Antes de comenzar: Este capítulo tiene muchos diálogos y puede ser considerado casi como relleno. Jijitl


Hades y Maléfica aparecieron sobre la rama de un árbol que tenía vista hacia la habitación de Adam Beast y Bella en su palacio de Auradon Central. Aunque no era un árbol muy alto, era lo suficientemente frondoso para no ser vistos desde la ventana.

Mientras esperaban, Maléfica jugueteó con sus pies moviéndolos de atrás-adelante ante la atenta mirada cuidadora de Hades, que a diferencia de ella había decidido permanecer de pie recargado en el tronco con brazos cruzados.

Esperaron poco hasta que vieron al antiguo rey pasar por la ventana con una maleta amarilla que dejó en la cama, seguido de Bella que pasó directo a lo que parecía ser el cuarto de baño.

Ambos tenían asuntos pendientes con los antiguos gobernantes de Auradon, pero para su mala suerte, ahora eran su familia política y su hija los apreciaba. Así que no podrían hechizarlos, quemarlos ni matarlos, tal como les había advertido Mal. Pero sí podían jugar con sus mentes por un rato.

Maléfica había tenido el tiempo para pensar en qué era lo que podía hacer y tenía el hechizo perfecto para ello. Pero también había tenido el tiempo suficiente para comenzar a notar que Hades no se había acercado ni le había dicho ni una palabra desde que dejaron el techo de la preparatoria y eso empezaba a sentirse incómodo.

Y es que ignorarla durante su espera había sido completamente intencional por parte de Hades, pues hacía unos pocos minutos había tenido el fugaz pensamiento de que no la detestaba tanto como creía y que al contrario, en realidad esa versión de Maléfica le estaba... cayendo bien.

Pero "caer bien" era sólo una forma de intentar tapar las cosas, pues ninguno de los dos había tocado el tema del beso de la noche anterior. Y aunque él ansiaba replicarlo, si ella no le había dicho nada posiblemente era una señal de que había sido asunto de una sola vez y él no debía insistir.

En la habitación, Adam colocó sus anteojos en el tocador ante la atenta mirada de la pareja que esperaba el momento perfecto para que no notara la magia llegar. Comenzó a quitarse el saco y después la camisa. Maléfica, viendo la oportunidad de por lo menos hacer que Hades le dijera algo, le dirigió una mirada traviesa al dios sin que se diera cuenta y entonces mencionó en voz alta:

-¡Uff, Adam! Qué recuerdos

-¡Maléfica! - reclamó Hades en un gruñido inmediato. Sin querer había caído en la pequeña provocación de su ex esposa y sus ojos apenas visibles bajo su ceño fruncido lo confirmaba.

-¿Celoso, bombón?

Hades levantó la cabeza con dignidad y miró hacia el lado contrario al de la mujer.

-Ya quisieras. -negó con un cosquilleo apareciendo en las mejillas- Eso pasó hace muchos años. Además, tú quitaste el hechizo, ¿cierto?*

-Bueno...

-¡MALÉFICA!

-¡Claro que sí, imbécil! No lo iba a dejar enamorado de mi de por vida, qué horror.

- Como sea...Mejor apúrate con lo que sea que vayas a hacer antes de que... SKATÁ! (N/A: Mierda en griego)

En cuanto el antiguo Rey comenzó a quitarse el pantalón, Hades se movió rápidamente para sentarse a la derecha de Maléfica y taparle los ojos con su mano izquierda. La maniobra había sido instantánea pues sus celos fueron inmediatos.

-Hey! ¿Cuál es tu problema? - renegó intentando quitar la palma de la mano de Hades que le cubría sin dificultad la parte superior del rostro. - Dijiste que no estabas celoso, entonces déjame ver.

Pero él no cedió al agarre, de hecho lo presionó más, pues su inconsciente había decidido que no quería que ELLA viera a ningún otro hombre de esa forma.

-No estoy celoso, sólo no quiero que tengas más traumas de los que ya tienes y te vuelvas más loca de lo que ya estás.

-Eso no tiene sentido.

-Por supuesto que sí.

-Claro que no. Déjame en paz o vas a tirarme de esta porquería

-Pareces una niña, Maléfica. Deja de moverte y no te caerás

Hades tenía cubierta la situación para evitar que se cayera. Con su mano izquierda la protegía desde la cabeza, pero con su mano derecha se animó a sostener su cintura y atraerla hacia él. Ella no renegó, pues había buscado esa cercanía desde que llegaron y lo vio pararse a un metro de ella.

