Pues gracias a san Pinterest que me mostro imágenes de varios ships vestidos y en poses de varios bailes mi cerebro empezó a debrayar y por ello aquí un especial con temática de baile, así que habrá varios ships
¿Bailamos? - parte 1
Ships: Sanemi x Kanae, Zenitsu x Nezuko, Inosuke x Aoi, Tengen x Hinatsuru, Giyu x Shinobu, Tanjiro x Kanao, Obanai x Mitsuri.
El trabajo de Tomioka Giyu era lo que se podría dominar como monotono; revisar los casos de los clientes, darles una solución a sus problemas sobres sus testamentos o divorcios, etc, lo usual en su trabajo como abogado de oficio. El mismo se había establecido una rutina; trabajar 8 o hasta 10 horas, tomar el tren que siempre pasaba puntual, llegar a casa donde merendaba algo rápido y seguir estudiando los casos pues no tenía otra cosa en que distraer su mente, nada más que hacer.
Esa rutina no le molestaba, llevaba años haciendo lo mismo y por ello se convirtió excelente en su oficio, aunque muchos de sus compañeros lo describían como alguien excesivamente centrado y antipático. Sin embargo, la vida misma no permite tener una rutina tan arraigada, siempre suceden acontecimientos que hacen que todo tome un nuevo curso, tal como sucedió una noche en que aparentemente todo parecía que sería igual.
Aquella noche iba saliendo del tren con la intención de ir a su departamento, tener su cena sencilla y estudiar los casos. Pero, alguien con prisa choco contra su maletín, haciendo que lo soltase.
-lo siento, no me fije – habla una mujer al momento que se inclina para recoger su maletín - ¿Tomioka- san? - alzo su vista, encontrando un rostro muy familiar, uno que no había visto en años
-Kocho...
-cuanto tiempo, Tomioka-san – saluda con una amigable sonrisa
-lo mismo digo... - devuelve el gesto, aunque él mostrando apenas una amable expresión
Kocho Shinobu y él solían ir a la misma preparatoria y posteriormente a la misma universidad, aunque en esta Giyu estudio la carrera de leyes mientras que Shinobu se especializó en química farmacéutica. Una vez se graduaron tomaron caminos diferentes y no volvieron a saber del otro.
-¿vives por aquí? - pregunta Kocho.
-sí, a dos cuadras - señala a su derecha
-vaya, que coincidencia que venga a lecciones de baile cerca de donde vives -
-¿tu? ¿lecciones de baile? - pregunta escéptico, alzando una ceja – eso es algo que tengo que ver para creer – comenta viéndose irónico mientras limpiaba su maletín.
-pues en ese caso, ven a ver, Tomioka-san – pero Shinobu se lo toma literal, y lo agarra de la muñeca llevándolo al interior del edificio que tenían enfrente – es justo aquí, en el segundo piso.
-o-oye no, espera... - pero ya estaba siendo arrastrado al edificio, subiendo con prisa los escalones hasta llegar a una puerta donde estaba un letrero que decía "clases de baile de la señora Tamayo".
Era un salón de tamaño moderado, lo esencial para que algunos alumnos bailaran cómodamente y donde ya sonaba una música tenue y agradable.
-apenas es mi tercera clase, pero me ha gustado bastante, incluso mi hermana Kanae se inscribió con su prometido – justo saluda a la mujer, quien estaba ya sentada al fondo a lado de un hombre peliblanco, de apariencia tosca y mal humorado, claramente incomodo.
-¿Kanae se va a casar? - tenía tiempo que no sabía nada de la familia Kocho, pero no recordaba que Kanae tuviese novio.
-sí, con su colega de la escuela, el profesor de matemáticas Shinazugawa. Llevaban saliendo unos dos años cuando se lo propuso – le cuenta – le comenté que las clases de baile de la señora Tamayo eran muy divertidas, así que se las arregló para convencer a su prometido de tomar lecciones con ella para bailar en la boda – esto lo relata bastante divertida al ver el rostro de su cuñado fruncirse y sonrojarse.
-buenas noches clase – entra una hermosa mujer madura de ojos violeta, vistiendo un elegante kimono azul oscuro con flores rojas – daremos inicio, si es su primer día hagan una fila por la barra.
-vamos, Sanemi – dice Kanae tomando a su prometido del brazo
-Kanae, insisto que esto no...
-vamos, veras que de divertirás – sin darle tiempo de poner más excusas, se lo lleva a donde indicaba la mujer
-será mejor que yo me vaya – dice Giyu a Shinobu
-dijiste que tenías que ver para creerme ¿no? - debate fingiendo inocencia – ve y siéntate ahí, quizá también te animes a tomar clases – por supuesto que lo decía con marcada ironía, ante lo que Giyu gira sus ojos en negativa de esa loca idea ¿él bailando?
Pero, en fin, no era como si tuviera mucho que hacer, así que fue a sentarse al fondo del salón únicamente para darle gusto a Kocho, había sido bastante insistente en invitarlo a verla tomando sus clases de baile.
Eran pocos los alumnos que había, el salón apenas estaba lleno con varios novatos al ojo ignorante de Tomioka en cuanto a baile se refería. Pero la maestra Tamayo explicaba con gentileza y paciencia, incluso al prometido de Kanae quien dio un nuevo sentido a las palabras tieso como una estatua.
Cosas tan simples como pasos de un lado a otro, el robusto hombre los hacia como si no tuviese articulaciones, y todo frunciendo el rostro a más no poder. Posiblemente su frustración tenía mucho que ver con las expresiones divertidas de Kanae, quien en esos pasos iniciales ya mostraba más fluidez y gracia.
Shinobu, por su parte, pese a que dijo que era su tercera clase, hacia los calentamientos con fluidez, como si fuesen los delicados aleteos de una mariposa, reflejando en su rostro la satisfacción y felicidad. Tomioka la observaba con detenimiento, especialmente cuando comenzó a seguir las instrucciones de la maestra y hacia gráciles pasos con un palo de escoba entre sus brazos, al parecer para simular el tener una pareja. Se vio a sí mismo en lugar de ese artefacto, siguiendo el ritmo suave que marcaba la música junto con Shinobu.
Su relación con ella desde la preparatoria y parte de la universidad entraba en la categoría de "se gustan y lo niegan". Ella siempre fue muy cercana a él, lo seguía, lo molestaba picándole las costillas. Pero, a pesar de que era obvio que ambos sabían lo que sentían jamás formalizaron ¿por qué? Ni él lo sabía, quizá alguna clase de complejo que le impidió formalizar pues siempre había sentido que su carácter antipático no combinaba con alguien tan gentil como Shinobu. Sin embargo, ahora, al verla en sus lecciones de baile se daba cuenta que el sentimiento por su vieja amiga todavía estaba ahí.
...
