla de trinchera, esperando que su Pokémon fuese capaz de esquivar en mayor medida la potente explosión.
Había anticipado el efecto con exactitud: los vidrios de las pequeñas ventanas en la parte alta del laboratorio reventaron, y la ráfaga de fuego y escombros lo empujaron con todo y mesa hasta estamparlo con la pared más cercana. Sus oídos comenzaron a emitir un zumbido que, por un momento pensó terminaría enloqueciéndolo, pero no pudo pensar en nada más cuando Nick se hizo paso entre tanta destrucción y quien, al mantenerse detrás de Rhydon en el momento de la detonación, parecía no haber sufrido ni un solo rasguño.
Aidan quiso levantarse, dar pelea, pero estaba demasiado aturdido y apenas tuvo tiempo de enfocar su vista en el rubio cuando este intentaba levantarlo del suelo, sujetándolo con fuerza del cuello de su camisa blanca.
- Vendrás conmigo y no solo me darás hasta la última gota de tu asquerosa sangre, sino que continuarás con tu investigación, ¡trabajarás para la organización hasta que obtengan todos los beneficios que tu maldita vida les pueda dar! – Aquellas palabras fueron todo lo que se necesitó para que Aidan reaccionara. Había demasiado en riesgo, no podía dejarse vencer tan fácilmente.
- ¡Jamás te ayudaré! – Sacando fuerzas de su desesperación tomó a Nick del cuello, justo como él estaba haciendo y se impulsó para girarlo y ponerlo contra la pared, pero antes que pudiera infringirle más daño a su contrincante sintió una ligera ráfaga de viento, luego, pudo notar la figura de Rhydon siendo estampado contra la pared al igual que su entrenador.
Apenas tuvo tiempo de definir las figuras entre el polvo que se había levantado como una cortina entre ellos, pero sabía que, su fiel Charizard había contenido al pokémon rival, probablemente en un intento de protegerlo a él de algún ataque.
Pokémon contra Pokémon, humano contra humano... por un momento parecía una confrontación más que justa y sobre todo, con una oportunidad de obtener la victoria. Aidan aprovechó ese momento para sujetar con fuerza las solapas de la bata de Nick para mantenerlo apoyado contra la pared.
Todo estaba ocurriendo en cámara lenta y al mismo tiempo, tan rápido que no
estaba seguro de qué era real y qué no; sólo fue capaz de distinguir el rugido de su Charizard como preámbulo a un lanzallamas que si bien, no podría vencer a Rhydon, por lo menos podría aturdirlo lo suficiente para intentar escapar. Pero para eso, él también tendría que 'distraer' a Nick.
Sin poder enfocar por completo, lanzó un par de puñetazos que impactaron de lleno en el rostro de su oponente. En definitiva, su ventaja tanto en estatura como en musculatura comparadas con la de Nick, eran de suma importancia en una confrontación física como esa. Tal vez, el rubio también se daba cuenta de ello y por eso no intentó defenderse o siquiera esquivar los golpes que en tan sólo segundos habían hecho estragos en su rostro, llenando de sangre su boca y nariz que rápidamente comenzaba a correr por todo su cuello hasta dejar una mancha de intenso carmesí en su ropa.
Aidan apenas se percató del mal estado de su 'amigo', se detuvo. Realmente su intención no era hacerle daño, tan sólo intentaba defenderse y parecía que lo estaba consiguiendo… con demasiada facilidad.
- Yo no quise que todo terminara así, pero no me dejaste otra opción. – Dijo Aidan entre jadeos, sin aminorar el agarre de sus manos sobre la bata de laboratorio de Nick, misma que se tornaba roja conforme la sangre del rubio empapaba del todo la tela. – ¡Saldremos de aquí ahora mismo! Te llevaré ante la policía para que sean ellos quienes te refundan en la cárcel, ¡¿Me oíste?! Si alguien debe estar encerrado toda su vida, ¡ese eres tu, no yo!
Sin duda las palabras de Aidan tuvieron más impacto que sus golpes, pero no de forma negativa, sino que, aquella declaración parecía hacerle tanta gracia a Nick que comenzó a reír con la boca totalmente llena de sangre, misma que se había impregnado en toda su dentadura, haciendo de aquella sonrisa una imagen aún más siniestra.
- ¿Te parece gracioso haber echado a perder tu vida? – Demandó saber con un poco de desesperación ante la reacción tan extraña que había tenido el rubio por algo que claramente era una seria amenaza. ¿Qué podría parecerle tan divertido? ¿Acaso ya había perdido la razón y no entendía las consecuencias de sus acciones? O quizás… Algo no estaba marchando tan bien como pensaba…
Y de pronto fue como si se diera cuenta de que, a pesar de que pareciera ir ganando, tal vez estaba ocurriendo todo lo contrario, tal vez estaba a punto de perderlo todo, empezando por su libertad.
- ¿Sabes? Sigues siendo un completo ingenuo y siempre lo serás. – Esa simple frase logró desconcertar a Aidan lo suficiente para aminorar la presión que ejercía en los hombros de Nick, dejando que por fin los pies del rubio tocaran el suelo. – ¿O en verdad creíste que si existe una organización capaz de seguir cada uno de tus movimientos, no podría simplemente… mantener a la autoridad 'lejos' de sus asuntos? Aunque quieras creer en un mundo idílico, donde todos viven de amistad y buenas intensiones, la realidad es, querido Aidan, que hay personas corruptas en todos lados. Los hay en esta empresa también, ¿o acaso crees que sólo yo estoy detrás de tu investigación? No tienes ni idea quienes más están interesados en que yo les lleve todo lo que hay en este laboratorio, incluyéndote a ti.
