Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo XII: El primer amor
El desconocido cubría la mitad de su rostro con una mascarilla de metal, la cual retiró para dedicarle una sonrisa a la chica, dejando su pregunta sin responder. Traía una capucha sobre su cabeza, mas no tardó en quitársela también, enseñando una melena corta y negra. Las penumbras impedían que sus facciones fueran del todo visibles, pero Yuzu pudo identificar una complexión delgada gracias a su vestimenta: una especie de uniforme de combate ceñido al cuerpo.
Y lo más importante, no lucía… como ellos.
—Tú debes ser el nuevo sacrificio de la mansión Sakamaki, ¿me equivoco? —preguntó él, manteniendo la actitud amistosa.
Yuzu se sobresaltó, desconfiada. Esa simple frase contenía mucha información: si sabía del sacrificio, sabía de los vampiros, y si sabía de los vampiros… ¿Qué estaba haciendo en sus dominios? ¿Acaso era uno de sus tantos familiares? ¿Un aliado?
—¿Conoces a los Sakamaki? —preguntó.
—No personalmente, pero sé que son los hijos de Karlheinz —respondió el extraño, encogiéndose de hombros.
—¿Karl…?
Era primera vez que Yuzu escuchaba ese nombre. El muchacho se inclinó hacia ella y le extendió una mano, dispuesto a ayudarla a incorporarse.
—Mi nombre es Natsume Harada y soy un cazador —se presentó, desconcertando profundamente a la castaña.
—¿Un… cazador? —repitió ella, aún en el suelo.
—Así es. —Natsume se percató que Yuzu hizo caso omiso a su mano extendida, por lo que la bajó con un destello comprensivo en su semblante—. Puedo ver en tus ojos que la has pasado bastante mal. Tranquilízate, soy un humano igual que tú.
Habiendo confirmado su suposición, la chica sintió alivio, pero no podía darse el lujo de bajar la guardia. Ese sujeto se veía demasiado sospechoso.
Después de estudiarlo en silencio, se incorporó por cuenta propia y le preguntó:
—¿Qué significa eso de ser un cazador?
—Quién sabe. Es algo que me vengo preguntando desde hace un tiempo… —respondió él con cierta amargura, enderezándose junto a ella, pero la humana no estaba de humor para ambigüedades ni existencialismos. Natsume lo notó y siguió hablando—: De momento, somos los únicos humanos que podemos hacerle frente a un vampiro y vivir para contarlo. Aunque no estoy realmente interesado en seguir peleando contra ellos, así que me escapé.
—¿Escapaste? ¿De dónde? —preguntó Yuzu, manteniendo su escepticismo.
Natsume enarcó una ceja y se llevó una mano hacia la cintura.
—Oye, me estás haciendo muchas preguntas y ni siquiera sé tu nombre. Además, ¿a ti qué más te da? Pronto esos sujetos te matarán de todas formas.
Ella tuvo que morderse la lengua para no manifestar su molestia por el exceso de sinceridad. "Genial. Todos en este sitio, vampiros o no, me ven como un cadáver ambulante", pensó, colocando los ojos en blanco.
—Soy… Yuzuki Katō. El nuevo sacrificio de los Sakamaki —confirmó de mala gana y leve ironía.
—¿Has dicho Katō? —se sorprendió Natsume, acercándose hacia ella con imprudencia, como si quisiera ver mejor su rostro—. Tu cabello… y ese lunar… ¿No conocerás de casualidad a Hideo Katō?
Yuzu se apartó con incomodidad, cubriendo su boca con una mano como por reflejo.
—¿Por qué sabes el nombre de mi papá?
—¡¿El maestro es tu padre?! —exclamó el cazador, a medida que la mandíbula se le desencajaba de la impresión. Observó a Yuzu con recobrado interés y se llevó una mano a la cabeza, sin dejar de sonreír—. Vaya, y yo que solo planeaba sacarte algo de información para averiguar el paradero del lobo. Esto debe ser obra del destino.