La clase finalizó tras una hora y media. Sanemi, pese a ser un tipo atlético que gustaba de ir dos veces a la semana al gimnasio y correr con frecuencia, parecía que había sido arrollado dos veces por un tráiler, muy contrario a su prometida que estaba como si nada y más que contenta de tomar las clases todos los miércoles en la noche. Sanemi, aunque quiso, estaba demasiado agotado para debatirlo, y bueno, no lo admitiría abiertamente pero no era capaz de negarle a su prometida algo que obviamente la hacía feliz.
-verán que para su boda serán expertos – promete Tamayo
-sinceramente yo lo dudo - gruñe por lo bajo Sanemi
-vamos, cariño, veras que con un buen descanso estarás listo para la siguiente semana – con su usual optimismo, lo lleva del brazo, ayudándolo a caminar – Shinobu, nos vamos.
—los vere luego—se despide agitando la mano—¿y bien? ¿ahora si lo crees, Tomioka-san? -le pregunta al acercarse donde estaba sentado.
—quede convencido—responde con una sombra de sonrisa—supongo que ahora si me voy— se pone pie, tomando su maletín que dejo a lado suyo.
-espera, acompáñame a esperar mi tren – pide tomando su maleta – vamos – lo toma del brazo, bajando de ese modo las escaleras hasta llegar a parada del tren – y... ¿qué te pareció la clase?
-no soy experto, pero hay bastantes aficionados – dice neutro parado a lado de Shinobu – sin embargo, para ser tu tercera clase, tú vas bastante bien – apenas la mira de reojo, hacia abajo, pues Shinobu con los años no creció demasiado, al contrario de él.
-la señorita Tamayo tiene un don para enseñar, sus clases no son nada difíciles de seguir – dice lo siguiente tras soltar una leve risa – incluso te aseguro que hará bailar a Sanemi – Tomioka también suelta una risa, como dijo, no conoce nada de baile, pero por lo que vio, sería un verdadero milagro que a una estatua como aquel tosco hombre lo hagan bailar grácilmente - incluso podría enseñarte a ti – ante eso, el abogado solo carraspea, fingiendo demencia.
-¿y porque decidiste tomar clases de baile? - pregunta para evadir su anterior comentario.
-sentía que me estaba estancando en el trabajo – responde mirando hacia enfrente, ignorando la mirada de interés de Tomioka – no me mal entiendas, siempre desee ser química farmacéutica y me encanta mi trabajo, pero últimamente sentía que mi mundo se cerraba en eso y que ya no ejercía mi deber con el mismo entusiasmo. Fue entonces que vi estas clases al caminar por aquí, simplemente decidí probar y me encanto, fue como si mi mente se liberara desde la primera clase.
Es en ese momento en que Tomioka cae en cuenta que se identificaba con lo que decía Shinobu. Últimamente, aunque no ha fallado en su trabajo, se ha sentido estancado, sin pisca de pasión al ejercer su profesión.
-deberías intentarlo también, podríamos ser compañeros de baile – la mira con impacto por lo sugerido – oh, mira, ya viene el tren – justo, este para delante de ellos, abriendo sus puertas – fue un gusto volver a verte Tomioka, hasta luego – entra al tren, alzando su mano tras el cristal mientras mostraba su clásica sonrisa animada.
Mira el tren marcharse, pensando en las palabras de Kocho sobre ser compañeros de baile ¿él bailando? De verdad nunca en su vida se imaginó bailando por simple pasatiempo, es decir, ni siquiera tenía pasatiempos ¿será eso lo que necesitaba para darle algo más a tu monotonía?
Tras eso, toda esa semana las palabras de Shinobu rondaron por la mente de Tomioka. Era cierto, y no había caído en la cuenta de que él también ha caído en una rutina mortal, que su vida carecía de algo más, algo por lo que esperar después de una larga jornada de trabajo, algo que hacer por el mero gusto de hacerlo, algo que lo haga sentirse más vivo.
Fue entonces que el siguiente miércoles se detuvo frente a aquel edificio al salir del tren, subió las escaleras al segundo piso y, esta vez sin la necesidad de invitación de Shinobu, entró a las clases de baile. ¿que estaba haciendo? No tenía la menor idea, solo, por primera vez en casi toda su vida estaba haciendo algo sin pensarlo demasiado, solo para ver qué sucedería.
...
Es una muy baja probabilidad, pero no imposible, que varios conocidos se reúnan en el mismo lugar, a la misma hora y con las mismas intenciones. Y esta vez, esa escaza probabilidad se cumplió, pues ese día está más lleno que la semana pasada y Tomioka no solo vio los rostros familiares de las hermanas Kocho y el prometido de la mayor, también estaba ahí Iguro Obanai, un abogado del mismo edificio donde él trabajaba, aunque no en el mismo despacho. Parecía venir acompañado de una hermosa y alegre mujer de cabellos rosados que lucía bastante animada alagando el salón y diciendo que aquello sería muy divertido.
-gracias por hacer esto conmigo, Obanai – habla ella, tomando del brazo al hombre de ojos heterocromáticos y cabello negro.
-no tienes que agradecer, Mitsuri – responde él mirándola con cariño, aunque también, notablemente algo incomodo.
-Kanae dijo que estas clases son muy divertidas, y quise venir a intentarlo – realmente parecía entusiasmada, lo que hace a Obanai sonreír dichoso - sé que esto no es lo tuyo que digamos, por eso me alegra que aun así aceptaras acompañarme - como siempre que se ponía algo nerviosa, juega con su trenza, algo que a Obanai siempre le ha parecido adorable.
-me gusta que quieras incluirme en todo lo que te gusta – eso la hace mirarlo, feliz – vamos a probar, no hace daño - ella asiente cual niña pequeña.
Como Mitsuri trabajaba en la misma escuela que Kanae enseñando pintura, fue inevitable que ambas mujeres en su descanso se pusieran a platicar como siempre y que Kanae le platicara sobre las primeras lecciones de baile que tomó con su prometido, lo que animó y dio curiosidad a la peli rosa para también intentarlo.
-aunque no creo que Obanai quiera tomar clases conmigo – dijo decayéndose un poco – es muy callado y reservado.
-no pierdes nada con preguntarle – le aconsejó Kanae – mi prometido no es precisamente el alma de la fiesta y acepto – ante eso, ambas ríen divertidas.
Un día en el que ella salió temprano de dar clases, decidió ir al trabajo de Obanai para llevarle el almuerzo al saber que su novio solía ir a una cafetería cercana a la hora de la comida, y bueno, de paso, se atrevería a preguntarle. A decir verdad, estaba un tanto nerviosa, Obanai era un hombre muy centrado y reservado, no era del tipo que tomaría algo como clases de baile.
-¿Mitsuri? - la escucha hablarle, ni siquiera se había fijado que ya había llegado al edificio – hola ¿qué haces aquí?
-salí temprano hoy, y quise traerte el almuerzo – le extiende una caja envuelta en un pañuelo.