Si antes sentía su mente aturdida por las explosiones y los golpes, con esas palabras pensó que perdería la razón. Por todo lo ocurrido esa tarde podría pensar que no conocía a Nick en lo absoluto, excepto que si lo hacía, por lo menos lo suficiente como para saber que eso que acababa de decir era absolutamente cierto. No era solo su amigo quien estaba buscando robarle su investigación – y su vida – sino toda una organización, una que por lo visto podría estar infiltrada en todos los estratos de la sociedad y la justicia.
Nick pareció adivinar qué estaba pensando su amigo en ese momento y volvió a sonreír. Sin mucho esfuerzo, le dio un pequeño empujón al joven científico, solo para tener el suficiente espacio para sacar del bolsillo de su bata su celular y marcar el sencillo y conocido número de emergencias, después, simplemente entregó el dispositivo móvil a Aidan.
- Pero si aún crees en un mundo perfecto, adelante, diles lo que está pasando, espera a que "la policía" llegue a rescatarte.
No hacía falta intentar pedir ayuda, podía darse una idea de qué pasaría si llegaban más personas a ese desastre, sólo serían más enemigos contra los que tendría que lidiar y sus posibilidades de escapar se reducirían a nada, así que no lo dudó, colgó esa llamada que por unos segundos, alguna operadora un tanto preocupada ya había contestado, después regresó el teléfono a su dueño y se alejó de él para tenerlo de frente, esta vez, sin agresión alguna de por medio.
- Tienes razón. Si mi mejor amigo es capaz de traicionarme, puedo esperar lo mismo del mundo entero. – Aquella declaración parecía más una rendición inminente, algo que sin duda complació a Nick y sonrió, pensando que, al fin le había ganado a quien parecía vencerlo siempre. Pero su supuesta victoria duró solo un par de segundos, pues antes de que pudiera cubrirse, su amigo lo había golpeado de nuevo, mandándolo de un sólo puñetazo al suelo y ya corría hacia la salida.
- ¡Rhydon no lo dejes escapar!
Nick ordenó a ciegas puesto que el golpe lo había aturdido por completo, el Pokémon de roca seguía forcejeando con Charizard que se veía notablemente agotado y aporreado por tanta embestida que estuvo resistiendo el tiempo que Aidan y Nick estuvieron hablando y a pesar de eso fue capaz de soportar lo suficiente para dejar que su entrenador hiciera su camino hasta la puerta.
Estaba a punto de escapar y de nuevo, parecía que lo hacía con toda la facilidad del mundo, algo que estaba irritando demasiado a Nick, claro eso fue, hasta que se percató que la suerte de su oponente se había terminado.
Sin prisa, se levantó del suelo recogiendo algo en el proceso, y dando un par de pasos torpes por fin se encontró de pie, gritándole a la distancia al científico con cierto deleite.
- ¿Qué te pasa querido amigo? ¿No puedes irte… sin esto? – Nick levantó hasta la altura de su rostro el objeto que había recogido del suelo y que resultaba ser lo único que le hacía falta a Aidan para irse de ese maldito lugar: su credencial de acceso. Nick volvió a sonreír al ver como su Rhydon finalmente había agotado al Charizard de su oponente y con una embestida final lo había dejado inmóvil en el suelo, a los pies de su entrenador. – Parece que ya no tienes escapatoria, pero, ¿sabes? Por lo menos ahora tienes la certeza de que tu carrera realmente trascenderá. Serás parte de algo más grande de lo que jamás llegaste a imaginar.
Como si Rhydon se sintiera motivado por las palabras de su entrenador, remató a su oponente con un último mega puño que impactó de lleno en el cuerpo del dragón mismo que soltó un rugido de completo dolor. Ante la acción, Nick volvió a sonreír, sintiéndose plenamente el vencedor de aquella batalla y con esa seguridad invadiéndolo, caminó en dirección a Aidan.
El rubio esperaba que todo aquello hubiera mermado del todo la voluntad de su ex mejor amigo. ¿Quería capturarlo? Por supuesto, pero deseaba más verlo derrotado, que se arrodillara a sus pies y se doblegara por completo a su voluntad, pero a pesar de lo mal que pintaba la situación para Aidan, éste no parecía haberse rendido.
¿Cómo podía mantenerse en esa posición tan altanera? ¿Cómo podía haber tanto fuego aún en su mirada? ¿Qué podría estar tramando en esos momentos?
- Lo siento, Nick. – Su voz también sonó decidida al pronunciar esas tres palabras. Sabía que tenía una sola oportunidad de escapar y no la iba a desaprovechar en largas explicaciones… o despedidas. – Sabes que siempre he seguido mi propio camino, así tenga que crearlo de ser necesario y es justo lo que haré... ¡Ahora!
Ante cualquier pronóstico, Charizard abrió de golpe sus ojos y luego sus enormes fauces para arrojar un lanzallamas directo a Rhydon, quien había bajado la guardia. Eso fue suficiente para hacer retroceder al tipo roca permitiéndole al Pokémon de fuego incorporarse rápidamente para después soltar otro sorpresivo ataque, pero a un nuevo oponente. Con verdadero asombro Nick vio como aquella… lagartija empuñaba ambas garras que pronto brillaron entre centellas e impactaba los dos poderosos ataques en la pared más cercana a él, resquebrajando el cemento al instante, pero si eso no era suficiente, volvió a usar su puño trueno para terminar de hacer añicos el concreto que aún quedaba frente a él, creando un enorme agujero en esa parte de la estructura del edificio.
- ¡¿Qué demon…?!
Nick no tuvo tiempo de terminar su frase cuando vio como Aidan había saltado por la 'salida' creada por su Pokémon, mismo que lo siguió, aunque más bien ambos caían en picada del edificio de más de veinte pisos de altura.
