Un mundo donde no esperamos a otra vida
Ship: Obanai x Mitsuri
Esta historia sucede antes de la muerte de Rengoku, y bueno, se cambiará muchos los hechos.
Fue basado en un fan comic que vi en Youtube, créditos a su respectivo autor, yo solo escribo lo que me imagino que paso después.
Eran uno de esos raros días en que los pilares tenían descansos, por lo que el pilar de la llama decidió invitar a Kanroji a ir a un puesto de soba. Sabía que su amiga y pupila no rechazaría una invitación a comer.
En su camino a la finca del pilar del amor, se topó con Iguro a unos metros delante suyo. Sonrió al deducir con seguridad que iba también a visitar a Kanroji pues solían pasar el tiempo juntos cuando tenían oportunidad, además, no era para nada secreto que Iguro estaba perdidamente enamorado de la peli rosa, así como era obvio que ella le correspondía. Únicamente eran ellos dos los que lo ignoraban.
-hola, Iguro – saluda a toda voz y de forma efusiva, causándole un escalofrió al aludido - ¿vas a la finca de Kanroji? - pregunta con descarada diversión, especialmente al ver el nerviosismo que inútilmente Iguro trataba de disimular.
-quiero ver cómo le fue en su última misión - responde sin encararlo
-bien, yo iba en camino a invitarla a comer ¿qué tal si nos acompañas? - lo ve dudar, por lo que cambia de estrategia – a Kanroji le daría gusto que te nos unas...
-está bien – accede, no muy seguro
No es que le desagradara el pilar de la llama, pero cuando Kanroji y él estaban juntos él se sentía algo incomodo pues ellos solían hablar y bromear mucho, incluso hacían competencias de comida, dejándolo un poco fuera del cuadro pues él era todo lo contrario a ellos; muy callado, casi no comía, a veces solo se limitaba a su taza de té.
Cuando llegaron a la entrada de la finca, se encontraron a Kanroji profundamente dormida sentada en el pórtico y recargada en un pilar. Para Iguro era una escena totalmente angelical y encantadora, se veía sumamente hermosa, pues tenía una encantadora sonrisa en su rostro. Aun cuando dormía estaba sonriente.
-al parecer se cansó mucho en su misión – comenta Rengoku
-sí, lo mejor es dejarla descansar otro poco – sugiere el pilar de la serpiente, siendo completamente ignorado ya que Rengoku ya se había acercado para picarle de forma juguetona la mejilla con su dedo.
-oye Kanroji despierta, vamos a comer soba -
-oye, no la toques - refunfuña Iguro
-huumm Iguro... ¿eres tú? - murmura Mitsuri dormida, causándole un leve estremecimiento al mencionado.
-así es, soy yo, Iguro – pero el que responde es Rengoku al ver que su compañero se había quedado mudo.
-no le mientas – vuelve a refunfuñar hacia el pilar de la llama
-ya veo, así que eres tú – vuelve a hablar entre sueños Mitsuri mientras sonreía cual hermoso ángel en la tierra – mi lindo Iguro...
El heterocromático se cubre inmediatamente el rostro al escuchar las dulces palabras de Mitsuri. Linda, era demasiado linda, más de lo que él era capaz de soportar.
-al parecer te quiere mucho, Obanai – y el comentario de Rengoku no ayudaba en lo absoluto a que el frenesí en su corazón bajara – bueno, trata de despertarla, yo iré a apartar los lugares – pide dándole un leve golpe en la espalda, procediendo a alejarse para dejarlos solos.
Iguro no estaba seguro que hacer, es decir, no tenía el corazón para despertarla, especialmente al verse tan en paz. Además, también disfrutaba tan sublime cuadro al verla dormir, por lo que, sin que pudiera evitarlo, se fue acercando hasta sentarse a lado de ella. Su mano, como si esta estuviera obedeciendo a su corazón y no a su razón, se fue acercando a su rostro, quedando a milímetros de tocarla con la yema de sus dedos. Justo en ese momento se detuvo al oír una alarma en su cabeza que le decía que no estaba calificado para tocarla, pero, fue la misma Mitsuri que, de forma inconsciente, se recargo en el hombro de Iguro, causándole un incremento súbito en los latidos de su corazón.