Obanai no se terminaba de acostumbrar a esos gestos dulces de su novia a pesar de llevar saliendo con ella un poco más de un año por lo que, sintiéndose azorado, aunque conmovido, voltea a otro lado, ocultando la mitad de su rostro tras la bufanda blanca que casi siempre traía alrededor del cuello.
-gracias, Mitsuri ¿quieres acompañarme? -
Ella da un asentimiento efusivo, sonriendo dulcemente.
Normalmente Mitsuri siempre lo deleitaba al contarle con alegría como había sido su día dando sus clases, a él le encantaba ver la felicidad con que le platicaba las cosas más insignificantes como que uno de sus alumnos pinto un hermoso cuadro de gatito. Sin embargo, esa tarde parecía algo pensativa, incluso inquieta mientras miraba hacia abajo y peinaba su trenza con sus manos.
-¿qué sucede Mitsuri? - pregunta, sobresaltándola - te noto nerviosa
-no, no es nada, bueno, nada malo, es solo que... quisiera preguntarte algo...
-adelante...
-bueno, veras... Kanae me conto que está tomando clases de baile con su prometido para el baile en su boda y dijo que eran muy divertidas y pues... no sé... me gustaría que también lo intentáramos - todo esto lo soltó rápido, sin mirarlo y peinándose su trenza con nerviosismo.
-¿clases de baile? ¿quieres que vaya a clases de baile contigo? - abre más sus ojos bicolores.
-e-está bien si no quieres, sé que eso no te agrada mucho, así que está bien – dice apresurada, moviendo sus manos.
-tú... ¿de verdad quieres ir? - pregunta nuevamente ocultando la mitad de su rostro tras la bufanda blanca mientras su vista temblorosa miraba hacia enfrente.
-sí, suena muy divertido, y... me gustaría ir con Obanai – dice tímida, mirando hacia abajo. Empezaba a arrepentirse de haber preguntado cuando su novio no dijo nada, pero estaba tan nerviosa que no se atrevió a mirar su expresión.
-e-está bien – finalmente habla, lo que la hace volver su vista ilusionada al pelinegro que seguía oculto tras su bufanda y sin mirarla directamente.
-¿de verdad? - este solo asiente una vez – gracias, veras que será muy divertido...
Así que ahí estaban, en espera a que su primera lección comenzara.
-¿Iguro? - ve a quien menos en la vida pensó, o deseaba encontrar en ese preciso lugar, a Tomioka Giyu – vaya... sí que es una sorpresa... - dice Giyu levantando una ceja.
-¿qué haces aquí Tomioka? - de inmediato su dulce semblante con que miraba a Mitsuri se trasforma a hostil al reparar en su compañero.
-¿se conocen? - pregunta Mitsuri – que gran coincidencia
-sí, trabajamos en el mismo edificio – dice Iguro
-oh... ¿tú también tomaras clases de baile, Tomioka-san? -
-bueno...
-Tomioka, así que si te animaste – aparece de la nada Shinobu a lado suyo – que bueno, toma asiento, la señora Tamayo no debe tardar – como si diera saltitos, va al otro lado del salón.
-estamos en el mismo barco, Iguro – dice Tomioka – supongo que ninguno desea que se enteren en el trabajo
-maldito – masculla Obanai
-vaya, hoy tenemos más alumnos nuevos – llega la señora Tamayo, viendo con gusto como el número de estudiantes había aumentado – bueno, como la mayoría va iniciando demos un pequeño repaso, hagan una fila frente a las barras por favor – indica
La diferencia entre los alumnos femeninos y masculinos era muy notoria pues, mientras las mujeres tenían un obvio entusiasmo, los hombres, en lugar de estudiantes de baile, parecían soldados a punto de ser fusilados por lo tensos que estaban.
-de acuerdo, empecemos con el calentamiento – dicta la señora Tamayo, dando ella el ejemplo de los movimientos básicos que hacer.
Ellas hacían los movimientos básicos con bastante gracia, quizá algunos errores de postura que corrigia, pero tenían soltura. Todo lo contrario, a los hombres que más tensos no podían estar, incluso un robot tendría más soltura, lo que hizo a la maestra sonreír forzada mientras una gruesa gota caía por su frente. Aquello no iba a ser fácil.
-hola, buenas noches – se anuncia un joven adolescente de cabellos rojizos - ¿interrumpimos? Quisiéramos ver la clase.
-no, acabamos de empezar – responde Tamayo – de hecho ¿porque no se unen? Casi todos son nuevos.
-¿qué dicen? ¿nos unimos? - al parecer aquella joven venia con más personas, pues le habla a alguien a lado suyo detrás de la puerta
-claro que sí, le ganare la apuesta de una vez por todas a Monitsu – dice una gruesa y escandalosa voz
-¡que no me llamo así! - ese seguramente era el aludido.
-esas voces me parecen conocidas – habla Kanae, dirigiéndose a su novio - ¿no crees? -
-espero, de verdad, estar alucinando – responde este, casi ya dándole un tic en el ojo.
-empecemos de una vez – un chico de cabellos negros y azules, y rostro de facciones finas, abre la puerta de una patada, revelando a un grupo de seis adolescentes, tres hombres y tres mujeres.
-Inosuke no debes entrar de esa forma – le reprende una chica de coletas.
-buenas noches, con su permiso – dice el chico de ojos rojizos, que parecía ser el más cortes y quien repara en la presencia de dos personas que, para él y sus acompañantes, conocían muy bien – oh, pero si son Kocho sensei y Shinazugawa sensei.
-y también está la maestra Kanroji – dice otra de las chicas con peinado de cola de caballo y broche de mariposa, recibiendo un animado saludo de la mujer peli rosa.
-¿que? ¿nuestros maestros aquí? - pregunta de forma escandalosa el rubio mirando a donde Tanjiro.
-hola muchachos – saluda Kanae, que, aunque sonriendo, se le notaba incomoda, mientras que su prometido tenía la cara oculta en su palma.
-de todos los malditos lugares de escuelas de baile, tenían que venir a esta - gruñe Sanemi entre su palma.
Tal extraordinaria coincidencia se dio porque Kanao, la chica de ojos violetas y cola de caballo que venía con aquel grupo, comento a sus amigos sobre las clases de baile que tomaba su hermana Shinobu diciendo que parecía mucho más feliz y relajada cuando llegaba a casa desde que estudia baile cada miércoles.
-me ha recomendado tomarlas también – dijo – pero no lo sé, la mayoría baila en parejas y me daría pena bailar con un desconocido.
-si quieres podemos tomarlas juntos – se ofrece Tanjiro con amabilidad y naturalidad, sonrojando instantáneamente a Kanao.
-n-no tienes que hacerlo, yo aun no estoy segura -
-¿porque no? A ti te gusta bailar, y puede ser divertido – anima Tanjiro – vamos – un tanto insegura, y, sobre todo, apenada, accede.