"¿Maestro? ¿Lobo?" La chica no tenía idea de qué estaba hablando, por lo que se limitó a arrugar el ceño con extrañeza, como si él fuese un bicho raro. Aun en la penumbra podía ver que los ojos de Natsume brillaban con entusiasmo.
—Yo… no veo a mi padre desde que era una niña. Y mi madre nunca me contó nada acerca de él —le explicó, cruzándose de brazos.
La sonrisa de Natsume desapareció entonces, comprendiendo que Yuzu ignoraba quién era realmente su padre. Guardó silencio unos segundos, reflexionando si debía o no compartir con ella la información que tenía.
—Hideo Katō desapareció hace ocho años —reveló, cuidadoso—. Es el cazador de vampiros más impresionante que he tenido el gusto de conocer. Me salvó la vida cuando perdí a mi familia y me enseñó todo lo que sé.
—¿Cazador de vampiros? —repitió la castaña, incrédula—. Debe de haber algún error…
No era posible que su padre fuese un cazador… ¿O sí?
—Tú realmente no sabes nada, ¿verdad? —preguntó Natsume, dejando escapar un suspiro. De pronto, Yuzu se sintió disminuida, como una niña pequeña adentrándose en un mundo desconocido—. Bueno… No me extraña. El maestro siempre mantuvo a su familia al margen de los asuntos de la iglesia.
En ese momento, la muchacha no pudo seguir guardando la compostura y se lanzó hacia Natsume, sosteniéndolo de la capucha que le colgaba de los hombros. La incertidumbre la estaba matando.
—Por favor, cuéntame todo lo que sabes —le pidió en un tono suplicante—. ¿Qué es eso de ser un cazador? ¿De qué iglesia me estás hablando?
Natsume ni siquiera se inmutó ante su repentino acercamiento. Parecía tener todo controlado.
—Aunque seas la hija de mi maestro, hay cosas que no puedo revelar.
—Tú mismo lo dijiste: moriré de todas formas a manos de los Sakamaki. ¿Qué más da si me cuentas una cosa o dos? —insistió Yuzu con intensidad.
—Podría no ser así —respondió Natsume, sosteniendo las muñecas de la chica para desasirse de su agarre—. Podría haber otra opción para ti.
Ella se apartó, desconcertada por sus palabras.
—¿De qué hablas?
—Tu padre es la verdadera razón de por qué hui de la iglesia —reveló él, manteniéndose serio—. Tal vez podamos buscarlo juntos… Claro, solo si quisieras escapar de la mansión Sakamaki y convertirte en cazadora.
Yuzu no daba crédito a sus palabras. Acababan de conocerse, ella ni siquiera había terminado de asimilar el asunto de su padre, ¿por qué le hacía semejante ofrecimiento?
—¿Disculpa?
—Yo podría entrenarte. Te volverías lo suficientemente fuerte como para defenderte de cualquier vampiro —Natsume siguió hablando, incapaz de contener cierta emoción en su voz. Cuando vio la expresión abrumada de Yuzu, comprendió que estaba yendo demasiado rápido—: Lo siento, ha sido mucha información de una sola vez. Te dejaré pensarlo, pero no tardes demasiado en decidirte. Cuando vuelva a ver a mi maestro no quiero que me reproche por haber dejado morir a su única hija.
"Incluso sabe que no tengo hermanos. Este sujeto realmente conoce a mi papá", pensó Yuzu, viendo como Natsume se colocaba nuevamente la mascarilla. Iba a marcharse y ella aún tenía demasiadas preguntas sin responder.
—¿Cómo sabes que volverás a verlo? —le preguntó con lentitud—. Él podría estar… Ya sabes…
—Él está vivo. Estoy totalmente seguro de eso —la interrumpió el cazador con la voz solapada por el metal—. Escapé de la iglesia para buscarlo, pero en estos últimos meses he tenido una nueva situación que atender.
—¿El lobo?
Natsume se colocó la capucha negra sobre su cabeza, como si quisiera ocultar la sombría expresión que apareció en su rostro.