-Ka-Kanroji... - murmura con voz temblorosa mientras por su inquieta mente pasaba la cuestión sobre que debería hacer, no era correcto que estuviera de esa forma tan intima con ella, especialmente porque seguía dormida.
Pero, al mismo tiempo, tenerla tan cerca le daba la maravillosa oportunidad de mirarla con más detenimiento, de admirar su belleza.
Desde el primer día en que la vio perdida en la mansión del patrón, quedo cautivado al instante por su celestial belleza, sensación que no ha cambiado en lo absoluto, al contrario, mientras más convivía con ella más hermosa le parecía. La sensación de paz al estar con ella era abrumadora, olvidaba su pasado, las sucias manos de las personas que murieron inculpándolo desaparecían, la luz de Kanroji parecía bendecirlo.
-Kanroji... - murmura muy suavemente para no despertarla al tiempo que decide ser egoísta por ese momento y permitirse abrazarla, dejar que sus dedos pasen por las hebras de su sedoso cabello, deleitarse con su rostro que mostraba una dulce sonrisa – ojalá que este momento nunca terminara... – anhela mientras sigue acariciándola tan suavemente que parecía temer el causarle daño con el mínimo rose de su indigna mano - quiero... quisiera... casarme contigo... y hacerte feliz – se atreve a desear, sabía que era un deseo egoísta y para nada merecedor a cumplirse, pero al menos por eso momento, se atrevió a desearlo.
Con extremo cuidado, la recostó en sus piernas para que pudiera descansar más cómoda, y como quedo de lado hacía él, pudo disfrutar más el contemplar su angelical rostro mientras dormía, así como la sensación en sus dedos al acariciar su cabello mientras se decía a si mismo que solo cometería tal sacrilegio de tocarla por esa vez, solo por esa vez.
...
Poco a poco, Kanroji fue abriendo sus ojos, sintiendo primero algo cálido cubriéndola y cuyo olor le parecía familiar, un olor otoñal, como a un día de lluvia. También sentía sobre su hombro un pequeño peso extra cuidándola, confortando sus sueños porque, de hecho, sentía que había dormido mejor que nunca.
Al ir despertando un poco más, pudo distinguir que eso que la cubría era el haori a rayas de Iguro, que el peso extra en su hombro era su mano sobre ella y que sobre lo que estaba recostada eran unas piernas. Miro entonces hacia arriba, descubriendo el rostro dormido de Iguro. Se había quedado dormida en sus piernas de alguna manera que no recordaba, empezó a ponerse inquieta por la vergüenza, sintiendo como su rostro se calentaba y sonrojaba al instante.
-¿como? ¿cómo termine durmiendo en el regazo de Iguro? - se cuestiona muriéndose de vergüenza, pero sin atreverse a levantarse por temor a despertar a Iguro y no ser capaz de mirarlo a la cara - ¿ahora que hago? Que pena, aunque... es primera vez que veo el rostro de Iguro durmiendo – empieza a tranquilizarse mientras lentamente alza su mano hacia Iguro – se ve muy lindo – sonríe con ternura, tocando apenas la mejilla de Iguro con la yema de sus dedos.
Sin querer, y debido a que la cabeza de Iguro estaba hacia abajo, la vendas que cubrían su rostro se sueltan. Mitsuri se sobresalta un poco por eso al tiempo que la curiosidad de ver que era lo que ocultaban esas vendas la invaden. Desde hace mucho deseaba ver el rostro completo de Iguro pero por respeto a su privacidad, nunca si quiera le insinuó nada respecto a eso. De hecho, ninguno de los pilares sabía nada al respecto, Iguro nunca hablaba de su pasado con nadie.
Con cuidado para no despertarlo, baja sus vendajes, los cuales debido a que ya estaban sueltos, ceden con facilidad, rebelando el rostro completo de Iguro y lo que ocultaba tras esas vendas.
Mitsuri lo observa sorprendida, y no por las cicatrices que tenía en sus mejillas, no estaba asustada ni nada, solo observa el rostro que anhelaba conocer desde hace tiempo, un rostro muy lindo y a cuya mejilla llevo su mano.
