Disclamair: la historia es lo que me pertenece, pero el concepto es de la canción de Hitoshizuku-P y Yama y lo demás pertenece a Vocaloid.
—Es por eso por lo que estoy preocupada, Céline. No puedo dejar a mi Rhin sola, en especial si hay prusianos rondando por el bosque. También tengo este problema que mi hija es muy soñadora, siempre se la queda viendo La Moder, o al menos cuando la acompañaba ella hacía eso muy seguido. No se qué voy hacer, me moriría si algo le llegase a pasar.
Durante el viernes, madame Perrault, estuvo preocupada y hablando con la señora Belmont. A esta señora, madre del joven Émile, le caía muy simpática la familia Perrault, en especial la encantadora Rhin. Tenerla a ella como nuera no le molestaría.
—Ten entiendo, Charlize. Si tuviera una hija también me preocuparía mucho por ella. Cuando Émile se fue hacia el pueblo no dejaba de rezar todos los días por él.
—Es por eso que quería pedirte un favor, querida Céline.
El viernes pasó muy lento para Rhin, excepto cuando estudió con su mejor amiga y su hermano, pero antes de que pudiera darse cuenta, era un sábado a la mañana, con un bello sol entrando por su ventana. Recordó que esa noche debía dejarle a Rhein comida, le avisaría cuando se encontraran en el bosque.
Rhin desayunó, fue a buscar agua del pozo y preparó la cesta.
—Ya me voy mamá —llamó desde su puerta. Su padre estaba afuera cuidando de la tierra. Antes que la chica saliera, su madre apareció en la entrada.
—Disculpa, Rhin, pero tendrás que esperar un rato.
—¿Por qué? —estaba impaciente por irse. Su pierna subía y bajaba, pero no dejaría que su madre notara esa impaciencia, no estaba de humor para dar explicaciones.
—La señora Belmont se ofreció a cuidarte durante el próximo mes en las visitas de la abuela.
La chica sintió un balde de agua fría cae encima de su cabeza. La sonrisa que adornaba su cara desapareció poco a poco.
—Pe-pe-pero ¿Por qué?
—Hace unos días hablé con tu padre y él me dijo que no podría acompañarte más, así que le pedí a Céline para que lo hiciera ¿No es genial? Así podrás conocerla mejor.
Rhin no entendía que quería decir con conocer mejor a la señora Belmont, pero el hecho de que ya no podría hablar más con Rhein a solas la desmotivaba a ir. Su madre notó el semblante decepcionado de su hija.
—No te preocupes, Rhin. Será solo por este mes, además Céline no es tan charlatana como yo, será una buena acompañante para mamá y podrás volver a la hora del almuerzo.
Rhin asintió con una sonrisa forzada y esperó afuera a la señora Belmont. Al poco tiempo la divisó. Ella era una señora un poco regordeta y usaba un modesto pañuelo en su cabeza, de la misma forma que ella usaba su caperuza roja.
—Rhin, hablaré un rato con tu madre y nos iremos.
La muchacha asintió en silencio y esperó un poco más, al poco tiempo la señora Belmont salió y las dos emprendieron el camino a la casa de su abuela. Rhin desvió su vista a la dirección del río, como desearía decirle a Rhein el inconveniente que había surgido, pero ni siquiera podía dejarle una carta.
—Émile ya puede cortar un tronco como si nada, se está haciendo tan fuerte como su padre —habló la mujer de su hijo, pero la caperucita solo pensaba en su amigo lobuno. Céline notó lo distraída que estaba la joven—. Rhin ¿Piensas en el río Moder otra vez?
—¿Eh? No, digo, si, un poco.
—Entiendo muchacha. A tu edad también quería salir y explorar el mundo. La Moder es bello pero peligroso, si no sabes navegar quien sabe dónde puedes terminar. Sin mencionar los animales peligrosos que hay en el bosque. Una vez te atacó un lobo ¿No?
