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𝗥 𝗨 𝗠 𝗘 𝗨 𝗥 𝗦
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07: Virales
«Roronoa Zoro ganó la competencia de esgrima por dopaje»
Giró otra vez sobre su cama, dormir era tan placentero. La guardia había terminado, tanto la pelirroja como su persona se fueron a sus casas luciendo como zombies. La doctora Kureha los pilló durmiendo en una banqueta del hospital y los regañó, incluso Law se sorprendió de haber caído dormido durante unos minutos.
Se supone que ya estaba acostumbrado a los horarios de las guardias.
Se encogió de hombros y dio un par de vueltas más, las sábanas estaban envueltas por todo su cuerpo delatando que durmió como nunca. Se estiró y levantó de la cama, chequeó la hora en el despertador y sonrió. Eran las 12:00 del mediodía, esa tarde solo debía entregar un informe en la universidad y tenía el resto del día libre. A pasos perezosos se dirigió al baño y tomó una refrescante ducha.
Tenía tiempo de sobra para desayunar o ver películas.
Tomó su móvil dispuesto a responder mensajes, frunció su ceño al ver algunas llamadas perdidas de Nami. Le restó importancia y encendió la televisión, se sentó en la sala con un gran tazón de cereal, habían muchas notificaciones en su pantalla y por curiosidad abrió la primera.
Le habían etiquetado en un comentario de una publicación.
Y no de cualquier publicación.
Era una foto, una donde estaba Nami y su persona dormidos en la banqueta del hospital. La pelirroja descansando la cabeza en su hombro; mientras el tenía su frente pegada a la sien de la bruja.
«En las buenas y malas» titulaba la imagen, pero ¿qué era esa mierda? Escupió rápidamente su cucharada de cereal y se incorporó de golpe. Tenía tantas dudas en la cabeza, ¿quién había tomado la maldita foto? Estaba histérico, tomó su mochila junto con su informe y partió hacia la universidad.
La maldita publicación se había vuelto viral, a pesar de que la imagen era un poco borrosa, aún así la gente pudo reconocerlos con facilidad. Su buzón de mensajes estaba repleto de capturas de pantalla preguntándole sobre que tan verídica era esa imagen. Penguin solo le envió un sticker de un gato llorando mientras que Sachi le dijo que su amistad había muerto.
Revolvió su cabello con hastío, ¿por qué nada salía bien cuando se trataba de Mikan Nami? Primero las personas criticaban su cabello, ahora lo acusaban de ser pareja de aquella bruja. Todo iba de mal en peor, tomó un taxi y en cuestión de minutos estuvo de pie en la entrada de la universidad. Suspiró y se encaminó por las calles mientras texteaba un rápido mensaje, la pelirroja había reventado su buzón de mensajes con miles de preguntas. Parecía el doble de enojada que él, su genio no mejoraba a medida que avanzaba hacia su facultad.
Las miradas curiosas y llenas de odio no se hicieron esperar, la muchedumbre lo estaba observando mientras cuchicheaban a sus espaldas. Estaba en el ojo del huracán, soltó un par de gruñidos con molestia y fue hacia la sala de maestros.
Primero entregaría su maldito informe y después hablaría con Nami.
Cuando entró a la sala de maestros todos estaban mirándole, incluso los docentes le observaban con asombro, ¿pero qué les pasaba? ¿Tan famosa era la pelirroja? ¿Qué la hacía tan especial? Negó con la cabeza y fue directamente al escritorio de su maestro de bioquímica.
—¿Qué tan cierto es todo esto, Trafalgar?— le preguntó con una sonrisa burlona, Law rodó los ojos y lo ignoró. Le caía bien ese maestro, era de los típicos que jugaban bromas a los alumnos, enseñaba bien y contaba sus anécdotas con la clase.
—Aquí está mi informe, tenga un buen día y váyase al diablo— respondió el azabache haciendo una reverencia, su maestro rió a carcajadas y eso lograba irritarlo aún más. Los murmullos crecían a dondequiera que iba, a paso rápido se encaminó a Baratie, tenía que reunirse con la pelirroja.
¿Y qué le diría?