-Kanroji... - Iguro empieza a despertarse.
-lo siento – quita inmediatamente la mano al tiempo que su rostro adquiría un fuerte sonrojo y se incorpora – no, no era mi intención, estaban sueltas y...
-¿de qué hablas? - aún estaba adormilado, de hecho, había dormido demasiado bien pese a dormir sentado y con Kanroji en sus piernas.
Es entonces que nota que las vendas colgaban de su cuello, alarmándolo y cubriéndose de inmediato su boca con sus manos.
-Kanroji... ¿por qué lo hiciste? - pregunta un poco severo, mirando a otro lado y colocándose de nuevo las vendas.
-perdona, estaban sueltas y yo... disculpa, no debí hacerlo, está bien si te enfadas conmigo – baja su rostro y cierra sus ojos para evitar que las lágrimas salieran.
Que tonta había sido, Iguro siempre ha sido tan amable con ella y ahora lo había hecho enfadar. Pero era todo lo contrario, pues Iguro al verla tan asustada y triste se sintió de lo más miserable. Ella nunca, en la vida, podría hacer nada malo, mucho menos hacerlo enfadar.
-no, Kanroji, no me mal interpretes – aclara de inmediato – no es que me haya enojado, es que... no quería que vieras esto – se toca la mejilla por encima de las vendas.
-¿porque no? -
-es... era algo que hubiese sido mejor que no vieras, mi rostro... no es agradable de ver... no quería que te asustaras...
-no estoy asustada, en lo absoluto – toma el rostro de Iguro con gentileza, derritiéndolo y provocándole un mini infarto a la vez – son solo cicatrices, no sé lo que representen para ti, pero para mí, no cambia nada. Sigues siendo el chico gentil y amable que, no importando cuanto me tarde en comer, siempre me espera con una sonrisa, quien siempre me escribe cartas muy bonitas felicitándome y alentándome.
-Kanroji... - murmura sumamente enternecido
-no sé por lo que hayas pasado, me gustaría que alguna vez lo compartirás conmigo si quieres, pero sea lo que sea no cambiara lo que pienso de ti – baja su rostro, sonrojándose por lo que estaba a punto de confesar – nada de lo que me digas hará que deje de quererte, Iguro – por la incertidumbre de saber si su confesión seria bien recibida, suelta el rostro de Iguro, no atreviéndose a mirarlo de nuevo.
Él por su parte, abre sus ojos en conmoción ante las palabras dichas por Kanroji que retumbaron como el eco de una melodiosa campana de viento. Su corazón empezó a latir desenfrenado al estar tan lleno de regocijo. ¿era real? ¿de verdad era real lo que acababa de escuchar o solo se trataba de un hermoso sueño?
-yo... también te quiero Kanroji... - ella alza de nuevo el rostro – te quiero mucho, desde el primer día que te vi yo... me enamore de ti... - las lágrimas se empiezan acumular en el rostro de Mitsuri, pero esta vez, eran de pura felicidad por las palabras tan lindas de Iguro – pero... no soy alguien digno para merecer tu cariño, vengo de un linaje sucio que adoraba a un demonio solo porque les daba riquezas. A mí me tenían como un sacrificio y por eso me cortaron la boca – Mitsuri no dice nada por un momento al procesar lo que Iguro le decía. Sintió el pecho estrujársele por tal doloroso pasado que tuvo que sufrir.
-lamento mucho que hayas tenido que vivir eso, Iguro, pero, aun así, no me importa, te quiero, te quiero mucho y quiero estar contigo – de nuevo baja las vendas de su rostro. Iguro estaba tan conmovido que no intenta detenerla – eres el único que me ha aceptado tal como soy, que me ve como realmente soy, solo tú - le dé un tierno beso en la mejilla, justo en una de sus cicatrices.
Iguro siente que se le va la vida en ese inocente beso, y a la vez, sentía que nacía de nuevo pero esta vez, sin tener ese terrible pasado, sin tener aquellas sucias manos que lo arrastraban a la oscuridad.