—Así es —afirmó, casi en un susurro—. Necesito encontrar a ese animal a como dé lugar.
—No quiero desalentarte, pero estamos en Japón —le recordó Yuzu—. Es imposible que halles uno por aquí.
—No es un lobo común y corriente. Es un licántropo —le explicó Natsume, dejando nuevamente a la castaña sin palabras—. Y está aquí, mucho más cerca de lo que crees.
"¿Qué? ¿Un licántropo?", pensó ella, comprendiendo de golpe que los vampiros no eran la única especie sobrenatural que existía. Incluso eso de los cazadores le parecía de lo más irreal, ¿y qué se suponía que cazaban? ¿Vampiros? ¿Licántropos? ¿Ambos? Sus preguntas no hacían más que aumentar, pero el muchacho no tenía deseos de ayudarla a procesar nada; por el contrario, lucía ansioso por partir.
—Como sea, seguiré con mi búsqueda —anunció él, extendiendo una mano sobre el grueso tronco de un árbol que se encontraba junto a ellos—. Si decides que te entrene, marca este árbol y vendré por ti. Te daré un mes para que lo pienses.
—¡¿Un mes?! —saltó Yuzu—. ¡No sobreviviré tanto tiempo!
—Tranquila, Karlheinz no enviará a ninguna otra prometida mientras no se haya solucionado el asunto del lobo —Natsume le habló con relajo por sobre su hombro, como si el asunto fuera una trivialidad y no algo de lo cual dependiera su vida—. Es información reciente, pero al menos el mayor de esos vampiros se enterará y se lo comunicará a los otros para que no te maten tan pronto.
"El mayor… ¿Shu? Aunque es Reiji quien cumple ese rol", pensó Yuzu, contrariada. Quería advertirle a Natsume que eso no sería suficiente para evitar su muerte, pues ella ya era considerada un sacrificio problemático por alimentar a un solo vampiro. Exceptuando a Laito, los demás no tenían nada que perder.
No obstante, antes de siquiera pensar en formular la frase, Natsume dio un brinco silencioso hacia la rama de un árbol. Sus movimientos le recordaban a los de un gato: precisos y elegantes. Encontrándose en altura, le dijo:
—Ha sido un placer conocerte, Yuzuki Katō. Nunca estoy demasiado lejos. Si la cosa se pone fea, irrumpiré en la mansión Sakamaki para sacarte de ahí. Adiós. —Y con movimientos veloces se perdió en la frondosidad del bosque.
"Lo haces sonar tan fácil…"
Ese sujeto debía estar loco. Entrar por la fuerza a una mansión con seis vampiros y salir con vida era imposible para un humano común y corriente.
Ah, pero, ¿y un cazador?
Yuzu se quedó pensando en ello, hasta que levantó la vista hacia el cielo estrellado que la cubría esa noche. Estaba muy, muy confundida.
—¿Será esta mi única esperanza? —susurró antes de retomar su búsqueda. Ahora más que nunca debía confirmar si Kim se había marchado de la mansión.
Después de lo sucedido en el laboratorio de Reiji, Subaru jalaba violentamente a Kim del brazo por los pasillos de la mansión. Ella se dejaba arrastrar por él, pero no podía ignorar el hecho de que ninguna prenda cubría su cuerpo; estaba desnuda, expuesta a ser emboscada por otro vampiro en caso de encontrárselo. Laito era el que más la preocupaba, pues Ayato parecía haberse rendido por el momento.
Sus sentidos lobunos permanecían alertas, pero su instinto le decía que el depredador más peligroso se encontraba justo delante de ella.
—¿Su-Subaru? —balbuceó, esforzándose en seguirle el paso—. ¿Hacia dónde nos dirigimos?
"Tu habitación no está para allá", complementó en pensamientos, un poco atemorizada por la extraña actitud del albino. Él no contestó, ni siquiera volteó a verla, pero estaba claro que se dirigía hacia algún lugar específico de la mansión. Y lucía furioso, tan furioso que Kim no sabía qué esperar.
