NA: Ander ¿Sigues escribiendo sin pensar? sí, perdón, es que me estoy divorciando otra vez.
Sentado en la biblioteca de la facultad de ciencias, Bokuto miraba sus apuntes de estadística con tedio. Estaba todo ahí, lo había leído más de mil veces, pero era como empezar a estudiar ruso.
Una bola de papel chocó contra su frente y cayó sobre los apuntes.
—Tsss, Bokuto — la voz de Komi le sobresaltó llamándole.
Komi estudiaba historia, más como hobby que como por que quisiera dedicarse. Él era actor y ya aparecía en algunas series, además de bailar para algún que otro cantante de j-pop.
Bokuto le miró y después miró de soslayo a Konoha y a Sakusa, que estudiaban a su lado y muy centrados en los volúmenes y hojas que tenían al frente. Casi les tenía envidia, con aquella capacidad para centrarse el todo cuando él tan solo al oír a la bibliotecaria chistar ya se distraía.
Konoha, revisaba tarjetas de estudio y de vez en cuando se le veía mirar al techo mientras trataba de recordar lo que apuntaba en el dorso de las tarjetas. Sus sistemas de mnemotécnica eran buenos, pero a Bokuto tampoco le funcionaban aquellas chorradas. Acababa confundiendo una cosa con la otra y todo le salía mal.
Empezaba a asumir que solo podía estudiar si los astros se alineaban, el contenido le gustaba y encontraba coherencia en este. Pero para ser exactos ¿Para qué iba a necesitar la estadística en consulta? ¿Para cortar a niños por la mitad? No tenía sentido ni que fuera cirujano traumatológico o algo por el estilo.
— ¿Tienes chicles ?— preguntó Komi en voz bajita.
Bokuto negó con la cabeza. Desde luego que Haruki no era el amigo del año si se trataba de centrarse en estudiar, pero debía admitir que le hacía la vida más amena.
— Pues si quieres uno, mira debajo de la mesa — añadió Haruki bajando la cabeza.
Bokuto le imitó y ambos se miraron por debajo de la mesa, para ver un montón de chicles pegados allí abajo. Rosas, morados, blancos y verdes. Secos y encastrados contra la madera de años y años.
— ¿Queréis comportaros? — susurró Sakusa indignado y muy molesto. No le gustaba ir allí con Komi y Bokuto. Para empezar ellos no eran de aquella facultad y para acabar, nunca dejaban a la gente vivir ¿Sabrían hacer algo en la vida? Le daba igual, le exasperaban —. En las bibliotecas se estudia, anormales.
Komi y Bokuto no solían ir a estudiar a la biblioteca a menudo. Y es que aunque el silencio obligatorio de las bibliotecas era propicio a la concentración, ninguno lo consideraba necesario. Era aburrido, hacía más tedioso lo tedioso y raramente podían concentrarse. Komi sentía la necesidad intrínseca de meter ruido, como que aquel silencio era antinatual.
Komi era capaz de memorizar cualquier cosa en el tren de camino a clase. El estrés de última hora era su aliado más pontente. Mientras que Bokuto solía tener de esas mentes privilegiadas que tras leer atentamente una única vez un texto, este se almacenaba en su memoria de forma sencilla. Eso sí, debía ser algo que le gustase, algo que se quedara intrínsecamente ligado a él. Por eso, cuándo se trataba de algo que no le gustaba... Ya podía dedicarle horas, con ruido o con silencio, que si llegaba a salvar un 50 sobre 100 ya podía dar las gracias y rezar.
Los dos estaban allí por quedar bien, por Konoha. Después de aquello se suponía que iban a ir a un restaurante americano, de esos que sirven hamburguesas XXL, costillas de cerdo adobadas, salsas ají y otras recetas que abarcaban todo el gran continente más allá del pacifico.
Bokuto y Komi volvieron a sentarse bien sobre las incomodas sillas, y Kotaro se intentó centrarse de nuevo en los apuntes. Pero aquella era otra gran queja ¿cómo la gente podía estudiar en aquellas sillas tan incomodas? ¿Les gustaba sufrir? Sentía que el culo se le aplanaba sobre la madera plastificada y la espalda se le retorcía sobre ella misma, eliminando su posición natural. Un horror en toda regla.
