Muy buenas a todos los que estén leyendo este peculiar fanfic, o hayan llegado hasta este capítulo por mera curiosidad. Como les había dicho, los capítulos para esta historia no van a ser muy largos, pero por lo mismo será más fácil actualizar. Les traigo este siguiente cap, cuya canción correspondiente es "Full Speed Ahead", que sería algo parecido a "A Toda Marcha", canción perteneciente a la saga de Troya del musical "Epic: The Musical".


Capítulo 3: A Toda Marcha

Bolt subió al barco, mirando a su alrededor mientras lo hacía. Sus hombres, todos, se movían cual hormigas por la costa, subiendo y cargando todo el cargo a las naves. Suministros, tesoros, prisioneros incluso, la costa era un bullicio. A lo lejos, algunos de los demás héroes de la guerra se movían con sus propias flotas, todos listos para partir de regreso a casa. Troya había caído; Helena se encontraba de regreso con su legítimo esposo, y era el momento de regresar. Bolt fijó la vista en sus hombres, trabajando arduamente mientras cargaban y acomodaban cosas en los barcos.

Seiscientos hombres.

Todos bajo su mando.

Bolt se sentía de hecho orgulloso; de los 600 hombres que trajo a combatir, hace 10 años que comenzó todo esto, no había perdido a ninguno durante toda la guerra. Sus hombres habían sobrevivido, aunque no sin sufrir diversas heridas a lo largo del combate, y todos se encontraban listos para navegar de regreso a casa.

Una vez que todo estuvo a bordo de sus respectivas naves, y todos los hombres se hallaron a en los barcos, Bolt dio la orden y las naves zarparon, alejándose de la ciudad de Ilio, de la amurallada Troya, reducida a cenizas y fantasmas. El can intentaba no pensar demasiado en lo que había hecho durante la guerra; o en cierto cachorro. Ya tenía cosas que atender sin estarse preocupando por lo que había hecho y no podía cambiar.

Se seguía repitiendo lo que importaba ahora.

Seiscientos hombres.

Doce barcos.

Un solo objetivo. Regresar a Ítaca con vida.

–A toda marcha, todo el mundo.


Los días comenzaron a entremezclarse entre sí. Las naves avanzaban por el mar azul, moviéndose a paso constante, con cielos despejados y mareas tranquilas mayormente. Bolt pasaba sus días deambulando alrededor de su nave, y preguntando siempre por el bienestar de sus compañeros, no solo en su barco, sino en todos. El pastor suizo se mantenía entretenido con ello, así como pensando en todo lo que le esperaba en casa.

Ítaca lo esperaba. Su reino lo esperaba.

Mittens lo esperaba.

–Capitán –Sonó una voz a sus espaldas, que Bolt reconoció de inmediato. Girando a ver al gato negro de ojos ámbar, el can no pudo evitar una ligera sonrisa. Previo rival, y ahora su segundo al mando, el felino era intrépido y audaz; un hermano sin el que no se veía capaz de sobrevivir.

–Dime, Jack –Respondió, poniéndole su total atención al gato Bombay.

–Capitán –Repitió Jack mientras se acercaba un paso más–, a la fecha, no reportamos bajas, ni fallas en las naves. Seiscientos hombres llegamos a Troya, seiscientos vamos de regreso a casa –El gato hizo una pequeña pausa–. Y son seiscientas bocas que alimentar; y nos hemos quedado sin suministros para comer.

–¿Tan pronto? –Bolt se sobresaltó por ello; juraba que habían empacado más alimento, suficiente como para volver sin tener que hacer paradas.

–Ya teníamos pocos suministros para empezar; la guerra los drenó bastante. Y lo que logramos conseguir de nuestra parte del botín no fue suficiente –Se explicó Jack–. Así que bien, tenemos seiscientas razones para conseguir más. Capitán, ¿cuál es el plan?

Bolt bajó la cabeza, pensativo, por un par de momentos, antes de alzarla de nuevo para mirar al gato que lo esperaba atento.

–Sigan a las aves en el cielo –Instruyó el can–; nos guiarán a tierra firme. Estando ahí bajaremos de las naves a cazar, mi hermano. Así que, a toda marcha.


Era una instrucción simple; ese mismo día lograron avistar algunas aves en el cielo despejado y comenzaron a seguir en su dirección general. Bolt, asesorando el humor general de sus hombres al platicar con ellos y preguntar a través de los barcos cercanos, sintió satisfacción al escuchar respuestas esperanzadas y optimistas sobre lo que les esperaba. Llevaban diez años fuera de casa, y todos estaban ansiosos por volver; todos tenían algo que hacer de regreso.

–¡Capitán!

El chillido en la proa del barco hizo sonreír a Bolt, mientras se despedía de uno de sus compañeros con un gesto de cabeza para caminar hacia la aguda voz propietaria del sonido.

–¡Rhino!

–¡Mire! –El pequeño hámster apuntó hacia la distancia, contra el cielo oscureciéndose, lo que parecía…–, ¡una isla! ¡Una luz!

Efectivamente, de la pequeña isla en la distancia se distinguía un brillo tenue.

–Tal vez sea gente, ya sabe, capitán –Siguió el hámster emocionado, volteando a ver a Bolt–, encendiendo una fogata; tal vez tendrán comida para compartirnos –Agregó optimista.

Bolt analizó la isla en la distancia, creciendo conforme los barcos se iban acercando a la misma. Ya con el ocaso terminando, el brillo tenue en la misma le pareció algo peculiar al can…

–Algo está extraño –Comentó en voz alta–; se ve el fuego, pero no hay humo saliendo de la luz en la isla…

–Yo digo que ataquemos primero –Intervino Jack, acercándose a ambos en la proa para observar la isla, cada vez más grande. El gato se veía serio y determinado, y beligerante–. No hay tiempo que perder, así que tomemos a los hombres y—

–No –Bolt respiró profundo, alternando la vista entre el hámster y el gato–. Rhino, alístate. Tú y yo iremos a explorar –El hámster asintió complacido–; vamos a intentar que esto termine sin nadie muriendo.

–Capitán –Objetó Jack puntualmente mientras los barcos comenzaban a descender su velocidad, aproximándose a la isla–, no sabemos que hay allá afuera.

–Danos hasta el amanecer –Le respondió el pastor suizo, haciéndole un gesto a Rhino para que el hámster se retirara a prepararse–, y si para entonces no hemos regresado, entonces tienes toda mi autorización para hacer cenizas este lugar. Pero solo si no hemos vuelto para cuando salga el sol.

Jack asintió con firmeza. Bolt sabía que ese sería suficiente tiempo para explorar la isla y regresar a las naves; y si algo peligroso sucedía, o se metían en problemas él y Rhino, Jack sin problema comandaría a los hombres para rescatarlos. El problema era que el gato a veces no pensaba demasiado a futuro; el can sabía que era prudente por lo menos investigar antes de irse a meter en problemas. Si encontraban algo hostil, al menos era bueno saber qué era antes de lanzar flechas, lanzas y espadas; y si no era hostil de entrada y Jack lanzaba una ofensiva, bien podía volverse hostil por esa agresión. Por eso el can había elegido a Rhino para acompañarlo, ya que era más tranquilo y amigable que el gato.

Llamándolo, Bolt se dirigió hacia el estribor del barco conforme este terminaba de disminuir su velocidad. Rhino se acercó, ya con su armadura ligera puesta y su espada envainada al costado, pequeña pero letal como decía él. Bolt se agachó para permitirle al hámster subirse a su cabeza, y ambos observaron atentamente mientras el barco terminaba de detenerse en la costa de la misteriosa isla.