-yo también iré – alza la mano Zenitsu – es el lugar perfecto para encontrar a una linda chica que quiera ser mi novia – fantasea con una boba sonrisa – no es justo que incluso el troglodita de Inosuke tenga a una linda chica como Aoi y yo no - señala furioso a dicho sujeto quien precisamente devoraba como jabalí salvaje su almuerzo sentado al lado de su novia.
-¿a quién le dices troglodita? - replica el aludido furioso y con la boca llena.
-obviamente a ti – replica juntando su frente con la de él mientras se gruñían
-vamos chicos, ya dejen de pelear – como siempre, es el sensato Tanjiro quien calma el asunto.
-como sea, es obvio que un salvaje como tú no podría tomar clases de baile – presume Zenitzu – no tienes la gracia ni la elegancia para hacerlo.
-¡no te metas conmigo Monitzu, claro que podre! -grita Inosuke, desafiante – Aoi, también tomaremos clases de baile – ordena a su novia, quien escupe el jugo que estaba tomándose.
-¡¿QUE!?...
Y por eso ahí estaban Tanjiro, Kanao, Inosuke, Aoi, Zenitsu y Nezuko. Esta última es la hermana de Tanjiro, que iba en la misma academia, pero ella apenas cursaba en el primer año. Acompaño a su hermano a las clases al enterarse que iría con Kanao, por lo que de inmediato dijo que quería ir a ver cómo eran, aunque su principal objetivo en realidad era de hacerla de casamentera y animaría a su gentil, pero bobo hermano a declarársele a Kanao.
Así que ahi estaban, en una extraordinaria coincidencia todos juntos en el mismo lugar en que sus profesores de biología, matemáticas y pintura también estaban.
-muy bien, pasen por favor al fondo del salón – pide gentilmente Tamayo – empezaremos de nuevo con los calentamientos
-qué suerte, en efecto hay muchas mujeres lindas en la clase – grita ensoñado Zenitsu, sintiendo luego una aterradora aura de dos hombres que lo miraban de forma asesina, pudiendo escuchar claramente sus voces malévolas diciéndole "ni te atrevas a mirar a la mía". Estos eran, Sanemi y Obanai.
La clase empezó nuevamente con algunos calentamientos y estiramientos, y, por supuesto, al ser la primer o segunda clase para la mayoría, aún estaban demasiado tensos, especialmente los hombres, siendo una extraordinaria excepción el chico recién llegado que fue quien pateo la puerta al entrar.
-ja, esto es muy fácil - presume Inosuke haciendo un estiramiento simple – te dije que podía, Monitzu – grita al rubio que estaba detrás suyo.
-esto aun es simple, ya te quiero ver bailando de verdad, chimpancé – reprende el rubio, quien tampoco iba del todo mal si no es porque se distraía al ver a las mujeres, recibiendo una amenazadora advertencia de muerte de los respectivos hombres si se atrevía a mirar sea a Kanae o a Mitsuri.
-como si no fuera ya suficiente escucharlos en clases – masculla Sanemi con una clara vena de enfado en la frente, mientras que su novia tan solo sonreía divertida.
-sin problemas – replica Inosuke a Zenitsu - vamos, comencemos a bailar – demanda alzando el puño, como si estuviera aclamando guerra.
-bien, supongo que ya podemos empezar con pasos sencillos en parejas – accede Tamayo – Shinobu ¿podrías ayudarme por favor?
-claro – esta va a donde la profesora
-mmm necesitare que tengas un compañero - comenta Tamayo
-yo la acompañare - se ofrece quien Shinobu menos espero, Tomioka, que se puso de frente a ella – dijiste que podíamos ser compañeros de baile ¿no? - a pesar de que lo dice de forma ausente mirando a otro lado, no impide que a Shinobu le diera gusto que se haya ofrecido a ser su pareja de baile.
-sí, lo dije – responde con una pequeña sonrisa.
-de acuerdo, para esta primera lección, son los hombres los que deben prestar especial atención, ya que son los que guiaran – indica Tamayo, poniendo a algunos hombres algo tensos - pongan su mano en la cintura de su compañera - pone el ejemplo poniendo la mano de Tomioka sobre la cintura de Shinobu, lo que lo pone algo nervioso, algo que Shinobu nota con diversión – y las mujeres, recarguen su mano en el hombro de su compañero - Shinobu no necesito que la maestra pusiera su mano sobre el hombro de Tomioka, ella ya lo había hecho segundos antes que diera la indicación - luego, entrelacen su otra mano libre con la de su pareja – nuevamente Shinobu se adelanta a esto, ya buscando la mano de un apenas notablemente nervioso Tomioka, aunque lo quisiera disimular con su rostro sereno – esta es la posición base, así que vamos, júntense en parejas y háganlo.
La mayaría se fueron con sus respectivos acompañantes, solo dos hombres quedaron solos, pero estos prefirieron tomar un palo largo entre sus brazos para poder hacer la posición indicada. Lo que dejo a Zenitsu sin acompañante.
-esto es injusto – dijo derrotado y hecho un mar de lágrimas -
-no te preocupes Zenitsu – le habla Nezuko – yo solo vine a ver a mi hermano, pero si quieres puedo acompañarte -
-gracias, linda Nezuko – grita con voz chillona agarrando a Nezuko de las manos
-bien, continuemos – indica Tamayo – iniciemos lento, al tiempo que los hombres den un paso a la izquierda sus parejas lo seguirán - explica mientras agarra por los hombros a Tomioka y lo guía a la izquierda, seguido con facilidad por Shinobu – son pasos cortos, no extiendan tanto la pierna.
Fue fácil seguir las primeras instrucciones, pues fue explicando poco a poco aquellos pasos básicos que repitió varias veces hasta que notó que la mayoría lo tenía dominado. Pero, las cosas para los hombres en especial se empezaron a complicar cuando la señora Tamayo comenzó a contar dando un ritmo lento, fue ahí cuando algunos comenzaron a enredarse un poco y pisaban de vez en cuando a sus parejas, esto en el caso de Inosuke que se ganó varias reprimendas de Aoi.
-¿ya no es tan fácil verdad, chimpancé? - se burla Zenitzu, pues él fácilmente estaba siguiendo ya el ritmo, lo que provoco más el descontento de Inosuke que por gruñirle a su amigo, le da otro pisotón a Aoi.
-Auch, deja de pelear y concéntrate - le grita Aoi – estoy aquí porque prácticamente me obligaste, así que hazlo bien.
–eso intento– replica tratando de seguir la secuencia de pasos siguiendo el ritmo que marcaba la maestra, pero no era tan fácil. Lo peor era que su amigo parecía ya haberlo dominado, lo que para Inosuke se estaba convirtiendo en un reto personal.
Sanemi por su parte tenía la mirada tensa y exageradamente concentrada mirando sus pies, algo que se supone que no debería hacer.