Sentía su clavícula arder, Ayato la había mordido con tanta fuerza que la herida seguía abierta y sangrante. También tenía adolorido el lóbulo de una oreja y varias marcas rojizas en sus pechos, producto de las lamidas y besos que el pelirrojo repartió en esa zona. Era una apariencia lamentable, pero había algo peor: la sensación naciente en la zona baja de su cuerpo, aquella que despertó por culpa de la pócima que Ayato la obligó a beber.
Con esto en mente, Subaru se detuvo delante de una puerta, la cual abrió de golpe y empujó a Kim hacia el interior. El movimiento casi la hizo resbalar, ya que el suelo era de baldosas de mármol y sus pies estaban descalzos. Cuando comprendió que se encontraba en uno de los gigantescos baños de la mansión, escuchó al vampiro cerrar la puerta a sus espaldas y el escalofriante sonido del cerrojo al bloquearse.
Kim volteó con las orejas de loba encogidas, más asustada de lo que podía controlar. Subaru la estudió de pies a cabeza, sin pudor, lo cual envió una corriente de calor directo a su espalda. Era primera vez que él no apartaba la mirada al verla desnuda, por lo que se cubrió tímidamente con los brazos, reaccionando tan lento como podía procesar. Su piel enrojecía a medida que el vampiro avanzaba hacia ella, desconfiando de sus intenciones. No quería hacerlo, pero era imposible no verlo como un depredador si la acechaba con tal intensidad.
Intimidada, retrocedió unos pasos para alejarse de él, pero Subaru dejó escapar un gruñido que evidenciaba su molestia. Este gesto dejó a Kim paralizada, y apenas la distancia entre ambos se redujo por completo, el vampiro se inclinó de tal modo que quedó acorralada entre las paredes del baño y su imponente presencia. Cerró los ojos, ansiosa por el siguiente movimiento.
Pero lo siguiente que sintió fue agua derramarse sobre su cabeza, sobresaltándola. Subaru acababa de abrir el grifo de la ducha que se encontraba justo atrás de ella. Kim no se había percatado de que estaban ahí, y le dedicó al albino una expresión llena de confusión mientras él regulaba la temperatura y la potencia del agua.
Sin previo aviso, él la sujetó del hombro y la movió con brusquedad, asegurándose de que el agua la mojara por completo.
—¡Oye…! —se quejó Kim con el cabello empapado cubriéndole los ojos. El agua le recorría el cuerpo de forma aleatoria y se deslizaba bajo sus pies, por lo que las sacudidas de Subaru no solo eran agresivas, sino peligrosas—. ¡Puedo bañarme sola! ¡No soy un perro!
Dicho lo anterior, el aludido empezó a restregar una barra de jabón contra su espalda, pero lo hacía con tanta fuerza que le dolía.
Kim debía sentirse aliviada de que el vampiro solo quisiera ayudarla a asearse después de tan traumático evento, pero en lugar de eso sintió una pizca de decepción. "¿Qué me pasa? ¿Realmente quiero que Subaru me haga algo indebido?", pensó extrañada, y la simple idea encendió su cuerpo y aceleró su corazón.
Intentó ignorar aquellas sensaciones, atribuyéndolas a la pócima de Reiji.
Sin embargo, los minutos pasaron y estas posibilidades no desaparecieron de su mente, mucho menos en una situación tan comprometedora como esa.
—Aún no se va… El aroma de esos desgraciados, sobre todo de Ayato… ¡Maldición! —gruñó Subaru, sin dejar de tallarla con el jabón, como si quisiera limpiarla por completo de lo sucedido con sus hermanos.
Lo único que se podía escuchar era el sonido del agua al caer y la respiración agitada de Kim, cada vez más fuerte.
Para su desconcierto, Subaru se detuvo. Estaba temblando.
—Perdóname… yo… —susurró con la mirada perdida, rememorando todo lo ocurrido en el laboratorio.
