Seguí caminando, no había nada ante mi. Solo blanco que se extendía hasta la nada. Al menos no estaba sola, alguien caminaba a mi lado.
Piel como el papel, vestido de negro de pies a cabeza con una capucha que le tapaba el rostro. Mis sospechas de confirmaron al ver la hoz en su mano.
Era la muerte.
Contrario a la creencia popular, no parecía un ser malvado. Esperaba huesos y garras, aura malvado y todo eso. Así se lo hice saber y su respuesta fue una carcajada. Así fue como descubrí que era una mujer.
-Eres la primera persona que me dice eso niña. -
¿De nada? bueno, lo cierto es que me ayudó a levantarme del piso o lo que sea que fuera donde estaba y comenzamos a caminar. Descubrí que mis heridas no estaban y estaba vestida con una especie de vestido blanco. Tan suave como la seda y llegaba hasta después de las rodillas.
Entonces estaba muerta, o al menos casi. Puesto que según las palabra de la Muerte estaba en el medio del cielo y el Inframundo. El limbo, así lo llamó. Y su deber era guiarme hasta las puertas que me llevarían a alguno de esos dos lugares. Desde entonces seguíamos caminando.
Supongo que eso era todo.
Se acabó.
Ante mi habían dos puertas. Una blanca y otra negra. Era bastante obvio hacia donde llevaba cada una. Me quedé en la incertidumbre sobre qué hacer. La Muerte, seguro notando mi inseguridad colocó una mano en mi hombro y me dió un apretón reconfortante.
Con voz cálida dijo - No te preocupes, niña. Alguien vendrá a buscarte. Solo hay que esperar.
Y así lo hicimos. Se sintió como una eternidad y me pregunté por un momento hacía dónde me dirigía a partir de ahora.
Entonces, la puerta blanca comenzó a abrirse y de allí salió una figura que solo recordaba en mis sueños y en fotos familiares. Con ropas blancas, ojos azules y sonrisa amable. Comencé a llorar.
- Papá - dije entre sollozos. Él se acercó y me abrazó con fuerza.
- Lo haz hecho bien, Kagome. Ya puedes descansar. - susurró acariciando mi cabello. Estuvimos un rato abrazados hasta que me alejó un poco para mirarnos a la cara. Sus ojos se suavizaron aún más. - Haz hecho suficiente. Puedes venir conmigo. - Abrió la puerta en su totalidad para mí.
Al otro lado se podía observar un cielo brillante, del más hermoso azúl y nubes esponjosas. Se veía maravilloso.
Pero, ¿Realmente había hecho y dicho suficiente? Allí estaba mi padre, el que más me ha amado, esperando pacientemente por mi. Para partir juntos. Sin embargo yo estaba dudando. ¿Por qué?
Yo no estaba lista. No era mi hora de partir todavía. No sé cómo, pero lo sabía.
Asi que tuve que separarme de sus brazos. Con gran pesar tengo que recalcar. Puesto que si me hubiera quedado un rato más, mi resolución se habría desvanecido.
- Papá, lo siento. Pero no puedo.- negué con la cabeza. - Yo...- sin saber cómo expresar mi pesar solo pude mirarlo. Sin embargo sus ojos sabios me lo dijeron todo.
-No te preocupes, te seguiré esperando. - Me sonrió.
-Gracias Papá. - Más lágrimas salieron de mis ojos. Me las limpié rápidamente, no era tiempo de llorar. Voltee a ver a la señorita Muerte quien se mantuvo para si misma en toda mi interacción con mi padre.
-Necesito regresar.- le dije.
Su cara se mantuvo estoica, o al menos lo que dejaba ver bajo su capucha. Un tenue levantamiento de sus labios fue el único indicio de que estaba sopesando mis palabras.
-Ciertamente, eres una niña muy interesante. No muchas almas han podido regresar solo con motivación. Sin embargo alguien del otro lado te está buscando.- dijo con calma.
-¿Quién?- Pregunté extrañada.
-Ya lo sabrás.- respondió.- corre en sentido contrario de dónde estamos. No se me permite dejar ir fácilmente a las almas, pero haré una excepción por ti. Haremos como si nunca te había visto ¿ok? -
-Esta bien. - asentí. Y la mire con determinación. - ¿Que tengo que encontrar? - pregunté, preparándome para correr.
- Solo escucha la voz. - señaló otra vez.
-¿Y luego qué? -
-Lo sabrás cuando la escuches. -
Ok, podía hacer eso.
-Una última cosa. Corre y no mires hacia atrás. -
-¿Por qué?-
-No cuestiones, solo vete.
-¿Ahora?
-¡Si, ahora largo.!
Y así lo hice. Lamentablemente no pude despedirme de mi papá como era debido.
- Adiós, Kagome- escuché por última vez la voz de mi papá antes del sonido característico de una puerta cerrando se.
Adiós papá, te amo.
Seguí adelante. Esta vez con el corazón más ligero.
A medida que me alejaba más. Más claro podía escucharlo. Lo que era un sonido inexistente paso a ser un susurró, del susurró a palabras moderadas pero esto, estos era gritos. Y esa voz.
-¡Kagome!-
La conocía.
-¡Kagome, despierta!-
¡Sesshomaru!
De repente estaba cayendo.
N/A: Hasta aquí el capítulo de hoy, bellezas. Gracias a Faby-sama y BiitterCandy por sus comentarios. Amo leerlos.
Ya casi es el aniversario de esta travesía y ese día les tengo una sorpresa. Ojalá les guste.
También les comento que le hice una portada a la historia, la edité, quedó decente. Lamentablemente la página no me deja cambiar la portada, me sale error. ¿Alguien sabe por qué? :(
¡Nos vemos!