-mantenga la vista en su pareja – le corrige Tamayo alzándole su quijada.
-¿cómo espera que no la pise si no veo? - replica este.
-coordinación - es todo lo que dice la maestra antes de irse a supervisar a otra pareja.
-coordinación... - repite a manera de queja, ante a lo que Kanao sonríe - te estas divirtiendo con esto ¿verdad? - le recrimina a su prometida.
-debo admitir que sí, un poco – Sanemi hace un puchero junto a un gruñido. Lucia adorable cuando hacia eso.
Obanai, aunque miraba a Mitsuri, estaba demasiado rígido, prácticamente no flexionaba las rodillas al estar dando la secuencia de pasos. Lo estaba poniendo demasiado nervioso el estar mirando constantemente a su hermosa novia que en todo el tiempo le sonreía de forma tan linda, podría jurar que en esos momentos su sonrisa era mucho más resplandeciente, se le notaba verdaderamente feliz. Tampoco era de ayuda para él saber que la maestra lo observaba y que en cualquier momento podía corregirlo.
-¿estas bien, Obanai? - le pregunta su novia
-sí, sí, solo... no quiero pisarte...
-tranquilo, no me molestare, estamos aprendiendo – diablos ¿porque tenía que ser tan linda siempre?
-bien, ahora lo intentaremos con un poco de música – dice Tamayo, yendo a poner una suave música clásica – no pierdan el ritmo.
La música pareció aligerar un poco el ambiente, pues hasta los que estaban más tensos comenzaron a relajar sus pasos y hacerlos más fluidos. La técnica de Tamayo estaba dando resultados.
-lo haces bastante bien para ser tu primera clase, Tomioka – le alaga Shinobu
-no es tan difícil - responde él
-quien diría que tienes don para esto – sonaba un tanto sarcástica, o eso le pareció por un momento a Tomioka.
Pero Shinobu decía la verdad, Tomioka era natural, los pasos eran muy básicos, pero se sentían fluidos, sus hombros estaban relajados y su mirada al verla era serena, aunque, como siempre ha recordado en él, un poco indescifrable. Se preguntaba, con cierta molestia interna, si hubiese sido así de natural bailando con otra compañera o era porque bailaba con ella.
Tanjiro también era muy natural en esos primeros pasos de baile, él y Kanao tomaron un sueve ritmo y ya tenían lo básico. Sin embargo, Kanao no lograba disminuir el sonrojo en sus mejillas desde que su compañero había tomado su cadera para formar la primera posición de baile que les indicó la maestra.
-¿te estas divirtiendo, Kanao? - le pregunta Tanjiro gentilmente
-emm si, si... es, divertido – dice, comenzándose a sonrojar aun más, por lo que mira a otro lado.
-sí, es divertido, creo que si podremos venir todas las semanas ¿te parece? -
—sí, me gustaría—dijo con una tímida sonrisa.
Siguieron moviéndose al ritmo de la música con suavidad, hasta que Tanjiro sintió un leve golpe a su costado que su hermana Nezuko le había dado disimuladamente mientras bailaba con un alegre Zenitsu. Esta lo miro dándole una clara mirada recriminatoria, ante lo que él pasa salvia. Por supuesto que sabía porque lo miraba de esa forma, desde hace mucho tiempo que su hermana lo ha estado presionando para que ya de una vez por todas se le declare a su compañera de clases, pues era más que obvio que le gustaba. Pero, él simplemente no encontraba el momento adecuado, quería que fuera una declaración especial, en un lugar y momento adecuado.
-creo que por hoy es suficiente – declara Tamayo apagando la música - de verdad, muchas gracias por venir, y espero de corazón que continúen, bailar es una gran liberación y una conexión muy especial –
Quien no eran parejas se sintieron bastantes azorados, separándose de inmediato; como el caso de Kanao que se aleja de Tanjiro sintiendo como sus mejillas ardían. Casi siendo el mismo caso de Shinobu, pero ella tan solo mostro su tranquilo semblante llevando sus manos detrás de su espalda.
Sanemi, por el contrario, relajo la tensión de su tosco rostro al momento que sintió que su novia tomaba su mano con las suyas y le sonreía claramente feliz, lo que hace que la mire con el mismo gesto.
Lo mismo con Obanai, que miraba con adoración a su celestial novia, que sonreía cual niña pequeña, amaba verla así de feliz, así de resplandeciente, era una luz que siempre le traía paz.
incluso Inosuke abrazo efusivamente a su novia por atrás, provocándole un intenso sonrojo que poco a poco se fue desvaneciendo para dar lugar a un rostro más sereno y feliz mientras tomaba los fuertes brazos que la rodeaban. A decir verdad, en un inicio se negó rotundamente a participar en lo que era obvio que para Inosuke solo era un reto que superar porque Zenitzu en cierta manera lo había desafiado, y claro, Inosuke estaba más que decidido a demostrarle que si podía aprender a bailar. Sabía que una vez que algo se le metía en la cabeza, especialmente al ser algo que alguien le dijo que no podía hacer, nada en el mundo lo haría desistir y pues termino participando en aquello porque la idea de que Inosuke bailara con otra la mataban de celos, por supuesto no admitió que esa fue la razón por la cual termino accediendo a la reciente locura de su impredecible novio.
Sin embargo, a pesar del par de pisotones que le dio en esa primera clase, terminó disfrutando y bueno, si aprendían a bailar no harían el ridículo en el baile de graduación.
-los vere la próxima semana – los despide Tamayo mientras poco a poco su salón iba quedando vacío - muchas gracias, Shinobu-san – le dice al quedar esta de ultima, junto a Tomioka que estaba detrás de ella – estaba por cerrar mis clases, pero creo que durare un poco más gracias a tus recomendaciones.
-no fue nada, Tamayo-sensei, solo dije la verdad – responde ella con un lindo gesto amable que a Tomioka, detrás de ella, lo hizo sonreír levemente – sus clases son muy agradables y divertidas.
-gracias de todos modos, nos vemos la próxima semana – Shinobu hace una reverencia, seguida de una de Tomioka.
-hasta la próxima semana – dice este, sorprendiendo internamente a Shinobu pues eso significaba que seguiría yendo a clases, y, seguramente, seguirían siendo pareja de baile.
Saliendo del edificio, los chicos Inosuke, Tanjiro y Zenitsu tenían una acalorada platica; bueno, más por parte del pelinegro que no paraba de decir que se volvería mucho mejor bailando que él, mientras que el rubio le respondía que ese día los cerdos volarían.
-Ya lo veras, Monitsu – alega este – seremos los reyes del baile – dijo esto incluyendo a Aoi, sonrojando a esta totalmente.
-sí, claro – este lo ignora, volviéndose hacia Nezuko – linda Nezuko... ¿seguirías siendo mi compañera? - le pide tomándola de las manos – disfrute mucho bailar contigo.