El ex entrenador bien sabía que podría haberse arrojado hacia una muerte inminente, pues con lo agotado que estaba Charizard, podría no tener la misma agilidad de siempre y no alcanzaría a frenar su caída. O aún peor, su Pokémon podía desfallecer completamente y ambos sufrirían el mismo terrible final. Sin embargo, contra todo pronóstico, su fiel compañero fue capaz de darle alcance y tomarlo de la ropa con sus garras para después volar apenas al ras del suelo.
Definitivamente el aterrizaje de ambos no fue el más agraciado, pero habían conseguido llegar hasta un estacionamiento cercano al edificio que, setenta metros arriba parecía consumirse por las llamas y del cual caían más pedazos de escombros del caos que habían creado. Aún con la catástrofe a su alrededor, Aidan pudo sentirse al fin a salvo, lo mismo tal vez sintió Charizard que cayó inconsciente apenas tocó tierra firme.
- Gracias por todo. – Pronunció apenas en un susurro el joven científico antes de regresar a su fiel compañero a su pokebola, donde estaría a salvo mientras él intentaría alejarse tanto como le fuera posible de ese lugar, para al fin, sentir que también estaría libre de todo peligro.
"Esto es… increíble. Ese maldito bastardo, ese maldito suertudo, ¡ese hijo de…!"
Nick no pudo incorporarse de inmediato, pues la explosión que creó la salida de Aidan, hizo también más estragos en el ya inestable laboratorio. No estuvo seguro de qué lo había golpeado y no lo supo hasta segundos después cuando tuvo una sensación de calidez por su sien. El hilillo de sangre que corría desde su cabeza hasta su mejilla le nubló un poco la vista de su lado derecho, por ello tardó tanto en distinguir un pedazo del techo que había colapsado al momento que Aidan saltó del edificio… o eso sospechó, pues todo pasó tan rápido que no estaba seguro de haberlo visto hacer tal cosa.
Y esos segundos que no recordaba… lo eran todo, cambiaban el rumbo de sus planes, de su futura grandeza… del destino de ese infeliz que, en una ínfima fracción de tiempo simplemente se le había escurrido de entre las manos.
Con la vista muy nublada y los pensamientos aún más, caminó hasta poder asomarse por el enorme agujero de la pared, logrando ver… nada.
Cascajo al pie del edificio, algunos autos destruidos alrededor, todo acompañado del abrumador silencio de la noche y de la tranquilidad en el resto de las instalaciones del gran complejo de laboratorios.
Transcurrió quizás un minuto así, escudriñando su entorno tanto como su vista se lo permitía, luego, a lo lejos comenzaba el bullicio de las alarmas del lugar. Las sirenas de ambulancias y patrullas sonaban en alguna avenida cercana, pero de Aidan… ya no vio nada, no hubo ni un solo rastro del científico o de su Charizard dando la impresión de que, de ese edificio habían saltado directo a otra dimensión.
Fue entonces que la rabia lo invadió, algo dentro de si quemaba sus entrañas y podía sentir su sangre arder como nunca en la vida y no pudo evitar gritar, sin importarle si alguien lo escuchaba o no. Gritó desde lo alto de ese laboratorio y con toda la fuerza de sus pulmones.
- ¡No podrás esconderte de mi, Aidan! Te conozco a la perfección, te encontraré... ¡TE LO JURO!
Nick nunca lo supo, pero Aidan si había escuchado esas palabras, mientras se escondía entre las sombras y mientras recababa fuerzas para alejarse de allí con éxito, sin importar las heridas, sin importar el dolor físico y el que le infringía aquella traición, pero sobre todo, sin saber que aquella noche con el fuego y su sangre, había quedado marcado el inicio… del final de su vida.
oOoOoOoOoOo
Los recuerdos lo invadían con la misma velocidad con la que su mano se deslizaba sobre el papel, trazando las líneas con tanta precisión que pareciera más como si el objeto de su inspiración estuviese presente en esa misma habitación y no en… Esa era la parte que más lo frustraba: no tener ni una maldita idea, ni una mísera pista de dónde podría estar escondiéndose.
- Maldita… escoria. – Murmuró, dejando de lado el lápiz de fino grafito, mirando fijamente el dibujo que recién había terminado, aunque realmente no le estaba prestando atención. Su mente divagaba, tratando de recordar cada detalle, cada segundo, cada expresión, cada palabra. Tal vez había algo en ese día que delatara un error, que le diera un indicio de dónde podría empezar a buscar a...
- Necesito hablar contigo. – La voz de su superior resonó en su habitación de un momento a otro, sobresaltándolo lo suficiente como para que, cerrara de golpe aquel cuaderno que años atrás era el único compañero en su soledad y que apenas en meses recientes sintió la necesidad de volver a cargar consigo a donde fuese que iba.
- ¿No tienes siquiera la cortesía de tocar? Debieras hacerlo, sobre todo cuando vas a entrar a una habitación privada. – Reclamó con encono al momento que encaraba al intruso que lo había regresado tan de golpe a la realidad.
- No necesito demostrar ninguna cortesía cuando necesito hablar con mi empleado, además puedo hacerlo cuando yo lo ordene, no cuando te sientas con ganas de hacer tu trabajo.
- Si, ya entendí, tu eres el jefe, yo sólo obedezco. – Contestó irónico frotándose un poco las sienes – No intentes imponerte, sólo dime qué rayos quieres o déjame en paz.
Blake no contestó nada a la notable falta de respeto de quien resultaba ser sólo un peón más en su organización y simplemente se limitó a observarlo, tratando de descifrar algo en el lenguaje corporal de Nick que le diera un indicio de lo que había ido a buscar. ¿Acaso guardaba un secreto? ¿Qué intentaba ocultarle tan desesperadamente?