"Más allá del porcentaje promedio de las..." Empezó a leer pero un gran bostezo cruzó su hilo de pensamiento devolviéndole al aburrimiento puro. No podía hacer aquello, simplemente no había nacido para la estadística. Y es que Haruki se lo había dicho si él tenía dos coches y Boku-chan ninguno, la estadística se emperraba en decir que todos tenían un coche. Y entre gritos de revolución, Komi gritaba que aquello era una falacia. Gritar aquello en la facultad de filosofía e historia era más normal, para aquellas mentes dispuestas a estudiar las ciencias sociales y no como en aquella facultad. Porque sí, la mayoría de los estudiantes filosofía e historia habían perdido más de un tornillo ¿Para que ibas a estudiar algo durante 4 años mínimo que jamás te iba a dar un trabajo? Pero si le preguntaban a Haruki, contestaba sin dudar que los locos eran los de ciencias porque ni se acercaban a ver la realidad del asunto.
Komi volvió a llamar a Bokuto.
— ¿Has visto a la parejita que se ha colado en aquel pasillo? — Dijo señalando hacia el fondo de la biblioteca—. Van a follar fijo.
—Es que el sexo en público tiene su qué excitante — continuó Bokuto — a Atsumu le gusta que le masturbe en los restaurantes, pone la cara más seria que puede y reprime los gemidos.
Sakusa les chistó de nuevo para que se callaran.
—A Saru le gusta hacerme orales en vestidores de tiendas — empezó a decir Komi, aunque a Bokuto le costaba creer que Haruki reprimiera gemidos por tal de no llamar la atención. Fijo que si alguien miraba a través de la cortina le parecía todo más intenso—. También qué...
—Oye ¿Tengo que escuchar todo esto?— se quejó Konoha cortándoles.
— ¿Por qué tanto drama? ¿A ti no te gusta que te la coma Tomoko?— preguntó Haruki irritado por que no le dejase hablar tranquilamente como si estuvieran en un bar y no en una biblioteca.
Konoha apretó los labios. Siempre estaban igual.
—No, no le gusta que su novia le coma la polla ¡Cállate! — gritó Sakusa incomodo ante la mirada de la bibliotecaria. Bajó la cabeza de inmediato y fijándose en sus apuntes y poniéndose rojo como un tomate.
Bokuto, miró con asco los apuntes y los recogió mientras pensaba en aquello ¿La sexualidad en sí era tanto lo que te gustaba que te hicieran o lo que te gustaba hacer? Porque al final, era verdad que a él las mujeres le decían poco o nada, pero se imaginaba que si una chica le tocaba y lo hacía bien ¿se correría igual? Sin embargo, si se tratase de tocarla él a ella bueno… ¿Sería capaz de hacerlo? Quizá sí, pero le resultaría incomodo, anormal o quizá extraño. Miró a Komi, no era alguien a quien preguntar, después de todo él no hacía distinciones entre hombres o mujeres…
—Akinori…— rompió el silencio con un susurro. Konoha le miró con hastío —. Es solo una pregunta ¿vale?
Konoha recogió sus apuntes, amontonándolos de forma sistemática.
—Nos vamos antes de que nos veten de por vida, yo tomo préstamos en esta biblioteca y tengo necesidad de volver — le aclaró a Sakusa mientras guardaba sus fichas nemotécnicas y organizaba su mochila. Estudiar tampoco era plato de buen gusto para él, pero si tenía que hacerlo lo hacía lo mejor que podía.
Se paró quieto mirando a Bokuto y a Komi recoger felices. Como si de un complot para irse se hubiera tratado, llegando a su cometido de sabotear las horas de estudio.
— ¿Qué querías? — preguntó con cara de hastío todavía.
—Me he olvidado — dijo Kotaro fijándose en el cartel que anunciaba los próximos exámenes de recuperación, cuando Akaashi se le vino a la mente. Recordó el último examen de matemáticas que había hecho con su ayuda, fácil y sencillo lo hizo en una hora equivocándose solo en dos de los ejercicios… El intenso suspiro de Konoha le devolvió a la realidad—. Después de comer creo que iré a ver a Akaashi para pedirle ayuda con estadística, sí él no puede ayudarme abandonaré la carrera y me uniré a un circo ambulante como trapecista.
—Serás un trapecista estupendo, Bokuto, seré tu fan — afirmó Komi mientras caminaban en dirección a la cafetería dónde esperarían a Sakusa, a Miya y los demás.