-claro, también me gusto la clase – accede ella, a lo que Zenitsu dio un saltito de alegría.
Sin embargo, de repente el ameno ambiente entre ellos se sintió agonizante, como si una latente amenaza estuviese acechándolos, lo que les puso a los tres chicos los pelos de punta, especialmente al escuchar una voz psicópata y tenebrosa detrás de ellos.
-mocosos... - se volvieron y vieron a su profesor Shinazuwaga sonriendo de forma maniática y mirándolos endemoniadamente – escuchen, si dicen algo de esto en la escuela, me asegurare que su último año en la academia sea un infierno.
Inmediatamente tanto Zenitsu como Inosuke se resguardaron detrás de Tanjiro temblando de miedo, es decir, el peli rojo también sudaba frio, no por nada al profesor de matemáticas lo apodaban el akuma sensei, pero mantuvo más la compostura.
-n-no se preocupe sensei, nosotros no diremos nada – promete Tanjiro sonriendo nervioso mientras movía la mano de arriba hacia abajo.
-lo siento cariño, ya estoy lista – llega Kanae, que había subido de nuevo al salón porque olvido su abrigo, serenando inmediatamente al profesor al tomarlo del brazo – ya podemos irnos – este asiente, encaminándose a su casa que quedaba a unas cuadras de ahí - nos vemos en clase chicos – se despide ladeando la mano con una angelical sonrisa.
-hasta mañana Kocho sensei – dice Zenitzu encantado como siempre, de la dulzura de su maestra de biología, sentimiento que paso segundos a uno de terror cuando de lejos el akuma sensei le clavo una mirada asesina – aun no me explico cómo es que alguien tan encantadora como Kocho-sensei... – esto lo dice juntando sus manos en un gesto ensoñado, dando lugar en segundos a explotar en frustración agarrándose el cabello - se vaya a casar con el profesor demonio de matemáticas, no tiene lógica.
-ya olvídalo Zenitsu, mira ahí viene nuestro tren – dice Tanjiro, subiendo al tren que abría sus puertas delante del grupo.
Este retomó su andar en cuestión de minutos, dejando solos a Tomioka y Shinobu con diversas expresiones al haber escuchado la conversación de los jóvenes. Ella parecía bastante divertida mientras que él tenía una expresión perpleja.
-¿sabes, Tomioka-san? Tengo un poco de hambre ¿te parece que vayamos a comer algo?, es decir, si no te importa acompañarme -
-no, está bien – responde apenas con un perceptible gesto – hay un lugar aquí cerca
-bien, pues vamos – ella lo toma del brazo, un gesto al que Tomioka apenas reacciono pues era algo que la chica hacia desde la preparatoria, por eso muchos pensaban que eran pareja a pesar de no tener nada oficial.
Fueron a un modesto local al que Tomioka solía ir a veces, pues ahí, a su parecer, era el único lugar en el que preparaban bien su platillo favorito; salmón a fuego lento con daikon. Shinobu por su parte pidió un ramen sencillo, pero, antes de si quiera mirar su platillo cuando lo pusieron frente a ella, se quedó observando disimuladamente cuando Tomioka dio el primer bocado, viendo con encantó como el inexpresivo hombre mostraba una pequeña sonrisa mientras masticaba. Algunas cosas nunca cambiaban.
-¿qué pasa Kocho? - pregunta al sentir que lo miraba
-nada, solo que casi no has cambiado desde la preparatoria – se vuelve a su platillo, tomando los fideos humeantes a los que les sopla antes de llevárselos a la boca.
- entonces... ¿la señora Tamayo cerrara sus clases? - cuestiona él, pasando de largo el anterior comentario.
-cuando entre estaba por hacerlo, casi ya no tenía alumnos y no le alcanzaba la renta – le cuenta, llevándose pequeños bocados – pero ahora que tantos se han unido quizá dure un poco más - eso parecía alegrarla, Shinobu siempre buscaba ayudar a los demás.
-si sigo yendo a clases... ¿seguiré siendo tu compañero? - cuestiona atento a su platillo, como si le estuviera preguntando a este, por lo que ignora la sonrisa satisfecha de Shinobu.
-pues, supongo que no hay opción, la mayoría va en parejas – finge que no le quedaba de otra - además... dudo que alguien más le agrade que seas su pareja, no le agradas a muchos desde la prepa.
-a mí nadie me odia - suelta el mismo debate de antaño cada vez que Shinobu le decía que no le agradaba a nadie, comenzando a sentirse como en los viejos tiempos.
Empezaron a ponerse al corriente de sus vidas tras que se graduaron de la universidad, contándose acerca de sus trabajos, de lo que ha sido de sus familias y demás. En efecto, el ambiente entre ellos comenzó a ser como en los viejos tiempos en preparatoria en los que ella solía molestarlo picándole sorpresivamente las costillas, siguiéndolo casi a todas partes. Bromeaban entre ellos a su peculiar forma, lanzándose comentarios pasivo-agresivos, pero claro, nunca ofensivos.
Ambos, durante esa cena, se cuestionan en silencio si en esta segunda oportunidad que se volvían a ver las cosas serian diferentes, si al fin, llegaría a darse algo oficial y no solo especulaciones de lo que a vista de todos era obvio, y que, pese a los años, aún seguía ahí.
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-¿cómo es que algo tan simple puede dar este dolor de espalda? - se queja Sanemi poniendo sus manos en su espalda al llegar a casa junto a su prometida, quien solo sonríe ante las quejas de su novio – no hicimos gran cosa y yo voy al gimnasio dos veces a la semana donde levanto pesas, corro todas las mañanas y nunca me había sentido tan agotado – para él no tenía lógica que las clases de baile le resultaran tan cansadas.
-es porque aún estas demasiado tenso, cariño - le da un beso en la mejilla, viendo como su novio se cruza de brazos emitiendo un gruñido - si quieres dúchate primero en lo que yo preparo la cena – va a la cocina tarareando la melodía que bailaron en clase, ante lo que el peliblanco sonríe enternecido.
Se dio un rápido duchazo de menos de quince minutos, pero fue suficiente para que su espalda se relajara y se le pasara el dolor, por lo que ya estaba en su habitación descalzo solo con su pantalón de pijama y el torso descubierto. Kanae tenía razón, había estado demasiado tenso durante la clase, y bueno, es que, el ver que sus alumnos llegaron también...
Sabía cómo esos mocosos lo habían apodado, el akuma sensei, pero lejos de ofenderse, le causo cierto orgullo así que, al darse cuenta de que vieron que justo el akuma sensei tomaba clases de baile, bueno, sintió que su reputación caía en picada.
Sin embargo, al recordarse bailando con Kanae y observar su rostro tan sereno, se olvidó por completo de lo que fuera a ser su reputación en la escuela, aunque aún así cuando Kanae subió por su abrigo y vio a esos tres solos aprovecho para darles una pequeña advertencia.