Desde que el rubio se hubiese unido a la organización pudo confiar plenamente en él, pues su objetivo con respecto a Aidan resultaba ser el mismo para ambos, en cuanto a las demás misiones… a Nick parecía no importarle llevar la miseria y destrucción que Sentinel representaba y además imprimirle su cruel y particular sello personal.
Así había sido por casi diecisiete años, pero ahora… podía sentirlo. Algo había cambiado en su teniente. Lo percibía distante y un tanto reservado, sobre todo cuando 'algo' hacía con esa libreta, misma que no le entregó al llegar a la base y que, un minuto atrás había cerrado apenas supo que no estaba solo. ¿Acaso algo habría escrito allí sobre la mega evolución y no se lo quería compartir? ¿Era esa vieja libreta el inicio de una traición?
- Si no me vas a decir porqué me interrumpiste, ¿te importaría retirarte? – La voz de Nick regresó su atención hacia el rostro del rubio, olvidándose del objeto de su curiosidad por un momento, enfocándose del todo en la molestia de su subordinado. – Estaba un poco… ocupado.
- ¿Ocupado con qué? – Blake replicó en un tono molesto – No parece que estuvieras precisamente haciendo algo importante, así que, ilumíname, querido Nick. ¿Qué es tan importante que no puedas seguir realizando en mi presencia?
- Nada que te interese. – Nick se apresuró a contestar elevando aún más la molestia de Blake quien, segundo a segundo sentía su sangre hervir al constatar que definitivamente le escondía algo.
- Allí es donde te equivocas, Nick, porque todo lo que hagas dentro de mi organización me importa.
Así como crecía la irritación en Blake, Nick simplemente se sentía cada vez más fastidiado. Su interés – por no decir obsesión – por una persona, no era algo que le interesara a su jefe y ciertamente no era algo que quisiera compartir con nadie.
- Escucha, – habló despacio, tratando de controlarse tanto como podía para no hacerlo de forma irrespetuosa – créeme, nada de lo que haga en mi tiempo libre podría ser importante para ti, así que por favor, ¿podrías…?
- Yo decido qué es importante, además, ya te di muchas oportunidades para que me digas lo que está pasando, pero si no vas a cooperar, perfectamente puedo ver qué intentas esconderme, ahora mismo.
- ¿De qué rayos estás hablando? Yo no estoy escondiendo na…
Apenas intentó acercarse a su jefe recibió de éste un puñetazo en la cara que lo hizo desestabilizarse por completo por un par de segundos. Cuando finalmente pudo tener una imagen nítida de su entorno, Blake ya tenía el cuaderno entre manos, pasando de hoja en hoja, tomándose su tiempo para analizar lo que veía plasmado en el papel. Sus ojos negros tenían dibujado un destello de incredulidad y sus labios se curveaban en una mueca que delataba cuanto se estaba entreteniendo con el contenido de aquella libreta.
- No sabía que tenías este talento, Nick. – Por fin se expresó sarcásticamente.
- Si bueno, ese era mi secreto, uno que en nada te sirve a ti ni a Sentinel. Así que, si no te importa, regrésame lo que es mío y sólo déjame en paz.
Blake pareció no escuchar las peticiones de su teniente y su sonrisa se amplió aún más. Sólo eso bastó para que Nick supiera que pasaría un buen rato antes de que su jefe decidiera regresarle aquella libreta y mucho más tiempo a que "lo dejara en paz".
A como lo veía, la tortura apenas estaba por comenzar.
- Tienes razón, no sirve para Sentinel, pero si sabía que tenías este talento, tal vez te hubiera pedido que me… inmortalizaras de la misma manera.
- Si, claro. Muy gracioso.
- Aunque, pensándolo bien, tal vez no hubieras podido retratarme a mí, – Hablaba mientras continuaba admirando las páginas de aquello que resultaba ser un simple cuaderno de bocetos, todos de la misma índole y eso le quedaba bastante claro. – porque al parecer, sólo puedes dibujar a una sola persona. – Concluyó divertido.
- No sólo puedo hacer eso.
- Entonces explícame, ¿Existe una razón en particular por la que solo la dibujes… a ella? – su pregunta fue acompañada de un apoyo visual. Blake sostuvo la libreta frente a Nick mostrándole un muy detallado bosquejo a lápiz de una jovencita. Las facciones finas estaban bien representadas con delgadas líneas que trazaban su rostro, también se podían apreciar los lacios cabellos que llegaban al filo de su barbilla, y de todo el dibujo, resaltaban unos ojos grandes, de una mirada desafiante e intensa.
Nick se sintió extremadamente molesto por la obvia burla de su jefe. Por supuesto que no necesitaba que le mostrara nada, a la perfección sabía quién era la modelo en casi todas las páginas de aquella libreta y no podía ser otra que la misma chiquilla que ocupaba sus pensamientos desde que lo hubiera humillado en Goldenrod… La misma que después simplemente desapareció.
- Debo decir que, si este retrato es algo acercado a la realidad, entonces ésta debe ser una chica muy bonita – Blake continuaba hablando manteniendo esa sonrisa maliciosa – Aunque me parece que es… un tanto joven para ti, ¿no crees?
- ¡¿Qué dices?!
- Nunca te conocí un solo interés amoroso, Nick, pero si tenías esta clase de… preferencias, ahora entiendo por qué lo ocultabas.
- ¡No metas tu sucia mente en mis asuntos! – Gritó un tanto molesto e incluso avergonzado – No es nada como eso. Esa niña no me interesa de esa manera.
- ¿Entonces? ¿Qué más podría ser para que no puedas sacártela de la cabeza?