Ya sentados, y tras un café con exceso de azúcar la mente de Bokuto le devolvió a sus preguntas absurdas.
— ¡Ah! Sí ¡Konoha! los tipos no te gustan pero ¿si un tipo te hiciera la mejor paja del mundo te correrías? O no, ¿porque aunque fuera la mejor paja del mundo seguía siendo un tío quien te la hace?
Komi empezó a reírse. Si él hubiera hecho aquella pregunta, Konoha estaría sacando humo por la cabeza y se habría enfadado, pero la había hecho Bokuto. Konoha le miró de reojo, sabía que estaba pensado.
—Si no supiera que es un tío, quizás sí, el sexo es muy mental ¿no? — Akinori pensaba aquell basándose en que cuando miraba pornografía, pensaba en que los gemidos se le hacían vagos, falsos y no era porque realmente lo fueran. Era porque le gustaban los de Tomoko, y aquello era algo puramente mental.
— ¡Que va a ser mental! — se quejó Komi ante aquella idea que para nada se correspondía con su realidad.
—Vamos, que si te tocara Komi te correrías pero si no supieras que es él quien te toca — aclaró Bokuto en voz alta.
—Especialmente si fuera él, tendría que no saberlo para no horrorizarme y tener un paro cardiaco— aclaró Konoha con una mueca de asco haciendo que Bokuto se riera.
—Pero hasta con un paro cardiaco te correrías — afirmó Komi con chulería exagerada solo para provocar más el asco de Konoha.
Después de comer, Bokuto había ingerido tan cantidad de comida que realmente solo le apetecía dormir hasta el fin de los tiempos. Si bien era cierto que había leído aquel estudio aleatorio que publicó la universidad de Massachusetts sobre la mayor cantidad de conexiones neuronales en los cerebros que dormían siestas pero… Se plantó en la puerta del piso de Akaashi con dos cafés y la esperanza de que estuviera allí.
Nada más tenía aquella dirección de rebote, ni siquiera sabía si estaría pero allí estaba. Dispuesto a lo que fuera por aprobar estadística y no unirse a un circo ambulante.
Llamó al timbre y esperó. La paciencia nunca había sido lo suyo, no porque no quisiera pero se ponía nervioso. Estar quieto frente a una puerta esperando una respuesta era algo contranatural a Bokuto Kotaro.
Así que tras un minuto, las intensas ganas de irse aparecieron, junto con un leve zapateo que ni él mismo notó. El segundo minuto pasó, tensándole los músculos de la mandíbula.
Estaba a punto de irse cuando un Akaashi despeinado y ojeroso le abrió la puerta.
—No funciona el interfono — mencionó antes de quedarse en silencio y mirándole algo sorprendido—. No te esperaba.
Bokuto le enseñó los cafés y sonrió. Sabía que descifrar si era bienvenido o no, era algo que no podría hacer. En general adivinar la mente de otros se le daba mal, pero nunca había podido encontrar el críptico código de la mente de Akaashi que siempre quería conocer un poquito más.
Keiji cogió uno de los cafés e invitó amablemente a Kotaro a entrar. Subieron las escaleras hasta el piso de arriba y entraron a aquel minipiso.
—El café me va bien — aclaró Keiji tomando un sorbo —. Estoy escribiendo una novela que ha salido sola, la verdad es que llevo más de 24 horas sin dormir.
—¿Me dejarás leerla? — preguntó Bokuto de forma instintiva mirando el espacio.
El comedor-cocina estaba perfectamente ordenado. Los vasos estaban alineados y ordenados por colores, así como los libros de la estantería siguiendo el orden alfanumérico.
—¡Ah! He leído los libros de Sanjo Himari— exlamó Bokuto sacando uno de los volúmenes de aquellos libros que Akaashi conocía tan bien—. Son muy cursis, la verdad es que me fascinan y siempre pienso que la autora debe ser guapísima ¿La conoces?
Akaashi se rió. La imaginación de Bokuto seguía siendo activa y maravillosa, como siempre. Le fascinaba.
—Estoy seguro de que si es guapa, pero no tengo el gusto de conocerla es una persona muy discreta aunque trabaje en la misma editorial que yo.
—Jo, qué lástima — se quejó Bokuto quedándose sentado en el sofá con el libro sobre sus piernas.