-Si te hubieras quitado el pijama ayer, no tendría que decir estas cosas. - confesó en un tono bajo, pensando que no sería escuchada.

-...¿Qué?

-¿Qué?

-Repite eso

-Dije que me dejes en paz o vas a tirarme del árbol

Hades frunció los labios con molestia, pero notó que Adam había terminado de cambiarse y estaba mínimamente presentable para que Maléfica lo observara. Así que destapó sus ojos de forma lenta y la soltó de la cintura sin girarse a mirarla.

Ella sí se giró a verlo con lo más parecido a un puchero mezclado con desagrado y se detuvo cuestión de dos segundos para mirar sus labios curvados con disgusto.

"Hazlo ya" ordenó el dios y después de sacudir su cabeza para librarse de los pensamientos ridículos, Maléfica le ofreció la mano:

-¿Me ayudas de nuevo?

Él la tomó aún con un deje de celos en su pecho y ella pareció notar su desdén sin darle mucha importancia. En realidad, ella no necesitaba del poder extra de Hades para su hechizo, pero el contacto se sentía muy bien.

Maléfica se preparó y con un movimiento de mano, bastante más tardado que las veces anteriores, disparó su magia verduzca hacia el interior de la habitación directo al tocador y se inclinó ligeramente hacia el frente para observar con atención.

Cuando Adam se colocó sus lentes, una gruesa voz llegó a sus oídos.

-Luce bien, señor- escuchó, pero tras voltear por todos lados no vio quien pudiera ser su interlocutor.

"¿Una alucinación?" fue lo primero que pensó, pero tras volver a escuchar la voz se giró para darse cuenta que el tocador estaba hablando y no sólo eso, sino que su imagen en el espejo era la de él mismo... transformado en bestia nuevamente.

-Oh vamos, ¿repetiste el mismo hechizo que con tu amiga? -

-No, no. A Grimhilde le hechizamos los espejos para que se viera vieja... A Adam le hechicé toda la habitación.

-¿Cuánto durará?

-Sólo cinco minutos o hasta que alguien entre al cuarto, lo que pase primero.

El grito de Adam llegó hasta los oídos de ambos haciéndolos soltar una carcajada. Él estaba tocándose todo el cuerpo para comprobar que no fuera una pesadilla, pero no se daba cuenta que en realidad su cuerpo seguía perfectamente normal.

Bella quiso acudir a su llamado, pero la puerta estaba bloqueada y más pronto que tarde, ella misma lanzó un grito al escuchar que la tina le hablaba adulando sus encantos.

Adam entonces quiso tirar la puerta del cuarto de baño, pero los ojos que aparecieron en ella al llegar lo hicieron retroceder hasta la cama que, al sentarse, también se quejó fuertemente.

-¡CARIÑO! -Gritó Bella desde su lugar

-Esto no está pasando, ¡NO ESTÁ PASANDO!

Y con la imagen de los muebles acercándose para rodear a Adam, Maléfica se dio por satisfecha.

Una vez sus risas disminuyeron en intensidad, la hechicera se dio cuenta de que no habían soltado sus manos. Así que jugueteó solo un par de veces con sus piernas colgando y luego tomó el valor para depositar un rápido beso en la mejilla a su ex marido.

Él se giró hacia ella con los ojos abiertos de sorpresa, casi sin creer que eso hubiera pasado, y ella desvió la mirada para evitar el contacto. Cuando Hades quiso tocar su mejilla y verificar que el beso hubiera sido real, fue su turno de notar que sus manos seguían unidas.

-Supongo que debo agra...- Maléfica se detuvo, sintiendo la presión de las palabras en su boca- agradecerte por lo de hoy. Fue divertido.

Hades sólo asintió con media sonrisa en el rostro y cuando el hechizo terminó, el agarre de sus manos también.

-Es tarde, ¿me acompañas a comer? -habló Hades rompiendo el silencio.

-En realidad quisiera descansar un poco antes de tener que prepararme para " la cosa" de la noche

-Bueno, en ese caso te escolto a tu habitación

Hades bien podía volver a teletransportarse, pero en vez de ello decidió el camino largo. Dio un salto desde el tronco y luego se giró a verla.