Nick vaciló. No sabía que tan buena idea era esconderle algo a su jefe, seguramente no lo dejaría de presionar hasta enterarse de quién era ella, pero ¿Cómo explicarle que era la misma persona con la que había tenido más de un encuentro? Le había ocultado lo qué pasó en el laboratorio del profesor Elm y luego en casa de su padre por una buena razón: Si Blake supiera las veces que se había enfrentado a una niña – y que casi perdiera ante ella – no podía darle una buena imagen.
- ¿Y bien ? – La obscura mirada de su jefe se clavó completamente sobre él – ¿Quién es ella? – Su insistencia no iba a mermar y sabía que, a pesar de las burlas que conllevaría el confesarle sus encuentros con la pelirroja, si quería evitarse un problema mayor, lo mejor era explicarle todo sobre su privada obsesión.
- Esa es… - se aclaró la garganta antes de continuar – Es la mocosa que se entrometió en nuestros planes en Goldenrod.
- ¡Ah, claro! Con que esta es la chiquilla que intentabas atrapar usando a mis hombres. Tenía un nombre bastante absurdo, ¿no? Misty, si, ese me parece que era.
- La misma.
- Pues sí que es linda, ahora entiendo porqué te ha fascinado.
- No es por eso, poco me importa su apariencia.
- ¿De verdad? Porque aquí hay como… cien páginas que dicen lo contrario.
- Para mí dibujar es sólo una forma de concentrarme y todos son sobre ella porque… porque hay algo acerca de esa niña que no termino de entender.
- ¿Qué podría ser tan importante sobre esta tal Misty? Insisto, es bonita, pero si necesitas alguna imagen que te acompañe en tus noches de soledad, hay muchas páginas de Internet que…
- ¡Ya te dije que no tiene nada que ver con algo que yo sienta por ella! ¡Lo único que quiero es descubrir quién es en realidad! – Su grito entre ofendido e irritado sin duda atrajo la atención de Blake. Por un momento dejó de ver los dibujos y se concentró del todo en su teniente. – Yo sé que tu piensas que es una entrenadora cualquiera y que no amerita gastar tus valiosos recursos, pero es que hay algo… anormal en las veces que me he topado con ella…
- ¿Veces? – Nick sabía que los cuestionamientos vendrían, pero no imaginó que tan rápido, tampoco esperaba que fuera un tema que pudiera interesarle al dirigente de su organización y aún así, ante todo pronóstico, allí estaba, totalmente interesado en esa charla – ¿Quieres decir que has visto a esta… ridícula niña en más de una ocasión?
- ¿Recuerdas las "complicaciones" en el laboratorio de Elm? – Su jefe asintió – Pues fueron las mismas que se presentaron en casa del viejo, las mismas que entorpecieron toda mi operación en Goldenrod. Todas y cada una de las veces que he intentado hacer algo para encontrar a Aidan o a su bastardo han sido entorpecidas por esa niña.
- Entonces, crees que… ¿te está siguiendo? ¿O que está asociada a tu padre? Tal vez el profesor al fin quiere a su hijo de vuelta. Pero, ¿por qué enviaría a una niña para conseguirlo? – Sus preguntas iban impregnadas de genuino interés, pues siempre supo de los problemas que había tenido Nick en algunas de sus misiones más recientes, pero hasta ahora se enteraba que todas tenían el mismo origen. Tal vez, de algún modo, esa mocosa intentaba deshacer su operación.
- No lo sé. – Ambos callaron por un buen rato, ambos trataban de encontrar una posible respuesta al enigma que resultaba ser la pelirroja, sin parecer estar cerca de descifrarlo, pero eso no le impidió a Nick externar lo que pensaba, lo que le aquejaba desde hace meses. – Sólo me parece que hay algo en ella que me resulta muy…
- ¿Familiar?
- ¿Ah? – Nick salió de sus cavilaciones y dirigió la vista hacia Blake quien, simplemente tenía su mirada clavada sobre el cuaderno y se mantuvo así por varios segundos, casi sin parpadear. Un creciente nerviosismo se acumulaba en el rubio al notar que, mirando esos dibujos su jefe había pasado de esa expresión de burla a la total seriedad.
Blake habría descubierto algo en su libreta que él simplemente había pasado por alto durante meses… o quizás años, eso le quedó muy claro cuando volvió a levantar la libreta hacía él mostrándole la última página, misma que contenía el primer dibujo que había hecho, justo aquella noche diecisiete años atrás, cuando se enfrentó a su mejor amigo en el laboratorio donde ambos trabajaban.
Ante sus ojos estaba un único y muy antiguo bosquejo de Aidan. Los años sin duda habían difuminado cada aspecto de aquella hoja, el material se había debilitado y apenas si eran perceptibles los trazos, pero no quedaba dudas que aquella imagen pertenecía a quien fuese casi un hermano para él.
- Definitivamente no es la primera vez que te obsesionas con alguien y a pesar de que tu más reciente modelo resulta un poco menos perturbadora, porque es una jovencita y no tu mejor amigo…
- ¿Tienes un punto o sólo te estás burlando de nuevo?
- Mi punto es, que eres demasiado ciego o estúpido por no darte cuenta que tu obsesión por él nunca ha terminado, ni siquiera ahora que pareces tan enfocado en una chiquilla, porque ella… podría ser parte importante del mismo Aidan.
La frase parecía extraña, incluso desconcertante, pero no le tomó más que un par de segundos para entender la teoría que su jefe acababa de formular.
- ¿Estás diciendo que…? ¿Acaso crees que esa niña…?
- Es la que misma que llevamos meses intentando encontrar. – Nick parecía verdaderamente impactado por lo que acababa de escuchar, aunque Blake tenía mucho más por agregar a su recién "descubrimiento". – Piénsalo un poco. ¿En verdad crees que es coincidencia que ella estuviera presente en cada uno de los pasos que hemos dado para encontrar al hijo de tu enemigo?