Así mismo tomó su café y se quedó mirando a Akaashi en silencio. Preguntándose en su mente si lanzar todas las preguntas que le rondaban la cabeza tenían sentido. No era que le diera miedo hacer el ridículo, después de los años, Akaashi seguía siendo Akaashi para él. Pero si bien era cierto que el tiempo había pasado.
— ¿Has venido solo a traerme café? — preguntó de forma directa Keiji. Se mantenía aún alejado, de pie y mirándole.
—No, pero no me había dado cuenta de lo que te echaba de menos hasta que te vi el otro día — las palabras de Bokuto resonaban en la cabeza de Akaashi como si fuera una caja de resonancia, multiplicando la vibración y creando un sonido que no sabía cómo clasificar—. En realidad quería que me ayudaras a estudiar, porque nadie ha logrado meter nada en esta cabeza como lo haces tú.
Bokuto le señaló con la mano para que se sentara cerca de él, cayendo la novela romántica al suelo. Akaashi no quería sentarse a su lado, quería evitarlo al máximo después de su "fantasía" idiota, pero su impulso de recoger el libro y guardarlo en su sitio le puso en un punto aún más incómodo. No tenía ningún motivo para no sentarse a su lado, y aunque podía actuar erráticamente, no quería herir a Bokuto de aquel modo.
Así pues Keiji se encontraba sentado a su lado. En el mismo sofá que había estado con Osamu pensando en Kotraro. Podía sentir su corazón latir con fuerza, el hecho de no haber dormido y estar centrado en uno de sus textos, tampoco ayudaba.
—¿Cuándo tienes el examen? — preguntó intentado relajarse.
—Es el de recuperación, porque la he cagado ya cuatro veces en tooodo, Akaashi, en tooodo — Bokuto recostó la cabeza sobre el respaldo del sofá—. Es en dos semanas…
Él repasó el perfil de Bokuto con la mirada, desde sus cejas apuntadas, las cuencas de sus ojos hundidas, su nariz picuda y algo torcida fruto de algún balonazo, sus labios finos, su barbilla apuntada… Tragó saliva de forma instintiva, quizá de forma más sonora de lo que deseaba. Eran todos los ruidos, que de golpe se le tornaban más fuertes en su mente.
—Te-Tenemos tiempo de sobras pero tengo que dormir antes — aclaró Akaashi. En parte deseaba que Bokuto se arrepintiera, se fuera y no volviese. Deseaba que así fuera porque tenía ganas de besarle, pero todo aquello se contradecía en su mente con Osamu, con el proyecto de vida, con todo lo que quería hacer. Dejó escapar un suspiro.
—Sí, soy igual de pesado que siempre ya lo sé — aclaró Bokuto girándose sin darse cuenta de ninguno de los procesos mentales por las que pasaba el antiguo acomodador de Fukurodani—. Me lo recuerda Komi, todos los días de año.
Akaashi negó con la cabeza. Aquellos chicos no cambiaban, quizá él tampoco si orbitaban cerca de él.
—No eres pesado — afirmó Keiji forzando una sonrisa, que si sentía pero no concordaba con su confusión mental —. No lo has sido nunca, solo que Komi jamás tuvo paciencia.
Por un instante se quedaron mirando fijamente, cruzaron la vista de aquel modo que tantas otras veces había acabado en un beso largo, extraño y sin explicación. Keiji entonces se levantó de golpe sin motivo aparente y volvió a posicionarse en el otro lado de la estancia rompiendo el magnetismo que ambos habían sentido. Bokuto lo observó en silencio, sintiendo como su mente se acallaba ¿tenía aquello sentido? No. No lo tenía.
—Ven mañana por la tarde, cuando haya dormido algo — aclaró el moreno. Así mismo buscó una tarjeta con su número de teléfono y se la acercó a Bokuto. Le miró salir de su piso con el compromiso de verse y lejos de irse a dormir continuó escribiendo.
Bokuto bajó las escaleras aún resonando aquel silencio en su cabeza. Al salir a la calle miró la tarjeta y la guardó entre la funda de su teléfono móvil y este. Seguidamente marcó el número de Kuroo deseando que contestara al teléfono.
—Tío — dijo al oír la voz de Kuroo —. Me acaba de pasar algo extraño…