Cuando separa sus labios de su mejilla y ve el rostro sorprendido de Iguro mirándola, la sangre se acumuló en su rostro en un fuerte sonrojo al caer en cuenta el tremendo atrevimiento que tuvo.
-lo... lo siento... - se cubre su sonrojado rostro con ambas manos – yo... no sé...
Detiene su balbuceo al sentir que la tomaba gentilmente de las manos, retirándoselas de su cara. Los ojos de Iguro siempre la han parecido hermosos, y en ese momento, le parecían que lo eran aún más al verlos brillar al mirarla directamente, al mirarla solo a ella.
Suelta sus manos, para llevar las propias a su rostro. Mitsuri se queda quieta, enmudecida, pero en la dulce de espera de que pasara lo que anhelaba que pasara. Sus deseos fueron concedidos al momento en que Iguro llevo sus labios a los de ella, dándole un beso suave y delicado, lleno de devoción y dulzura, incluso aún más que la miel que tanto le gustaba.
-lo siento – murmura él, quedando a centímetros de su cara.
En parte su disculpa era genuina, pues aún pensaba que no era merecedor de tal deleite. Y también, se disculpaba porque sencillamente no pudo resistirse.
Kanroji, con lágrimas de felicidad brotando de su cara acompañadas de una enorme sonrisa, niega con la cabeza.
-está bien, eso me hizo muy feliz – dice ladeando el rostro hacia donde Iguro aun mantenía su mano, poniendo encima la suya.
-mi amada Kanroji – murmura en aterciopelada voz.
-mi lindo Iguro – se deja caer en su pecho. Iguro duda un momento, pero la termina envolviendo en sus brazos y recargando su mentón en su cabello - Iguro... - dice oyéndose algo insegura de continuar – sabes que nuestra vida como pilares es muy incierta, no sabemos lo que nos depare, así que... quisiera pedirte algo...
-quiero hacerte lo más feliz posible, Kanroji, así que puedes pedirme lo que quieras...
Aunque se lo dice de una forma sumamente encantadora, aun así, a Mitsuri le da un poco de pena continuar con su petición.
-yo... quisiera saber si... quisieras... - el sonrojo se hace demasiado notorio, y sus ojos temblaban – si quisieras hacerme tu esposa... - finalmente lo mira a los ojos, temiendo por su reacción y su respuesta.
Por supuesto esto a Iguro lo sorprende bastante, es decir, hace un momento fue su deseo, su mayor anhelo. No terminaba de procesar que en verdad fuera a hacerse realidad, que fuera el mismo ser celestial que amaba quien se lo estuviera pidiendo.
-de verdad ¿es lo que quieres? - ella asiente, mostrando la sonrisa más encantadora que le ha visto – Kanroji... si en verdad dices estar bien con alguien como yo, entonces será una bendición y un honor para mí, hacerte lo más feliz que me sea posible – le da un beso en la frente, para luego estrecharla entre sus brazos – te amo - cuantas veces no había deseado tenerla de esa manera, esto aun le era irreal. Incluso llego a pensar que solo le diría aquellas palabras en otra vida.
-yo también te amo, mi lindo Iguro – se abraza a él, recargando su rostro en su pecho.
Mitsuri siempre deseo encontrar un hombre con quien pudiera ser ella misma, alguien que no se asustara por su fuerza y gran apetito, quien no la juzgara por el peculiar color de su cabello. Su sueño de casarse se estaba volviendo realidad, y justo seria con alguien que la quería tal y como es. Iguro por su parte, ya se sentía bendecido cada vez que podía estar con Kanroji, aun si era solo para invitarla a comer. Ahora compartiría su vida con ella, no sabía cuánto, pues su vida era muy incierta siendo pilares, pero estaba más que dispuesto a hacerla lo más feliz posible, todo lo que la vida le permitiera.
Claro que, primero tenían que ir a hablar con el patrón, aunque estaban seguros que no pondría objeción en validar su unión. De hecho, estaría muy complacido de que dos de sus hijos estén dispuestos a ser felices con su persona amada todo el tiempo posible que su precaria vida les permita.