Nick ya lo había pensado y en definitiva no era coincidencia, pero sería un tanto absurdo que su hijo… se obligó a corregir esa noción en su mente: Que su hija, se acercara a ellos, la organización que intentaba capturarla, no tenía mucho sentido.
- ¿Por qué su hija se acercaría a nosotros?
- Tal vez solo es tonta o tal vez… - Se quedó un tanto pensativo, tratando de recordar algo que había leído y en su momento sólo le pareció una cursilería de un hombre nostálgico, pero ahora quizás era la pieza clave en ese rompecabezas. – ¿Recuerdas el poema que encontraste? La razón por la que empezaste a buscar a su hijo… o a lo que Aidan creyó tener.
- ¿Qué hay con eso?
- "Desearía poder conocerte…" – Blake recitó la primera línea de aquel poema encontrado entre cenizas, entre ecos del pasado y en los límites de lo que "pudo ser" y algo resultaba obvio: Ellos no se conocieron, pero si Aidan sabía que venía un bebé en camino antes de su huida, no había razón para creer que ese bebé… que ella no supiera todo sobre su padre y la razón de su desaparición.
- Crees que Misty, su hija, ¿lo esté buscando?
- Y tal vez piense que al encontrarnos a nosotros…
- Lo encontrará a él.
A Nick le seguía pareciendo una teoría muy disparatada, pero al mismo tiempo lo sentía tan real, como si aquello dicho por su jefe no fuese otra cosa que la absoluta verdad y si no lo fuera, no importaba mucho, solo bastaba con que Blake lo creyera así, entonces podría usar todos los recursos de Sentinel y tendría por fin una real oportunidad de capturar a Misty.
- Solo esperemos que tu obsesión y tu talento sean suficientes para hacer algunas pruebas, debo asegurarme que encontrar a esta niña realmente valga mi tiempo.
- ¿Acaso estás dispuesto a…?
- Alégrate un poco, querido Nick. Finalmente se cumplirá tu deseo, – Blake arrancó la primera y la última hoja del cuaderno sobreponiéndolas para después verlas a contra luz. Una ligera sonrisa se dibujó en su sombrío rostro al constatar con esa rápida prueba de que tal vez, al fin de muchos años estaba cerca de conseguir el objetivo que tanto buscaban. – Empezaré a investigar a esta chiquilla y tal vez, con un poco de suerte, logre comprobar mi teoría.
oOoOoOoOoOo
Tenía que admitir que, a diferencia de sus turbios y oscuros pensamientos, los días en ciudad Azulona eran despejados, llenos de sol e incluso el ambiente se cargaba del aroma de las flores y la vegetación que adornaban la azotea de ese rascacielos.
Sin duda el verano estaba en pleno apogeo, algo que quizás en cualquier otro momento de su vida lo hubiese disfrutado. Ahora, no podía hacer otra cosa que fijar del todo su vista en el intenso azul del cielo, esperando que así el tiempo se consumiera por completo y tal vez, si Arceus era lo suficientemente piadoso, él también lo hiciera. Quería simplemente... fundirse con el viento y... desvanecerse.
Suspiró y se giró hacia su costado para ver a Pikachu. El Pokémon había llegado para acompañarlo desde un par de horas atrás.
Tal vez el pequeño roedor lo encontró en el jardín porque no había estado en ningún otro sitio de la casa o quizás... había una gran posibilidad de que hubiese presenciando la pelea que sostuvo con Misty en la cocina. Realmente no importaba el motivo, siempre y cuando el Pokémon le hiciera compañía sin cuestionarlo, justo como lo venía haciendo, aunque de todas formas deseaba que no se viera tan angustiado como lo hacía en ese momento, mirándolo con sus pequeños ojos negros cargados de tristeza, intentando sonreírle.
- Ey compañero, no te preocupes por mi – Extendió la mano para acariciarle un poco sus puntiagudas orejas, esperando que ese simple mimo le diera un poco de tranquilidad al Pokémon, pero parecía no ser suficiente y sólo consiguió sentirse más culpable.
Qué bajo había caído si ni siquiera era capaz de reconfortar a su fiel amigo.
Ash estaba consciente de la clase de persona en la que se había convertido en los últimos días; se sabía huraño, pesado y simplemente... desagradable, pero por más que intentaba ser el de antes no lo conseguía, siempre volvía a él esa inquietud que se había instalado en su pecho y su mente se llenaba de tantos pensamientos negativos que le hacían pesar su atormentada cabeza.
De golpe, se sentó sobre el césped dando un par de respiros, mentalizándose para realizar un verdadero cambio.
"Tienes que dejar de hacer esto, tienes que ser el mismo Ash Ketchum de siempre". Se repitió varias veces, con toda la actitud de hacer ese ajuste en su personalidad... pero el positivismo se esfumó apenas si giró la vista con dirección a la puerta que lo regresaría a la parte interior del penthouse, allí donde todo se volvía tormentoso... allí donde estaba ella.
Se quejó amargamente, como si un puño invisible lo hubiera golpeado justo en la boca del estómago, sacando todo el aire de sus pulmones. Parecía tan ilógico que deseara tanto arreglar su relación con su mejor amiga, pero al mismo tiempo era eso lo que estaba desestabilizando todo su ser.
Misty, la causa de todo su dolor, de toda su frustración, de toda su ira. Misty, la solución a toda pesadumbre, su perfecto alivio. Era ella, la paradoja indescifrable.
¡No! no podían ser así las cosas, no podía ser ella tan indispensable, tenía que haber otra respuesta, otra salida… otra válvula de escape para su miseria.