La impotencia se estaba apoderando de él. Los músculos tensos, los dientes apretados y el destello carmín de sus ojos oculto bajo el flequillo; Kim notó todo esto.
—No, Subaru… Tú no tienes la culpa —dijo ella con suavidad, intentando tranquilizarlo.
—¡No pude protegerte! —la cortó él en un grito, acortando la brecha entre ambos—. Mierda, estoy tan enojado…
La frente de Subaru se dejó caer con lentitud sobre el hombro desnudo de la chica, en un gesto sumamente íntimo. Ella no sabía qué decir ni cómo reaccionar, por lo que se limitó a acompañarlo en su sentir. Solo entonces tuvo tiempo para asimilar…
"Fue horrible."
Sus ojos se llenaron de lágrimas al comprender lo que Reiji y Ayato le hicieron. No había forma de deshacer el daño, incluso si los mataban a ambos. También le dolía profundamente que Subaru hubiese sido testigo de todo eso. No lo merecía.
Pensó en ofrecerle su sangre, de ese modo quizá recuperaría la sensación de pertenencia que tenía sobre ella. No obstante, antes de hacerlo sintió los brazos del vampiro envolviendo su cuerpo frágil y húmedo. Se abrazaron mientras el agua corría copiosa sobre ellos, mojando al muchacho de pies a cabeza y adhiriendo sus ropas a la piel.
En el más absoluto silencio, Subaru la sujetó de la nuca y la atrajo hacia su rostro, forzando un beso inesperado. Kim abrió los ojos de par en par, encontrándose con la expresión fruncida del albino.
Y el impacto fue aún mayor cuando él separó ligeramente sus labios para susurrar:
—Te prometo que haré todo lo posible para que recuperes tus recuerdos y puedas volver al lugar donde perteneces… Lejos de aquí.
Kim quiso protestar, pero ahora era ella quien no dejaba de temblar…
—Por ahora no te dejaré ni un momento sola, ni dejaré que nadie se te acerque —Subaru volvió a hablar muy cerca de sus labios, permitiéndole sentir las vibraciones de su garganta y el agitar de su respiración entrecortada.
La actitud que antes le resultaba amenazadora provocó en Kim una sensación completamente nueva, la cual intensificó el rubor en sus mejillas y la necesidad de contacto. Cuando el albino se acercó para volver a besarla, ella cerró los ojos y supo que los temblores no solo venían de su corazón, sino de un apasionado deseo que solo él encendía.
Yuzu estuvo horas buscando a Kim en el bosque. No dejaba de pensar en la conversación con Natsume y en las opciones que tenía para salvar su vida, pero si su amiga seguía en la mansión tenía que discutirlo con ella y tomar una decisión en conjunto. Después de reflexionar largo rato en la oscuridad, no quiso perder más tiempo y volvió a la mansión Sakamaki con una idea en mente: preguntarle a Subaru dónde se encontraba Kim. Si alguien debía saberlo, ese definitivamente era él.
No obstante, cuando colocó un pie en la entrada escuchó la estridente voz de Kanato desde uno de los pasillos. Parecía estar discutiéndole algo a Reiji. Antes de que el vampiro se percatara de su presencia, la humana se escabulló a toda velocidad hacia la habitación de Laito.
Pero los agudos gemidos de una mujer la detuvieron de entrar. Tenía una mano puesta en el picaporte, dispuesta a girarlo y buscar la protección del vampiro, pero rápidamente comprendió que él estaba demasiado ocupado como para hacer algo así. Presionó sus labios y contuvo la respiración.
"No debería sorprenderme. Lo dejé solo por mucho tiempo", pensó, dejando caer su mano al costado.
Intentó ignorar el hielo en su sangre y la angustia que sentía en el centro de su pecho, y caminó dando tumbos hacia la habitación de Subaru. No quería pensar en lo que acababa de pasar, no quería detenerse a sentir. Si lo hacía, sabía que podía desmoronarse en pleno pasillo y lo único que conseguiría con eso sería adelantar su muerte.