-¿Cómo piensas que bajaré de aquí, tarado?

-¡Salta!

-¡No! Seguro me dejarás caer para que muera

-¡Si quisiera que murieras te hubiera tirado del techo de la escuela, idiota!

Maléfica le dio la razón a regañadientes y cerró los ojos para prepararse. Luego simplemente se dejó caer y él la atrapó fácilmente pues su tamaño y su peso no eran un desafío para él. Una vez se dio cuenta de que ella no se había atrevido a abrir los ojos, Hades aprovechó y la soltó para rápidamente volverla a atrapar apenas unos centímetros abajo.

Maléfica comenzó a jalarlo del cabello y a lanzarle insultos bien merecidos, pero Hades sólo se burló mientras caminaban hacia el palacio.

...

Mal entró a la habitación de Maléfica con el celular en la mano y una gran expresión de disgusto pintándose sobre su rostro.

Su madre reposaba en el sofá mientras fingía ver una película de terror que, en realidad, había terminado minutos atrás sin que prestara atención.

Maléfica estaba exhausta, tanto por no haber dormido como por el uso de su magia durante todo el día. Pero de cierta forma se sentía... "alegre". Admitió para sí que pasar la tarde con Hades no había sido en lo absoluto desagradable y que ahora que él se había retirado a su habitación sentía el lugar muy vacío.

Demasiado vacío.

Y eso era un problema porque en ese instante su mente era un revoltijo de emociones y no tener un factor distractor hacía las cosas más difíciles. Por un lado se sentía débil al ver sus energías terminarse por el uso de sus poderes; por otro lado, no ignoraba que tenía una conversación pendiente con su hija y otra con su ex-marido; por otro más, se sentía en deuda con éste último por haberla ayudado a levantar su ánimo de forma desinteresada y por último... estaba el asunto del beso.

Él no había tocado el tema y ella tampoco lo había hecho. ¿Cómo iba a hacerlo si no tenía ni una idea de qué era lo que estaba sintiendo?

Él estaba portándose relativamente bien con ella, pero habían pasado sólo 24 horas desde que se habían vuelto a ver. Incluso cabía la posibilidad de que sólo estuviera siendo condescendiente con ella por lástima ante su situación. Después de todo, ella sabía el tipo de persona que era.

A su mente llegó su último día juntos en la Isla. Los gritos, los insultos y la lámpara que le aventó a la espalda cuando lo vio dirigirse hacia la salida para no regresar nunca más.

Un malestar en el estómago la hizo querer olvidar ese trago amargo. Ella nunca se lo perdonaría incluso si empezaban a llevarse bien por Mal o por cualquier razón.

-¡¿Me quieres decir qué fue lo que pasó?! - gritó Mal sacando a su madre del ensimismamiento

-El payaso apareció en la regadera del mocoso que le tiene miedo, Mal. -respondió sin importancia diciendo lo último que recordaba- Pero si gritas de esa forma no me dejarás saber qué pasa después.

Mal se dirigió hacia donde estaba su madre y apagó el televisor con el control remoto, cruzándose de brazos frente a ella.

-Cuando llegué con Evie me dijo que alguien había hechizado los espejos de su casa y después de eso no paré de recibir llamadas del comité de la preparatoria y de Ben diciendo que todo mundo se había vuelto loco.

-Mh-jh, ¿y yo qué tengo que ver con eso?

-Mamá, toda la decoración del Día de la Familia fue arruinada CON MAGIA y luego Ben me habla diciendo que su padre no dejaba de temblar pensando que era una bestia nuevamente.

-¡Jaja! Suena divertido, bebé, pero si no vas al punto en este momento no sabré si el payaso se come a los mocosos o no.

-...No, no lo hace. Lo derrotan en la segunda película.

-¡MAL BERTHA!

-¡Mamá, enfócate!, estoy segura de que tú provocaste esos desastres, ¿dónde estuviste toda la tarde?

-Me siento honrada de que pienses que soy la causante de las desgracias de tu reino, pero toda la tarde estuve con tu padre recordando viejos tiempos

Mal entrecerró los ojos, observando a detalle la mirada de Maléfica. Aunque no le creía del todo, algo le decía que no estaba mintiendo.