—Si, fue horrible, me lastimé un poco la pierna. Lo bueno es que no fue nada serio.
—¿Cómo fue que escapaste sin ningún rasguño?
Rhin se ruborizó y sonrió, fue aquella vez que dejó de temerle a Rhein. Pero no podía contarle eso a la señora, no lo entendería.
—Otro lobo apareció y se puso a pelear contra el que me quería atacar. Aproveché la distracción y corrí lo más lejos que pude hasta alcanzar mi casa.
—Tuviste suerte, mi niña, mucha suerte.
Estaba una sombra merodeando por el bosque que la caperucita captó al poco tiempo y la señora Belmont pasó por alto. Ella sabía que se trataba de Rhein, logró atisbar su oreja detrás de un tronco. El chico estiró su cuello desconcertado de lo que presenciaba. Mientras la señora Belmont se puso a hablar de los peligrosos animales que habitaban el bosque, Rhin hizo una seña a Rhein para hablar después. El chico bajó sus orejas y se mantuvo escondido.
Llegaron pronto a la cabaña y tocaron la puerta, la anciana les avisó que estaba abierta y entraron. Después de un poco de explicación por parte de su nieta sobre la razón que aquella mujer la acompañaba, la abuela estuvo de acuerdo con la idea de su hija e invitó con cortesía y amabilidad a la señora Belmont para tomar té y comer bocadillos.
El resto de la tarde, Rhin no pudo disfrutar mucho de la compañía de su vieja pariente o de su vecina, solo podía pensar en el rostro desconcertado de Rhein. Las dos señoras hablaban muy fluido de cualquier tema; comida, costura, clima, familia, etc. La más joven de vez en cuando aportaba su opinión al tema, pero observaba la ventana del salón de su abuela, como si buscara a su lobuno amigo allí.
"Rhein, lo lamento", se repitió en su cabeza varias veces.
Por un segundo divisó las orejas de su amigo, sabía que era él porque pudo atisbar un mechón de cabello rubio. Él estaba afuera y de seguro la esperaba.
—Abuela, señora Belmont, iré afuera por más agua para el té ¿Si?
—¿En serio Rhin? ¿Podrás con el balde tu sola?
—Claro que si señora, lo hago todos los días en casa cuando papá o mamá están ocupados.
—Es cierto, mi Rhin es muy fuerte —dijo la anciana flexionando su brazo—. Pero no te preocupes, querida. Ya tengo un balde con agua que recogí hace unos días.
—Pero será lo mejor para ti abuela, así no tienes que preocuparte por el trabajo por varios días. Además, no deberías estar haciendo esa clase de tareas a tu edad.
—No soy tan débil como parezco, Rhin. Pero ya que insistes tanto, tráeme un balde con agua.
—Ahora vuelvo.
Rhin salió con un balde vacío afuera y caminó hasta el pozo de su abuela. Colgó del gancho el balde y lo bajó con la polea, mientras lo hacía, vio a Rhein detrás de un árbol.
—Rhein, ya te vi —le susurró.
—Perdón por asustarte —le dijo el muchacho y reveló su figura a ella. La chica negó con su cabeza sonriendo.
—No es nada, pero no vuelvas a acercarte tanto a la casa de mi abuela, ella sospechará que alguien la espía.
—No lo haré más, solo quería saber…
—Es por esa señora ¿Cierto? —adivinó la chica antes que él pudiera terminar sus palabras—. Te lo explicaré esta noche, encuéntrame en la ventana de mi cuarto. Te dejaré comida en un cesto y te contaré el asunto.
El muchacho asintió y corrió hacia lo profundo del bosque. Rhin, por su parte, ya había terminado de tirar del balde hacia arriba. Lo tomó y lo llevó hasta la cocina. Aquella pequeña charla bastó para dejar a la joven tranquila y prestar más atención a las otras dos mujeres.