- Pienso que tu piel ya tiene el bronceado perfecto, – Las palabras de por si graciosas fueron dichas con un tono vivaz que sin duda atrajo la atención del entrenador y que no supo deducir si lo que sentía era alivio o decepción al distinguir a su novia acercándose hacia él. – No creo que te sea necesario pasar más tiempo expuesto al sol, porque bueno, el objetivo está cumplido. – Terminó de hablar cuando estuvo a sólo dos pasos del muchacho que la observó un rato, inseguro de qué debía responderle.
- May, – Lo único que pudo hacer fue susurrar el nombre de la castaña frente a él. La verdad se había olvidado por completo de ella cuando decidió exiliarse en el jardín y lo peor de todo, es que no había sido la primera vez en actuar de esa manera. Se había aislado ya tantas veces en los últimos días que no sabía si podía dar una nueva excusa por esta, la más reciente ocasión.
Se suponía que debía pasar tiempo con ella, no sentarse por horas en el jardín con el peor genio del mundo y sin otra actividad más que la de lamentarse la terrible situación en la que se encontraba su amistad con Misty.
- Yo... bueno no está de más un poco de aire fresco y bueno, yo quería... – Ante su desplante de nerviosismo y pésimas excusas, May sólo rio antes de sentarse a su lado.
- Relájate Ash, solo estaba bromeando. Además, sé perfectamente porqué estás aquí. – No sabía si eso era mejor o peor, mucho peor. Su instinto le dictaba que no podía ser bueno y el nerviosismo lo llevó a jugar con el césped al preguntar.
- ¿A-ah si? ¿Fue por algo que hice o...? – Sus enredadas palabras no parecían ser lo suficientemente contundentes, pero al levantar la vista y notar que May seguía sonriéndole, supo que no había necesidad de dar una explicación. Ella realmente sabía.
- Escuché tu discusión con Misty en la mañana... bueno, mejor dicho, me despertó. – Ash se avergonzó un poco al oír eso – Quise venir contigo apenas subiste, pero pensé que necesitarías un poco de tiempo para tranquilizarte y podríamos hablar cuando bajaras nuevamente... excepto que nunca lo hiciste.
- Lo siento, yo... – suspiró. Justo ese era su plan, volver cuando tuviera un poco de aplomo, pero hasta ese momento no había logrado tranquilizarse ni un poco.
- No tienes porqué disculparte Ash, yo... lo entiendo.
- ¿D-de de verdad? – May solo asintió ligeramente, fijando su vista en el césped. Al igual que él, tenía la mente llena de monstruos que carcomían muchos de sus pensamientos racionales pero eso que acababa de decir era más cierto de lo que Ash alcanzaba a comprender, pues ella sabía lo mal que estaba desde la noche en que escuchó a Misty hablar por teléfono con Drew; casi podía imaginar la clase de dolor que aquello le provocaba sobre todo porque sabía algo que Ash ignoraba por completo de sí mismo: lo enamorado que estaba de la pelirroja. Por más que quería ignorar ese detalle era cada vez más complicado hacerlo. Podía sentir como esa verdad saldría a la luz en cualquier momento sin importar lo que hubiera hecho para impedirlo.
- De todas maneras lo siento tanto, May. Yo debiera estar contigo y no aquí, desperdiciando mi tiempo. – Arrancó un poco del césped para después arrojarlo al viento y finalmente se echó para atrás. Su cuerpo cayó con un golpe seco sobre el pasto una vez más.
Sin duda, Ash estaba frustrado por no entender lo que le ocurría. May se preguntó si... eso sería suficiente para darse cuenta de la verdad, siempre pensó que una buena sacudida era todo lo que se requería para que él simplemente… lo supiera.
Meneó su cabeza negándolo todo: la posibilidad de que eso pasara, negándose a enfrentar esa situación, pero sobre todo, rechazando las palabras de Ash.
- De verdad no me importa eso, si vine aquí es porque... – No estaba segura de cómo preguntar, pero sin duda su dubitativo tono atrajo la curiosidad de Ash quien la miró esperando que May hablara. – Porque quiero saber si... si había algo que... pudiera hacer por ti.
Ciertamente ella había provocado esa extraña situación y no podía revertirla, no sin confesarle al entrenador las cosas infames que había realizado en días anteriores porque si lo hiciera... bueno, resultaba más que obvio lo rápido que se acabaría su noviazgo y su amistad con Ash, sin mencionar que sin duda los entrenadores terminarían al fin juntos y por más que supiera de esos sentimientos por parte de ambos, no estaba lista para verlos hechos realidad.
Por su parte, el chico no supo de la batalla interna de May y al contrario, silenciosamente agradeció su actitud cariñosa y servicial, aunque eso no era suficiente para mejorar su situación.
- Gracias, pero dudo que haya algo que tú puedas hacer para arreglar cómo me siento. – Esa respuesta si fue sorpresiva para la chica y no pensaba quedarse con la duda del porqué de sus palabras.
- ¿Por qué estás tan seguro de que no puedo ayudarte?
- Porque ni siquiera yo sé qué necesito para sentirme mejor, sólo me siento tan… extraño y lo único que quiero es volver a ser el de antes, pero no sé cómo conseguirlo. – "No sin arreglar las cosas con Misty". Pensó con un poco de pesar sabiendo que eso no iba a ocurrir, pues ni siquiera sabía si alguna vez pudieran interactuar de forma normal. Ella parecía tan inalcanzable, tan cerrada a él. No es que él estuviera dispuesto a ser diferente tampoco.
Emitió un par de suspiros casi imperceptibles y después se quedó quieto un largo rato, lo mismo que May, quien si apenas había atinado a juntar las rodillas, poniendo su mentón sobre ellas mientras pensaba cómo continuar con la conversación.