Y en efecto, no lo hacía. Después de todo habían pasado la tarde juntos haciendo bromas como alguna vez lo habían hecho durante sus días de instituto, por lo que la ambigüedad de las palabras en esa ocasión le daban la razón.

-Si no me crees, ve y pregúntale. Debe estar en su habitación.

Maléfica extendió la mano para que Mal le colocara el control remoto en la mano, pero en vez de ello la vio sentarse a su lado.

-Oh qué bien, más plática.

-Escucha. Yo sé que volverte humana de nuevo fue inesperado y que debes sentirte abrumada por recuperar tus poderes de esta forma, pero te conozco y estoy tan segura de que tú fuiste la responsable como de que has estado actuando extraño por algo que no quieres decirme.

Mal dejó su enojo inicial para pasar a la preocupación. Normalmente ella no dejaría que le gritaran ni la cuestionaran. Ella era Maléfica después de todo. Ella siempre debía tener la razón y las cosas se hacían como ella quería. Sin embargo se estaba dejando hablar de esa forma.

Su madre no se dignaba a verla, pero su aire no era de altanería como siempre. No podía explicarlo, pero desde ese perfil no parecía ser la misma mujer llena de confianza que incluso sin poderes ponía a las personas a sus pies.

Mal cubrió una de las manos de Maléfica con la suya y la miró sobresaltarse ligeramente.

-Si hay algo que pueda hacer por ti...

-Quiero mi cetro.

Mal se apartó con tristeza en sus ojos. Sus ilusiones se derrumbaron en cuestión de tres tajantes palabras y su corazón se deshizo con ellas. ¿En serio no había cambiado en lo absoluto? ¿Ella estaba deprimida por no poder hacer daño a los demás?

-No te lo daré. No permitiré que dañes a Auradon, madre.

Mal estuvo a punto de levantarse y salir de la habitación, las lágrimas amenazaban con escaparse de sus ojos, pero Maléfica la tomó de la muñeca. Su labio comenzó a temblar, aún sin mirarla.

Mal suspiró y volvió a tomarla de la mano intentando atraer su mirada esmeralda a la de ella, pero la cabeza de Maléfica no cedía de su posición hacia el frente.

-No le haré nada a tu reino. - confesó con palabras entrecortadas, casi dolorosas.

-...¿Entonces?

Las palabras que siguieron no supo cómo interpretarlas. "Quiero darte un seguro de vida", dijo su madre, pues no encontró otra forma de decir lo que realmente estaba pensando.

Tener su cetro le garantizaba recuperar y mantener la imagen que tanto trabajo le había costado forjarse. Era su fachada, incluso si en ese momento no podía ser tan poderosa sin sentir que se desmayaría, con la atención en el cetro nadie lo notaría.

Por lo tanto no sólo ella recuperaría un poco de su estatus como dueña del mal, sino que mantendría al margen a aquellos que quisieran hacerle daño a Mal o a ella misma.

Cuando Mal quiso pedirle más explicaciones sobre sus palabras, notó que su madre se había mordido con tanta fuerza el labio que ya había comenzado a enrojecerse e hincharse. Su cuerpo también comenzó a temblar y pronto sus uñas se clavaron en sus piernas. Pero Maléfica no movió la dirección de su mirada.

¡Qué difícil era expresar los sentimientos cuando existían! ¡Por eso eran una molestia! ¡Por eso le gustaba mantenerse ajena a ellos!

Pero ahora Maléfica se encontraba ahí, con las disculpas a su hija atoradas en la garganta, con la impotencia de no ser poderosa atrapada en su estómago, con el recuerdo de la presencia de Hades ardiendo en su corazón y con ese maldito orgullo que no dejaba exteriorizar ninguna de las tres.

-No tienes que decir nada que no quieras- sentenció Mal.

La reina no tuvo respuesta de ningún tipo, así que reconociendo la creciente ansiedad dentro de su madre, replicó lo que Evie solía hacer con ella cuando se sentía de esa forma. Mal la jaló suavemente de los hombros y la hizo recostarse en sus piernas sin decir ninguna palabra.

La hechicera se dejó consentir por el toque de su hija que acarició su coronilla a modo de consuelo. Los latidos de su corazón, tan desbocados momentos antes, comenzaron a calmarse y la presión en su pecho se alivió ligeramente.

Pasados varios minutos y con sus pensamientos con un poco de orden, Maléfica cerró los ojos y comenzó a hablar.