La vuelta al hogar no fue muy diferente, Rhin y la señora Belmont hablaron de algunas recetas que sabían y algunos asuntos familiares.
—Mi Émile es un chico bondadoso y veo que muchas chicas ya le echaron el ojo. Pero si soy sincera, me gustaría que él se casase con una chica sensata, con los pies en la tierra. Alguien que no solo domine las tareas hogareñas, sino que también pueda saber cómo tomar decisiones y no se deje llevar por los miedos de la vida.
Rhin le impresionó la manera tan seria que la señora Belmont hablaba de su futura nuera, no era una señora tan soñadora como creía.
—Por cierto, Rhin —continuó la mujer—, ¿Hay algún chico que te atraiga?
Tonos de color rosado y rojo adornaron la cara de la chica.
—¿Eh-eh-eh? Bu-bu-bu-bueno —lo usual para Rhin era mostrarse apática y renuente respecto al tema de matrimonio, pero en aquel momento Rhein vino a su mente.
—Parece que hay alguien —supuso la señora por su sonrojo.
—¡No! Digo… tal vez, la verdad, no sé. No me siento lista para casarme.
—Y cuando te sientas lista ¿A quién tendrías en mente?
Rhein no le podía gustar, lo conocía desde hace poco tiempo. Es verdad que era un buen chico, amable, gentil, intelectual y en cierta medida, apuesto. Pero eso no significaba que tuviera sentimientos románticos por su amigo lobuno... o eso quería creer.
—Nadie, prefiero no pensar en el tema.
—Estás en una buena edad para pensarlo —Céline notó que Rhin se mantuvo en silencio, sin decir algo más. Le pareció que la chica estaba apenada, por lo que fue más blanda—. ¿Te gusta Émile, Rhin?
—Si, de cierta forma, él me agrada, pero no se si quisiera casarme con él.
—¿Por qué no?
—Es que solo lo veo como un buen amigo.
Rhin tenía una relación distante con Émile así como los demás chicos de la aldea. Pero él le caía mejor que la gran mayoría, sin embargo, cuando lo miraba no sentía esa sensación de su corazón latiendo a una gran velocidad.
—Ah~, mientras no elijas a Marcel —comentó la mujer y cambió de tema.
Fue un gran alivio para la chica cuando distinguió su hogar a lo lejos. Se despidió de la señora Belmont y puso manos a la obra su plan de hablar con Rhein esa noche. Aprovechó que su madre no se encontraba y que su padre trabajaba en la tierra para recolectar su canasta secreta y llenarla de distintos bocados de pan, bollos, frutos secos, carnes secas y frutos carnosos.
Cuando llegó la noche, Rhin esperaba despierta, observando detrás de las cortinas a su amigo. Tal vez estaba dormitando porque se llevó un susto que casi paralizó su corazón cuando escuchó alguien golpeando su ventana. La abrió para recibir a Rhein.
—Buenas noches, Rhin —la joven bostezó.
—Buenas noches también a ti, Rhein, te tardaste demasiado —murmuró un poco molesta.
—Lo siento. Quise esperar a que esté lo más oscuro para venir así nadie me veía.
—Lo entiendo —Rhin se estiró y se frotó los ojos para despertarse. A continuación procedió a explicarle quien era la señora Belmont y la razón que la llevaba a acompañarla a la casa de su abuela.
—Pero solo será por un mes ¿No? —la chica asintió—. Sigue siendo mucho tiempo pero aun así ¿Estás dispuesta a esperar para aprender a leer?
—No, Rhein. Quiero aprender lo más pronto, si supiera escribir te hubiera podido dejar una carta en el árbol explicándote todo el asunto, en vez de arriesgarte a acércate a la casa de mi abuela o en venir aquí esta noche.
A Rhein no le molestaba visitarla a su casa tan tarde, pero ella tenía razón, era mucho riesgo.
—Además ya estoy empezando, espérame aquí.