Al llegar al dormitorio del albino, la puerta estaba abierta y la habitación vacía, igual que la última vez que la revisó. Ni él ni Kim habían regresado, lo que aumentó su incertidumbre. ¿Dónde estaba Kim? ¿Por qué llevaba tanto tiempo fuera de su radar? ¿Realmente había escapado?
Escuchar unos pasos aproximarse la trajo de vuelta a la realidad. Sobresaltada, observó hacia su alrededor, evaluando dónde ocultarse; contar con Laito ya no era una alternativa, y mientras Subaru y Kim no estuvieran ahí, dudaba que encerrarse en ese dormitorio fuera una buena idea. Solo había un lugar al que podía ir.
Cruzó el pasillo rápidamente hasta encontrar las escaleras que la llevarían hacia uno de los salones del primer piso. Este conectaba con una puerta camuflada entre las paredes, la cual correspondía a la sala de lectura de Reiji. Se encerró en ese sitio, esperando que ninguno de los Sakamaki la hubiese visto ingresar, pero no tardó en notar que no se encontraba sola.
—Shu… —susurró su nombre al reconocerlo tendido sobre el elegante sofá que protagonizaba el espacio. Sintió alivio y tensión en partes iguales—. ¿Estás despierto? —volvió a susurrar, con la esperanza de que no fuera así.
Al no obtener respuesta, Yuzu se acercó lentamente hacia donde se encontraba, confirmando que tenía los ojos cerrados. No es como si él no supiera que ella estaba ahí, pero Shu era tan perezoso que seguramente prefiriera seguir durmiendo antes que saludarla. La castaña ya pensaba en acomodarse en algún rincón del cuarto para quedarse ahí sin molestar, cuando el vampiro abrió sus ojos azules con evidente fastidio.
—¿Qué quieres? —le preguntó con la mirada clavada en el techo.
Yuzu tensó la mandíbula. Ese era el único sitio en toda la mansión donde podía permanecer medianamente segura. Si no lograba llegar a un acuerdo con él, estaría perdida.
—Me preguntaba si… habías visto a Kim.
—No.
—Ya veo… —La respuesta de Shu había sido demasiado cortante. Lo mejor era ir al grano de una vez—: ¿Pu-puedo quedarme contigo un rato?
—No. Eres muy molesta.
"Bueno, esto no está saliendo bien", pensó Yuzu, entrando en pánico ante su negativa. Avanzó unos pasos hasta el sofá, se acuclilló para quedar a la misma altura que Shu, quien cerró los ojos con el ceño levemente fruncido.
—¿Eh? ¿Por qué? —quiso saber ella, camuflando su nerviosismo con simpatía—. La vez pasada estuvimos juntos horas y no fue tan malo, ¿o sí?
—Lo fue —la cortó él—. No pude dormir nada.
Yuzu se mordió el labio. No sacaba nada con seguir fingiendo.
—Shu, por favor… Yo… —le suplicó—. Si me quedo sola, Kanato…
—No es mi problema.
—¿Realmente no te importa si me mata? —insistió la humana, un poco dolida por su indiferencia—. Me has ayudado antes. Has sido mucho más amable que cualquiera.
Una sonrisa milimétrica curvó los labios de Shu.
—Me parece que te has hecho una idea equivocada de mí.
—¿Es así? —Yuzu no se rendiría tan fácilmente—. ¿No te sientes ni siquiera un poco culpable por haberme abandonado el primer día? Es por ti que acabé convirtiéndome en la novia sacrificada de Laito.
Shu giró el cuerpo hacia ella, apoyando el codo en el sofá y la cabeza en su mano. Al juzgar por su expresión, le divertía mucho ver cómo Yuzu trataba de manipularlo.
—Qué gracioso. ¿Intentas hacerme sentir mal?
—¿Acaso estoy equivocada? —lo desafió ella.
—No pienses tonterías. Todas las novias sacrificadas terminan igual, sin importar con quién se relacionen más. No eres la primera que ha intentado seducir a uno de nosotros —respondió con la misma frialdad. Al mirarla de frente y con mayor atención, Shu se percató enseguida que Yuzu estaba temblando, pero la pregunta que siguió la descolocó completamente—: ¿Por qué lloras?