Su hermosa prometida parecía contenta, a decir verdad, no la había visto tan alegre de hacer algo que no fuera dar sus clases. Sabía que ella quería tener con él un gran baile en su boda, le hacía mucha ilusión eso, así que por eso accedió a tomar clases. Pero, a cómo iba, dudaba dar un gran espectáculo como bailarín, aunque faltaban varios meses para su boda.
-aaggh no puede ser tan difícil - se levantó de la cama de donde estaba sentado, posicionándose en la primera pose que les enseño la maestra como si estuviera agarrando a una Kanae invisible y empezó a practicar los pasos básicos que vieron en clase.
En esos momentos, justamente la angelical maestra de biología subía a su habitación para avisarle a su futuro esposo que la cena ya estaba lista, pero se detuvo, callándose el inicio de la silaba que estaba por decir cuando lo vio atreves de la puerta entreabierta bailando solo, practicando precisamente los pasos que acababan de ver en clase. Aquello la conmovió profundamente, llevándose una mano al pecho y reteniendo las lágrimas de felicidad. Ver eso solo termino por confirmar lo que sabía desde hace mucho tiempo: Sanemi era el hombre para ella. Podría ser algo tosco y mal humorado, pero se sentía protegida con él y ella sabía que podía llegar a ser muy atento y dulce, solo que no era muy abierto con sus emociones en público.
Abre con cuidado la puerta para no interrumpirlo, pero estaba tan concentrado que ni la siente entrar hasta que habla.
-ya lo estás haciendo mucho mejor – de inmediato Sanemi se pone en posición de firmes al escucharla, tornándosele la cara completamente roja, más encantador no se pudo ver para Kanae - ¿te he dicho lo mucho que te amo? - lo abraza por detrás, recargando su frente en su fornida espalda.
-lo sé, después de todo, aceptaste casarte con un gruñón como yo – dice sonriendo como un idiota, o eso sentía él.
-eres el gruñón más lindo que he conocido y con el que me voy a casar – este se da la media vuelta, quedando de frente.
Kanae tuvo que levantar la mirada ya que Sanemi era mucho más alto que ella. Se veía sumamente apuesto cuando le sonreía con tal ternura, bueno, siempre se veía apuesto, aunque estuviera con su usual gesto serio, ese hombre la tenía a sus pies.
-¿te parece si ahora... - acerca su rostro a su cuello, dándole esos pequeños besos a los que le era imposible resistirse – te enseño mis propios movimientos en la cama? - empezó a morderla suavemente en la oreja, sabiendo que ese era su punto débil - creo que es ahí donde me destaco mejor.
-eso no te lo discuto – apenas suelta en un gemido, simplemente no podía resistirse cuando su novio la empezaba a seducir.
Este no necesita más, así que la toma de la cadera haciendo que sus piernas rodeen su cintura, tirándola suavemente de espaldas en la cama en donde empieza a atacarla con una serie de candentes besos en su cuello, en su clavícula y en el inicio de sus senos cuando le desabrocha la blusa mientras escuchaba la excitante melodía de la voz de Kanae que cantaba el placer por sus atenciones previas.
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Obanai llego a su solitario departamento colgando su chaqueta en el perchero y aventando las llaves sobre el buro cerca de la puerta. Encendió la luz del pasillo, dirigiéndose a la cocina donde abrió el refrigerador y saco un pequeño tóper que metió al microondas, poniéndolo en marcha. En eso, siente su celular vibrando en sus bolsillos, al revisarlo, nota con una dulce sonrisa que se trataba de un mensaje de Mitsuri, a quien recién acaba de dejar a su casa al salir de las clases de baile.
"¿llegaste a casa?" - redactó su novia
"si, acabo de llegar. Justo ahora estoy calentando algo de cenar" - responde él, poniendo luego el celular en la mesa para sacar su cena del microondas.
"gracias enserio por acompañarme a esto. Me divertí" - junto a ese texto, pone una cara sonriente sonrojada. Obanai podía ver claramente la dulce expresión de Mitsuri al momento de escribirlo.
"me gusta verte contenta, Mitsuri" - él no era de poner emojis, así que lo deja sin nada adjunto, pero Mitsuri responde a ese mensaje con un corazón.
Tras eso, no hubo más mensajes, se imaginó que ya estaría cenando junto a su familia, ellos siempre se esperaban para cenar todos juntos, en varias ocasiones lo han invitado. Él empezó a comer lo que le quedo de la noche anterior, un poco de arroz y verduras, nunca tuvo un gran apetito, de hecho, su novia comía casi lo triple que él. Solo recordar lo feliz que se le veía al comer lo hacía sonreír y sentirse bien, imaginarla riendo junto a su numerosa familia, lo llenaba de dicha.
Mitsuri era la mayor de cinco hermanos, sus padres tenían una lucrativa panadería que también era una cafetería y que abrían en las mañanas para ofrecer deliciosos desayunos. Sus padres eran muy cariños y agradables, se notaba que tenían una gran relación, al conocerlos supo porque ella era tan encantadora y alegre.
La vida de Mitsuri era un total contraste con la de Obanai. Él perdió a su madre desde que era muy pequeño, no tenía hermanos así que solo fueron su padre y él, un abogado de éxito duro e inflexible que prácticamente lo obligo a seguir la misma carrera. Su infancia fue bajo una sombra estricta, entre libros y sacar siempre notas perfectas, pero, aun así, jamás obtuvo de su padre una pequeña felicitación o recompensa.
Cuando se graduó, encontró un trabajo en un despacho en otra ciudad, lejos de su padre, no deseaba estar bajo su sombra nunca más a pesar de que tuviese que empezar desde abajo y no en un puesto alto si trabajaba para él.
Su departamento era pequeño, pero mucho más cómodo y tranquilo que la fría mansión de su padre. Incluso pudo tener la libertad de tener una mascota, algo que el hombre siempre le negó.
Se trataba de una boa albina a la que llamo Kaburamaru, desde que o vio en una tienda de mascotas sintió una conexión con el peculiar reptil que lo miro tras el cristal como si lo conociera.
Su vida desde que salió de los ojos fríos vigilantes de su padre fue más tranquila, pero aún estaba en las sombras, con una vida monótona. Salía de vez en cuando con algunos de sus compañeros, pero solo muy de vez en cuando a tomar algo, luego regresaba al departamento y estudiaba los casos hasta altas horas de la noche hasta que el sueño lo vencía. Se volvió un gran abogado, un experto en su oficio. Ganaba lo suficiente para mudarse a un departamento más lujoso, pero decidió quedarse donde estaba pues para él era suficiente al vivir solo, además que nunca invitaba a nadie, por lo que no tenía nada que demostrar o presumir.
