Joke's on you, Shota!

Episodio 2: El pequeño sol sonriente de Ketsubutsu

"Un nuevo día es una nueva oportunidad de sonreír"

Ese era el mantra de Emi cada mañana desde que era niña. Pero esta vez parecía no surtir efecto.

Era una mañana preciosa, había que admitirlo. Pero eso sólamente le hacía sentir peor. «¿No se supone que la tristeza y el dolor se acentúan en un día lluvioso?» pensó mientras se sentaba con lentitud en la cama y observaba por la ventana. Llevaba su pijama rosa claro con pequeñas mariposas de colores pastel. No tenía ganas de salir de la cama, se sentía cansada. Derruida sería la palabra más exacta, pero no podía quedarse ahí,había un compromiso que tenía que cumplir: Sus labores de docente.

Aspiró fuertemente antes de impulsarse para salir de la cama con un brinco, asustando al pobre minino que dormitaba allí y que salió corriendo lejos.

¡Perdón, Mr. Happi! —se disculpó al verlo sentarse en el sillón junto a la ventana a observar el exterior

A Emi le recordó cómo Eraserhead había mirado por la ventana antes de decirle que ni siquiera eran amigos y de ordenarle que no se acercara más a él y sintió cómo sus ojos empezaban a humedecerse.

Emi se mordió el labio para no llorar de nuevo por lo del día anterior. Se había puesto demasiado nerviosa y haber visto a Eraserhead en esa condición le hizo actuar de una manera que ni ella misma esperaba, declarando en qué preciso momento se había enamorado de él. Le dolía el pecho haber visto la magnitud de sus heridas y había tenido la necesidad de soltar esas cosas que jamás le había dicho a EraserHead a pesar de siempre pedirle una cita. Y se arrepentía mucho de haberlo hecho.

Pero… ¡Había estado tan preocupada! Cuándo supo que EraserHead estaba internado en el hospital, trató de conseguir información de cuándo podría recibir visitas. No era una tonta, Emi conocía con claridad los grandes peligros de ser un héroe profesional; era una profesión que podía ser pagada con ingratitud ante cualquier descuido y eso era justo lo que había estado ocurriendo estos días. Se había armado de valor para ir esa tarde con el ramo de tulipanes y había hecho de tripas corazón con el afán de no desmoronarse frente a él. Le había dolido el rechazo; si. Pero el verlo así, con las heridas tan graves aún sin sanar del todo, al igual que el alma rota de ese hombre había sido un panorama desolador y a pesar de que Emi trató de ser la misma de siempre, no lo logró. ¡Eso también le había dolido!

Se dirigió al baño y se miró en el espejo. Tenía los ojos hinchados y rojos, pues había llorado toda la noche en la soledad de su habitación, recordando las últimas palabras que Eraserhead le había dirigido.

Eres un chiste, Miss Joke… —le habló a su reflejo antes de dirigirse a la regadera para abrir la llave y dar paso al agua caliente.

Se despojó del pijama y se metió bajo el agua, no sin dar un pequeño gritito al sentir que estaba demasiado caliente. Se apresuró a abrir la llave del agua fría para poder temperarla hasta que la temperatura se tornó tibia y agradable. Se aplicó el shampoo despacio. Era una marca para niños, con aroma a chicle, su favorito. « Tal vez… Es por estas cosas que no le agrado... » pensó por un momento. ¿Sería que en verdad era muy infantil para alguien cómo EraserHead, que era siempre tan reservado y analítico? ¡Ella también era un héroe profesional a pesar de todo! No tenía caso pensar mucho en eso, ni siquiera eran amigos a pesar de los innumerables intentos de Emi por acercarse a él. Ayer había quedado más que claro, aunque ella ya lo sabía desde antes, por algo había elegido aquellos tulipanes cómo una pequeña esperanza que murió con las palabras de ese hombre.

Salió de la ducha y se envolvió en una toalla mientras con otra se secaba el cabello. Luego se dirigió a la pequeña cocina y se sirvió un gran tazón de cereal azucarado con leche. Sabía que el subidón de azúcar le ayudaría a pasar las penas para empezar el día de mejor humor.

Puso una playlist de Spotify y empezó a sonar "Drop pop Candy!" y sonrió mientras tarareaba la canción con la boca llena, bailando cómo una niña. Se levantó de la mesa con el tazón, comiendo y cantando, mirando a sus pequeños cactus que estaban en el marco de la ventana y que parecían estar en una fila para un concierto. Acarició al viejo gato gris que estaba recostado en su pequeño sillón junto a la ventana y éste ronroneó ruidosamente. Emi lo había rescatado poco después de que EraserHead hubiese dejado de trabajar en la agencia. Al felino le faltaba una oreja y tenía un ojo ciego, producto, seguramente, de la maldad de algún humano. Cuándo lo encontró, tenía unas quemaduras horribles y poco se pudo hacer para salvarle la oreja derecha. Emi lo había cuidado y no quiso darlo en adopción cuándo se recuperó. ¡Se iba a quedar a Mr. Happi y le daría la mejor vida que un gato pudiera desear!

Cosa que había hecho bastante bien. El minino a pesar de ser un perezoso todo el tiempo, cuándo la escuchaba llegar parecía llenarse de energía y comenzaba a pedirle mimos. Emi, en respuesta, jugaba con él siempre que podía, le hablaba de cómo estaba su día o simplemente lo acariciaba. Mr. Happi maullaba en algunas ocasiones cómo si comprendiera lo que le decía, incluso se le repegaba y ronroneaba cuándo la escuchaba reír.