-¿Eres feliz en Auradon, Mal?

-No te imaginas cuánto.

Y ella asintió mentalmente, sabiendo que la felicidad de su hija no había sido por su vida en la Isla y mucho menos por sus enseñanzas.

Todos en Auradon ahora parecían conformes. Mal, Grimhilde, Jafar y hasta Cruella parecían satisfechos con su segunda oportunidad en la vida. Incluso Hades lucía mucho más... feliz, de lo que ella lo hubiera visto alguna vez.

Y nada de eso era gracias a ella.

-¿Sabes qué te hará sentir mejor, mamá? Un baño relajante

Maléfica la miró desde abajo con los ojos entrecerrados.

-¿En la tina?

-Y con agua caliente.

Los ojos de Maléfica brillaron de emoción. Desde que habían sido metidos en la Isla nadie había disfrutado de agua caliente a menos que tuvieran que requerir de fuego para tibiarla por su propia cuenta.

En cuestión de unos minutos, la tina estaba lista para que ella se metiera. Mal la ayudó para evitar que se resbalara y mientras la ayudaba a lavar su cabello, se atrevió a mencionar:

-Por cierto, ¿qué demonios pasa entre mi papá y tú?

Maléfica abrió los ojos de par en par, no esperaba una pregunta así de forma tan repentina.

Dudó un momento en si debería contarle acerca de sus inquietudes al respecto, pero la sensación de algo picando insistentemente su corazón la detuvo de hacerlo.

-No quiero hablar de eso en este momento, Mal.

-Bueno, entonces podemos seguir hablando de cómo el buró de Adam habló

-En realidad fue el tocador

-¡Ajá! Lo sabía

Maléfica rió cínicamente.

-Dejaré pasar el asunto si me dices cómo le hiciste para moverte tan rápido por el centro de Auradon. Apenas si puedes caminar.

-Hades nos teletransportó

-¡¿MI PAPÁ PUEDE HACER ESO?!

-Claro, ¿no sabías?

-Umh... bueno, en realidad no sé mucho de él. Apenas ayer me enteré de que toca la guitarra

-Oh, sí. Es muy bueno con los dedos...

-¡Mamá!

-Tocando instrumentos, chiquilla. Eres demasiado malpensada...

-Lo siento- se disculpó mientras enjuagaba el largo cabello de su madre

-También canta muy bien

-Eso es... no coincide mucho con su cara.

-Muchas actitudes suyas no coinciden con su cara, Mal. Puede tener una mirada del asco pero enciérralo en una habitación con perros y no saldrá hasta haber jugado con todos ellos tres veces

-Lo conoces demasiado

-Estuvimos juntos desde la preparatoria hasta que naciste. Lo conozco tan bien como él a mi.

-Y por eso no se han despegado desde ayer.

-No me sacarás información sobre eso, Bertha

-Oh vamos-se quejó mientras se sentaba en el piso para estar a su altura- todas vimos cómo se miraban ayer, y hoy él prácticamente montó un salón de belleza para ti. ¿Me dirás que no sientes nada por él?

-Estamos intentando llevarnos bien por ti, Mal. Eso es todo.

-Ujum. Pues yo le pedí que te cuidara y me dijo que no. Ahora resulta que estuvieron juntos arruinando vidas toda la mañana

Maléfica recargó ambos antebrazos en la orilla de la tina y la miró con seriedad.

-Él me odia, por eso nos abandonó, recuérdalo. Y si hipotéticamente él sintiera algo, no se atrevería a decirlo porque es un cobarde. Esa fue una de las cosas que más me disgustaron de él al final. No le gusta enfrentar los problemas, Mal, prefiere irse por el camino cómodo.

Mal desvió la mirada pensando en esas palabras. Si estuvieran hablando de Ben o alguno de sus amigos sería fácil para ella argumentar algo al respecto, pero su padre seguía siendo una persona relativamente nueva en su vida a pesar de los meses que llevaba conviviendo con él.

-Él siempre tuvo todo el poder y la influencia para hacer cosas grandes, pero nunca quiso hacerlo... Además el sujeto tenía unos celos enfermizos en la preparatoria.

-Yo no lo conocí antes pero él no parece un mal sujeto en este momento

-Lo hace por ti, Mal. Pero puedo casi apostar a que ni siquiera ha tenido una plática "profunda" con tu esposo.