La luz llego a disipar sus sombras al primer momento en que vio a Mitsuri, se podría decir que fue amor a primera vista y tuvo la suerte, bajo ciertas circunstancias, de conocerla, salir como amigos y para agregar una bendición más, que aceptara ser su novia. Desde entonces, tuvo otro objetivo más de vida, uno que le daba incluso sentido a esta carrera a la que se vio obligado a tener; hacerla feliz. Por eso acepto tomar estas clases de baile con ella pese a que era algo que nunca en su vida se imaginó hacer, pero a ella parecía hacerle ilusión.
Una vez termino de cenar y lavo los pocos trastes que uso, se fue a recostar a su cama aun con su pantalón de vestir y su camisa formal de rayas blancas y negras verticales. Se había soltado un poco la corbata para estar más cómodo en su pequeño descanso antes de ir a tomar un baño. Miro a lado suyo donde había un pequeño buro sobre el cual estaba una lampara apagada y una pequeña caja de terciopelo la cual tomo y abrió, revelando un hermoso anillo rosa con un diamante del mismo color en forma de corazón y con pequeñas piedras de jade en el aro.
Lo saco de la caja y lo puso arriba suyo, mirándolo con atención por varios ángulos. No había prendido la luz de la habitación, pero los rayos de la luna iluminaban aquella joya que le recordaba a su amada.
Aquella mañana, hace tres meses, no salió con la idea de buscar un anillo de compromiso para pedirle matrimonio, de hecho, cumplían apenas un año de noviazgo. Su intención ese día fue comprar un ramo de rosas e ir por ella. Tenía pensado sorprenderla con un picnic en la colina de un parque cercano, él mismo había preparado toda la comida que a ella le gustaba.
Caminando de vuelta a su auto, un anillo que se exhibida tras un cristal de una joyería llamó su atención. Era aquel anillo que en ese momento contemplaba.
Se quedo observándolo un rato, era totalmente hecha para Mitsuri. Hasta ese momento no había pensado en proponerle matrimonio, no tan pronto al menos, pero al ver ese anillo lo supo, supo que definitivamente que lo que más deseaba era estar el resto de su vida con Mitsuri, quería despertar cada mañana con ella, saber que lo esperaba en casa o él a ella.
No pudo evitar entrar a la joyería y pedirle a la encargada que le mostrara aquel anillo.
-la piedra en el corazón es una turmalina y las piedras verdes a los lados son jades – le explica la señora - es una combinación muy linda, ideal para una mujer de carácter dulce – justo la descripción de Kanroji – podemos apartársela si de un primer pago de...
-me la llevo – dice Obanai, buscando ya su cartera, sorprendiendo a la vendedora
-pero señor... el precio...
-no importa... - es todo lo que dice extendiéndole ya su tarjeta de crédito.
Tres meses después y aún tenía dudas, pero no de si quería casarse con Mitsuri, eso era definitivo, siempre que se lo cuestionaba la respuesta era si, una y otra vez sí. De lo que dudaba, era si sería pronto, llevaban poco más de un año de novios. Han tenido relaciones, claro, y algunas veces se quedó a dormir en su departamento, pero nunca si quiera le ha comentado que vivieran juntos. Ella venia de una familia muy unida ¿qué tal si aún no quería separarse de ellos? Sería un paso enorme para alguien que siempre vivió con sus padres y sus hermanos menores bajo un mismo techo. No es que él vaya a separarla de ellos, jamás le quitaría esa parte de su felicidad, pero...
En medio de sus debates internos, siente a Kaburamaru arrastrarse a lado suyo, subirse a su pecho y mirarlo fijamente con aquel par de ojos rojos.
-¿cómo te las sigues arreglando para salir de tu pecera? - aquel reptil solo lo sigue mirando, sacando su lengua para luego, volver su vista al anillo que Obanai sostenía - ¿no será demasiado pronto? ¿debería esperar un poco más? - cuestiona, como si se lo preguntara a Kaburamaru, este vuelve a mirarlo a él - aunque siento... que ya llevo una vida esperando... - guarda el anillo de nuevo en la caja, la que guarda en uno de los cajones del buro – iré a darme un baño - le dice a su mascota, dejándolo en la cama.
Pero antes de empezar a prepararse, recibe otro mensaje de Mitsuri:
"Obanai ¿mañana almorzaremos juntos? Salgo temprano" - adjunto a esto, había un emoji sonriente y sonrojado.
" por supuesto, te vere mañana, que descanses" - lo envía, pero espera ya que aparece que estaba redactando otro mensaje.
"descansa, no te quedes tan tarde estudiando tus casos, debes dormir más" - esto lo hace sonreír enternecido, van muchas veces que lo reprende de forma adorable por no dormir lo suficiente
" descuida, solo me daré un baño y me iré a dormir" - envía, ve que ella está escribiendo algo más.
"¿lo prometes? - adjunto a esto, pone el emoji de la cara de gato suplicante
"lo prometo" -
"de acuerdo, que duermas bien"
"tú también, te amo"
Del otro lado de la línea, Mitsuri, estaba ya acostada en su cama con la chamarra blanca de rayas negras verticales que Obanai le puso en cuanto salieron de las clases, ya que ella había olvidado traerse un abrigo. Miraba con ternura y sintiéndose infinitivamente el último mensaje que le envió su novio, comenzando ella a redactar otro.
"yo también te amo" - adjunto a lo que creyó que sería el último mensaje, le puso varios corazones.
Novios que había tenido anteriormente le decían con cierta crueldad que mandar mensajes con esos emojis era muy infantil de su parte, haciéndola sentir una tonta. Debía contenerse al comer frente a un chico, pues la miraban raro porque para ser una mujer comía demasiado. Pero Obanai, siempre la invitaba a comer otro platillo más y la esperaba mientras la miraba con amabilidad y ternura, no importaba cuanto se tardará. Le mandaba mensajes muy bonitos y la alentaba en todo, no le decía nada sobre mandarle mensajes con emojis, era sumamente lindo con ella, la hacía muy feliz.
Ya estaba por apagar la luz para irse a dormir, cuando sintió que llego otro mensaje, que era de parte de su novio.
"estoy ansioso por la siguiente clase de baile, aunque temo tardar mucho en ser tan natural como tú" - esto la hace sonreír aún más.
"yo también estoy ansiosa, y no importa, me gusta hacer esto contigo" - manda ella
"a mí también, buenas noches"
"buenas noches" - y finalmente es el último mensaje, ya estaba fuera de línea.
Mitsuri apago la luz, pero se quedó un rato soñando despierta mientras se tapaba hasta la nariz con la chaqueta de su novio, deleitándose con el fresco aroma a colonia otoñal.
Comenzó a fantasear con la idea de llegar a bailar con Obanai como en las películas de romances musicales que le gustaban. Él vestido como un apuesto príncipe y ella con un hermoso vestido de princesa, bailando juntos por cada rincón de un hermoso salón elegante. Ella era así, muy cursi y soñadora, pero, aunque no se hiciera realidad no importaba, con clases de baile o sin ellas, era muy feliz con su querido Obanai.