La joven desapareció por algunos minutos y volvió con una luz en la mano, era una pequeña lámpara de aceite que su madre usaba para coser en las tardes más oscuras. Luego fue a su armario y sacó un cuaderno, lo llevó hasta su ventana.
—¡Taran! Mira, ya empecé a escribir mis primeras letras.
El chico tomó el cuaderno, aunque no podía ver mucho por la oscuridad, así que Rhin le acercó la lámpara. Él se sorprendió mucho, la joven había escrito hasta la letra F en su cuaderno y al lado de cada letra escribió la palabra de algo con la que empezaba esa letra. Figuraba A para árbol, B para bosque, C para cabaña, D para dedal, E para erial y F para flor. Su caligrafía era temblorosa e imperfecta, pero era un buen inicio para un principiante.
—Rhin, esto es impresionante ¿Cómo lo hiciste tu sola?
—No lo hice sola. Tengo una amiga que tiene parientes en la ciudad más cercana y algunas veces los visita. A veces su familia compra cosas de allí y tenía cartillas con el abecedario, lápices y cuadernos. Su hermano nos está enseñando a ella y a mi, él es muy inteligente y sabe leer y escribir.
Toda la emoción que Rhein experimentaba se esfumó en poco tiempo cuando escuchó que era un chico quien le enseñaba. Sus orejas bajaron de repente, no era que estaba celoso… ¿O si?
—Que bien —dijo, aunque su tono era decaído, incluso para alguien que hablaba entre susurros. Quería sacarse de la cabeza aquello que lo incomodaba, el problema era que no sabía qué era.
—¿Y bien, maestro? —volvió a hablar Rhin.
El muchacho levantó sus orejas en señal de atención, se había distraído demasiado y se puso nervioso con ese apodo.
—Wie bitte? Digo, ¿Qué?
—¿Lo hice bien?
—¡Ah! Si, gut, sehr gut. Muy bien para ser tu primera vez, Rhin. Aunque debes practicar más tu letra.
—¿Qué tiene de malo mi letra?
—Fíjate, aquí la O y la A se ven muy parecidas, también escribes parecido la E y la L. Aunque te felicito por haber empezado a usar la minúscula y no toda la mayúscula y en cursiva.
—Benoit me dijo que hay varios tipos de letras, él me dijo que empezara escribiendo las palabras con las que relacionaba las letras. Él las buscaba en el diccionario y de ahí copiaba.
Otra vez Rhein sintió una punzada rara en el pecho, sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos, está bien que Rhin aprendiera con alguien más.
—Cierto, aunque creo que deberías concentrarte en aprender más la letra mayúscula imprenta.
—¿Cuál es la imprenta?
Antes de responder, la chica volvió a bostezar. Rhein se fijó lo cansada que estaba y que el aceite de la lámpara estaba por apagarse, debían terminar la conversación pronto.
—Rhin, mejor vete a dormir, mañana debes levantarte temprano.
—Pero todavía no me explicaste-
—Rhin, debes trabajar desde temprano, vete a dormir, tus parpados están más que caídos.
La luz de la lámpara disminuía, pero alumbraba lo suficiente para que Rhein contemplara el mohín que hizo su amiga.
—No es justo, casi no nos vemos y nuestros encuentros son muy cortos y ahora esto. Me gustaría que te quedaras más tiempo y encontráramos una forma de hablarnos.
—A mi también Rhin, pero así están las cosas.
La chica parpadeó más lento cada vez y se le dificultaba mantener el hilo de la charla.
—¿Cuándo nos volveremos a encontrar?
Rhein pensó, pero no se le venía nada a su cabeza que pudiera ayudarlos para sus encuentros furtivos.
—Si tan solo tuviéramos un lugar que estuviera cerca de tu casa al cual nadie se le acercara, podríamos escoger un momento de la tarde para encontrarnos allí, cuando tu madre y tu padre no estén.
