ADVERTENCIA:

RECUERDE EL CONTENIDO SEXUAL EXPLICITO Y VULGAR QUE YA FUE INDICADO EN LA ADVERTENCIA ANTERIOR, BLA BLA BLA...

NO SOY DUEÑA DE LOS PERSONAJES, SOLO ME DIVIERTO HACIENDO ESTO.

.

.

.

.

Un par de semanas antes de partir rumbo al castillo de su Señor, Rin y Sesshomaru pasaban nuevamente la noche en su cabaña. Dentro de la humilde edificación ambos daban rienda a sus pasiones, las cuales se volvían más fogosas a medida que la confianza entre los dos aumentaba.

Sin ningún otro testigo cerca más que la luna asomada en la ventana la joven humana yacía sobre suaves mantas; sus piernas estaban abiertas para que su maestro pudiese besarla más cómodamente. Ella respondía los salvajes besos con ímpetu permitiéndole que la tocara donde deseara.

-señor- articuló entre besos- a Rin le encanta...lo que usted le hace...

Una media sonrisa arrogante se formó en los labios del youkai, por supuesto que se daba cuenta que a ella le gustaban sus atenciones, pues no paraba de jadear y gemir su nombre, sumado a la manera en que Rin se mojaba era fascinante para el demonio.

Se había vuelto adicto a chupar sus pechos con vehemencia; los estrujaba con sus garras sintiendo su polla hinchada entre sus pantalones. Devoraba los senos de su joven y humana mujer, pero esta actividad ya no era suficiente para apaciguar los deseos carnales bestiales que intentaba controlar; Rin no se la hacía fácil gimiendo de esa forma tan sensual.

La muchacha deseaba más, estaba encendida, tan deseosa de ese demonio que no estaba dispuesta a no avanzar un poco más. Comenzó a meter su delicada mano entre los pliegues de su kimono, mientras Sesshomaru estaba enloquecido entre sus exuberantes pechos volviendola loca de deseo, ella buscó su joya que ya se encontraba completamente empapada y sin reparos se acariciaba buscando más placer; el lord gruñó al percatarse de la acción y tomó su muñeca para detenerla, ella lo miró confundida con su rostro ruborizado y jadeante.

-q...qué ocurre?.- preguntó a penas viendo a su señor directo a loa ojos increíblemente rojos de lujuria.

Él bajó hasta la entrepierna de la azabache y con rapidez desató el lijero kimono para montar las torneadas piernas en sus hombros.

-mientras tengas a este Sesshomaru no necesitarás buscar la autocomplacencia. Yo le daré a mi mujer lo que necesita.

Inhaló el exquisito aroma íntimo de Rin y lamió sus labios para comenzar a besarle la vagina sensualmente antes de atacar el rosado botón que estaba erguido orgullosamente listo para ser atendido por la enorme lengua del yokai. Lamió y chupó disfrutando ese suculento manjar durante horas; haciéndola venir una y otra vez sin poder saciarse de ese coño que lo estaba transformando en un adicto.

(...)

La situación continuó así durante días, en los cuales el demonio se dio un banquete con la vagina de su joven protegida, ansioso por que ella floreciera para poder hacerla completamente su mujer .