"¿Eh? No estoy…"
Yuzu no estaba llorando, pero apenas Shu hizo esa pregunta, sus ojos se empañaron sin que lo pudiera evitar. De pronto, todas las emociones que estaba intentando reprimir la invadieron como una enfermedad de rápida propagación. Recordó los besos de Laito, sus dulces caricias, lo bien que se había sentido cuando supo que fue él quien la protegió de Kanato la última vez… Para luego escucharlo con otra mujer, en la misma cama donde le decía las cosas más tiernas y crueles.
En la misma cama donde la hizo sentir especial.
No debía sorprenderse. Laito ya había hecho eso antes. Si se ilusionaba de nuevo por un par de gestos bonitos, la culpa era solamente suya.
Y tampoco era como si fueran una pareja, no existía compromiso que traicionar. Desde el principio su relación fue un acuerdo de mutua utilidad.
Entonces…
"¿Por qué me siento tan miserable?"
—¡Laito es un idiota! —sollozó, liberando al fin ese peso que cargaba consigo.
Las lágrimas empezaron a caer una tras otra, recorriendo sus mejillas. Shu se quedó mirándola con aburrimiento y suspiró.
—Ya deberías haberte acostumbrado —dijo.
—Lo sé, pero… estos días había sido tan dulce conmigo. Creí que…
—¿Qué estaba empezando a encariñarse contigo? No me hagas reír —se burló él—. Hazte un favor, y limítate a usarlo como has intentado hacer hasta ahora. Si le dices que estás enamorada de él o algo así, lo único que conseguirás es que se ría en tu cara.
—¡Yo no…! —saltó Yuzu con orgullo, dispuesta a negar lo obvio. Pero las palabras no salían de sus labios—: Yo no… estoy… —La indignación en su rostro lentamente se transformó en algo más. Estaba asimilando las palabras de Shu, estaba… entendiendo. Llevó las manos hacia sus mejillas ruborizadas, como si pretendiera esconderlas de sí misma y del mundo entero; su llanto se intensificó—: ¡Mierda! ¡¿Por qué?!
Las facciones de Shu hicieron una mueca minúscula, demostrando lo incómodo que le resultaba todo ese asunto. Se incorporó en el sofá con lentitud, sentándose de tal modo que quedó justo delante de la chica que permanecía en cuclillas, llorando como una niña pequeña al saberse presa de un mal amor.
—Sea como sea, tus dramas no me interesan —anunció con displicencia—. Ven aquí.
—¿Eh? —Yuzu levantó la vista hacia él, sin entender la orden. Sus ojos llorosos se veían más grandes de lo normal.
—Ese sujeto mencionó que no traerá a otras prometidas en un buen tiempo. Vas a tener que hacer una excepción y complacerme.
Al escuchar esto, Yuzu se sorprendió por más de una razón. Shu le estaba confirmando sin querer que la información que le dio Natsume era real: el tal Karlheinz recientemente había decidido no enviar a otras prometidas a la mansión. También podía asumir que cada vez que los Sakamaki mencionaban a ese sujeto en realidad se estaban refiriendo a su propio padre, el hombre que enviaba a las novias sacrificadas.
"El hombre que eligió a Tomoka y me atrajo hasta aquí."
Y no solo eso, con ese simple comentario también podía confirmar que el verdadero cabecilla de la familia era Shu.
Estaba por indagar más cuando el vampiro la tomó por el codo, forzándola a acercarse a él. Solo en ese momento procesó lo que le estaba exigiendo.
—¿Qué haces? —se quejó, regresando de golpe a la realidad.
—En algo tienes razón: te he salvado dos veces de Kanato y no he obtenido nada a cambio —admitió Shu, muy serio—. Vengo a reclamar mi premio.