Él también se encontraba enojado, pero ¿con quién podían desquitarse? No sabían quien fue el autor de la foto, no podía buscar culpables sin tener posibles sospechosos. De camino a la cafetería se topó con cierto chico de nariz larga, este lo tomó del cuello arrastrándolo a un árbol cercano.
—¿Estás saliendo con Nami?— preguntó en voz baja, zarandeándolo —¡Se supone que solo ibas a ayudarla, no liarte con ella!
—No salgo con esa arpia— contestó quitándose las manos de Ussop de encima —Y si ese fuera el caso, ¿qué mierda importa? ¿Cuál es el jodido problema?— inquirió hastiado de toda esa situación, el narizón se tapó la boca y lo observó sorprendido.
—No me jodas, Torao— dijo incrédulo, Law arqueó una ceja —¿Te gusta Nami?— acusó sonriendo con picardía —Tienes que estar demente...
—¡No me gusta! ¡Por el amor de Dios, la odio!— exclamó llamando la atención de lo transeúntes, Ussop solo sonreía y supo que no tenía remedio hablar con él. Lo más seguro es que toda la banda del Sombrero de Paja ya estuviera enterada de todo ese lío.
—¡Adiós, cuñado!— le gritó Ussop mientras el seguía su camino, iba a matarle un día de esos. No le quedaba duda.
Cuando llegó al Baratie, afortunadamente estaba vacío, a excepción de dos señoras que tomaban el té. Se sentó en la mesa más alejada y esperó, volvió a abrir la publicación y los likes no hacían más que subir, los comentarios igual, muchas personas lo compartían pensando que eran novios; algunos colocaban «Metas» y etiquetaban a sus parejas.
Todo empeoraba.
Lanzó un suspiro al cielo y la vió entrar, al divisarlo corrió a su encuentro. Estaba agitada, su rostro un poco sonrojado debido al esfuerzo físico, al parecer había corrido para poder encontrarse.
Al llegar a la mesa, se dejó caer en la silla y dijo una grosería que se pudo escuchar hasta donde las señoras que bebían el té.
—Estoy igual que tú— dijo Law al notarla estresada —No sé quien tomó la foto, mucho menos conozco quien la subió.
—Esto es un desastre— declaró la pelirroja haciendo un puchero, después de unos segundos achicó los ojos observándolo —¿Cómo estoy segura de que no fuiste tú quien planeó todo esto?
—¿Qué?
—Pudiste haberlo planeado todo, esperar que me durmiera y pedirle a uno de tus compañeros que nos tomara esa foto para chantajearme— acusó señalándolo con un dedo. Law se limitó a levantar una ceja ante tal incoherencia sin sentido.
—¿Te refieres a los mismos compañeros que me odian? Wow, es un plan muy creíble— refutó irónico cruzándose de brazos —¿Por qué piensas que fue idea mía todo este embrollo?
—Porque quieres que todo el mundo sepa que te mueres por mi, obviamente— dijo encogiéndose de hombros, restándole completa importancia —Quieres espantar a tu competencia, lo sé, mi querido Law. Pero eso es jugar sucio.
—Definitivamente estás loca— afirmó el azabache colocándose de pie, dispuesto a irse —No sé porqué creí que serías razonable— tomó su mochila pero una libreta cayó de ella, la pelirroja se la tendió amablemente y fue allí cuando Law notó algo que no había visto nunca.
Jamás había mirado con atención a la pelirroja, no como ahora. Fue entonces que notó el tatuaje en su hombro, un dibujo abstracto que reconocería en cualquier lado.
Lo vió cuando despertó aquella mañana después de haber tenido la mejor noche de su vida.
—Tienes que estar jodiéndome...— señaló el tatuaje y Nami frunció el ceño, Law se cubrió los ojos por unos segundos, tratando de procesarlo —Maldita sea mi suerte.
—¿De qué hablas? ¿Hay algo malo con mi tatuaje?— preguntaba ella con incertidumbre sembrada en el rostro, el azabache no pudo evitar carcajearse sin ganas, de la forma más hipócrita posible.
—Tú y yo...— hizo una pequeña pausa, tenía que prepararse para soltarlo —En la fiesta de inauguración...
—¿Fuiste a la fiesta? Eso sí que es una sorpresa...— no la dejó terminar de hablar; puesto que lo dijo en voz alta.
—Tuvimos sexo esa noche.