Apenas terminó de desayunar Emi se lavó los dientes y se vistió a toda prisa. Se estaba sintiendo mejor; si no pensaba en el desastre de la tarde anterior podría seguir con su vida. Se peinó y se anudó la pañoleta, después su traje de heroína y se puso los zapatos. Antes de salir, le sirvió un poco de comida húmeda a Mr. Happi, quién ronroneó de gusto mientras devoraba el alimento.

¡Ya me voy, Mr. Happi! ¡No te pelees con los cáctus! —se despidió Emi riendo —Ya sabes que no les puedes ganar…

Mr. Happi pareció responder con el maullido que dió y Emi cerró la puerta.

Aspiró el aire fresco por la mañana mientras caminaba desde su departamento hasta el edificio principal de la academia Ketsubutsu. Unos cuántos alumnos al pasar la saludaban con energía y Emi respondía del mismo modo. Estaba dispuesta a olvidarse del asunto de EraserHead y tener un buen día. Todo iba tan bien hasta que se topó con Haru.

¡Buenos días, Joke! —la saludó con un tono alegre pero perezoso.

¡Buenos días, Chillout! —le sonrió Emi haciendo un saludo con la mano.

Se acercaron para continuar el camino cómo todas las mañanas. Ellos eran primos, sólo que Haru era un par de años menor que Emi, aunque era mucho más alto que ella. Habían crecido juntos desde que el padre de ella había fallecido. Sus tíos la habían llevado consigo, pues no tenía a nadie más.

Al principio Haru, al ser hijo único, sintió la presencia de su prima de 10 años cómo una invasión a su reinado cómo el centro del universo de sus padres, pero en poco tiempo Emi demostró ser una niña atenta, amable y graciosa. Siempre sonriente, siempre ayudando, siempre diligente. ¡Parecía un pequeño sol a dónde quiera que iba!

Pero Haru pronto descubrió que Emi era una niña brillante e inteligente que solía guardar el dolor y la tristeza en privado. No le gustaba que la vieran triste ni preocupar a los demás. Se volvieron confidentes y Haru se llenó de admiración por ella, deseando seguir sus pasos cuándo, siendo adolescente, Emi decidió que quería ser una heroína profesional.

A veces, más que primos parecían hermanos de lo bien que se conocían. Por eso apenas verle la cara, Haru supo que algo le había afectado profundamente a Emi, pues aún se notaban los vestigios de una larga noche de llanto y las pequeñas ojeras.

¿Qué te pasó? —preguntó agachándose para mirarle bien el rostro —¡Estuviste llorando!

¡Claro, estuve llorando de la risa viendo el programa de comedia anoche, fue muy divertido! —rió Emi tratando de desviar la atención

Joke…

¿Si, ChillOut? —preguntó Emi pestañeando con fingida inocencia

El programa de comedia es los miércoles y hoy es martes... —dijo ajustándose sus pequeñas gafas de sol redondas

Es que encontré un nuevo programa a través de internet. ¡Te lo voy a pasar luego!

Joke… —Haru la miró con cierta desconfianza

¿Si, ChillOut?

¿Tengo que usar mi quirk contigo? —preguntó Haru frotándose el cuello

Emi negó con la cabeza —No, pero no quiero hablar de ello en este momento. Es muy temprano ¿Te parece si después de clases?

¿Quieres que prepare el té que te gusta?

¡Por favor! ¡Yo llevaré algo de comer! —respondió Joke levantando un pulgar en señal de aprobación.

Haru la imitó, con un gesto no tan animado, pero si bastante relajado. Emi y Haru tenían un aire bastante parecido, aunque a diferencia de Emi, Haru poseía un cabello verde oscuro que le llegaba hasta la nunca y tenía las puntas hacia afuera. Sus ojos eran de un precioso color dorado y tenía un lunar cerca del ojo derecho . Era de complexión delgada pero trabajada. En la academia era bastante popular entre el alumnado por su actitud tranquila pero directa, aparte de que las alumnas en general lo encontraban agradable y atractivo. Medía 1.80 y tenía un lindo bronceado que le daba una esencia de estar en unas eternas vacaciones de verano, aunque fuera en realidad bastante ñoño y fanático de los puzzles.

Mitsui estará encantado de que nos visites; hace tiempo que no vas a vernos.

Tú más que nadie sabe lo demandante que es ser profesor, ChillOut. Pero le llevaré algo delicioso para compensarlo

Adora tus visitas así que si no llevas nada, no hay problema. —sonrió de buena gana —Estoy seguro que apenas le avise, se pondrá a cocinar cómo para un regimiento.

Emi sonrió con sinceridad, Mitsui era el esposo de Haru, se habían casado hacía unos cinco años y eran muy felices. Era un buen hombre, cariñoso y amable a pesar de su apariencia ruda y tosca.

Haru estaba bastastante preocupado por Emi. Le gustaría ver a su prima no tan solitaria cómo lo era románticamente hablando. Encontraba extraño que no saliera ya con alguien, pues era linda y popular. La gente la consideraba ingeniosa, graciosa y encantadora. Sabía que ella estaba enamorada de alguien hacía unos años, Haru no lo conocía en persona, pero sí tenía conocimiento de que también era un héroe profesional, un hombre solitario y con una fama de ser bastante duro cómo profesor de la U.A.

Llegaron pronto al edificio principal. Haru era profesor al igual que su prima, sólo que de primer año.

Emi se despidió de Haru y se dirigió a su mesa en la sala de profesores para buscar las listas de asistencia y el itinerario del día. Hoy más que nunca, debía demostrar que ella era la Heroína de la Sonrisa y que no había pesar que pudiera con ella mientras siguiera sonriendo.

Sólo que el mensaje que recibió le hizo dejar de sonreír.

Continuará….