Mal se abrazó las rodillas e hizo un puchero viéndose evidenciada.

-De hecho, no se lleva muy bien con él. Sus personalidades chocan mucho.

-Eso es normal, son completamente contrarios.- dijo mientras tocaba la punta de la nariz de su hija con un dedo lleno de jabón- Piénsalo de esta forma: Ben es un Rey que, supongo, intenta gobernar de forma justa pero compasiva y tu padre fue un Rey que gobernaba de forma justa pero era demasiado severo e inflexible.

Maléfica mostró la esponja con la que se estaba lavando y Mal entendió que necesitaba ayuda en la espalda.

-Tu esposo fue criado por una familia que le tiene miedo a la magia y que en caso de una guerra preferirían llamar a un ejército; Hades creció con poderes y tuvo que estar en la guerra contra su padre. Es normal que Hades no quiera crear ningún lazo con él. Además, tanto él como yo odiamos a tus suegros.

-Bueno, supongo que tienes razón.

-Ya que hablamos del inútil de tu padre, dime algo Mal, ¿cómo fue que lo conociste?

-Bueno, no sé cómo tomes esto, pero hace un tiempo la hija de Aurora robó tu cetro y...

Maléfica se echó a reír ante la ironía. Mal sólo rodó los ojos pues entre todas las reacciones que esperó esa era la más tranquila. Mientras seguía contando la historia, Maléfica se sentía cada vez más satisfecha con haber obtenido una venganza indirecta.

...

Hades reposaba en la cama de la habitación de huéspedes. Se había propuesto dormir un rato antes de la cena pero estaba bastante inquieto y no lograba conciliar el sueño. De hecho, desde que llegó a su cuarto le había perturbado una sensación que no sabía si describir como soledad, aburrimiento o preocupación, pero sí sabía que era por no estar teniendo a Maléfica a su vista.

¿Era posible que se acostumbrara tanto a ella en tan poco tiempo?

Eso era ridículo. Él sólo estaba cumpliendo con lo que Mal le había pedido y él se había negado, ¿o no? Sólo era una buena acción para compensar todas las estupideces que había hecho durante el resto de su vida.

Ella era atractiva, demasiado. Así que había una posibilidad de que sólo le hubiera gustado físicamente de nueva cuenta. Eso explicaría esas malditas ganas que tenía de besarla de nuevo... Aunque si así fuera, ¿por qué extrañaba sentir su mano agarrando la suya?

Él la odiaba, la DETESTABA, pues la forma en la que su relación terminó sacó lo peor de ambos... pero entonces, ¿por qué necesitaba saber si se encontraba bien después de usar magia toda la mañana?

Si había estado perfecto sin ella durante casi dos décadas, ¿por qué al no verla por unas horas sentía su ausencia de forma tan aplastante?

-Qué estupidez- se dijo para sí mismo y se arrastró las palmas de las manos por su cara.

Él ya no era un jovencillo de varios cientos de años como para perder el tiempo preocupándose por esas cosas... pero tampoco era inmortal como para desperdiciarlo.

Se levantó para darse una ducha con agua fría que duró menos de siete minutos y una vez salió de su baño se dirigió al espejo.

Lo primero que hizo fue hacer hacia atrás su cabello lacio que colgaba hacia los costados de sus pómulos. Después revisó su barba de tres días y luego pasó su mirada hacia el pecho, lleno de cicatrices provocadas en la titanomaquia. Flexionó sus brazos para observar sus músculos, tocó su abdomen y al final se acercó para revisar sus dientes.

- Ay por favor, yo me veo mejor que ese oso de peluche gigante. - Se consoló a sí mismo aún con los recuerdos de esa mañana en su cabeza

Cuando se dio cuenta de que estaba volviendo al mismo tema que intentaba olvidar. Se quitó la toalla de la cintura y la azotó contra el piso con furia.

Cada vez le estaba siendo más difícil buscar pretextos para evitar pensar en lo obvio: Aunque odiaba esa parte de ella que la Isla de los Perdidos había sacado, su estancia en Auradon estaba mostrándole a una Maléfica más cercana a aquella de la que se había enamorado.


*Referencia a los capítulos de Celos en mi otro libro Hadeficent: "Historia de un amor agridulce". Al inicio no quería que estuvieran en la misma línea temporal, pero me convencieron xD