Yuzu lo observó con fastidio y desaprobación, mientras inclinaba la cabeza hacia sus pantalones. Se lo había hecho tantas veces a Laito que ya sabía más o menos cómo funcionaba el asunto. Aun así, le decepcionaba bastante que al final él fuese igual a sus hermanos.
—E-está bien… pero solo usaré la boca, ¿de acuerdo? —advirtió, abriendo la cremallera con un sonido averiado.
Pero antes de que pudiera hacer cualquier cosa, Shu la sujetó de la barbilla y la obligó a mirarlo.
—Me refería a tu sangre, pervertida —aclaró con una sonrisa más que sugerente.
Comprendiendo su error, Yuzu se sonrojó hasta las orejas, segura de que podía morir de vergüenza en ese mismo momento. Rehuyó a la mirada del vampiro y hundió el rostro en el sofá. Lo había malinterpretado.
—Ah, no puedo creer que estuvieras dispuesta a hacer algo tan sucio —comentó Shu, evidentemente divertido con la situación—. Eres una mujer realmente indecente, aunque supongo que por eso te gusta Laito.
—¡Que no me gusta! —protestó ella.
—Eso dices, pero estás dejando que te rompa lentamente.
Sin previo aviso, Shu sujetó a Yuzu y la tumbó sobre el sofá, colocándola bajo su cuerpo con brusquedad. La muchacha no pudo predecir este inesperado movimiento, por lo que se quedó paralizada cuando el vampiro rasgó la parte superior de su ropa. Una expresión que le recordaba a un animal hambriento transformó su rostro usualmente impasible.
La había visto tantas veces… en otros ojos. Era el impulso del depredador despierto en él.
Y como si la situación en sí no fuese lo suficientemente humillante, Shu analizó con cuidado las numerosas marcas que Laito había dejado en su pecho.
—Mírate, estás tan llena de él. Eres su juguete perfecto —susurró, esbozando una sonrisa leve, pero perversa—. Y aun así… jamás serás suficiente.
—¡Cállate! —le gritó Yuzu, sintiendo cómo sus palabras se clavaban como dagas en su corazón. Sentía el deseo de llorar en la garganta mientras se removía bajo el cuerpo de Shu, pero no hubo caso; como siempre, no tenía oportunidad contra la fuerza sobrenatural de los vampiros—. ¿Por qué me dices algo tan cruel? Yo… ¡yo no elegí sentirme así!
Las lágrimas corrieron nuevamente, pero Shu no mostró atisbo de piedad con ella.
—Porque es la verdad. Te estoy haciendo un favor al recordártela —le dijo con firmeza, para luego inclinarse hacia ella. Yuzu sintió cómo la respiración del muchacho le hacía cosquillas en la parte superior de su sujetador—. Bueno, admito que sí me siento un poco culpable. De haber actuado diferente, jugaría contigo todo el día. Justo así…
La humana cerró los ojos con fuerza, consciente de lo que le esperaba. Shu la mordió en el pecho izquierdo, sobre su corazón, recordándole ese dolor que no dejaba de sentir aunque quisiera.
Recordándole a Laito.
NOTAS DE LA AUTORA:
Es primera vez que me tardo tanto en actualizar, realmente lo siento.
Han pasado muchas cosas en mi vida, cambios en su mayoría positivos, pero también desafiantes en lo que respecta a lo laboral (me independicé, espero sobrevivir xD). Siempre vuelvo donde he sido feliz, a pesar de todo, y este fanfic en particular es mi zona de confort.
KimWolfMoon: Muchas gracias por toda la paciencia que has tenido conmigo y mis lentas actualizaciones ;_; espero que sigas disfrutando este proyecto que, ante todo, tiene como prioridad el hacerte feliz (bueno, y a mí también, para qué te voy a mentir xD). En este capítulo se vio el aspecto más romántico del SubaKim, PERO EL QUE VIENE- Agárrate (?)
Guest: There's an english translated version of the fanfic, it's called "Nor so Diabolik and nor so Lovers". Thank you so much for your comment!
¡Muchas gracias por seguir aquí!