Aunque la luz no tardaría en apagarse y los parpados de Rhin eran más que pesados, estos se elevaron en un momento y la cara de la joven se iluminó, como si tuviera un foco encendido en su cabeza.
—Tengo una idea. Podríamos vernos en el granero de mi familia.
—¿Dónde está?
—A pocos metros de la casa, tal vez no puedas verlo ahora porque está oscuro, pero es de color rojo con rayas verdes. Si te quedas ahí yo podré visitarte a eso de la tarde, cuando mi mamá visita a sus amigas o va de compras y mi papá se concentra en el huerto.
—Podría ser buena idea.
—Deberías quedarte a dormir allí esta noche, aprovecha para ir ahora que está oscuro y nadie te verá ¡Pero no podrás encontrarlo si está muy oscuro, incluso si está a poca distancia! —Rhin se palmeó la frente. Aunque estaban a poca distancia el granero de su familia y la casa, ella solía perderse en el camino cuando era de noche sin ayuda de una vela o lámpara—. Podrías esperar hasta que amanezca para esconderte en el granero y así nadie te verá.
—No es necesario, iré ahora allí y me esconderé.
—¿Pero cómo lo encontrarás?
—Mi olfato me guiará hasta allí, tan solo debo ir al granero que tenga tu olor ¿Tu papá usa algún pestillo para cerrar las puertas?
—No, a veces pone un candado, pero esta noche no lo hizo, como estos últimos días fueron muy calmados.
—Gut, entonces me esconderé y dormiré allí, mañana nos veremos a la tarde, Rhin.
—¿Entonces mañana seguimos con la práctica?
—Gewiss, si tenemos tiempo.
—¡Qué bien!
La exclamación de Rhin fue tan fuerte que Rhein la tuvo que chitar.
—Rhin, baja el tono, no quiero ni pensar que pasaría si nos descubren.
—Pe-perdón, Rhein ¡Casi lo olvido! —volvió a exclamar y el joven lobuno volvió a chitar, lo que provocó otra disculpa de parte de ella—. Lo siento, quería recordarte que te llevaras el cesto antes de que te vayas —ella le alcanzó la canasta con toda clase de comida—, y ten cuidado cuando te escondas, ve a la parte de arriba, es el lugar que mi papá menos revisa.
Él asintió y tomó el cesto.
—De acuerdo, Rhin. Träumen Sie schön —se despidió poniéndose en marcha, Rhin casi no distinguía su figura.
—Duerme bien, Rhein —saludó a la noche la chica y suspiró.
Cerró la ventana y se recostó. Se juró jamás volver a salir de noche de su casa y pensaba cumplir su promesa, pero estaba segura que si su padre hubiera cerrado el granero con el candado, no lo pensaría dos veces en ir por la llave que reposaba en su habitación para abrirle la puerta del granero al chico lobo. Es cierto que no se conocían desde hace mucho tiempo, pero algo tenía él que le inspiraba confianza, parecía un muchacho encantador.
Se abofeteó y gruñó.
—Duérmete, Rhin —se dijo a si misma y trató de no pensar para conciliar el sueño lo más pronto.
Mientras tanto, el chico lobo encontró el granero y buscó las escaleras que guiaban a la zona alta. Su olfato era una de las cosas que no menospreciaba en su forma lobo, le era una gran ventaja. En general, todos sus sentidos eran tan agudos que se sentía agradecido. Si tuviera forma humana no podría guiarse en la oscuridad tan bien como lo hacía. Había días en que le agradaba esa forma… y días en que la odiaba.
Se escondió entre la paja del lugar y se acomodó a dormir, quería abrazar a Rhin de lo amable que era por compartir todo con él; primero su comida y ahora una parte de su hogar. Si no fuera por sus garras la abrazaría. Aquel último pensamiento lo indujo a tocar sus garras y gruñó. En ese momento sintió que odiaba esa forma.