Al cabo de unos minutos llegó a ella una epifanía, algo que pudiera funcionar para sacar a Ash de su letargo y a pesar de ser una buena idea, no sonó muy emocionada al externarla.
- Pues, si ese es el problema, creo que si podría ayudar. – Él giró su cabeza hacia la chica y ella continuó hablando sin dejar la pose que mantenía: sus rodillas juntas, su rostro recargado en ellas, hablando pausadamente – Podría cocinar una cena, pero no una común y corriente. Sería algo así como para diez personas, pero lo comerías tu solo... eso si es algo muy... Ash. – El entrenador parpadeó sin entender del todo lo que May intentaba decirle, así que la chica continuó con los pasos que necesitaban para "recuperar al viejo Ash" – O podríamos tener una batalla Pokémon, aquí mismo. Si eso no te hace ser más como tú, entonces no sé qué si lo podría traer de vuelta. – Subió un poco su barbilla para que su novio pudiera ver la ligera sonrisa que le regalaba en ese momento. Ese simple gesto llenó de calidez al muchacho al entender de qué se trababa la gran idea de May: regresar a lo básico, al simple chico que había sido en un pasado, el desinteresado niño que sólo pensaba en comida y Pokémon, no en sentimientos ni en chicas... sobre todo no en Misty.
Era una bonita idea, aunque no estaba seguro de ser así de nuevo o por lo menos no por completo. Sin embargo, que May estuviera allí, intentando ayudarlo hasta en ese – el que pensaba era el más absurdo de sus problemas – Lo impulsó a querer arreglar todo allí, en ese momento.
"Tal vez si hay otra solución" pensó retomando su anterior orden de ideas, antes de que la coordinadora llegara a interrumpirlo. "Tal vez, lo único que necesito... es a May a mi lado. Tal vez… eso sea suficiente."
Extendió su mano para tomar una de las de ella y después, simplemente ejerció una ligera caricia sobre ésta.
- Gracias por no darte por vencida conmigo, es decir yo he sido realmente difícil de tratar últimamente y... – May apretó la mano del chico, dándole a entender con ese simple gesto de que no debía disculparse con ella por nada. Luego, agregó.
- Ni lo menciones, lo único que quiero es ayudar. – Y de verdad eso deseaba, quizás para evitar que la culpa la carcomiera cada vez que miraba el rostro desencajado de Ash y lo único que pudiese encontrar en sus facciones fuese ese gesto triste y los ojos carentes de cualquier brillo. Debía intentar remediar un poco de ese daño que ella misma había ocasionado; claro, siempre y cuando no involucrara confesar sus actos. Sonrió tan alegre como pudo, aunque dentro de ella llevara el enorme peso del remordimiento – Podemos intentar cualquier cosa. Sólo menciónalo y dalo por hecho.
Ash no habló, solo actuó. Se acercó a su novia y levantó su mentón para poder darle un breve beso. La acción tomó por sorpresa a May que, después de ese corto contacto de sus labios, se quedó observando el rostro decidido del entrenador.
No estaba segura porqué el chico sintió que besarla en ese momento lo ayudaría en algo, pero ella no pensaba contradecirlo, así que subió sus manos hasta el rostro del joven y lo besó de nuevo, esta vez de forma más apasionada, tomándose todo el tiempo para reconocer cada milímetro de su boca. Aquello parecía agradar al entrenador, pues casi sin darse cuenta había empujado el cuerpo de la castaña con el suyo. Al cabo de un par de minutos más, la chica ya se encontraba totalmente recostada sobre el césped y Ash casi recaía en ella si no fuera porque había usado sus antebrazos para apoyarse en la superficie y así mantenerse un tanto separado de su novia por creerlo más apropiado, pero poco a poco, lo que era "apropiado" le iba resultando cada vez más absurdo e innecesario.
Estaba a punto de deshacer toda distancia entre ellos, aunque esta fuera de apenas unos centímetros, pero se detuvo de toda acción, incluso la de llenarse la boca con los dulces labios de la chica y sólo la observó.
- ¿Pasa algo Ash? – La abrupta interrupción sin duda la desconcertó y miró directo a los ojos del joven, quien seguía observándola atento. Luego, el entrenador simplemente sonrió.
- Creo que ya sé cómo podría sentirme mucho mejor y definitivamente tu podrías ayudarme con eso.
- ¿E-en serio? ¿Cómo? – Preguntó un tanto intrigada y al mismo tiempo no deseando hablar más y seguir en lo que estaban. Ash simplemente sonrió, mientras una maliciosa idea se formaba en su mente sin saber exactamente como comunicársela a su novia. Tal vez pensaría que había perdido la razón.
- May – La volvió a besar rápido pero con el mismo fervor del beso anterior antes de continuar. – Estaba pensando que tu y yo… es decir, me preguntaba si… ¿te gustaría…?
No me pueden reclamar mucho por terminarlo allí porque es el capítulo más largo que he escrito de este fic, así que espero sea suficiente para que no quieran matarme por ahora. Como dije, si quiero terminar este fic, sobre todo porque siempre he tenido muy claro hacía donde quiero ir dirigiendo la historia, pero muchas veces los acontecimientos en la vida me desvían un poco de esa meta, que, aunque no lo crean, es importante para mi. En fin, si es importante para ustedes tengan por seguro que, poco a poco continuaré esta historia (pero en verdad espero no tardarme tantos años de nuevo, no me digan cuantos fueron, la verdad si sé que muchos.)
Gracias a todos sus reviews, por actualizar lo más pronto posible, omití contestarlos justo ahora, lo haré en el transcurso de mañana, créanme, los aprecio muchísimo por dejarme sus opiniones.
Canciones que inspiraron muchísimo a este capítulo: Los Mismos Errores de Odisseo, Conmigo o Sin Mí de Sidecars y Begin The End de Placebo.
